{"id":18109,"date":"2018-06-16T08:04:46","date_gmt":"2018-06-16T08:04:46","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-06-16T08:04:46","modified_gmt":"2018-06-16T08:04:46","slug":"18109-chicas-con-recursos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/18109-chicas-con-recursos\/","title":{"rendered":"El profesor y las gemelas"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"18109\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Cuando Jorge insert&oacute; aquel anuncio en el peri&oacute;dico, lo hizo sin demasiada convicci&oacute;n. &quot;Estudiante de &uacute;ltimo curso de Filolog&iacute;a Inglesa da clases a todos los niveles&quot;. Era consciente de que profesores de ingl&eacute;s no faltaban, pero confiaba en que alumnos tampoco. Al final tuvo raz&oacute;n, y en un par de semanas hab&iacute;a logrado cubrir cuatro tardes a la semana con alumnos de diferentes edades. Se dejaba los viernes libres para poder descansar, y ganaba un dinero que no le ven&iacute;a nada mal a su precaria econom&iacute;a de estudiante.<\/p>\n<p>Consider&aacute;ndose satisfecho con eso, estuvo a punto de decirle que no a la mujer que lo llam&oacute; aquella tarde para que diera clases a sus hijas. Y esa negativa no lleg&oacute; a brotar de sus labios porque la mujer se le adelant&oacute;, inconsciente, pronunciando una palabra que para Jorge ten&iacute;a todo el poder de la magia: &quot;gemelas&quot;.<\/p>\n<p>-Mis hijas gemelas est&aacute;n repitiendo el &uacute;ltimo curso de Bachiller, y necesitan una ayuda con el ingl&eacute;s. Estamos dispuestos a doblar lo que pides con tal de que puedan pasar a la Universidad este a&ntilde;o.<\/p>\n<p>No era la oferta econ&oacute;mica (aunque supon&iacute;a pasar de 20 euros a la hora a 40), sino la idea de pasar dos horas a la semana con las criaturas m&aacute;s morbosas de la Creaci&oacute;n, dos hermanas gemelas. De modo que Jorge acept&oacute; sin pensarlo dos veces, y la tarde del siguiente viernes se plant&oacute; en la direcci&oacute;n que le hab&iacute;an dado, dispuesto a guiar a sus dos alumnas por los intrincados caminos de la gram&aacute;tica y la sintaxis inglesa, ya que a cambio obten&iacute;a una buena pasta y material para noches y noches de fantas&iacute;as.<\/p>\n<p>La casa no era un palacio, pero estaba en un buen barrio y denotaba la seguridad econ&oacute;mica de un matrimonio de funcionarios. Le abri&oacute; la puerta la mujer que le hab&iacute;a hablado por tel&eacute;fono, arreglada como para salir, y visiblemente contenta de verle.<\/p>\n<p>-Hola Jorge, pasa, encantada de conocerte. Mis hijas vendr&aacute;n enseguida. Hemos preparado la mesa del comedor para que les des las clases all&iacute;- llam&oacute; a sus hijas mientras se atusaba el pelo frente al espejo del recibidor y se colocaba los pendientes-. &iexcl;Amanda! &iexcl;Ver&oacute;nica!<\/p>\n<p>Jorge permanec&iacute;a de pie a la espera de que llegaran sus pupilas, un poco tenso, como siempre que empezaba con alumnos nuevos. Y entonces aparecieron por el fondo del pasillo dos peque&ntilde;as r&eacute;plicas de Sunrise Adams, dos gotas de agua con media melena casta&ntilde;a clara, los ojos almendrados, dos cuerpos juveniles y sugerentes, vestidos de forma deportiva (Amanda con un top rojo, Ver&oacute;nica con una camiseta azul), como corresponde a la comodidad del hogar, pero inequ&iacute;vocamente apetecibles, redondos, firmes, tentadores&#8230; O dejaba esas consideraciones o empezar&iacute;a su primera clase con el t&eacute;rmino &quot;erection&quot;, de modo que sacudi&oacute; toda lubricidad de su cabeza y se present&oacute; estrechando las manos de las gemelas. La madre se excus&oacute; y los dej&oacute; solos, y los tres fueron al sal&oacute;n para empezar las clases. Las gemelas iban delante, y a Jorge no se le escap&oacute; la sincronizada cadencia con la que contoneaban las caderas al caminar. Sab&iacute;a que aquella clase le iba a deparar muchas satisfacciones. Aunque no acad&eacute;micas.