{"id":18866,"date":"2018-09-30T22:00:00","date_gmt":"2018-09-30T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-09-30T22:00:00","modified_gmt":"2018-09-30T22:00:00","slug":"18866-el-secreto-de-rita-culazzo-tercera-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/18866-el-secreto-de-rita-culazzo-tercera-parte\/","title":{"rendered":"El secreto de Rita Culazzo (Parte 3): La ley de gravidez"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"18866\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">3<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Llevaba un largo rato admir&aacute;ndose frente al espejo de la sala. Sus manos sosten&iacute;an la enorme panza con extrema delicadeza, como si tuviera miedo de romperla. De vez en cuando ensayaba un medio perfil derecho, luego giraba hasta alcanzar el medio perfil izquierdo y finalmente volv&iacute;a a su posici&oacute;n frontal. Se complac&iacute;a en repetir ese c&iacute;clico ritual una y otra vez; y se sonre&iacute;a orgullosa. Yo la observaba en silencio; no recordaba haber visto alguna vez a una mujer tan hermosa. Las ocho lunas no le hab&iacute;an robado un &aacute;pice de su femenil esplendor; por el contrario, hab&iacute;an contribuido a enaltecer su belleza con indecente magnanimidad.<\/p>\n<p>Pap&aacute; se le acerc&oacute; lentamente por detr&aacute;s y la rode&oacute; con sus brazos con mucha ternura. Sus manos se posaron sobre las manos de ella y las cuatro sostuvieron aquel vientre materno con un cari&ntilde;o que, de ser el cari&ntilde;o algo malo, hubiera sido atroz. Ella gir&oacute; su cabeza y la ech&oacute; ligeramente hacia atr&aacute;s; &eacute;l le dio un beso en la sien.<\/p>\n<p>&ndash;Podemos excusarnos&#8230; &ndash;dijo mi padre con voz suave mientras observaba embelesado la abultada barriga a trav&eacute;s del espejo.<\/p>\n<p>&ndash;No podemos faltar, somos los homenajeados; estoy bien &ndash;respondi&oacute; mi madre con dulzura.<\/p>\n<p>Yo, que a menudo despertaba de perturbadoras pesadillas en donde mis primos y mis t&iacute;os se me presentaban como monstruosos demonios con enormes miembros viriles e insaciable apetito sexual, experimentaba un lujurioso terror cada vez que me hac&iacute;a a la idea de un nuevo encuentro familiar, y m&aacute;s al considerar la exaltaci&oacute;n de los atributos femeninos de mam&aacute; producto de su estado gr&aacute;vido.<\/p>\n<p>Llegamos a la casa de mi t&iacute;a el s&aacute;bado al mediod&iacute;a. Recuerdo un cielo claro con un sol enorme y tibio, y una brisa tan suave que apenas si acariciaba nuestros rostros. Tuve, en un instante, la misma sensaci&oacute;n de calma que se siente en el ojo de un cicl&oacute;n tropical, y present&iacute; que abandonar&iacute;a ese centro inocuo apenas entrara en la morada donde nos acoger&iacute;an para celebrar el advenimiento de un nuevo miembro a la familia. Ser&iacute;an s&oacute;lo veinticuatro horas las que pasar&iacute;amos all&iacute;: una eternidad infernal en una guarida de &iacute;ncubos hambrientos de carne. Yo sab&iacute;a que para estas bestias mi madre no era m&aacute;s que carne; s&oacute;lo carne.<\/p>\n<p>Nos recibieron con una calidez no acorde a mis figuraciones. Apenas bajamos del auto, mi t&iacute;a sali&oacute; de la casa, corri&oacute; por el vasto jard&iacute;n hasta alcanzarnos en el port&oacute;n de entrada y nos dio un enorme abrazo a cada uno. Mi t&iacute;o Juan y mis dos primos siguieron sus pasos, aunque con menor ansiedad. Todos contemplaron maravillados la panza de mam&aacute;. Puedo recordar, en especial, los rostros de mis primos invadidos por una ternura que mi recelo no esperaba. Los ojos que antes hab&iacute;an reflejado la roja llama de los placeres prohibidos, en ese momento eran de blanca pureza, eran de &aacute;ngel y no de demonio. Barrunt&eacute;, entonces, que era el milagro de la vida el que oficiaba de ant&iacute;doto contra todo impulso indecoroso de las personas m&aacute;s l&uacute;bricas que yo hab&iacute;a conocido.