{"id":19222,"date":"2018-11-17T23:00:00","date_gmt":"2018-11-17T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-11-17T23:00:00","modified_gmt":"2018-11-17T23:00:00","slug":"19222-de-chico-a-puta-conociendo-a-fernando","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/19222-de-chico-a-puta-conociendo-a-fernando\/","title":{"rendered":"De chico a puta: Conociendo a Fernando"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"19222\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>EL ACUERDO:<\/p>\n<p>Una semana hab&iacute;a pasado desde aquella noche, la noche en la que por primera vez realic&eacute; una felaci&oacute;n a un hombre. Fernando, mi primer hombre. El hombre que desapareci&oacute; de mi vista igual de r&aacute;pido que hab&iacute;a llegado, el tiempo que yo tarde en subirme las bragas y los pantalones. S&oacute;lo me dejo tres cosas. El sabor a pene en la boca, la mancha de semen en el pantal&oacute;n, y su n&uacute;mero de tel&eacute;fono. &iquest;Estar&iacute;a casado? &iquest;Tendr&iacute;a hijos? &iquest;Familia? Quiz&aacute;s fuese su hombr&iacute;a, su sentimiento de dominaci&oacute;n sobre m&iacute;, sus hormonas de macho quemando su cuerpo, o quiz&aacute;s, su desesperaci&oacute;n, su falta de cari&ntilde;o, su soledad, lo que le llev&oacute; a tener que desaparecer tras eyacular sobre un chico como yo tras s&oacute;lo un par de minutos de mamada.<\/p>\n<p>Mi vida continuaba, y nada en mi cambi&oacute;. Misma rutina, misma soledad, mismo cuarto en el que me encerraba. Quiz&aacute;s algo s&iacute; era diferente. Ya no ten&iacute;a que recurrir a material pornogr&aacute;fico. Recordar su pene en mi boca, ese olor, ese sabor, esa fuerza con la que intentaba llegar a mi garganta, eran suficientes para mis sesiones diarias de masturbaci&oacute;n anal.<\/p>\n<p>Pero una noche, mientras cenaba en compa&ntilde;&iacute;a de mi madre y su pareja, el m&oacute;vil vibr&oacute;. Era Fernando, mi Fernando, el hombre que primero profan&oacute; mi boca. Me puse nerviosa en ese momento, y apenas pod&iacute;a llevarme a la boca la cuchara sin temblar. &iquest;Qu&eacute; deb&iacute;a de hacer? &iquest;Volver&iacute;a a utilizarme para despu&eacute;s desaparecer sin un adi&oacute;s? &iquest;Seguir&iacute;a manch&aacute;ndome quit&aacute;ndome el resto de mis virginidades?<\/p>\n<p>No quer&iacute;a contestarle, pero la gata en celo de dentro de m&iacute; le gan&oacute; la partida a mi yo racional. Me hab&iacute;a hablado mi macho, me hab&iacute;a mordido el cuello, y yo estaba indefensa. Me dirig&iacute; a toda prisa a mi habitaci&oacute;n, me met&iacute; en mi cama como una carta en un sobre, y por inercia, baj&eacute; mis pantalones y calzoncillos hasta mis rodillas. Entonces, contest&eacute; a su mensaje, como una loba que contesta la llamada de la manada.<\/p>\n<p>-Hola, soy Fernando te acuerdas de m&iacute;? Keria pedirte perd&oacute;n por lo del otro dia, no se x k actue de esa forma. La verdad es que estoy en un mal momento de mi vida y lo pago con quien no debo, podemos hablar? Si no contestas lo entender&eacute;.<\/p>\n<p>Un mensaje que no s&oacute;lo destacaba por su mala ortograf&iacute;a, sino por el mal olor que desprend&iacute;a a enga&ntilde;o. Sin embargo, no hab&iacute;a nada que yo pudiese hacer. Ahora era suya. &Eacute;l me hab&iacute;a marcado con su semen aquella noche, como un perro que marca las esquinas con su orina.<\/p>\n<p>-Claro.<\/p>\n<p>Fue mi &uacute;nica contestaci&oacute;n. Desde ese momento, 5 horas transcurrieron, en las que yo me limit&eacute; a ser una simple oyente. Nuevamente me convert&iacute; en su recipiente, no de semen esta vez, sino de algo mucho m&aacute;s denso y amargo. Sus agon&iacute;as. Intentar&eacute; describir en estas pocas l&iacute;neas su historia.