{"id":18639,"date":"2018-08-25T22:00:00","date_gmt":"2018-08-25T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-08-25T22:00:00","modified_gmt":"2018-08-25T22:00:00","slug":"18639-confesiones-de-un-aficionado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/18639-confesiones-de-un-aficionado\/","title":{"rendered":"Confesiones de un aficionado"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"18639\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 14<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Tal como acordamos os mando lo que he vivido en el mundo del D\/s, tanto en su vertiente real como en la virtual. Como comprobareis por la primera no es bagaje suficiente para pontificar sobre el BDSM. Mis reflexiones al respecto se basan mucho m&aacute;s en conversaciones a trav&eacute;s de Internet con sumisas reales y tambi&eacute;n solo ciber. No sab&eacute;is la cantidad de fieles esposas y madres de familia que subliman sus inclinaciones por este medio. Debo aclarar que la mayor&iacute;a de ellas lo hicieron con la mayor libertad, bien porque no ten&iacute;an conmigo ninguna relaci&oacute;n de pertenencia, o porque as&iacute; estaba pactado entre nosotros. Otras lo hicieron bajo la presi&oacute;n del interrogatorio, una de mis pr&aacute;cticas habituales en las relaciones D\/s, imprescindible a mi juicio para sacar a la luz determinadas respuestas ocultas. Para m&iacute;, conocer todo sobre la sumisa, hurgar en su pasado, extraerle sus m&aacute;s rec&oacute;nditos y oscuros recuerdos, es uno de los actos supremos de la dominaci&oacute;n. En algunos casos eso solo es posible mediante una gran presi&oacute;n. Dig&aacute;moslo claro&#8230; bajo tortura. Yo lo practiqu&eacute; con todas mis sumisas reales y tambi&eacute;n con las virtuales, pero soy consciente de que solo se pueden obtener resultados satisfactorios y fiables cara a cara.<\/p>\n<p>Como leer&eacute;is se trata de una enumeraci&oacute;n de hechos y fechas redactada con la concreci&oacute;n que exige la comprensi&oacute;n, pasando de satisfacer curiosidades morbosas. As&iacute; y todo comprobareis que puedo haber cargado la tinta en alg&uacute;n pasaje. Si lo he hecho no ha sido con intenci&oacute;n de estimular la libido de nadie sino por significar ante todos la intensa emoci&oacute;n que me produjo.<\/p>\n<p>Abandon&eacute; para siempre mi actividad como Amo real, justo en el momento en que empec&eacute; una relaci&oacute;n sentimental estable con la que hoy es mi mujer. Comenc&eacute; con este rol a consecuencia de conocer a Stella en navidades de 1980; nos gustamos, y al poco tiempo nos hicimos novios m&aacute;s o menos formales. Era bastante m&aacute;s joven que yo, solo 19 a&ntilde;os, &eacute;ramos del mismo pueblo y era una estudiante muy aventajada. Pasado un cierto tiempo comenzamos a introducir juegos sadomasoquistas en nuestras relaciones sexuales. Tanto ella como yo le&iacute;amos novelas y c&oacute;mics de este tema. Siempre he sido sensible a ese mundo pero hasta el momento solo estaba presente en mis lecturas y fantas&iacute;as. Al principio solo eran ligeras manipulaciones nada importantes; particip&aacute;bamos a partes iguales, pero poco a poco fuimos decant&aacute;ndonos hacia la misma direcci&oacute;n: ella de v&iacute;ctima y yo su verdugo. Las inocentes travesuras fueron haci&eacute;ndose con el tiempo m&aacute;s y m&aacute;s duras. Conforme fueron ganando en intensidad, ella m&aacute;s gozaba&#8230; y yo lo mismo. Hasta tal punto se hizo necesario para ambos este tipo de relaci&oacute;n que dejamos de practicar el sexo en la forma com&uacute;n. Ella parec&iacute;a transfigurarse cada vez que inici&aacute;bamos una sesi&oacute;n. En la vida real se comportaba como lo que era: una chica lista y desenvuelta, independiente y algo arrogante, pero en la intimidad de nuestra &ldquo;c&aacute;mara de tortura&rdquo; se convert&iacute;a en un ser d&oacute;cil y vulnerable. Sol&iacute;amos vernos casi cada d&iacute;a como cualquier pareja, pero para las sesiones reserv&aacute;bamos la tarde-noche de cuantos s&aacute;bados nos era posible. Eran jornadas agotadoras: empez&aacute;bamos a &uacute;ltimas horas de la tarde y termin&aacute;bamos a veces casi de madrugada. Durante esos periodos se plegaba sin rechistar a todos mis caprichos. Empez&oacute; a llamarme Amo, lo que al principio me