{"id":19155,"date":"2018-11-10T23:00:00","date_gmt":"2018-11-10T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-11-10T23:00:00","modified_gmt":"2018-11-10T23:00:00","slug":"19155-nadie-me-ha-trastocado-tanto-como-alexandra-2-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/19155-nadie-me-ha-trastocado-tanto-como-alexandra-2-parte\/","title":{"rendered":"Nadie me ha trastornado tanto como Alexandra (Parte 2)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"19155\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">0<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Y es que ese jueves cambi&oacute; para siempre mi relaci&oacute;n con Alexandra. Fue un punto de inflexi&oacute;n en nuestra extra&ntilde;a relaci&oacute;n y el principio de un cambio radical que ocasion&oacute; que me obsesionase m&aacute;s por ella y que dicha obsesi&oacute;n me produjera cada vez m&aacute;s morbo y deseo fetichista. Ese jueves con su jersey gris y camisa blanca iba a ser el principio de algo que a d&iacute;a de hoy me sigue pareciendo alucinante y a&uacute;n no me creo que llegase a pasar todo lo que pas&oacute;.<\/p>\n<p>Solo s&eacute; que al ver que ella no reaccion&oacute; mal a mi beso en su cuello (en realidad ni bien ni mal, no reacciono simplemente, permaneci&oacute; como siempre fr&iacute;a, distante y antip&aacute;tica como si nada hubiera pasado) pero eso me dio mucho valor para a continuaci&oacute;n seguir explotando todo ese deseo morboso contenido que ten&iacute;a por ella.<\/p>\n<p>Por lo que unos segundos despu&eacute;s de ese beso en el cuello le dije: &ldquo;Alexandra, lev&aacute;ntate&rdquo;, ella no reaccion&oacute;, estaba como en babia absorta en sus pensamientos y como si no hablase con ella. Por lo que volv&iacute; a repetir: &ldquo;Alexandra, por favor, lev&aacute;ntate&rdquo; y yo mismo la forc&eacute; a levantarse ayud&aacute;ndola con mis manos. Ella se qued&oacute; de pie impasible, fr&iacute;a, distante, callada, borde, inaccesible y con ese gesto de antipat&iacute;a que siempre hab&iacute;a en su rostro. Lo cierto es que era una chica muy rara, extremadamente rara, pues por una parte de su rostro no desaparec&iacute;a esa especie de altivez con esa pose arrogante, engre&iacute;da, soberbia y orgullosa como con superioridad moral pero, por otra parte, se dejaba besar y hacer lo que yo quisiera hasta ese momento. Era un cocktail muy raro. Una chica muy rara pero precisamente eso era lo que le daba tant&iacute;simo morbo y que fuese tan apetecible, m&aacute;s que ninguna otra chica.<\/p>\n<p>Y todo eso me excitaba, me excitaba mucho, m&aacute;s que ninguna otra de mis alumnas, cierto que la mayor&iacute;a de mis alumnas ten&iacute;an la edad de Alexandra (18 a&ntilde;os) y probablemente algunas fuesen m&aacute;s guapas y estuviesen m&aacute;s buena que ella, pero ninguna desprend&iacute;a tanto morbo como ella. Sobre todo porque a pesar de su aparente madurez, seriedad y frialdad estaba seguro de que era todav&iacute;a virgen, segur&iacute;simo, desprend&iacute;a virginidad por los cuatro costados, se notaba, y eso acrecentaba mucho m&aacute;s el morbo y el deseo hacia ella.<\/p>\n<p>Y el verla ah&iacute; de pie delante de m&iacute; as&iacute; tan alta (med&iacute;a m&aacute;s de 1,70), ancha de hombros y espalda (por eso siempre le quedaban tan bien los jerseys con camisa), tan elegante, tan pija, tan guapa con sus ojos verdes y su cara redondita hac&iacute;a que yo estuviese cegado completamente por ella. &iquest;Qu&eacute; apenas ten&iacute;a tetas por lo poco que se marcaba en ese jersey gris? s&iacute;, es cierto, pero me daba igual pues todos sus dem&aacute;s encantos me ten&iacute;an loco.