{"id":17249,"date":"2018-03-08T01:52:20","date_gmt":"2018-03-08T01:52:20","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-03-08T01:52:20","modified_gmt":"2018-03-08T01:52:20","slug":"17249-un-chalet-en-la-serrania","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/17249-un-chalet-en-la-serrania\/","title":{"rendered":"Un chalet en la serran\u00eda"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"17249\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">&quot;Una tarde las vio. Desnudas, madre e hija se duchaban juntas. La puerta entreabierta permiti&oacute; que viera la escena. La madre enjabonaba el cuerpo de la hija, extendiendo la espuma por su cuello, sus tetas, su abdomen, su pubis. Luego, en cuclillas, con ambas manos, continu&oacute; por las piernas. Era una escena tan sensual. Lo que no esperaba fue el beso que la madre dej&oacute; en el co&ntilde;o de la hija antes de erguirse del todo. Y, menos a&uacute;n, que la hija acercase sus labios a los pechos de la madre para lamerlos con delicadeza. M&aacute;s tarde, observ&oacute; sus cuerpos juntarse, sus cabezas unirse, sus labios estrujarse. Oy&oacute; sus gemidos mezcl&aacute;ndose con el chorro de agua cuando las dos comenzaron a masturbarse entre s&iacute;, introduciendo sus dedos en sus vaginas, deslizando las palmas de sus manos sobre el rizado vello oscuro. Sus voluptuosos cuerpos se estremecieron de placer. &Eacute;l entr&oacute;; ellas continuaron. &Eacute;l se desnud&oacute;; y ellas lo miraron. Y era tal el deseo que tuvo de poseerlas que su polla se alz&oacute; dura y vibrante. Entonces, madre e hija salieron de la ducha; empapadas, las huellas de sus pies marcaban el suelo. Tomaron toallas del gancho de una pared y comenzaron a secarse. &Eacute;l no les quit&oacute; ojo. Despu&eacute;s, una le dijo: &quot;Sabemos lo que quieres, y no te lo daremos, pues los hombres nos da&ntilde;aron el esp&iacute;ritu ya hace mucho tiempo, somos hembras maduras, nos queremos, si somos madre e hija no es inconveniente, la perversi&oacute;n est&aacute; presente en cualquier faceta de la vida, debemos aceptarla, &iquest;o no es una perversi&oacute;n que nos vigiles escondido tras la puerta?, nos iremos a otro sitio y all&iacute; nos amaremos, no nos sigas, pues tu vida correr&aacute; peligro si lo haces, que aun siendo mujeres tambi&eacute;n podemos ser crueles&quot;. Al o&iacute;r esto &eacute;l desvi&oacute; su mirada al suelo y vio su falo enhiesto. Comprendi&oacute; que a &eacute;l no le correspond&iacute;a disfrutar de dos mujeres, que m&aacute;s perverso fue su apetito que el amor que espi&oacute;. Y regres&oacute; a su habitaci&oacute;n apesadumbrado. Su t&iacute;a y su prima regresaron a la suya. El chalet familiar qued&oacute; en silencio, en la noche primaveral serrana&quot;&#8230;<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">La luz encendida se colaba bajo la rendija de la puerta del dormitorio del hijastro. Eliana se hab&iacute;a despertado repentinamente de madrugada con unas ganas irresistibles de mear y, de vuelta a la habitaci&oacute;n de matrimonio, al pasar por el pasillo, se percat&oacute; de ello; as&iacute; que quiso entrar en la habitaci&oacute;n con la intenci&oacute;n de apagarla. Fue silenciosa, s&iacute;: empuj&oacute; la puerta muy despacio y camin&oacute; de puntillas sobre sus almohadilladas pantuflas hasta llegar al borde de la cama. El flexo de luz fr&iacute;a estaba pinzado en el cabecero: all&iacute; estaba el interruptor. Vio al hijastro dormido: su rostro sereno, su tierno cuello; m&aacute;s all&aacute; su torso cubierto por un pijama de franela con botones, y, sobre &eacute;l, el libro: &quot;Un chalet en la serran&iacute;a&quot;; &quot;&iquest;De qu&eacute; ir&iacute;a la novela?