{"id":18900,"date":"2018-10-06T22:00:00","date_gmt":"2018-10-06T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-10-06T22:00:00","modified_gmt":"2018-10-06T22:00:00","slug":"18900-historia-del-chip-046-la-celda-shara-001","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/18900-historia-del-chip-046-la-celda-shara-001\/","title":{"rendered":"Historia del chip (046): La celda (Shara 001)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"18900\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 22<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>La celda era muy poco acogedora. No sab&iacute;a muy bien qu&eacute; deb&iacute;a esperar, solo que supuso que ser&iacute;a tratada con algo m&aacute;s de delicadeza. Ten&iacute;a miedo ante las consecuencias de sus actos. Un temor arraigado profundamente en su conciencia desde su ni&ntilde;ez no pod&iacute;a obviarse. Si es que se daba cuenta de &eacute;l.<\/p>\n<p>Shara ley&oacute; cuidadosamente el formulario. Deb&iacute;a de redactar un informe preciso y concreto de los acontecimientos que le hab&iacute;an llevado a la c&aacute;rcel, detallando minuciosamente los motivos. Que eran los relativos a los intentos sexuales. No deb&iacute;a olvidar ning&uacute;n pormenor. No hab&iacute;a tiempo establecido, quedando claro que la IA detectar&iacute;a los titubeos que tuviese.<\/p>\n<p>No sab&iacute;a muy bien c&oacute;mo funcionaba, s&oacute;lo que era m&aacute;s constante y perceptiva que un humano. Por lo menos en lo que se refer&iacute;a a los detalles. No hab&iacute;a interactuado con ninguna en el colegio o en los talleres; o no con la intimidad que se supon&iacute;a ahora. Deber&iacute;a contarle cosas que nunca hab&iacute;a dicho a nadie. Extra&ntilde;amente, sent&iacute;a un pudor indescriptible por hablar con una m&aacute;quina. O acaso pensaba que detr&aacute;s hab&iacute;a un humano. O varios.<\/p>\n<p>S&oacute;lo llevaba puesto el fino camis&oacute;n de la prisi&oacute;n; apenas llegaba a cubrirle la parte superior de los muslos y no ten&iacute;a suficiente grosor para ocultar adecuadamente los pezones. Un mero nudo al cuello sosten&iacute;a el supuesto vestido y la espalda quedaba desnuda. Al menos no sent&iacute;a fr&iacute;o.<\/p>\n<p>En casa siempre estaba totalmente cubierta, al igual que en el instituto. Y salvo en la piscina, no recordaba momentos con las piernas al descubierto. Ni siquiera ten&iacute;a una prenda tan fina como la que llevaba puesta en esos momentos. Casi no la notaba. Se un&iacute;a mescolanza de sentimientos de precauci&oacute;n, inquietud y algo de excitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a una bandeja con t&eacute; siempre caliente, fruta y cereales, adem&aacute;s de agua. Contempl&oacute; su ordenador con desgana. Deb&iacute;a escribir un n&uacute;mero de palabras m&iacute;nimo cada hora, descansar cinco minutos cada treinta, indic&aacute;ndole el ordenador cuando pod&iacute;a levantarse y los ejercicios que deb&iacute;a realizar.<\/p>\n<p>Asimismo, la IA se&ntilde;alaba cuando deb&iacute;a ampliar un p&aacute;rrafo o ser m&aacute;s precisa. Shara pronto enrojeci&oacute; ante el nivel de detalle que tuvo que narrar. El informe, despu&eacute;s de dos largas horas, qued&oacute; escrito.<\/p>\n<p>*&mdash;*&mdash;*<\/p>\n<p>Me llam&oacute; Shara Bowles. Mi abuelo fue embajador de la Alianza y despu&eacute;s de casarse con mi abuela, decidi&oacute; convertirse al xino&mdash;islam. He nacido y crecido aqu&iacute; en &Aacute;frica. Tal y como establece la ley, me convert&iacute; en una mujer sin masturbarme o habiendo tenido sexo con persona alguna hasta que, cuando cumpl&iacute; dieciocho a&ntilde;os, toqu&eacute; a mi mejor amiga. Nos acariciamos mutuamente los senos. Las dos sent&iacute;amos curiosidad por el cuerpo de la otra, por la reacci&oacute;n de nuestros cuerpos&hellip; de nuestros pezones, que se endurecieron.<\/p>\n<p>Durante ese breve encuentro, tambi&eacute;n nos palpamos los muslos y el pubis, sin llegar en ning&uacute;n momento a rozarnos el cl&iacute;toris o introducir un dedo en la vagina de la otra. S&iacute; que nos tocamos mutuamente la cara y los pies, pero no las nalgas. Tampoco la espalda. Hubo dos besos en los labios, esa primera vez y un encuentro posterior cuando decidimos no volver a tocarnos. En esa ocasi&oacute;n ese fue el &uacute;nico contacto.<\/p>\n<p>Siempre he sido buena estudiante, una alumna aplicada y una buena hija, cumplidora de los preceptos que mis padres me han inculcado. Pido perd&oacute;n por el da&ntilde;o que les hice por el contacto no autorizado y la mancha que supone a la familia.<\/p>\n<p>Los sucesos que me han tra&iacute;do a la c&aacute;rcel acaecieron hace tres meses; cuando mi primo, residente en la Alianza, vino a vernos despu&eacute;s de un largo viaje por varios lugares de &Aacute;frica y posteriormente a nuestro pa&iacute;s. Se qued&oacute; a dormir en nuestra casa y pronto congeniamos. Le gustaba contarme chistes picantes que yo no entend&iacute;a relativos a sexo con mujeres casadas y hombres viejos y casposos.<\/p>\n<p>Pasaron dos semanas antes de que inici&aacute;ramos el contacto. Lo provoqu&eacute; yo. &Eacute;l hab&iacute;a sido extremadamente cuidadoso acerca de m&iacute;, conocedor de las leyes imperantes en nuestra regi&oacute;n. Le incit&eacute; a tocarme y acariciarme por todo el cuerpo. No dejo ni una zona sin recorrer, introduciendo cuidadosamente uno de sus dedos en mi vagina, cuidando de no mancillar mi virginidad. Tuvimos cinco sesiones antes de ser descubiertos por mi madre, que inmediatamente habl&oacute; con nuestro im&aacute;n.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de expulsar a mi primo del pa&iacute;s y sancionar a mis padres, se me permiti&oacute; escoger una reducci&oacute;n de sanci&oacute;n para mis progenitores si aceptaba la formaci&oacute;n integral como hembra estatal, sujeta a ello de por vida. La imposibilidad por mi parte de recurrir la sentencia me hizo reflexionar y aceptar el destino que el estado decidiese para m&iacute;.<\/p>\n<p>Una vez realizado este informe y autorizado por la IA y un funcionario estatal, no habr&aacute; vuelta atr&aacute;s. Acepto las consecuencias de mis actos y deploro profundamente el da&ntilde;o causado a mi familia y al estado, implorando que se me castigue acorde al criterio que mejor se adapte a mi integraci&oacute;n a la sociedad o se me use para la funci&oacute;n que mis superiores consideren oportuna.<\/p>\n<p>Shara Bowles<\/p>\n<p>*&mdash;*&mdash;*<\/p>\n<p>Fue trasladada al centro Hazum, al ala nordeste, conocido como El Har&eacute;n. Shara enrojeci&oacute; al saber que no le pondr&iacute;an otro atuendo. Nunca hab&iacute;a llevado las piernas desnudas en p&uacute;blico y mucho menos una sola prenda tan fina y seductora como el camis&oacute;n. Protest&oacute; a las guardas.<\/p>\n<p>&mdash;Lo siento, Shara &mdash;dijo una de ellas. &mdash;Tu cuerpo pertenece al estado. No tenemos permiso para ofrecerte otro atuendo. Cuando llegues a tu centro penitenciario te ofrecer&aacute;n alguna vestimenta de acuerdo a tu condici&oacute;n.