Los que siguen mis relatos quizá recuerden como mi marido y yo habíamos ido a una fiesta que unos días antes de Navidad daba uno de sus principales clientes, era en una finca situada fuera de la ciudad y nos ofreció habitación en su casa para pasar la noche allí, no íbamos solos, venía también la secretaria de mi marido Elisa, con la que yo tenía relaciones especiales, así como el hermando de mi marido y su mujer, conocimos a la mujer de nuestro anfitrión, una mujer que había superado los sesenta, pero muy sexy, quizá con ayuda del bisturí, durante la fiesta, que se celebraba en una nave separada de la vivienda principal de la finca, donde teníamos nuestras habitaciones.
Sentí que los zapatos que llevaba puestos me molestaban me decidí ir a nuestro cuarto a cambiarme, y al llegar al salón de la vivienda principal pude ver como la mujer de mi cuñado estaba con la hija de nuestros anfitriones, una chica de unos treinta años, muy sexy, la llamaban La Princesa, tanto por su belleza, como por el papel que ejercía en el negocio de su padre, practicando el sexo lésbico, tras contemplarlas un rato, me cambie de zapatos y volví a la fiesta, al terminar esta, la mujer de mi cuñado regreso a la ciudad, parece que tenía deberes inexcusables.
Los demás nos fuimos a nuestros cuartos, pero yo tenía ganas de comentar con Elisa lo que había visto, pero al ir a su habitación oí gemidos, miré por la cerradura de la habitación y allí estaba Elisa follando con mi cuñado, por lo que me dispuse a volver a mi cuarto.
Pero al llegar junto salón que se encontraba en la parte baja oí voces, eran el cliente de mi marido que conversaba con su esposa, sentí curiosidad y me puse en un lugar donde comprendí que yo podía verlos y oírlos a ellos, pero ellos a mí no, ella estaba sentada en el sofá, donde unas horas antes su hija había estado con la mujer de mii cuñado, estaba cruzada de piernas, llevaba unas medias negras que la hacían más sexy y un vestido con un amplio escote, su marido estaba de pie, y decía:
-Querida, creo que la fiesta ha sido un éxito.
-Sin duda, dijo ella, ¿Pero no te hubiera gustado que yo no estuviera para haberte follado a la mujer de alguno de tus invitados, o a alguna de las secretarias y que te chupara la polla? Pero parece que te la voy a tener que chupar yo.
Ante mi sorpresa ella le bajó los pantalones y el short y dejó la polla de su marido al aire, la cogió con su mano y la llevó hasta su boca, sacó su lengua y se puso a lamerla, el al sentirla dijo:
-Cariño que bien la chupas.
Ella siguió chupándosela hasta que él la dijo:
-Cariño, ponte de pie.
Ella hizo lo que le pedía su marido, y este primero le alzo el vestido, mientras con una mano la sobaba el culo, mientras que con la otra mano la sacó una teta y llevando su boca al cuello de su mujer comenzó a besárselo, y la dijo:
-Hoy te has puesto ropa muy sexy, y tengo ganas de follarte como si fueras una zorra.
La sacó las tetas del sujetador y del vestido y las dejó al aire, después la tumbó sobre el sofá y haciéndola subir las piernas, la quitó las bragas se desabrochó la camisa y se libró por completo de sus pantalones y el short, y poniéndose con una de sus piernas en el suelo y otra doblada sobre el sofá, introdujo su polla en el coño de su esposa que le dijo:
-Venga maridito, follate a la zorra de tu mujer.
A él las palabras de su mujer parecían excitarle y se puso a follarsela con verdadera rabia, los gemidos de los dos eran intensos, parecía que habían olvidado que tenían invitados y que podían oírlos. Mientras se la follaba el marido decía:
-Me casé contigo por lo zorra que eres y no me arrepiento.
Y siguió follandosela con verdadera ansia, hasta que ella dijo:
-Cariño debes de estar algo incomodo, además las zorras debemos de estar a cuatro patas.