divirti&oacute; m&aacute;s que otra cosa. A decir verdad antes de esa &eacute;poca yo estaba poco interesado en la D\/s. Siempre fui aficionado al sadomasoquismo, ya os lo he dicho, pero esa situaci&oacute;n de dominio y poder sobre ella cada vez me gustaba m&aacute;s. Un d&iacute;a entre semana me anuncio una sorpresa para el siguiente s&aacute;bado. Hac&iacute;a m&aacute;s de un mes que no encontr&aacute;bamos una ocasi&oacute;n propicia para nuestro &ldquo;juego&rdquo;, as&iacute; que esperaba ese fin de semana con verdaderas ganas. Yo soy muy, pero que muy curioso pero a pesar de mis esfuerzos no quiso soltar prenda. Cuando quedamos en el bar habitual apareci&oacute; con otra chica, Teresa, una rubita con pinta de n&oacute;rdica, veintea&ntilde;era como ella. Me la present&oacute; como una amiga de la facultad que ven&iacute;a a pasar el fin de semana. Para mis adentros pens&eacute; &iexcl;vaya sorpresa de mierda! As&iacute; que resignado de nuevo a una tarde tranquila pregunte qu&eacute; quer&iacute;an tomar. Mi novia pareci&oacute; no entender nada y me pregunt&oacute; porque no nos &iacute;bamos ya a nuestra &ldquo;mazmorra&rdquo;. Llam&aacute;bamos as&iacute; al lugar de nuestros encuentros, una casa vac&iacute;a en el campo propiedad de una t&iacute;a m&iacute;a. Ante mi extra&ntilde;eza me aclar&oacute; la situaci&oacute;n&#8230; ella ven&iacute;a a sumarse al grupo. Result&oacute; ser una sumisa suya (algo tambi&eacute;n habitual en este mundo del D\/s) con la que se ve&iacute;a alguna vez entre semana. Yo ya sab&iacute;a que mi novia era bisexual pero pensaba que en ese tiempo de vida en com&uacute;n solo exist&iacute;a yo. No me importo demasiado, la verdad. Mi relaci&oacute;n con ella hab&iacute;a aumentado considerablemente en el aspecto sexual y debilitado en el emocional. La chica era una preciosidad&#8230; as&iacute; que ya os pod&eacute;is imaginar c&oacute;mo me sent&iacute;. Acept&eacute; por supuesto. Esa noche por primera vez en mi vida azot&eacute; a dos mujeres frente a frente y espalda contra espalda.<\/p>\n<p>Esa privilegiada situaci&oacute;n dur&oacute; casi un a&ntilde;o, justo hasta el final del curso acad&eacute;mico en que Teresa volvi&oacute; a su casa paterna. Mi novia y yo seguimos con lo nuestro todo ese verano. Al poco de reanudarse las clases Teresa reapareci&oacute; de nuevo con Stella. Las acompa&ntilde;aba otra chica, algo mayor y extremadamente delgada, que result&oacute; ser una profesora de ambas. As&iacute; que el grupo era ya de un amo y tres sumisas&#8230; no me lo pod&iacute;a creer.<\/p>\n<p>Stella y yo nos hab&iacute;amos montado una sala apa&ntilde;adita, en la planta alta de la casa, con una estufa de gas, una barra de balanc&iacute;n, un camastro, y nuestro particular potro: un somier inclinado sin malla, que incorporaba mu&ntilde;equeras y tobilleras de construcci&oacute;n casera. No nos faltaban cinturones, alg&uacute;n l&aacute;tigo para caballer&iacute;as, esposas, etc. Menos mal que mi t&iacute;a estaba impedida y nadie se acercaba nunca por all&iacute; excepto yo.<\/p>\n<p>Pero esta vez el grupo dur&oacute; poco: mi novia y la nueva se enrollaron por su cuenta y desparecieron&#8230; y nos quedamos solos Teresa y yo.<\/p>\n<p>Creo que fue lo mejor que nos pod&iacute;a haber pasado. Desde principios del a&ntilde;o 83 en que nos reencontramos tras el par&eacute;ntesis navide&ntilde;o, mantuvimos una verdadera y prolongada relaci&oacute;n Amo-sumisa que dur&oacute; m&aacute;s de cuatro a&ntilde;os. No nos ve&iacute;amos m&aacute;s que cuando ten&iacute;amos sesi&oacute;n, como media un s&aacute;bado al mes descontando periodos vacacionales. Entre nuestros encuentros ella deb&iacute;a seguir ciertas &oacute;rdenes y rend&iacute;a cuentas en cada ocasi&oacute;n en que nos reun&iacute;amos de nuevo. No voy a explicitar cual era la intensidad ni los detalles de nuestra relaci&oacute;n, no es ese mi objeto al contaros mi experiencia, solo deciros que Teresa parec&iacute;a carecer de l&iacute;mites y yo le daba lo que ella deseaba. Yo sab&iacute;a que ella sal&iacute;a con un chico, compa&ntilde;ero de la universidad. No me pod&iacute;a explicar c&oacute;mo pod&iacute;a ella justificar las marcas que yo dejaba en su cuerpo. Con ella aprend&iacute; a saborear realmente lo que significaba el rol de dominador. Nuestra relaci&oacute;n