{"id":17048,"date":"2018-02-18T23:00:00","date_gmt":"2018-02-18T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-02-18T23:00:00","modified_gmt":"2018-02-18T23:00:00","slug":"4062-peleas-en-la-oficina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/4062-peleas-en-la-oficina\/","title":{"rendered":"Tensi\u00f3n sexual en la oficina"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"17048\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\"><span style=\"font-size:48px\">C<\/span><span style=\"font-size:18px\">uando me presentaron a la que deb&iacute;a ser mi nueva compa&ntilde;era de trabajo no estaba del mejor de los humores posibles. Hab&iacute;a compartido el d&iacute;a a d&iacute;a con un buen amigo, llevando a cabo tareas legales para una empresa del textil catal&aacute;n. Hab&iacute;amos trabajado juntos casi diez a&ntilde;os, y nuestra eficacia como equipo de trabajo era bien conocida por todos. Yo me encargaba de buscarle las vueltas al sistema legal, mientras mi compi se encargaba de la jurisprudencia y tenerlo todo ordenadito. Pero el enchufismo es una pr&aacute;ctica sagrada en nuestro pa&iacute;s, as&iacute; que cuando la sobrina de uno de los due&ntilde;os termin&oacute; su carrera de Derecho, la colocaron en mi departamento. Claro que no estaban dispuestos a pagar un sueldo m&aacute;s, as&iacute; que fue mi compa&ntilde;ero el que se fue a la calle. Por un lado era mi amigo, y por otro trabajar con &eacute;l me era muy c&oacute;modo. Ahora a hacer de ni&ntilde;era de una ni&ntilde;a pija, que seguro que no ten&iacute;a ni idea de lo que se tra&iacute;a entre manos. Supongo que la culpa de nuestras malas relaciones ha sido, principalmente, m&iacute;a.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\"><span style=\"font-size:18px\">Cuando Sarah se incorpor&oacute; a su puesto yo estaba dispuesto a que durase dos telediarios. Ya me hab&iacute;an dicho que era guapilla, pero no estaba preparado para compartir el reducido espacio de trabajo con una mujer como ella. De 25 a&ntilde;os, era una de esas pelirrojas algo regordetas pero en absoluto obesas, que gastaba unas curvas de infarto. Lo que se dice una mujer de bandera, de piel clara y ligeramente pecosa, con una melena rizada y natural. De rostro ancho y sonrisa amplia, esa actitud dur&oacute; bien poco. Mientras nos presentaban notaba como se me pon&iacute;a dura la polla, pero el cabreo por lo que le hab&iacute;an hecho a mi amigo era m&aacute;s fuerte que mi lujuria. Se iba a enterar la cr&iacute;a esa.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\"><span style=\"font-size:18px\">Yo quer&iacute;a dejarla en evidencia. No la ayudaba apenas en su trabajo, en el que como es natural se encontraba desorientada al principio. Tuvo que aguantar m&aacute;s de una bronca m&iacute;a, y trabajar s&aacute;bados e incluso alg&uacute;n domingo para mantener el ritmo que le marcaba. Si pod&iacute;a encargarle buscar una docena de referencias, lo hac&iacute;a aunque diez me bastasen. Todo era para ayer&#8230; esas cosas. En la hora del caf&eacute; me hac&iacute;an bromas de lo buena que estaba mi compi, y que no deb&iacute;a echar en falta a Juanjo, mi anterior compa&ntilde;ero. Eso me calentaba m&aacute;s. Sab&iacute;a que estaba teniendo problemas en casa, ya que su esposa no entend&iacute;a que le hubiesen echado. Y s&iacute;, yo miraba como se estiraba la tela de su falda ci&ntilde;&eacute;ndole el trasero cuando se estiraba en busca de un pesado tomo de leyes de las estanter&iacute;as superiores, apreciaba lo que ense&ntilde;aba de piernas y no pod&iacute;a por menos que pensar en sus poderosos melones mientras me lavaba mis partes en la ducha. No me importa confesar que, pese a ser un hombre casado, me hice m&aacute;s de una paja pensando en ella. Pero lo que le hab&iacute;an hecho a Juanjo no ten&iacute;an nombre.