<\/p>\n<p>Fernando era un hombre casado, de 52 a&ntilde;os (mucho m&aacute;s de lo que hab&iacute;a pensado, se cumple as&iacute; mi segunda teor&iacute;a de ser un se&ntilde;or bien conservado). Estaba casado desde hace 20 a&ntilde;os, una relaci&oacute;n fruto de la cual hab&iacute;a tenido dos hijas, de 18 y 21 a&ntilde;os. Su mujer, desde hacer un par de a&ntilde;os, hab&iacute;a sido diagnosticada de una enfermedad degenerativa, que d&iacute;a a d&iacute;a hac&iacute;a su vida m&aacute;s complicada. Sus hijas, ambas universitarias, viv&iacute;an de alquiler en otra ciudad realizando sus estudios universitarios. El deseo sexual hab&iacute;a desaparecido, y era totalmente incapaz de penetrar a su mujer, ahora enferma, y que ya no era la misma de hace 20 a&ntilde;os. &iquest;Triste verdad?<\/p>\n<p>En ese momento, dej&eacute; de juzgar a Fernando. En la vida, ponemos valor a una persona por las cosas mal que han hecho. Sin embargo, nos olvidamos siempre de las cosas buenas. Hay tantos sentimientos como circunstancias, y tras aquel hombre que huy&oacute; de mi tras follarme la boca, quiz&aacute;s hab&iacute;a un hombre en soledad, que hab&iacute;a trabajado toda la vida para sacar a sus hijas adelante, que a pesar de no poder penetrar a su mujer la quer&iacute;a como el primer d&iacute;a, y cuya homosexualidad, probablemente hab&iacute;a nacido fruto de la imposibilidad de mirar a otra mujer con los mismos ojos que su esposa enferma a la cual tanto quer&iacute;a. Necesitaba ahora de un hombre.<\/p>\n<p>Mientras le&iacute;a sus mensajes, yo me estaba masturbando. La mete del ser humano es a veces retorcida, y cuando me habl&oacute; de sus hijas universitarias, mi peque&ntilde;o pene record&oacute; su pasado heterosexual en un fugaz atisbo de sufrir una erecci&oacute;n. No sucedi&oacute;, yo se lo imped&iacute;, met&iacute; un dedo en mi culo y volv&iacute; a ser la hembra de siempre. Ahora que hab&iacute;a logrado aceptar mi Yo mujer, no quer&iacute;a perderlo.<\/p>\n<p>Yo, tambi&eacute;n le cont&eacute; mi historia. La misma que ya os he contado a vosotros. Ambos fuimos sinceros (o al menos eso creo). &Eacute;l fue claro, quer&iacute;a que volviese a ser su hembra, no por una noche, sino de ese momento en adelante. Me necesitaba para ahogar sus penas. &Eacute;l quer&iacute;a pagarme. Yo me negu&eacute;. No era una prostituta.<\/p>\n<p>Muchos llegados este punto pueden criticar mi relaci&oacute;n con &eacute;l, pero la verdad, es que ambos nos necesit&aacute;bamos mutuamente. &Eacute;l, a sus 52 a&ntilde;os, necesitaba de nuevo de frescura y juventud que pudieran encender de nuevo la llama, y sobre todo, ver un pene al penetrar para olvidar la imagen de su mujer. Yo, necesitaba de un hombre, maduro, con experiencia, varonil, que me hiciera d&iacute;a a d&iacute;a sentirme como si fuera una mujer. Cada vez era mayor en m&iacute; la necesidad de sentirme mujer, tanto que de serlo realmente habr&iacute;a sentido la necesidad de quedar pre&ntilde;ada en uno de mis encuentros con &eacute;l.<\/p>\n<p>Hablamos durante toda la noche, intentando hacer el m&iacute;nimo ruido con las teclas para no despertar a nadie. Por supuesto, s&oacute;lo hab&iacute;a un tema. El sexo. Sus fantas&iacute;as, algunas de ellas nuevas para m&iacute;. Pies, tacones, medias, tangas, cuerdas, joyas anales. Algunas incluso me avergonzaba hablar de ellas. &iquest;Qu&eacute; pensar&iacute;a su mujer si lo supiese? &iquest;Qu&eacute; pensar&iacute;an sus hijas si viesen a su padre teniendo sexo con un chico de su edad? &iquest;Qu&eacute; pensar&iacute;a mi madre si viese a su hijo a cuatro patas esperando el pollazo de su macho?<\/p>\n<p>Finalmente, llegamos a un acuerdo. Nos ver&iacute;amos, cenar&iacute;amos juntos, y despu&eacute;s consumar&iacute;amos. Me abrir&iacute;a para &eacute;l y le entregar&iacute;a mi virginidad anal. Le dejar&iacute;a eyacular en mi &ldquo;vientre&rdquo; y me convertir&iacute;a en su mujer.