{"id":18288,"date":"2018-07-07T22:00:00","date_gmt":"2018-07-07T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-07-07T22:00:00","modified_gmt":"2018-07-07T22:00:00","slug":"713-reencuentro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/713-reencuentro\/","title":{"rendered":"Reencuentro esperado"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"18288\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">7<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Me excita hasta hacerme temblar y ponerme la piel de gallina imaginar que estoy en casa esper&aacute;ndote, cerca de las nueve de la noche.<\/p>\n<p>He llegado pocos minutos antes de las ocho. No me sorprende que no est&eacute;s, puesto que a veces sueles bajar a &uacute;ltima hora para comprar algo o tal vez hayas quedado con tu prima. Me cambio de ropa y enciendo el ordenador para introducirle los documentos que he tra&iacute;do del trabajo. Hago un canuto y me abstraigo de todo lo que no sea lo que estoy haciendo, de forma que el tiempo pasa sin darme cuenta hasta que al o&iacute;r el ruido de la cerradura de la puerta miro el reloj y veo que son las nueve y cuarto. Llegas radiante y excitada, con la respiraci&oacute;n entrecortada y la cara brillante y sonrosada. Te sientas a mi lado y tu mirada queda fija en mis ojos. Noto un brillo especial en los tuyos, un brillo que conozco y me apasiona pero que hac&iacute;a ya alg&uacute;n tiempo que no percib&iacute;a. Te abalanzas sobre mi y tu boca me absorbe; me introduces la lengua en la boca y lames todo mi interior con codicia mientras noto un sabor ajeno en tu boca y un olor distinto en tu cuerpo: hueles y sabes a hombre. Mi sorpresa se convierte con rapidez en una sensaci&oacute;n ignorada hasta el momento, mezcla de excitaci&oacute;n y temor hacia lo desconocido, que pone todos mis sentidos a flor de piel y me produce un bienestar creciente.<\/p>\n<p>Sin darme tiempo a decir nada te levantas y en pocos movimientos te despojas de la ropa y quedas ante mi sin otra prenda que aquellas bragas blancas semitanga, con blondas laterales y lisas delante y detr&aacute;s. Sigues mir&aacute;ndome fijamente mientras te despojas de las bragas y me las entregas, pronunciando la primera palabra desde que has llegado: hu&eacute;lelas. Me las llevo a la cara y las noto h&uacute;medas, mojadas en parte. Tanto en la zona que cubre tu co&ntilde;ito como en otros lugares hay manchas blancas viscosas y recientes. Sin poder evitarlo y temblando de emoci&oacute;n las froto por mi cara, las huelo y absorbo su aroma para impregnar de &eacute;l todo mi interior, para que pase a formar parte de mi. Paso la lengua precisamente por donde est&aacute;n las manchas y llego a chupar para intentar exprimir hasta el &uacute;ltimo &aacute;tomo de la sustancia que las impregna, que s&oacute;lo puede ser una.<\/p>\n<p>Sigues de pie a mi lado, desnuda, espl&eacute;ndidamente lujuriosa, temblorosa de excitaci&oacute;n; tu mirada conserva el brillo del sexo mientras estoy sentado junto a ti lamiendo tus bragas y tu me acaricias cari&ntilde;osamente el cabello, gozando ambos del placer de lo prohibido. Te sientas en una silla de la mesa del comedor con las piernas abiertas y r&aacute;pidamente me pongo de rodillas frente a tu entrepierna y comienzo a devorar con ansia tu co&ntilde;o abierto y empapado de sabor a otro cuerpo. Estoy temblando y tengo la piel erizada, la cabeza me arde y no puedo dejar de lamer, aspirar, pasar la lengua por todos tus pliegues h&uacute;medos y sorber todos los sabores que te impregnan.