{"id":18552,"date":"2018-08-14T22:00:00","date_gmt":"2018-08-14T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-08-14T22:00:00","modified_gmt":"2018-08-14T22:00:00","slug":"18552-elena-y-el-banista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/18552-elena-y-el-banista\/","title":{"rendered":"Elena y el ba\u00f1ista"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"18552\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Entre las toallas y sombrillas, los Danielsson encontraron un hueco en la orilla de la playa, cerca de donde se alquilaban los patinetes de playa.<\/p>\n<p>Nada m&aacute;s llegar, los dos hijos se quitaron la ropa, que tiraron sobre la arena, y se fueron al agua. El padre se sac&oacute; la camiseta, que tambi&eacute;n arroj&oacute; al suelo, y se qued&oacute; con su oronda tripa mirando al mar. La madre, Elena, descarg&oacute; el pesado bolso familiar, sac&oacute; y extendi&oacute; las toallas, recogi&oacute; la ropa tirada en la arena, la dobl&oacute; y la meti&oacute; ordenadamente en el bolso. Cuando termin&oacute;, se dispuso a sacarse su ropa. Primero la parte superior, dos peque&ntilde;as y firmes tetas, se escond&iacute;an tras el bikini. La cintura era estrecha y en la panza apenas se adivinaba un poco de grasa alrededor del ombligo.<\/p>\n<p>Elena se sent&iacute;a inc&oacute;moda si alguien la observaba a causa de la celulitis, que daba forma de abombado coraz&oacute;n a su trasero y sus muslos eminentes, embutidos en el pantal&oacute;n. Por eso siempre se desabrochaba el pantal&oacute;n de pie para luego sentarse y sac&aacute;rselo de forma pudorosa.<\/p>\n<p>Presinti&oacute; una mirada a su espalda y no pudo evitar girarse. Desde una toalla cercana, un ba&ntilde;ista la contemplaba, sus miradas se cruzaron, &eacute;l no la apart&oacute;, sinti&oacute; que la ojeaba, no con la malsana curiosidad con la que todos le miraban su enorme culo, sino con deseo y ella agradeci&oacute; aquella mirada que le evit&oacute; la incomodidad, se volvi&oacute; y continu&oacute; sac&aacute;ndose los pantalones de pie lentamente, regal&aacute;ndole un casi striptease al privilegiado espectador.<\/p>\n<p>Su marido segu&iacute;a, con la mirada aburrida de un domingo sin f&uacute;tbol, pensando en que har&iacute;a el Madrid sin Cristiano Ronaldo la pr&oacute;xima temporada.<\/p>\n<p>Cogi&oacute; el bote de protector solar, puso una dosis en la palma de su mano y baj&oacute; el asa del bikini dispuesta a continuar su imaginario show, pero se arrepinti&oacute; de su atrevimiento. Volvi&oacute; a subir el asa y camin&oacute; hacia su marido para untarle de crema, pero este rechaz&oacute; el ofrecimiento apart&aacute;ndola con desd&eacute;n. Sinti&oacute; como la humillaci&oacute;n le pintaba la cara de rojo y se volvi&oacute; a la toalla.<\/p>\n<p>De nuevo cruz&oacute; la mirada con el desconocido que hab&iacute;a presenciado la escena y, de nuevo, esta volvi&oacute; la borrarle la verg&uuml;enza de la cara.<\/p>\n<p>Se plant&oacute; frente al desconocido, d&aacute;ndole la espalda, se agacho y, mostr&aacute;ndole su grupa de hembra, comenz&oacute; a extenderse crema en la parte trasera de sus muslos, de forma lenta, sensual. Fruto de su humillaci&oacute;n y hartazgo, quer&iacute;a decirle a aquel desconocido que all&iacute; estaba dispuesta a ponerle los cuernos a su marido, a pocos metros de &eacute;l, ofreci&eacute;ndose a un desconocido. El masaje fue fundiendo la rabia, convirti&eacute;ndola en una caricia mientras recordaba una escena infantil.