<\/p>\n<p>CAMINO DEL HOTEL:<\/p>\n<p>Lleg&oacute; el d&iacute;a. Una semana transcurri&oacute; sin apenas haberme dado cuenta. Por la noche me encontrar&iacute;a con &eacute;l en la habitaci&oacute;n de un hotel. Le ped&iacute; no ir a cenar, ya que no quer&iacute;a correr el riesgo de ser vista por nadie conocido que pudiese descubrir mi secreto. A cambi&oacute;, yo ced&iacute; en una cosa, y es en el ir vestida con la ropa que &eacute;l quisiese para cumplir sus fantas&iacute;a. Deseaba verme con peluca, tacones, falda y ropa interior femenina. Literalmente, tal y como &eacute;l me dijo, &ldquo;estilo puta de carretera&rdquo;.<\/p>\n<p>Obviamente no ten&iacute;a esa ropa, por lo que por la ma&ntilde;ana tuve que ir a comprarla. Fui a un centro comercial, y tras deambular por varias tiendas, no me atrev&iacute; por verg&uuml;enza a comprar nada. &iquest;Qu&eacute; pensar&iacute;an si me viesen comprando un tanga? Pas&eacute; por un ba&ntilde;o, y no pude evitar la tentaci&oacute;n de entrar, pero no en el de hombres, sino el de mujeres. S&eacute; que est&aacute; mal entrar al ba&ntilde;o de otro g&eacute;nero, pero al fin y al cabo, para nada creo que se es m&aacute;s mujer por tener tetas o llevar falda. Yo estaba segura de sentirme igual de mujer que cualquier otra chica normal. Si me descubr&iacute;an, podr&iacute;a fingir haberme equivocado. As&iacute; pues, sin pens&aacute;rmelo dos veces, y cuando nadie pasaba por el lugar, entr&eacute; en el ba&ntilde;o. R&aacute;pidamente cerr&eacute; la puerta con pestillo. Como os podr&eacute;is imaginar, orin&eacute; de igual forma que har&iacute;a una chica. Baj&eacute; mis pantalones y calzoncillos hasta las rodillas, y sent&aacute;ndome en la taza tras limpiarla, comenc&eacute; a orinar. Me sent&iacute; muy mujer.<\/p>\n<p>Como no pude comprar la ropa necesaria, me dirig&iacute; al &uacute;nico sitio donde no pasar&iacute;a verg&uuml;enza comprando ropa femenina, en una tienda china. No es por ser racista, pero no me importaba mucho la opini&oacute;n que pudiesen tener de m&iacute; personas que por sus costumbres les cuesta diferenciar caras occidentales y probablemente se olvidar&iacute;a de mi a los 5 minutos. Tras casi una hora decidiendo, pude reunir todo lo necesario. Un tanga rojo de hilo, unos pantalones vaqueros tipo short poco m&aacute;s grandes que unas bragas, y una peluca de color morado. Faltaban los tacones, all&iacute; no hab&iacute;a. Se los quit&eacute; a mi madre.<\/p>\n<p>Lleg&oacute; la noche. No pod&iacute;a salir de casa vestida as&iacute;, y menos andar por la calle. Me vest&iacute; de chico con ropa com&uacute;n, y guard&eacute; la ropa de mujer en una mochila. Nuevamente cogiendo un taxi, me dirig&iacute; al hotel donde hab&iacute;a reservado la habitaci&oacute;n (pag&oacute; &eacute;l). Era un hotel mediando, de unas 5 plantas, y de 3 estrellas. Yo, disimuladamente entr&eacute; en el hotel pretendiendo ser un cliente normal, y entrando en el ascensor, me dirig&iacute; a la habitaci&oacute;n n&ordm; X (no me acuerdo siendo sincera) de la planta &iquest;4&ordf;? Estaba entrando, literalmente, en la boca del lobo. En esa habitaci&oacute;n me esperaba mi depredador natural. Sab&iacute;a que una vez que atravesase esa puerta no habr&iacute;a marcha atr&aacute;s. Continu&eacute; andando hasta llegar a la puerta.<\/p>\n<p>CONTINUAR&Aacute;&#8230;<\/p>\n<p>Espero que os haya gustado el relato.<\/p>\n<p>Como siempre, cualquier comentario es bienvenido aqu&iacute; o en mi correo libretanga@gmail.com.<\/p>\n<p>Besos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>2 EL ACUERDO: Una semana hab&iacute;a pasado desde aquella noche, la noche en la que por primera vez realic&eacute; una felaci&oacute;n a un hombre. Fernando, mi primer hombre. El hombre que desapareci&oacute; de mi vista igual de r&aacute;pido que hab&iacute;a llegado, el tiempo que yo tarde en subirme las bragas y los pantalones. 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