{"id":17995,"date":"2018-05-30T07:39:27","date_gmt":"2018-05-30T07:39:27","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-05-30T07:39:27","modified_gmt":"2018-05-30T07:39:27","slug":"17995-tres-relatos-de-sexo-segunda-vuelta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/17995-tres-relatos-de-sexo-segunda-vuelta\/","title":{"rendered":"Tres relatos de sexo (Segunda vuelta)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"17995\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p><u><strong>Un desconocido muy persuasivo (2)<\/strong><\/u><\/p>\n<p>Cuando sube la peque&ntilde;a escalera para llegar a la puerta, a Natalia, el coraz&oacute;n empieza a latirle a mayor velocidad. De repente recuerda la conversaci&oacute;n que tuvo con sus amigas hace poco: &ldquo;&iquest;Ser&aacute; verdad que se acuesta con Gaby?&rdquo; Hab&iacute;a preguntado Florencia. &ldquo;Qu&eacute; va a ser verdad, si el tipo ya tiene m&aacute;s de cuarenta. Es muy viejo para ella. Adem&aacute;s &iexcl;Es un profesor!&rdquo; coment&oacute; Tamara, aparentando estar escandalizada, aunque Natalia percibi&oacute; que m&aacute;s que escandalizada estaba inc&oacute;moda. &ldquo;Pero aunque est&eacute; viejo, no est&aacute; muy mal que digamos&rdquo; dijo Florencia, y agreg&oacute; &ldquo;adem&aacute;s, &iquest;te pens&aacute;s que no pas&oacute; nada con Gaby cuando fue hasta la casa del profe a llevarle el trabajo pr&aacute;ctico?&rdquo;, Natalia, que hasta ese momento s&oacute;lo se hab&iacute;a limitado a o&iacute;r a las otras, dijo &ldquo;Que haya ido a su casa no significa que haya pasado algo&rdquo; Florencia solt&oacute; una risita sarc&aacute;stica que Natalia odi&oacute;. &ldquo;&iquest;No me digas que a vos tambi&eacute;n te dijo que le lleves el trabajo a su casa? &iexcl;Cuidado amiga, ese tipo es un turbio!&rdquo; y solt&oacute; otra risita.<\/p>\n<p>Ahora Natalia toca el timbre del departamento. La puerta se abre autom&aacute;ticamente y entra al edificio. Piensa que Florencia ten&iacute;a algo de raz&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; el profesor le hab&iacute;a pedido que le lleve el trabajo a su casa? En su momento, ni siquiera se lo hab&iacute;a planteado, pero luego se enter&oacute; por Gaby que el docente le hab&iacute;a pedido eso, porque se acercaba la fecha de cerrar las notas, y era conveniente corregir el trabajo con la alumna presente para que sus observaciones sean claras, cosa que v&iacute;a mail ser&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil de lograr. La explicaci&oacute;n la satisfizo por un tiempo, pero a medida que se acercaba el d&iacute;a en que ten&iacute;a que llevarle el trabajo al profesor, una sensaci&oacute;n de extra&ntilde;eza se apoderaba de ella. Y ahora que se mete en el ascensor y la puerta se cierra, piensa si no ser&iacute;a mejor salir de ah&iacute; y volver a su casa. Despu&eacute;s de todo, coincid&iacute;a con Florencia en algo, el profesor de introducci&oacute;n al conocimiento cient&iacute;fico era turbio: era fr&iacute;o, y hablaba justo lo necesario, era muy distante con los alumnos, pero a pesar de eso parec&iacute;a tener un apetito voraz por las chicas m&aacute;s lindas de la comisi&oacute;n, ella misma incluida. Esto &uacute;ltimo era dif&iacute;cil de percibir, porque sab&iacute;a disimularlo, pero cada tanto se dejaba descubrir embelesado con las tetas turgentes de Tamara, o con las nalgas apretadas de Gaby. En esas miradas ef&iacute;meras dejaba traslucir un deseo animal que nada ten&iacute;a que ver con una intenci&oacute;n de seducir a las f&eacute;minas de la comisi&oacute;n, sino m&aacute;s bien parec&iacute;a querer poseerlas a toda costa, incluso, contra su voluntad.