{"id":18547,"date":"2018-08-13T22:00:00","date_gmt":"2018-08-13T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-08-13T22:00:00","modified_gmt":"2018-08-13T22:00:00","slug":"18547-la-historia-de-ana-capitulo-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/18547-la-historia-de-ana-capitulo-3\/","title":{"rendered":"La historia de Ana (Cap\u00edtulo 3)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"18547\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>1<\/p>\n<p>Hab&iacute;a descubierto que me excitaba mucho que Ana me cuente sus relaciones con otros. Sin embargo, los celos no se desvanec&iacute;an. Despu&eacute;s de disfrutar de escuchar con sus propias palabras c&oacute;mo la pose&iacute;an, me embargaba una calentura asfixiante que apaciguaba cogi&eacute;ndola, bes&aacute;ndola, chup&aacute;ndola, devor&aacute;ndola&hellip; usaba su cuerpo como un juguete sexual. Pero al otro d&iacute;a, cuando estaba s&oacute;lo en mi casa, me embargaba una angustia insoportable, que no me permit&iacute;a conciliar el sue&ntilde;o tranquilamente. Le mandaba mensajes a todas horas, y cuando no contestaba enseguida, me hac&iacute;a la cabeza pensando que estaba con otros. &iquest;Cu&aacute;nto tardar&iacute;a en caer ante viejos aprovechados como Juan Alberto? &iquest;Y aquellos tres chicos que la chantajeaban? Esa noche me cont&oacute; toda la incre&iacute;ble historia. Tres pendejos de dieciocho a veinte a&ntilde;os abusando a su antojo de una hembra de veintisiete. El sue&ntilde;o del pibe hecho realidad. &ldquo;Ya me voy a deshacer de ellos&rdquo; hab&iacute;a dicho Ana, luego de que yo le repitiera una y otra vez que no se pod&iacute;a dejar extorsionar por tres nenes de mam&aacute; que se pensaban que pod&iacute;an hacer lo que quisieran con una mujer. &ldquo;No te preocupes, no voy a dejar que me molesten m&aacute;s&rdquo; me repiti&oacute;, y luego ya no quiso hablar m&aacute;s del tema. No quise insistir, pero en cambio le enviaba mensajes con cualquier pretexto, y al no recibir respuesta, autom&aacute;ticamente la visualizada desnuda, a merced de tres adolescentes caprichosos, y manipuladores que jugaban con su cuerpo como yo mismo lo hac&iacute;a. Me preguntaba si era cierto todo lo que me hab&iacute;a contado. &iquest;Realmente la extorsionaban? &iquest;O ella participaba sin reticencias en esa org&iacute;a?<\/p>\n<p>No tuve oportunidad de preguntarle nuevamente eso, porque de repente, ya no contestaba mis mensajes. Quer&iacute;a saber en qu&eacute; momento se ve&iacute;a con esos pibes, para aparecer de sorpresa y asustarlos, pero ella era reacia a que yo intervenga. &ldquo;Ya no me van a molestar m&aacute;s, no te preocupes&rdquo; fue su respuesta la &uacute;ltima vez que insist&iacute; con eso. &ldquo;Y ya te dije que no me gusta que me manden mensajes a cada rato&rdquo; me puso, y luego de ese mensaje, me tuvo castigado por varias semanas.<\/p>\n<p>Un d&iacute;a reapareci&oacute; Andr&eacute;s, su novio. Quien los viera de la mano, tan j&oacute;venes y lindos, no imaginar&iacute;an la relaci&oacute;n tormentosa que ten&iacute;an. Andr&eacute;s me daba l&aacute;stima. Aunque &eacute;l ten&iacute;a ciertas sospechas, no ten&iacute;a idea de las dimensiones de las infidelidades de Ana. &iquest;C&oacute;mo reaccionar&iacute;a si le contara que Ana se hab&iacute;a encamado con dos viejos de cincuenta a&ntilde;os, y que se acuesta con tres pendejos reci&eacute;n salidos de la escuela?