era exclusivamente sexual, ambos lo sab&iacute;amos. Cuando qued&aacute;bamos un fin de semana yo la recog&iacute;a en la ciudad el s&aacute;bado tarde y nos &iacute;bamos directamente a la casona, a lo nuestro. Normalmente de madrugaba la devolv&iacute;a a su piso. Apenas habl&aacute;bamos en los trayectos. M&aacute;s tarde ella ya acud&iacute;a con su propio coche y nos encontr&aacute;bamos all&iacute; directamente. Nunca nos vimos para otra cosa que no fuera para someterla. Para cenar yo tomaba un tentempi&eacute; mientras ella com&iacute;a y beb&iacute;a en sus cuencos, como una perra. Cuando termin&oacute; la tesis en la primavera de 1987, y casi sin avisar, se fue con una beca de un a&ntilde;o a los Estados Unidos, acompa&ntilde;ada de su noviete. Y ah&iacute; acab&oacute; todo. Le perd&iacute; la pista&#8230; moment&aacute;neamente.<\/p>\n<p>Tanta abstinencia sexual entre encuentros me era indiferente, aunque por entonces yo tambi&eacute;n tonteaba con una compa&ntilde;era del trabajo, una mujer reci&eacute;n separada de edad m&aacute;s acorde con la m&iacute;a. Espor&aacute;dicamente hab&iacute;a algo de sexo, pero nuestra confianza no era la suficiente como para confesarle mis inclinaciones A partir de la marcha de Teresa nuestra relaci&oacute;n se intensific&oacute; bastante. Un c&aacute;lido fin de semana entrado ya el verano recalamos en el parador de Sig&uuml;enza. El fresco bienestar de la noche en la terraza tras una satisfactoria tarde de sexo invitaba a sincerarnos y conocernos mejor. Estuvimos hasta la salida del sol confes&aacute;ndonos nuestras respectivas intimidades. Yo sent&iacute;a por ella una cierta atracci&oacute;n sentimental pero por nada del mundo quer&iacute;a renunciar a mi forma de entender la sexualidad, as&iacute; que si quer&iacute;a que nuestra relaci&oacute;n prosperara deb&iacute;a contarle la verdad. Y as&iacute; lo hice. Para mi sorpresa ella me confes&oacute; haber mantenido de soltera una t&oacute;rrida experiencia de esa naturaleza con un hombre casado, antes de encontrar al que ser&iacute;a despu&eacute;s su marido. De eso hac&iacute;a ya muchos a&ntilde;os pero con gusto decidi&oacute; repetir conmigo. As&iacute; que sin comerlo ni beberlo fui de oca a oca.<\/p>\n<p>De nuevo la casa de mi t&iacute;a se convirti&oacute; en c&aacute;mara de tortura, pero esta vez las cosas funcionaron de diferente forma. Reme, ese era su nombre, parec&iacute;a disfrutar solo cuando hab&iacute;a un duro castigo previo seguido de un sexo violento y salvaje, todo lo contrario a la lenta observaci&oacute;n y degustaci&oacute;n exquisita de la sumisi&oacute;n de Teresa o de Stella. Reme era sin duda m&aacute;s masoca que sumisa, por cierto algo bastante com&uacute;n. Ya puesto en mi papel de amo intente educarla para que su entrega fuera total, moldearla a mi gusto como hac&iacute;a con Teresa&#8230; pero ella no era Teresa. Adem&aacute;s con Reme no estaban claramente separados el plano sentimental con el de sexo-dominio-sumisi&oacute;n. A mi la situaci&oacute;n me sab&iacute;a a poco, y progresivamente la cosa comenz&oacute; a perder fuerza. Ella se dio cuenta de que no funcion&aacute;bamos, as&iacute; que decidimos dejarlo amistosamente. Solo duramos 4 meses.<\/p>\n<p>Pas&oacute; m&aacute;s de un a&ntilde;o en que mi vida sexual se redujo a espor&aacute;dicos encuentros de una noche. Alguna vez intent&eacute; sondear a mi partenaire pero la negativa era lo habitual. Eso me quitaba las ganas de seguir la aventura. Un intento casi fructific&oacute; pero finalmente la chica se ech&oacute; atr&aacute;s. En esa tesitura estaba cuando en mi vida reapareci&oacute; Stella. No la hab&iacute;a vuelto a ver desde su espantada con la profesora. Un fr&iacute;o d&iacute;a de enero vino a verme a mi lugar de trabajo. Hab&iacute;a engordado pero continuaba manteniendo para m&iacute; un morboso sex-appeal. La acompa&ntilde;aba una chica alta y espigada, de largos cabellos casta&ntilde;o-rojizos, bastante atractiva&#8230; y tambi&eacute;n bastante t&iacute;mida. Nos fuimos a comer a la playa.