<\/p>\n<p>Me doblego, estoy de rodillas frente al placer que otro cuerpo te ha proporcionado. S&eacute; que t&uacute; sabes, t&uacute; sabes que yo s&eacute;&hellip; Chupo con ardor cada pliegue, lamo tu piel y tus poros y trago, devoro tu gusto a sexo. S&eacute; que chupo y trago los restos de semen que tu amante ha dejado sobre tu piel&hellip; y me gusta hacerlo, disfruto a sabiendas de que estoy lamiendo mi propia humillaci&oacute;n: un hombre, otro hombre que ni siquiera conozco, ha gozado con mi mujer, la ha pose&iacute;do mientras ellas se entregaba como una perra en celo.<\/p>\n<p>No puedo resistir por m&aacute;s tiempo la ansiedad y le pido que me hable, que diga algo. Ella sin m&aacute;s me aparta, se agacha frente a mi y empieza a chuparme la polla, pero al cabo de unas pocas emboladas levanta la cabeza y me dice: &quot;&iquest;te gusta?&quot;, a lo que respondo: &quot;&iquest;le ha gustado a &eacute;l?&quot;. &quot;S&iacute;, creo que lo ha pasado tan bien como yo&hellip;&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Iba por la Rambla, caminando por el paseo central, cuando de pronto alguien me agarr&oacute; del brazo. Al principio no le reconoc&iacute;a, pero se trataba ni m&aacute;s ni menos que de Artur F., a quien no hab&iacute;a visto desde hace muchos a&ntilde;os. &iquest;Sabes de quien se trata? &iquest;Te acuerdas de aquella historia que te cont&eacute; hace tiempo de un rollo que tuve con un hombre mayor que viv&iacute;a en el barrio de Horta?&quot;.<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;, me acuerdo; aquel profesor o algo as&iacute; que fuiste a visitar una vez a su casa para foll&aacute;rtelo, &iquest;no?&quot;. Era, en efecto, una de sus viejas historias que m&aacute;s me gustaba. Ella ten&iacute;a poco m&aacute;s de veinte a&ntilde;os y corr&iacute;a el tiempo de la transici&oacute;n pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, cuando conoci&oacute; a un cuarent&oacute;n intelectualizado con el que tuvo una relaci&oacute;n de conversaciones y discusiones pol&iacute;ticas en grupo, en torno a la mesa de algunos caf&eacute;s de moda, tan propias de la &eacute;poca. Me hab&iacute;a contado que en una ocasi&oacute;n acudi&oacute; a la casa de Armand, que as&iacute; se llamaba, y acabaron -o empezaron-follando sobre la alfombra de la biblioteca, &eacute;l tumbado de espaldas al suelo y ella cabalg&aacute;ndole. Acudi&oacute; a aquel piso otras ocasiones con el mismo prop&oacute;sito: tirarse, o dejarse tirar, por aquel hombre que hubiera podido ser su padre.<\/p>\n<p>&quot;Pareci&oacute; muy contento de verme y nos pusimos a charlar, pregunt&aacute;ndome por el transcurso de mi vida y por fulanito o menganita de aquellos tiempos. Me invit&oacute; a tomar algo en el Caf&eacute; de la &Oacute;pera y me explic&oacute; que un a&ntilde;o antes hab&iacute;a comprado un piso en la calle Tallers, muy cerca de all&iacute;, que viv&iacute; en el barrio y que estaba encantado de haberme encontrado. No s&eacute; por qu&eacute;, pero me iba sintiendo caliente; no sal&iacute;an de mi cabeza algunas escenas vividas con &eacute;l hac&iacute;a tanto tiempo. Me acordaba de aquella polla monumental que ten&iacute;a y cuando me propuso ense&ntilde;arme su casa me sorprend&iacute; a mi misma aceptando la invitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El piso result&oacute; ser un &aacute;tico muy soleado desde el que se ve&iacute;a el puerto y alg&uacute;n trozo de mar. La decoraci&oacute;n y el mobiliario me recordaron enseguida aquella otra vivienda suya que hab&iacute;a conocido. Seguramente hab&iacute;a tra&iacute;do sus muebles. &Iacute;bamos hablando mientras entr&aacute;bamos en la casa, que recorrimos pieza por pieza hasta llegar al dormitorio, muy espacioso y con el desorden organizado propio de un solter&oacute;n. Ambos sab&iacute;amos que hab&iacute;amos llegado a nuestro destino y se hizo el silencio. Quedamos de pie en el centro de la habitaci&oacute;n, junto a la gran cama. Nos miramos y sonre&iacute;mos e inmediatamente nos fundimos en un beso. Sent&iacute; de inmediato su lengua en mi boca y acabaron de moj&aacute;rseme las bragas&hellip;&quot;.<\/p>\n<p>Al llegar a este punto mi mujer se qued&oacute; un poco cortada y me dijo: &quot;lo siento, a lo mejor me he pasado o me estoy pasando ahora. &iquest;Est&aacute;s seguro que deseas que siga, no te da mal rollo?&quot;. Le asegur&eacute; que no sent&iacute;a ning&uacute;n mal rollo sino todo lo contrario, que la historia me pon&iacute;a a cien y que deseaba conocerla para excitarme mientras me la contaba. Estaba encantado y loco de amor por ella y me hac&iacute;a feliz compartir estos presuntos secretos.<\/p>\n<p>En este punto yo tambi&eacute;n me hab&iacute;a desnudado y est&aacute;bamos sentados uno junto al otro en el sof&aacute;. Me agarr&oacute; suavemente la polla y la acarici&oacute;; inici&oacute; un suave movimiento con la mano alrededor de mi nabo ya erguido y continu&oacute; hablando: &quot;nos besamos como dos enamorados que hace tiempo que no se han visto, con locura y pasi&oacute;n, mientras nos fuimos manoseando por todo el cuerpo. &Eacute;l me mord&iacute;a en el cuello -cosa que sabes que me vuelve loca-y me sobaba y apretaba las nalgas. Yo estaba derriti&eacute;ndome y temblando de ganas; y recorr&iacute; su cara y cuello con mi lengua y le met&iacute; mano al paquete. &iexcl;Dios, que aparato tiene! Estaba tieso a m&aacute;s no poder y apenas me cab&iacute;a en la mano. Era imposible detenernos siquiera para desnudarnos, por lo que m&aacute;s que quitarnos la ropa nos la fuimos arrancando sin dejar de morrearnos y palparnos. Ca&iacute;mos enlazados sobre la cama y continuamos el frenes&iacute; de caricias y besos. Me mordi&oacute; los pezones hasta estremecerme y fue bajando hasta mi pubis y, finalmente, hasta meter la lengua en mi co&ntilde;o que ya chorreaba a mares. Como pude me situ&eacute; de forma que pudiera meterme aquella polla en la boca, quer&iacute;a chuparla, comerla, lamerla, antes de met&eacute;rmela hasta los huevos. Est&aacute;bamos en la postura del sesenta y nueve, &eacute;l encima y yo debajo. Cada chupada que daba a aquellos cojones grandes e hinchados se traduc&iacute;a en una descarga de su lengua en mi interior. Me aprision&oacute; el cl&iacute;toris entre los labios y me corr&iacute; como una colegiala. Tal vez fue por la sensaci&oacute;n de soledad del &aacute;tico, pero chill&eacute; de gusto como hac&iacute;a tiempo que no lo hac&iacute;a. Fuimos girando de costado hasta que nos desenlazamos, jadeando y sudando. Me lanc&eacute; sobre &eacute;l y le chup&eacute; los pezones -en este momento me acordaba de ti, de c&oacute;mo te gusta que te haga lo que le estaba