{"id":18509,"date":"2018-08-07T22:00:00","date_gmt":"2018-08-07T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-08-07T22:00:00","modified_gmt":"2018-08-07T22:00:00","slug":"18509-la-historia-de-ana-capitulo-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/18509-la-historia-de-ana-capitulo-1\/","title":{"rendered":"La historia de Ana (Cap\u00edtulo 1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"18509\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">4<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 17<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p><em>Nota del autor: ya llevo escribiendo varios relatos sobre la mujer que m&aacute;s ha marcado mi vida. Quienes hayan le&iacute;do algunos de ellos, sabr&aacute;n que hablo de Ana. Si bien las historias son en su mayor parte ficticias, hay algo en ellas que s&iacute; es muy real: la personalidad de Ana. Ella es una mujer adicta al sexo, y esto, sumado a que tiene una autoestima extremadamente baja, debido a sucesos que la marcaron durante su infancia, hizo que, al menos durante los a&ntilde;os en que yo la conoc&iacute;, cayera rendida a cuanta pija se le ofrec&iacute;a.<\/em><\/p>\n<p><em>Ana no conceb&iacute;a otra manera de sentirse segura, que entregando su cuerpo a quien la deseara. Sin embargo, no era una chica f&aacute;cil del todo. Le gustaba hacer sufrir a los hombres. Se dejaba seducir en chats que pod&iacute;an durar hasta la una de la madrugada; quienes la conoc&iacute;an personalmente pod&iacute;an saborear un cruel franeleo, que no iba m&aacute;s all&aacute; de eso. Es que a Ana le gustaba tener a los hombres comiendo de su mano, y mientras saciaba sus instintos con su macho de turno, ten&iacute;a otros diez haciendo fila para saborearla.<\/em><\/p>\n<p><em>Ana era hermosa. Una belleza infernal compactada en un cuerpo de cuarenta y cinco quilos. De piel blanca, ojos marrones, grandes, dif&iacute;ciles de descifrar. Rostro un tanto ovalado, una cara de nena que enamoraba, de piel suave como culo de beb&eacute;. Su cuerpo diminuto hac&iacute;a curvas pronunciadas cuando llegaba a sus pechos y caderas. Y su culo&hellip; para no ser poco original s&oacute;lo voy a decir que su culo ten&iacute;a todo lo que a un hombre le pod&iacute;a apetecer.<\/em><\/p>\n<p><em>Ana sab&iacute;a del poder que ten&iacute;a sobre los hombres, pero tambi&eacute;n estaba consciente de que su autoestima era su punto d&eacute;bil, y que, si la presionaban un poco, ser&iacute;a ella quien termine rendida ante el deseo animal que ella misma despertaba.<\/em><\/p>\n<p><em>Yo tard&eacute; en darme cuenta de su debilidad por la pija, pero cuando lo descubr&iacute; no dud&eacute; un segundo en explotarlo.<\/em><\/p>\n<p><em>En todos los cuentos sobre ella, los lectores quedan advertidos que en su contenido hay escenas de no consentido, y por eso asumo que quienes contin&uacute;an leyendo hasta el final, lo hacen esperando dichas escenas. Es por eso que me esmero mucho en que el relato sea lo m&aacute;s cre&iacute;ble posible. Me encanta humillar a Ana en mis ficciones, me encanta someterla a vejaciones, y hacer que haga cosas que en principio no quer&iacute;a. Ana ten&iacute;a un plus; algo que iba m&aacute;s all&aacute; de su sorprendente belleza; esa sumisi&oacute;n, esa imposibilidad que ten&iacute;a de decir que no cuando se enfrentaba a ciertas situaciones, esa entrega absoluta una vez que se dejaba llevar por la lujuria del otro.<\/em><\/p>\n<p><em>Contando los relatos de Ana, me vi atrapado en giros argumentales dif&iacute;ciles de continuar, por eso decid&iacute; empezar la historia de cero, contando sucesos diferentes, pero con el mismo hilo conductor: Ana. As&iacute; que los pr&oacute;ximos relatos si bien narrar&aacute;n la misma historia, los sucesos, en su mayor&iacute;a ser&aacute;n diferentes, o bien ser&aacute;n los mismos pero modificados.<\/em><\/p>\n<p><em>Espero que los lectores sientan, al menos, una d&eacute;cima parte de la lujuria que esta hembra infernal despierta en m&iacute;.<\/em><\/p>\n<p><em>La historia comienza as&iacute;&#8230;<\/em><\/p>\n<p><strong>1<\/strong><\/p>\n<p>Cuando empec&eacute; a trabajar en el edificio, Ana no era m&aacute;s que una vecina del mont&oacute;n. Su belleza estaba escondida en sus ropas sueltas y su actitud esquiva. Su pelo suelto, que le cubr&iacute;a parte de la cara, ocultaba su belleza a los ojos pocos observadores como los m&iacute;os.<\/p>\n<p>Yo hab&iacute;a empezado a trabajar como vigilador, vigilante, guarda de seguridad, o como sea que le llamen en sus pa&iacute;ses a quienes nos mantenemos despiertos durante la noche, haciendo guardia en el hall del edificio, fingiendo ser algo parecido a un polic&iacute;a, cuando en realidad nos asemejamos m&aacute;s a un portero harag&aacute;n.<\/p>\n<p>Esas noches eran bastante mon&oacute;tonas. No hab&iacute;a mucho para hacer, me la pasaba leyendo, usando mi celular, o caminando de aqu&iacute; para all&aacute; a lo largo de los pocos metros que ten&iacute;a disponible.