<\/p>\n<p>Cuando lleg&oacute; al piso que le hab&iacute;a indicado el profesor, sus piernas, y su mano, con la que cargaba la carpeta con el trabajo pr&aacute;ctico, temblaban como hojas. Le vino a la mente el rostro de Tamara, quien, mientras escuchaba las insinuaciones de Florencia, parec&iacute;a m&aacute;s indignada que la propia Natalia: &ldquo;No andes divulgando rumores, si no sab&eacute;s de qu&eacute; est&aacute;s hablando&rdquo; le dijo, casi gritando. &ldquo;Si alguien de la comisi&oacute;n te escucha, van a empezar a decir cosas de Gaby, y tambi&eacute;n de Natalia&rdquo;. Se la ve&iacute;a muy enojada, pero tambi&eacute;n parec&iacute;a tener la necesidad apremiante de cambiar de tema. &iquest;Por qu&eacute;? Se pregunt&oacute; Natalia &iquest;por qu&eacute; estabas tan inquieta, Tamara? Cuando termin&oacute; con sus cavilaciones, se dio cuenta de que acababa de tocar el timbre del departamento de su profesor. Una certeza implacable se apoder&oacute; de ella: &ldquo;tengo que irme&rdquo; se dijo. La puerta se abri&oacute;. El profesor no dijo nada. Se hizo a un costado. &ldquo;Tengo que irme&rdquo; Pens&oacute; Natalia. Pero su cuerpo no parec&iacute;a convenir con su cabeza, dio unos pasos y entr&oacute; en el departamento. Una mezcla de miedo y excitaci&oacute;n hicieron erupci&oacute;n dentro de ella, y la sensaci&oacute;n de que algo inminente estaba a punto de suceder la hicieron entrar en un estado similar al de la embriaguez.<\/p>\n<p>&ldquo;Ac&aacute; est&aacute; el trabajo, profe&rdquo; le dijo, balbuceando, estirando el brazo tembloroso, mientras la puerta se cerraba a su espalda.<\/p>\n<p>El profesor agarr&oacute; la carpeta y la tir&oacute; al piso. Las hojas quedaron desparramadas sobre la cer&aacute;mica. Se acerc&oacute; a ella, hasta quedar casi pegados. Le acarici&oacute; el rostro, y le meti&oacute; el pulgar en la boca. Mientras, la otra mano se deslizaba por el muslo desnudo. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; traje este vestido tan corto?&rdquo; se preguntaba Natalia, sin obtener una respuesta. &ldquo;&iquest;y por qu&eacute; no me puse ropa interior?&rdquo; se pregunt&oacute; luego, cuando sinti&oacute; dos dedos enterrarse en su sexo palpitante.<\/p>\n<p style=\"text-align:center\">**************************************<\/p>\n<p><strong><u>Una sincronizaci&oacute;n perfecta<\/u><\/strong><\/p>\n<p>Ya hab&iacute;an pasado treinta minutos desde que comenzaron. Se ve&iacute;a en el rostro de los cinco hombres una mirada concentrada. Los m&uacute;sculos de las caras estaban contra&iacute;dos y en sus mejillas y frentes se deslizaban gotitas de sudor que iban a parar al piso, formando un diminuto charco debajo de ellos.<\/p>\n<p>Cada tanto alguno parec&iacute;a no poder aguantar m&aacute;s. Pero en esos momentos, alguno de sus compa&ntilde;eros lo miraban con una sonrisa fraternal, como dici&eacute;ndole &ldquo;Vamos, vos pod&eacute;s&rdquo;, y entonces el hombre disminu&iacute;a el ritmo de sus movimientos, y as&iacute; pod&iacute;a adaptarse a los dem&aacute;s.<\/p>\n<p>La mujer estaba en el piso, tumbada boca arriba. Su marido cre&iacute;a que estaba en casa, limpiando. Nunca hab&iacute;a hecho eso, y nunca pens&oacute; en hacerlo, pero ver diez mil pesos, todos juntos, fue tentador. Estaba desnuda, igual que los cinco tipos que formaban un c&iacute;rculo a su alrededor. Eran hombres j&oacute;venes, y todos eran diferentes: lampi&ntilde;os, peludos, rubios, morochos, pelados, gordos, flacos, musculosos&hellip; sin embargo ten&iacute;an algo en com&uacute;n: las cinco vergas que ella ve&iacute;a dese abajo, eran hermosas: alguna m&aacute;s gruesa que otra, alguna m&aacute;s corta que otra, alguna m&aacute;s asim&eacute;trica, alguna m&aacute;s cabezona&hellip; pero todas eran hongos de una base gruesa y venosa. Todas comenzaban a largar el l&iacute;quido preseminal, cuyo olor ya inundaba la habitaci&oacute;n. Y todas se hab&iacute;an alzado en honor a ella. Las cinco vergas erectas como lanzas, y duras como rocas eran las responsables de que se haya convertido en una puta.