<\/p>\n<p>Aquellas dos diosas podr&iacute;an ser acicate suficiente para las fantas&iacute;as sexuales del resto de su vida, pero eran dos absolutas negadas con el ingl&eacute;s. No hab&iacute;a forma de hacerles entender los rudimentos m&aacute;s b&aacute;sicos de una lengua tan simple, al modo de ver de Jorge, como el ingl&eacute;s. El fil&oacute;logo que el profesor llevaba dentro se impuso a la criatura sexualmente hiperactiva que estaba dando las clases, y Jorge estuvo a punto de perder los nervios. Las chicas se dieron cuenta de que no lo estaban haciendo bien.<\/p>\n<p>-Lo siento, &iquest;vale?- dijo Amanda- perdona, pero es que en ingl&eacute;s todo me suena a &quot;guachi guachi&quot;- Amanda baj&oacute; la cabeza, pero Ver&oacute;nica se ech&oacute; a re&iacute;r, a lo que su hermana le replic&oacute; indignada- &iquest;y t&uacute; de qu&eacute; te r&iacute;es, idiota?<\/p>\n<p>-Ay, perdona, no me re&iacute;a de ti-. Y se dirigi&oacute; a Jorge para a&ntilde;adir- Es que me hace gracia que todo le suene a &quot;guachi guachi&quot;, pero luego cuando ve porno se entera de todo lo que dicen. Preg&uacute;ntale como se pide que te den por el culo en ingl&eacute;s que seguro que sabe.<\/p>\n<p>Jorge se qued&oacute; de piedra, no s&oacute;lo ante el comentario, sino tambi&eacute;n ante el manotazo despreocupado que Amanda le propin&oacute; a Ver&oacute;nica en el brazo, como queriendo decir &quot;t&iacute;a, c&oacute;mo te pasas&quot;. No sab&iacute;a qu&eacute; decir, as&iacute; que volvi&oacute; a los senderos filol&oacute;gicos:<\/p>\n<p>-El ingl&eacute;s no es tan dif&iacute;cil, y bueno, el porno es una manera de aprender lo que no te ense&ntilde;an en las clases- y sonri&oacute; para relajar el ambiente y volver a centrarse en los verbos auxiliares. Sin embargo, en el fondo de su cabeza se proyectaba una imagen permanente de las dos gemelas viendo porno y toquete&aacute;ndose los genitales, con la cabeza hacia atr&aacute;s, suspirando primero, gimiendo despu&eacute;s&#8230; No, no, no. Hab&iacute;a que mantener la concentraci&oacute;n en el ingl&eacute;s. Casi lo consigui&oacute;.<\/p>\n<p>La segunda hora de clase se les pas&oacute; volando. Ya hab&iacute;a anochecido en el exterior. Jorge recogi&oacute; sus cosas y estaba levant&aacute;ndose para salir cuando Ver&oacute;nica le detuvo para preguntarle por sus honorarios. &Eacute;l contest&oacute;, un poco azorado, le parec&iacute;a un tanto grosero indagar esas cuestiones:<\/p>\n<p>-Pues 40 euros a la semana, &iquest;por qu&eacute;?<\/p>\n<p>Ver&oacute;nica dirigi&oacute; una mirada altamente sospechosa a Amanda, y volvi&oacute; a hablarle a Jorge:<\/p>\n<p>-Es una pasta interesante. Es que quer&iacute;amos ofrecerte un trato. Te lo planteo sin m&aacute;s rodeos, &iquest;ok? T&uacute; nos das ese dinero y nosotras pasamos los s&aacute;bados por la noche contigo hasta que se terminen las clases.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute;?- Jorge no daba cr&eacute;dito; en alg&uacute;n punto de la tarde que no recordaba se hab&iacute;a producido un corte en el continuo espacio-tiempo, y ahora estaba en pleno rodaje de una pel&iacute;cula de Bu&ntilde;uel. Tan surrealista era la situaci&oacute;n. Las chicas tomaron su incredulidad con m&aacute;s incredulidad y Amanda le repiti&oacute; lo que hab&iacute;a dicho su hermana, con unos pocos detalles m&aacute;s.