<\/p>\n<p>El edificio estaba lleno de gente mayor, por lo que no hab&iacute;a mucho movimiento despu&eacute;s de las diez de la noche. S&oacute;lo los fines de semana, los pocos adolescentes de ese lugar sal&iacute;an por las noches. Una de mis actividades preferidas era mirarle el culo a las pendejas que sal&iacute;an con la ropa ajustad&iacute;sima, y maquilladas como putas. Pero m&aacute;s all&aacute; de eso, no hac&iacute;a otra cosa que volcarme a la literatura, cosa que, de hecho, me salv&oacute; del aburrimiento.<\/p>\n<p>La primera vez que cruc&eacute; palabras con Ana habr&aacute; sido una noche fr&iacute;a de Julio. Yo la vi llegar, a trav&eacute;s de la puerta de vidrio, cargando dos bolsas grandes, las cuales, considerando su peque&ntilde;a estatura, parec&iacute;an realmente enormes. Me acerqu&eacute; a la puerta a abrirle, sin ninguna segunda intenci&oacute;n, lo hice por ella como lo sol&iacute;a hacer por cualquiera que necesitase una cortes&iacute;a de mi parte. Entonces me ofrec&iacute; a cargar las bolsas hasta el ascensor. Otra cortes&iacute;a insignificante. Ella se hab&iacute;a negado al principio, pero yo tom&eacute; las bolsas sin reparar en su negativa (m&aacute;s adelante tomar&iacute;a otras cosas sin reparar en su negativa) y llev&eacute; las dos bolsas mientras ella caminaba a mi lado.<\/p>\n<p>&mdash;Son pesadas. &mdash;le dije, una vez que las apoy&eacute; en el piso y presion&eacute; el bot&oacute;n para llamar al ascensor.&mdash; no te puedo acompa&ntilde;ar hasta arriba, &iquest;Vas a poder sola hasta tu departamento? &mdash;le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>Entonces ella hizo un gesto que todav&iacute;a ahora recuerdo como aquel gesto que clav&oacute; la primera flecha envenenada en mi coraz&oacute;n: Se corri&oacute; el pelo detr&aacute;s de la oreja, dej&aacute;ndome vislumbrar la belleza peculiar de ese rostro delicado, a la vez que me regal&oacute; una media sonrisa, p&iacute;cara y sensual.<\/p>\n<p>&mdash;Claro que puedo, si la ven&iacute;a trayendo desde la lavander&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Ah, es tu ropa. &mdash;dije, todav&iacute;a un poco embobado por el impacto de ese descubrimiento inesperado.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, es mi ropa. &mdash;dijo, abriendo la puerta del ascensor que ya hab&iacute;a llegado&mdash; gracias. Me parece bien que no quieras subir, no est&aacute; bueno que dejes el puesto cada vez que una vecina viene con bolsos.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, claro. Chau &mdash;la salud&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo te llam&aacute;s?<\/p>\n<p>&mdash;Gabriel.<\/p>\n<p>&mdash;Yo, Ana.<\/p>\n<p>&mdash;un gusto.<\/p>\n<p>Y antes de cerrarle la puerta del ascensor la mir&eacute; de pies a cabeza, percat&aacute;ndome de que detr&aacute;s de esas ropas se escond&iacute;a un cuerpo esbelto y con m&aacute;s curvas de las que imagin&eacute;.<\/p>\n<p><strong>2<\/strong><\/p>\n<p>El tiempo pasaba r&aacute;pido esos d&iacute;as. Un mes no se diferenciaba demasiado de una semana. Luego de ese primer encuentro nos ve&iacute;amos cada tanto. Yo siempre trataba de sacarle conversaci&oacute;n cuando llegaba por las noches, y as&iacute; la fui conociendo, sac&aacute;ndole informaci&oacute;n a cuentagotas. Sab&iacute;a que viv&iacute;a sola, que ten&iacute;a veintisiete a&ntilde;os (parec&iacute;a cinco a&ntilde;os menos), y que era violinista, ya que d&iacute;a por medio ven&iacute;a con el estuche del viol&iacute;n cargado en su hombro. Cada vez que la ve&iacute;a, le sacaba una suerte de radiograf&iacute;a con los ojos. A veces usaba pantalones m&aacute;s ajustados, y entonces descubr&iacute; que su culo era mucho m&aacute;s apetitoso de lo que hab&iacute;a imaginado, y me part&iacute;a la cabeza tratando de entender porqu&eacute; no usaba ropa que lo resalte, como hac&iacute;an otras mujeres.<\/p>\n<p>Ana parec&iacute;a conocer mi atracci&oacute;n hacia ella, y tend&iacute;a a sonre&iacute;rme sugerentemente, cosa que me calentaba much&iacute;simo. Si en ese momento la hubiese conocido mejor, o si yo mismo no hubiese sido tan lento, no me habr&iacute;a costado mucho llev&aacute;rmela a la cama, pero las cosas no sucedieron tan r&aacute;pido.<\/p>\n<p>A veces no la ve&iacute;a, y me preguntaba si hab&iacute;a entrado antes de que yo llegara, o si acaso estaba durmiendo con alguien, en otro lugar. La idea de que se acueste con otro me generaba unos celos rid&iacute;culos, como si ya fuese mi novia, y su ausencia generaba un vac&iacute;o angustiante en mi interior.<\/p>\n<p>Mi temor no tard&oacute; en hacerse realidad. De repente apareci&oacute; con un flaquito rubio, muy simp&aacute;tico. Para mi desgracia el pibe me cay&oacute; bien. Era educado, y a veces, cuando ten&iacute;a que esperar a Ana en el hall, convers&aacute;bamos un poco.<\/p>\n<p>Aqu&iacute; inici&oacute; una etapa absurda en donde comenc&eacute; a entablar una pseudo amistad con ambos.