{"id":18958,"date":"2018-10-16T22:00:00","date_gmt":"2018-10-16T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-10-16T22:00:00","modified_gmt":"2018-10-16T22:00:00","slug":"18958-una-profesia-autocumplida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/18958-una-profesia-autocumplida\/","title":{"rendered":"Una profec\u00eda auto cumplida"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"18958\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Llegando la medianoche recibi&oacute; el mensaje de su novio. &lsquo;&iquest;C&oacute;mo estuvo tu d&iacute;a?&rsquo;, dec&iacute;a. Ella estaba en el corredor, frente a su cuarto, sentada sobre una silla de madera, con la mirada clavada en la piscina, escuchando los ruidos de la noche. Le molest&oacute; leer ese mensaje. &iquest;De verdad quer&eacute;s saber c&oacute;mo estuvo mi d&iacute;a, Carlos?, pensaba para s&iacute; misma. &iquest;No ser&aacute; que lo que quer&eacute;s es controlarme?<\/p>\n<p>La casa en donde se alojaba era grande. Podr&iacute;a ser un hotel. Emilia hab&iacute;a ido a un viaje de estudio con sus alumnos, y un grupo de profesores. Los docentes se alojaban en esa casa.<\/p>\n<p>Desde que le dijo a Carlos que iba a hacer ese viaje, se comportaba extra&ntilde;o. Ella ya lo conoc&iacute;a, Carlos sent&iacute;a pavor cada vez que Emilia sal&iacute;a con sus amigas, o cuando conoc&iacute;a gente nueva, sobre todo hombres. Cuando empez&oacute; como ayudante de c&aacute;tedra en la facultad de ingenier&iacute;a, no paraba de sacarle sutilmente informaci&oacute;n sobre sus compa&ntilde;eros hombres.<\/p>\n<p>Emilia vio una sombra salir de uno de los cuartos. La figura oscura se acerc&oacute; a la luz, y reconoci&oacute; a Santiago.<\/p>\n<p>Era otro ayudante de c&aacute;tedra. Antes, apenas se hab&iacute;an cruzado un par de veces por los pasillos de la universidad, pero en los dos d&iacute;as que llevan en ese viaje, pegaron buena onda.<\/p>\n<p>Santiago la salud&oacute; con un gesto, y se acerc&oacute; lentamente.<\/p>\n<p>Emilia ri&oacute;, imaginando la cara que Carlos pondr&iacute;a si viera esa escena. Era tan inseguro el pobre. S&oacute;lo con verla charlar con otro hombre lo pon&iacute;a mal.<\/p>\n<p>Conoci&oacute; a su novio en un Taller de teatro. &Eacute;l comenz&oacute; a conversarle por mensajes. Trabaron una linda amistad, hasta que Carlos la convenci&oacute; de empezar a salir. &Eacute;l era t&iacute;mido y muy sensible. Desde que ella empez&oacute; a darle bola, despu&eacute;s de haberlo hecho sufrir bastante, &eacute;l se hab&iacute;a mostrado muy apocado, y aunque intentaba disimularlo, era obvio que consideraba que Emilia era mucha mujer para &eacute;l.<\/p>\n<p>Lo que le gustaba de su novio, era, a la vez, lo mismo que le molestaba: Su actitud bonachona, su dulzura, su incondicionalidad, su belleza sutil, su sexualidad dispuesta, pero poco salvaje. Todo eso era lo que ella necesitaba, pero a la vez, lo que la hastiaba.<\/p>\n<p>&mdash; No pod&eacute;s dormir. &mdash;dijo Santiago, dando los &uacute;ltimos pasos &aacute;giles hasta sentarse a su lado.<\/p>\n<p>&mdash; Es que la noche est&aacute; muy linda. &mdash; dijo ella. Santiago sonri&oacute;, mirando el cielo oscuro. De perfil se notaban sus mand&iacute;bulas fuertes. Su barba estaba recortada muy prolijamente.<\/p>\n<p>&mdash; Ni siquiera en lugares como estos podemos librarnos de eso. &mdash; dijo &eacute;l, se&ntilde;alando el celular que Emilia ten&iacute;a en la mano.<\/p>\n<p>&mdash; S&iacute;, es verdad, deber&iacute;a dejarlo adentro y desconectarme de todo.<\/p>\n<p>&mdash; No te culpo, yo tambi&eacute;n ando siempre con el celular. &mdash; sonri&oacute;, mostrando sus dientes perfectos. &mdash; Disculp&aacute;, quiz&aacute; quer&iacute;as estar sola, y yo ac&aacute; molest&aacute;ndote.<\/p>\n<p>&mdash; No, no hay problema, no me molest&aacute;s para nada.