<\/p>\n<p>Uno de esos s&aacute;bados en que me toc&oacute; trabajar durante el d&iacute;a, lo vi llegar al edificio. Me salud&oacute;, alegre. Entonces record&eacute; que hab&iacute;amos tenido muchas charlas amenas, y que, ante sus ojos, &eacute;ramos casi amigos. Conversamos un rato de banalidades. Me cont&oacute; que ya le faltaba poco para recibirse de contador, y que hab&iacute;a conseguido un trabajo nuevo, ya lejos de las alas de su padre. Pero, de repente su voz se convirti&oacute; en un susurro y su rostro tom&oacute; un aspecto grave.<\/p>\n<p>&mdash; Y con respecto a lo que te ped&iacute; Gabi&hellip; &iquest;viste algo?<\/p>\n<p>Tard&eacute; en darme cuenta de a qu&eacute; se refer&iacute;a, hasta que record&eacute; que me hab&iacute;a pedido que le informe si Ana sal&iacute;a por las noches.<\/p>\n<p>&mdash; La verdad que no la vi salir en ning&uacute;n momento, salvo para comprar algo. &mdash; Le dije. En realidad, era la verdad. En los diez d&iacute;as que estuvieron peleados Ana no sali&oacute; por la noche. Sin embargo, s&iacute; recib&iacute;a visitas en su departamento. Yo mismo tuve la suerte de calentar su cama mientras Andr&eacute;s estaba quien sabe d&oacute;nde.<\/p>\n<p>&mdash; Bueno gracias. Ojal&aacute; que ahora estemos bien por mucho tiempo. &mdash; dijo, con una sonrisa melanc&oacute;lica.<\/p>\n<p>De repente lleg&oacute; Ana, saliendo del ascensor. Era un d&iacute;a primaveral, as&iacute; que llevaba una pollera celeste, suelta, y una blusa blanca. Su pelo casta&ntilde;o ondulado aparec&iacute;a suelto. Me salud&oacute; con un movimiento de cabeza, haci&eacute;ndose la tonta, y luego se dirigi&oacute; a su novio.<\/p>\n<p>&mdash; Hola mi amor. &mdash; se abraz&oacute; a &eacute;l, y le dio un innecesario beso de lengua. &mdash; Vamos. &mdash; dijo. Era evidente que le resultaba inc&oacute;modo estar con su novio y su amante juntos.<\/p>\n<p>&mdash; Dale, vamos. Chau Gaby. &mdash; dijo Andr&eacute;s, mientras era llevado de los brazos por Ana, casi a rastras. Pero de repente, justo antes de cruzar la puerta, par&oacute;. &mdash; Ah esper&aacute; amor. &mdash; le dijo a su novia, y se acerc&oacute; de nuevo a m&iacute;. &mdash; Gaby &iquest;a vos te gust&oacute; el concierto al que fuiste la otra vez, no?<\/p>\n<p>Me acord&eacute; del concierto. Salvo por la presencia de Andr&eacute;s, me hab&iacute;a resultado aburrido. Adem&aacute;s, tuve que soportar verlos haci&eacute;ndose mimos, y luego se fueron con sus amigos, y me dejaron plantado.<\/p>\n<p>&mdash; S&iacute;, me gust&oacute;. &mdash; Ment&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash; Tom&aacute;. &mdash; dijo Andr&eacute;s, sac&oacute; un papel de su bolcillo. Era una entrada para un concierto. &mdash; Si pod&eacute;s and&aacute; a verla. Tocan Mozart. &mdash; Dijo.<\/p>\n<p>Ana me mir&oacute; mientras Andr&eacute;s todav&iacute;a le daba la espalda. Movi&oacute; la cabeza, como diciendo no aceptes. Se la notaba muy inc&oacute;moda. Me daba gracia.<\/p>\n<p>&mdash; Dale, justo ma&ntilde;ana tengo franco. &mdash; contest&eacute;, agarrando la entrada.<\/p>\n<p>2<\/p>\n<p>Esa noche chate&eacute; con ambos. Mientras Ana trataba de convencerme de que no era una buena idea que vaya al concierto, Andr&eacute;s me propon&iacute;a que viajemos juntos al Teatro Avenida, que era donde se daba la funci&oacute;n. A ella le contest&eacute; que no sea tonta, que deb&iacute;amos actuar normalmente para que no sospeche nada. Y a &eacute;l le contest&eacute; que me parec&iacute;a fant&aacute;stica la idea de viajar juntos.