<\/p>\n<p>-Pues eso. No hay mucho m&aacute;s que profundizar. Vero y yo necesitamos m&aacute;s dinero del que nos dan nuestros padres, para cosas que a ti no te interesan. De modo que si t&uacute; nos cedes el dinero que te pagan por las clases, nosotras nos comprometemos a pasar los s&aacute;bados por la noche contigo en el pisito de una amiga que lo tiene vac&iacute;o.<\/p>\n<p>Jorge se pas&oacute; la mano por el ment&oacute;n, sopesando una oferta que, en realidad, no hab&iacute;a que sopesar. Dos gemelas que estaban para matarlas a polvos se le ofrec&iacute;an por la m&oacute;dica cantidad de 40 euros a la semana. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a que pensarse? &iquest;A cu&aacute;ntos hombres agracia la diosa Fortuna con la oportunidad de terciar en un incesto l&eacute;sbico? &iquest;A uno de cada mill&oacute;n? &iquest;A uno de cada cien millones? Era demasiado bueno. Demasiado bueno. Por fuerza ten&iacute;a que ser mentira.<\/p>\n<p>-&iquest;Y c&oacute;mo s&eacute; que no vais a quedaros con el dinero y luego dejarme tirado?<\/p>\n<p>No debi&oacute; hacer esa pregunta. Las gemelas le miraron furibundas, tremendamente ofendidas por haber sido puestas en duda. No usaron palabras para contestarle. Simplemente se levantaron, se acercaron la una a la otra y permanecieron casi un minuto entrelazadas por la boca. Era como ver a una t&iacute;a morre&aacute;ndose con el espejo, s&oacute;lo que el espejo ten&iacute;a tres dimensiones y una lengua que exploraba la boca de su compa&ntilde;era como quien busca agua en el desierto. Quiz&aacute;s otro hombre se hubiera repugnado de presenciar un incesto, pero Jorge, anonadado, s&oacute;lo pod&iacute;a disfrutar y masajear suavemente el p&eacute;treo bulto de sus pantalones. Cualquier roce un poco m&aacute;s intenso habr&iacute;a echado a perder los vaqueros.<\/p>\n<p>-&iquest;Nos crees ahora?- pregunt&oacute; Ver&oacute;nica. Jorge asinti&oacute;, incapaz de articular palabra.<\/p>\n<p>Las chicas se despidieron de &eacute;l y le dieron la direcci&oacute;n del piso donde le esperaban la noche siguiente. Jorge tuvo que descargarse en cuanto lleg&oacute; a su casa, pero aun as&iacute;, las 24 horas siguientes las pas&oacute; en un estado de erecci&oacute;n semipermanente, tanto por el recuerdo de lo que hab&iacute;an visto sus ojos como por la anticipaci&oacute;n de lo que ver&iacute;a (sentir&iacute;a, oler&iacute;a, lamer&iacute;a o ser&iacute;a lamido) la noche del s&aacute;bado.<\/p>\n<p>Jorge lleg&oacute; a la direcci&oacute;n a las 20:30, media hora antes de lo convenido. Claro que ellas hab&iacute;an sido m&aacute;s r&aacute;pidas que &eacute;l, porque ve&iacute;a luz en el piso al que deb&iacute;a subir. Esper&oacute; media hora deambulando alrededor del edificio, viendo a las gemelas besarse en cualquier esquina a la que mirara. Cuando su reloj marc&oacute; las 21:00, toc&oacute; el timbre y subi&oacute; al piso. La puerta estaba entreabierta. Jorge pas&oacute; y cerr&oacute; detr&aacute;s de s&iacute;. Aquello m&aacute;s que un piso era un estudio, chiquito pero coqueto. Ambientado por la luz tenue y suave de unas cuantas velas, en el centro pudo ver un sof&aacute; cama ya desplegado. Las gemelas salieron del ba&ntilde;o, una puerta a la izquierda, tomadas de la mano. No llevaban encima m&aacute;s que unas bragas blancas de algod&oacute;n con dibujos de las Supernenas y un sujetador a juego. Se dirigieron a &eacute;l y le saludaron con sendos besos cari&ntilde;osos pero lascivos en la mejilla, ese tipo de beso en el que la lengua se despega de la cara despu&eacute;s de los labios, y le condujeron al sof&aacute;.