<\/p>\n<p>Treinta a&ntilde;os atr&aacute;s, su familia andaba preocupada pues a los quince a&ntilde;os a Elena a&uacute;n no le hab&iacute;a llegado la menarqu&iacute;a. Era el final del curso y se hab&iacute;a organizado un baile en el gimnasio del instituto. Elena, sentada, miraba como algunas de sus compa&ntilde;eras se abandonaban rom&aacute;nticamente en los brazos de sus novios y segu&iacute;a el ritmo de la m&uacute;sica con sus muslos, ya entonces bien redondos, cuando sinti&oacute; humedad en su sexo.<\/p>\n<p>Asustada, busc&oacute; en su bolso la compresa le hab&iacute;a dado su madre por si le llegaba inesperadamente la regla. Corri&oacute; hacia el ba&ntilde;o, cerr&oacute; la puerta, se subi&oacute; apresuradamente la falda y baj&oacute; las bragas. Pero no hab&iacute;a restos de menstruaci&oacute;n, apenas una babilla transparente que unt&oacute; entre sus dedos.<\/p>\n<p>Alguien toc&oacute; a la puerta, se subi&oacute; las bragas apresuradamente y sali&oacute; sin darle tiempo a lavarse las manos. Tras la puerta estaba un chico que le cedi&oacute; el paso, justo cuando ella le rebas&oacute;, el desconocido se aproxim&oacute; a ella por atr&aacute;s, acercando la mano a su culo, ella se volte&oacute; alarmada y qued&oacute; paralizada. &Eacute;l le se&ntilde;al&oacute; como al subirse las bragas, estas le hab&iacute;an atrapado el vestido, dej&aacute;ndole la trasera al aire. Ella se gir&oacute; para verse, &eacute;l pos&oacute; la mano en su nalga y desenganch&oacute; la falda. Sinti&oacute; el fuego en los dedos del muchacho en el breve contacto y se sinti&oacute; deseada.<\/p>\n<p>Solo atin&oacute; a decir: &iquest;est&aacute;n manchadas? El levant&oacute; la falda aprovechando para acariciarle torpemente los muslos que ella instintivamente separ&oacute;, se agacho a inspeccionar las bragas mientras continu&oacute; la caricia por el interior de los muslos hasta llegar a su sexo. Ella se recogi&oacute; las bragas escondi&eacute;ndolas entre sus nalgas y mostr&aacute;ndole un culo que &eacute;l apreci&oacute; redondo y exquisito.<\/p>\n<p>La llegada de su hijo le sac&oacute; de la evocaci&oacute;n. R&aacute;pidamente recompuso la braga del bikini que hab&iacute;a hundido en su raja, frente de un desconocido. El muchacho se tir&oacute; en mitad de su toalla reclamando las patatas fritas. Ella busco entre el atestado bolso, cuando saco la bolsa de patatas, el muchacho se la quit&oacute; de las manos y se la adue&ntilde;&oacute;, d&aacute;ndole la espalda a su madre.<\/p>\n<p>Esta se sent&oacute; en la toalla y continu&oacute; recordando la historia. Como el muchacho le respondi&oacute; inocente: no est&aacute;n manchadas, solo mojadas!<\/p>\n<p>Con disimulo, Elena abri&oacute; sus muslos y, entre los pliegues, pudo ver como asomaba una marca de humedad en su bikini.<\/p>\n<p>El abrupto sirenazo que anunciaba el final del baile les sac&oacute; de su intimidad. A la salida, entre la pelotonera de los muchachos, Elena not&oacute; la dureza del chico arrimada a su culo.<\/p>\n<p>Estar&aacute; duro mi an&oacute;nimo admirador o solo es mi fantas&iacute;a que anda en calores? Se pregunt&oacute; Elena. Le urg&iacute;a comprobarlo. Gir&aacute;ndose, qued&oacute; tumbada boca abajo frente al desconocido. Este ten&iacute;a una bolsa entre sus muslos que le impidi&oacute; saciar su curiosidad. &Eacute;l sac&oacute; un protector solar y comenz&oacute; a untarse sobre los hombros. Elena se puso las gafas de sol para poder observarlo. No era un adonis y se le comenzaban a notar los a&ntilde;os: las canas, la curva de la felicidad en la tripa, no estaba musculado pero manten&iacute;a la forma del cuerpo. Comenz&oacute; a untarse el pecho.