<\/p>\n<p>Bueno, pues empezamos a salir los tres casi todos los fines de semana. Stella era (y sigue siendo) una mujer brillante, muy inteligente, culta y gran conversadora. Su amiga aunque callada era muy agradable de trato y transmit&iacute;a candor y pureza. Supuse despu&eacute;s que era su novia porque compart&iacute;an un peque&ntilde;o apartamento. Era una relaci&oacute;n de abierta y sana amistad. &Iacute;bamos mucho al cine, a cenar, con largas tertulias que se prolongaban hasta el alba, alguna excursi&oacute;n, pero&#8230; la cabra acaba tirando al monte. Un viernes encontr&eacute; a Stella sola en casa. Su amiga hab&iacute;a ido a ver a la familia a su peque&ntilde;o pueblo natal, as&iacute; que el destino quiso que termin&aacute;ramos en la casa de mi t&iacute;a. Esa sesi&oacute;n fue espeluznante. Ella y yo sacamos fuera toda nuestra represi&oacute;n de a&ntilde;os. Nunca que yo recuerde hab&iacute;a sido tan sumisa ni soportado tanto&#8230; ni yo tan duro y posesivo. Terminamos agotados. Me cont&oacute; que la otra vez lo dej&oacute; por amor pero que ese amor no lleg&oacute; a satisfacerla. Intent&oacute; liarse de nuevo con Teresa a mis espaldas para tratar de reintegrase como sumisa a mi disciplina, pero esta se neg&oacute; a hacer de intermediaria. Su orgullo le impidi&oacute; intentarlo directamente conmigo (eso me dijo pero no lo creo). Al poco tiempo le surgi&oacute; la oportunidad de irse a Cambridge&#8230; y se busc&oacute; la vida fuera. Al volver de nuevo a la facultad con un contrato de reincorporaci&oacute;n Teresa ya no estaba. Poco despu&eacute;s conoci&oacute; a Jo, su actual chica, intimaron y se fueron a vivir juntas. Supo de mi ruptura con Reme y por fin se decidi&oacute; a verme de nuevo&#8230; y las cosas hab&iacute;an salido como ten&iacute;an que salir.<\/p>\n<p>Y all&iacute; est&aacute;bamos los dos, sucios, sudorosos y saciados de sexo duro. &iquest;Qu&eacute; &iacute;bamos a hacer en el futuro? Ni yo ni ella ten&iacute;amos ninguna intenci&oacute;n de reanudar otra relaci&oacute;n que no fuera exclusivamente la de D\/s, pero&#8230; en medio estaba Jo, la pelirrojita, y Stella por nada del mundo quer&iacute;a renunciar a ella. As&iacute; que decidimos dejar las cosas como estaban y aprovechar cuantas oportunidades se nos presentaran.<\/p>\n<p>Tras una fugaz sesi&oacute;n entre semana despu&eacute;s de una prolongada abstinencia, Stella estaba decidida a hablar con Jo y contarle nuestra verdadera relaci&oacute;n. Sab&iacute;a que corr&iacute;a el riesgo de perderla, pero para ella val&iacute;a la pena intentarlo, y en el hipot&eacute;tico caso de que ella compartiera algo de nuestra inclinaci&oacute;n no le importaba lo m&aacute;s m&iacute;nimo compartirla conmigo con tal de satisfacer su insaciable hambre de ser usada. Yo le aconsej&eacute; prudencia, y que reflexionara sobre sus verdaderos sentimientos hacia ella antes de tomar una decisi&oacute;n que pod&iacute;a dar al traste con su idilio, pero no sirvi&oacute; de nada. Os parecer&aacute; extra&ntilde;o mi comportamiento &iquest;no? &iquest;Sab&eacute;is por qu&eacute; lo hice? Porque estaba a mi vez enamor&aacute;ndome de esa chica. Si&#8230; esa era la verdadera raz&oacute;n de mis recelos. Si hab&iacute;a alguna persona m&aacute;s incompatible con el SM esa era Jo, pero hubiera renunciado a todo por conseguirla; lamentablemente nunca me sent&iacute; correspondido y nunca lo intent&eacute;. Estaba convencido de que &iacute;bamos a perderla definitivamente pero nada pod&iacute;a hacer al respecto.<\/p>\n<p>Contra todo pron&oacute;stico Jo se mostr&oacute; receptiva. No s&eacute; como pero Stella la convenci&oacute;. Me llamo por tel&eacute;fono entusiasmada. El pr&oacute;ximo s&aacute;bado; s&iacute;, el pr&oacute;ximo&#8230; Jo estar&iacute;a con nosotros. Respire hondo&#8230; no sab&iacute;a si era mejor o peor. Mi primera reacci&oacute;n fue pensar que estaba muy enamorada de mi ex y por ella ser&iacute;a capaz de cualquier cosa pero&#8230; &iquest;por qu&eacute; no pod&iacute;a ser como nosotros? &iquest;Acaso sent&iacute;a desprecio por m&iacute; mismo y me negaba a admitir que la persona de la que estaba perdidamente enamorado fuera otro saco de vicio? Pens&eacute; en dejarlo y negarme pero&#8230; &iquest;era esa la soluci&oacute;n? &iquest;Iba a arreglar algo? Cuando nos vimos el s&aacute;bado tarde yo estaba resignado a lo que viniera.