<\/p>\n<p>&ndash;Tenemos una sorpresa &ndash;dijo mi t&iacute;a con amplia sonrisa volviendo su vista hacia la casa.<\/p>\n<p>En ese momento, mi abuelo se asom&oacute; a la puerta y sali&oacute; al jard&iacute;n para encontrarse con nosotros. Con l&aacute;grimas en los ojos, abraz&oacute; fuerte a mi madre; ella respondi&oacute; con un apret&oacute;n de igual calibre.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Pap&aacute;!&iquest;Qu&eacute; hac&eacute;s ac&aacute;? &ndash;le dijo con desbordada alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>&ndash;Quiero estar con mi nena antes de que pierda esa barrigota hermosa &ndash;respondi&oacute; mi abuelo con voz quebrada; luego acarici&oacute; esa prominencia con suavidad.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Y mam&aacute;? &ndash;pregunt&oacute; ella.<\/p>\n<p>&ndash;Esta vez se qued&oacute; en casa, viste como es&hellip; pero ya se est&aacute; aprontando para viajar, quiere estar presente en el parto &ndash;respondi&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>Yo estaba conmovido con toda la escena que acababa de presenciar; pero la emoci&oacute;n r&aacute;pidamente se me fue desvaneciendo y la desconfianza volvi&oacute; a ganar terreno en mi psique. Durante toda la tarde estuve atento a los movimientos de mis familiares, sobre todo de mis primos; y mi vigilancia se extendi&oacute; hacia la noche. A la hora de la cena todos nos sentamos a la mesa y yo me mantuve alerta, observando todo, analizando el m&aacute;s m&iacute;nimo detalle, escrutando las miradas; pero nada. Nunca fui adepto al vino, y esa noche lo beb&iacute; en abundancia s&oacute;lo para deshacerme de la incomodidad que me generaba el inesperado comportamiento de una familia normal.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de la tercera copa fui yo el que comenz&oacute; a mirar a mi madre con ojos de deseo. Estaba hermosa. Llevaba puesto un vestido ligero y suelto, y por sobre la mesa amanec&iacute;an sus enormes ubres que, aunque sin escote revelador, se abultaban en su pecho como dos gigantescos planetas. Qued&eacute; prendado de esas tetazas que se iban aprontando para amamantar; imagin&eacute; que era yo el beneficiario de su maravilloso n&eacute;ctar. Pronto advert&iacute; que estaba algo ebrio y demasiado cachondo, con mis ojos clavados en las tetas de mi madre y una gran erecci&oacute;n por debajo del mantel. Mientras, los dem&aacute;s manten&iacute;an una charla corriente, aburrida y c&aacute;ndida acerca de cuidados de bebe.<\/p>\n<p>Luego de la cena, mis primos abandonaron la mesa unos minutos con la intenci&oacute;n de convidarnos con un licor de hierbas de reciente adquisici&oacute;n. Los segu&iacute; con la mirada y, a la distancia &ndash;estar&iacute;a yo a unos diez metros del peque&ntilde;o bar ubicado en la sala&ndash;, observ&eacute; atentamente todo el preparado. Algo llam&oacute; mi atenci&oacute;n: me pareci&oacute; que dos de los vasos ya servidos hab&iacute;an sido ligeramente separados del resto, y hasta tuve la inquietante sensaci&oacute;n de que les hab&iacute;a sido volcado alg&uacute;n tipo de sustancia de