<\/p>\n<p>No dejaba de mirar los cuellos de su camisa por fuera del jersey, siempre me encantaba fetichistamente sac&aacute;rselos por fuera del jersey, y le dije: &ldquo;te quedan muy bien as&iacute; los cuellos de la camisa por fuera del jersey, deber&iacute;as llevarlos siempre as&iacute;, est&aacute;s m&aacute;s guapa y elegante&rdquo;. Ella no contest&oacute; ni dijo nada. Fr&iacute;a sin decir nada y con ese rostro tan inexpresivo que nunca sab&iacute;a qu&eacute; estaba pensando. Su cara nunca me daba ninguna pista de qu&eacute; pensaba o si estaba molesta por algo. Pero dado que permanec&iacute;a muda con su cara engre&iacute;da, orgullosa y altiva pas&eacute; de comerme m&aacute;s la cabeza y directamente me dej&eacute; llevar por mis instintos.<\/p>\n<p>&iquest;Y qu&eacute; me ped&iacute;a mis instintos? pues comerla ese cuello tan precioso que ten&iacute;a, me lanc&eacute; a comerle ese cuello adolescente. Primero lentamente, suavemente, saboreando cada cent&iacute;metro de su cuello. Y mientras lo hac&iacute;a la abrac&eacute; y baj&eacute; mis manos hac&iacute;a su precioso culito y ah&iacute; empec&eacute; a acariciarlo. Ese culo tan fabuloso embutido en esos vaqueros que tan bien le quedaban. Lo cierto es que lo que m&aacute;s me fascin&oacute; m&aacute;s fetichistamente eran sus jerseys y camisas pero tambi&eacute;n sus pantalones me cautivaban mogoll&oacute;n. Era una chica muy elegante casi sin propon&eacute;rselo.<\/p>\n<p>Es m&aacute;s, estoy seguro que nunca busc&oacute; ser guapa ni elegante ni estar buena, lo escondi&oacute;, pero era tal el morbo que desprend&iacute;a que ni escondi&eacute;ndolo bajo esa sequedad, antipat&iacute;a y frialdad consegu&iacute;a aplacarlo. Adem&aacute;s estaba seguro que era la primera persona en toda su vida que la acariciaba el culo as&iacute; a trav&eacute;s del vaquero. Lo sab&iacute;a. Se notaba. Jam&aacute;s hab&iacute;a estado antes con un chico. Yo lo notaba. Y eso me daba un morbo adicional mucho mayor. Y si soy sincero tambi&eacute;n me da mucho morbo que permanecer&iacute;a as&iacute; petrificada, fr&iacute;a e inm&oacute;vil como si nada de esto estuviera pasando. Dios, qu&eacute; rara era pero como me gustaba que fuese as&iacute;.<\/p>\n<p>Me encantaba masajear su culo por encima de su vaquero. Ese culo que nunca nadie antes hab&iacute;a tocado. Ay, ese vaquero que tan fabulosamente bien combinaba con el jersey gris y la camisa blanca. C&oacute;mo me molaba fetichistamente c&oacute;mo vest&iacute;a as&iacute; de formal, recatada y pija. Y tal acumulaci&oacute;n de morbo y fetichismo ocasion&oacute; que me acelerase. Recuerdo perfectamente que me dije a mi mismo que parase en ese momento y lo dejase para el siguiente d&iacute;a.<\/p>\n<p>Que por ese d&iacute;a ya hab&iacute;a conseguido mucho y que deb&iacute;a dosificar mis avances con ella. Ir poco a poco, lentamente saboreando mis avances d&iacute;a a d&iacute;a y disfrutando as&iacute; de su fr&iacute;a sensualidad los siguientes d&iacute;as. Ten&iacute;a miedo de que si me exced&iacute;a demasiado Alexandra acabara reaccionando y par&aacute;ndome los pies. Aunque era dif&iacute;cil de saber qu&eacute; pensaba con esa cara tan inexpresiva, esa frialdad, esa antipat&iacute;a y esa mirada ambigua que desprend&iacute;a que no pod&iacute;a saber si le estaba gustando u horrorizando. Y si, me dije a mi mismo que parase y lo dejase para otro d&iacute;a, pero una cosa es la raz&oacute;n y otra el instinto.<\/p>\n<p>Y desde luego mis instintos eran todo menos racionales por lo que sin darme cuenta le sub&iacute; bruscamente el jersey. Llevaba ya por los menos dos meses vi&eacute;ndola vestir as&iacute; en plan pija con jersey y camisa, y aunque fetichistamente eso me pon&iacute;a mucho, estaba harto de tanto jersey y no verla bien la camisa. Fue una gozada levantarla ese jersey gris hasta la altura de sus tetitas y poder ver as&iacute; su camisa blanca. Cierto que era una camisa blanca normal y corriente pero fetichistamente eso a m&iacute; me daba igual pues me lanc&eacute; a besar los dos peque&ntilde;os bultos que se marcaban en dicha camisa.