<\/p>\n<p>Sin apenas cruzar palabra, cosa rar&iacute;sima, subimos al coche y nos dirigimos a la mazmorra. Jo parec&iacute;a tranquila aunque ensimismada. Bajamos en silencio y subimos a la planta alta. Como siempre hac&iacute;amos, las sumisas ten&iacute;an que quitar el polvo y asear la sala. Despu&eacute;s se retiraron a una habitaci&oacute;n para prepararse; yo las esperar&iacute;a en el sal&oacute;n poniendo a punto los artefactos habituales. Convencionalmente empez&aacute;bamos del mismo modo: me gustan las sumisas ataviadas con lencer&iacute;a blanca y sofisticada, siempre con medias blancas y ligueros, sin joyas ni abalorios. Cuando apareci&oacute; Jo por poco me cae el alma a los pies: estaba preciosa con un cors&eacute; sin tirantes con sus ligueros incorporados sujetando unas medias de puntillas; unas min&uacute;sculas braguitas transparentes delataban que era pelirroja de verdad. Sus largas piernas ca&iacute;an rectas arrancando de unas caderas todo lo curvil&iacute;neas que permit&iacute;a su delgadez. La conoc&iacute; pasado el verano&#8230; nunca la hab&iacute;a visto as&iacute; y tuve inmediatamente una fuerte erecci&oacute;n. Recuerdo que llevaba el pelo recogido en una cola, la cara alta, el cuerpo erguido, pero&#8230; ya las l&aacute;grimas amenazaban brotar por sus ojos.<\/p>\n<p>Y dud&eacute;&#8230;<\/p>\n<p>Mi titubeo dur&oacute; muy poco pero lo suficiente como para que Stella se apercibiera. Ten&iacute;a que tomar la iniciativa. Yo era el Amo y ten&iacute;a que demostrarlo. No importaba otra cosa. Olvid&eacute; por completo mis sentimientos hacia ella. Estaba all&iacute; por su propia voluntad y deb&iacute;a obtener lo que esperaba que yo le diera. Recuerdo perfectamente los detalles: di orden a Stella que esposara a la nueva aspirante y la hiciera arrodillar a mis pies. Yo estaba sentado en un sill&oacute;n de mimbre montado sobre una especie de tarima que hab&iacute;amos construido. D&oacute;cilmente Jo fue esposada y se arrodillo en la alfombra frente a m&iacute;. Me levante y cog&iacute; mi fusta favorita. En el huerto hab&iacute;a un ca&ntilde;izal de bamb&uacute;. Yo usaba varias ca&ntilde;as finas, m&aacute;s o menos flexibles seg&uacute;n lo tiernas que estaban. Desprovistas de los agudos nudos hasta dejarlos casi romos eran un material perfecto para todo uso. Me acerque a ella, puse la ca&ntilde;a en su barbilla haci&eacute;ndole alzar el rostro y enderezar el tronco. Le di golpecitos al busto y a los hombros para que lo pusiera todo lo erguido que diera de s&iacute;. No hac&iacute;a calor en absoluto pero desde la base del cuello hasta el escote ten&iacute;a su piel perlada de sudor. Pens&eacute; para mi que era tan puta como Stella: cualquier resto de duda desapareci&oacute; de inmediato. Yo tengo un pene bastante normalito, tirando a peque&ntilde;o, pero de la tremenda erecci&oacute;n que sent&iacute;a pensaba que en cualquier momento pod&iacute;a saltar la cremallera de la bragueta. Entonces introduje la fusta por dentro del escote del cors&eacute; entre sus peque&ntilde;os pechos, hundi&eacute;ndola poco a poco. Cuando asom&oacute; la punta por el vientre di un tir&oacute;n hacia arriba sac&aacute;ndola, d&aacute;ndole sin querer en su barbilla. Debi&oacute; dolerle porque gimi&oacute;. Sin darle un respiro le di un fustazo no demasiado duro pero seco en su torso para enderezarla de nuevo. Volvi&oacute; a gemir con m&aacute;s fuerza e inici&oacute; un sollozo pero logro reprimirlo a duras penas. Me sent&iacute;a verdaderamente su amo. Yo cre&iacute;a que me correr&iacute;a en cualquier momento. Stella observaba el espect&aacute;culo con satisfacci&oacute;n. Sin hacer ning&uacute;n caso a los d&eacute;biles gimoteos de Jo me puse a sus espaldas. Met&iacute; ahora la punta de la ca&ntilde;a bajo el el&aacute;stico de sus bragas y la hund&iacute; muy despacio entre sus nalgas. D&aacute;ndole un empell&oacute;n agujeree sus bragas. Lo repet&iacute; varias veces hasta romperlas, quedando colgadas de los tirantes del liguero. Libres sus genitales de todo obst&aacute;culo sent&iacute; la necesidad de comprobar lo mucho que deber&iacute;a estar gozando, as&iacute; que me agache y hund&iacute; mis dedos con violencia en la profundidad de su sexo&#8230; que estaba tan seco como la arena del desierto. Jo grit&oacute; de dolor&#8230; nada m&aacute;s apartar mi mano rompi&oacute; en incontrolable llanto. Lo hizo de tal forma que llegu&eacute; a asustarme. Cuando pudo calmarse, entre sollozos balbuce&oacute;: &ldquo;no puedo hacerlo&#8230; perd&oacute;name pero no puedo seguir&#8230; lo siento, lo siento&rdquo;.