{"id":17047,"date":"2018-02-18T23:00:00","date_gmt":"2018-02-18T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-02-18T23:00:00","modified_gmt":"2018-02-18T23:00:00","slug":"4061-una-mujer-enfurecida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/4061-una-mujer-enfurecida\/","title":{"rendered":"Una mujer enfurecida"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"17047\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:48px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">S<\/span><\/span><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">onia estaba rabiosa, y eso era algo que estaba muy claro para su compa&ntilde;era de apartamento, que muy juiciosamente hab&iacute;a decidido irse al cine esa tarde, aunque no supiese ni lo que proyectaban&#8230; Nuestra protagonista lanzaba improperios en un tono tal que podr&iacute;an ofender a un sargento chusquero, mientras romp&iacute;a con sa&ntilde;a fotograf&iacute;as en pedazos tan diminutos que podr&iacute;an pasar por confeti. Obviamente, en esas fotograf&iacute;as aparec&iacute;a el retrato de un hombre. El que hasta hac&iacute;a un par de horas hab&iacute;a ocupado su coraz&oacute;n. Sonia pod&iacute;a dar el tipo de una muchacha dulce y alegre incapaz de matar una mosca, pero ten&iacute;a un genio que, en las pocas ocasiones en que asomaba, era como un tsunami arrollador e incontenible.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">&iquest;C&oacute;mo es Sonia?, se preguntar&aacute;n. Pues una joven de 24 a&ntilde;os, pelirroja natural y lo que podr&iacute;amos llamar una belleza atemporal. De larga y rizada cabellera con los colores del oto&ntilde;o y de una puesta de sol, los rasgos suaves en los que conservaba parte de su candor infantil, matizados por las alteraciones o sea de una mujer adulta en su plenitud vital. No era muy alta, cosa de 1.60, y era tal vez un poco demasiado delgada. Sin embargo su cuerpo era del tipo que volv&iacute;a locos a aquellos obsesos por el actual patr&oacute;n de belleza de Hollywood, de mujeres demasiado delgadas pero dotadas de unas curvas superiores a lo que su peso parece demandar. Solo que en el caso de Sonia no se trataba de una serie de pasos por el quir&oacute;fano, sino a la madre naturaleza. Su vientre plano y trasero firme, gracias al aerobic y los ejercicios gimn&aacute;sticos. La piel suave y clara, que no hab&iacute;a conocido m&aacute;s que una vida de comodidades y dulzura.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Pero en el momento que nos ocupa, sus ojos verdes no promet&iacute;an una serie de dulces placeres a quien compartiese el espacio con ella, ni sus bien torneados muslos incitaban a acariciarla con tierna pasi&oacute;n. Estaba iracunda, furibunda, y de vez en cuando chillaba como una posesa. Porque han de saber una cosa de Sonia. Bell&iacute;sima e hipermimada toda su vida, hab&iacute;a tenido todos los hombres en los que su capricho que hab&iacute;a fijado solo con una mirada o un gesto. Por aquel entonces Sonia no conoc&iacute;a el amor m&aacute;s que por el cine o relatos de terceras personas. Nunca lo hab&iacute;a sentido, solo disfrutaba de las atenciones de su pareja de turno, sobre el que m&aacute;s sent&iacute;a un sentimiento de propiedad que de afecto. Y ahora, le hab&iacute;an robado su propiedad. Y no pod&iacute;a entenderlo&#8230; ella era divina, delgada, pluscuamperfecta, y el que desde hac&iacute;a cuatro meses era su novio, un joven abogado con el cuerpo de un Adonis, le hab&iacute;a dejado por una, por una&#8230; GORDA. Por una mujer diez a&ntilde;os mayor que ella, con gafas, sobrepeso, y de una vulgaridad ramplona. El amor era ciego, dec&iacute;an. Y cuando Sonia estaba notando subir su ira, tras preguntar