manera clandestina. No lo vi con claridad; como dije, fue m&aacute;s bien una sensaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Mi sospecha se acrecent&oacute; cuando nos sirvieron la bebida y pude comprobar que los vasos separados estaban destinados a mi padre y a m&iacute;. Imagin&eacute; que mis primos quer&iacute;an que estuvi&eacute;ramos bien dormidos, y el motivo se me hac&iacute;a evidente. Por fin se hab&iacute;an ca&iacute;do las m&aacute;scaras angelicales y hab&iacute;an quedado expuestos los rostros demon&iacute;acos de aquellos pendejos hijos de puta.<\/p>\n<p>En una maniobra casi digna de un mago, logr&eacute; intercambiar vasos con mi abuelo. Lamentablemente, no pude salvar a mi padre, que se bebi&oacute; su sospechoso licor de un s&oacute;lo trago. Apenas unos minutos despu&eacute;s del brindis &ndash;brindamos por la nueva vida, obviamente&ndash; pap&aacute; se retir&oacute; a su habitaci&oacute;n acusando una inexplicable lasitud; mi abuelo hizo lo mismo casi al mismo tiempo; no era casualidad. Mis primos me miraron fijamente esperando &ndash;calcul&eacute; yo&ndash; una reacci&oacute;n parecida, as&iacute; que bostec&eacute; para ellos unas cuantas veces y luego simul&eacute; un peque&ntilde;o malestar; sin embargo, no abandon&eacute; la sala hasta que mi madre decidi&oacute; marcharse a su dormitorio.<\/p>\n<p>A m&iacute; me hab&iacute;a tocado compartir habitaci&oacute;n con mi abuelo; as&iacute; que, cuando qued&eacute; a solas con &eacute;l, pude corroborar mi sospecha al intentar despertarlo. Le di unos cuantos sacudones que no tuvieron respuesta; estaba completamente knock out producto de vaya saber qu&eacute; clase de somn&iacute;fero. Calcul&eacute; que mi padre corr&iacute;a con la misma suerte y pens&eacute; en mi indefensa madre. No pod&iacute;a quedarme con los brazos cruzados; no pod&iacute;a dejarla a merced de las bestias; ten&iacute;a que actuar. Y actu&eacute;.<\/p>\n<p>Atraves&eacute; el pasillo corriendo en puntas de pie hasta llegar a la habitaci&oacute;n en donde dorm&iacute;an mis padres. La puerta estaba entornada. Entr&eacute;. Hab&iacute;a tomado la decisi&oacute;n de atrincherarme junto a pap&aacute; y mam&aacute; para protegerlos de un seguro asalto nocturno; aunque poco me iba a durar el gesto de valent&iacute;a. Cerr&eacute; la puerta y cuando comenzaba a idear una forma de trancarla, escuch&eacute; pasos que se acercaban prestos por el corredor; entonces abandon&eacute; la primera l&iacute;nea de defensa y cobardemente me escond&iacute; en el amplio cl&oacute;set empotrado en una de las paredes laterales del dormitorio. Acababa de descubrir cu&aacute;l era el verdadero motivo de mi presencia en la zona que estaba por ser atacada.<\/p>\n<p>La puerta de la habitaci&oacute;n se abri&oacute; lentamente y me fui preparando para observar, a trav&eacute;s de las voyeristas rejillas de la puerta del cl&oacute;set, lo mismo que ya hab&iacute;a visto en mis m&aacute;s espeluznantes pesadillas. Mis primos entraron con sigilo y se acercaron a mi padre para comprobar que estaba completamente anestesiado. Instantes despu&eacute;s, mientras Lautaro encend&iacute;a uno de los veladores y lo cubr&iacute;a con una manta para que la habitaci&oacute;n quedara tenuemente iluminada, Daniel tom&oacute; a mam&aacute; de un tobillo y le sacudi&oacute; la pierna. Ella despert&oacute; de un sobresalto y qued&oacute; sentada en la cama mirando a los conocidos asaltantes con estupor. Lo siguiente que vieron sus ojos pasmados fue dos descomunales falos dispuestos en sendas erecciones de caballo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Extra&ntilde;abas esto, putita? &ndash;esput&oacute; Daniel tom&aacute;ndose su imponente verg&oacute;n con ambas manos.