<\/p>\n<p>Tras el baile, Elena lleg&oacute; a su casa con vaiv&eacute;n de sensaciones. Ya en la cama, comenz&oacute; a masajearse los pechos, que comenzaban a nacerle, al tiempo que apretaba r&iacute;tmicamente los muslos, turbada por el recuerdo de la caricia del muchacho, que le hac&iacute;a explorar su cuerpo y las sensaciones que le brotaban. Aquella noche el deseo la visit&oacute; por primera vez.<\/p>\n<p>Y as&iacute; estaba ahora, tumbada mirando ensimismada al desconocido, apoyada sobre el codo, con la palma de la mano bajo su pecho y apretando los muslos, cuando un pu&ntilde;ado le arena le salt&oacute; a la cara. Su otro hijo peleaba con su hermano mayor por la bolsa de patatas sin importarle haberla salpicado. Sent&aacute;ndose trat&oacute; de poner paz entre los hijos. Finalmente el peque&ntilde;o consigui&oacute; arrebatarle el paquete y salir corriendo con &eacute;l. El hermano mayor, demasiado gordo y perezoso para seguirle, se tumb&oacute; boca abajo gru&ntilde;endo su frustraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Aquella noche lejana, Elena se durmi&oacute; con su primer orgasmo y amaneci&oacute; con su primera regla. El verano fue un largo sestear de d&iacute;as, que parec&iacute;an no acabar nunca, ansiosa por volver encontrarle de nuevo en el inicio del curso. Consumi&eacute;ndose de melancol&iacute;as durante el d&iacute;a y aliment&aacute;ndose de deseo en las noches.<\/p>\n<p>Quer&iacute;a volver a contemplarle pero no pod&iacute;a, con su hijo al lado mirando en la misma direcci&oacute;n se perd&iacute;a la intimidad. Necesitaba verle. Busco dentro de la bolsa el espejo de maquillaje pero no estaba, entonces vio el m&oacute;vil. Se tumb&oacute; boca arriba, puso la c&aacute;mara frontal y as&iacute; pudo observarle en el tel&eacute;fono. El sol y la excitaci&oacute;n la ba&ntilde;aron en sudores mientras miraba como &eacute;l sacaba un bloc y un bol&iacute;grafo. Ella imagin&oacute; que estar&iacute;a apunt&aacute;ndole su n&uacute;mero de tel&eacute;fono para hac&eacute;rselo llegar de una manera discreta. El hijo rebusco entre la cesta, buscando comida, encontr&oacute; los bocadillos.<\/p>\n<p>Llegaron el marido y el otro hijo buscando algo de dinero, hab&iacute;an decidido alquilar un pat&iacute;n de playa. Elena les dio el dinero pero rehus&oacute; ir con ellos, pero ante la insistencia de sus hijos, les acompa&ntilde;&oacute;.<\/p>\n<p>El ba&ntilde;ista, cerr&oacute; el bloc y se fue al agua.<\/p>\n<p>Los muchachos y el padre se subieron al pat&iacute;n pero a Elena le costaba encaramarse, por lo que finalmente desisti&oacute; de acompa&ntilde;arles. El pat&iacute;n se alej&oacute; y Elena se adentr&oacute; en el agua. Un agujero en la arena le hizo perder pie asust&aacute;ndose, una mano la tom&oacute; por la cintura y atray&eacute;ndola la sujet&oacute; contra su cuerpo. Durante el breve pataleo de Elena, un muslo del hombre hab&iacute;a quedado entre los suyos sosteni&eacute;ndola. El nad&oacute; un poco hacia la orilla, llev&aacute;ndola pegada a &eacute;l y la deposit&oacute; donde ya se hac&iacute;a pie.