el por qu&eacute;&#8230; el que hab&iacute;a sido su amante le hab&iacute;a dado lo que no deseaba, una respuesta sincera<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Le hab&iacute;a confesado que a nivel f&iacute;sico era divina, pero que se hab&iacute;a dado cuenta que hab&iacute;a mucho m&aacute;s que eso en una relaci&oacute;n duradera. Que era tan caprichosa como bella, tan voluble como fascinante, tan ego&iacute;sta como aterciopelada. En definitiva, que su interior no estaba a la altura del envoltorio que lo rodeaba. Y eso la hab&iacute;a puesto muy furiosa, m&aacute;s de lo que pod&iacute;a describirse con palabras. Su rabieta duraba largo rato, y comenzaba a estar exhausta. Se encontraba semidesnuda, cubierta solo por un par de diminutas braguitas de algod&oacute;n blanco, con una camiseta rosa que dejaba su divino abdomen al aire. Hab&iacute;a desgarrado prendas que &eacute;l le hab&iacute;a regalado, roto regalos, destripado almohadones, y ahora estaba de rodillas en medio del estropicio, jadeando, buscando un medio de disipar esa ira que amenazaba con hacerla reventar como una olla a presi&oacute;n.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Y de repente se dio cuenta de c&oacute;mo lo har&iacute;a. Quer&iacute;a sentirse no solo deseada y deseable, sino la Reina. Entrar en un local de moda y hacer que todos los hombres la deseasen. Que la mitad de las mujeres se convirtiesen en lesbianas por una noche. Que el resto de las mujeres la envidiasen a rabiar, que sintiesen la misma ira que ella sent&iacute;a en ese momento. S&iacute;, iba a demostrarse a s&iacute; misma que su ex hab&iacute;a perdido la oportunidad de su vida, que se acurrucase contra la se&ntilde;orita culo gordo mientras ella se exhib&iacute;a como lo que era&#8230; una mujer perfecta. As&iacute; que, ignorando el estropicio montado, se lanz&oacute; hacia sus armarios en busca del &quot;equipo de combate&quot; m&aacute;s devastador que su ciudad hubiese conocido. Rebusc&oacute; entre esas ropas que, bien hab&iacute;a comprado por aburrimiento, o alguno de sus novios le hab&iacute;a regalado. Prendas que no se hab&iacute;a puesto nunca en un lugar p&uacute;blico, solo en medio de jueguecitos sexuales. Tard&oacute; un buen rato en decidirse, su guardarropa era amplio. Le sirvi&oacute; para soltar algo de presi&oacute;n y centrarse un poco.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Opt&oacute; por una minifalda de tela metalizada, que m&aacute;s pod&iacute;a considerarse un cintur&oacute;n ancho. Dotada de cremalleras laterales, pod&iacute;a dejar absolutamente toda la piel de sus muslos al descubierto. Una camiseta de tiras, que apenas cubr&iacute;a sus senos, y adem&aacute;s dotada de tres &quot;rotos&quot; estrat&eacute;gicos. Y la pensaba llevar sin sujetador. Un tanga de color el&eacute;ctrico debajo de la falda&#8230; Medias&#8230; no. Y unas sandalias blancas de tac&oacute;n de aguja, con unas cintas que se anudaban alrededor de la pierna hasta casi las rodillas. Un maquillaje exagerado, con una fuerte sombra de ojos y el producto m&aacute;s eficiente del mercado para alargar y destacar sus pesta&ntilde;as. L&aacute;piz labial rosa, con destellos. Algo de colorete. Se mir&oacute; en el espejo&#8230; Nunca en la vida se le hab&iacute;a ocurrido salir as&iacute; a la calle. Esa noche iba a cruzar una l&iacute;nea. Y pobre del que se cruzase en su camino.