<\/p>\n<p>Tome las llaves y yo mismo quite sus esposas. A pesar del sudor estaba helada. La ayude a levantarse y puse mi anorak sobre sus hombros, y le ped&iacute; a Stella que la ayudara a vestirse. Las lleve a casa y las dej&eacute; solas.<\/p>\n<p>Deje pasar unos d&iacute;as para reflexionar sobre lo ocurrido. Evidentemente me hab&iacute;a dejado llevar, por Stella primero, pero tambi&eacute;n por mi ego asumiendo mi rol sin cuestionarlo. Deb&iacute; haberla interrogado sobre su verdadera disposici&oacute;n a ser dominada en lugar de justificarme con hipot&eacute;ticas coartadas. El viernes por la tarde hab&iacute;a tomado una decisi&oacute;n. Las llame por tel&eacute;fono para decirles que ir&iacute;a a hablar con ellas. Cuando llegu&eacute; a su casa, Jo estaba esper&aacute;ndome sentada en el alfeizar del portal. Cuando la vi all&iacute;, cogi&eacute;ndose las rodillas con las manos y apoyando su barbilla en ellas me sent&iacute; muy culpable por el da&ntilde;o que le hab&iacute;a causado. Estaba sola; incre&iacute;blemente Stella hab&iacute;a salido y tardar&iacute;a en volver al menos un par de horas. Subimos al apartamento.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de unas inconexas disculpas, sin extenderme demasiado ni dejar que replicara le expuse claramente mi situaci&oacute;n: yo no pod&iacute;a seguir con el tr&iacute;o porque estaba enamorado de ella y continuar de la forma que fuera me hac&iacute;a da&ntilde;o. No quer&iacute;a interferir entre ellas y tampoco deseaba seguir la relaci&oacute;n de dominaci&oacute;n con su (y mi ex) novia porque significaba tenerla a ella presente aunque fuera de forma indirecta. As&iacute; que me desped&iacute;.<\/p>\n<p>Por toda respuesta Jo acerc&oacute; hacia m&iacute; su boca y me bes&oacute; en los labios. Primero con un beso fugaz, para seguir con otro profundo y prolongado. Era su forma de justificarse&#8230; hab&iacute;a ido a la casa por m&iacute;, no por ella. No hab&iacute;a nada m&aacute;s que explicar.<\/p>\n<p>Ahorro todas las vicisitudes que pasamos Jo y yo hasta estabilizar nuestra relaci&oacute;n. Hubo problemas &ndash;y muchos- con Stella. Jo jam&aacute;s volvi&oacute; a pisar la casa de mi t&iacute;a. Yo tampoco lo hice rechazando todas las insistentes peticiones de mi ex novia. Resist&iacute; la tentaci&oacute;n a pesar de contar con el consentimiento expreso (incluso la recomendaci&oacute;n) de Jo a que lo hiciera. En estos momentos Jo es mi mujer, y Stella es ahora una amiga muy querida de ambos.<\/p>\n<p>Toda relaci&oacute;n de pareja, o evoluciona o acaba agot&aacute;ndose. Jo y yo mantuvimos vivo el fuego del sexo durante a&ntilde;os&#8230; hasta que las llamas pasaron a ser brasas primero y c&aacute;lidos rescoldos despu&eacute;s. Supongo que podr&iacute;an escribirse libros sobre ese fen&oacute;meno que afecta a 99 de cada 100 parejas. A nosotros nos queda el amor puro acompa&ntilde;ado de una tierna, cari&ntilde;osa y c&oacute;mplice amistad&#8230; y el sabor agridulce de la convivencia diaria. A favor de ella he de decir que siempre est&aacute; dispuesta para el sexo; el problema soy yo. Jo mantiene un envidiable f&iacute;sico y con el inmenso atractivo que posee no tendr&aacute; nunca problemas en encontrar lo que yo le doy a cuentagotas. Que lo haga es cosa suya, y si lo hace no se lo puedo reprochar. Antes, recordaba nuestro encuentro en la casa y mi cuerpo reaccionaba inmediatamente. Ahora lo que necesitar&iacute;a es repetirlo&#8230; pero lamentablemente para ambos el final ser&iacute;a el mismo. Quiz&aacute;s sea una asignatura pendiente pero eso est&aacute; por ver todav&iacute;a.<\/p>\n<p>En estos a&ntilde;os de casado yo le he sido fiel&#8230; a mi manera. Desde 1985 trabajo con ordenadores. Poco despu&eacute;s de casarme cambi&eacute; de trabajo. Lo hago desde mi propia casa. Decidimos ir a vivir en el campo y nos trasladamos a un min&uacute;sculo pueblo de Girona, a una vieja casa de pay&eacute;s que restauramos con esmero. Jo gan&oacute; unas oposiciones en una poblaci&oacute;n cercana y trabaja solo por las ma&ntilde;anas, as&iacute; que a excepci&oacute;n de los jueves que voy a Barcelona, paso solo gran parte de los cuatro d&iacute;as de la semana. Os cuento esto porque es fundamental para explicar mi actual situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Ante