<\/p>\n<p>Para Jorge, aquello era como descubrir que el para&iacute;so lo hab&iacute;an creado a la medida de sus deseos. Aquellas dos gatas estaban decididas a no darle ni preliminares. De repente sinti&oacute; cuatro manos desvestirle, sacarle los zapatos, los vaqueros, la camiseta, todo salvo los calzoncillos. Ten&iacute;a una especie de sobredosis de placer que hac&iacute;a que la cabeza procesara las sensaciones m&aacute;s despacio que su tacto. De pronto cay&oacute; en el detalle de que no sabr&iacute;a decir qui&eacute;n era Amanda y qui&eacute;n era Ver&oacute;nica, y aquello s&oacute;lo hizo que el deseo se le encendiera m&aacute;s. No soportaba aquella pasividad, y quiso meter baza intentando arrancar alg&uacute;n sujetador, pero las gemelas se lo impidieron, agitando el dedo &iacute;ndice delante de su cara.<\/p>\n<p>-Ah, ah -dijo una de ellas, a saber cu&aacute;l-. T&uacute; estate quietecito que Vero y yo nos sabemos apa&ntilde;ar solas.<\/p>\n<p>La que hab&iacute;a hablado, la de la supernena rubia en las bragas, era Amanda, por tanto. Esa certidumbre le arrebat&oacute; a Jorge un poco del misterio que la situaci&oacute;n le estaba deparando, pero se alegr&oacute; al pensar que, en cuanto las dos se quedaran en bolas, ya no habr&iacute;a modo alguno de diferenciarlas.<\/p>\n<p>Las chicas le dejaron tumbado sobre el sof&aacute; cama, y se situaron delante de &eacute;l para que no perdiera detalle del show l&eacute;sbico que estaban a punto de ofrecerle. &Eacute;l plant&oacute; la mano sobre el paquete, totalmente dispuesto a relajarse y disfrutar de cada uno de sus movimientos. Amanda y Vero se besaban con paciencia, mir&aacute;ndole de vez en cuando, recorri&eacute;ndose los cuerpos con las manos; alternaban las caricias delicadas con apretones que hac&iacute;an que ambas soltaran peque&ntilde;os jadeos y grititos. Se desnudaron pacientemente, con un regocijo en cada prenda directamente proporcional a la ansiedad que la escena le estaba provocando a Jorge. Amanda le sac&oacute; el sujetador a su hermana y se sent&oacute; en una silla para poder tener sus pechos a la altura de la boca. Comenz&oacute; a chup&aacute;rselos con lentitud pero de manera concienzuda; Vero ten&iacute;a unos pechos preciosos y fin&iacute;simos, coronados por un pez&oacute;n oscuro y peque&ntilde;o, erecto y sensible a las caricias de la lengua de Amanda. &Eacute;sta la recorri&oacute; por el pecho hacia arriba, de nuevo hacia la boca. Vero le devolvi&oacute; el placer haciendo lo mismo que hab&iacute;a hecho ella: sacarle el sujetador y amasarle las tetas, regode&aacute;ndose en su tacto primero, y en su sabor despu&eacute;s. De vez en cuando echaban una mirada a Jorge, que no era capaz ni de pesta&ntilde;ear, y aquella mirada desbordada de lujuria era capaz de ponerlo a&uacute;n m&aacute;s cachondo de lo que ya estaba, si es que tal cosa era posible. Las gemelas decidieron que ya estaba bien de exhibirse, el profesor ya hab&iacute;a sufrido lo suficiente. Fueron hasta &eacute;l y le bajaron los calzoncillos. A Jorge nunca le hab&iacute;an dejado con la polla al aire cuatro manos iguales.