<\/p>\n<p>Mi madre, at&oacute;nita, s&oacute;lo atin&oacute; a mirar hacia su costado, donde yac&iacute;a mi padre en un profundo sue&ntilde;o de pinchazo de rueca.<\/p>\n<p>&ndash;Tranquila, est&aacute; dormido igual que una piedra &ndash;le dijo Lautaro al mismo tiempo que le ense&ntilde;aba (haci&eacute;ndolo bailotear entre sus dedos) el peque&ntilde;o frasco que yo hab&iacute;a intuido m&aacute;s temprano cuando los bribones serv&iacute;an el licor.<\/p>\n<p>&ndash;Dicen que las embarazadas se ponen cachondas; mientras m&aacute;s panzonas, m&aacute;s cachondas &ndash;acot&oacute; Daniel con libidinosa voz.<\/p>\n<p>Luego tir&oacute; fuerte de la s&aacute;bana que cubr&iacute;a a mi padre y lo destap&oacute; completamente. Acto seguido, lo acomod&oacute; boca arriba y le baj&oacute; los calzoncillos con un nuevo jal&oacute;n mientras se dirig&iacute;a a mam&aacute;:<\/p>\n<p>&ndash;A ver con qu&eacute; te entreten&eacute;s en tu casa, putita &ndash;le dijo.<\/p>\n<p>El inerte pene de mi padre qued&oacute; expuesto: peque&ntilde;o y arrugado. Mis primos acercaron sus pijones para que mi madre pudiera compararlos con la pijita fl&aacute;cida de su marido. Ella, que a esa altura hab&iacute;a borrado de su rostro el gesto de perplejidad inicial para darle paso al de zorra libidinosa, acerc&oacute; su mano a la verga ex&aacute;nime de mi padre y juguete&oacute; con ella moviendo su dedo &iacute;ndice como p&eacute;ndulo, mientras una risita burlesca escapaba de su boca al ver aquel pedacito de carne blanda moverse de lado a lado sin oponer ninguna resistencia.<\/p>\n<p>Luego mir&oacute; el palpitante vergajo de Daniel, del cual parec&iacute;a que se pod&iacute;a colgar un ancla sin perturbarle la rigidez, y su mueca de burla se transform&oacute; en circunspecto gesto de deseo; la l&iacute;nea incisiva de sus dientes superiores asom&oacute; en su boca y mordi&oacute; con ganas su labio inferior. Dos segundos m&aacute;s tarde, se engull&oacute; el cicl&oacute;peo falo de su sobrino hasta el fondo de su garganta. No pas&oacute; mucho tiempo para que fueran dos las vergas a las que mi madre diera cobijo en su boca, las que saboreara con desespero de puta alborotada, con las que se atragantara a placer.<\/p>\n<p>No les fue f&aacute;cil a mis primos desprender a la putona de sus colosales miembros; cuando lo lograron, fueron ellos los que aferraron sus cabezas a las tetas de mam&aacute; &ndash;que eran como otras dos cabezas&ndash; y las mamaron a placer. Luego colocaron a la encendida hembra en cuatro a la orilla de la cama y le arrancaron las bragas. Ella arque&oacute; su espalda y qued&oacute; con el culo en pompa para que sus sobrinos pudieran contemplarlo en toda su dimensi&oacute;n (le encantaba mostrarle el culo a sus sobrinos).<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Qu&eacute; culazo, qu&eacute; hija de puta! &ndash;exclamaron mis primos al un&iacute;sono. Yo hice la misma exclamaci&oacute;n por lo bajo en la oscuridad de mi escondite.<\/p>\n<p>La culona se coloc&oacute; una almohada bajo la panza y se dispuso en pose de perra para que los imberbes le rompieran el orto sin compasi&oacute;n. Daniel tom&oacute; la iniciativa. Luego de un par de escupitajos lubricantes, el mayor de los hermanos la penetr&oacute; violentamente y comenz&oacute; a serrucharla como si esa misma noche se fuera a acabar el mundo; sus envestidas parecieron sacar chispas del culo de mam&aacute; durante largos minutos.