<\/p>\n<p>La mujer comenz&oacute; a acariciarse el cl&iacute;toris, mientras se mord&iacute;a el labio inferior. Cuando vio que los machos estaban a punto, abri&oacute; la boca y sac&oacute; la lengua, movi&eacute;ndola arriba abajo, como invit&aacute;ndolos a que apunten ah&iacute;. &ldquo;a la cuenta de tres&rdquo; dijo uno de ellos, y comenz&oacute; a contar: &ldquo;unooo&rdquo; alguno tuvo que dejar de tocarse para resistir los segundos que faltaban. &ldquo;dooos&rdquo; varios de ellos mostraban sus dientes apretados, se&ntilde;al de lo dif&iacute;cil que era seguir reteniendo el semen. &ldquo;trees&rdquo; dijo el hombre, y entonces las vergas que la rodeaban expulsaron, simult&aacute;neamente, cinco chorros blancos, que salieron con potencia inusitada, y cayeron con una precisi&oacute;n maravillosa sobre el cuerpo de la mujer que esperaba, golosa, la leche de los machos.<\/p>\n<p>Un c&aacute;lido hilo cay&oacute;, justo donde ella quer&iacute;a. Lo sabore&oacute;, al mismo tiempo que m&aacute;s chorros poderosos impactaban con su piel. Haber retenido tanto tiempo el orgasmo no fue en vano. La eyaculaci&oacute;n fue abundante y varios lograron que sus vergas escupan tres veces sobre ella.<\/p>\n<p>Nunca hab&iacute;a estado con tanta leche encima, nunca se hab&iacute;a sentido tan puta, y jam&aacute;s habr&iacute;a imaginado disfrutar de esa humillaci&oacute;n. Los cinco hombres se acercaron, y la ayudaron a tragar hasta la &uacute;ltima gota de semen.<\/p>\n<p style=\"text-align:center\">***********************************<\/p>\n<p><u><strong>Una deuda con muy altos intereses<\/strong><\/u><\/p>\n<p>Gonzalo estaba temblando como una hoja. A pesar de que se encontraba en su propia casa, se sent&iacute;a extremadamente asustado y nervioso. La presencia de Mario y sus secuaces siempre lo pon&iacute;an inc&oacute;modo, pero ahora era mucho peor, y ten&iacute;a sus motivos para sentirse as&iacute;, puesto que sab&iacute;a perfectamente a qu&eacute; ven&iacute;an esos hombres.<\/p>\n<p>&mdash;Vos sab&eacute;s que soy un tipo muy tolerante, Gonzalo. &mdash;le dijo Mario, sentado frente a &eacute;l en la mesa de la peque&ntilde;a cocina. El hecho de que lo haya llamado Gonzalo, y no Gonzalito como otras veces, era de por s&iacute;, una se&ntilde;al de alarma.&mdash; Pero con la plata no se jode. &mdash;Sigui&oacute; diciendo. Gonzalo trat&oacute; de sostenerle la mirada, pero le result&oacute; imposible. Mir&oacute; al piso e intent&oacute; decir algo.<\/p>\n<p>&mdash;Yo te&hellip; te voy a pagar Mario, vos sa&hellip; sab&eacute;s que siempre cumplo. &mdash; dijo Gonzalo, tartamudeando.&mdash; Adem&aacute;s te&hellip; te juro que es verdad que me robaron.<\/p>\n<p>&mdash;Para el fracaso siempre hay excusas. &mdash;Dijo Mario. Gonzalo levant&oacute; la mirada, y vio los ojos implacables de su acreedor. &ldquo;No lo voy a convencer&rdquo; se dijo. Luego observ&oacute; a los dos hombres que se encontraban parados, flanqueando el cuerpo robusto de Mario. Eran dos tipos que pasaban los veinte a&ntilde;os. A diferencia de su jefe, que era corpulento, estos otros eran delgados, pero musculosos. Ambos imitaban la mirada intimidante de Mario, cosa que no vaticinaba nada bueno para Gonzalo.