<\/p>\n<p>Amanda y Vero estaban, eso era evidente, m&aacute;s que complacidas con el efecto que hab&iacute;an provocado en Jorge. Con aquella generosa barra de carne, en aquel estado, podr&iacute;a haberse clavado un clavo en la pared. Cada una de ellas se coloc&oacute; de rodillas a los lados de Jorge, de modo que &eacute;l pod&iacute;a alcanzar a sobarles las tetas f&aacute;cilmente, mientras las gemelas se inclinaban sobre su polla. &Eacute;l dej&oacute; caer la cabeza hacia atr&aacute;s, aunque enseguida volvi&oacute; la vista para contemplarlas, entregadas a la tarea de mamarle la verga con una aplicaci&oacute;n que, de haberla puesto en sus clases de ingl&eacute;s, las habr&iacute;a hecho obtener matr&iacute;cula. Jorge supuso que semejante coordinaci&oacute;n para lamerle los huevos, para hacer desaparecer el capullo dentro de sus bocas de forma alterna, no era producto del azar, sino de un concienzudo entrenamiento. Durante todo el d&iacute;a le hab&iacute;a estado dando vueltas a la pregunta de cu&aacute;nto tiempo llevar&iacute;an las chicas follando a d&uacute;o. Pero a qui&eacute;n le importaba eso ahora. Lo &uacute;nico relevante era que la experiencia acumulada estaba conduciendo a Jorge m&aacute;s all&aacute; del nirvana sexual. Dos lenguas se deslizaban arriba y abajo por todo su pene, a veces m&aacute;s deprisa, a veces m&aacute;s despacio, las transiciones nunca se hac&iacute;an a destiempo. Jorge hubiera querido aguantar un poco m&aacute;s, pero no hab&iacute;a modo humano de evitarlo: se corri&oacute; en la cara de las chicas, que compartieron el l&iacute;quido, como buenas hermanas, limpi&aacute;ndose la cara la una a la otra con la lengua.<\/p>\n<p>El joven estuvo tentado de disculparse. No s&oacute;lo por haberlas dejado insatisfechas, sino porque &eacute;l tambi&eacute;n ansiaba foll&aacute;rselas, y ahora habr&iacute;a que esperar una semana entera para eso. Amanda y Vero fueron a lavarse la cara y regresaron al sof&aacute; al lado de Jorge. &Eacute;l abraz&oacute; a ambas y las bes&oacute; en la frente. Estuvieron en silencio un rato, ellas descansando, Jorge maldiciendo el tener que irse. La primera en hablar fue Amanda:<\/p>\n<p>-Creo que esto ha estado muy bien.<\/p>\n<p>-Yo tambi&eacute;n lo creo -le replic&oacute; Vero-. Pero ahora es cuando vas a tener que dar la talla, Jorge-. El aludido las mir&oacute;, alucinando.<\/p>\n<p>-&iquest;Es que va a haber m&aacute;s?<\/p>\n<p>Vero le mir&oacute; como si esa pregunta fuera una completa estupidez.<\/p>\n<p>-No pensar&aacute;s irte y dejarnos aqu&iacute; con las bragas puestas, &iquest;verdad?<\/p>\n<p>Jorge pens&oacute; que un aut&eacute;ntico caballero no lleva la contraria a dos se&ntilde;oritas; les sonri&oacute; y se dispuso a sacarles la pieza de ropa mencionada (tan pronto como las bragas volaron hacia el suelo, &eacute;l perdi&oacute; la noci&oacute;n de qui&eacute;n era qui&eacute;n). Las tumb&oacute; en el sof&aacute;, tan abiertas como les era posible, y se dispuso a hacerlas las gemelas m&aacute;s felices del mundo. Les meti&oacute; dos dedos a cada una y empez&oacute; a moverlos en su interior mientras les com&iacute;a la boca. Empezaron a jadear y a gemir, emitiendo soniditos tan parecidos que Jorge se sorprendi&oacute; de las muchas similitudes que pod&iacute;an guardar unas gemelas. Era como sexo con eco.<\/p>\n<p>Le era imposible decidir por qu&eacute; co&ntilde;ito empezar la cena. Ambos eran igual de atractivos, rasurados y rosaditos, dulces, cubiertos de su propio alm&iacute;bar. Comenz&oacute; por el de la izquierda, que explor&oacute; con la lengua por cuantos pliegues encontr&oacute;, sin sacar los dedos del co&ntilde;o de la derecha. Luego realiz&oacute; la misma operaci&oacute;n a la inversa, y luego otra vez, y luego otra&#8230; No se cansaba de saborearlas. Ellas tampoco se quedaban quietas, la pasividad no era lo suyo. Se toqueteaban, se masturbaban, su sobaban los pechos y se pellizcaban los pezones en mitad de una org&iacute;a de sonidos guturales que iba in crescendo hasta llenar por completo el estudio con un eco lascivo y maravilloso.