Él se la sacó y ella aprovechó la ocasión para quitarse el vestido quedándose en un conjunto de lencería caro y que la sentaba maravillosamente bien, mientras su marido seguía follandosela, mientras le decía:
-Toma polla, zorra, toma polla e imagina que soy alguno de esos invitados tan guapos con los que follas a escondidas.
-Oye cabron, decía ella entre gemidos, sabes que con algunos follo solo para favorecer el negocio, y además tu follas con toda la que se te pone a tiro.
-Que zorra eres, le replicó su marido, te adoro por eso.
-Siéntate en el sofá, le sugirió ella, así estarás más cómodo.
Él lo hizo y ella se subió encima de él y se puso a cabalgarle mientras su tetas se apretaban contra la cara de su marido, al raro ella paró y se bajó, y volviéndose a poner a cuatro patas, se puso a chuparle la polla a su marido, hasta que su polla se le puso durísima, se sentó otra vez encima de su marido, pero esta vez dándole la espalda, y volvió a cabalgarle con un vigor propio de una veinteañera. Mientras su marido, entre fuertes gemidos no paraba de decir:
-Puta me estas volviendo loco, follas divinamente.
Las cabalgadas de ella eran cada vez más fuertes y los gemidos de él también los dos eran pura pasión, que a una de cuesta creer que pueda darse entre sesentones, pero se estaba dando, hasta que él advirtió:
-Cariño que me corro.
Ella se levantó de encima de él y se arrodilló en el suelo, mientras él se ponía de pie, ella cogió la polla de su marido con la mano, se la metió en la boca y se puso a chupársela, hasta que él soltó un gemido, fortísimo, se había corrido, y en la cara de su mujer se notaba como la leche de su marido descargaba en su boca.
Me pareció peligroso ver como continuaba la escena y con mucho sigilo decidí emprender el camino de regreso al cuarto que ocupaba con mi marido, afortunadamente cuando llegué, mi marido dormía profundamente, me desnudé, me metí en la cama, y me masturbé rabiosamente y me quedé profundamente dormida.
Cuando me desperté mi marido seguía profundamente dormido, me puse una bata y baje al piso de abajo, no se veía a nadie, parecía que había sido la primera en despertarse, pero de pronto vi salir de la cocina a Sara la princesa, de la que he hablado en mi relato anterior.
Nos saludamos y llevaba una camiseta y unos jeans cortos, nada especialmente glamuroso, aunque con su cuerpo todo le quedaba bien, mee explicó que iba a ir a un asador que había en un edificio apartado de la vivienda principal, me ofrecí a ayudarla, ella me dijo que de acuerdo, pero que me dejaría unas ropas suyas, para que no me m an chara las mías, fue a su cuarto y me trajo una camiseta y unos jeans cortos, yo fui a mi cuarto a cambiarme mientras ella iba camino del asador. Me cambié de ropa y fui al lugar convenido con ella.
Llegué a donde ella estaba, se encontraba asando la carne, se la veía bellísima, comenzamos a hablar y de repente me preguntó:
-¿Te gustó anoche la fiesta?
El tono de su voz me llevó a la conclusión de que se había dado cuenta de que yo había visto lo que había hecho con la mujer de mi cuñado, pero desde luego no parecía enfadada, es más se dio cuenta de mi nerviosismo y me preguntó:
-¿Tú nunca has jugado con la mujer de tu cuñado?
Le hice una señal negativa, sus palabras me dieron confianza y acercándome a ella por detrás acaricié su pelo, le cogí una de sus manos, ella se giró un poco, nuestras miradas se cruzaron, y ella con una sonrisa en sus labios y una voz insinuante, señalando un trozo de carne que tenía cogido con unas pinzas me dijo:
-Espero que esta carne sea de tu gusto.
-¿Y esta es del tuyo? Dije yo subiéndome la blusa, y dejando al aire mis tetas.