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Tom&oacute; un bolsito en el que apenas entraban sus llaves, y sali&oacute; al pasillo. Mientras esperaba al ascensor, la vecina cotilla de turno apareci&oacute;, con la excusa de siempre de pasear a su perrillo, del que Sonia sospechaba ten&iacute;a sarna o algo peor. La Se&ntilde;ora Matilde fing&iacute;a ser m&aacute;s cegata y sorda de lo que ya era de por s&iacute;, mientras se dedicaba a su afici&oacute;n n&uacute;mero uno. Fisgar en las vidas de los dem&aacute;s. Habr&iacute;a o&iacute;do sin duda los ruidos provenientes de su apartamento, y ahora sal&iacute;a a ver si se enteraba de algo del motivo de su aflicci&oacute;n. La anciana procur&oacute; disimular su sorpresa ante el atuendo y la actitud de su vecina, acerc&aacute;ndose a ella para tomar juntas el ascensor. El perro, con mejor juicio que su ama, se apart&oacute; de Sonia todo lo que le permit&iacute;a la correa. &quot;Vaya, Sonia, que arreglada est&aacute;s. &iquest;Vas a salir con alguien esta noche?&quot;. La respuesta desabrida y cortante de la joven la pill&oacute; desprevenida por completo. &quot;Pues s&iacute;, querida vecina. Lo que a&uacute;n no he decidido es quien ser&aacute; y si ser&aacute; uno o un grupo. Lo que puedo garantizarle es que para cuando amanezca un nuevo d&iacute;a, habr&eacute; follado m&aacute;s que usted en toda su triste vida&quot;. La anciana se&ntilde;ora Matilde, viuda de un fogonero de la RENFE, no daba cr&eacute;dito a sus o&iacute;dos, la boca abierta en una grotesca mueca. El ascensor lleg&oacute; a su planta, anunci&aacute;ndose con un &quot;Ding!!&quot;. &quot;Y ser&aacute; mejor que espere aqu&iacute; con el chucho a que baje primero, porque como entre conmigo en el ascensor con esa cosa y me roce un mil&iacute;metro de la pierna, lo ensarto con mis tacones. Como que no hay Dios&quot;. As&iacute; Sonia inici&oacute; lo que iba a ser la m&aacute;s loca noche que hab&iacute;a vivido hasta el momento. Lo sab&iacute;a, y lo deseaba. El perro gimi&oacute; mientras la puerta del ascensor era cerrada con un sonoro portazo, y la se&ntilde;ora Matilde vio confirmada su impresi&oacute;n de que la juventud estaba endemoniada.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Sonia pose&iacute;a un Porche descapotable, regalo de su padre cuando se gradu&oacute; en la Universidad. No era uno de los modelos de gama alta&#8230; pero segu&iacute;a siendo un deportivo descapotable de marca. Arranc&oacute; quemando llantas, y enfil&oacute; la ruta hacia una de las discos de moda de las afueras. En cierta manera la se&ntilde;ora Matilda estaba en lo cierto, se encontraba posesa. De furia, de orgullo herido, de ganas de demostrar a la noche y a ella misma quien era la mejor, las m&aacute;s guapa, la m&aacute;s deseable. Apret&oacute; la palanca de cambio deseando que fuese el glande de su ex, para poder arranc&aacute;rselo y d&aacute;rselo de comer a las ratas. Tal era su ira, que no repar&oacute; en sem&aacute;foros ni se&ntilde;ales de tr&aacute;fico. Tras saltarse un peligroso stop, ya en las afueras de la ciudad, Sonia repar&oacute; en las luces de un coche de la Guardia Civil de Tr&aacute;fico que le indicaba el arc&eacute;n. Al principio Sonia se enfad&oacute; m&aacute;s, pero la situaci&oacute;n parec&iacute;a sacada de un relato er&oacute;tico, y su faceta de &quot;femme fatale&quot; disfrutaba de las posibilidades que ello le ofrec&iacute;a. As&iacute;, detuvo su veh&iacute;culo en el arc&eacute;n, y se reclin&oacute; en el c&oacute;modo asiento de cuero, pasando un brazo por el reposacabezas del asiento del acompa&ntilde;ante.