<\/p>\n<p>Para colmo aparecieron dos hombres armados para escoltarla. No dejaron de mirarla detenidamente antes de hablar con las guardas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Otra acosadora?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;&mdash; contest&oacute; una de ellas. &mdash;Va al centro Hazum.<\/p>\n<p>Uno de los hombres le coloc&oacute; unas mu&ntilde;equeras y despu&eacute;s de llevar sus brazos a la espalda, las enganch&oacute;. Despu&eacute;s le coloc&oacute; una venda. Shara estaba descalza y nunca se hab&iacute;a sentido m&aacute;s desvalida. Sinti&oacute; a los dos hombres colocarse a su lado y cogerla de los brazos, aunque no la tocaron salvo en esa regi&oacute;n. &iquest;Era eso algo habitual?<\/p>\n<p>Empezaron a andar y Shara no tuvo m&aacute;s remedio que seguirles, aunque no la forzaron. Al parecer, el estar junto a ella era m&aacute;s bien una forma de protegerla. O eso quiso creer.<\/p>\n<p>Al llegar al centro Hazum, not&oacute; que alguien tiraba del exiguo nudo que sujetaba su camis&oacute;n, que cay&oacute; al suelo inmediatamente.<\/p>\n<p>&mdash;Soy la intendenta Dima. S&iacute;gueme.<\/p>\n<p>Ya sin ni siquiera la exigua prenda como protecci&oacute;n, sigui&oacute; a la intendenta a trav&eacute;s de la prisi&oacute;n hasta que llegaron a un cub&iacute;culo sin puerta. B&aacute;sicamente era un cuarto con tres paredes. En una esquina hab&iacute;a un ba&ntilde;o cuyos tabiques eran de cristal. Shara casi no se fij&oacute;, aliviada de que no se hubieran encontrado con nadie durante el trayecto.<\/p>\n<p>Entr&oacute; con Dima a la celda y esper&oacute; instrucciones, que no tardaron en llegar.<\/p>\n<p>&mdash;Ponte de cara al pasillo. Piernas bien abiertas. Manos en la nuca y mirando al frente.<\/p>\n<p>Shara enrojeci&oacute; por las implicaciones de la postura. Se coloc&oacute; seg&uacute;n lo indicando con reticencia ante la mirada inquisitiva de Dima, que hasta ese momento no hab&iacute;a prestado atenci&oacute;n al cuerpo desnudo de la prisionera.<\/p>\n<p>&mdash;Debes ser m&aacute;s activa, Shara o conseguir&aacute;s una falta. Vuelvo en unos minutos. No abandones la posici&oacute;n.<\/p>\n<p>Sali&oacute; del cub&iacute;culo sin echarle otro vistazo y Shara trat&oacute; de acomodarse un poco, result&aacute;ndole imposible. Pasaron los minutos, haci&eacute;ndose cada vez m&aacute;s largos y m&aacute;s angustiosos. S&oacute;lo deseaba retirar los brazos de su nuca y cerrar las piernas. Estaba a punto de moverse cuando Dima retorn&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Lo siento. Me han surgido un par de cosas. &iquest;Te has movido?<\/p>\n<p>&mdash;No. Pero he estado a punto.<\/p>\n<p>&mdash;Hubiera sido comprensible. No est&aacute;s entrenada. Tratar&eacute; de no exigirte m&aacute;s que lo que puedas dar, lo que no significa que no vaya a llevarte al l&iacute;mite. Llevas los brazos a tu espalda agarrando tu mu&ntilde;eca izquierda con los dedos de tu mano derecha. Y cierra las piernas.<\/p>\n<p>Mientras tanto, Dima puls&oacute; un bot&oacute;n plano y oculto en la pared y una tabla lisa surgi&oacute; de la pared. Se sent&oacute; sobre ella y observ&oacute; la nueva postura de Shara.<\/p>\n<p>&mdash;Ac&eacute;rcate hasta aqu&iacute;, aproximadamente hasta unos treinta cent&iacute;metros de m&iacute;. A una distancia suficientemente corta como para que pueda tocarte si alargo el brazo.<\/p>\n<p>Shara cumpli&oacute; lo ordenado, inquieta ante el posible contacto.<\/p>\n<p>&mdash;Mirada al frente, Shara.<\/p>\n<p>No tuvo m&aacute;s remedio que contemplar la uniforme pared gris metalizada.<\/p>\n<p>&mdash;Cuando te canses, puedes sentarte en el suelo, muslos juntos y hacia delante, nalgas sobre tus pies, espalda recta y mirada al frente. Siempre perpendicular a m&iacute;. Puedes alternar las tres posturas que conoces siguiendo la misma secuencia y tratando de estar el mayor tiempo posible en cada una de ellas. &iquest;Has entendido?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Bien. Vamos a tratar de conocernos. &iquest;Por qu&eacute; mentiste en tu informe?<\/p>\n<p>Shara no se atrevi&oacute; a decir nada.<\/p>\n<p>&mdash;Ese silencio es casi una admisi&oacute;n de culpabilidad. Imagino que fue para salvar a tu amiga y a ese primo tuyo de manos tan descuidadas. Casi todo el mundo cree que ha pasado el examen de la IA con suficiencia&hellip; err&oacute;neamente. Para empezar, nuestros recuerdos son nebulosos, no cristalinos y cada vez que rememoramos a&ntilde;adimos o suprimimos detalles de manera inconsciente. En otras palabras, creamos un nuevo relato. Nada de eso realmente importa, salvo que ya no puedes ser considerada virgen y, por tanto, no eres suficientemente atractiva para nuestros hombres.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quiere decir eso que soy atractiva para hombres de otros lugares?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Exactamente! Y realmente eres encantadora. Lo interesante es que ahora perteneces al estado. Y yo represento al estado. Mi misi&oacute;n es aprovechar mejor los recursos disponibles. Trato de ser realista, sin una adecuada motivaci&oacute;n, no ser&iacute;as un activo solvente. As&iacute; que, &iquest;qu&eacute; es lo que deseas?<\/p>\n<p>Para Shara no fue dif&iacute;cil asimilar que estaba jugando con ella. Dudaba que tuviera alguna opci&oacute;n. Un nuevo silencio se adue&ntilde;&oacute; de ella.<\/p>\n<p>&mdash;Algo habr&aacute; que te haga ilusi&oacute;n, dentro de tus circunstancias&mdash; trat&oacute; de se&ntilde;alar Dima divertida en el fondo. &mdash;&iquest;Sabes el problema? Tienes dos opciones claras: ir a las minas o aceptar mis condiciones.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; son las minas?<\/p>\n<p>&mdash;Pronto lo descubrir&aacute;s si no aceptas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y la otra opci&oacute;n?<\/p>\n<p>&mdash;Entrenarte para ser concubina. Aunque m&aacute;s especializada en el dolor que en el placer.<\/p>\n<p>&mdash;No entiendo&hellip; &iquest;Puedo cambiar de postura?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, no es necesario que preguntes, como te dije antes.<\/p>\n<p>Shara se puso en el fr&iacute;o suelo, tratando de recordar cada instrucci&oacute;n dada anteriormente. Ahora ya no eran los muslos los que estaban m&aacute;s cercanos a los ojos de Dima, sino los pechos. Dima continu&oacute; la conversaci&oacute;n, algo sorprendida de que Shara no se hubiese tratado de engatusarla.<\/p>\n<p>&mdash;Shara, las opciones son simples: o vivir unos diez a&ntilde;os en las minas, con suerte, o ser una concubina de un alto cargo, incluyendo en el paquete viajes, glamour, pero siendo una esclava de dolor.<\/p>\n<p>&mdash;Me gustar&iacute;a elegir la segunda opci&oacute;n&hellip; es solo que no creo que pueda soportar el dolor.<\/p>\n<p>&mdash;Deja eso a mi cargo. Si quieres intentarlo, debes decidirte ahora. Si no lo consigues, las minas siempre estar&aacute;n ah&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Lo intentar&eacute; &mdash;acept&oacute; Shara.<\/p>\n<p>&mdash;Ponte en la primera postura, la de espera. Te mandar&eacute; a mi asistente.