mi progresivo desinter&eacute;s lujurioso por Jo intent&eacute; poner remedio haciendo algo que siempre hab&iacute;a deseado: escribir&#8230; convertir en relatos mis obsesiones y fantas&iacute;as de dominaci&oacute;n y BDSM, con ella de protagonista. No dio resultado pero me aficion&eacute; hasta tal punto que tengo varios publicados por algunas p&aacute;ginas. Una de mis ma&ntilde;anas laborales poco intensas estaba escribiendo un pasaje bastante escabroso. No pude evitarlo&#8230; en mi mente Jo cedi&oacute; el puesto a Teresa. En una pausa tuve una idea: busqu&eacute; su nombre en el Magallanes (entonces no exist&iacute;a el google). Y la encontr&eacute;. Figuraba en un art&iacute;culo publicado recientemente en Nature. Con suerte estar&iacute;a todav&iacute;a en los Estados Unidos, en una Universidad del este. Le mande una carta certificada a su atenci&oacute;n, donde figuraba mi correo electr&oacute;nico. Al cabo de 5 d&iacute;as recib&iacute; un mensaje suyo. Ese fue el comienzo.<\/p>\n<p>Por primera vez Teresa y yo nos comunicamos. Hab&iacute;a roto con su novio al poco de estar en Am&eacute;rica. Estuvo tentada en volver pero deb&iacute;a agotar la beca postdoctoral si quer&iacute;a hacer algo en el mundo de la investigaci&oacute;n. Se hab&iacute;a concentrado en su trabajo obteniendo unos resultados brillantes y hab&iacute;a decidido quedarse. Hab&iacute;a rechazado docenas de pretendientes. Su vida sexual se limitaba a masturbarse recordando sus a&ntilde;os de sumisa. Lo hab&iacute;a echado de menos todos los d&iacute;as desde la &uacute;ltima sesi&oacute;n que mantuvimos. La mayor alegr&iacute;a de toda su estancia en USA fue recibir mi carta.<\/p>\n<p>Iniciamos una intensa relaci&oacute;n por el mail. Todos los d&iacute;as nos envi&aacute;bamos dos correos, a veces hasta tres. El paso siguiente estaba cantado: iniciamos nuestra primera relaci&oacute;n ciber. A pesar de los inconvenientes del correo electr&oacute;nico y de la inicial falta de nivel tecnol&oacute;gico, fueron sin duda unos meses maravillosos. En los &uacute;ltimos tiempos de nuestra renovada relaci&oacute;n empezamos a utilizar el chat y las primeras versiones del messenger. Ella dispon&iacute;a ya de una de aquellas sony mavica digitales. Mi disco duro se llen&oacute; de im&aacute;genes suyas que me abstengo de describir, pero&#8230; pasada la primera etapa no era lo mismo. La relaci&oacute;n se fue enfriando. Desgraciadamente como he podido comprobar en estos a&ntilde;os las relaciones virtuales tienen una duraci&oacute;n limitada, incluso con la actual tecnolog&iacute;a audiovisual. Eso ocurri&oacute; con Teresa. Poco a poco se fueron espaciando nuestros contactos. Un d&iacute;a me comunic&oacute; que volv&iacute;a a Espa&ntilde;a, y que esperaba verme de nuevo en las circunstancias que yo eligiera. Le dije que eso no era posible. Fue una de las decisiones m&aacute;s dif&iacute;ciles de mi vida. No he vuelto a saber de ella.<\/p>\n<p>Mi ruptura con Teresa no signific&oacute; el fin de mi actividad como amo virtual. Fui perfectamente consciente de que necesitaba una vida paralela a mi relaci&oacute;n con Jo. Empec&eacute; a buscar compa&ntilde;eras de juegos o de pura discusi&oacute;n en los chats y tambi&eacute;n entre lectoras que me han escrito a prop&oacute;sito de mis cuentos. Con muchas de ellas he llegado a mantener relaciones de D\/s virtual, siempre advirti&eacute;ndoles de mi rechazo al contacto real. Tambi&eacute;n he tenido excelentes comunicaciones con sumisas sin relaci&oacute;n alguna de pertenencia. Precisamente estas &uacute;ltimas han resultado ser bastante m&aacute;s duraderas y profundas que con sumisas virtuales. Me he llevado muchos chascos. Hay mucha mentira y enga&ntilde;o en este mundo de la dominaci&oacute;n ciber. Me blindo lo que puedo, de ah&iacute; que cada vez me resulte m&aacute;s dif&iacute;cil establecer contactos medianamente serios. Impera el aqu&iacute;-te-pillo-aqu&iacute;-te-mato con quincea&ntilde;eras que chatean desde el instituto, de ah&iacute; que ya no use el chat como medio de trato.