<\/p>\n<p>Lautaro, sobreexcitado con la escena que estaba presenciando, reclam&oacute; su turno; pero Daniel estaba en r&iacute;tmico trance y sin intenciones de abandonar a su presa; fue entonces que su hermano decidi&oacute; sacarlo a la fuerza con un empuj&oacute;n que lo tom&oacute; por sorpresa e hizo que cayera hacia atr&aacute;s, quedando sentado en el suelo. Sin perder un segundo, Lautaro enterr&oacute; la pija en el culo de mi madre y continu&oacute; con el mismo ritmo fren&eacute;tico que antes hab&iacute;a impuesto Daniel. Pero &eacute;ste &uacute;ltimo se sent&iacute;a injustamente despojado; as&iacute; que, luego de incorporarse, tom&oacute; del cuello a su hermano menor y lo arranc&oacute; de las nalgas de mam&aacute; como arrancar&iacute;a un potente im&aacute;n de neodimio del m&aacute;s precioso metal. En ese momento, los hermanos se trabaron en lucha insult&aacute;ndose furiosamente como si fueran enemigos. Mi madre, sin abandonar su posici&oacute;n perruna, gir&oacute; su cabeza e intervino en el diferendo:<\/p>\n<p>&ndash;No peleen, hay para los dos &ndash;les dijo con voz de puta arrebatada mientras se manoseaba una de sus nalgas.<\/p>\n<p>Mis primos detuvieron la pelea y contemplaron fascinados aquel enorme y redondo culo dispuesto como gigantesca manzana partida por la mitad; vieron las violentas contracciones de su apetitoso orificio pidiendo con desespero que alguien volviera a salvarlo del inc&oacute;modo vac&iacute;o, y se reconciliaron en una maravillosa doble penetraci&oacute;n anal. Lautaro trep&oacute; sobre la cama de un salto y, con un pie a cada lado de la humanidad de su pre&ntilde;ada t&iacute;a, la entub&oacute; desde arriba, al mismo tiempo que Daniel, con los pies en el suelo, la empernaba desde atr&aacute;s. Los dos vergones unidos invadieron el culo de mam&aacute; como si fueran un atado de le&ntilde;a gruesa. Ella comenz&oacute; a gemir estruendosamente: estaba gozando como una yegua.<\/p>\n<p>Quiz&aacute; fueron esos hondos quejidos los que atrajeron m&aacute;s gente a la fiesta, o quiz&aacute; todo estaba cuidadosamente calculado: mi t&iacute;o Juan apareci&oacute; de repente en la habitaci&oacute;n y fue derecho al encuentro de su cu&ntilde;ada. Pas&oacute; por delante de sus hijos, que segu&iacute;an culeando a mam&aacute; con acrob&aacute;tico ritmo de v&eacute;rtigo, y trep&oacute; en la cama como gato para quedar frente a frente con la puta y meterle la lengua hasta la garganta. Luego se arrodill&oacute; sobre el colch&oacute;n y liber&oacute; su incre&iacute;ble miembro, grueso y venoso, m&aacute;s impresionante a&uacute;n que los de sus hijos, y lo introdujo en boca de la gestante mientras la tomaba fuertemente de los pelos y le sacud&iacute;a la cabeza como forma de dirigir el impaciente acople buco-genital. Mi madre tuvo que abrir la boca hasta casi rajarse la uni&oacute;n de sus labios para hospedar tama&ntilde;o pedazo de verga enhiesta de pura sangre.<\/p>\n<p>Yo hac&iacute;a rato que me pajeaba dentro del cl&oacute;set; la imagen de mi panzona madre doblemente enculada por sus sobrinos y atragantada por el majestuoso palo mayor de su cu&ntilde;ado, me hab&iacute;a puesto a mil. Pero todav&iacute;a le faltaba una pieza a ese engranaje hedonista: de pronto, mi t&iacute;a entr&oacute; en la habitaci&oacute;n como un rayo y se entrever&oacute; diligente en el &eacute;pico saturnal. Sus manos volaron por el cuerpo de mam&aacute; magre&aacute;ndole la espalda, los pechos y el abultado vientre, mientras profer&iacute;a una serie de ep&iacute;tetos que soezmente pretend&iacute;an resumir lo buena que estaba su hermana y lo puta que era.