{"id":18410,"date":"2018-07-24T22:00:00","date_gmt":"2018-07-24T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-07-24T22:00:00","modified_gmt":"2018-07-24T22:00:00","slug":"18410-bea-el-inicio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/18410-bea-el-inicio\/","title":{"rendered":"Bea: El inicio"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"18410\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Para ser un domingo por la tarde, el aeropuerto estaba demasiado concurrido a mi parecer. No soy del tipo de personas que acostumbra a andar en lugares concurridos; la verdad, los odio. Prefiero una tarde tranquila en casa, leyendo, jugando, haciendo el amor o al menos viendo una pel&iacute;cula reciclada en el televisor. Cualquier cosa menos tener que lidiar con merolicos gritoneando, ni&ntilde;os haciendo berrinche y el cl&aacute;sico inadaptado social que te da un codazo sin motivo alguno y sin que medie al menos una disculpa; en fin, ah&iacute; est&aacute;bamos nosotros, mi esposa Susana, mi hija Sandra con sus gloriosos 18 a&ntilde;os y yo, Javier el patriarca de la familia Larios, esperando la llegada del vuelo 725 procedente de Madrid. Las pantallas dec&iacute;an que el vuelo ven&iacute;a a tiempo, sin embargo, ya hab&iacute;an pasado 15 minutos desde que las puertas deber&iacute;an haberse abierto para que salieran los pasajeros, entre ellos la hija de mi mejor amigo, Pablo.<\/p>\n<p>Somos una t&iacute;pica familia mexicana de medio ingreso, ni m&aacute;s, ni menos. Mi esposa Susana, una mujer guapa y madura que, a pesar de los a&ntilde;os se hab&iacute;a logrado mantener esbelta, y aunque no era ya una exuberante belleza, si ten&iacute;a el suficiente appeal para lograr que los hombres voltearan a verla un par de segundos m&aacute;s de lo necesario. Si pudi&eacute;ramos catalogarla podr&iacute;a decir que calificaba como una MILF (Mother I&rsquo;d Like to Fuck) que es tan com&uacute;n en el ambiente saj&oacute;n, solo que sin el ingrediente de la sensualidad desbordada con la que encasillan a estas guapas y maduras mujeres. Ella trabaja para una compa&ntilde;&iacute;a de auditor&iacute;as contables como jefa de departamento donde le va bastante bien, aunque el trabajo puede llegar a ser esclavizante y es uno de los motivos por los cuales nuestra relaci&oacute;n se est&aacute; yendo a pique.<\/p>\n<p>Mi hija Sandra, a sus dieciocho a&ntilde;os era tambi&eacute;n una belleza en ciernes. Tal vez por mi apego a ella desde peque&ntilde;a, yo la segu&iacute;a viendo como mi ni&ntilde;a, aunque ya hab&iacute;an empezado a surgir las se&ntilde;ales de adolescentes revoloteando tras ella y hombres viejos libidinosos vi&eacute;ndola como un objeto de deseo. Ella era delgada tambi&eacute;n, de senos m&aacute;s bien prominentes, una breve cintura que moldeaba sus delgadas, pero bien torneadas piernas y rematando con unas caderas amplias que en su conjunto la hac&iacute;an ver, en el lenguaje de los hombres maduros, como un material sumamente encamable.<\/p>\n<p>Y al final de la historia me hallaba yo, Javier. Un tipo m&aacute;s bien delgado sin llegar a ser flaco, ya con las huellas de mis 46 a&ntilde;os encima, no soy un adonis, aunque tampoco soy un primate al que las f&eacute;minas le saquen la vuelta. Si he de catalogarme, ser&iacute;a simplemente un tipo cualquiera pero bien conservado para sus cuarenta y tantos. Blanco, uso gafas y eso me da un aire de intelectualidad que va muy acorde con mi l&iacute;nea de trabajo ya que soy docente en una universidad privada.