<\/p>\n<p>De repente un sonido interrumpi&oacute; el silencio inc&oacute;modo que se hab&iacute;a sostenido por unos interminables segundos. La puerta principal se abri&oacute;. Se oyeron unos pasos livianos y r&aacute;pidos, que se dirigieron a la cocina, donde estaban los hombres reunidos. Antes que nada, lo que entr&oacute; por la puerta fue el perfume fresco y femenino; luego irrumpi&oacute; ella en esa habitaci&oacute;n cargada del sudor fr&iacute;o de Gonzalo, y de la virilidad apabullante de los visitantes.<\/p>\n<p>&mdash;Hola mi amor. &mdash;Dijo alegre, casi cantando. Pero inmediatamente se percat&oacute; de la presencia hostil de aquellos hombres. Se rostro se transform&oacute; r&aacute;pidamente. No conoc&iacute;a a ninguno de ellos, pero la escena que ten&iacute;a frente a ella no le gustaba nada. Su novio estaba como achicado, con la cabeza gacha, en una de las sillas que rodeaban la mesa cuadrada de madera. Del otro lado estaba un tipo enorme, que apenas cab&iacute;a en la silla, secundado por otros dos que parec&iacute;an sus guardaespaldas. Parec&iacute;a estar viendo una pel&iacute;cula de g&aacute;nster.<\/p>\n<p>&mdash;Llegaste temprano mi amor. &mdash;Dijo Gonzalo, haciendo un esfuerzo inhumano para no quebrar su voz.<\/p>\n<p>Ella le mir&oacute; el rostro por primera vez, y ahora ya no le quedaban dudas de que estaba pasando algo malo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no vas a hacer las compras para la cena, mientras hablo con mis a&hellip; amigos? &mdash;Dijo Gonzalo, sin poder evitar tartamudear en la &uacute;ltima palabra.<\/p>\n<p>&mdash;No seas maleducado che. &mdash;Dijo Mario, al tiempo que se dibujaba una sonrisa desconcertante en su rostro.&mdash; as&iacute; que sos la novia. &iquest;C&oacute;mo te llam&aacute;s?<\/p>\n<p>&mdash;Micaela. &mdash;dijo ella, todav&iacute;a estaba m&aacute;s cerca del umbral de la puerta que de ellos.<\/p>\n<p>&mdash;Micaela, estamos discutiendo unas cositas con tu novio. Enseguida nos vamos. &mdash;Gonzalo sinti&oacute; una pizca de alivio. Quiz&aacute; a Mario no le gustaba que personas ajenas a sus negocios se enteren de que era un mafioso y usurero, y tal vez eso le diera un d&iacute;a m&aacute;s para conseguir la plata.&mdash; Por favor no te vayas por culpa de nosotros, no quereos molestar.<\/p>\n<p>&mdash;No pasa nada&hellip; &mdash;Dijo Micaela. Se ve&iacute;a encantadora con su cara asustada. Llevaba un vestido suelto de color azul, que le llegaba hasta las rodillas, y su pelo casta&ntilde;o, un tanto rojizo, estaba atado en dos colas que le daban un aire infantil.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me har&iacute;as un favor? &mdash;Dijo Mario, dirigi&eacute;ndose a ella.&mdash; Ac&aacute; tu novio no es un buen anfitri&oacute;n. &iquest;Me traer&iacute;as un vaso de agua?<\/p>\n<p>&mdash;Bueno. &mdash;Dijo Micaela, tratando de encontrar la mirada de su novio, para que le explique qu&eacute; estaba sucediendo. Pero Gonzalo hab&iacute;a devuelto la vista hacia la cer&aacute;mica del piso.<\/p>\n<p>Micaela se fue hasta la heladera, y Mario y sus secuaces la incomodaron a&uacute;n m&aacute;s, ya que se la com&iacute;an con la mirada, descaradamente, como si su novio no estuviese ah&iacute;. Cuando sirvi&oacute; el vaso de agua, y se dio vuelta, todav&iacute;a le clavaban los ojos ah&iacute;, un poco m&aacute;s debajo de la cintura, por lo que dedujo que mientras estaba de espaldas, le realizaron una minuciosa inspecci&oacute;n a su trasero. Le entreg&oacute; el vaso en la mano a Mario, y sinti&oacute; c&oacute;mo esos dedos fuertes y seguros aprovechaban para acariciar los suyos, finos y delicados.