<\/p>\n<p>Shara tuvo que esperar bastantes minutos. Era un hombre joven, quiz&aacute;s incluso m&aacute;s joven que ella. La contempl&oacute; con detenimiento antes de presentarse.<\/p>\n<p>&mdash;Me llamo Habib y voy a ser uno de tus entrenadores. Tengo plena libertad de actuaci&oacute;n, desarrollar&eacute; los criterios para tu instrucci&oacute;n y te usar&eacute; a mi antojo. Incluyendo tu virginidad vaginal. No es algo importante pues siempre se puede volver a reconstruir tu himen, si lo consideramos necesario. Tambi&eacute;n tendr&aacute;s una instructora femenina, que vendr&aacute; dentro de un rato para ducharte y explicarte los temas relativos a tu celda. Qu&eacute;date como est&aacute;s.<\/p>\n<p>Shara se sent&iacute;a humillada ante la falta de reacci&oacute;n del hombre hacia ella. Hubiera preferido que se hubiera explayado m&aacute;s con la mirada, que la hubiese deseado con fervor. La instructora no tard&oacute; en llegar, por suerte para Shara, que ten&iacute;a que hacer verdaderos esfuerzos para mantener los brazos en la nuca. Casi no ech&oacute; ni una mirada al cuerpo exhibido de Shara.<\/p>\n<p>&mdash;Puedes deshacer la postura. Me llamo Zahira y soy tu instructora habitual, siendo mi superior Habib, que seg&uacute;n creo ha venido hace un rato.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Debes de tener hambre. El ordenador escoge tu men&uacute; en funci&oacute;n de tu gasto calor&iacute;fico y tu asimilaci&oacute;n. Pulsa aqu&iacute;.<\/p>\n<p>Le se&ntilde;al&oacute; una zona cercana al pasillo. Surgi&oacute; una mesa con comida<\/p>\n<p>&mdash;Si&eacute;ntate de cara a la pared, pegada a la mesa. Piernas plegadas debajo, pies en las nalgas, espalda recta y senos bien hacia fuera. Palma de las manos tocando los muslos. Vigila, tus dedos no deben tocarlos. As&iacute; est&aacute; bien. No tienes por qu&eacute; comerlo todo, pero cada tres d&iacute;as se ajustar&aacute; la cantidad si no te comes el noventa por ciento de lo que te es ofrecido. Luego, para conseguir aumentar la cantidad deber&aacute;s dejar el plato vaci&oacute; durante una semana entera.<\/p>\n<p>Tener que comer mirando a la pared no resultaba agradable y la postura, sin ser inc&oacute;moda, no era la m&aacute;s adecuada. Sus pechos parec&iacute;an ofrecerse imp&uacute;dicamente. Zahira se sent&oacute; junto a ella.<\/p>\n<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n comer&eacute; un poco, s&oacute;lo por hacerte compa&ntilde;&iacute;a. Si est&aacute;s sola, puedes empezar inmediatamente. Si hay alguien m&aacute;s, empezar&aacute;s cuando tus acompa&ntilde;antes lo hayan hecho. Puedes mover los brazos, siempre que no los apoyes en la mesa en ning&uacute;n momento. La espalda debe mantenerse recta, al igual que tu cabeza. Cada bocado debe masticarse al menos cinco veces y deber&aacute;s tener cuidado de no que se te caiga nada.<\/p>\n<p>Shara comprendi&oacute; la dificultad inmediatamente. Sin poder mover el tronco o la cabeza, todo depend&iacute;a de la precisi&oacute;n de la mano. Sus ojos en poco pod&iacute;an ayudarla salvo por la visi&oacute;n perif&eacute;rica que a duras penas le permit&iacute;a contemplar la comida. Y al hacerlo, sus propios pechos estorbaban. Y aparec&iacute;an imp&uacute;dicamente. Casi nunca los hab&iacute;a contemplado, debido a las leyes de su pa&iacute;s y las estrictas costumbres de su regi&oacute;n y su familia.<\/p>\n<p>&mdash;No te quedes embobada mirando tus senos, trata de centrarte en la comida o terminar&aacute;s tir&aacute;ndola. Saborea cada bocado.<\/p>\n<p>Se aburri&oacute; al tercero de ellos, se cans&oacute; al s&eacute;ptimo y se dio por vencida poco despu&eacute;s. Dej&oacute; el tenedor.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ya?<\/p>\n<p>&mdash;Es aburrido&hellip; y agotador.<\/p>\n<p>&mdash;Si no sigues, dentro de unos d&iacute;as vas a pasar hambre. &iexcl;Quiz&aacute;s sea lo mejor!<\/p>\n<p>La mesa y sus viandas desaparecieron cuando Zahira puls&oacute; el bot&oacute;n camuflado. Shara no se movi&oacute;. Zahira la contempl&oacute; durante unos minutos antes de solicitarle que volviera a la postura principal de espera.<\/p>\n<p>&mdash;Para ayudarte con tu entrenamiento, Shara, necesitar&eacute; conocer aspectos tuyos que quiz&aacute;s ni tu misma sepas que existen. Sombras de ti. Lugares a los que preferir&iacute;as no ir. Yo estar&eacute; contigo. Y tambi&eacute;n tus dem&aacute;s superiores. Hoy no seguiremos con la instrucci&oacute;n, te permito una pregunta. Piensa bien cu&aacute;les quieres que sea. Volver&eacute; en unos minutos.<\/p>\n<p>Shara no tuvo ninguna duda sobre la pregunta que quer&iacute;a hacer. En cuanto Zahira volvi&oacute; la expuso.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Puedo tocarme?<\/p>\n<p>Zahira se rio por un momento.<\/p>\n<p>&mdash;Una pregunta previsible. S&iacute;, puedes tocarte. Una vez rompiste tus votos, no tiene la menor importancia. Pero es algo decepcionante. Te planteas las cosas en funci&oacute;n de ti misma, no de tus amos. Grave error. La pregunta adecuada habr&iacute;a sido: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no me tocas?&rdquo;<\/p>\n<p>&mdash;Lo siento.<\/p>\n<p>&mdash;No, no lo sientes. Pero no es el momento. Ve a hacer tus necesidades y luego te contar&eacute; d&oacute;nde dormir&aacute;s.<\/p>\n<p>Shara tuvo que orinar y defecar en el aseo con paredes de cristal, sintiendo de nuevo una gran humillaci&oacute;n. Se limpi&oacute; cuidadosamente y a la vuelta se coloc&oacute; en la primera posici&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Hay un peque&ntilde;o bot&oacute;n justo ah&iacute; &mdash;explic&oacute; Zahira con vehemencia&mdash;. Si ninguno de nosotros est&aacute; por aqu&iacute; puedes prepararte la cama t&uacute; misma&mdash; mostr&aacute;ndole d&oacute;nde estaba el mecanismo de apertura.<\/p>\n<p>Apareci&oacute; una tabla parecida a la que us&oacute; para comer: met&aacute;lica, gris&aacute;cea y fr&iacute;a. Era mucho m&aacute;s larga, naturalmente, pero poco ancha al parecer de Shara. No parec&iacute;a nada acogedora y no era completamente lisa. Aparec&iacute;an unos peculiares salientes redondeados, que en los bordes se multiplicaban y, al cabo de unos momentos, tambi&eacute;n en la pared. Shara se pregunt&oacute; c&oacute;mo iba a poder dormir all&iacute;. M&aacute;s que una cama parec&iacute;a una tabla de faquir.<\/p>\n<p>&mdash;Es m&aacute;s aparente que otra cosa&mdash; prosigui&oacute; Zahira. &mdash;Te permitir&aacute; mantener el calor, de ah&iacute; las esferas, para que tu piel no contacte con la superficie lisa de la tabla. Notar&aacute;s que deber&aacute;s tratar de quedarte boca arriba o boca abajo. Hay un par de zonas libres de calor, all&aacute; d&oacute;nde ir&aacute;n tus pechos y tu pubis, para evitar males mayores. En el resto de lugares, si te mueves demasiado deprisa o apoyas demasiado, percibir&aacute;s el calor en exceso. No es un asunto de crueldad, sino de necesidad. Debes aprender a estar quieta en la cama para cuando tu amo te acaricie o simplemente para que no lo molestes cuando duerma contigo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no puedo estar de lado?