haciendo a &eacute;l- bajando hasta su entrepierna presidida por aquel m&aacute;stil que amenazaba desgarrarme por dentro y que, precisamente por esto quer&iacute;a sentirlo bien hondo&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Cari&ntilde;o -se interrumpi&oacute; en este punto- quiero que sepas que sent&iacute;a un morbo enorme por aquel hombre. Quer&iacute;a sentirme muy guarra y portarme como una puta para luego exhibir mi vicio ante ti. Hace a&ntilde;os, cuando me lo tir&eacute;, &eacute;l tambi&eacute;n era muy vicioso. Recuerdo que no paraba de llamarme &quot;ni&ntilde;ita&quot;, &quot;peque&ntilde;a calentorrita&quot; y otras lindezas que cuajaban muy bien por cuanto que yo me sent&iacute;a muy traviesa yendo a hacerme follar por un hombre mayor&quot;. Mi polla estaba a punto de reventar pero la ansiedad por escucharla era m&aacute;s fuerte que el deseo de gozar inmediatamente. &quot;Contin&uacute;a&quot;, le dije. Y sigui&oacute;: &quot;me la met&iacute; en la boca, pero apenas pod&iacute;a ya que el capullo era de un grosor desmesurado. Mientras le acariciaba los cojones con las manos; y sin saber como ni por qu&eacute; -pues t&uacute; sabes que es algo que no me gusta especialmente-le acarici&eacute; el ano. Fui abri&eacute;ndolo lentamente con el dedo y de repente se lo encaj&eacute; de golpe. Sorprendido por aquella osad&iacute;a que, no obstante, le resultaba placentera, gimi&oacute; y me agarr&oacute; la nuca empuj&aacute;ndome la cabeza hacia la polla, tratando de que la tragara toda. No quer&iacute;a que se corriera antes de follarme, pues dudaba que a su edad la cosa diera para dos polvos, pero &eacute;l ten&iacute;a sus ideas al respecto. Me mantuvo contra s&iacute;, dej&aacute;ndome s&oacute;lo un peque&ntilde;o margen de movimiento imprescindible para poder hacer lo que &eacute;l deseaba en aquel momento: mam&aacute;rsela. Dur&oacute; poco antes de doblarse hacia arriba y llenarme la boca de leche, que a poco me hizo atragantarme y que tuve que tragar para liberar mi boca. Me apart&oacute; con fuerza -aunque sin violencia alguna-y me hizo tender a su lado. Con los dedos recogi&oacute; los restos de esperma que colgaban de mis labios y me lo extendi&oacute; sobre los pechos&hellip;&quot;.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Ves, me dice, como a&uacute;n quedan vestigios de mi guarrada? En efecto, sobre sus tetillas y en el surco que las separa hab&iacute;a manchas secas que parec&iacute;an haber sido de licor seminal. No pod&iacute;a aguantar m&aacute;s, me lanc&eacute; sobre las tetas de mi esposa y lam&iacute; sus pechos hasta dej&aacute;rselos relucientes de mi propia saliva. Estaba loco de placer y le ped&iacute; que me la chupara y me hiciera lo mismo que le hab&iacute;a hecho a &eacute;l. &quot;Aqu&iacute; no puedo, v&aacute;monos a la cama; recuerda que all&iacute; est&aacute;bamos&quot;, dijo y nos dirigimos, desnudos como est&aacute;bamos, hacia nuestra cama. Nada m&aacute;s tumbarnos se arroj&oacute; sobre mi polla, que a trav&eacute;s del pasillo no hab&iacute;a perdido fuerza, y comenz&oacute; la mamada m&aacute;s sabrosa con que me haya obsequiado nunca. Masaje&oacute; y lami&oacute; mis huevos y poco a poco fue adue&ntilde;&aacute;ndose de mi culo con sus hasta ahora casi desconocido dedos. Se retir&oacute; un momento para coger el tubo de vaselina que tenemos en mi mesilla de noche y con una sonrisa p&iacute;cara