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Era una de las nuevas patrullas unipersonales, y un agente de unos 30 a&ntilde;os se acerc&oacute; con cautela a su lado. Obviamente le costaba creerse lo que ve&iacute;a, pensando que deb&iacute;a ser una broma de sus compa&ntilde;eros, o tal vez un programa de c&aacute;mara oculta. &quot;Buenas noches, se&ntilde;orita&quot;. Trag&oacute; saliva con dificultad, mientras su mirada recorr&iacute;a el cuerpo que se ofrec&iacute;a ante &eacute;l. Deb&iacute;a ser una trampa de alguna clase&#8230; que piernas&#8230; no parec&iacute;a llevar bragas, deb&iacute;an ser diminutas en todo caso. Que rostro, que melena&#8230; Reclinada, parec&iacute;a una imagen de poster central de playboy. Sinti&oacute; como las palabras se le atascaban en la garganta. Sonia disfrut&oacute; con el efecto que su imagen ten&iacute;a en aquel polic&iacute;a. La carretera solitaria en la noche, la luna en lo alto del cielo.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">&quot;&iquest;He hecho algo malo, se&ntilde;or agente?&quot;. Una mirada c&oacute;mplice de Sonia, recorriendo el cuerpo del polic&iacute;a de arriba a abajo, deteni&eacute;ndose en la ingle. &quot;&iquest;Acaso va usted a detenerme?&quot;. El pobre hombre no se lo pod&iacute;a creer, deb&iacute;a ser algo de la tele o as&iacute;, pero no pod&iacute;a haber ning&uacute;n equipo de apoyo cerca. De todos modos no pensaba coherentemente. Era un hombre en la flor de la vida, soltero y necesitado de compa&ntilde;&iacute;a femenina. &quot;Este pedazo de zorra no lleva sujetador, Dios m&iacute;o&quot;. Sonia asom&oacute; brevemente la puntita de su lengua por entre sus pintados labios. El polic&iacute;a estaba al borde de la apoplej&iacute;a, y no se sabr&aacute; nunca lo que podr&iacute;a haber pasado, ya que una llamada de radio requiri&oacute; la presencia del agente en un accidente en el centro urbano, donde un coche hab&iacute;a quedado cruzado en la calzada, creando un caos de tr&aacute;fico. &quot;Dis&#8230;disculpe se&ntilde;orita. Tenga m, m&aacute;s cuidado la pr&oacute;xima vez&#8230; se lo ruego&quot;.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Sonia se sent&iacute;a algo defraudada, aunque las oportunidades no iban a faltarle y lo sab&iacute;a. &quot;Agente, &iquest;acaso no va a esposarme?&quot;. El hombre estuvo tentado de mandarlo todo al garete y perderse con ese bomb&oacute;n salido del infierno, pero su profesionalismo se lo impidi&oacute;. Eso a Sonia no le caus&oacute; sensaci&oacute;n de fracaso, apreciaba los esfuerzos que su v&iacute;ctima estaba haciendo para sobreponerse. Pero ni un Santo pod&iacute;a con Sonia desatada. &quot;Se&ntilde;orita, el deber me llama, pero si quiere esperar, o podemos quedar en otro sitio&#8230;estar&eacute; m&aacute;s que encantado de ponerme a su servicio&quot;. Sonia maull&oacute; complacida. &quot;No va a poder ser cari&ntilde;o, el cuerpo me pide marcha AHORA&quot;.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">El agente comenz&oacute; a sentirse fuera de s&iacute;, perd&iacute;a su oportunidad. &quot;Escucha, ahora se debe estar montando un atasco de puta madre, debo irme&#8230; pero si me esperas te har&eacute; de todo, nena, d&eacute;jame ser tu esclavo, o lo que sea que busques&#8230; porque as&iacute; vestida y en ese plan te vas a meter en un buen lio. Yo puedo darte lo que buscas&#8230;&quot;. La emisora repiti&oacute; su ruego de auxilio.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">&quot;Lo que ocurre, cari&ntilde;o, es que como bien has dicho, busco meterme algo en el cuerpo. Ve, te esperan. Pero como has sido tan amable, te dar&eacute; algo para que me recuerdes&#8230;&quot;. Y diciendo esto, se alz&oacute; la camiseta, de modo que su busto qued&oacute; al aire, ante la at&oacute;nita mirada del hombre. Un pecho terso y firme, de suave piel blanca y aureolas sonrosadas. Sonia ech&oacute; hacia atr&aacute;s la cabeza, mientras la tela del pantal&oacute;n del sufrido agente se estiraba ante las necesidades de espacio de su pene. Las manos de Sonia tomaron sus pechos por la base, alz&aacute;ndolos para deleite del polic&iacute;a. O para su tortura, ya que la radio, enfurecido el tono, requer&iacute;a el recibido del n&uacute;mero de la Guardia Civil. Sonia se despidi&oacute; de &eacute;l con un beso, y retom&oacute; su marcha.