<\/p>\n<p>Como ya he dicho muchas veces Alexandra apenas ten&iacute;a tetas, solo dos peque&ntilde;os bultos de nada, pero me daba igual pues empec&eacute; a besar y chupar esos dos bultos con pasi&oacute;n, y empec&eacute; a acarici&aacute;rselos, y a besarlos m&aacute;s, hasta empapar su camisa blanca con mi saliva y empezar a transparentar un poco su peque&ntilde;o sujetador. &iquest;C&oacute;mo reaccion&oacute; ella a esto? pues de la forma que menos me pod&iacute;a esperar pues permaneci&oacute; inm&oacute;vil, quieta, inexpresiva, distante, muy fr&iacute;a y con esa actitud de indiferencia, altivez y border&iacute;a que la caracterizaba. Yo no pod&iacute;a cre&eacute;rmelo que no reaccionase ni dijera nada.<\/p>\n<p>Era tan rara. Era una chica tan rara. Es que era muy dif&iacute;cil de comprender y asimilar su comportamiento pues estaba comi&eacute;ndola las tetas a trav&eacute;s de su camisa blanca (y adem&aacute;s con la certeza absoluta de que era el primer chico que le hac&iacute;a eso en toda su vida) y ella impasible, fr&iacute;a y g&eacute;lida como si eso no fuese con ella. Como pensando en otra cosa, como en las nubes y como si nada de eso estuviera pasando. Y, si soy sincero, lo cierto es que esa sumisi&oacute;n a m&iacute; me pon&iacute;a bastante, no es solo que Alexandra a sus 18 a&ntilde;os apestase a virginidad sino que se dejaba hacer impasible, inexpresiva, indiferente y sumisamente esas caricias y chupetones por encima de la ropa. &iquest;A qui&eacute;n no le iba a motivar tan tremenda dosis de fetichismo y morbo? A m&iacute; desde luego me volv&iacute;a loco jugar as&iacute; con ella y me trastocaba m&aacute;s que ninguna otra chica que he conocido en mi vida. Era como un juego muy raro pero muy morboso a extremos casi enfermizos.<\/p>\n<p>Sinceramente no s&eacute; ni cu&aacute;nto tiempo estuve as&iacute; chupando por encima de su camisa blanca sus peque&ntilde;as tetas, quiz&aacute;s puede que fueran unos 10 minutos, ni lo s&eacute; ni me importa, solo s&eacute; que lo que hice a continuaci&oacute;n no s&eacute; si fue lo m&aacute;s coherente pero si lo m&aacute;s sensato y razonable. Y es que tranquila y pausadamente le baj&eacute; su jersey gris y le dije que ya era la hora de irse y que nos ve&iacute;amos el pr&oacute;ximo d&iacute;a.<\/p>\n<p>Ella inexpresivamente como siempre cogi&oacute; su abrigo, se lo puso y se fue como si nada de esto hubiera pasado. Como si hubiera sido un d&iacute;a m&aacute;s de clase en la academia. Como si todo fuera normal, coherente y l&oacute;gico. Es que no me canso de decir lo rara que era Alexandra pero c&oacute;mo me pon&iacute;a a m&iacute; ese comportamiento tan inexplicable e impredecible. Y, lo m&aacute;s importante, que me segu&iacute;a dando carta blanca para seguir avanzando los siguientes d&iacute;as.<\/p>\n<p>Y s&iacute;, vaya que si segu&iacute; avanzando como explicar&eacute; en el siguiente cap&iacute;tulo, porque ese jersey gris con camisa blanca fue el primero de muchos que a&uacute;n quedaban por llegar y que me iban a proporcionar el mayor morbo de toda mi vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>0 Y es que ese jueves cambi&oacute; para siempre mi relaci&oacute;n con Alexandra. Fue un punto de inflexi&oacute;n en nuestra extra&ntilde;a relaci&oacute;n y el principio de un cambio radical que ocasion&oacute; que me obsesionase m&aacute;s por ella y que dicha obsesi&oacute;n me produjera cada vez m&aacute;s morbo y deseo fetichista. Ese jueves con su jersey [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":12562,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":{"0":"post-19155","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-grandes-relatos"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19155","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/12562"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19155"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19155\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19155"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19155"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19155"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}