me dijo: &quot;prep&aacute;rate, maridito&quot;. Volvi&oacute; a su posici&oacute;n anterior ocup&aacute;ndose de mi pene y huevos con su lengua y de mi virginal culo con los dedos hasta llegar a introducirme la punta de tres de ellos. A continuaci&oacute;n, mientras me miraba a los ojos, introdujo me con fuerza su dedo &iacute;ndice, lo que ocasion&oacute; un respingo de dolor tan intenso como breve que se transform&oacute; en una sensaci&oacute;n muy agradable. La agarr&eacute; de la nuca y le hice tragar el miembro hasta que le motiv&oacute; una arcada. No ced&iacute; y la obligu&eacute; a seguir el ritmo de la mamada mientras la iba llamando &quot;puta, guarra, h&aacute;zmelo como a tu amante, so puta&hellip;&quot; hasta que no pude ya m&aacute;s y arroj&eacute; en su boca todo el semen que mis cojones no pod&iacute;an ya retener.<\/p>\n<p>Se retir&oacute; un instante para engullir la masa lechosa y volvi&oacute; a la carga para dejarme la polla limpia de cualquier traza de semen, que en todo caso iba tragando. Fuimos quedando inm&oacute;viles, uno junto al otro y cogidos cari&ntilde;osamente de la mano.<\/p>\n<p>Estaba en el s&eacute;ptimo cielo, corrido y feliz. Ambos segu&iacute;amos excitados por aquella historia tantas veces so&ntilde;ada y que ahora se hab&iacute;a convertido en realidad. Me incorpor&eacute; en la cama para liar un porro. Mientras &iacute;bamos fumando ella comenz&oacute; a acariciarme suavemente y pos&oacute; su mano sobre mi entonces vencido pene. &quot;&iquest;Est&aacute;s bien&quot;, me pregunt&oacute;. &quot;Estoy enloquecido de placer, te quiero&quot;, respond&iacute;. Y sin dejar de lado las caricias que ya me iba prodigando, continu&oacute;:<\/p>\n<p>&quot;Cuando se corri&oacute; me qued&eacute; un poco frustrada pues pensaba que ya habr&iacute;a agotado sus posibilidades aquel d&iacute;a. Al fin y al cabo, Artur tiene cincuenta y ocho a&ntilde;os, seg&uacute;n me dijo&hellip; Pero me equivoqu&eacute; de cabo a rabo. Ver&aacute;s, est&aacute;bamos fumando un cigarrillo y sin ninguna intenci&oacute;n apoy&eacute; la mano sobre sus huevos. Fue como apretar un resorte, pues aunque hubiera eyaculado pocos minutos antes, su polla empez&oacute; a responder de inmediato a mi manoseo. &quot;Tranquila que ahora te tocar&aacute; a ti&quot;, dijo incorpor&aacute;ndose hasta quedar de rodillas a mi lado. Me cogi&oacute; por las caderas, me oblig&oacute; a dar la vuelta sobre mi misma hasta que flexion&eacute; las rodillas y levant&eacute; el pompis, quedando as&iacute; a cuatro patas, ofrecida a su deseo. Hasta aquel momento s&oacute;lo hab&iacute;a pasado por mi imaginaci&oacute;n montarme a horcajadas sobre &eacute;l e introducirme aquella barra de m&uacute;sculo en mi co&ntilde;ito palpitante. Pero me encontr&eacute; de esta manera, a cuatro patas, como me gusta ofrecerte a ti. Me resultaba muy morboso ofrecerme as&iacute; a &eacute;l mientras pensaba en ti. Por otro lado ten&iacute;a unas ganas de ser follada como hac&iacute;a tiempo que no sent&iacute;a; necesitaba que me la clavara en aquel mismo instante. No se hizo de rogar y mientras con una mano me sobaba y apretaba los pechos, emple&oacute; la otra mano en la tarea de guiar aquel inmenso cipote hacia mi entrada vaginal. Me iba diciendo cosas al o&iacute;do, como: &quot;mi ni&ntilde;a sigue siendo tan putita, &iquest;verdad?, ven, ven, que papito te har&aacute; sentir mujer; ven