{"id":19262,"date":"2018-11-20T23:00:00","date_gmt":"2018-11-20T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-11-20T23:00:00","modified_gmt":"2018-11-20T23:00:00","slug":"19262-noche-de-pasion-en-lisboa-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/19262-noche-de-pasion-en-lisboa-i\/","title":{"rendered":"Noche de pasi\u00f3n en Lisboa (I)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"19262\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 15<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Era un jueves al mediod&iacute;a; me encontraba en la zona de Lisboa, en Portugal, por motivos de trabajo, y deber&iacute;a estar alrededor de 3 semanas con aquel proyecto. Estaba supervisando el montaje de una serie de m&aacute;quinas en una f&aacute;brica de la zona, y se me vino encima la hora de comer. No era la primera vez que me encontraba por la zona, ya que por motivos laborables viajaba hasta all&iacute; con cierta frecuencia, y sab&iacute;a que en Portugal, al igual que en el resto del mundo, excepto en Espa&ntilde;a, si a las 12:30 no est&aacute;s en la mesa&hellip; directamente no comes, as&iacute; que como ya est&aacute;bamos al filo de las 12:20 y el restaurante del pol&iacute;gono estaba un poco alejado, sal&iacute; apurado y sin cambiarme la ropa de trabajo.<\/p>\n<p>Cuando llegu&eacute; al restaurante, para mi desesperaci&oacute;n, estaban todas las mesas ocupadas y sab&iacute;a que no se iba a desocupar ninguna en bastante rato, pues todos los comensales ten&iacute;an la misma pinta que yo, trabajadores que estaban haciendo su alto para el almuerzo, as&iacute; que acababan de ocupar las mesas. Llevaba todo el d&iacute;a, desde las 7 de la ma&ntilde;ana con un caf&eacute; con leche y un bollo, y no hab&iacute;a tenido tiempo de tomar otra cosa, ya que el trabajo se estaba complicando un poco, y si no me sentaba a comer pasar&iacute;a el d&iacute;a en ayunas hasta la hora de la cena. Pase&eacute; la mirada por el local a ver si ve&iacute;a alg&uacute;n conocido con el que poder compartir mesa, pero no reconoc&iacute; a nadie. En una mesa de cuatro comensales estaba sentada, sola, una mujer que rondaba la cincuentena, elegantemente vestida de hombre. Pens&eacute;: &ldquo;el no ya lo tienes, arri&eacute;sgate y con un poco de suerte puedes comer y no hacer ayuno todo el d&iacute;a&rdquo;. Me acerqu&eacute; a la mesa y dirigi&eacute;ndome a la se&ntilde;ora con toda correcci&oacute;n, la interpel&eacute;:<\/p>\n<p>&mdash;Disc&uacute;lpeme el atrevimiento, habla Ud. Portugu&eacute;s?<\/p>\n<p>&mdash;Si, por supuesto, qu&eacute; desea?<\/p>\n<p>&mdash;Ver&aacute; Ud. no pretendo importunarla y si as&iacute; fuese, solo tiene que dec&iacute;rmelo y me retiro, reiter&aacute;ndole mis disculpas. Tengo poco tiempo para el almuerzo, como ve, el restaurante est&aacute; completamente lleno, y si no es molestia, le agradecer&iacute;a infinitamente me permitiese compartir mesa con Ud. para comer.<\/p>\n<p>La se&ntilde;ora me mir&oacute; de arriba abajo y aunque mi atuendo no se correspond&iacute;a en absoluto con el suyo, debi&oacute; notar que no llevaba segundas intenciones y que realmente, solamente deseaba poder almorzar, as&iacute; que vi&eacute;ndome a los ojos me contest&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;Por favor, tome asiento, tendr&eacute; sumo gusto en compartir la mesa con Ud.<\/p>\n<p>&mdash;Cr&eacute;ame que el placer ser&aacute; totalmente m&iacute;o, se&ntilde;ora. Perm&iacute;tame presentarme: Alfredo, a su servicio.<\/p>\n<p>&mdash;Amalia, mucho gusto en conocerle.<\/p>\n<p>Nos trajeron la carta y dada la peculiar forma de servir en Portugal, cuando se ordena un plato, por defecto, esa raci&oacute;n es siempre para dos personas, en caso de comer solo, se debe pedir &ldquo;media dosis&rdquo;, acordamos compartir un bacalao al estilo de la casa, con toda la parafernalia de arroz blanco, patatas y dem&aacute;s. Yo orden&eacute; que nos trajesen una botella de vino tinto de la regi&oacute;n del Alentejo para acompa&ntilde;ar la comida (en Portugal el bacalao siempre con tinto, all&iacute; como ellos dicen: &ldquo;el bacalao no es pescado&rdquo;).