<\/p>\n<p>&mdash;Lo descubrir&aacute;s por ti misma. El peso debe estar repartido. Si una esfera recibe demasiado peso, no podr&aacute; protegerte del calor que emana de la parte lisa. Y te obligar&aacute; a moverte. No te preocupes demasiado por esos detalles. &iquest;Has decidido si vas a tocarte?<\/p>\n<p>&mdash;Tratar&eacute; de no hacerlo, ya que t&uacute; no lo deseas.<\/p>\n<p>&mdash;En ese caso te recomiendo que enganches tus pulgares en estos peque&ntilde;os salientes de la parte de arriba y que s&oacute;lo los retires cuando tengas que cambiar de lado.<\/p>\n<p>&mdash;Ser&aacute; muy inc&oacute;modo. No estoy acostumbrada a dormir con las manos por encima de la cabeza.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, lo supongo. Por eso se llama entrenamiento.<\/p>\n<p>*__*__*<\/p>\n<p>Tard&oacute; una semana en conseguir dormir varias horas seguidas y siempre se despertaba contracturada. Sus pulgares quedaban enganchados en las peque&ntilde;as arandelas y as&iacute; sus brazos se manten&iacute;an por encima de la cabeza. Sus pies tambi&eacute;n conectaban a unas arandelas parecidas oblig&aacute;ndola a mantener las piernas abiertas, sin importar que estuviera boca arriba o boca abajo.<\/p>\n<p>Esa noche no est&aacute; durmiendo particularmente bien, no s&oacute;lo por la dificultad f&iacute;sica inherente a la &lsquo;cama&rsquo;, si no por el anuncio de Zahira. Al d&iacute;a siguiente recibir&iacute;a su primera sesi&oacute;n de latigazos. No le dio m&aacute;s informaci&oacute;n, aunque en d&iacute;as previos le hab&iacute;a explicado que todo su cuerpo, por debajo del cuello, era susceptible de ser azotado.<\/p>\n<p>Se despert&oacute; a la hora reglamentada y se movi&oacute; con rapidez a la ducha, antes de empezar los ejercicios matutinos, instruida por el ordenador. Cada d&iacute;a notaba m&aacute;s y m&aacute;s la tonificaci&oacute;n y la elasticidad que le estaba proporcionando. No le importaba la exigencia f&iacute;sica, casi resultaba liberadora y hubiera sido lo &uacute;nico que hubiera echado en falta si, por un milagro, fuese puesta en libertad.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de los ejercicios y una segunda ducha desayun&oacute; aplicando la masticaci&oacute;n adecuada. Habib, -no Zahira-, lleg&oacute; en cuanto se puso en la postura de espera mirando hacia el hueco de fuera.<\/p>\n<p>&mdash;Hola, Shara. Supongo que ya est&aacute;s preparada para tu primera experiencia con el l&aacute;tigo. Trataremos de que no resulte traum&aacute;tica.<\/p>\n<p>Shara no dijo nada, no lo ten&iacute;a permitido con Dima o Habib. S&oacute;lo pod&iacute;a responder.<\/p>\n<p>&mdash;Voy a azotarte la planta de los pies. Cinco golpes a cada una. Date la vuelta y pega tu cuerpo a la pared, los pechos presionando con determinaci&oacute;n. Levanta los talones bien arriba y dobla la pierna derecha hacia tu nalga. El pie deber&aacute; quedar horizontal, facilitando la labor.<\/p>\n<p>Shara nunca olvidar&iacute;a ese primer golpe seco y sonoro. No fue tan doloroso como pensaba, la anticipaci&oacute;n fue peor. Consigui&oacute; no moverse, suponiendo que era como deb&iacute;a actuar.<\/p>\n<p>&mdash;Debes contarlos y dar las gracias. Uno, gracias.<\/p>\n<p>&mdash;Uno, gracias&mdash; minti&oacute; Shara.<\/p>\n<p>Los siguientes cuatro azotes no fueron tan dif&iacute;ciles, ya sabiendo que se esperaba de ella. Lo dif&iacute;cil fue, curiosamente, mantener el pie caliente y dolorido en el aire. Sus pensamientos no dejaban de atormentarla.<\/p>\n<p>&mdash;Cambia de pie. Primero bajas el derecho, elevas el tal&oacute;n cuando llegue al suelo, bajas el otro tal&oacute;n. Se te indicar&aacute; como un peque&ntilde;o roce en el pie con el l&aacute;tigo, como ahora.<\/p>\n<p>Shara no se dio cuenta en ese momento, pero esa peque&ntilde;a caricia del cuero le result&oacute; seductora. Esper&oacute; con ansia el primer golpe en el pie izquierdo, queriendo pasar el trago cuanto antes. Habib deb&iacute;a haberse dado cuenta de su premura y dej&oacute; pasar el tiempo antes de hacer restallar el cuero con fuerza a la planta desvalida. Los cuatro siguientes fueron r&aacute;pidos, quiz&aacute;s para que Shara pudiera pasar el primer d&iacute;a con nota, ya que probablemente hubiera abandonado la postura ante el impacto, que fue claramente m&aacute;s fuerte que en la planta derecha. El roce final fue tan apote&oacute;sico que Shara hubiera llorado de placer.<\/p>\n<p>Los pechos doloridos segu&iacute;an aprisionados y Shara casi pens&oacute; m&aacute;s en ellos que en sus pies. Habib orden&oacute; que volviera a la postura de exhibici&oacute;n en mitad de la celda.<\/p>\n<p>&mdash;Se te permitir&aacute; salir de la celda si tus pies han sido azotados. En un caj&oacute;n fuera de la celda hay un vestido y unos zapatos. &iquest;Deseas salir?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, por favor.<\/p>\n<p>&mdash;Puedes deshacer la posici&oacute;n. S&iacute;gueme.<\/p>\n<p>Cada paso era un suplicio. Shara no lo mostr&oacute; en su cara.<\/p>\n<p>&mdash;Primero los zapatos&mdash; se&ntilde;al&oacute; Habib.<\/p>\n<p>Shara no hab&iacute;a visto nada parecido. Eran dos partes separadas y no entend&iacute;a c&oacute;mo pon&eacute;rselas. Habib se arrodill&oacute; y la calz&oacute;. Shara observ&oacute; cuidadosamente. La parte delantera cubr&iacute;a sus dedos y se agarraba sola. La parte trasera era un tac&oacute;n tan alto que sus piernas protestaron. Corrigi&oacute; su posici&oacute;n de forma autom&aacute;tica. Llevaba una especie de correaje que se ataba al tobillo y m&aacute;s all&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Deber&aacute;s tener mucho cuidado con estos zapatos, Shara. Cualquier m&iacute;nimo desequilibrio podr&iacute;a hacerte inclinar y, adem&aacute;s del peligro de la ca&iacute;da, un esguince es probable. Por eso, debes apoyarte con m&aacute;s fuerza en los dedos y no en el tal&oacute;n. Si sientes que se desliza, lo mejor es irse hacia el lado hacia d&oacute;nde vaya el pie. No te resultar&aacute; natural hasta que cojas el h&aacute;bito, has caminado toda la vida soport&aacute;ndote sobre la base de los pies.<\/p>\n<p>Shara se sinti&oacute; m&aacute;s alta que nunca y como si estuviese entre algodones. Los pies dolieron debido a la elongaci&oacute;n de las suelas, estiradas sin remedio. Los dedos tampoco estaban alegres.<\/p>\n<p>Habib le puso el atuendo, que no era un vestido sino una especie de traje de las mil y una noches. Consist&iacute;a en dos cadenas y unos velos triangulares. La primera cadena deb&iacute;a ce&ntilde;irse a las caderas, exactamente al lugar d&oacute;nde se m&aacute;s se ensanchaba el cuerpo de Shara. La segunda cadena se colocaba encima de los pechos.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a tres velos. El primero, un largo tri&aacute;ngulo is&oacute;sceles. Unos min&uacute;sculos ganchos magn&eacute;ticos enganchaban con el metal de la cadena que rodeaba sus caderas. El tejido s&oacute;lo ten&iacute;a la anchura para cubrir el pubis, quedando la parte superior de las piernas desnudas. Ni un solo poro del frontal de los muslos llegaba a ser ocultado. Desde la parte superior del pubis, la tela ca&iacute;a directamente hasta los tobillos, pero estrech&aacute;ndose m&aacute;s y m&aacute;s hasta quedar en un hilillo del que colgaba una bola reluciente del mismo color que la tela. El dise&ntilde;o s&oacute;lo consegu&iacute;a cubrir el pubis y sus aleda&ntilde;os.