<\/p>\n<p>Me di cuenta de que, mientras m&aacute;s confianza ten&iacute;a con su novio, Ana se dejaba llevar por un sentimiento de amistad, y parec&iacute;a olvidar el hambre que yo le ten&iacute;a. Entonces se abr&iacute;a m&aacute;s, y las charlas intrascendentes cargadas de un coqueteo hist&eacute;rico se vieron reemplazadas por conversaciones m&aacute;s extensas y profundas que nos permit&iacute;an conocernos mejor. En mi inmadura imaginaci&oacute;n, esto era algo positivo, ya que, pensaba, desde la ignorancia, que Ana era una chica a la que hab&iacute;a que conquistar desde lo sentimental, y por eso descart&eacute; de plano la estrategia m&aacute;s efectiva: atacar directamente, enfoc&aacute;ndome en el sexo. En cambio, me mostraba extremadamente amable, le preguntaba si estaba bien, preocup&aacute;ndome sinceramente cuando sab&iacute;a que ten&iacute;a alg&uacute;n problema, como cuando se peleaba con su padre, con quien ten&iacute;a una extra&ntilde;a relaci&oacute;n, ya que &eacute;l s&oacute;lo le demostraba su cari&ntilde;o entreg&aacute;ndole dinero; o cuando me contaba que en las orquestas donde tocaba no le pagaban el sueldo, o cuando ten&iacute;a que ir al m&eacute;dico para hacerse cualquier estudio&hellip; En todos esos casos me imaginaba convirti&eacute;ndome en un caballero que iba a salvar a su damisela en peligro. Pero para eso ya ten&iacute;a a su novio. Yo s&oacute;lo era un intruso.<\/p>\n<p>El tiempo segu&iacute;a pasando r&aacute;pido. En seis meses las cosas no cambiaron mucho.<\/p>\n<p>Un d&iacute;a se pelearon. Una pelea fuerte, que m&aacute;s adelante me enterar&iacute;a que era debido a los celos de ella. Cuando Ana sal&iacute;a del edificio para un ensayo me lo cont&oacute;. Se la ve&iacute;a triste y enojada. Me hubiese gustado abrazarla hasta que se le pase todos sus sentimientos negativos, pero no pod&iacute;a hacerlo. Yo estaba trabajando, con mi uniforme de seguridad puesto, y la gente entraba y sal&iacute;a a cada rato (era fin de semana, y en esos d&iacute;as yo trabajaba durante el d&iacute;a), adem&aacute;s tampoco ten&iacute;amos ese tipo de confianza. Cuando la acompa&ntilde;&eacute; hasta la puerta me dijo:<\/p>\n<p>&mdash;El jueves tengo concierto. Si quer&eacute;s venir&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; Claro, me encantar&iacute;a. &mdash;le contest&eacute;, sin detenerme a pensar si el jueves estar&iacute;a libre o no.<\/p>\n<p>Me dijo d&oacute;nde era el concierto. Desde que la conoc&iacute;, nunca hab&iacute;a estado tan contento.<\/p>\n<p><strong>3<\/strong><\/p>\n<p>Algo en mi ilusa mente me dijo que aquella invitaci&oacute;n pod&iacute;a significar una cita encubierta. Como se hab&iacute;a peleado con su novio, &eacute;l seguramente no asistir&iacute;a. Entonces yo la invitar&iacute;a a salir a tomar algo, una vez que terminara de tocar. Quiz&aacute; esa noche me animar&iacute;a a abrazarla y besarla como siempre tuve ganas de hacerlo: con una ternura infinita, como si tuviese miedo a romper su fr&aacute;gil cuerpo. Quiz&aacute; esa ser&iacute;a la mejor noche de mi vida.<\/p>\n<p>Pero no pod&iacute;a estar m&aacute;s equivocado, porque su novio s&iacute; asisti&oacute; al concierto, y de hecho, estaba sentado a mi lado.<\/p>\n<p>El mundo se me vino abajo, pero intent&eacute; reponerme enseguida, logr&aacute;ndolo s&oacute;lo a medias. Despu&eacute;s de todo, si me hab&iacute;a ilusionado era problema m&iacute;o.<\/p>\n<p>El concierto era en una iglesia del centro. Nunca hab&iacute;a escuchado m&uacute;sica cl&aacute;sica hasta que conoc&iacute; a Ana, pero ya me conoc&iacute;a la obra de Tchaikovski que iban a tocar, ya que meses atr&aacute;s me hab&iacute;a comprado un cd de &eacute;l, exclusivamente para conversar con ella sobre eso.<\/p>\n<p>El lugar estaba abarrotado de chetos, cosa que me incomod&oacute; un poco, ya que me sent&iacute;a sapo de otro pozo. Pero por rid&iacute;culo que suene, la compa&ntilde;&iacute;a de Andr&eacute;s, el novio de Ana, me ayud&oacute; a sobrellevar mejor la situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Ana se acerc&oacute; a saludarnos, un rato antes de que empiece el concierto. Llevaba un vestido negro, bastante corto y ce&ntilde;ido, y su pelo ondulado estaba recogido, dejando libre su lindo rostro. Vi por primera vez, con toda claridad, sus curvas de v&eacute;rtigo; sus caderas, sus pechos, su cuello de cisne. Todo en ella era m&aacute;s voluptuoso de lo que hab&iacute;a supuesto, y eso, junto a su rostro angelical, hac&iacute;an un combo explosivo. Estaba maquillada prolijamente, y llevaba medias negras, y zapatos de toc&oacute;n del mismo color. La chica recatada e inadvertida que hab&iacute;a conocido hab&iacute;a sido sustituida por una viuda negra salida del infierno.<\/p>\n<p>Me salud&oacute; secamente. Casi me pareci&oacute; percibir cierta molestia por mi presencia. Luego abraz&oacute; a Andr&eacute;s, y estuvo un rato d&aacute;ndole los besos que yo quer&iacute;a para m&iacute;, y susurr&aacute;ndole palabras que me mor&iacute;a por o&iacute;r.<\/p>\n<p>Era la &uacute;nica integrante de la orquesta que estaba mezclada con el p&uacute;blico, y mi paranoia me dec&iacute;a que estaba ah&iacute; para restregarme en la cara que ella ya ten&iacute;a un hombre, y que yo nunca la poseer&iacute;a. Mientras se acariciaba con su novio parec&iacute;a burlarse de la invitaci&oacute;n que me hab&iacute;a hecho: ella ya hab&iacute;a hecho las paces con su pareja, y no hab&iacute;a motivos para seguirme el juego. Quiz&aacute; hasta me hab&iacute;a invitado s&oacute;lo para darle celos al tipo. Por primera vez sent&iacute; por ella un oscuro rencor. Pero no ser&iacute;a la &uacute;ltima.