guarrita&hellip;&quot;. La verdad es que me sent&iacute;a como una puta en celo cuando sent&iacute;a aquel pedazo de carne enhiesta pugnar por abrirse camino entre mis carnes. Acab&oacute; de met&eacute;rmela hasta la empu&ntilde;adura de un solo empuj&oacute;n que me hizo chillar de gusto y comenz&oacute; un constante y enloquecedor bombeo que en pocos momentos me provoc&oacute; un orgasmo genial durante el cual me volv&iacute; loca y comenc&eacute; a decirle que me follara toda, que era su puta y que hiciera de mi lo que quisiera&quot;.<\/p>\n<p>La imagen de mi mujer en tal situaci&oacute;n, entregada por completo a un hombre que en aquel momento la deseaba, abierta de piernas para ser taladrada por una polla lujuriosa, comport&aacute;ndose como una ramera y mezclando sus humores corporales con los de aquel tipo maduro, provocaron en m&iacute; una erecci&oacute;n que en este punto resultaba casi insoportable. Ped&iacute; a mi mujer que se pusiera a cuatro patas que me lo siguiera explicando mientras la follaba, es decir mientras trataba de vivir la historia. De este modo me puse tras ella y tras breves amagos, mediante un golpe de ri&ntilde;ones, se la introduje hasta los cojones, lo que provoc&oacute; un gritito por su parte, para seguidamente empezar a bombear como un orate. Ella, por su lado, iba diciendo, entrecortadamente y seg&uacute;n los jadeos le permit&iacute;an: &quot;tiene la polla tan grande como la tuya, no tan larga pero m&aacute;s ancha&hellip; Ahhh!&hellip; he gozado&hellip; me ha hecho suya&hellip; he sido zorra por placer&hellip; Me ha estado follando un buen rato, yo no pod&iacute;a m&aacute;s y no paraba de correrme&hellip; asiii&hellip; sigue as&iacute;, lo haces como &eacute;l&hellip; se ha corrido encima de mi culo y me ha dejado toda empapada de leche&hellip; asiii&hellip;&quot;<\/p>\n<p>Saqu&eacute; el miembro de su interior un segundo antes de vaciarme sobre sus nalgas, que dej&eacute; pringadas de borbotones blancos.<\/p>\n<p>Ambos quedamos sudorosos y derrengados, si bien ella todav&iacute;a tuvo &aacute;nimos para darme unos cuantos lametones en la polla, pasando la lengua de abajo a arriba para dejarla limpia. &quot;Me faltaba probar el sabor de su polla mezclada con la tuya&quot;, dijo en un tono m&aacute;s bien enigm&aacute;tico. Y as&iacute; nos quedamos dormidos.<\/p>\n<p>A partir de aquel d&iacute;a, Silvana -mi mujer&#8211; y yo comenzamos una etapa sexual nueva que romp&iacute;a la rutina que inexorablemente se hab&iacute;a ido adue&ntilde;ando de nuestra relaci&oacute;n; nada de particular si se tiene en cuenta que llevamos quince a&ntilde;os de vida en com&uacute;n. Lo cierto es que a partir de la reaparici&oacute;n de Artur en la vida de Silvana recobramos el inter&eacute;s por el sexo, volviendo a presentarse en nuestras vidas como una fuente de bienestar, de buen rollo y de placeres sin l&iacute;mite. Los polvos que pegamos en las semanas siguientes fueron realmente buenos y excitantes, con constantes alusiones impl&iacute;citas a la &quot;andanza&quot; pero sin mencionar el nombre de Artur, puesto que as&iacute; nos resultaba m&aacute;s ameno a ambos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>7 Me excita hasta hacerme temblar y ponerme la piel de gallina imaginar que estoy en casa esper&aacute;ndote, cerca de las nueve de la noche. He llegado pocos minutos antes de las ocho. 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