<\/p>\n<p>Luego se acost&oacute; boca arriba en la cama, se desliz&oacute; hasta quedar debajo de mi madre y su boca lactante mam&oacute; de los hinchad&iacute;simos pechos de la embarazada. Instantes m&aacute;s tarde, mi hiperactiva t&iacute;a abandon&oacute; esa posici&oacute;n de mec&aacute;nico de autom&oacute;vil y se entremezcl&oacute; en la incesante culeada junto a sus hijos; lo hizo en forma tan impetuosa que accidentalmente atropell&oacute; a Lautaro haciendo que &eacute;ste perdiera estabilidad y cayera encima de mi desmayado y semidesnudo padre. Poco le import&oacute; esto a la arrecha hembra, quien se asi&oacute; fuerte de las nalgas de mam&aacute; y, como una verdadera directora de orquesta, comenz&oacute; a dirigir la culeada de Daniel. A partir de ese momento, fuertes cachetazos a aquella cola espectacular y groseros elogios a la pija que la insuflaba, adornaron el avasallante ritmo de bombeo del joven semental.<\/p>\n<p>El ment&oacute;n de mi t&iacute;a descansaba sobre el culo de mam&aacute;. Cada tanto un extenso leng&uuml;etazo recorr&iacute;a aquellas venturosas nalgas. Cada tanto Daniel sacaba la pija de la cola de mi madre y la met&iacute;a en la boca de la suya. En tanto, Lautaro logr&oacute; recuperar su antigua posici&oacute;n y nuevamente mam&aacute; se vio enculada por duplicado.<\/p>\n<p>Uno a uno, mis insaciables parientes fueron derramando sus ub&eacute;rrimos fluidos sobre mi santa madre: en el &aacute;pice del placer, mis primos le sacaron sus pijas del culo y la manguerearon entera mientras ella abr&iacute;a la boca bien grande y sacaba su lengua para recibir los caudalosos chorros del t&iacute;o Juan. La lechearon de arriba abajo. Como r&uacute;brica, mi t&iacute;a le dio una postrera chupada de concha y de orto que la hizo retorcerse de placer.<\/p>\n<p>En lo que respecta al esp&iacute;a escondido en el closet&hellip; puede decirse que logr&eacute; sincronizar mi final con el resto de la manada. Al mismo tiempo que mi madre era ba&ntilde;ada en semen, mi verga expuls&oacute; un largo chorro que sali&oacute; disparado hacia adelante y atraves&oacute; las rejillas de la puerta del cl&oacute;set, salpicando el piso de la habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>La tormenta pas&oacute;. Mis familiares, saciados de carne diva, abandonaron el cuarto dejando a mi madre desparramada en la cama panza arriba, embadurnada en semen, exhausta y complacida. Sin abandonar el lecho, la encintada mujer trat&oacute; de incorporarse; lo hizo con cierta dificultad y con gestos de dolor que eran producto del delicioso castigo que hab&iacute;a recibido. Lentamente se acerc&oacute; a mi padre y le volvi&oacute; a colocar la ropa interior que sus sobrinos le hab&iacute;an quitado de forma humillante; y lo cubri&oacute; con la s&aacute;bana tan tiernamente como lo har&iacute;a una madre con su peque&ntilde;o hijo; y se durmi&oacute; abrazado a &eacute;l. Reci&eacute;n ah&iacute; pude marcharme de la habitaci&oacute;n con el modesto acto de rebeld&iacute;a de no limpiar el semen derramado, ni siquiera el m&iacute;o. Esa noche dorm&iacute; pl&aacute;cidamente, ayuno de mis acostumbradas pesadillas, como si los verdaderos demonios hubieran exorcizado a los que habitaban en mi mente.