Ella dejó el trozo de carne en un plato, yo proveché la ocasión para bajarle las hombreras de su blusa y sus dos preciosas tetas quedaron al aire, ella siguió asando, yo me puse detrás de ella, aparté su cabello con una de mis manos, y sacando mi lengua comencé a lamerle el cuello, mientras mi otra mano acariciaba una de sus tetas, en ese momento le dije:
-Desde luego esta carne esta deliciosa.
Ella se giró y sacando su lengua de la boca la llevó hasta la mía y nuestras lenguas se juntaron. Después me dijo:
-Otro día, cuando podamos tener intimidad comeremos mucho carne más a gusto, ahora debemos de tener mucho cuidado
Las dos nos quitamos nuestras camisetas, si alguien venía podíamos decir que era por el calor, yo me puse detrás de ella, mis tetas rozaban su espalda, me decidí a arrodillarme, le bajé un poco su pantalón y de esta manera pude acceder a su culo, lo había visto hacia unas horas y me había parecido delicioso, pero ahora que lo tenía delante de mis ojos me lo parecía mucho más.
Saqué mi lengua y me puse a lamérselo y me parecía delicioso, ella mientras tanto no dejaba de asar carne, hasta que considero que otro de los trozos estaba a punto, me pidió que me levantara, se giró y llevando su cabeza hasta mis tetas se puso a chipármelas, pero no se conformó con eso, sino que cogiendo un bote con salsa para la barbacoa lo desparramó sobre uno de mis pezones y me lo lamio, mientras decía:
-Que rica esta esta carne, sin tardar mucho quiero comérmela tranquilamente.
Después de chupármelas un rato, volvió a ocuparse de la parrillada, yo me puse a lamerle los pezones, me parecieron deliciosos, mientas ella sin dejar de cocinar se giraba para facilitar mi actividad, hasta que se terminó de asar la carne, ella miro su reloj y me dijo:
-Cariño, se está haciendo tarde, creo que es mejor que llevemos la comida a la casa y no te preocupes, si tú quieres seguir comiendo de esta carne yo me ocuparé de que lo hagamos donde nadie nos moleste.
Así que nos vestimos del todo y con la comida ya asada regresamos a la casa donde ya todo el mundo estaba en el salón, sara les dijo que la carne estaba preparada y nos pusimos a comer, no pude dejar de fijarme durante la comida en nuestra anfitriona madre, se llamaba Valentina, llevaba una falda muy corta con unas medias negras, y una chaqueta roja, que mostraba más que tapaba un par de tetas impresionantes, durante la comida, me enteré de que casi todos los que estábamos allí iban a tener una reunión de negocios, en ese momento Valen mi dijo:
-Querida, parece ser que solo tú y yo vamos a estar libres, si quieres podemos dar un paseo por la finca.
Por compromiso, y porque me apetecía estar con ella, para al menos admirar su cuerpo acepté, pero le pedí que me dejara cambiarme, cuando terminamos la comida los demás se fueron al despacho de nuestro anfitrión, Valen se quedó esperándome en el salón.
Me pregunté que ponerme y finalmente decidí imitar a nuestra anfitriona, escogí imitar a nuestra anfitriona y me decidí por una blusa muy escotada y una falda cortísima, Salimos del edificio dimos una vuelta por el edificio y Valen me señalo un granero donde a veces hacían karaoke puesto que tenía un pequeño escenario, entramos y era verdad, pero en el centro del escenario había una barra que sujetaba el techo.
-Parece una barra de esas que utilizan las strippers, dije yo en broma.
-¿Tú crees? Respondió ella sonriendo.
Yo por seguir la broma me subí al escenario y comencé a imitar el movimiento de las bailarinas de estos espectáculos, mientras ella estaba sentada en uno de los sofás que había cerca del escenario, noté como me miraba con ganas, cuando bajé ella me dijo:
-Cariño, con lo sexy que eres podrías ganarte la vida con eso.
Me atrajo hacia ella y me hizo arrodillarme, mientas ella permanecía sentada, me desabrochó la blusa, mientras yo llevé una de mis manos hasta sus piernas y me puse a acariciársela, me termino de quitar la blusa dejándome con el sujetador y me dijo:
-Menudas tetas tienes querida, y luego me pidió, levantémonos.