<\/p>\n<p>Era un domingo soleado. Bastante caluroso. Me vest&iacute; con una camisa azul con lunares blancos, y un pantal&oacute;n de jean bien planchado, era lo m&aacute;s elegante con que me pod&iacute;a disfrazar. Andr&eacute;s apareci&oacute; con un traje gris, elegante, camisa blanca, impecable, sin corbata, y zapatos bien lustrados. Desped&iacute;a la fragancia de un perfume importado. Era delgado, rubio, y a pesar de ser hombre, yo era capaz de admirar su belleza, y sabiendo que se trataba de un chico amable e inteligente, pod&iacute;a comprender por qu&eacute; Ana lo prefer&iacute;a, al menos en una relaci&oacute;n formal. Ella llevaba un vestido negro, ce&ntilde;ido, que le llegaba un poco por encima de las rodillas. No ten&iacute;a escote, pero los pechos se marcaban en la delicada tela. Un cintur&oacute;n fino y elegante divid&iacute;a la prenda en dos partes, y marcaban sus generosas curvas. Su pelo estaba recogido, dejando, una vez m&aacute;s, su rostro de nena linda completamente a la vista. De sus orejas colgaban dos aros dorados que le daban cierto aire ni&ntilde;a rica. Me gustaba verla as&iacute;, tan prolija, tan inmaculada. Parec&iacute;a esas princesas europeas que se ve&iacute;an obligadas a vestirse con cierto recato, pero, de alguna manera, encontraban la forma de verse incre&iacute;blemente sensuales. Me dieron ganas de com&eacute;rmela a besos, de arrancarle el vestido, hasta hacerlo hilachas, y de violar su carita con mi verga venosa, y met&eacute;rsela hasta la garganta, y hacerla lagrimear hasta que se corriera su maquillaje.<\/p>\n<p>Ninguno ten&iacute;a auto, as&iacute; que fuimos primero en colectivo, y luego en subte. Ana no hablaba mucho. No sab&iacute;a esconder su inquietud. Andr&eacute;s, por su parte, no parec&iacute;a notar nada raro y no paraba de conversarme. Record&eacute; que alguna vez Ana me dijo que mis mensajes intempestivos le hab&iacute;an causado alg&uacute;n inconveniente con su novio. Pero mientras hablaba, simp&aacute;tico y entrador, no parec&iacute;a albergar la menor sospecha acerca de m&iacute;.<\/p>\n<p>En el subte, por alg&uacute;n motivo, comenc&eacute; a rememorar la &uacute;ltima noche que estuve con Ana. Ella me hab&iacute;a confesado muchas cosas: primero, su encuentro con Juan Alberto y con el otro viejo del que ni siquiera sab&iacute;a su nombre. Pero lo que m&aacute;s me llam&oacute; la atenci&oacute;n, fue lo que me cont&oacute; luego de que termin&eacute; de comerle la concha. &iquest;Con qui&eacute;n m&aacute;s te ves, aparte de m&iacute;? Le hab&iacute;a preguntado. &ldquo;Con tres pendejos&rdquo;, me dijo.<\/p>\n<p>El subte iba muy cargado, y deb&iacute;amos viajar parados. A medida que recordaba sent&iacute;a c&oacute;mo mi sexo se hinchaba. Quise concentrarme para que me baje la calentura, pero ver a Ana bes&aacute;ndose con Andr&eacute;s no contribuy&oacute; a eso. Aquella noche estaba ansioso por conocer sus secretos, pero primero hice que me diera una mamada. Era lo justo, despu&eacute;s de haberla hecho acabar s&oacute;lo usando mi lengua, y ella estaba de acuerdo, por lo que no dud&oacute; en llevarse a la boca mi verga que ya desped&iacute;a el l&iacute;quido transparente y viscoso. Era incre&iacute;ble que la misma mujer que ahora trataba con exagerado cari&ntilde;o a su novio, hace poco se hab&iacute;a acostado con al menos tres tipos, en menos de una semana. Una vez que acab&eacute;, manipul&eacute; su cuerpo como si no fuese m&aacute;s que una mu&ntilde;eca. La puse sobre mi regazo, como los padres que les dan nalgadas a sus hijos. Pero yo en cambio acarici&eacute; la raya de culo, y una vez que mi &iacute;ndice se posicion&oacute; sobre el ano, introduje una falange.