<\/p>\n<p>El tri&aacute;ngulo trasero era igualmente traicionero. Shara not&oacute; que no cubr&iacute;a las nalgas enteras. Se lo puso Habib, roz&aacute;ndola ligeramente por primera vez. Al igual que su hom&oacute;logo, el tri&aacute;ngulo se enlazaba magn&eacute;ticamente. Al no poder verse, Shara no pudo apreciar c&oacute;mo le quedaba la tela. La grieta del culo quedaba cubierta por el tejido, pero por poco. Desde la base cerca de la parte superior, la tela se iba estrechando hasta quedar reducida a la nada pocos cent&iacute;metros por debajo de la parte inferior de las nalgas. Aproximadamente un tercio o algo menos de los gl&uacute;teos quedaban al descubierto. Una borla acompa&ntilde;aba al conjunto como en su pareja delantera.<\/p>\n<p>El &uacute;ltimo velo ten&iacute;a la supuesta misi&oacute;n de cubrir los senos, lo que a todas luces era imposible. No solo por su finura y su falta de opacidad, tambi&eacute;n porque al igual que el que tapaba las nalgas, se estrechaba con rapidez. Shara se lo coloc&oacute; siguiendo las detalladas instrucciones de Habib, sin llegar a entender que pretend&iacute;a el atuendo. A todas luces era como ir desnuda. Ve&iacute;a sus pezones a la perfecci&oacute;n a trav&eacute;s del tejido y todo el lateral de los pechos no consegu&iacute;a ni un atisbo de privacidad. Otra borla culminaba el tri&aacute;ngulo.<\/p>\n<p>&mdash;Manos en la nuca, por favor&mdash; solicit&oacute; amablemente Habib.<\/p>\n<p>No era algo que le extra&ntilde;ase a Shara. No se hab&iacute;a movido, estaba demasiado habituada a no hacerlo sin permiso, pero el tejido pareci&oacute; rebrotar.<\/p>\n<p>&mdash;Te voy a colocar el aro del cuello.<\/p>\n<p>Se trataba de una cadena del mismo tono y material que la vestimenta. La diferencia era que pesaba m&aacute;s. Y justo desde la nuca, part&iacute;a otra cadena, -m&aacute;s fina-, que bajaba casi hasta el gl&uacute;teo a trav&eacute;s de la espalda.<\/p>\n<p>&mdash;Ya est&aacute;. La parte de atr&aacute;s deber&iacute;a estar tocando tu espalda todo el tiempo posible.<\/p>\n<p>Shara se irgui&oacute; un poco para conseguirlo. Subi&oacute; un poco la cabeza para alargar la cadena desde atr&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Bien hecho. Vamos a practicar un poco con el calzado. Hoy te voy a permitir que mires hacia el suelo, pero el objetivo final, -tardemos el tiempo que tardemos-, ser&aacute; que camines mirando al frente y con la cadena de la espalda haciendo contacto. Puedes mirar hacia tus pies.<\/p>\n<p>Shara baj&oacute; la cabeza, notando de inmediato como la cadena vertical perd&iacute;a el contacto con la columna. A duras penas pod&iacute;a aguantar con los talones en alto, tratando de no apoyarse demasiado en la base.<\/p>\n<p>&mdash;C&oacute;gete de mi brazo. Como si fuera tu pareja. Eso es. Da un peque&ntilde;o paso con el pie derecho. S&oacute;lo adel&aacute;ntalo un poco. Apoya exclusivamente con los dedos.<\/p>\n<p>Shara obedeci&oacute; con recelo. Iba a ser resultar casi imposible andar con ese calzado. Habib se dio cuenta de algo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Espera! Vamos a practicar un poco haciendo que te apoyas exclusivamente en un solo pie.<\/p>\n<p>Habib se puso delante de ella. Y agarr&oacute; su cintura con las dos manos, como si la estuviese evaluando.<\/p>\n<p>&mdash;Pon tus manos en mi cuello, agarr&aacute;ndolo. Y cierra los ojos.<\/p>\n<p>Esper&oacute; a que cumpliese sus &oacute;rdenes y prosigui&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Podr&aacute;s apoyarte en el tal&oacute;n si estas quieta. S&oacute;lo deber&aacute;s ser consciente de ello y dejar r&iacute;gido el pie, vigilando que tu centro de gravedad no se mueva.<\/p>\n<p>Shara estaba algo m&aacute;s c&oacute;moda que antes, con el apoyo en el cuello de Habib. En cambio, el contacto de sus manos en la cintura era otra cuesti&oacute;n. Despu&eacute;s de tantos d&iacute;as desnuda y contemplada minuciosamente su organismo hab&iacute;a empezado a segregar m&uacute;ltiples endorfinas. El erotismo estaba empezando a hacer mella en su indiferencia. Las manos de Habib eran c&aacute;lidas, en comparaci&oacute;n al fr&iacute;o metal de su &lsquo;cama&rsquo;. Y los azotes, todav&iacute;a dolorosamente presentes en las plantas de sus pies, se hab&iacute;an convertido en un elemento m&aacute;s de sensualidad. Ten&iacute;a ganas de besarlo. No pod&iacute;a preguntar si ten&iacute;a permiso.<\/p>\n<p>Fue superior a sus fuerzas. Llev&oacute; sus labios a los de &eacute;l y se ofreci&oacute;. No se trataba de un beso fraternal, sino de una renuncia. Quer&iacute;a que le hiciese el amor. Como si tuviese el poder de decidirlo. Habib recogi&oacute; el beso y aprovech&oacute; para acariciar brevemente su espalda. Pero para Shara era insuficiente. Sus senos pr&aacute;cticamente desnudos y elevados gracias a la postura de los brazos, parec&iacute;an rogar ser acariciados. Y, en cambio, Habib simplemente rozaba ligeramente su espalda. Y no es que no apreciase el ligero desliz, es que sent&iacute;a que no lo conmoviese. No bastaba con ser atractiva, estar disponible y ser, a todos los efectos, su esclava. &Eacute;l parec&iacute;a tener otro prop&oacute;sito, un calendario minucioso y primorosamente organizado. Un organigrama en el que no cab&iacute;an sentimientos rom&aacute;nticos ni, quiz&aacute;s, interludios amorosos.<\/p>\n<p>Shara perdi&oacute; la concentraci&oacute;n y su pie empez&oacute; a trastabillar. Habib estaba alerta, -a pesar de que segu&iacute;an bes&aacute;ndose-, y volvi&oacute; a agarrarla de la cintura, ahora con m&aacute;s fuerza. Shara rompi&oacute; el contacto con los labios de su protector, ahora centrada en el peligro y el error que hab&iacute;a cometido.<\/p>\n<p>&mdash;Lo siento&mdash; dijo sin recordar que no ten&iacute;a derecho a hablar.<\/p>\n<p>Habib solt&oacute; lentamente sus manos. Shara se afianz&oacute; en sus dedos.<\/p>\n<p>&mdash;Manos en la nuca, Shara. Resumamos: una penalizaci&oacute;n por besarme sin permiso, una penalizaci&oacute;n por trastabillarte por falta de atenci&oacute;n y una &uacute;ltima penalizaci&oacute;n por hablar sin autorizaci&oacute;n. Se me olvidaba: otra m&aacute;s por no mantener la cadena tocando la espalda ya que no te estabas moviendo.<\/p>\n<p>Shara corrigi&oacute; su postura, m&aacute;s con ganas de llorar que de cumplir. S&oacute;lo un cierto orgullo hizo que se irguiese lo suficiente y, en cuanto qued&oacute; bien erecta, un automatismo surgi&oacute; por arte de ensalmo. No se rendir&iacute;a tan f&aacute;cilmente.<\/p>\n<p>&mdash;Cada penalizaci&oacute;n supone cinco azotes aplicables al d&iacute;a siguiente. Trata de ser m&aacute;s cuidadosa.<\/p>\n<p>Shara hubiera bajado la cabeza, sumisa, para asentir. En cambio, debido a la regla de la cadena, mantuvo la cabeza alta y expectante.