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Fum&aacute;s porro? &mdash; Pregunt&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>Ella se sorprendi&oacute; por la pregunta directa, pero enseguida se le pas&oacute;. Despu&eacute;s de todo, ambos rondaban los veintisiete, estaban m&aacute;s cerca de la edad de sus alumnos que de sus colegas veteranos, y hasta hace no mucho tiempo, viv&iacute;an la vida loca.<\/p>\n<p>&mdash; S&iacute;, pero no tengo.<\/p>\n<p>&mdash; Yo s&iacute;. &mdash; dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>Emilia llevaba un short corto, y not&oacute; c&oacute;mo Santiago miraba subrepticiamente sus piernas. Un escalofr&iacute;o recorri&oacute; su espalda. Su instinto le dec&iacute;a que ese instante podr&iacute;a marcar un antes y un despu&eacute;s en su vida. Le vino la imagen de Carlos a su mente, pero la apart&oacute;. &iquest;por qu&eacute; deber&iacute;a sentirse culpable por fumar un porro con un colega? &iquest;Acaso no era lo suficientemente madura como para poner l&iacute;mites cuando fueran necesarios? Claro que lo era.<\/p>\n<p>&mdash; Bueno, prendelo. &mdash; le dijo.<\/p>\n<p>&mdash; No, ac&aacute; no, pueden vernos algunos de los viejos. Ya sab&eacute;s como son los profesores Latrichiano y Beir&oacute;.<\/p>\n<p>Emilia se puso en alerta. Si Santiago le propon&iacute;a fumar en su cuarto, lo rechazar&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Conociste el campito de golf?<\/p>\n<p>&mdash; No, no fui todav&iacute;a. &mdash; Dijo ella.<\/p>\n<p>&mdash; Vamos.<\/p>\n<p>El campo estaba detr&aacute;s de la casa. Formaba parte de la misma propiedad. Caminaron con la luz de la luna y algunos ruidos lejanos como &uacute;nicos testigos. No hablaron durante el corto trayecto, sin embargo, el silencio no fue en absoluto inc&oacute;modo.<\/p>\n<p>&mdash; Bueno, ahora no se ve nada, pero de d&iacute;a es muy lindo. &mdash; dijo &eacute;l cuando llegaron.<\/p>\n<p>&mdash; Me imagino.<\/p>\n<p>Santiago sac&oacute; el faso del bolsillo, y lo prendi&oacute; con el encendedor. Se sentaron sobre el pasto, con los ojos perdidos en la nada, como si hubiese algo muy interesante en la negrura. &Eacute;l se puso el porro en la boca y despu&eacute;s larg&oacute; el humo denso.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Ten&eacute;s novia? &mdash; le pregunt&oacute; ella, sin saber por qu&eacute; lo hizo, mientras agarraba el faso que le pasaba Santiago. &Eacute;l sonri&oacute;. Los dientes eran m&aacute;s blancos que nunca en la semipenumbra. Era una sonrisa canchera, relajada.<\/p>\n<p>&mdash; S&iacute; &mdash; le respondi&oacute;.<\/p>\n<p>Ella estuvo a punto de preguntarle si su novia no estaba molesta por haber viajado sin ella, pero no lo hizo.<\/p>\n<p>&mdash; Y vos me imagino que tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y por qu&eacute; imagin&aacute;s eso?<\/p>\n<p>&mdash; No s&eacute;, en realidad no importa. &mdash; Cort&oacute; Santiago.<\/p>\n<p>&mdash; Mi novio tiene miedo de que lo enga&ntilde;e. &mdash; confes&oacute; ella, de la nada.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;No conf&iacute;a en vos?<\/p>\n<p>&mdash; No se trata de m&iacute;, Carlos es muy inseguro, y celoso. Yo nunca lo enga&ntilde;&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash; La infidelidad no existe, y los celos tampoco. Las personas tenemos miedo de saber que los seres que amamos pueden llegar a compartir algo tan &iacute;ntimo como el sexo con otra persona. Eso es porque tememos perder al otro. Pero el sexo s&oacute;lo es sexo.<\/p>\n<p>Emilia dio una pitada al porro. Qued&oacute; pensativa. Si esa misma noche enga&ntilde;aba a su novio &iquest;Qu&eacute; diferencia habr&iacute;a? Si le era fiel, igual la har&iacute;a sentirse culpable por cosas insignificantes. Culpable por sonre&iacute;rle a un conocido, culpable por salir con sus amigas, culpable por no contestarle un mensaje a las doce de la noche&hellip; Lo peor era que Carlos no se enojaba con ella, ni siquiera le recriminaba nada. S&oacute;lo se limitaba a poner esa cara de pobrecito, como diciendo &ldquo;por favor, no me traiciones&rdquo;.