<\/p>\n<p>Cuando Jorge percibi&oacute; que el tema de la oralidad ya estaba dado de s&iacute;, decidi&oacute; que era momento de pasar a lo importante. Le hiri&oacute; un poco en su hombr&iacute;a que las gemelas ni siquiera discutieran por ver qui&eacute;n era la primera en tir&aacute;rselo, pero enseguida comprendi&oacute; que sentirse herido por eso era una estupidez. Se las iba a follar a las dos, qu&eacute; m&aacute;s daba el orden. Tumb&oacute; a Vero de costado y se coloc&oacute; detr&aacute;s de ella, insert&aacute;ndole la polla con morbosa lentitud, consciente de cada mil&iacute;metro de carne que met&iacute;a en aquella vagina anhelante de marcha. Cuando la tuvo tan adentro como la posici&oacute;n le dejaba, inici&oacute; un bombeo suave y lento que iba aceler&aacute;ndose en cada embestida. Al cabo de unos minutos ya no le incomodaba la postura del brazo; s&oacute;lo sab&iacute;a que se estaba tirando a una gemela delante de su hermana, la cual, en un gesto generoso, se encargaba de frotarle el cl&iacute;toris a la empalada para asegurarle un orgasmo b&aacute;rbaro. As&iacute; fue un rato m&aacute;s tarde, y Amanda, al ver correrse a su hermana, reclam&oacute; su puesto.<\/p>\n<p>Vero se sali&oacute; sin dar tiempo a que Jorge protestara; en apenas unos segundos lo hab&iacute;an tumbado boca arriba y Amanda ya se le hab&iacute;a sentado encima y le cabalgaba apoyando las manos sobre su pecho y mordi&eacute;ndose el labio. Jorge la agarr&oacute; por las nalgas, porque sent&iacute;a la imperiosa necesidad de dirigir su movimiento, pero el gesto era in&uacute;til. Amanda se bastaba para montarle, meciendo las caderas hacia delante y hacia detr&aacute;s primero, saltando despu&eacute;s. Vero le hac&iacute;a el mismo favor que ella le hab&iacute;a hecho antes. Se situ&oacute; detr&aacute;s de su hermana y no s&oacute;lo le acarici&oacute; el cl&iacute;toris sino que extendi&oacute; el alcance de sus roces a los pechos. De vez en cuando pasaba la cabeza hacia delante para chuparle un poco los pezones, lo que era complicado por lo mucho que botaba. As&iacute; los tres, sudando, gritando, gimiendo, Jorge alcanz&oacute; el segundo &eacute;xtasis de la noche, y Amanda el cuarto o quiz&aacute;s el quinto. La alumna se sali&oacute; de &eacute;l, y se tumb&oacute; a su lado, junto a Vero. Jorge las bes&oacute; a las dos suavemente en los labios, y ellas tambi&eacute;n se besaron, y permanecieron un par de horas dormitando sobre el sof&aacute; cama.<\/p>\n<p>Al despertar, Jorge se visit&oacute; y las chicas se quedaron recogiendo un poco el piso. Amanda y Vero le despidieron amablemente en la puerta con un &quot;hasta el viernes&quot; que record&oacute; de pronto a Jorge sus obligaciones como profesor. Para &eacute;l, aquellas gemelas estar&iacute;an siempre asociadas al s&aacute;bado por la noche.<\/p>\n<p>Las clases acabaron cinco semanas despu&eacute;s. Pese a los denodados esfuerzos de Jorge, que sigui&oacute; tir&aacute;ndoselas y viviendo en su particular ed&eacute;n de sexo gemelar cinco s&aacute;bados m&aacute;s, Amanda y Ver&oacute;nica suspendieron el examen final. Sin embargo, eran chicas con recursos, o al menos eso pens&oacute; el profesor de ingl&eacute;s del instituto mientras las ve&iacute;a desvestirse con la boca, tumbado en el sof&aacute; cama de aquel estudio tan coqueto en el que le hab&iacute;an citado para hablar de las notas&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>2 Cuando Jorge insert&oacute; aquel anuncio en el peri&oacute;dico, lo hizo sin demasiada convicci&oacute;n. &quot;Estudiante de &uacute;ltimo curso de Filolog&iacute;a Inglesa da clases a todos los niveles&quot;. 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