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\"><span style=\"font-size:18px\">Dos cosas he de decir a favor de Sarah. No era tonta, y nunca le fue con el cuento a su t&iacute;o para que la apretara menos. Aunque est&aacute;bamos siempre como el perro y el gato (nos llamaban Tom y Jerry en la oficina), no tardamos demasiado en recuperar el antiguo ritmo de trabajo. Solo que en lugar de soltar comentarios de futbol, toros y dem&aacute;s prodigios intelectuales mientras cargaba la impresora o revisaba por encima un documento, me peleaba de continuo por detalles con Sarah. Que si el punto siete est&aacute; mal redactado, que si has de pasar a m&aacute;quina todas tus notas porque tu letra es muy mala&#8230; esas mezquindades. Pero bueno, el tiempo es el tiempo. Comenzamos a trabajar mejor, como ya he dicho, y el nivel de las discusiones se redujo. Nunca hubo armon&iacute;a pero se baj&oacute; el tono. Porque la chica sab&iacute;a contestar, y cuando ten&iacute;a raz&oacute;n no se callaba. Cada uno dimos m&aacute;s de un pu&ntilde;etazo a la mesa. Yo comenc&eacute; a apreciar su manera de adaptarse, y ella valoraba mi experiencia. No nos lo habr&iacute;amos confesado ni en un potro de tortura, claro est&aacute;. Y cada vez comenc&eacute; a pensar m&aacute;s tiempo en lo buena que estaba, mientras hac&iacute;a girar mi alianza.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\"><span style=\"font-size:18px\">Una tarde, cuando nos reincorporamos al trabajo despu&eacute;s de comer, la tensi&oacute;n sexual entre los dos subi&oacute; de tono, y volvi&oacute; la mala leche. Una de esas ma&ntilde;anas radiantes de primavera, pero que sin previo aviso desembocan en un chubasco repentino. Sarah hab&iacute;a aprovechado la hora de la comida para ir a hacer no s&eacute; qu&eacute; recado, y cuando volvi&oacute; estaba empapada. Vest&iacute;a una blusa blanca muy formal, nunca vest&iacute;a de un modo provocativo. Pero cuando alguien con un busto como el suyo viste una blusa mojada&#8230; Adem&aacute;s ese d&iacute;a llevaba un sujetador negro, y como marcaba. Con las prisas, no se dio cuenta de lo que ocurr&iacute;a en su pechera. Se sent&oacute; a terminar un documento para el que le quedaban menos de un par de horas, y yo no pude hacer otra cosa m&aacute;s que quedarme prendado de su tetamen, fingiendo trabajar. Tras unos minutos Sarah se dio cuenta de lo que ocurr&iacute;a, y no le hizo mucha gracia que digamos. Me llam&oacute; la atenci&oacute;n bruscamente, y yo le chill&eacute; que estaba loca, y que volviese al trabajo. Hubo unos cuantos gritos, y la cosa qued&oacute; en que ella baj&oacute; a comprar una blusa a una tienda cercana, tiempo que le hice recuperar a la salida, pese a que hab&iacute;a quedado y lo sab&iacute;a. Me sent&iacute;a algo avergonzado pero&#8230; uno es humano. Y as&iacute; la cosa empeor&oacute;, hasta l&iacute;mites insospechados. And&aacute;bamos a la gresca, pero nuestro trabajo no empeoraba ya que no d&aacute;bamos la m&aacute;s m&iacute;nima oportunidad para que nos recriminasen. Ya era una relaci&oacute;n entre iguales, no de veterano y novata. Nos tante&aacute;bamos y fint&aacute;bamos, como en un combate de esgrima. De hecho tan perfecto se hizo nuestra tarea que nos felicitaron por ello, nada se entregaba tarde, sin quejas&#8230; Pero el d&iacute;a a d&iacute;a era infernal. Cada d&iacute;a ese demonio pelirrojo me excitaba m&aacute;s, y ella lo sab&iacute;a.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\"><span style=\"font-size:18px\">Comenc&eacute; a hacer deporte para quemar la mala leche. Algo resolvi&oacute;, pero no demasiado. Carrera y boxeo. Como un efecto secundario me libr&eacute; de algunos kilitos de m&aacute;s, que a los 41 casi todos tenemos. Poco a poco fui notando algo en Sarah&#8230; no sentir&iacute;a la pasi&oacute;n que sus curvas inspiraban en m&iacute;, pero yo no le resultaba carente de atractivos. Eso solo empeor&oacute; las cosas. El clima b&eacute;lico lleg&oacute; a su m&aacute;ximo cuando se presentaba el periodo de presentaci&oacute;n del IRPF, y la cosa se desboc&oacute;. Llev&aacute;bamos diez d&iacute;as metiendo 12 horas al d&iacute;a, y yo estaba buscando en la &uacute;ltima actualizaci&oacute;n del C&oacute;digo de Comercio cuando la