<\/p>\n<p>El pat&iacute;n segu&iacute;a alej&aacute;ndose de la costa a la misma velocidad que de la cabeza de Elena.<\/p>\n<p>-Est&aacute;s bien? Pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>-S&iacute;, otra vez me has evitado pasar un mal rato -respondi&oacute; ella<\/p>\n<p>-Otra vez&#8230;?<\/p>\n<p>En una circunstancia similar, se habr&iacute;a turbado, pero en su pregunta ella no se sinti&oacute; requerida, sino c&oacute;moda y confiada.<\/p>\n<p>-Has estado muy oportuno y amable, gracias!<\/p>\n<p>-Sabes nadar?<\/p>\n<p>-S&iacute;, pero me da miedo, como pudiste ver.<\/p>\n<p>-Te animas a nadar un poco? yo te ayudo<\/p>\n<p>Elena mir&oacute; hacia la barca, que segu&iacute;a alej&aacute;ndose. Suavemente la cogi&oacute; de la mano y la atrajo, ech&aacute;ndose a nadar de espaldas sin soltarle la mano. Ella iba a su lado braceando de frente y apoyada en su mano. Cuando el agua les cubr&iacute;a se detuvieron, ella insegura se agarr&oacute; a su cuello, el meti&oacute; su muslo entre los de ella, sosteni&eacute;ndola. Conforme se fue sintiendo m&aacute;s segura, Elena comenz&oacute; a sentir la presi&oacute;n del muslo contra su sexo.<\/p>\n<p>-Me tienes flotando!<\/p>\n<p>-Me gusta. Le respondi&oacute;, mientras le apoyaba una mano en la cadera.<\/p>\n<p>Elena respondi&oacute; con un suave apret&oacute;n de muslos. &Eacute;l le apart&oacute; el pelo de la cara, ella volvi&oacute; a estrechar el muslo entre los suyos. No necesitaba hablar, ni siquiera sab&iacute;a su nombre, el temor se esfumaba en el suave vaiv&eacute;n del agua. &Eacute;l apenas le suger&iacute;a el camino, dej&aacute;ndole a ella la iniciativa.<\/p>\n<p>Suavemente &eacute;l retir&oacute; la mano de ella de su cuello y la llev&oacute; hasta su muslo al que Elena se agarr&oacute; con ambas manos y comenz&oacute; a frotarlo contra su sexo. Tuvo que parar cuando unos ba&ntilde;istas pasaron junto a ellos. Elena gir&oacute; la cabeza y divis&oacute; la barca, que estaba dando la vuelta.<\/p>\n<p>-Tenemos que volver! le dijo ella.<\/p>\n<p>Se puso detr&aacute;s de ella, se sac&oacute; la pinga, le meti&oacute; el bikini entre las nalgas y comenzaron a nadar de espaldas pegados, Elena notaba los pingazos duros contra sus nalgas al bracear.<\/p>\n<p>Cuando llegaron a la orilla, la pos&oacute; en la arena.<\/p>\n<p>&#8211; Tengo que bajar esto le dijo, se&ntilde;al&aacute;ndose el rabo y se sumergi&oacute; alej&aacute;ndose de la costa.<\/p>\n<p>Ella se arregl&oacute; el bikini, cubri&eacute;ndose las voluminosas nalgas, mir&oacute; con desenga&ntilde;o como la barca volv&iacute;a y fue a tumbarse boca abajo en la toalla. Ten&iacute;a ganas agradecerle el momento que hab&iacute;an pasado. Se recogi&oacute; el bikini dejando las nalgas bien expuestas, quer&iacute;a regalarle una &uacute;ltima visi&oacute;n de estas a su ef&iacute;mero amante.<\/p>\n<p>Cuando llegaron, el padre y los hijos le afearon con un gesto su descaro.<\/p>\n<p>&#8211; Pero que haces? Pregunt&oacute; su hijo mayor.<\/p>\n<p>&#8211; Tomando el sol, &iquest;pasa algo? -respondi&oacute; tajante<\/p>\n<p>De vuelta del agua, el ba&ntilde;ista alcanzo a escuchar:<\/p>\n<p>&#8211; Mam&aacute; que tienes el culo gordo!<\/p>\n<p>&#8211; Es el que tengo. Zanj&oacute; la madre.<\/p>\n<p>El ba&ntilde;ista se acerc&oacute; a su bolsa, sac&oacute; unas gafas de bucear y volvi&oacute; al agua.<\/p>\n<p>El hijo peque&ntilde;o pidi&oacute; la merienda, pero el mayor porfiaba por un helado.