<\/p>\n<p>Cuando estuve de intercambio estudiantil en Espa&ntilde;a, mi amigo Pablo y yo hicimos una muy buena amistad que se consolid&oacute; con el paso del tiempo, gracias a la proliferaci&oacute;n de las redes sociales. Despu&eacute;s de un a&ntilde;o, yo me regres&eacute; a M&eacute;xico donde continu&eacute; con mis estudios, y segu&iacute; con mi vida, pero la amistad perdur&oacute; con el paso del tiempo. &Eacute;l es 5 a&ntilde;os mayor que yo, y cuando nos conocimos yo era un imberbe joven universitario y &eacute;l iba ya por su primera maestr&iacute;a. En ese entonces andaba de novio con la que a la postre se convertir&iacute;a su esposa y con quien hab&iacute;a procreado una hija, Bea, quien era a la persona que esper&aacute;bamos en el aeropuerto. Yo por mi parte, me cas&eacute; hace veinte a&ntilde;os y mi esposa y yo tuvimos a Sandra dos a&ntilde;os despu&eacute;s. Susana y yo segu&iacute;amos juntos aunque est&aacute;bamos pasando por una crisis matrimonial producto de su desapego emocional hacia m&iacute;, pero esa es otra historia. Sandra en el medio, se hab&iacute;a desapegado de m&iacute; producto de los constantes pleitos entre ambos y la cercan&iacute;a que &uacute;ltimamente ten&iacute;a con su madre.<\/p>\n<p>Hac&iacute;a apenas un par de semanas que Pablo me hab&iacute;a llamado emocionado porque su hija hab&iacute;a sido seleccionada para participar en un semestre de un curso especial en el &aacute;rea de sicolog&iacute;a que se iba a llevar a cabo en la Ciudad de M&eacute;xico. &Eacute;l no quer&iacute;a que su hija estuviera en alguna casa de intercambio, con algunos desconocidos si pod&iacute;a quedarse en casa de su gran amigo Javier. Me hab&iacute;a comentado que su presencia no supondr&iacute;a gran problema para nosotros porque realmente se pasar&iacute;a la mayor parte del tiempo en la universidad y ella sab&iacute;a perfectamente moverse sola, a trav&eacute;s del metro y el colectivo. Yo no quer&iacute;a realmente aceptar esa situaci&oacute;n por los problemas por los que estaba pasando con mi esposa pero no pod&iacute;a decirle que no a un amigo que se hab&iacute;a portado tan bien conmigo cuando estuve con &eacute;l en Espa&ntilde;a; as&iacute; que lo acept&eacute; sin mostrar a mi amigo la incomodidad que me presentaba esa situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Solo hab&iacute;a visto a Bea en persona cuando fuimos a pasar las primeras vacaciones de casados a Espa&ntilde;a, hac&iacute;a 11 a&ntilde;os ya. En ese entonces ella ten&iacute;a unos 10 a&ntilde;os, 12 cuando mucho. La recordaba como una muchacha t&iacute;mida y flacucha, pelo lacio y mirada esquiva. Apenas le prestamos atenci&oacute;n en esa ocasi&oacute;n ya que mi amigo Pablo estaba pasando por una dura separaci&oacute;n con su esposa y su hija estaba en medio de ese conflicto. La vimos un par de ocasiones durante nuestro viaje y ahora s&oacute;lo la recordaba como un nombre m&aacute;s. Pablo me hab&iacute;a hecho llegar una fotograf&iacute;a m&aacute;s o menos reciente donde se apreciaba una chica sonriente, de ojos claros y unas simp&aacute;ticas pecas en su rostro. Esa fotograf&iacute;a era nuestro &uacute;nico referente para identificarla. Eso y el letrero con su nombre que Susana hab&iacute;a insistido en que traj&eacute;ramos para facilitar el encuentro.<\/p>\n<p>Cuando finalmente anunciaron el arribo del vuelo procedente de Barajas, hac&iacute;a ya un buen rato que hab&iacute;a aterrizado por lo que los pasajeros ya hab&iacute;an recogido sus maletas y la mayor parte hab&iacute;a pasado ya por la oficina de migraci&oacute;n. Del fondo de la sala, sali&oacute; una joven mujer, esbelta, con una figura hermosa y un andar sensual e hipnotizante, sonre&iacute;a con aire emocionado de por haber arribado finalmente. Tra&iacute;a lentes oscuros y ten&iacute;a su largo pelo lacio y casta&ntilde;o medio ordenado en una especie de chongo. Me hab&iacute;a dejado boquiabierto. Debo admitir que por estar observ&aacute;ndola, deje de prestar atenci&oacute;n al resto de los pasajeros para ver si localiz&aacute;bamos a nuestra invitada. Afortunadamente para m&iacute;, mi esposa se hallaba ocupada buscando por su cuenta y mi hija estaba distra&iacute;da mirando su tel&eacute;fono para haber notado mi reacci&oacute;n tan fuera de lugar.