o&iacute; gritar en la sala vecina, donde se acumulaban los vol&uacute;menes de leyes en altas estanter&iacute;as. Acud&iacute; veloz, y la encontr&eacute; perdiendo el equilibrio subida a una silla de oficina con ruedas. Imag&iacute;nense a una pelirroja rellenita de m&aacute;s de 1.70, a punto de caer duramente. La tom&eacute; como pude mientras descend&iacute;a, pero lo &uacute;nico que consegu&iacute; fue caer bajo ella, y llevarme un topetazo tremendo. No s&eacute; qu&eacute; fue peor si el golpe contra el suelo&#8230; o sentir ese tetamen contra mi pecho. Mientras intent&aacute;bamos separarnos, una de mis manos se apret&oacute; contra su pecho de modo inadvertido, lo que provoc&oacute; en m&iacute; una reacci&oacute;n el&eacute;ctrica. Mi pene se hinch&oacute; al momento, apretando contra su muslo. Est&aacute;bamos levant&aacute;ndonos cuando mi cuerpo, sin que la mente consciente interviniese en ello, se abalanz&oacute; sobre ella. Mi boca busc&oacute; su cuello, y la estrech&eacute; entre mis brazos. La sorpresa fue la primera reacci&oacute;n de Sarah, pero supongo que la tensi&oacute;n de tanto trabajo ten&iacute;a que salir de alg&uacute;n modo. Pronto est&aacute;bamos revolc&aacute;ndonos por el suelo, mientras nos bes&aacute;bamos y nos met&iacute;amos mano salvajemente. Mi prioridad era soltarle el sujetador, que se resist&iacute;a condenadamente. Sarah parec&iacute;a obsesionada con mis hombros y brazos, desarrollados por golpear el saco de arena con sa&ntilde;a.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\"><span style=\"font-size:18px\">En ese momento, tal y como nos confesamos m&aacute;s tarde, los dos nos dimos cuenta que solo hab&iacute;amos retrasado lo inevitable, desde ese d&iacute;a en que la lluvia de primavera moj&oacute; la blusa de Sarah. Y nos hab&iacute;amos amargado lo nuestro. Toda esa energ&iacute;a negativa deb&iacute;a enfocarse, como as&iacute; fue. Yo jadeaba y Sarah gem&iacute;a, mientras le sobaba el pecho con desespero. Nuestras bocas se juntaron mientras yac&iacute;amos sobre la moqueta, y al menos yo no pod&iacute;a pensar en nada, ni preliminares, ni juegos er&oacute;ticos, nada. Solo sent&iacute;a que deb&iacute;a penetrarla como un animal, si no quer&iacute;a que el calor que sent&iacute;a me abrasase por dentro. As&iacute; que le puse una mano en la boca y con la otra le arranqu&eacute; las bragas. No estoy hablando metaf&oacute;ricamente, literalmente se las arranqu&eacute;, dej&aacute;ndole una marca que permaneci&oacute; varios d&iacute;as. Le sub&iacute; la falda, mientras Sarah acomodaba las piernas para favorecer la penetraci&oacute;n. Sab&iacute;a pese a todo que era demasiado pronto&#8230; retir&eacute; la mano de su boca, y volv&iacute; a besarla, mordi&eacute;ndole los labios y sobando de nuevo su pecho. Cada una de sus tetas era enorme, no ten&iacute;a mano para abarcarla entera. Con la otra acariciaba con energ&iacute;a el interior de sus muslos y sus labios vaginales exteriores. Sarah hund&iacute;a sus u&ntilde;as en mi espalda, y a m&iacute; no me importaban las marcas que pudiese dejar. Sab&iacute;a a fresas, y daba gloria tenerla debajo de m&iacute;, oliendo su champ&uacute;, notando su calor. No tard&eacute; demasiado en percibir humedad entre mis dedos, se&ntilde;al de que estaba dispuesta para m&iacute;. Sarah ped&iacute;a m&aacute;s besos y caricias, dec&iacute;a que a&uacute;n no&#8230; pero yo no pod&iacute;a. Solo dije un &quot;luego habr&aacute; m&aacute;s&quot;, mientras mi mano le separaba el sexo para permitirme acceder a la gruta de su tesoro. Notaba pelo pero no demasiado, sin lugar a dudas se lo recortaba. Deseaba examinar ese vello sin lugar a dudas del color del fuego, pero no pod&iacute;a, no pod&iacute;a&#8230; No podr&iacute;a haberme detenido ni aunque el consejo de administraci&oacute;n en pleno hubiese aparecido por esa puerta, con su t&iacute;o en cabeza.