<\/p>\n<p>&mdash; Contame. &mdash; le exig&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash; Qu&eacute; cosa.<\/p>\n<p>&mdash; Contame de esos pendejos. &mdash; le dije, y el dedo perfor&oacute; unos mil&iacute;metros m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Para qu&eacute; quer&eacute;s saber esas cosas? &iquest;Te calienta saber que me cogen otros?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Contame! &mdash; orden&eacute;, introduciendo el dedo en su totalidad. Ana dio un respingo y gimi&oacute;. &mdash; Contame todo. &mdash; repet&iacute;.<\/p>\n<p>Y entre jadeos, de manera entrecortada por mis continuas penetraciones con el dedo, y los sonidos de mi pu&ntilde;o chocando con sus nalgas cuando se lo met&iacute;a hasta lo m&aacute;s profundo; Transpirada, y obediente, Ana me dijo&hellip;<\/p>\n<p>&ldquo;hace un par de meses que doy clases de viol&iacute;n en la orquesta juvenil San Mart&iacute;n. Ah&iacute; lo conoc&iacute; a Federico. Ya te cont&eacute; de &eacute;l. Me agarr&oacute; un d&iacute;a con la guardia baja y pas&oacute; lo que pas&oacute;. Si Gaby, cogimos, a eso me refiero. Pero a los pocos d&iacute;as vino con unos amigos a mi departamento. Uno de ellos hab&iacute;a hablado conmigo por tel&eacute;fono para tomar clases de viol&iacute;n ac&aacute; en casa. &iquest;Viste que doy clases ac&aacute;? Ay s&iacute; Gaby, me gusta por el culo. Vino a tomar las supuestas clases, pero el pendejo no trajo ni viol&iacute;n siquiera, y no vino s&oacute;lo. Estaba Federico y otro pibito m&aacute;s. Son unos nenes. Federico es el m&aacute;s grande e igual es un pendejo. Pero los otros son unos nenes reci&eacute;n salidos de la secundaria. No puedo creer que hayan tenido el valor de apurarme as&iacute;. &iquest;Qu&eacute; quieren, Federico? Pregunt&eacute;, porque ya me ve&iacute;a venir algo malo. Federico se rio como un perverso, y eso que en clases se porta tan bien, es todo un se&ntilde;orito. Yo los hab&iacute;a hecho pasar. No s&eacute; porqu&eacute; fui tan tonta, pero los hice pasar, y ya estaban los tres en mi departamento. Me dio miedo. Eran chicos, pero eran tres. Me miraban de arriba abajo, como si fuese una puta. Para colmo ten&iacute;a la ropa en la lavander&iacute;a, y lo &uacute;nico decente que ten&iacute;a para ponerme era un vestido floreado, con la espalda desnuda. Demasiado sexy para una clase de viol&iacute;n, pero no pod&iacute;a recibir a un alumno as&iacute; nom&aacute;s. No, no me digas as&iacute; Gaby, no soy una puta. No me puse esa ropa a prop&oacute;sito. Dentro de todo no es tan desubicada. El vestido es suelto y me llega hasta las rodillas. &iquest;Qu&eacute; quieren? Repet&iacute;, tratando de sonar amenazante, pero los pendejos se cagaron de risa. &ldquo;Mir&aacute; esto profe&rdquo;, dijo el hijo de puta de Federico, y me mostr&oacute; las fotos del celular. No sab&eacute;s c&oacute;mo me arrepiento de hab&eacute;rmelo cogido, ya sab&iacute;a que estar con un pendejo era para quilombo, pero no imagin&eacute; que iba a llegar a tanto. Me qued&eacute; petrificada. &iquest;Qu&eacute; quieren? Pregunt&eacute; de