<\/p>\n<p>&mdash;Muy linda tu novia. &mdash;Coment&oacute; Mario. Gonzalo apenas levant&oacute; la vista, y fingi&oacute; agradecer el comentario con una sonrisa retorcida, m&aacute;s falsa que un billete de tres pesos.<\/p>\n<p>A Micaela la indign&oacute; ver as&iacute; a su novio. Comprend&iacute;a que se sienta inhibido por la presencia de ese tipo, pero, &iquest;no pod&iacute;a conservar un poco de entereza y hombr&iacute;a?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;ntos a&ntilde;os ten&eacute;s Mica? &mdash;Pregunt&oacute; Mario.<\/p>\n<p>&mdash;Diecinueve. &mdash;Dijo ella. Se encontraba todav&iacute;a al lado de Mario. Parec&iacute;a que ese hombre ten&iacute;a una especie de fuerza magn&eacute;tica, y ella no se sent&iacute;a con la libertad de alejarse, salvo que &eacute;l se lo permitiese.<\/p>\n<p>&mdash;Diecinueve a&ntilde;itos.&nbsp; Repiti&oacute; Mario.&mdash; As&iacute; que hasta hace poco estabas en la escuela. Sos una criatura. &mdash;Y luego dirigi&eacute;ndose a Gonzalo, dijo en tono de broma.&mdash; As&iacute; que sos un roba cuna eh.<\/p>\n<p>Los dos hombres que estaban detr&aacute;s de Mario, y ahora tambi&eacute;n detr&aacute;s de ella, rieron, en una suerte de coro condescendiente.<\/p>\n<p>&mdash;Y decime Mica. &mdash;sigui&oacute; diciendo.&mdash; &iquest;ibas a escuela privada?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;. &mdash;dijo ella, escuetamente.<\/p>\n<p>&mdash;Entonces usabas jumper&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;. &mdash;Respondi&oacute; ella, sin entender a d&oacute;nde quer&iacute;a llegar.<\/p>\n<p>&mdash;No sab&eacute;s c&oacute;mo me gusta cogerme a pendejas con jumper. &mdash;dijo Mario. Micaela abri&oacute; grande los ojos. No esperaba ese comentario. Vio a su novio, que segu&iacute;a mudo, no parec&iacute;a otra cosa que una sombra.&mdash; en serio te digo. No hay cosa m&aacute;s sexy que una chica con su uniforme de colegiala. &mdash;la mir&oacute; a los ojos. Ella estaba petrificada, pero la mirada lasciva de Mario le hizo sentir un hormigueo en la entrepierna.&mdash; Igual no te creas que me cojo a menores de edad eh. No, eso es para quilombos. Pero me gusta que mis putitas se vistan de colegialas. Eso s&iacute;, nada de lencer&iacute;a er&oacute;tica eh. Esas ropas terminan siendo todas iguales. Sab&eacute;s de qu&eacute; te estoy hablando &iquest;no? que disfraz de enfermerita, disfraz de polic&iacute;a, disfraz de colegiala&hellip; no, no, no, a mi me gusta el uniforme de verdad. &iquest;Vos ten&eacute;s todav&iacute;a tu uniforme de la secundaria?<\/p>\n<p>&mdash;No. &mdash;Dijo Micaela, tragando saliva.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; l&aacute;stima. &mdash;Dijo Mario, y poni&eacute;ndose de nuevo serio pregunt&oacute;.&mdash; Mica &iquest;sab&eacute;s por qu&eacute; estamos ac&aacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Ella no sabe nada&hellip; &mdash;balbuce&oacute; Gonzalo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Vos callate la boca! &mdash;Estall&oacute; Mario. Su voz retumb&oacute; en toda la cocina. Pero enseguida recobr&oacute; la calma.&mdash; Tu novio nos debe plata.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Plata? &mdash;Pregunt&oacute; ella.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;. Te explico. Yo le vendo merca a &eacute;l y una vez que Gonzalito la vende, me da lo que me tiene que dar. Pero ahora dice que no tiene nada.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &mdash;pregunt&oacute; Micaela. Era demasiada informaci&oacute;n toda junta.