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\"><span style=\"font-size:18px\">S&eacute; que lo hice con demasiada violencia, pero los dos quer&iacute;amos o necesit&aacute;bamos algo as&iacute;. A veces lo que crees querer es distinto de lo que de verdad necesitas. Se la clav&eacute; en dos golpes de cadera, mientras sus piernas se enroscaban alrededor de mis caderas. Como ya he dicho era alta, nuestras caras quedaban a la misma altura mientras la follaba. Porque lo que hac&iacute;amos era follar. No hacer el amor, practicar el sexo o alguna expresi&oacute;n as&iacute;. No. Follar como dos animales, el macho solo interesado en correrse lo m&aacute;s hondamente posible, y la hembra en obtener el mayor placer posible de ello. La &uacute;nica diferencia con dos bichos del zoo era que mientras nos d&aacute;bamos besos. Alguna vez le&iacute; que algunos animales tambi&eacute;n se besas, as&iacute; que&#8230; No hab&iacute;a habido demasiado tiempo para que sus paredes vaginales se preparasen, as&iacute; que iba estrechita y un poco rasposa al principio. Pero pronto comenz&oacute; a segregar como una loca, mientras notaba como se iba distendiendo ante mis embestidas. Yo culeaba y la montaba con toda el ansia que alguna vez hab&iacute;a sentido. No recuerdo que nos dijimos, solo s&eacute; que en un momento dado Sarah gru&ntilde;&oacute; un &quot;tengo condones en el bolso&quot;, y que mi respuesta fue un &quot;quiero pre&ntilde;arte aqu&iacute; y ahora, zorra&quot;. Esas palabras nos excitaron a&uacute;n m&aacute;s a los dos. Sin delicadeza, ni sutileza, ni hipocres&iacute;as&#8230; solo lo que necesit&aacute;bamos. Cuando iba a correrme me sujet&eacute; a sus tetas con las dos manos, apret&aacute;ndolas y estruj&aacute;ndolas mientras descarga tras descarga iba soltando mi esperma en lo m&aacute;s profundo de su vagina. Qued&eacute; unos segundos inm&oacute;vil, y percib&iacute; que ella a&uacute;n no se hab&iacute;a corrido.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\"><span style=\"font-size:18px\">Suelo ser muy escrupuloso en cuestiones de higiene a la hora de practicar el sexo&#8230; pero en ese momento se trataba solo de follar. Yo quer&iacute;a o&iacute;rla gemir de placer. Y luego quer&iacute;a m&aacute;s, quer&iacute;a hacer realidad ese sue&ntilde;o que hab&iacute;a tenido mientras me la machacaba en la ducha bajo el agua caliente. Sal&iacute; despacio de su interior, para arrodillarme entre sus piernas sin dilaci&oacute;n. &quot;Estoy sucia&quot;, dijo Sarah. Nada respond&iacute; yo. Solo acomod&eacute; mi boca a la entrada de su sexo h&uacute;medo, para pegarme a &eacute;l. Com&iacute;, lam&iacute;, devor&eacute;. Por primera vez en mi vida not&eacute; en mi boca el sabor del semen. Estuve a punto de asfixiarme, pero no puedo imaginar muerte m&aacute;s dulce que aquella. Le acariciaba las nalgas, el interior de los muslos&#8230; Percib&iacute; que ella se estimulaba los pezones con ansia mientas la devoraba, presionaba mi cabeza contra su sexo, como si yo fuese a separarme voluntariamente de su fuente. Clav&eacute; mis dedos en sus nalgas mientras se corr&iacute;a para m&iacute;, y yo captaba todos sus sabores y sus olores. El fino vello haci&eacute;ndome cosquillas en la nariz. Se mordi&oacute; una de las manos para no aullar como una loba. Yo tom&eacute; aire en profundas bocanadas, mientras ella se estremec&iacute;a largamente.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\"><span style=\"font-size:18px\">&quot;M&aacute;s&quot;, dije yo poni&eacute;ndola de rodillas. Me coloqu&eacute; en pie frente a ella, quit&aacute;ndome los pantalones que ten&iacute;a por los tobillos. Sarah quiso quitarse la blusa pero la detuve&#8230; sin sujetador y con la blusa puesta, abierta, estaba de lo m&aacute;s sugerente. No hicieron falta m&aacute;s palabras. Mi pene estaba en descanso, con restos de fluidos aun en &eacute;l. No les hizo asquitos, como no los hab&iacute;a hecho yo. Lami&oacute; mis huevos como una gata lame a sus cachorrillos, antes de dedicarse a mi aparato. Para entonces estaba ya morcill&oacute;n. Jug&oacute; a echarle el aliento, a besarle la puntita, a tirar de mis pelillos. A veces dol&iacute;a un poco, pero un dolorcillo realmente placentero. Pronto engull&oacute; mi polla, masaje&aacute;ndola suavemente. Se ayudaba para estimularme con una mano, mientras con la otra se acariciaba sus partes &iacute;ntimas. No tard&eacute; demasiado en alcanzar de nuevo un estado de plena excitaci&oacute;n, pero esta vez se trataba de mi fantas&iacute;a, no de un puro instinto animal.