nuevo. Estaba asustada, porque ya sab&iacute;a lo que quer&iacute;an. En serio lo digo. Estaba asustada. Siempre tengo miedo de que se pongan loquitos y me lastimen la cara. &iquest;Qu&eacute; c&oacute;mo eran los pibes? No entiendo para qu&eacute; quer&eacute;s saber eso Gaby. Federico es morocho, de pelo corto, tipo militar, y aunque es flaco tiene bastante m&uacute;sculo. El que iba a tomar las supuestas clases de viol&iacute;n era un pendejito rubio, flaco y desgarbado, de ojos celestes. Yo pens&eacute; que era de quince a&ntilde;os, pero despu&eacute;s me enter&eacute; de que tiene dieciocho. El tercero parec&iacute;a t&iacute;mido. Pelito cort&oacute; con un jopito. Parec&iacute;a que no quer&iacute;a estar ah&iacute;. Los otros dos les habr&aacute;n vendido que yo era f&aacute;cil, pero cuando me vio asustada dijo &ldquo;parece que no quiere chicos, d&eacute;jenla en paz&rdquo;. Pero Federico lo hizo callar, y se me acerc&oacute;. &ldquo;yo s&eacute; que te gustan estas cosas&rdquo;, me dijo. Yo le dije que lo que pas&oacute; entre nosotros fue una cosa del momento y nada m&aacute;s. &ldquo;Si no hac&eacute;s lo que queremos, voy a mandar a todos los chicos de la orquesta tus fotitos, profe&rdquo; me dijo, el muy hijo de puta.<\/p>\n<p>Yo no sab&iacute;a qu&eacute; hacer. No quer&iacute;a gritar. Sab&iacute;a que si lo hac&iacute;a me iban a hacer callar y a tomar por la fuerza. Federico me acarici&oacute; las piernas. Me dio escalofr&iacute;os sentir sus dedos desliz&aacute;ndose por mi muslo, como unas lombrices que sub&iacute;an lentos hasta mi sexo. Me levant&oacute; el vestido. Yo no hice nada. Ya no hab&iacute;a nada para hacer. No pod&iacute;a pelear con tres pibes, fuertes y &aacute;giles. Ya sab&eacute;s lo d&eacute;bil que soy. Adem&aacute;s, si en la orquesta ve&iacute;an las fotos&hellip; No me puedo quedar sin ese trabajo Gaby, aunque me paguen poco.<\/p>\n<p>El pendejito rubio se acerc&oacute;, y no tard&oacute; en meterme mano por detr&aacute;s. Se nota que no estaban acostumbrados a estar con una mujer, me tocaban el culo y las piernas muy torpemente. El rubio me lami&oacute; la espalda, y Federico me levant&oacute; el vestido hasta que mi bombacha blanca qued&oacute; a la vista. &ldquo;&iquest;ves c&oacute;mo se deja?&rdquo; Le dijo al chico t&iacute;mido que no quer&iacute;a participar. Yo lo mir&eacute; como dici&eacute;ndole que me ayude, pero al mismo tiempo me dejaba toquetear por los otros dos sin hacer nada, por lo que el pibito pareci&oacute; confundido. &ldquo;Qu&eacute; lindo culo tiene tu profesora&rdquo; dijo el rubito, regode&aacute;ndose en el hecho de que el otro hijo de puta era mi alumno. Y pensar que al otro d&iacute;a ten&iacute;a que verlo en el ensayo&hellip; el rubito empez&oacute; a tironearme la bombacha, pero Federico dijo &ldquo;No, par&aacute;, dijimos que no la &iacute;bamos a coger de entrada&rdquo;. El rubito obedeci&oacute;, y volvi&oacute; a subirme la bombacha, estir&oacute; el el&aacute;stico y lo solt&oacute;, s&oacute;lo para molestarme. &iquest;Te imagin&aacute;s, un pendejito, nenito de mam&aacute; jugando con la bombacha de una mujer? Se habr&aacute; cre&iacute;do todo poderoso el imb&eacute;cil.<\/p>\n<p>Federico me sac&oacute; el vestido. Qued&eacute; solamente con la bombacha y el corpi&ntilde;o. &ldquo;&iquest;d&oacute;nde est&aacute; el cuarto profe?