<\/p>\n<p>&mdash;Debes estar cansada. Te tiemblan un poco las piernas. Deja todo en el caj&oacute;n y vuelve a tu celda.<\/p>\n<p>Ah&iacute; acab&oacute; la experiencia rom&aacute;ntica.<\/p>\n<p>*_*_*<\/p>\n<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, Shara esperaba con las manos en la nuca y mirando hacia fuera de la celda la venida de sus instructores. Fue Dima la que vino a primera hora.<\/p>\n<p>&mdash;Hola, Shara. Me alegra ver que te est&aacute;s ajustando.<\/p>\n<p>Como Shara no pod&iacute;a responder sin permiso a algo que no fuera una pregunta directa, ni siquiera para saludar, sigui&oacute; mirando al frente.<\/p>\n<p>&mdash;Puedes hablar y abandonar la posici&oacute;n. Desayunemos juntas.<\/p>\n<p>La propia Shara dispuso de la mesa. Cuando ya estaban sentadas en sendos taburetes, Dima prosigui&oacute; la charla.<\/p>\n<p>&mdash;Habib me ha contado tu desliz de ayer. &iquest;Puedes se&ntilde;alarme las faltas que has cometido?<\/p>\n<p>&mdash;Besarle sin permiso y perder la posici&oacute;n. Y otra por hablar sin permiso.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Hay algo m&aacute;s?<\/p>\n<p>Shara trat&oacute; de recordar.<\/p>\n<p>&mdash;Nada m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Te equivocas. Hab&iacute;a otra falta por no mantener la cadena en contacto con tu espalda. Esto supone una nueva falta.<\/p>\n<p>&mdash;Lo siento.<\/p>\n<p>&mdash;Lo imagino. No hay nada mejor que las consecuencias para aprender. As&iacute; que tienes los cinco azotes establecidos diariamente y cinco faltas con cinco azotes cada uno. &iquest;Por qu&eacute; besaste a Habib? Esa falta fue completamente voluntaria.<\/p>\n<p>&mdash;Me incit&oacute; la situaci&oacute;n&mdash; dijo titubeando. &mdash;Me sent&iacute; deseada.<\/p>\n<p>&mdash;A Habib t&uacute; tambi&eacute;n le gustas. No deber&iacute;a ser un problema, muy al contrario. Lo que ocurre es que en &uacute;ltimo extremo terminar&eacute;is yendo a lugares diferentes. Creo que te has enamorado de &eacute;l, es algo bueno para el entrenamiento, dif&iacute;cil en la parte final.<\/p>\n<p>Shara no entend&iacute;a muy bien c&oacute;mo pod&iacute;a pensar Dima que se hab&iacute;a enamorado de Habib. Todo era por obligaci&oacute;n y un beso no pod&iacute;a ser suficiente indicio.<\/p>\n<p>&mdash;No estoy segura, Dima. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a saber si me he enamorado?<\/p>\n<p>&mdash;Supongo que no es f&aacute;cil. Esperaremos unos d&iacute;as. Mientras tanto, Habib ser&aacute; el &uacute;nico que te azote. Despu&eacute;s de cada sesi&oacute;n de castigo lo besar&aacute;s. Iba a incluir esa parte en tu entrenamiento m&aacute;s adelante.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y ya no habr&aacute; castigo por besarle?<\/p>\n<p>&mdash;No si s&oacute;lo lo haces despu&eacute;s de los azotes. El resto del tiempo, las reglas ser&aacute;n las mismas. No te confundas: est&aacute;s obligada a besarlo. &iquest;Entiendes?<\/p>\n<p>&mdash;Debo besarlo despu&eacute;s de cada sesi&oacute;n de castigo y no debo besarlo el resto del tiempo.<\/p>\n<p>&mdash;Voy a a&ntilde;adir un elemento m&aacute;s, Shara. Habib es un hombre joven, le voy a dar libertad para tocarte los senos siempre que os est&eacute;is besando.<\/p>\n<p>Shara hubiera protestado si no hubiese visto en la cara de Dima una extra&ntilde;a determinaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Pero s&oacute;lo le besar&eacute; cuando me haya castigado &iquest;no?<\/p>\n<p>&mdash;Y &eacute;l podr&aacute; besarte cuando lo desee, sin restricciones. Y al hacerlo, tendr&aacute; acceso a tus senos. Cuando te bese, cuenta interiormente hasta treinta. Entonces, puedes abandonar el beso. Si lo haces antes, ser&aacute;s castigada. Y, por otra parte, pasada esa cuenta de treinta, Habib sabr&aacute; que deseas seguir siendo acariciada o besada.<\/p>\n<p>Shara no pod&iacute;a creerse que pudiera ser tan injusta con ella. No pensaba estar ni un segundo m&aacute;s. En cuanto se acabase el tiempo, dejar&iacute;a de besarlo.<\/p>\n<p>Acabaron de desayunar. Dima se fue y Habib lleg&oacute; al momento.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s de acuerdo con los t&eacute;rminos que ha establecido Dima? &mdash;pregunt&oacute; Habib con dudas. &mdash;Tienes permiso para hablar.<\/p>\n<p>Shara no estaba de acuerdo con nada, pero poco pod&iacute;a hacer. Casi deb&iacute;a sentirse agradecida de no ser violada.<\/p>\n<p>&mdash;Estoy de acuerdo &mdash;afirm&oacute; con falso aplomo mientras Habib contemplaba su cuerpo expuesto en la postura de exhibici&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Entonces, empecemos. El castigo diario se realiza aqu&iacute; en la celda, sin atav&iacute;o. &iquest;Recuerdas la sesi&oacute;n de ayer?<\/p>\n<p>&iexcl;C&oacute;mo si pudiera olvidarlo! Shara se coloc&oacute; de cara a la pared y empuj&oacute; los senos hacia la misma, luego levant&oacute; el pie derecho, ofreci&eacute;ndole al l&aacute;tigo.<\/p>\n<p>&mdash;Lo lamento mucho, Shara, pero has olvidado algo importante. Una falta. Ya no tienes permiso para hablar. Trata de recordar o habr&aacute; una segunda falta.<\/p>\n<p>Shara trat&oacute; por todos los medios de rememorar la infame sesi&oacute;n del d&iacute;a anterior. Levant&oacute; el tal&oacute;n izquierdo.<\/p>\n<p>&mdash;Una falta, Shara. El orden no es ese.<\/p>\n<p>&iexcl;Era todo tan injusto! Baj&oacute; el tal&oacute;n izquierdo y el pie derecho. Elev&oacute; los dos talones y volvi&oacute; a llevar hacia arriba el pie derecho. Casi se imaginaba la escena, parec&iacute;a estar rogando que le azotasen la planta desnuda.<\/p>\n<p>&mdash;Ahora est&aacute; mejor. Desde ahora, primero elevas los talones, luego presionas los pechos con fuerza. No olvides las faltas de hoy para anotarlas posteriormente. En cada registro debe constar la raz&oacute;n por el castigo. Ahora s&oacute;lo trata de centrarte en los azotes.<\/p>\n<p>La espera era angustiosa. El primer golpe fue mucho m&aacute;s intenso que el d&iacute;a anterior. Y se movi&oacute; ligeramente.<\/p>\n<p>&mdash;No lo tendr&eacute; en cuenta, Shara, pero no debes de moverte en absoluto.<\/p>\n<p>No lo estaban azotando a &eacute;l. Shara cambi&oacute; de pierna. El simple hecho de alargar el pie derecho fue como una tortura. El golpe en el pie izquierdo fue r&aacute;pido. A partir de ah&iacute;, los azotes fueron r&aacute;pidos. Se qued&oacute; quieta mirando a la pared, con los pechos ya quejumbrosos al cabo de un rato.<\/p>\n<p>&mdash;Puedes girarte, Shara.<\/p>\n<p>Sin pensar realmente que correspond&iacute;a, Shara volvi&oacute; a su postura de exhibici&oacute;n, manos en la nuca y piernas abiertas, aliviada de bajar los talones y liberar los pechos.<\/p>\n<p>&mdash;Una falta, Shara. Ahora tocaba besarme. Lleva tus brazos a mi cuello y comienza.<\/p>\n<p>Shara lo bes&oacute; ofreciendo el cuerpo mientras buscaba sus labios. Habib acarici&oacute; sus pechos por primera vez. Mucho antes de que pudiera apreciar el deseo del hombre, este solt&oacute; los pechos y retir&oacute; los labios.