<\/p>\n<p>De repente, la joven se volte&oacute; hacia donde nos hall&aacute;bamos nosotros y saludo agitando su mano mientras sacaba a relucir una maravillosa sonrisa. Supuse que quienes la hab&iacute;an venido a recibir se hallaban detr&aacute;s de nosotros y los envidi&eacute; cordialmente en ese momento. Convivir con ese &aacute;ngel en cuerpo de tentaci&oacute;n ser&iacute;a quiz&aacute; una gran e inolvidable experiencia, pens&eacute;.<\/p>\n<p>A medida que la joven se aproximaba m&aacute;s a nosotros, segu&iacute;a buscando contacto visual con nosotros. Cuando finalmente se acerc&oacute; lo suficiente, dijo: &quot;Hola, soy Bea. Ustedes deben ser Javier y Susana, &iquest;verdad?&quot; dijo apuntando al letrero que sosten&iacute;a mi esposa con su nombre. Decir que me qued&eacute; con los ojos cuadrados y que batall&eacute; en pasar saliva por unos cuantos momentos, es decir poco. Estaba en Babilonia y se me hab&iacute;a olvidado el camino de regreso.<\/p>\n<p>&quot;Hola, Bea. Bienvenida a M&eacute;xico&quot; dije con todo el aplomo que pude reunir. Su blusa roja dejaba al descubierto una ligera visi&oacute;n de sus senos sujetos por un sost&eacute;n rojo tambi&eacute;n, sus piernas enfundadas en un diminuto short, se ve&iacute;an bien torneadas y bronceadas. Sus manos delicadas jugaban con el aire como si fueran palomas en vuelo cuando hablaba y sonre&iacute;a con la seguridad de que el aeropuerto sub&iacute;a de intensidad de iluminaci&oacute;n cada vez que lo hac&iacute;a. Era un poema hecho mujer y cuando se quit&oacute; los lentes oscuros, se descubri&oacute; ante m&iacute; el cielo m&aacute;s intenso en su mirada.<\/p>\n<p>&quot;Muchas gracias, Javier. Espero no ser un estorbo para ustedes.&quot;<\/p>\n<p>&quot;De ninguna manera.&quot; Dije tal vez con demasiada convicci&oacute;n. &quot;Eres hija de Pablo y siempre ser&aacute;s bienvenida&quot; recompuse y al sentir la g&eacute;lida mirada de Susana, remat&eacute; con &quot;recuerdas a mi esposa Susana, &iquest;verdad?&quot;<\/p>\n<p>&quot;Hola Susana. Muchas gracias por todo&quot;<\/p>\n<p>&ldquo;No tienes nada que agradecer&rdquo; Dijo Susana tratando de sonar cordial. Mi esposa no es muy fan&aacute;tica de recibir visitas en casa realmente. No era que le molestara Bea en particular si no el hecho de sacrificar su privacidad durante 6 meses con alguien a quien realmente no conoc&iacute;amos. Ella sab&iacute;a de mi amistad con Pablo y entend&iacute;a mi compromiso, pero no por eso le acababa de gustar, pero el hecho de que tratara de disimular su descontento era m&aacute;s que suficiente para m&iacute;.<\/p>\n<p>&ldquo;Ella es nuestra hija, Sandra. Supongo que la recuerdas&hellip;&rdquo;<\/p>\n<p>&ldquo;Mucho gusto, Bea.&rdquo; Dijo Sandra, interrumpi&eacute;ndome casi a prop&oacute;sito. No hab&iacute;a duda de que hab&iacute;a guerra civil en casa. Le dedic&oacute; una sonrisa y despu&eacute;s regres&oacute; al mundo que se concentraba en una peque&ntilde;a pantalla no mayor a 6 pulgadas. Adolescentes, las tienes que amar.<\/p>\n<p>&quot;V&aacute;monos entonces. Debes tener hambre y ganas de descansar&quot;. Dije tomando su maleta. Al hacer esto, sent&iacute; el contacto suave de sus manos y fue como si hubieran salido chispas de sus dedos. Ella dej&oacute; su maleta en mis manos y abraz&oacute; a Susana d&aacute;ndole un ligero beso en su mejilla, abraz&oacute; e hizo lo mismo con Sandra y finalmente me recompens&oacute; con un abrazo y un beso en mi mejilla que me provocaron escalofr&iacute;os.<\/p>\n<p>Hab&iacute;an pasado ya tres d&iacute;as desde que Bea lleg&oacute; a nuestras vidas. Tras el primer d&iacute;a d&oacute;nde se dedic&oacute; a descansar para quitarse la resaca viajera, fue a la escuela para indagar los pormenores de los cursos. Como lo hab&iacute;a anticipado Pablo, Bea no tuvo ninguna dificultad para utilizar los medios de transporte a su alcance. La verdad es que mi trabajo y el de Susana quedaban del lado opuesto de la universidad y hasta el trayecto de Sandra a la preparatoria quedaba en una direcci&oacute;n distinta a la de Bea e incluso a la nuestra.