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\"><span style=\"font-size:18px\">La tend&iacute; nuevamente en el suelo, mientras pon&iacute;a una de sus manos en su pecho derecho. Dej&eacute; su otra mano libre para que continuase estimul&aacute;ndose. Una de mis manos se pos&oacute; en el pecho que quedaba libre. Entendi&oacute;, una mujer de sus curvas habr&iacute;a sido requerida para ese servicio no pocas veces en su vida&#8230; Me acomod&eacute; sobre ella, son el pene en la entrada del canalillo inferior de sus pechos. Yo le mov&iacute;a uno, ella el otro. Apret&aacute;ndolos y amas&aacute;ndolos el uno contra el otro, como un canal en el que la fuera de la marea y de las corrientes de un r&iacute;o luchan entre s&iacute;. All&iacute; introduje mi virilidad, sinti&eacute;ndome en la gloria.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\"><span style=\"font-size:18px\">Que calorcillo m&aacute;s agradable, el tejido blando de su pecho mastod&oacute;ntico envolvi&eacute;ndome. Mi mano libre la acerqu&eacute; a su boca. Una boca que lam&iacute;a y chupaba mis deditos como si le fuese la vida en ello. Y en ese momento le iba. Fue mucho m&aacute;s lento y largo que la primera penetraci&oacute;n, motivo por el que fue mucho m&aacute;s satisfactorio. Esa cubana tan largamente deseada, ahora era real&#8230;A veces me mov&iacute;a, a veces me quedaba inm&oacute;vil mientras el masaje hac&iacute;a su efecto en m&iacute;. En un momento dado, estirando las manos hacia atr&aacute;s y arque&aacute;ndome un poco, pude alcanzar su sexo sin verlo, y acariciarla, masturbarla&#8230; Mientras Sarah apretaba sus pechos entre s&iacute;, a veces me acariciaba la punta del miembro cuando asomaba por la parte superior, cerca de su boca. Se escup&iacute;a entre los senos para que mi polla pudiese deslizarse mejor. Ese detalle no estaba en mis fantas&iacute;as onanistas bajo la ducha&#8230; Mientras ella se dedicaba a la regi&oacute;n clitoriana, yo le introduc&iacute;a en el sexo dos de esos dedos que a&uacute;n estaban h&uacute;medos por su saliva. Alguien dijo una vez que el sexo, para ser bueno, ha de ser un asunto sucio, h&uacute;medo y pegajoso. Estoy de acuerdo al cien por cien con &eacute;l. No nos corrimos a la vez&#8230; pero por mi vida que no quien acab&oacute; el &uacute;ltimo. Solo s&eacute; que mi descarga no hab&iacute;a sido tan copiosa una segunda vez en a&ntilde;os, y que Sarah termin&oacute; con la cara llena de mi pegajoso fluido. Y que cuando ella alcanz&oacute; la cumbre por segunda vez, se arque&oacute; tanto que casi me tira al suelo.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\"><span style=\"font-size:18px\">Ca&iacute; a su lado y despu&eacute;s de unos minutos consegu&iacute; recuperarme lo bastante como para estirar mi mano y acariciar su rostro y cabello. Su mano acarici&oacute; la m&iacute;a a su vez&#8230; deteni&eacute;ndose a jugar con mi alianza. No hablamos sobre ese detalle ese d&iacute;a. En realidad no importaba ese d&iacute;a. Import&oacute; m&aacute;s tarde, por supuesto, y fue el motivo de no pocos dolores de cabeza, pero tumbados en uno al lado del otro en ese despacho, sobre la moqueta, no importaba nada m&aacute;s que la satisfacci&oacute;n alcanzada.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\"><span style=\"font-size:18px\">Por supuesto, la eficacia de nuestro trabajo decay&oacute; notablemente, y nunca volvimos a la anterior cota de satisfacci&oacute;n de nuestros superiores.<\/span><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Cuando me presentaron a la que deb&iacute;a ser mi nueva compa&ntilde;era de trabajo no estaba del mejor de los humores posibles. 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