<\/p>\n<p><strong>4<\/strong><\/p>\n<p>Durante algunos d&iacute;as le habl&eacute; lo justo y necesario. No s&oacute;lo me hab&iacute;a bancado la escenita er&oacute;tica con su novio, sino que despu&eacute;s del concierto, se fue con Andr&eacute;s y sus compa&ntilde;eros a tomar algo, pero no fue capaz de invitarme. Aunque tampoco hubiese aceptado, claro est&aacute;.<\/p>\n<p>Pero de a poco y sin darme cuenta, fui aflojando, y volv&iacute; a tratarla como siempre lo hice, con amabilidad y ternura.<\/p>\n<p>Durante varios meses tuvo con su novio muchas peleas, muchas idas y vueltas. En esos momentos yo aprovechaba para hablarle por chat. &Yacute; ah&iacute; comenc&eacute; a animarme a decirle piropos inocentes: que era muy linda, que me parec&iacute;a la chica m&aacute;s duce del mundo, y esas cosas.<\/p>\n<p>Una de esas tantas noches en donde se hab&iacute;a peleado con su novio, conversaos hasta despu&eacute;s de la medianoche. De a poco ese mont&oacute;n de capas de misterio que la envolv&iacute;an iban cayendo una a una, y lentamente se convert&iacute;a en alguien familiar. Al menos eso pens&eacute; en ese momento. Haciendo gala de su sinceridad, esa noche me pregunt&oacute; por chat &ldquo;&iquest;por qu&eacute; te habl&aacute;s con Andr&eacute;s?&rdquo; Al principio pens&eacute; en hacerme el tonto, pero luego decid&iacute; que era mejor no subestimar su inteligencia. &ldquo;&iquest;Te molesta?&rdquo; Le pregunt&eacute;, mientras me acomodaba detr&aacute;s de mi escritorio. Eran las doce y media de la noche. Hab&iacute;a un silencio profundo que solo se cortaba por los autos que se deslizaban por la avenida que ten&iacute;a frente al edificio. Mientras tanto, yo esperaba sentado a recibir el mensaje que ella me enviar&iacute;a desde varios pisos m&aacute;s arriba. &ldquo;Me parece medio de falso&hellip; o sea, &iquest;vos qu&eacute; onda conmigo?&rdquo; Me qued&oacute; esa pregunta palpitando &iquest;Vos qu&eacute; onda conmigo? Me la repet&iacute;a una y otra vez, buscado la respuesta apropiada. Ahora, desde la distancia, estoy seguro de que las respuestas m&aacute;s atinadas hubieran sido: Me calent&aacute;s mucho, y ahora que tu novio no est&aacute;, me gustar&iacute;a subir a chuparte toda y a cogerte en todas las posiciones que conozco&hellip; Okey, quiz&aacute; eso ser&iacute;a muy exagerado, pero hubiese sido m&aacute;s efectivo que decirle las pavadas que le dije: que era una chica muy especial y muy linda, que todos los d&iacute;as pensaba en ella, y que a pesar del respeto que sent&iacute;a por Andr&eacute;s, mi sentimiento era m&aacute;s fuerte que la culpa, y me hubiese encantado que me d&eacute; una oportunidad.<\/p>\n<p>En fin, que con ese discurso cursi s&oacute;lo me gan&eacute; un &ldquo;Gracias&rdquo;, y los siguientes mensajes no fueron contestados.<\/p>\n<p>Pero lo peor es lo que sucedi&oacute; despu&eacute;s. A trav&eacute;s de la puerta de vidrio vi llegar a un tipo de unos treinta a&ntilde;os. Era pelado, alto, y vest&iacute;a un jean arrugado, y una remera de alg&uacute;n equipo de f&uacute;tbol. Inmediatamente llam&oacute; mi atenci&oacute;n porque los vecinos del edificio no suelen tener visitas a esa hora de la noche. El pelado toc&oacute; el timbre, y enseguida fue atendido por una voz femenina. Inmediatamente despu&eacute;s del intercambio de palabras, me llamaron al intercomunicador. &ldquo;Gabriel, le abr&iacute;s por favor al muchacho que est&aacute; en la puerta&rdquo;. Era Ana. Qued&eacute; petrificado un instante, hasta que ella repiti&oacute; varias veces mi nombre y reaccion&eacute;. &ldquo;Si Ana, ya le abro&rdquo;.<\/p>\n<p>Le abr&iacute; la puerta, a cara de perro. El pelado entr&oacute; con una sonrisa sobradora (o eso me pareci&oacute; a m&iacute;)<\/p>\n<p>Me dije a m&iacute; mismo que no pod&iacute;a ser, que no pod&iacute;a estar pasando lo que estaba pasando. Seguramente se trataba de un amigo. Alguien que vino a consolarla. No pod&iacute;a ser que por una pelea con su novio se hab&iacute;a llevado un chongo para saciarla. Me rehusaba a pensar en ello. Seguramente al d&iacute;a siguiente volver&iacute;a con Andr&eacute;s, como lo hac&iacute;a siempre; no hab&iacute;a terminado con &eacute;l, solo fue una pelea como muchas otras, la Ana que yo conoc&iacute;a (la que yo idealic&eacute;) no traicionar&iacute;a a su novio. No se comportar&iacute;a como una puta.<\/p>\n<p>Pero a pesar de que me lo repet&iacute;a una y otra vez; mientras daba vueltas por el hall, como un loco, no pod&iacute;a sacarme de la cabeza la idea de que ese pelado fanfarr&oacute;n le estaba haciendo todo lo que yo deseaba hacerle. Por alguna absurda raz&oacute;n me sent&iacute;a yo mismo traicionado, como si yo fuese el cornudo, cuya novia, ante la primera excusa, se iba a encamar con otro.<\/p>\n<p>No soportaba m&aacute;s. Mientras pasaban los minutos se hac&iacute;a m&aacute;s fuerte la teor&iacute;a de la infidelidad. Pens&eacute; en una idea de locos, que desech&eacute; enseguida. Pero luego de dar m&aacute;s vueltas de aqu&iacute; para all&aacute;, ya no pens&eacute;, y actu&eacute;, despu&eacute;s de todo, por m&aacute;s demencial que pareciera lo que estaba planeando, no iba a estar tranquilo si no lo pon&iacute;a en pr&aacute;ctica.