<\/p>\n<p>-No!, hay bocadillo y manzana. Respondi&oacute; la madre con una firmeza que le sorprendi&oacute;. As&iacute; que fue a solicit&aacute;rselo al padre, quien estaba comenzando a sentir que de alguna forma le hab&iacute;an puesto los cuernos, si no como se explicaba que despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os en el Madrid, ahora Ronaldo se fuera a jugar a la Juve.<\/p>\n<p>-Un helado para nosotros y una cerveza para ti! -le sugiri&oacute; el avispado hijo menor.<\/p>\n<p>-Vale, y de paso me compro el &ldquo;marca&rdquo; -diario deportivo- dijo el padre, que esperaba encontrar alg&uacute;n art&iacute;culo que le alumbrara sobre la traici&oacute;n del madrilista.<\/p>\n<p>El padre cogi&oacute; su cartera de la bolsa y se encaminaron hacia el pueblo.<\/p>\n<p>-Yo no quiero nada, ego&iacute;stas de mierda! -murmur&oacute; la madre para s&iacute;.<\/p>\n<p>El hijo volvi&oacute; por las llaves del coche, la encontr&oacute; mirando hacia el agua. En cuanto el muchacho parti&oacute; ella se encamin&oacute; al agua, nad&oacute; decidida hacia donde le hab&iacute;a divisado. &Eacute;l vio su singular y apetitoso cuerpo acerc&aacute;ndose, ella se subi&oacute; el bikini mostr&aacute;ndole sus tetas, &eacute;l sac&oacute; la cabeza del agua para recibirla.<\/p>\n<p>Cuando la tuvo entre sus brazos le dijo:<\/p>\n<p>&#8211; Has venido nadando sola, bravo! Mientras le acariciaba los pezones.<\/p>\n<p>&#8211; Tenemos unos 15 minutos antes de que vuelvan, ll&eacute;vame a nadar otra vez.<\/p>\n<p>La condujo hacia la zona de las barcas de pescadores, un poco alejada de la costa, y se escondieron de la vista desde la playa tras una. &Eacute;l se agarr&oacute; del tolete de la barca, ofreci&eacute;ndole su muslo, al que ella se subi&oacute;, recogiendo el bikini, para sentir como su sexo liberado se frotaba piel con piel con el peludo muslo de su amante, quien le recorr&iacute;a la cara y el cuello con su mano libre. Busco su pinga, quer&iacute;a palparla, magrearla, apretaba la cabeza y bajaba hasta el tronco masturb&aacute;ndola mientras sus labios se juntaban en un intenso y salado beso. Cuando not&oacute; su mano hurgando entre sus nalgas, ella se baj&oacute; de su muslo y se agarr&oacute; a la barca, liber&aacute;ndole para que &eacute;l pudiera abordarla libremente.<\/p>\n<p>Se coloc&oacute; a su lado y mientras le aplastaba la pinga contra su muslo, una mano paseaba por su co&ntilde;o y la otra por su culo.<\/p>\n<p>&#8211; M&eacute;teme los dedos.<\/p>\n<p>Comenz&oacute; a penetrarla con sus dedos, ella reclam&oacute; sus labios y su pinga, sinti&oacute; el &iacute;ndice intentando clavarse en su ojete.<\/p>\n<p>&#8211; Mi culo est&aacute; virgen para ti, quiero que seas t&uacute; quien me lo abra.<\/p>\n<p>Se coloc&oacute; frente a ella y al mismo tiempo le penetr&oacute; la pinga en el co&ntilde;o y el dedo en el culo comenzando a bombear, ella se agarr&oacute; con ambas manos a la barca y cuando sinti&oacute; que otro dedo le entraba abri&oacute; sus muslos tanto como pudo.