&quot;, se pregunt&oacute; Eliana antes de tomarla entre sus manos para leerla por las p&aacute;ginas por las que estaba abierta; ley&oacute;. &quot;Oh&#8230; vaya&#8230; va-ya&quot;, se dijo, y observ&oacute; al hijastro. &quot;Menudo salidito, estas lecturas son&#8230;, seguro que el muy brib&oacute;n se hizo una paja mientras le&iacute;a&#8230; jajaja, la verdad es que&#8230; a m&iacute;&#8230; a m&iacute; me ha puesto, veamos&quot;, pens&oacute;. Eliana se inclin&oacute; sobre el hijastro, apart&oacute; la manta y olfate&oacute; la entrepierna de &eacute;ste; &quot;Semen&quot;, murmur&oacute;.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">El calor de sus cuerpos al juntarse venci&oacute; sus voluntades. Primero, Eliana se tumb&oacute; sobre el hijastro; luego, &eacute;l despert&oacute; oyendo su nombre pronunciado en un susurro: &quot;Bruno, Bruno&quot;; m&aacute;s tarde, el camis&oacute;n de Eliana cay&oacute; sobre su almohada, las redondas tetas de &eacute;sta cayeron gr&aacute;vidas sobre sus labios y su dura polla fue llevada desde el interior de su pantal&oacute;n hasta la h&uacute;meda calentura de la vagina de Eliana. Follaron sin hacer excesivo ruido, como peque&ntilde;os peces desliz&aacute;ndose en el agua de un acuario, no fuera a ser que despertasen al padre.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">&quot;Pens&oacute; en dar un paseo por la monta&ntilde;a en cuanto hubo desayunado. De su t&iacute;a y su prima no vio rastro alguno durante aquellas primeras horas del d&iacute;a; pens&oacute; que seguramente segu&iacute;an dormidas. Sali&oacute; por la puerta trasera del chalet dispuesto a tomar cualquier sendero. La tierra estaba a&uacute;n mojada debido a la lluvia ca&iacute;da de madrugada, aunque ahora el cielo estaba limpio de nubes y el sol resplandec&iacute;a. Comprob&oacute; que en uno de los senderos hab&iacute;a huellas grabadas en el barro, y las sigui&oacute;. Llevaba andando m&aacute;s de media hora cuando divis&oacute; un prado plagado de florecitas y decidi&oacute; parar all&iacute; a descansar. Cual no fue su sorpresa al ver que se le hab&iacute;an adelantado. Bajo los salientes de unas rocas que flanqueban el prado contempl&oacute; la desnudez de los cuerpos de su t&iacute;a y su prima. Vio a la hija, de espaldas; estaba sentada sobre la madre, sobre su pubis, y, con las dos piernas flexionadas en &aacute;ngulo recto apoyadas en el suelo, mov&iacute;a el culo de atr&aacute;s hacia delante, dando ligeros contoneos con las caderas a intervalos; vio a la madre, en escorzo; tumbada bocarriba, giraba la cabeza de un lado a otro; ambas se daban &aacute;nimos dando grititos agudos, &quot;&iexcl;m&aacute;s!&quot;, &quot;&iexcl;ay!&quot;, &quot;&iexcl;as&iacute;&quot;, &iexcl;me viene!&quot;. Al poco, ambas quedaron vencidas, la una sobre la otra, y se prodigaron sonoros besos sobre sus cuerpos. No le vieron masturbarse.&quot;&#8230;<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Cuando la sirvienta se desnud&oacute;, Bruno qued&oacute; extasiado. Sus tetas eran orondas, algo ca&iacute;das, provistas de unos pezones morenos; su cintura, gruesa y mullida, presagiaba un agarre perfecto; su co&ntilde;o peludo era un misterio. Ella se acerc&oacute; a &eacute;l descalza. Despacio. Se inclin&oacute; para besarle la boca y Bruno la atrajo por su nuca. Luego ella se arrodill&oacute; sobre el colch&oacute;n y agarr&oacute; con manos firmes su polla. M&aacute;s tarde se la meti&oacute; en la boca y la mam&oacute;, adaptando sus labios a los vaivenes de su sexo. Su feroz eyaculaci&oacute;n coincidi&oacute; en el tiempo con el restregar de zapatillas en el pasillo. Su padre ya se hab&iacute;a levantado. &quot;&iexcl;Carmen, el desayuno!&quot;, oyeron la orden. Carmen se puso el uniforme deprisa, entorn&oacute; la puerta para poder mirar y sali&oacute; airosa del dormitorio de Bruno.