<\/p>\n<p>As&iacute; que, contra el reglamento, y contra toda l&oacute;gica, dej&eacute; mi puesto solo, y sub&iacute; por escaleras, lentamente, sin hacer ruido, hasta llegar al piso donde viv&iacute;a Ana. Entonces me acerqu&eacute; a su puerta, para intentar escuchar lo que suced&iacute;a adentro. Al principio solo hubo silencio, cosa que no me tranquiliz&oacute;, ya que, si fuese un amigo, deber&iacute;an estar conversando. Pero luego escuch&eacute; una risa femenina, pero no era cualquier risa, era una risa hist&eacute;rica, una risa org&aacute;smica. Y enseguida llegaron los gemidos.<\/p>\n<p>No me pod&iacute;a apartar de la puerta. Los gemidos de Ana me causaban tanto horror como fascinaci&oacute;n. Por un lado, me hac&iacute;an bajar a la tierra; por primera vez me daba cuenta de que Ana no era el ser inmaculado que yo hab&iacute;a imaginado, era una mujer como muchas otras, que sent&iacute;a debilidad por la pija. Por otro lado, me di cuenta que, a pesar de mis celos, me daba cierto morbo o&iacute;r como se la cog&iacute;an otros.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; hasta escucharla acabar. Larg&oacute; un grito que podr&iacute;an o&iacute;r sus vecinos. Volv&iacute; a mi puesto con una potente erecci&oacute;n.<\/p>\n<p><strong>5<\/strong><\/p>\n<p>Pens&eacute; mucho en ello. Estaba decepcionado, o m&aacute;s bien, desilusionado. Pero, de a poco, mi primera reacci&oacute;n, la machista, la que la consideraba una ligerita, una f&aacute;cil, fue reemplazada por un razonamiento que me llev&oacute;, inevitablemente, a pensar que ella estaba en todo su derecho de hacer lo que quisiese. Era cierto que al otro d&iacute;a ya estaba de la mano de su novio, pero &iquest;y qu&eacute;? Quien sab&iacute;a c&oacute;mo la trataba &eacute;l. Seguramente tambi&eacute;n le era infiel, y tal vez ella lo hizo en venganza, para contrarrestar, al menos un poco, tanta humillaci&oacute;n. Quiz&aacute; ese pelado que me cay&oacute; tan mal, era un tipo que sab&iacute;a escucharla y estar cuando ella lo necesitaba. Yo deber&iacute;a seguir su ejemplo, y convertirme en un hombro en el cual llorar, para poder aprovechar el momento justo.<\/p>\n<p>Pero eso s&oacute;lo me convenc&iacute;a por momentos.<\/p>\n<p>Ana segu&iacute;a con la relaci&oacute;n tormentosa con Andr&eacute;s, y cada vez que peleaban, se vest&iacute;a de una manera poco usual en ella, mas apretada, m&aacute;s pintada y con cara de querer guerra. Y yo me preguntaba si se iba a ver con el pelado, o con alg&uacute;n otro.<\/p>\n<p>Mientras tanto yo fing&iacute;a que no pasaba nada, y le hablaba con normalidad, sac&aacute;ndole conversaciones largas e interesantes cada tanto.<\/p>\n<p>Aun as&iacute;, parec&iacute;a inalcanzable, no hab&iacute;a nada que me indicara que ten&iacute;a una oportunidad con ella. Hasta aquella noche&hellip;<\/p>\n<p>Yo sab&iacute;a que se hab&iacute;a peleado con Andr&eacute;s de nuevo, porque no llegaron juntos. Esperaba verla salir en cualquier momento, pero ya eran las dos de la ma&ntilde;ana, y nada.<\/p>\n<p>Entonces suena el intercomunicador. Era Ana.<\/p>\n<p>&mdash;Gabriel, &iquest;ser&aacute; que pod&eacute;s subir un rato?, necesito un favor, va a ser un minuto nada m&aacute;s.<\/p>\n<p>No lo pens&eacute; dos veces. Otra vez ignor&eacute; las directivas y dej&eacute; mi puesto s&oacute;lo. Adem&aacute;s, seguramente se trataba de una tonter&iacute;a, y enseguida volver&iacute;a. Pero no pod&iacute;a desaprovechar la oportunidad de estar a solas con ella, aunque sea solo un rato.<\/p>\n<p>Sub&iacute; hasta su departamento. Ella estaba en el umbral de la puerta, la cual estaba semi abierta.<\/p>\n<p>&mdash;Te esper&eacute; ac&aacute; para que no toques el timbre a estas horas. &mdash;me dijo. Vest&iacute;a un short negro y una remera gris con escote pronunciado.<\/p>\n<p>&mdash;Lindo pijama. &mdash;coment&eacute; y la salud&eacute; con un beso en la mejilla, sintiendo el perfume que desprend&iacute;a su piel. Ella sonri&oacute;, cosa que hizo resaltar sus p&oacute;mulos, y descubri&oacute; un hoyito en los cachetes.<\/p>\n<p>&mdash;Esta ropa vieja solo la uso para dormir. &mdash;dijo, y agreg&oacute;.&mdash; si quer&eacute;s me la quito&hellip; Ven&iacute;, pas&aacute;.<\/p>\n<p>Hice de cuenta que no escuch&eacute; su comentario insinuador, porque me parec&iacute;a imposible que lo dijese en serio. Seguro fue una broma.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; necesitabas? &mdash;le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Quer&iacute;a hablar con vos. &mdash;Me dijo&mdash; sentate. &mdash;se&ntilde;al&oacute; el sof&aacute;.<\/p>\n<p>Ana era impredecible, y yo bastante lento, por lo que no imaginaba qu&eacute; se tra&iacute;a entre manos.