<\/p>\n<p>Despert&eacute; cerca de las diez de la ma&ntilde;ana. Sent&iacute;a mucha sed, as&iacute; que me levant&eacute; y me dirig&iacute; hacia la cocina en busca de agua. Mi abuelo segu&iacute;a dormido como lir&oacute;n y parec&iacute;a que nadie se hab&iacute;a levantado a&uacute;n &ndash;hecho que no me llam&oacute; la atenci&oacute;n teniendo en cuenta la extenuante batalla nocturna&ndash;; sin embargo, al llegar a la puerta de la cocina, escuch&eacute; la voz de mi t&iacute;a, que manten&iacute;a una charla con alguien a quien yo no pod&iacute;a escuchar. Me qued&eacute; parapetado en la puerta y pronto advert&iacute; que en realidad se trataba de una conversaci&oacute;n telef&oacute;nica. Se hablaba de mi madre:<\/p>\n<p>&ndash;Le dimos su merecido por puta buscona, y con su marido durmiendo al lado. No sab&eacute;s lo cachonda que se puso la panzona con las tres vergas adentro. Se chorreaba la muy puta. Cre&iacute; que iba a parir ah&iacute; nom&aacute;s despu&eacute;s de la paliza que le dimos.<\/p>\n<p>Por el tono de la charla calcul&eacute; que nuevamente hab&iacute;a descubierto a mi t&iacute;a hablando con su otra hermana (la que hab&iacute;a visto lamiendo las nalgas de mam&aacute; en el cumplea&ntilde;os del abuelo). En su siguiente elocuci&oacute;n se la not&oacute; molesta con su supuesta interlocutora:<\/p>\n<p>&ndash;No la defiendas, es una puta calienta pijas. Es el segundo hijo que le hace a mi marido, la odio &ndash;dijo en voz baja pero alterada&ndash; &iquest;Eeeh, qu&eacute; dec&iacute;s? &ndash;Dijo luego de unos segundos bajando a&uacute;n m&aacute;s su volumen&ndash; &iquest;C&oacute;mo que Julio no es hijo de Juan?<\/p>\n<p>&iexcl;Estaban hablando de m&iacute; otra vez! Afin&eacute; mi o&iacute;do para no perderme de nada.<\/p>\n<p>&ndash;Por supuesto que pod&eacute;s confiar en m&iacute;, contame, &iexcl;dale!<\/p>\n<p>En ese momento, hubiera dado uno de mis brazos con tal de poder escuchar lo que dec&iacute;a la voz en el tel&eacute;fono. Despu&eacute;s de un prolongado silencio que me result&oacute; eterno, mi t&iacute;a volvi&oacute; a hablar:<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;&iquest;C&oacute;mo?! Decime que es broma &ndash;e insisti&oacute;&ndash; &iquest;Es broma, verdad? &iquest;Por qu&eacute; me entero reci&eacute;n ahora? Todo este tiempo estuve cre&iacute;da que Julio era hijo de mi marido, y resulta que&hellip; no, no, no lo puedo creer, esto es muy fuerte&hellip; necesito tomar mi pastilla &ndash;y termin&oacute; abruptamente la comunicaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&iquest;De qu&eacute; se acababa de enterar mi t&iacute;a? Toda clase de conjeturas se entreveraron en mi cabeza. La primera fue confortable: esto confirmaba que en realidad yo era hijo de mi padre y no de mi t&iacute;o, hecho que ya sospechaba yo tras mi estudio del tama&ntilde;o de las vergas familiares, que hab&iacute;a resultado tan efectivo como un an&aacute;lisis de ADN. Sin embargo, hab&iacute;a algo que no cerraba: yo ya hab&iacute;a escuchado a mis t&iacute;as conversar sobre este tema, y ambas parec&iacute;an coincidir en que yo era hijo de Juan. &iquest;Por qu&eacute; mi otra t&iacute;a hab&iacute;a decidido cambiar la versi&oacute;n? Y, lo m&aacute;s importante, &iquest;cu&aacute;l era esa otra versi&oacute;n?<\/p>\n<p>La ma&ntilde;ana dio paso al mediod&iacute;a y poco a poco todos se fueron levantando; mi t&iacute;o y mis primos con un semblante de satisfacci&oacute;n producto de la org&iacute;a, mi abuelo y mi padre con una gran resaca narc&oacute;tica y mi madre vivaz, como buena perra satisfecha.