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">&quot;Oye, Roberto&quot;, dijo Eliana a su flamante marido, &quot;&iquest;no crees que tu hijo necesitar&iacute;a un cambio de aires?, parece, no s&eacute;, aburrido&#8230; lee demasiadas novelas, no s&eacute;&quot;; &quot;Se parece a su padre&quot;, dijo jovial Roberto, &quot;las mata callando, por cierto, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;?, el caf&eacute; se enfr&iacute;a, &iexcl;Bruno!&quot;; &quot;Aqu&iacute; estoy, pap&aacute;, perd&oacute;n por el retraso, estaba ordenando apuntes&quot;, dijo Bruno; &quot;Vale, hijo, vale.&quot;<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Los tres devoraban las tostadas que les iba sirviendo Carmen en la mesa, acompa&ntilde;ando de vez en cuando con un sorbo de caf&eacute; o zumo. A Bruno no le pasaban desapercibidos las caricias que Eliana dedicaba a Roberto bajo la mesa con sus pies descalzos, pues a veces &eacute;sta confund&iacute;a las extremidades. Aun as&iacute;, Bruno se sent&iacute;a c&oacute;modo y termin&oacute; de desayunar enseguida; se levant&oacute; de la mesa arrastrando la silla y fue a dejar su vajilla y cubiertos al fregadero. Eliana lo sigui&oacute; y, cuando lo tuvo cerca, le susurr&oacute; una frase: &quot;Anoche no pas&oacute; nada&quot;. No, anoche no pas&oacute; nada, s&oacute;lo lo que ten&iacute;a que pasar.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">A menudo, Bruno, al volver de clase, pasaba junto a la puerta del dormitorio de su padre y Eliana. Los o&iacute;a follar. Los resuellos roncos de su padre se mezclaban con los agudos gemidos de Eliana; y Bruno se refugiaba en su novela:<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">&quot;Se foll&oacute; a su prima una tarde serena. Los jilgueros entonaban sus &uacute;ltimas melod&iacute;as cuando vio a su prima avanzar en direcci&oacute;n a la hamaca donde se hab&iacute;a recostado junto a la piscina. Ella llevaba puesta una bata de una tela ligera y opaca atada por la cintura. &quot;Primo&quot;, le dijo, &quot;nunca lo he hecho con un hombre&quot;. Y en un abrir y cerrar de ojos se quit&oacute; la bata dejando su bello cuerpo a la vista y se sent&oacute; sobre el regazo de su primo; con h&aacute;biles manos le desat&oacute; la cuerda del ba&ntilde;ador y se lo baj&oacute; hasta quedar su pene libre. Despu&eacute;s dijo: &quot;Primo, f&oacute;llame&quot;. Fue una deliciosa follada: su prima se estremec&iacute;a de placer en cada arremetida suya, gritaba contenta, ped&iacute;a m&aacute;s, m&aacute;s, y &eacute;l le daba, le daba&quot;&#8230;<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Bruno desvi&oacute; la mirada del libro y contempl&oacute; a trav&eacute;s de las ventanas las monta&ntilde;as azuladas cubiertas de bosques.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Son&oacute; el timbre.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Carmen estaba en el cuarto trastero acomodada sobre un viejo div&aacute;n. Llevaba la camisa del uniforme completamente desabrochada porque Pablo, el jardinero, inclinado sobre ella, estaba saboreando sus grandes tetas; el bigote canoso de Pablo se deslizaba por los pliegues de sus exuberantes sernos blancuzcos y lo dientes amarillentos capturaban sus morenos pezones. &quot;Pablo, para&quot;, murmur&oacute; Carmen, &quot;la puerta&quot;; &quot;Ah, Carmen, qu&eacute; buena est&aacute;s, &iquest;cu&aacute;ndo haremos el amor?&quot;, murmur&oacute; Pablo a su vez; &quot;&iexcl;Carmen!&quot;, se oy&oacute; la sorda llamada de Eliana; &quot;Pablo, venga, sabes que hasta que no nos casemos no haremos el amor, soy una mujer recatada, venga, luego te hago una paja, me llaman&quot;, explic&oacute; Carmen; volvi&oacute; a sonar el timbre; &quot;&iexcl;Carmen!&quot;, grit&oacute; Eliana; &quot;&iexcl;Voy, se&ntilde;ora!&quot;, grit&oacute; Carmen: &quot;Carmen, Carmen&quot;, musit&oacute; el jardinero dando besos corridos sobre las tetas de la sirvienta; &quot;Pablo&quot;, rega&ntilde;&oacute; Carmen, y se levant&oacute;, se abroch&oacute; la camisa y sali&oacute; del cuarto.