<\/p>\n<p>Nos sentamos uno al lado del otro. Ella me ofreci&oacute; algo de tomar, pero yo negu&eacute; con la cabeza. A pesar de su ropa vieja, estaba muy sexy, esas prendas dejaban la mayor parte de sus piernas desnudas. Las descubr&iacute; depiladas, y me pregunt&eacute; si otras partes de su cuerpo tambi&eacute;n lo estaban. En su rostro de ni&ntilde;a peligrosa se dibujaba una sonrisa p&iacute;cara y compradora. Su pelo ondulado estaba suelto, y un mech&oacute;n rebelde ca&iacute;a por delante del hombro, tocando la piel desnuda de sus pechos.<\/p>\n<p>&mdash;Decime&hellip; &mdash;balbuce&eacute;. Ella rio, perversa, y guard&oacute; silencio por unos segundos interminables.<\/p>\n<p>&mdash;Mir&aacute;, vos siempre me dec&iacute;s cosas lindas, y sos bueno conmigo. Pero a m&iacute; no me gusta que me molesten. No me gusta que me manden mensajes todo el tiempo, y tampoco me gusta que te pongas celoso si me ves con un tipo.<\/p>\n<p>&mdash;Pero Ana, yo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;No me digas que no, porque es as&iacute;. &mdash;me interrumpi&oacute;&mdash; Yo estoy mal hace rato con mi novio, y si quiero salir con otros tipos, no ten&eacute;s derecho a mirarme mal.<\/p>\n<p>&ldquo;Otros&rdquo;. El plural me mat&oacute;. &iquest;Hab&iacute;a m&aacute;s tipos aparte de ese pelado que le sac&oacute; un orgasmo despu&eacute;s de la medianoche?<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que necesito que me prometas que te vas a limitar a hacer tu trabajo, y que no te vas a meter en mi vida, y por favor, si sab&eacute;s que estoy con Andr&eacute;s, no me mandes mensajes, porque eso ya me trajo problemas.<\/p>\n<p>Me sent&iacute; muy apesadumbrado. Me hab&iacute;a llamado hasta ah&iacute; s&oacute;lo para poner los puntos sobre las &iacute;es.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; bien. Te prometo que no te voy a molestar. &mdash;susurr&eacute;, ya imagin&aacute;ndome en mi puesto de trabajo, salud&aacute;ndola formalmente como a cualquier otro vecino, y ni pensar escribirle alg&uacute;n mensaje. Era el final de una relaci&oacute;n que nunca empez&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Entonces me lo promet&eacute;s? &iquest;No vas a causarme problemas?<\/p>\n<p>&mdash;Te lo prometo. &mdash;dije, ya parado para irme.<\/p>\n<p>&mdash;Espero que cumplas tu promesa. &iquest;Por qu&eacute; sos tan t&iacute;mido?<\/p>\n<p>&mdash; No s&eacute;. S&oacute;lo soy as&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash; Si te gusto tanto &iquest;Por qu&eacute; no hac&eacute;s algo?<\/p>\n<p>&mdash; Es que no s&eacute; qu&eacute; hacer Ana. &mdash;dije, confundido&mdash; Y menos despu&eacute;s de lo que me acab&aacute;s decir.<\/p>\n<p>&mdash;S&oacute;lo te dije que no me gusta que me molesten &mdash;dijo. Est&aacute;bamos sentados uno al lado del otro, pero ella se acerc&oacute; m&aacute;s, desliz&aacute;ndose como gata, hasta que su pierna desnuda toc&oacute; la m&iacute;a.&mdash; &iquest;Sab&eacute;s por qu&eacute; me llevo mal con Andr&eacute;s? &mdash;susurr&oacute; la felina, poniendo una mano en mi pierna.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;? &mdash;Pregunt&eacute;, con la respiraci&oacute;n agitada. Sintiendo el aroma que desprend&iacute;a su cuerpo. No usaba un perfume en particular, pero ol&iacute;a como si se acabara de ba&ntilde;ar.<\/p>\n<p>&mdash;Porque no me coge tanto como quiero. &mdash;dijo Ana, mir&aacute;ndome a los ojos. Sus labios dibujaron una perversa sonrisa al ver mi expresi&oacute;n al reaccionar a sus palabras tan directas. Sus dedos, se deslizaron, suaves, hacia arriba.<\/p>\n<p>&mdash;Yo te coger&iacute;a todos los d&iacute;as. &mdash;dije por fin.<\/p>\n<p>Ana apret&oacute; por encima de la bragueta de mi pantal&oacute;n, sintiendo c&oacute;mo mi sexo, ya hinchado, se erig&iacute;a hasta quedar duro como piedra, y recto como m&aacute;stil.<\/p>\n<p>&mdash;Mmmm que grande la ten&eacute;s. &mdash;murmur&oacute;, mordi&eacute;ndose el labio inferior. Baj&oacute; el cierre, meti&oacute; la mano, y en un movimiento, como quien manipula una palanca, liber&oacute; mi verga venosa. Acerc&oacute; su rostro. Era el mismo rostro bello, ani&ntilde;ado y angelical con el que muchas veces so&ntilde;&eacute; con darme un beso rom&aacute;ntico, sin embargo, Ana no se acercaba a besarme tiernamente, sino que se dirig&iacute;a a mi sexo, que la esperaba, impaciente.<\/p>\n<p>Lo oli&oacute;. La punta de la nariz toc&oacute; el glande, y un poco de presemen se impregno en ella. Luego lleg&oacute; la gloria. Se meti&oacute; la pija en la boca.<\/p>\n<p>Lo hac&iacute;a como una experta. Varias veces me hab&iacute;a ido de putas, para romper con la abstinencia sexual, pero Ana la mamaba mejor que cualquiera. O quiz&aacute; era el hecho de tener a la chica con la carita m&aacute;s inda del mundo trag&aacute;ndose mi verga, lo que me hac&iacute;a disfrutar como nunca lo hice.