<\/p>\n<p>Le devolvi&oacute; el porro a Santiago. En alguna parte brillaba una luci&eacute;rnaga. Los dedos se apoyaron sobre su rodilla. Primero los sinti&oacute; fr&iacute;os, pero se fueron entibiando a medida que se frotaron insistentemente en su piel. Se miraron a los ojos. &Eacute;l esbozaba su sonrisa triunfadora mientras sus dedos sub&iacute;an hasta meterse debajo del short. Ella lo bes&oacute;, sabore&oacute; su lengua endulzada, sinti&oacute; el aliento a porro y a cerveza, apoy&oacute; su mano sobre los pectorales trabados, y con la otra mano arrebat&oacute; el bulto s&oacute;lido que crec&iacute;a bajo el pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>&Eacute;l la agarr&oacute; de la cintura, la hizo girar. La abraz&oacute; por atr&aacute;s, apoy&aacute;ndole su miembro. Le desaboton&oacute; el short y se lo baj&oacute;. La diminuta tanga era la prueba irrefutable de que, en su inconsciente, desde un principio quiso guerra.<\/p>\n<p>La tumb&oacute; sobre el pasto. Quiz&aacute; al otro d&iacute;a le picar&iacute;a, pero ahora s&oacute;lo le importaba apagar el incendio de su entrepierna. Santiago hizo a un lado la tanga, se tom&oacute; unos segundos para ponerse el preservativo, y la penetr&oacute;, despacio, como pidiendo permiso, porque su verga era muy grande, tan grande que si Carlos viera c&oacute;mo esa pija prodigiosa se enterraba en su novia no podr&iacute;a hacer otra cosa m&aacute;s que llorar.<\/p>\n<p>A ella le fascin&oacute; sentir esa inconmensurabilidad en su sexo. Dominada por el frenes&iacute; de la pasi&oacute;n lo anim&oacute; a que la embista con m&aacute;s fuerza. Santiago hizo movimientos m&aacute;s bruscos, y los gemidos de Emilia se convirtieron en gritos cada vez que recib&iacute;a esa verga que la hab&iacute;a convertido, al fin, en infiel.<\/p>\n<p>Por una vez, no se sinti&oacute; culpable, sino que se sinti&oacute; muy puta, y estaba infinitamente orgullosa de eso. Su orgasmo traidor se consumi&oacute; en la noche, y qued&oacute; perdido, a cientos de kil&oacute;metros de su novio.<\/p>\n<p>Caminaron en silencio c&oacute;mplice a la casa. Se saludaron como si no hubiese pasado nada. Emilia entr&oacute; a su cuarto, puso a cargar el celular, y entonces record&oacute; que no le hab&iacute;a respondido el menaje a Carlos. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo estuvo tu d&iacute;a?&rdquo; le hab&iacute;a escrito &eacute;l. Ella se quit&oacute; la ropa para darse una ducha antes de dormir. &ldquo;Estuvo hermoso mi d&iacute;a, mi amor&rdquo; le respondi&oacute; al fin.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Llegando la medianoche recibi&oacute; el mensaje de su novio. &lsquo;&iquest;C&oacute;mo estuvo tu d&iacute;a?&rsquo;, dec&iacute;a. Ella estaba en el corredor, frente a su cuarto, sentada sobre una silla de madera, con la mirada clavada en la piscina, escuchando los ruidos de la noche. Le molest&oacute; leer ese mensaje. &iquest;De verdad quer&eacute;s saber c&oacute;mo estuvo mi d&iacute;a, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4947,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":["post-18958","post","type-post","status-publish","format-standard","category-infidelidad"],"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18958","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4947"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18958"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18958\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18958"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18958"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18958"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}