&rdquo; No contest&eacute;, pero el departamento tampoco es muy grande que digamos. Lo encontraron enseguida. Mientras me llevaban hasta ah&iacute;, el rubito no paraba de pellizcarme el culo, parec&iacute;a nene con juguete nuevo. &ldquo;No me lastimen&rdquo; les supliqu&eacute;. &ldquo;Hago lo que quieran, pero no me lastimen, y borren las fotos por favor&rdquo;. Los dos pendejos sonrieron perversamente. Les encantaba tener el control, igual que vos Gaby. &ldquo;As&iacute; me gusta profe, que seas una putita sumisa&rdquo; dijo el rubito.<\/p>\n<p>El otro chico estaba en el umbral de la puerta. Hab&iacute;a escuchado todo. Yo me preguntaba si se iba a animar a hacerle frente a sus dos amigos antes de que empiecen a violarme. &ldquo;tirate a la cama, boca abajo&rdquo; me dijo Federico. Me di vuelta, me tir&eacute; a la cama y cerr&eacute; los ojos. Enseguida sent&iacute; las manos manose&aacute;ndome de nuevo. Me estrujaban el culo y las tetas muy violentamente. Despu&eacute;s empezaron a lamerme: la espalda, las piernas, la cola. Sobre todo la cola. Cada tanto me daban mordiscos fuertes. Por culpa de esas mordidas tuve que hacerme la enojada con Andr&eacute;s por m&aacute;s d&iacute;as de lo pensado porque ten&iacute;a las nalgas marcadas.<\/p>\n<p>De repente sent&iacute; que a las dos bocas que me devoraban se le sumaba una tercera que, despu&eacute;s de correrme el pelo, me chupaba el cuello. El tercer pibito, el t&iacute;mido, el que era reacio a abusar de m&iacute;, el &uacute;nico que pod&iacute;a llegar a defenderme, se hab&iacute;a sumado a la violaci&oacute;n. Si, ya s&eacute;, habr&aacute; pensado que ya me empezaba a gustar, pero igual me decepcion&oacute;.<\/p>\n<p>Me devoraban como si fuese comida. No hubo lugar de mi cuerpo que no lamieran. Me sacaron la bombacha, y me desabrocharon el corpi&ntilde;o. En un momento me sobresalt&eacute; imaginando que podr&iacute;an estar tomando otras fotos. Pero ya era demasiado tarde para tomar precauciones. Sent&iacute; que un cuerpo se deslizaba por el colch&oacute;n. Era uno de los pendejos que se sent&oacute; a la cabecera de la cama, al lado de mi cabeza. Me agarr&oacute; del ment&oacute;n y me levant&oacute; la cara. No s&eacute; cu&aacute;l de los tres era, no quise verlo, s&oacute;lo abr&iacute; los ojos y vi una verga, no levant&eacute; m&aacute;s la mirada. Por la forma, delgada y blanca, supongo que era la del rubito. Adem&aacute;s, &eacute;l era el m&aacute;s impaciente. La pija ya hab&iacute;a largado mucho presemen. La agarr&eacute;. No ten&iacute;a sentido negarme, ya estaba a merced de esos pendejitos degenerados. Se la chup&eacute;, con rabia. Presion&eacute; la cabeza con los labios y le di leng&uuml;etadas veloces. El pibito hizo un sonido mezcla de placer y dolor. Nunca le hab&iacute;an chupado la pija as&iacute;. Mientras se la mamaba, los otros no paraban de chuparme la cola, parec&iacute;an m&aacute;s ansiosos por disfrutarme y por observar c&oacute;mo se la chupaba a su amigo, que por desahogar r&aacute;pido su calentura.<\/p>\n<p>El pendejito se vino enseguida. Larg&oacute; dos chorros calientes y pegajosos en mi cara. No s&eacute; qu&eacute; mambo tienen los tipos con eyacularnos en la cara, pero a todos les encanta. A vos tambi&eacute;n &iquest;no?