<\/p>\n<p>&mdash;Vamos con la sesi&oacute;n de nuevo. Los azotes anteriores era los obligados, ahora vamos con la compensaci&oacute;n por las cinco faltas de ayer. Ser&aacute;n a los pies, las nalgas y la espalda. La primera posici&oacute;n ya la conoces.<\/p>\n<p>Shara no dud&oacute; en absoluto, hab&iacute;a memorizado la secuencia con fervor, no quer&iacute;a a&ntilde;adir una nueva falta a su larga lista. El pie derecho estuvo ofrecido en un santiam&eacute;n, pegado a su nalga, los pechos aplastados, el otro pie alzado de antemano. Habib aplic&oacute; los azotes con la misma velocidad que antes y a Shara le dolieron menos, a pesar de que los impactos segu&iacute;an dej&aacute;ndola sin respiraci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Puedes bajar el pie izquierdo. No olvides mantener los dos talones bien levantados. As&iacute;, muy bien. Ir&eacute; primero por la nalga derecha. Presiona con tu pubis la pared.<\/p>\n<p>El primer azote en la nalga, a pesar de dolerle no fue tan cruel como en las plantas de los pies. Cuando se acab&oacute; la serie en ambas nalgas, Habib sigui&oacute; explic&aacute;ndose.<\/p>\n<p>&mdash;Ahora cambiar&eacute; de l&aacute;tigo. No quiero da&ntilde;arte la piel de la espalda. El artefacto que voy a usar es s&oacute;nico. B&aacute;sicamente, tus nervios sentir&aacute;n el estallido del l&aacute;tigo y tu piel quedar&aacute; inc&oacute;lume. No es el dolor del cuero golpeado lo que debe de preocuparte, sino la reacci&oacute;n de contracci&oacute;n. Cuanto antes aprendas a relajarte, mejor podr&aacute;s soportar sus efectos.<\/p>\n<p>Shara no sab&iacute;a c&oacute;mo pod&iacute;a nadie relajarse cuando se iba a recibir un latigazo. Habib pareci&oacute; leer sus pensamientos.<\/p>\n<p>&mdash;No anticipes el movimiento. Mejor lleva tu mente a una parte tuya que ya haya sido azotada o a la incomodidad de tus pechos.<\/p>\n<p>Eso &uacute;ltimo no era dif&iacute;cil. El latigazo s&oacute;nico lleg&oacute; al momento. Shara baj&oacute; los talones ante el dolor, hab&iacute;a sentido como si toda la espalda hubiera sido cortada. Aunque lo ten&iacute;a totalmente prohibido, llev&oacute; su mano derecha de la nuca a recorrer la piel de la espalda, incapaz de creer que no estuviese saliendo sangre.<\/p>\n<p>&mdash;Lleva la mano a la nuca de nuevo, Shara. No hay ning&uacute;n corte. Y en unos cinco minutos el dolor dejar&aacute; de estar ah&iacute;. Rel&aacute;jate para los siguientes latigazos.<\/p>\n<p>Shara no pudo pensar en nada m&aacute;s que en lo que ven&iacute;a encima, el resto de dolores triviales comparados con ese. Consigui&oacute; no mover las manos y en cuanto Habib acab&oacute; de azotarla, Shara se dispuso a besarlo con atrevimiento.<\/p>\n<p>El beso fue mucho m&aacute;s elocuente. Habib estuvo un largo rato ofreci&eacute;ndole sus servicios, apreciando las formas voluptuosas de los senos con criterio y cierta devoci&oacute;n. Shara no movi&oacute; las manos de su nuca, a pesar del magreo incesante y persistente. Por un momento, casi olvid&oacute; las penas en su espalda y ni siquiera se acord&oacute; de contar hasta treinta, centrada en el placer en sus pechos voluptuosos.<\/p>\n<p>&mdash;Vamos.<\/p>\n<p>Shara pudo por fin bajar los brazos y casi llor&oacute; de gozo, de cansados que los ten&iacute;a. Ayud&oacute; a Habib a calzarle los zapatos. Los pies protestaron sin cesar. Shara ya sab&iacute;a a estas alturas que el dolor no desaparecer&iacute;a en horas y, mientras tanto, el dolor en la espalda hab&iacute;a desaparecido totalmente.<\/p>\n<p>Shara se visti&oacute; con ayuda de Habib, con mayor facilidad que el d&iacute;a anterior. Su cabeza erguida y sus talones elevados al cielo la hac&iacute;an sentir m&aacute;s alta que nunca. Habib la cogi&oacute; por la cintura.<\/p>\n<p>&mdash;Primer paso adelante, Shara. No lo hagas muy amplio y baja el pie con sensualidad y elegancia.<\/p>\n<p>El movimiento fue gr&aacute;cil a pesar de su dificultad y pronto el otro pie realiz&oacute; su primer movimiento. Cuando Shara hubo dado diez pasos, la hizo girarse para besarla. Shara llev&oacute; sus brazos a la nuca de Habib como ten&iacute;a establecido y casi, sin pensarlo, se prepar&oacute; para ser acariciada de nuevo. Por suerte para ella. esper&oacute; a ser besada antes de corresponder. Ya no hab&iacute;a dolor en la espalda y solo las nalgas y las plantas de los pies atenuaban el gozo que sent&iacute;a. Sus pezones parec&iacute;an explotar de emoci&oacute;n y sus senos estaban hinchados de necesidad. Tuvo un orgasmo. El primer orgasmo de su vida, fuera de sus sue&ntilde;os. Habib la sostuvo mientras lo tuvo, maravillado ante la vibraci&oacute;n inconfundible y el deseo que percibi&oacute;. Shara se recobr&oacute; con rapidez y ajust&oacute; su postura.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a tantas ganas de hablar o de besarlo que casi no pudo contenerse. Dima ten&iacute;a raz&oacute;n: se hab&iacute;a enamorado. A partir de ese momento, seguir a Habib le result&oacute; m&aacute;s f&aacute;cil. Hicieron una tanda de veinte pasos y Shara hubiera dado cualquier cosa por otro orgasmo, pero Habib abandon&oacute; el beso antes de lo previsto, mientras que Shara ni se plante&oacute; contar hasta treinta.<\/p>\n<p>Ya ni siquiera el dolor en los pies o en las nalgas limitaron el movimiento o la resoluci&oacute;n de Shara, dispuesta a cualquier cosa por ese hombre. Cuando llegaron a hacer los cincuenta pasos y despu&eacute;s de una sesi&oacute;n de lenguas y manos sobre pechos, Shara tuvo un segundo orgasmo, m&aacute;s comedido y tambi&eacute;n mucho m&aacute;s esperado.<\/p>\n<p>&mdash;Volvamos a la celda, Shara &mdash;se&ntilde;al&oacute; Habib sin comentar para nada los sensuales estallidos de su acompa&ntilde;ante, como si le resultasen ordinarios.<\/p>\n<p>Estaban bastante lejos, ya que todo el tiempo hab&iacute;a estado alej&aacute;ndose de la celda de Shara. Esta no tuvo demasiados problemas para recorrer todo el camino de un tir&oacute;n, cada pie apoyado con delicadeza al finalizar cada paso, cada nalga elevada y bajada ligeramente, cada tri&aacute;ngulo descubriendo y cubriendo con disimulo y cada respiraci&oacute;n concentrada en el movimiento.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&iacute;tate todo el atuendo y luego come un poco. M&aacute;s tarde vendr&aacute; Zahira a masajearte el cuerpo e indicarte nuevas instrucciones.<\/p>\n<p>No hubo un beso de despedida, y por lo tanto nuevas caricias. Si Habib ten&iacute;a sentimientos hacia ella, Shara no consegu&iacute;a percibirlos salvo por su plena dedicaci&oacute;n a la hora de sobarla. Ni siquiera sab&iacute;a si la besaba porque eso le permit&iacute;a acariciarla.<\/p>\n<p>Justo hab&iacute;a acabado de comer, ya casi sin sentir el dolor de los latigazos y s&oacute;lo consciente de que sus piernas parec&iacute;an de gelatina cuando lleg&oacute; Zahira.<\/p>\n<p>&mdash;Una falta, Shara &mdash;le indic&oacute; cuando Shara no se levant&oacute; ni se puso en la posici&oacute;n de brazos en la nuca.<\/p>\n<p>Cuando ya estuvo en la posici&oacute;n, con cierta dificultad debido al cansancio que sent&iacute;a, esper&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Puedes hablar.<\/p>\n<p>&mdash;Estoy a punto de caerme rendida, Zahira.