&mdash; &iquest;Sos dealer Gonzalo?<\/p>\n<p>Pero el novio hab&iacute;a quedado totalmente mudo despu&eacute;s del grito de Mario. Era evidente que le ten&iacute;a pavor.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, nos debe plata. Y de una forma u otra, hoy se la voy a cobrar. &iquest;Se te ocurre una manera de ayudar a tu novio a pagarme Mica?<\/p>\n<p>Ella no dijo nada. Estaba totalmente decepcionada. Gonzalo siempre fue un chico normal. Bueno, y cari&ntilde;oso. Quiz&aacute; un poco vago, pero ese era su &uacute;nico defecto. Al menos el &uacute;nico que ella conoc&iacute;a pero ahora se enteraba que era un delincuente, y encima, de los peores: un dealer.<\/p>\n<p>De repente sinti&oacute; unos dedos deslizarse por sus piernas. Mir&oacute; a Mario, que se humedec&iacute;a los labios con la lengua mientras met&iacute;a su mano, que sub&iacute;a lentamente hasta meterse por debajo de su pollera.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; lindo culito tiene tu novia. &mdash;dijo Mario, mientras, con las yemas de los dedos frotaba suavemente las nalgas de Micaela.<\/p>\n<p>Gonzalo vio la escena un instante y volvi&oacute; a bajar la vista.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Mirame! &mdash;Le orden&oacute; Mario con otro grito. Gonzalo volvi&oacute; a mirar, como Mario met&iacute;a la mano con m&aacute;s vehemencia. Sus ojos brillaban, a punto de llorar, no tanto porque Mario estuviese manose&aacute;ndole el culo a su novia, sino porque ella no daba se&ntilde;ales de rechazarlo. Seguramente estaba muy asustada, adem&aacute;s, nada podr&iacute;a hacer contra esa bestia, pero &iquest;por qu&eacute; no hac&iacute;a un m&iacute;nimo gesto de rechazo?<\/p>\n<p>Micaela por su parte, no pod&iacute;a creer que Gonzalo fuese capaz de presenciar c&oacute;mo la violaban sin hacer absolutamente nada. Ya sab&iacute;a que no hab&iacute;a manera de que la defienda de esos tres hombres que se ve&iacute;an tan fuertes y adem&aacute;s seguramente estaban armados, pero &iquest;no deber&iacute;a intentar algo, aunque sea infructuoso, aunque el resultado s&oacute;lo sea recibir una paliza? &iquest;No le quedaba nada de hombr&iacute;a?<\/p>\n<p>En una inusitada, y retorcida actitud vengativa, Micaela se qued&oacute; parada, sin dar se&ntilde;ales de oponer resistencia, mientras sent&iacute;a como esos dedos hambrientos estiraban el el&aacute;stico de la bombacha para baj&aacute;rsela.<\/p>\n<p>&mdash;Es una puta divina tu novia, mir&aacute; c&oacute;mo le gusta que le manoseen el culo delante de vos. &mdash;Dijo Mario, humillando a Gonzalo.&mdash; &iexcl;levant&aacute; la vista! &mdash;Grit&oacute; de nuevo, cuando vio que el otro esquivaba la escena. Gonzalo lo hizo, y vio como Mario levantaba el vestido, y le daba un beso negro a Micaela.<\/p>\n<p>El rostro de ella se relaj&oacute;, y reflej&oacute; una sonrisa involuntaria ya sea porque le daba cosquillas o placer.<\/p>\n<p>&mdash;Disfrut&aacute; el espect&aacute;culo Gonzalito, gracias a esto voy a esperarte una semana m&aacute;s para que me pagues.<\/p>\n<p>La agarr&oacute; de la cintura.<\/p>\n<p>&mdash;Apoy&aacute; tu mano en la mesa. &mdash;le dijo a Micaela.<\/p>\n<p>Ella lo hizo. Separ&oacute; sus piernas, y luego apoy&oacute; tambi&eacute;n su torso sobre la madera, quedando con el culo levantado, a merced de Mario.<\/p>\n<p>&Eacute;l no tard&oacute; en levantarle el vestido de nuevo, dejando el trasero blanco y erguido al aire. Se moj&oacute; los dedos con su propia saliva y enterr&oacute; dos de ellos en el sexo h&uacute;medo de ella.<\/p>\n<p>&mdash;C&oacute;mo no se me ocurri&oacute; venir antes a conocerte beb&eacute;. &mdash;Dijo Mario.