<\/p>\n<p>Para el segundo d&iacute;a, Bea nos asegur&oacute; que todo estaba bien y que ya que le hubieran dado sus horarios, no habr&iacute;a mayor problema para ella. Estar&iacute;a llegando alrededor de las 6 de la tarde todos los d&iacute;as excepto el viernes en que saldr&iacute;a un poco m&aacute;s temprano.<\/p>\n<p>Ese tercer d&iacute;a amanec&iacute; con fiebre, dolor abdominal y unas ganas intensas de reforzar mi relaci&oacute;n con el retrete. Definitivamente no pude ir a trabajar y me disculp&eacute; con el Director de la Facultad quien se encarg&oacute; de conseguirme los remplazos para mis clases.<\/p>\n<p>Para medio d&iacute;a me aventur&eacute; a la cocina para buscar algo que pudiera comer sin espantar a la fiera que ten&iacute;a dentro del est&oacute;mago. Algunas galletas saladas, pan tostado o un jugo de manzana. Cuando hube comido lo suficiente, pas&eacute; por el cuarto de Sandra, que estaba compartiendo con Bea por el momento en lo que adecu&aacute;bamos el cuarto de hu&eacute;spedes. Rara vez entro en el cuarto desordenado de mi hija adolescente pero en esta ocasi&oacute;n me aventur&eacute; entre los rastros de prendas regadas para tratar de conocer un poco m&aacute;s de nuestra invitada. El colch&oacute;n inflable que hac&iacute;a las veces de cama se hallaba pulcramente tendido, su maleta recargada sobre la pared y su laptop abierta en la mesita de noche, con la pantalla oscura. Me acerqu&eacute; y tecle&eacute; en el teclado m&aacute;s por inercia que por otra cosa y para mi sorpresa, apareci&oacute; su escritorio sin que me pidiera una contrase&ntilde;a. Me qued&eacute; quieto como si Bea estuviera observando a mis espaldas mi invasi&oacute;n a su privacidad. Tras unos segundos eternos, record&eacute; que estaba s&oacute;lo y tendr&iacute;a la casa para m&iacute; por las pr&oacute;ximas 5 horas.<\/p>\n<p>Un poco m&aacute;s relajado y con mi sentimiento de culpa perfectamente amarrado y amordazado, empec&eacute; a merodear por el port&aacute;til. Una t&iacute;pica pantalla de chica, con la foto de un cantante de moda espa&ntilde;ol de fondo de pantalla, y algunas fotograf&iacute;as de Bea con sus amigas. Ten&iacute;a una cuenta de Instagram y todas sus fotos pulcramente ordenadas por mes y a&ntilde;o. Hab&iacute;a algunas fotos sensacionales de ella en traje de ba&ntilde;o, mostrando un coqueto tatuaje a la altura de su cadera cerca de su entrepierna pero nada m&aacute;s. No hab&iacute;a fotos de ella o alguna de sus amigas en Topless, o desnudos parciales, totales o convencionales, vaya, ni siquiera una foto con la polla de su novio.<\/p>\n<p>Bea, al parecer era una chica muy bien portada. Pero endemoniadamente sexy y me ten&iacute;a loco. Deb&iacute;a haber algo&hellip;<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de explorar sus fotos abr&iacute;a algunas de sus conversaciones intentando encontrar algo lo suficientemente jugoso para al menos masturbarme con las aventurillas de nuestra peque&ntilde;a invitada. Nada. Las t&iacute;picas charlas de chicas con inuendos sexuales tan de moda, pero nada que hiciera saltar el coraz&oacute;n de mi, hasta ahora, bien portada polla.<\/p>\n<p>Entonces fue que vi el perfil de Eduardo, un muchacho sonriente de unos 25 a&ntilde;os que ten&iacute;a varias conversaciones con Bea, siempre revoloteando alrededor del coqueteo, con frases de doble sentido y en las que a veces al parecer, Bea le segu&iacute;a la corriente. Hablaban de Chile como especie y en alg&uacute;n punto se refer&iacute;a a algo m&aacute;s que eso. No parec&iacute;a que hubieran progresado m&aacute;s all&aacute; de eso y ten&iacute;an m&aacute;s de 3 meses que no se hab&iacute;an vuelto a escribir. De acuerdo a la &uacute;ltima conversaci&oacute;n que hab&iacute;an sostenido, no hab&iacute;an discutido, simplemente hab&iacute;an dejado de comunicarse sin un motivo aparente como a veces sucede con los amigos.