<\/p>\n<p>&mdash;Me lo imagino. Estoy contenta por ti. Me han dicho que has tenido dos orgasmos. &iquest;Tu primera vez?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;. No sab&iacute;a que se pod&iacute;an tener orgasmos a trav&eacute;s de los pechos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Claro que s&iacute;! Aunque no todas podemos. Es una gran noticia. Deshaz la postura, tomar&eacute; un caf&eacute; mientras t&uacute; te acabas el postre.<\/p>\n<p>Charlaron un rato de manera intrascendente hasta que Zahira le se&ntilde;al&oacute; la tabla\/cama. La propia Shara toc&oacute; el bot&oacute;n para abrirla y surgi&oacute; lentamente.<\/p>\n<p>&mdash;Ponte boca abajo y est&iacute;rate todo lo que puedas.<\/p>\n<p>Zahira le dio un masaje por todo el cuerpo, con mayor &eacute;nfasis en los hombros, las piernas y los pies. Shara se qued&oacute; dormida, a pesar de aplastar sus pechos contra la dura tabla met&aacute;lica. Estaba demasiado cansada para percibirlo y el masaje hab&iacute;a cumplido su funci&oacute;n. Cuando se despert&oacute;, no mucho despu&eacute;s, casi no recordaba d&oacute;nde estaba y se toc&oacute; ligeramente un seno cuando se dio la vuelta. Tard&oacute; en darse cuenta y tambi&eacute;n en notar que Zahira la estaba mirando.<\/p>\n<p>&mdash;Una falta, Shara. La pr&oacute;xima vez, si crees que vas a dormirte, es mejor que enganches tus pulgares a las arandelas para evitarte problemas.<\/p>\n<p>A Shara le costaba no decir nada, pero por nada del mundo quer&iacute;a otra falta. El permiso para hablar ya estaba caducado. Zahira asinti&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Puedes hablar.<\/p>\n<p>&mdash;Lo siento, Zahira. &iexcl;De verdad!<\/p>\n<p>&mdash;Lo s&eacute;. Llevas siete faltas hoy contando estas &uacute;ltimas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde se me azotar&aacute;?<\/p>\n<p>&mdash;No se te azotar&aacute; por delante&hellip; por ahora. No est&aacute;s preparada. Ma&ntilde;ana tendr&aacute;s una sesi&oacute;n como la de hoy y se te acumular&aacute;n dos faltas para el d&iacute;a siguiente. No cometas m&aacute;s errores.<\/p>\n<p>Shara agach&oacute; la cabeza. Zahira sac&oacute; algo de la caja llena de artilugios sexuales.<\/p>\n<p>&mdash;Aunque no me fio de ti, Shara, te voy a colocar un peque&ntilde;o artefacto.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tipo de artefacto?<\/p>\n<p>&mdash;Es como un dedal para tu cl&iacute;toris.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Es realmente necesario?<\/p>\n<p>&mdash;Podr&iacute;amos esperar un poco, pero tu sexualidad te est&aacute; desbordando. Ser&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil para ti llevarlo una vez alcanzases un cl&iacute;max.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y lo de hoy?<\/p>\n<p>&mdash;Eso han sido tus pechos. Tu cl&iacute;toris debe estar restringido.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; debo hacer?<\/p>\n<p>&mdash;Ponte en el suelo, piernas bien abiertas, manos en la nuca y ojos cerrados.<\/p>\n<p>Una vez Shara estuvo en posici&oacute;n, Zahira busc&oacute; el cl&iacute;toris.<\/p>\n<p>&mdash;No tardar&eacute; nada. Te voy a colocar el dedal. Este pondr&aacute; una pel&iacute;cula por encima de la piel y en unos segundos retirar&eacute; el artefacto.<\/p>\n<p>Shara no not&oacute; nada salvo el contacto inicial.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ya est&aacute;? &mdash;pregunt&oacute; cuando Zahira le dijo que pod&iacute;a levantarse.<\/p>\n<p>&mdash;La pel&iacute;cula te impedir&aacute; masturbarte adecuadamente. Tambi&eacute;n monitoriza tu estado de excitaci&oacute;n y traslada los datos a la IA.<\/p>\n<p>&mdash;Sigo sin entenderlo, Zahira. &iquest;Qu&eacute; diferencia hay con los orgasmos que tuve hoy?<\/p>\n<p>&mdash;Algunas mujeres somos capaces de tener orgasmos sin el est&iacute;mulo de nuestro cl&iacute;toris, otras no. En tu caso, ya que tienes ese don, lo exploraremos adecuadamente. Pero el bot&oacute;n de amor entre tus piernas pertenece exclusivamente a tu due&ntilde;o.<\/p>\n<p>Shara se qued&oacute; abatida y prefiri&oacute; no tentar la suerte, no siempre estaba Zahira tan habladora. Esta le propuso que continuara con sus ejercicios.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que est&aacute;s empezando a darle al coco. Trata de realizar tu rutina de ejercicios, ahora que has descansado. Cuando acabes, puedes tomar algo y luego duerme. Si crees que no vas a poder evitar tocarte, deber&iacute;a ponerte unos brazaletes.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Unos brazaletes?<\/p>\n<p>Zahira los sac&oacute; de la caja.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ves? Llevan unos engarces parecidos a los que usas actualmente cuando llevas las manos por encima de ti cuando vas a dormir.<\/p>\n<p>Shara se los puso. No ten&iacute;a sentido no hacerlo. Zahira le ense&ntilde;&oacute; a colocar los pulgares en cada engarce con los brazos por detr&aacute;s. En un primer momento, Shara crey&oacute; que el conjunto era c&oacute;modo, pronto cambi&oacute; de idea. Las manos deb&iacute;an de estar pr&aacute;cticamente pegadas al codo contrario y los pulgares en alto.<\/p>\n<p>&mdash;No entiendo c&oacute;mo funcionan las arandelas, Zahira.<\/p>\n<p>&mdash;Te obligar&aacute;n a estar alerta, los brazos no deben de relajarse detr&aacute;s de ti. Si as&iacute; fuera, notar&iacute;as como las arandelas apretar&iacute;an los pulgares.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo podr&iacute;a dormir as&iacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Ponte horizontal y lo ver&aacute;s. En ese caso, los peque&ntilde;os anillos que rodean tus pulgares no apretar&aacute;n.<\/p>\n<p>Shara lo prob&oacute;, algo esc&eacute;ptica. Zahira ten&iacute;a raz&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Puedes dejarte puestos los brazaletes o quit&aacute;rtelos cuando vayas a dormir. S&oacute;lo ten en cuenta que en cuanto te duermas, ya no podr&aacute;s retirar los brazos de tu espalda, ya que los brazaletes conectan con la IA y detectan si te has dormido, impidiendo las tentaciones. Hasta luego.<\/p>\n<p>Le dio un beso suave en los labios y se fue sin tocarle los pechos, para desaz&oacute;n de Shara que en esa postura los ofrec&iacute;a imp&uacute;dicamente.<\/p>\n<p>El ejercicio le vino bien, al igual que volver a comer. Luego se fue a dormir inquieta ante la perspectiva de tener los brazos detr&aacute;s toda la noche. Al menos, cuando los ten&iacute;a encima suya, ten&iacute;a la posibilidad de bajarlos si estaba despierta. Un grado menos de libertad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 22<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>La celda era muy poco acogedora. No sab&iacute;a muy bien qu&eacute; deb&iacute;a esperar, solo que supuso que ser&iacute;a tratada con algo m&aacute;s de delicadeza. Ten&iacute;a miedo ante las consecuencias de sus actos. Un temor arraigado profundamente en su conciencia desde su ni&ntilde;ez no pod&iacute;a obviarse. Si es que se daba cuenta de &eacute;l. 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