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">&quot;Solo, sentado en el mullido sof&aacute; del saloncito del chalet, rodeado del irritante sonido de los lamentos y grititos de placer de su t&iacute;a y su prima, &eacute;l observaba melanc&oacute;lico el paisaje serrano a trav&eacute;s de los cristales. De pronto, le pareci&oacute; ver a alguien entre los &aacute;rboles, a poca distancia. S&iacute;, era una mujer joven, y parec&iacute;a estar desorientada: caminaba en zig zag, tropezaba y a veces alargaba sus brazos con las palmas abiertas para apoyarse en alg&uacute;n tronco. Sali&oacute; de la casa raudo y lleg&oacute; hasta donde ella se encontraba. La mujer se percat&oacute; de su aparici&oacute;n con antelaci&oacute;n, pues se puso tiesa y erguida en cuanto &eacute;l cerr&oacute; la puerta tras de s&iacute;. Ambos se quedaron quietos, frente a frente. Ella, de fina figura, hermoso busto y cara de finos rasgos, ten&iacute;a la mirada fija perdida en alg&uacute;n punto tras &eacute;l. &quot;He o&iacute;do ruidos y he venido, soy ciega, me he extraviado&quot;, dijo con suave voz; &quot;Ah, bien, me hab&iacute;a parecido, te ayudar&eacute; y&#8230;&quot;, &eacute;l se fij&oacute; en un cinto que circundaba su cadera, &quot;&iexcl;llevas arma!&quot;, exclam&oacute;; &quot;S&iacute;, para defenderme.&quot;<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Ambos estuvieron dialogando durante minutos. Ella, de hito en hito, afirmaba en&eacute;rgica con la cabeza mientras &eacute;l hac&iacute;a aspavientos con sus manos. Despu&eacute;s, se engancharon con sus brazos por la cintura y caminaron decididos y severos hacia el interior del chalet. El eco de los dos disparos retumb&oacute; largamente en la serran&iacute;a&quot;&#8230;<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">&quot;&iexcl;Ya voy, ya voy!&quot;, vociferaba Carmen en tanto se acercaba a la puerta arrastrando sus sandalias. Abri&oacute;. All&iacute; estaba una chica de extra&ntilde;a mirada, de pie, portando un fino bast&oacute;n. &quot;Hola&quot;, dijo, &quot;perdonen que les moleste, es que&#8230; ver&aacute;, soy ciega&#8230;, me he perdido&quot;; &quot;Ah, pobre, &iexcl;se&ntilde;ora Eliana, es una pobre ni&ntilde;a perdida!&quot;, anunci&oacute; Carmen en voz alta; &quot;Dile que pase, ahora salgo yo&#8230;, dile a Bruno que salga del cuarto, que la acompa&ntilde;e mientras tanto&quot;, se oy&oacute; la voz velada de Eliana.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Carmen hizo pasar a la chica, la acompa&ntilde;&oacute; al sal&oacute;n y la acomod&oacute; en un sill&oacute;n; luego fue en busca de Bruno.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">&quot;Bruno&quot;, llam&oacute; abriendo la puerta del dormitorio; &quot;Ahora no, Carmen, no tengo ganas&quot;, dijo Bruno; &quot;Ay, Bruno, mi machote, no vengo por eso&quot;, dijo Carmen con una amplia sonrisa, &quot;&iquest;no o&iacute;ste el timbre?, ha venido una se&ntilde;orita que se ha perdido en la sierra, y me ha dicho Eliana que le hagas compa&ntilde;&iacute;a mientras ella termina de&#8230; de ya sabes qu&eacute;&quot;; &quot;&iexcl;Joder, no paran esos dos! ya voy, Carmen.&quot;<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Bruno sali&oacute; de su dormitorio. Su sorpresa fue may&uacute;scula cuando vio el caracter&iacute;stico bast&oacute;n que sujetaba la muchacha. &quot;&iexcl;Eres&#8230; eres ciega!&quot;, exclam&oacute; Bruno; &quot;S&iacute;, y t&uacute; muy maleducado, primero hay que presentarse&quot;, dijo ella juguetona; &quot;Ay, perdona, es que&#8230; en&#8230; la novela&#8230;, bueno, &iquest;c&oacute;mo te llamas?, yo soy Bruno&quot;; &quot;Sonia, encantada&quot;, dijo ella extendiendo una mano al vac&iacute;o que Bruno estrech&oacute; al momento. Quedaron en silencio. Bruno observ&oacute; con detenimiento la oscura melena rizada de ella, sus delicados hombros, sus protuberantes pechos marcados bajo la camiseta, su liso abdomen, sus formados muslos apretados bajo los pantalones de lona, sus sandalias de tiras. Los ojos de Sonia, sin iris, eran negros como pozos profundos llenos de misterio. &quot;&iquest;C&oacute;mo te has perdido, Sonia?