<\/p>\n<p>Cerr&eacute; los ojos de nuevo. Quer&iacute;a que me cojan y se vayan de una vez. Pero todav&iacute;a no me iban a coger. Me hicieron darme vuelta. Dos de ellos (supongo que a los que no se la hab&iacute;a chupado) se pararon sobre el colch&oacute;n, a mis costados. Escuch&eacute; los chasquidos de la masturbaci&oacute;n de una pija mojada, todav&iacute;a con mis ojos cerrados. Parece que tanto chuparme los hab&iacute;a excitado demasiado y no aguantaban m&aacute;s. Enseguida sent&iacute; las dos eyaculaciones, casi al mismo tiempo, ba&ntilde;ando mis tetas y parte de mi cara. &ldquo;Mirala a la profe, toda llena de leche, hecha una puerca&rdquo; Dijo el rubito agrandado. No les bastaba con cogerme, les gustaba humillarme. Igual que a vos Gaby.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s me pusieron en cuatro. Discutieron un rato en qu&eacute; turno me iban a violar. Federico y el rubio quer&iacute;an ser los primeros. Jugaron a piedra, papel, o tijeras. &ldquo;al mejor de tres&rdquo; dijeron, y yo, con los ojos cerrados y la cola levantada, escuchaba c&oacute;mo se disputaban mi cuerpo, como si fuese un trofeo.<\/p>\n<p>Gan&oacute; el rubito. Me cogi&oacute; con esa pija delgada. A esa edad tienen mucha energ&iacute;a. Yo mord&iacute;a las s&aacute;banas para no gemir, pero cuando me la met&iacute;a con toda, no pod&iacute;a disimular. Adem&aacute;s, ya me empezaba a mojar. &ldquo;miren, la putita larga juguitos&rdquo; dijo el rubito, metiendo un dedo para comprobarlo. Y as&iacute; estuvieron un par de horas Gaby. No duraban mucho. Diez minutos como m&aacute;ximo. Pero apenas terminaba uno, el otro ya me met&iacute;a la pija dura. Fue como si un solo tipo me cogiese por dos horas. Si Gaby. Me hicieron acabar. No soy de madera. Tantas estimulaciones en mi sexo, por tanto tiempo, me hicieron acabar dos o tres veces. &ldquo;Al final te est&aacute; gustando putona&rdquo; dijo el infeliz de Federico. &ldquo;Vamos a venir a culearte seguido&rdquo;.<\/p>\n<p>Cuando uno estaba a punto de acabar, se quitaba el forro, y mientras el otro se acomodaba para penetrarme, se pon&iacute;a encima de mi cara y me largaba toda la leche. Nunca me hab&iacute;an acabado tantas veces en la cara. &iquest;Cu&aacute;ntas? No s&eacute; Gaby. Siete u ocho veces. Las s&aacute;banas quedaron hechas un enchastre.<\/p>\n<p>Me dejaron muy cansada. Creo que me desmay&eacute;. Cuando despert&eacute; ya no estaban. &iquest;Qu&eacute;? No, Gaby, no fue la &uacute;ltima vez que estuve con ellos, si no borraron las fotos los hijos de putas. Pero ya te dije que ya me los voy a sacar de encima, vos no te metas. S&iacute;, met&eacute;mela en el culo. Ya me lo dejaste bien dilatado&hellip;&rdquo;<\/p>\n<p>No pod&iacute;a saber cu&aacute;nto de lo que me hab&iacute;a dicho era cierto. Ella sab&iacute;a que, al contarme esas historias, lograba excitarme como nunca. Pero aun as&iacute; supuse que la mayor parte era real. Aunque no la consideraba una mujer f&aacute;cilmente manipulable. Era dif&iacute;cil creer que se dejaba chantajear por tres pibitos. Parec&iacute;a una ficci&oacute;n, al menos esa parte &iquest;o no?<\/p>\n<p>Me di cuenta que ten&iacute;a una erecci&oacute;n. Adem&aacute;s, ensimismado en mis recuerdos me hab&iacute;a olvidado en d&oacute;nde estaba. Ana estaba abrazada con Andr&eacute;s, a los besos, mientras el subte daba una curva pronunciada por el t&uacute;nel oscuro. &iquest;C&oacute;mo una mujer, en apariencia tan cari&ntilde;osa y devota de su novio era capaz de vivir las experiencias que dec&iacute;a haber experimentado? Pero lo cierto era que yo mismo formaba parte de esas experiencias. &iquest;Cu&aacute;ntas mujeres se acuestan con el vigilador del