<\/p>\n<p>Entonces fue cuando se me ocurri&oacute;. Era una idea descabellada, pero una idea al fin. Si todo funcionaba, podr&iacute;a lograr que algo sucediera con Bea. Ten&iacute;a 6 meses para ejecutar el plan y no ten&iacute;a realmente algo m&aacute;s interesante qu&eacute; hacer que pelear con mi mujer as&iacute; que bien valdr&iacute;a la pena. Hab&iacute;a que afinar algunos detalles pero definitivamente, Ojos de mar val&iacute;a ese esfuerzo si al final rend&iacute;a frutos.<\/p>\n<p>Ni tardo ni perezoso, escrib&iacute; el nombre del chaval y captur&eacute; su foto de perfil, tom&eacute; nota de su correo electr&oacute;nico que era EduardoACS901 @gmail.com. No ten&iacute;a idea de qu&eacute; significaba todo eso pero en un santiam&eacute;n hab&iacute;a creado la cuenta EduardoAC5901 @gmail.com con el nombre Eduardo Alcal&aacute; como el original. Una vez completado el proceso, borr&eacute; el contacto de la lista de amigos de Bea y a&ntilde;ad&iacute; el m&iacute;o. Para completar el proceso, escrib&iacute; los textos m&aacute;s recientes del historial de sus conversaciones, esperando que no se fuera a fijar en que esa conversaci&oacute;n hab&iacute;a ocurrido apenas ese d&iacute;a y no hacia 3 meses como hab&iacute;a ocurrido en realidad. La suerte estaba echada. Puse la pantalla de nueva cuenta en modo Sleep y me retir&eacute; tratando de dejar todo como lo encontr&eacute;.<\/p>\n<p>Alrededor de las cinco lleg&oacute; primero mi hija, despu&eacute;s mi esposa y al &uacute;ltimo Bea, ataviada en unos ajustados jeans, una blusa azul y una pa&ntilde;oleta en el cabello. Cuando lleg&oacute; la hora de cenar, me escabull&iacute; a mi cuarto y le mand&eacute; un breve mensaje a su cuenta. Me regres&eacute; y nos dedicamos a cenar platicando de las incidencias del d&iacute;a. Ya me sent&iacute;a mejor y no hab&iacute;a motivo por el cual siguiera en casa al d&iacute;a siguiente.<\/p>\n<p>Comimos pr&aacute;cticamente en silencio. Yo aun con los estragos del malestar y comiendo una desabrida pechuga de pollo con vegetales, Sandra en su mundo, texteando en su celular, Susana algo cansada por un d&iacute;a particularmente complicado en el trabajo en el que tuvieron que quedarse hasta tarde por un error de c&aacute;lculo de una de las chicas que trabajan para ella en su departamento contable; y Bea que a&uacute;n no ten&iacute;a la suficiente confianza como para romper el hielo por su cuenta. Ya no tra&iacute;a puesta la pa&ntilde;oleta en su cabello y su largo pelo oscuro le ca&iacute;a en cascada sobre los hombros. Tra&iacute;a una ligera blusa sin mangas y un pantal&oacute;n deportivo c&oacute;modo pero nada espectacular. Se hallaba a la derecha de m&iacute;, enfrente de Susana, con la abstra&iacute;da cibernauta a su mano derecha.<\/p>\n<p>&#8211; Estoy cansado de verdad. Este asunto del malestar estomacal es un fastidio. &ndash; Dije tratando de romper el hielo, pero a la vez, echando a andar el plan que ten&iacute;a preparado para esa misma noche. De las 3 chicas, solo Bea volteo a verme para prestarme atenci&oacute;n aunque solo fuera por cortes&iacute;a de su parte.<\/p>\n<p>&#8211; Me voy a tomar una de las pastillas que usas para poder dormir, si no te molesta, Susana. &ndash; Continu&eacute;. Ella, al o&iacute;r su nombre, volteo a verme con cara de interrogaci&oacute;n, como esperando que le repitiera lo que hab&iacute;a dicho. &ndash; Aun te quedan de esas en tu buro? &ndash; Prosegu&iacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Ah, las pastillas de dormir. Claro. Aun me quedan algunas. Creo que yo voy a tomar una tambi&eacute;n. Me duele la cabeza y la verdad es que esas me vienen de maravilla. &ndash; Respondi&oacute; mi esposa.