<\/p>\n<p>Era una situaci&oacute;n surreal: el cuarto de estar estaba apenas iluminado por una l&aacute;mpara que emanaba una luz mortecina. El peque&ntilde;o cuerpo de Ana recostado sobre el sill&oacute;n, boca abajo, y su abultada cabellera casta&ntilde;a se mov&iacute;a arriba abajo, mientras sus manos h&aacute;biles manipulaban mi verga, y su lengua veloz la saboreaba. Su rostro estaba oculto, s&oacute;lo pod&iacute;a ver el pelo ondulado. Estir&eacute; la mano, tanteando su cuerpo fr&aacute;gil pero peligroso, hasta llegar a sus nalgas. Las sent&iacute; tersas, y duras. Dibuj&eacute; con mi dedo sus formas, y las descubr&iacute; m&aacute;s voluptuosas de lo que imaginaba. Las apret&eacute;, y le di un chirlo, lo que hizo que ella parara de mamarla por un segundo. Yo, prepotente en mi rol de macho, apoy&eacute; mi mano libre sobre su cabellera y la inst&eacute; a continuar. Ella susurr&oacute; &ldquo;te gusta dominar&rdquo; antes de seguir con su mamada. Quiz&aacute; por rencor, o s&oacute;lo por jugar, mordi&oacute; con muy poca fuerza el tronco, mientras que su lengua incansable jugaba con el glande. Yo segu&iacute; manose&aacute;ndole el culo. Arrim&eacute; mi dedo hasta la costura del medio del short, mientras lo hac&iacute;a, la mano se internaba en una profundidad deliciosa. Con la otra mano le corr&iacute; a un lado el pelo, y levant&eacute; un poco su cara. Necesitaba verla, necesitaba saber que lo que suced&iacute;a era real. Ella pareci&oacute; comprender mi apremio morboso, y sin dejar de mirarme, retom&oacute; su m&aacute;gica felatio. Yo me recost&eacute;, poni&eacute;ndome casi totalmente horizontal sobre el sill&oacute;n. S&oacute;lo mi cabeza estaba erguida, apoyada sobre el brazo del mueble. Agarr&eacute; la mayor parte de su pelo, y us&eacute; mis dedos como si fueran una hebilla que los recog&iacute;a. Ahora pod&iacute;a verla perfectamente. Su piel tersa, blanca, y suave, sus ojos marrones desorbitados, mirando los m&iacute;os, sus p&oacute;mulos prominentes, y su mand&iacute;bula abierta, en un gesto que ni siquiera hab&iacute;a intentado so&ntilde;ar, mientras chupaba, gozosa, saboreando la piel gruesa, sintiendo las venas duras, succionando el l&iacute;quido preseminal que ya sal&iacute;a abundante y anunciaba el inminente estallido.<\/p>\n<p>&mdash;Por favor, no pares. &mdash;Alcanc&eacute; a decir, jadeante.&mdash; No pares. &mdash;repet&iacute;, metiendo mano por debajo del short, sintiendo las nalgas desnudas, descubri&eacute;ndolas depiladas, como lo hab&iacute;a imaginado. Si no hubiese estado a punto de acabar, no habr&iacute;a podido evitar com&eacute;rselas a mordiscos y chupones.<\/p>\n<p>&mdash;Avisame si vas a acabar. &mdash;dijo Ana.<\/p>\n<p>En ese momento pens&eacute; que era de las que no les gustaba recibir el semen en la cara. En realidad, lo que no quer&iacute;a era tragarlo. En todo caso, la ignor&eacute;, porque en ese momento mandaba yo, y yo quer&iacute;a acabar encima de ella. En un inusitado acto de violencia, tirone&eacute; su pelo, haci&eacute;ndola gritar, cosa que disfrut&eacute;, y con su rostro apuntando al techo me masturb&eacute; fren&eacute;ticamente, d&aacute;ndole golpes de pija en esa carita de nena tramposa mientras lo hac&iacute;a. La eyaculaci&oacute;n vino enseguida, y fue potente. El chorro blanco y viscoso ensuci&oacute; su cara impoluta y entonces me pareci&oacute; verla, por primera vez, tal cual era en realidad.<\/p>\n<p>Se fue por un pasillo oscuro, sin decir nada. Yo la segu&iacute; y entr&eacute; donde ella hab&iacute;a entrado. Era el ba&ntilde;o. Se estaba lavando la cara. La canilla estaba abierta y el semen se negaba a pasar por los orificios peque&ntilde;os de la pileta. Le pellizqu&eacute; el culo. Hice a un lado su pelo y bes&eacute; su cuello, al tiempo que sent&iacute;a su fragancia fresca.<\/p>\n<p>&mdash;Te gusta mandar. &mdash;Dijo, mientras se secaba con la toalla.&mdash; &iquest;Ten&eacute;s forro? &mdash;pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Abajo, en mi mochila. &mdash;Contest&eacute;. Me arrodill&eacute; y le di un mordisco a una nalga, por encima del short.<\/p>\n<p>Ella se apart&oacute;, casi violenta.<\/p>\n<p>&mdash;Yo ya hice lo que quer&iacute;as. Ahora and&aacute; abajo y busc&aacute; el forro, que yo no tengo, y ven&iacute; a cogerme.<\/p>\n<p>Hice lo que me dijo. Me asegur&eacute; de que nadie anduviera por los pasillos, y baj&eacute;, sigiloso, por las escaleras. Fui al ba&ntilde;o de la planta baja. Me baj&eacute; los pantalones, me puse de punta de pie y acerqu&eacute; mi sexo a la pileta, al tiempo que abr&iacute;a la canilla. Enjuagu&eacute; mi sexo. Me puse jab&oacute;n l&iacute;quido en la mano, y lo frot&eacute; por todo el tronco y el glande. Mientras lo hac&iacute;a record&eacute; la escena que acababa de vivir, y enseguida estuve erecto de nuevo. Me sequ&eacute;, me levant&eacute; el pantal&oacute;n y fui hasta mi puesto. En uno de lo cajones del escritorio estaba mi mochila. De uno de sus bolcillos saqu&eacute; dos preservativos. Me lleg&oacute; un mensaje de Ana &ldquo;te dej&eacute; la puerta abierta, est&aacute; apenas apoyada, empujala y pas&aacute;. No hace falta que toques el timbre. Y no tardes&rdquo; dec&iacute;a. Yo me pregunt&eacute; qui&eacute;n era m&aacute;s mand&oacute;n.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; un rato en mi puesto, asegur&aacute;ndome que todo estuviese normal. No not&eacute; nada extra&ntilde;o en la calle. Ning&uacute;n rostro desconocido rondaba por la zona. Me fui de nuevo a ba&ntilde;o, me mir&eacute; al espejo, me acomod&eacute; la camisa blanca, que estaba debajo del pul&oacute;ver azul. Me pein&eacute; usando mis dedos, y me fui de nuevo al para&iacute;so, por escaleras.