&quot;; &quot;Mi perro gu&iacute;a, no s&eacute; qu&eacute; pas&oacute;, se me solt&oacute;, supongo que oler&iacute;a a una hembra en celo y no se pudo resistir&quot;, dijo Sonia sonroj&aacute;ndose; &quot;S&iacute;, entiendo, los perros, admirables, jam&aacute;s piensan en el qu&eacute; dir&aacute;n&quot;, rio Bruno; &quot;S&iacute;&quot;, rio Sonia; &quot;Oye, Sonia, &iquest;llevas, no s&eacute;, una pistola?&quot;; &quot;&iexcl;Una pistola!, soy ciega, Bruno, &iquest;c&oacute;mo voy a apuntar?&quot;; &quot;Claro&quot;; &quot;&iquest;Qu&eacute; pasa, Bruno, hay alguien que te irrita y quieres acabar con &eacute;l?&quot;; &quot;S&iacute;, supongo que los oir&aacute;s, dicen que los ciegos ten&eacute;is un fino o&iacute;do&quot;; &quot;&iquest;C&oacute;mo crees si no que he podido orientarme hasta llegar aqu&iacute;?&quot;. Ambos sonrieron.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">&quot;&iquest;Vendr&aacute;n a buscarte, Sonia?; &quot;Di aviso, vendr&aacute;n en una hora, Bruno&quot;; &quot;No hay tiempo que perder.&quot;<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">Sonia se desnud&oacute; y se acost&oacute; en la cama de Bruno con las extremidades estiradas. &Eacute;ste at&oacute; sus mu&ntilde;ecas al cabecero y sus tobillos a las patas bajeras; despu&eacute;s sac&oacute; un preservativo usado que conten&iacute;a semen de su padre y lo vaci&oacute; sobre el ombligo de Sonia. Dijo: &quot;Quiz&aacute; te haga da&ntilde;o, pero debo penetrarte duro para que parezca&#8230;&quot;; &quot;Hazlo, Bruno&quot;. Bruno se sac&oacute; el pene que ya se empinaba ante la visi&oacute;n del majestuoso cuerpo desnudo de Sonia, y mont&oacute; sobre ella. Las tetas estiradas de Sonia se bambolearon a causa de la embestida de Bruno; &quot;&iexcl;Ah!&quot;, grit&oacute; al principio, m&aacute;s tarde se deleit&oacute; con la simulaci&oacute;n: &quot;Ah, ah, Bru-no, ah, me encanta tu polla, ah&quot;. Bruno se detuvo: no deb&iacute;a correrse o el plan se ir&iacute;a al traste. &quot;Voy a hablar con Carmen y Pablo, Sonia, des&eacute;ame suerte, te quiero, cari&ntilde;o&quot;, se despidi&oacute; Bruno soplando un beso desde la palma de su mano.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">A&ntilde;os despu&eacute;s vieron a Bruno y Sonia sentados en ropa de ba&ntilde;o a la orilla del r&iacute;o helado que brotaba de las cumbres contemplando los juegos de sus hijos en el agua. Vieron tambi&eacute;n a Carmen y Pablo follando como posesos, desnudos en la pradera, bajo el radiante sol de la serran&iacute;a. Mientras:<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">&quot;&iexcl;Eliana, ven, el alcaide te quiere ver!&quot; Eliana era la reina de las mamadas: por supuesto, la preferida del alcaide, que cada tarde vaciaba el semen en su boca.<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><span style=\"font-size:18px\"><span style=\"font-family:Times New Roman,Times,serif\">&quot;&iexcl;Roberto, qu&eacute; pasa, vamos, alza un poco el culo, apoya las manos en las rejas!&quot; Roberto era el alivio del jefe de los matones. Y gru&ntilde;&iacute;a, si, no crean que le gustaba, gru&ntilde;&iacute;a; entre dientes dec&iacute;a: &quot;Maldito Bruno, maldito chalet en la serran&iacute;a.&quot;<\/span><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>&quot;Una tarde las vio. Desnudas, madre e hija se duchaban juntas. La puerta entreabierta permiti&oacute; que viera la escena. La madre enjabonaba el cuerpo de la hija, extendiendo la espuma por su cuello, sus tetas, su abdomen, su pubis. Luego, en cuclillas, con ambas manos, continu&oacute; por las piernas. Era una escena tan sensual. 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