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">El garito que nuestra heroina hab&iacute;a escogido para su noche m&aacute;s salvaje era una macrodisco de moda, con cola para entrar en un viernes por la noche. El garaje estaba atestado, pero sin vacilar Sonia aparc&oacute; su veh&iacute;culo en una plaza reservada al personal laboral. Baj&oacute; de su auto mientras un gorila se acercaba a ella. Un mulato con aspecto de defensa de futbol americano, cre&iacute;a estar ante otro bomb&oacute;n con derecho a todo&#8230; aunque vaya chochito. Un hueso duro de roer para Sonia, uno de esos tipos estaba ya pasado de ver tias buenas vestidas como zorras y comportandose como z&aacute;nganas. Cuando el portero estir&oacute; la mano para se&ntilde;alar la se&ntilde;al de reservado y pedirle que se largara, con la mayor autoconfianza Sonia deposit&oacute; sus llaves en la mano del gigant&oacute;n. Este se qued&oacute; cortado y sorprendido. &quot;Gracias por ofrecerte a aparcarmelo bien, creo que he pisado algo la raya. Dejalas bajo la visera cuando termines&quot;. Y enfil&oacute; la puerta de la disco, dejando al no muy brillante hombret&oacute;n digiriendo lo que hab&iacute;a ocurrido. Una buena cantidad de persona esperaban en una nerviosa cola ante la puerta. Gentes bien vestidas y adineradas, profesionales j&oacute;venes que deseaban impresionar a sus ligues pero que aun as&iacute; deb&iacute;an esperar. Bellezas y bellezones, enfundadas en cantidades variables de cuero, licra y latex. Belleza natural, cuerpos de gimnasio, mejoras de quir&oacute;fano&#8230; all&iacute; se juntaba todo eso, y mucho m&aacute;s.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Sonia, simplemente, camin&oacute; en linea recta hacia la puerta. Hacia el cord&oacute;n rojo. Cuatro individuos ordenaban el asunto de la entrada, aunque uno se encontraba ocupado, apartando de la cola a un cocainomano demasiado impaciente que se hab&iacute;a quejado en voz alta, diciendo que era hijo de un concejal. Poca cosa en ese antro. Sonia camin&oacute; contoneando las caderas, sin mirar a su alrededor, la vista fija en el que obviamente era el jefe de los porteros. Su mirada no se apart&oacute; de &eacute;l ni por un instante, ni siquiera ante los comentarios de &quot; &iquest;a donde se cree que va esa tia ? proferidos por algunas f&eacute;minas verdes de envidia. &quot;&iquest; A donde te crees que vas ?&quot;, pregunt&oacute; el hombre. &quot;Adentro&quot;, fue la sencilla y veraz respuesta de nuestra chica. &quot;El mundo no esta preparado para t&iacute; esta noche, pero adelante, guapa&#8230;&quot;. El portero jefe era un hombre de mundo. ya ten&iacute;a un buen curriculum en ese puesto. Sonri&oacute; a nuestra decidia protagonista, y separ&oacute; personalmente el cord&oacute;n que separaba el ambiente del interior de la aburrida cola. Se escuch&oacute; un susurro airado de mujer. &quot;Haz algo, se esta colando por la cara&quot;. Su acompa&ntilde;ante intent&oacute; protestar&#8230; pero Sonia gir&oacute; la cabeza y le mir&oacute;, sin dejar de caminar. No hubo r&eacute;plica. Solo temblores involuntarios en aquel pelele, mientras la asi&aacute;tica enfundada en un traje de Chanel que le acompa&ntilde;aba fulminaba con la mirada a Sonia. Esta simplemente la ignor&oacute;.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">A continuaci&oacute;n entr&oacute; en la Discoteca&#8230;<\/span><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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