<\/p>\n<p>Mientras sub&iacute;a, por momentos, me preguntaba a donde ir&iacute;a a parar todo aquello. A pesar de que en ese momento solo imperaba la lujuria, yo sab&iacute;a que ten&iacute;a muchos sentimientos rom&aacute;nticos por Ana, que no se me iban a ir s&oacute;lo por descubrir que era una cuasi ninf&oacute;mana. &iquest;Acaso ser&iacute;a capaz de cumplir con todas las exigencias que enumer&oacute; antes de bajarme el cierre del pantal&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo iba a hacer para no escribirle? &iquest;C&oacute;mo iba evitar sentirme celoso, si la ve&iacute;a con su novio, o, a&uacute;n peor, con alg&uacute;n otro tipo que la visitara por las noches?<\/p>\n<p>Ahora que conoc&iacute;a el fuego de su interior, mezclado con la ternura sinsentido que albergaba todav&iacute;a por ella, sab&iacute;a que iba ser imposible cumplir con todos aquellos requisitos. Y menos aun sabiendo que ella sent&iacute;a algo por m&iacute; (porque algo habr&iacute;a de sentir &iquest;no?)<\/p>\n<p>Ana ten&iacute;a que ser para m&iacute;. Esta noche ser&iacute;a la primera, pero no pod&iacute;a ser la &uacute;ltima. No. Ni loco ser&iacute;a la &uacute;ltima.<\/p>\n<p>Llegu&eacute; a su departamento. Trat&eacute; de apartar todos esos pensamientos. Ahora solo importaba que me la iba a coger. Empuj&eacute; la puerta, la cerr&eacute; a mis espaldas. Me dirig&iacute; a donde cre&iacute;a que se encontraba su habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Me calienta tu uniforme. &mdash;Me dijo.&mdash; Yo tambi&eacute;n soy morbosa.<\/p>\n<p>Estaba completamente desnuda. Sus tetas, erguidas, eran coronadas por dos pezones rosados, puntiagudos. Su pelvis estaba depilada. Su cuerpo delgado ten&iacute;a cierta musculatura, pero s&oacute;lo lo suficiente, para no perder su femineidad. Se puso boca abajo, y se arrodill&oacute;, ofreciendo el culo.<\/p>\n<p>Me acerqu&eacute; desesperado. Bes&eacute; sus nalgas y lam&iacute; el ano. Me sub&iacute; a la cama, me baj&eacute; los pantalones y me puse el preservativo. Apunt&eacute; mi misil a su cr&aacute;ter palpitante. La agarr&eacute; de las nalgas, e invad&iacute; su cuerpo con mi verga prodigiosa. Primero despacio. Ella arque&oacute; su espalda y gimi&oacute; cuando enterr&eacute; los primeros cent&iacute;metros de carne dura. &ldquo;que linda pija ten&eacute;s&rdquo; susurr&oacute;, anim&aacute;ndome a introducir un pedazo m&aacute;s de pija, con mayor intensidad.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, as&iacute;, cogeme. Mi novio est&aacute; en una cena con amigos, as&iacute; que aprovch&aacute; a cogerme. &mdash; Dijo con morbo y perversidad.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que tu novio no te coge. &mdash;dije yo, sigui&eacute;ndole el juego.&mdash; y no la tiene grande como yo &iquest;no?<\/p>\n<p>Apret&eacute; sus nalgas e increment&eacute; la velocidad y la intensidad de mis movimientos p&eacute;lvicos.<\/p>\n<p>&mdash;No, vos la ten&eacute;s m&aacute;s grande. &mdash;pudo decir Ana, entre jadeos. Su pelo se mov&iacute;a de ac&aacute; para all&aacute; debido a las sacudidas de su cuerpo.&mdash; Y &eacute;l no me coge. No pares de cogerme por favor.<\/p>\n<p>La constante alusi&oacute;n a su novio, inesperadamente me hab&iacute;a excitado a&uacute;n m&aacute;s. Yo era el macho que cabalgaba a Ana, mientras el inocente Andr&eacute;s, ignorante de todo, tomaba unas cervezas con sus amigos, al tiempo que yo gozaba a su mujer. Estuvimos quince minutos burl&aacute;ndonos de &eacute;l. Se escuch&oacute; varias veces el sonido del celular de Ana.<\/p>\n<p>&mdash;Debe ser Andr&eacute;s. Acab&aacute;, acab&aacute; mientras me llama.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de que dijo eso, solo bastaron tres embestidas, para que acabe mientras la penetraba.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; un rato m&aacute;s, charlando. Aprovech&eacute; para besar por todas partes su cuerpo desnudo, pero cuando not&eacute; que ya me estaba calentado de nuevo, me desped&iacute;. Necesitaba ir abajo y asegurarme de que estaba todo bien. Le ofrec&iacute; volver a las cuatro de la ma&ntilde;ana, pero ella me dijo que ya quer&iacute;a dormir, y adem&aacute;s estaba satisfecha.<\/p>\n<p>&mdash;Yo amo a mi novio. &mdash;Dijo, todav&iacute;a desnuda, y con gotitas de transpiraci&oacute;n que perlaban su frente.<\/p>\n<p>No dije nada. Me fui en silencio, consciente de haberme internado en un terreno peligroso, que me pod&iacute;a llevar a la locura. Pero aun as&iacute; estaba seguro de no querer evitar el inminente desastre que esa relaci&oacute;n aparentaba significar.<\/p>\n<p><em>Continuar&aacute;.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 17<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>4 Nota del autor: ya llevo escribiendo varios relatos sobre la mujer que m&aacute;s ha marcado mi vida. Quienes hayan le&iacute;do algunos de ellos, sabr&aacute;n que hablo de Ana. Si bien las historias son en su mayor parte ficticias, hay algo en ellas que s&iacute; es muy real: la personalidad de Ana. 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