edificio cuando su novio no est&aacute;? Adem&aacute;s, &iexcl;c&oacute;mo se burlaba de &eacute;l cada vez que yo la pose&iacute;a! Y ni hablar de lo que hac&iacute;a ahora, mostr&aacute;ndose cari&ntilde;osa, y fiel, como si en el mundo no existiera nadie m&aacute;s que ella y su novio, abrazados, casi fusionados, mientras su amante los observaba a apenas unos cent&iacute;metros. Todo resultaba tan inveros&iacute;mil, que no me qued&oacute; otra que asumir que todas las otras historias que me cont&oacute;, por m&aacute;s inveros&iacute;miles que parec&iacute;an, tambi&eacute;n eran reales.<\/p>\n<p>El subterr&aacute;neo lleg&oacute; a la estaci&oacute;n Diagonal Norte, y subieron un mont&oacute;n de pasajeros. Era incre&iacute;ble el caudal de gente que hab&iacute;a para ser domingo. Probablemente hab&iacute;a muchas actividades para hacer en el centro. Sent&iacute; mi cuerpo empujado a un rinc&oacute;n, al tiempo que Ana y Andr&eacute;s, inseparables, eran arrastrados por la marea humana en la misma direcci&oacute;n donde yo estaba. Apenas pod&iacute;amos movernos. Ellos, como si nada, segu&iacute;an charlando en susurros, bes&aacute;ndose cari&ntilde;osos. Me molest&oacute; tanta cursiler&iacute;a, y m&aacute;s me molest&oacute; el hecho de que Ana me ignorase durante todo el viaje. Hab&iacute;a quedado justo a su espalda. Lo ve&iacute;a a Andr&eacute;s tan ciego, que me indignaba. &iquest;C&oacute;mo no se daba cuenta de con qui&eacute;n estaba? &iquest;Y por qu&eacute; no la dejaba libre, as&iacute; yo no ten&iacute;a que esperar a que estuvieran peleados para disfrutar de su sexo? Haciendo un poco de fuerza, liber&eacute; una de mis manos, que estaba aprisionada contra la puerta, debido a la presi&oacute;n de tantos cuerpos en un lugar tan reducido. Primero acarici&eacute; la tela aterciopelada del vestido negro de Ana. Andr&eacute;s le deba piquitos dulces en la boca. Luego abr&iacute; mi mano y palp&eacute; su trasero. &ldquo;&iquest;es la pr&oacute;xima estaci&oacute;n, no?&rdquo; Pregunt&eacute;, mientras mov&iacute;a arriba abajo las manos, deslizando las yemas de los dedos sobre el culo divino de Anita. Ella no dec&iacute;a nada, as&iacute; de puta era. &ldquo;S&iacute;, en la pr&oacute;xima nos bajamos&rdquo; dijo el iluso de Andr&eacute;s, que a pesar de estar frente a m&iacute;, no se daba cuenta de nada. Entonces le pellizqu&eacute; el culo a Ana con fuerza. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; pasa mi amor?&rdquo; Pregunt&oacute; Andr&eacute;s, cuando ella dio un peque&ntilde;o respingo. &ldquo;No, nada&rdquo; dijo ella. Deslic&eacute; mi mano, abajo, despacio. Levant&eacute; el vestido, y llegu&eacute; al muslo. Me qued&eacute; ah&iacute;, deleit&aacute;ndome, hasta que llegamos a la siguiente estaci&oacute;n. Si le faltaba algo a Andr&eacute;s para que se reciba de cornudo profesional, era que manoseen a su novia en sus propias narices.<\/p>\n<p>Continuar&aacute;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Hab&iacute;a descubierto que me excitaba mucho que Ana me cuente sus relaciones con otros. Sin embargo, los celos no se desvanec&iacute;an. Despu&eacute;s de disfrutar de escuchar con sus propias palabras c&oacute;mo la pose&iacute;an, me embargaba una calentura asfixiante que apaciguaba cogi&eacute;ndola, bes&aacute;ndola, chup&aacute;ndola, devor&aacute;ndola&hellip; usaba su cuerpo como un juguete sexual. 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