<\/p>\n<p>&#8211; La verdad es que son muy buenas. La vez que me tome una de ellas, ca&iacute; como tronco y no despert&eacute; hasta muy tarde al d&iacute;a siguiente. No s&eacute; qu&eacute; diablos les pondr&aacute;n, que bien puede pasar un tren y no me despierto.<\/p>\n<p>&#8211; No exageres, tampoco es para tanto. Solo son relajantes de tipo herbal que ayudan a conciliar el sue&ntilde;o. &ndash; Me dijo Susana en su infalible m&eacute;todo de llevarme siempre la contraria. Decid&iacute; ignorarla. Ten&iacute;a cosas m&aacute;s importantes en mente. Volteando a ver a Bea, le pregunte&rdquo;<\/p>\n<p>&#8211; Tu no quieres tomar una tambi&eacute;n, Bea?<\/p>\n<p>&#8211; No se&ntilde;or Larios, gracias.<\/p>\n<p>&#8211; Ll&aacute;manos Javier y Susana. &ndash; Le dije. &ndash; El se&ntilde;or Larios es mi pap&aacute;<\/p>\n<p>&#8211; No, gracias Javier. As&iacute; estoy bien. &ndash; Dijo volteando a verme con esos ojos hermosos.<\/p>\n<p>La cena transcurri&oacute; en ese mismo ambiente de cordialidad desapegada hasta que me levante y me excuse y me retire a mi cuarto. Susana llego un poco despu&eacute;s y se prepar&oacute; para dormir. Por supuesto, no me tome la pastilla pero deje la suya en el bur&oacute;, junto con un vaso de agua.<\/p>\n<p>Cuando confirm&eacute; que estaba profundamente dormida, tom&eacute; mi laptop conmigo a la rec&aacute;mara y la encend&iacute;, ingresando a la cuenta del renovado Eduardo. En mi Messenger hab&iacute;a aparecido una respuesta de Bea<\/p>\n<p>&#8211; Hola, &iquest;qu&eacute; haces ac&aacute;? Deber&iacute;as estar durmiendo.<\/p>\n<p>&#8211; Pues nada, que he cogido algo de insomnio. &iquest;D&oacute;nde andas? Tengo tiempo que no te he visto. &#8211; En sus conversaciones hab&iacute;a notado que &eacute;l era espa&ntilde;ol tambi&eacute;n y tuve que recordar las expresiones que se utilizan all&aacute; y que hab&iacute;a a duras penas aprendido durante el tiempo en que estuve viviendo de intercambio en Espa&ntilde;a. Lo peor que pod&iacute;a pasar era que ella descubriera el enga&ntilde;o pero mi identidad quedar&iacute;a al menos intacta.<\/p>\n<p>&#8211; Pues he estado ausente de casa. Ahora mismo me encuentro en M&eacute;xico<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;M&eacute;xico!, vaya, pues &iquest;qu&eacute; es lo que est&aacute;s haciendo tan lejos?<\/p>\n<p>&#8211; Larga historia, estar&eacute; por ac&aacute; unos seis meses. &iquest;T&uacute; que has hecho?<\/p>\n<p>&#8211; Nada importante, lo mismo de siempre. Apenas entrar&eacute; a un call center ma&ntilde;ana a trabajar en lo que defino qu&eacute; m&aacute;s quiero hacer<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Call center t&uacute;? Jam&aacute;s lo hubiera pensado de ti<\/p>\n<p>&#8211; Ya ves. La gente cambia, al menos temporalmente<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Para ser un domingo por la tarde, el aeropuerto estaba demasiado concurrido a mi parecer. No soy del tipo de personas que acostumbra a andar en lugares concurridos; la verdad, los odio. Prefiero una tarde tranquila en casa, leyendo, jugando, haciendo el amor o al menos viendo una pel&iacute;cula reciclada en el televisor. Cualquier cosa [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":8707,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[6],"tags":[],"class_list":{"0":"post-18410","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-dominacion"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18410","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8707"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18410"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18410\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18410"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18410"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18410"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}