<\/p>\n<p>Cuando sali&oacute; de ella, esta se dio la vuelta, ofreci&eacute;ndole su trasera. La tom&oacute; con decisi&oacute;n por la cintura y le aplast&oacute; la pinga entre sus nalgotas, mientras con la mano le sobaba el sexo, transitando entre sus inflamados labios, recorriendo pliegues, encendiendo su bot&oacute;n que hac&iacute;a rato asomaba de su capuch&oacute;n envuelvo en fluidos con los que le lubric&oacute; el ojete. Entonces sinti&oacute; el ariete rojo que la otra la mano hab&iacute;a dirigido buscando hincarse en su culo y se le escap&oacute; un ay!! Cuando la cabeza se le aloj&oacute; dentro. Quieto, sin embestirla, comenz&oacute; a batirle vigorosamente el cl&iacute;toris, provoc&aacute;ndole movimientos de cintura, con los cuales ella misma se fue metiendo la pinga hasta el fondo, hasta derram&aacute;ndose en un orgasmo que &eacute;l esperaba para, agarr&aacute;ndola firmemente con ambas manos por la cintura, comenzar a bombearle hasta derramarle dentro toda la leche que hab&iacute;a estado hirvi&eacute;ndole en los huevos. Ella sinti&oacute; el c&aacute;lido chorro en su interior y le sobrevino un segundo y m&aacute;s intenso orgasmo.<\/p>\n<p>Volvieron a la orilla nadando por separado, &eacute;l lleg&oacute; antes y se acomod&oacute; en su toalla, ella nadaba m&aacute;s lento y pas&oacute; un rato acomod&aacute;ndose el bikini y lav&aacute;ndose en la orilla.<\/p>\n<p>Tumbado sobre la toalla con los ojos cerrados la pensaba, complacido del intenso momento de placer compartido que guardar&iacute;a para siempre en su memoria.<\/p>\n<p>Cuando ella lleg&oacute;, oy&oacute; a su marido preguntarle de donde ven&iacute;a, ella respondi&oacute; con seguridad: de nadar!<\/p>\n<p>&#8211; Pero si t&uacute; no sabes nadar! -dijo el hijo mayor.<\/p>\n<p>&#8211; El que no sabe, eres t&uacute;. Vago!<\/p>\n<p>&#8211; Cada d&iacute;a est&aacute;s m&aacute;s rara&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; Ser&aacute; la menopausia&hellip; sentenci&oacute; el padre chuscamente.<\/p>\n<p>El ba&ntilde;ista se alarm&oacute; cuando oy&oacute; al hijo peque&ntilde;o decir:<\/p>\n<p>&#8211; Mam&aacute; tienes sangre en los muslos<\/p>\n<p>Ella se enroll&oacute; la toalla a la cintura y respondi&oacute; con naturalidad.<\/p>\n<p>&#8211; Parece que se me ha adelantado la regla. Recojan sus cosas que nos vamos.<\/p>\n<p>El ba&ntilde;ista se incorpor&oacute; en su toalla desanimado por la noticia de la partida. Elena se limit&oacute; recoger su toalla y sus cosas. Ante las protestas de sus hijos, se alej&oacute; unos metros y se qued&oacute; esper&aacute;ndoles, justo a la espalda del ba&ntilde;ista. Este saco el bloc, Elena se puso las gafas de sol y mir&oacute; hacia el cuaderno, hab&iacute;a un r&aacute;pido dibujo de una mujer con la que inmediatamente se identific&oacute;, sin duda, aquellas eran sus carnes pintadas con todo el deseo que ella le hab&iacute;a provocado. Arranc&oacute; la hoja, la dobl&oacute; y la deposit&oacute; cuidadosamente en la papelera.<\/p>\n<p>A rega&ntilde;adientes los hijos acabaron de recoger todo, Elena se quit&oacute; las gafas y disimuladamente las dej&oacute; caer al pie de la papelera e inici&oacute; la marcha, ellos la siguieron. Al poco, ella se detuvo y volvi&oacute; sobre sus pasos, los otros siguieron la marcha, lleg&oacute; hasta la papelera, cogi&oacute; el dibujo y las gafas y los meti&oacute; en el bolso, se miraron en silencio unos segundos y reemprendi&oacute; la marcha.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Entre las toallas y sombrillas, los Danielsson encontraron un hueco en la orilla de la playa, cerca de donde se alquilaban los patinetes de playa. Nada m&aacute;s llegar, los dos hijos se quitaron la ropa, que tiraron sobre la arena, y se fueron al agua. 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