<\/p>\n<p>Cuando conozco a alguien que responde a los par&aacute;metros b&aacute;sicos (mayor de edad, preferente de 25, inter&eacute;s y\/o curiosidad por el BDSM, c&aacute;mara web, horario de ma&ntilde;ana y por &uacute;ltimo un rostro que me diga algo) hago todo lo posible por interesarla para intercambiar opiniones, experiencias, observaciones&#8230; siempre sobre sexo con sadomasoquismo. Me gusta profundizar en asuntos como las fantas&iacute;as tempraneras, la adolescencia, los primeros s&iacute;ntomas en materia de perversiones ocultas&#8230; pero tambi&eacute;n doy pie para que me repregunten a su vez con entera libertad. Normalmente a la segunda o tercera conversaci&oacute;n barrunto si tengo al otro lado a una persona interesante y que adem&aacute;s es una potencial sumisa, aunque ella nieguen su adhesi&oacute;n a ese tipo de relaci&oacute;n. Pero he dicho &ldquo;normalmente&rdquo; porque me equivoco m&aacute;s de una vez.<\/p>\n<p>Cuando nuestros di&aacute;logos fructifican en ese inter&eacute;s mutuo y pasamos al estado Amo-sumisa nos fijamos ambos un periodo de tiempo. Hasta ahora nunca me ha hecho falta establecer un convenio previo, porque tampoco me lo han pedido. Para mi esta relaci&oacute;n tiene mucho de teatro, de juego de imaginaci&oacute;n. Son importantes las formas porque contribuyen a la idealizaci&oacute;n de escenas en nuestra mente, a mi juicio el &oacute;rgano sexual por excelencia. Ese periodo de prueba yo lo llamo de aprendizaje. En &eacute;l la aspirante a sumisa aprender&aacute; a ser usada a mi manera; conocer&aacute; mis obsesiones, mis gustos, mis filias y fobias&#8230; y deber&aacute; adaptarse a ello y entregarse en la forma que yo requiero. Elemento fundamental de esa iniciaci&oacute;n es el interrogatorio. En su vertiente virtual reconozco que su utilidad es relativa aun con una c&aacute;mara web. La pupila es sometida a una presi&oacute;n &ndash;en algunos casos extrema- para contestar mis preguntas que versan sobre su infancia y adolescencia, su despertar sexual, su vida. Yo deseo saber TODO sobre ella y utilizo la tortura si es necesario. Cuando ese periodo se da por finalizado por ambas partes (a propuesta siempre m&iacute;a) celebro una ceremonia de iniciaci&oacute;n como sumisa. Esa liturgia contiene mis man&iacute;as respecto a vestimenta, aspecto f&iacute;sico, rituales, comportamiento p&uacute;blico y privado&#8230; y tambi&eacute;n r&eacute;gimen de castigos, objetos para aplicarlos y forma de hacerlo, seg&uacute;n se trate de acciones punitivas o de entrega para mi placer. Soy consciente de la imposibilidad absoluta de que estas pr&aacute;cticas puedan sustituir a las relaciones D\/s f&iacute;sicas, pero para personas que no pueden permit&iacute;rselas hay que intentar estimular al m&aacute;ximo la imaginaci&oacute;n y la fantas&iacute;a, &uacute;nica forma de hacerlas medianamente satisfactorias.<\/p>\n<p>A partir de ese momento la vida sexual de mi sumisa es exclusivamente m&iacute;a. Dejo volar mi imaginaci&oacute;n con el fin &uacute;ltimo de mantener a mi sumisa en estado de excitaci&oacute;n lo m&aacute;s intenso y permanente que me sea posible. A veces me cuesta mucho esfuerzo, otras no tanto. La relaci&oacute;n es interactiva&#8230; dependemos el uno del otro para lograrlo. Si llam&aacute;is a eso complicidad, pues somos c&oacute;mplices. Y as&iacute; hasta que llega un d&iacute;a en ambos nos damos cuenta que esta relaci&oacute;n se agota. Entonces solo queda que ponerle the end.<\/p>\n<p>Gabriel<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 14<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Tal como acordamos os mando lo que he vivido en el mundo del D\/s, tanto en su vertiente real como en la virtual. Como comprobareis por la primera no es bagaje suficiente para pontificar sobre el BDSM. Mis reflexiones al respecto se basan mucho m&aacute;s en conversaciones a trav&eacute;s de Internet con sumisas reales y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1312,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":{"0":"post-18639","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-confesiones"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18639","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1312"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18639"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18639\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18639"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18639"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18639"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}