Cuando lo hice, ella me quitó el sujetador, mis tetas se quedaron al aire, y ella poniéndose detrás de mí llevó sus manos hasta mis tetas y se puso a acariciármela, mientras me decía:
-Son preciosas, querida.
-Las tuyas también lo son, déjame verlas, le pedí.
Me complació, se quitó la chaquete, como yo sospechaba no llevaba blusa, solamente un sujetador muy sexy, pero yo no estaba dispuesta a conformarme con eso, llevé mi mano hasta su diminuto tanga y se lo bajé, me arrodillé ante ella y comencé a besarla el culo, noté como ella gozaba y para adquirir más estabilidad se apoyaba en el respaldo del sofá doblando su cuerpo, mi lengua se puso a recorrer el espacio que iba de su culo a su coño, hasta que ella me hizo sentarme en el sofá, mientras ella permanecía de pie, le quité el sujetador y un par de magnificas tetas quizá con ayuda del bisturí aparecieron ante mis ojos.
Me senté en el sofá, mientras ella permanecía inclinada t con mis manos sobre sus tetas mientras la decía:
-Menudo par de tetas, me da envidia, y quiero acariciarlas.
-Puedes hacerlo todo lo que quieras, dijo ella.
Pero yo quería algo más y acercando mi boca a ella comencé a chupárselas, ella gemía después llevo una de mis manos hasta mi culo y me dijo:
-Menudo culo tienes, querida.
Después se puso de rodillas por lo que las dos quedamos a la misma altura y nuestros cuerpos muy cerca el uno del otro, ella acercó sus tetas a las mías hasta juntarse y rozarse, estuvimos un momento así, pero yo le dije:
-Quiero darte las gracias como te mereces, querida, túmbate.
Ella lo hizo, y yo me puse de rodillas en el suelo, llevé mu boca hasta su coño y me puse a lamérselo. Sus gemidos no tardaron en aparecer, mientras me decía:
-Querida, eres fantástica, tenemos que profundizar en nuestra amistad, lo chupas divinamente.
Desde luego me estaba demostrando ser una zorra de campeonato, sus gemidos eran muy intensos, y su coño tenía un sabor divino, verdaderamente era una mujer adorable. Seguía gimiendo mientras me decía:
-Me estas volviendo loca de placer.
Yo seguí comiéndole, estaba en una situación donde los negocios se mezclaban con el placer, era la mujer de un cliente importante de mi marido, pero a la vez era una mujer sexualmente muy apetecible.
Seguí comiéndole el coño, hasta que ella se corrió en medio de un fuerte gemido, en ese momento ella me dijo:
-Querida, eres fantástica, tengo que invitarte más veces a mi casa, así podremos tener conversaciones interesantes mientras nuestros maridos hablan de negocios, pero ahora quiero ser yo quien te agradezca tu visita a mi casa
Me hizo tumbarme en el sofá, colocándome en la misma posición en que ella había estado, después me separó las piernas y me introdujo su lengua dentro de mi coño, y comenzó a lamer cada centímetro de este, yo caí rendida ante ella desde el primer momento, y comencé a decir cosas como:
-Querida tienes una lengua increíble, te adoro.
Ella seguía atacando mi coño de una manera muy certera, me estaba volviendo literalmente loca de placer y no tardó en hacer que me corriera, cuando lo hice ella se tragó todos mis jugos, tras ello nos besamos apasionadamente, me tumbó nuevamente sobre el sofá, se colocó encima de mi e hizo que, u coño se rozara con el mío, estoy me hizo alucinar, las dos nos pusimos a gemir intensamente, mientras ella me decía:
-Te adoro, querida.
En ese momento yo también la adoraba, me estaba volviendo loca de gusto, mientras nos rozábamos nuestros coños, nos besábamos, estaba experimentando algo increíble, y desde luego quería ser amiga de esa mujer, me corrí en medio de un gran orgasmo y poco después lo hizo ella.
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