<\/p>\n<p>M&aacute;s tarde, durante el bullicioso almuerzo familiar, mi t&iacute;a se mantuvo en silencio, con gesto de espanto. A veces me miraba de reojo; hac&iacute;a lo mismo con mis padres, y se manten&iacute;a absorta. &iquest;Qu&eacute; era lo que sab&iacute;a sobre nosotros? Pasaron horas para que volviera de su letargo y reaccionara con algunos comentarios banales.<\/p>\n<p>Tan concentrado hab&iacute;a estado yo tratando de decodificar su inexpresi&oacute;n, que no advert&iacute; la ausencia de mi madre. Me tranquiliz&oacute; comprobar que mi t&iacute;o y mis primos estaban all&iacute; mismo, en la sala, al alcance de mis ojos vigilantes. &ldquo;Estar&aacute; en el ba&ntilde;o&rdquo;, pens&eacute;. Pero luego de un buen rato, al ver que demoraba, decid&iacute; patrullar la casa en su b&uacute;squeda.<\/p>\n<p>Efectivamente, como hab&iacute;a pensado en un principio, estaba en el ba&ntilde;o; pero no estaba sola. Mis ojos pudieron verla a trav&eacute;s del breve intersticio que forjaron mis dedos entre la puerta y el marco. Estaba inclinada hacia adelante contra el lavabo, con sus manos apoyadas en la pared, con su vestidito arrollado en medio de su arqueada espalda y enteramente enculada por mi abuelo. &iexcl;S&iacute;, mi abuelo!<\/p>\n<p>El septuagenario, parado de tras de ella, con sus pantalones bajos hasta sus tobillos, la ten&iacute;a fuertemente sujetada del pelo y le aplastaba el rostro contra el espejo, mientras la mataba a pijazos con un vigor juvenil envidiable (ni rastro parec&iacute;a quedar del somn&iacute;fero que lo hab&iacute;a planchado toda la noche). La nariz y la boca de mam&aacute; se ve&iacute;an deformadas a ra&iacute;z del aplastamiento y su lengua lam&iacute;a la lengua reflejada. Estaba extasiada con la verga de su padre en sus entra&ntilde;as.<\/p>\n<p>El viejo, cuando sinti&oacute; que acababa, le sac&oacute; la pija de la cola, la hizo voltearse a puro jal&oacute;n de cabello y le lanz&oacute; un gran chorro de semen en la protuberante panza. Luego hizo que su hija se arrodillara y le diera una buena lustrada al tremendo verg&oacute;n maduro que se cargaba.<\/p>\n<p>Volv&iacute; a la sala pasmado, tratando de disimular mi erecci&oacute;n y reflexionando sobre todo lo vivido en menos de un a&ntilde;o; sobre los secretos familiares descubiertos y sobre los que me restaba por descubrir. Tambi&eacute;n vino a mi mente esa ley enunciada por Daniel la noche anterior, la que establec&iacute;a una proporcionalidad directa entre el tama&ntilde;o de la panza de una embarazada y su necesidades sexuales.<\/p>\n<p>En ese momento era yo el que estaba absorto como antes lo hab&iacute;a estado mi t&iacute;a. Me despert&oacute; de esa especie de coma un fuerte grito de mi madre que parec&iacute;a pedir auxilio. Todos saltamos de nuestros asientos y corrimos rumbo al ba&ntilde;o siguiendo el sonido; pens&eacute; que mi padre iba a descubrir todo. Cuando llegamos nos detuvimos frente a la puerta y observamos desconcentrados, porque a&uacute;n faltaban un par de semanas para la fecha se&ntilde;alada. Mi abuelo estaba ah&iacute;, junto a ella, correctamente vestido; parec&iacute;a que hab&iacute;a llegado primero que todos para socorrerla. Ella respiraba agitada; hab&iacute;a roto fuente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>3 Llevaba un largo rato admir&aacute;ndose frente al espejo de la sala. Sus manos sosten&iacute;an la enorme panza con extrema delicadeza, como si tuviera miedo de romperla. De vez en cuando ensayaba un medio perfil derecho, luego giraba hasta alcanzar el medio perfil izquierdo y finalmente volv&iacute;a a su posici&oacute;n frontal. 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