&mdash; La pr&oacute;xima vez quiero que te pongas un uniforme de colegiala, ya te lo consigo yo.<\/p>\n<p>Acto seguido se baj&oacute; el cierre del pantal&oacute;n. Corri&oacute; hacia abajo el el&aacute;stico del b&oacute;xer, y sac&oacute; la verga ya dura. No se molest&oacute; en bajarse el pantal&oacute;n, no quer&iacute;a que sus guardaespaldas le vieran el culo. Sin embargo, ambos ten&iacute;an una vista privilegiada del culo apretado de Micaela, y vieron n&iacute;tidamente como la poronga de su jefe, quien no se hab&iacute;a molestado en ponerse preservativo, se met&iacute;a lentamente en su sexo.<\/p>\n<p>Micaela larg&oacute; un gemido cuando el falo se enterr&oacute; varios cent&iacute;metros en ella. Su rostro hab&iacute;a quedado apenas a unos cent&iacute;metros del de Gonzalo, y este recibi&oacute; cada sonido emitido por ella como un balde de agua helada.<\/p>\n<p>Mario hac&iacute;a suaves movimientos p&eacute;lvicos, pero su miembro era muy grande para el estrecho sexo de Micaela, acostumbrada a vergas m&aacute;s humildes.<\/p>\n<p>El hermoso pelo ondulado, tirando a rojizo de Micaela se despeinaba cada vez m&aacute;s, a medida que su cuerpo se sacud&iacute;a con mayor violencia, sobre la fr&aacute;gil mesa de madera, que parec&iacute;a a punto de venirse abajo, cada vez que Mario la embest&iacute;a con m&aacute;s vigor.<\/p>\n<p>Gonzalo era testigo silencioso de los cambios que operaban en el rostro de su novia. Su piel blanca empez&oacute; a perlarse de transpiraci&oacute;n, su boca se abr&iacute;a cada vez m&aacute;s cuando la verga se introduc&iacute;a en ella, y sus gemidos, ya casi carec&iacute;an del tono del dolor. Mario la sacudi&oacute; con una fuerza impresionante cuando le dio la &uacute;ltima embestida. La mesa se tambale&oacute;, Micaela estuvo a punto de caer, y por una vez, Gonzalo reaccion&oacute; y haciendo una considerable fuerza con sus brazos, logr&oacute; equilibrar la mesa. Gracias a su altruismo, Mario logr&oacute; acabar c&oacute;modamente. Retir&oacute; su verga, pero el primer chorro ya hab&iacute;a ca&iacute;do adentro de Micaela. El resto lo eyacul&oacute; en las piernas de la chica.<\/p>\n<p>&mdash;Eso estuvo muy bueno. &mdash;Dijo Mario, levant&aacute;ndose el cierre del pantal&oacute;n.&mdash; Ojal&aacute; todas mis cobranzas fueran as&iacute;.<\/p>\n<p>Micaela qued&oacute; sobre la mesa, con la cabeza oculta entre sus brazos. El vestido le tapaba ahora las nalgas, pero en sus piernas todav&iacute;a se deslizaba el semen.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Un desconocido muy persuasivo (2) Cuando sube la peque&ntilde;a escalera para llegar a la puerta, a Natalia, el coraz&oacute;n empieza a latirle a mayor velocidad. De repente recuerda la conversaci&oacute;n que tuvo con sus amigas hace poco: &ldquo;&iquest;Ser&aacute; verdad que se acuesta con Gaby?&rdquo; Hab&iacute;a preguntado Florencia. &ldquo;Qu&eacute; va a ser verdad, si el tipo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4947,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[20],"tags":[],"class_list":{"0":"post-17995","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-no-consentido"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17995","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4947"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17995"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17995\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17995"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17995"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17995"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}