<\/p>\n<p>Mientras pic&aacute;bamos &ldquo;la ementa&rdquo; que son unos bocaditos que ponen para mientras esperamos la comida, me fij&eacute; con m&aacute;s tranquilidad en mi compa&ntilde;era de mesa. Como dije, era una se&ntilde;ora de alrededor de cincuenta a&ntilde;os, un pel&iacute;n entrada en carnes, con unos ojos verdes como dos esmeraldas y el pelo de color cobrizo, obviamente con ayuda qu&iacute;mica, en una melena ondulada peinada al estilo de los a&ntilde;os cuarenta del siglo pasado, record&aacute;ndome vagamente a Rita Hayworth. Una mujer que exudaba seguridad en s&iacute; misma. Como apunt&eacute; anteriormente, iba vestida de hombre, con un terno azul marino, de raya de tiza con la chaqueta cruzada, camisa de finas listas rojas, con el cuello y los pu&ntilde;os (de gemelos) blancos y corbata masculina de rayas grises negras y blancas alternadas, anudada con un perfecto nudo windsor. La &uacute;nica concesi&oacute;n a la femineidad podr&iacute;a parecer el pa&ntilde;uelo en el bolsillo de pecho, de un vivo color fucsia, orillado de azul marino y los zapatos con pulsera y tac&oacute;n de aguja que hab&iacute;a vislumbrado mientras me acercaba a la mesa, pero lo cierto es que estaba m&aacute;s femenina que si vistiese ropa de mujer. Me fij&eacute; que el traje no era un traje sastre de se&ntilde;ora, si no que era un traje de caballero, cortado y montado por un sastre, a medida de una mujer. El armado de la pechera de la chaqueta y las hombreras, as&iacute; como los martillos en las bocamangas, demostraban un trabajo de sastrer&iacute;a de gran calidad y de &ldquo;muchos duros&rdquo; y solo estaba viendo la mitad del trabajo. Yo suelo vestir as&iacute;, aunque mi vestuario en ese momento era ropa de trabajo y zapatones de seguridad para poder moverme entre las m&aacute;quinas. La corbata y el terno bien cortado no proceden en mi trabajo. Le coment&eacute; mis impresiones sobre su forma de vestir y me dijo el nombre de un sastre lisboeta del que yo tengo alguna americana y nos dio pie para una charla intrascendente durante la comida. Yo le dije que estaba supervisando unos montajes y ella me dijo que era auditora de no s&eacute; bien que organismo oficial que estaba examinando unos papeles en una empresa cerca de la que yo estaba trabajando.<\/p>\n<p>A pesar de su aspecto tan masculino y formal, Amalia result&oacute; ser una mujer simp&aacute;tica y buena conversadora, por lo cual, casi sin darme cuenta llegamos a los postres, ambos declinamos el postre y coincidimos en pedir un caf&eacute;.<\/p>\n<p>Ped&iacute; la cuenta, y cuando hice adem&aacute;n de hacerme cargo de la totalidad, ella, con una sonrisa me dijo:<\/p>\n<p>&mdash;La mesa era m&iacute;a, as&iacute; que es Ud. mi invitado.<\/p>\n<p>Me pill&oacute; de improviso la invitaci&oacute;n y para agradecerle el detalle, o m&aacute;s bien los dos detalles que hab&iacute;a tenido conmigo le hice una proposici&oacute;n:<\/p>\n<p>&mdash;Acepto gustoso, si me permite corresponderle con una cena formal, ma&ntilde;ana viernes, en el caso de que no tenga adquirido un compromiso anterior.<\/p>\n<p>Ella, introdujo la mano por el escote de la americana y sacando un tarjetero, me dio una tarjeta con su direcci&oacute;n y me dijo:<\/p>\n<p>&mdash;Ma&ntilde;ana a las 20 horas en esta direcci&oacute;n, tenga la amabilidad de recogerme y tendr&eacute; mucho gusto en compartir con Ud. mesa y mantel.<\/p>\n<p>&mdash;Perfecto, la recoger&eacute; y espero que sea de su agrado el sitio donde cenaremos. Por cierto&hellip; Llevar&eacute; corbata negra.<\/p>\n<p>&mdash;Lo daba por hecho, no era necesario que me lo aclarase.<\/p>\n<p>Me desped&iacute; y me fui a continuar con mi trabajo. Le ped&iacute; a mi equipo que hici&eacute;semos un par de horas m&aacute;s esa tarde y que por la ma&ntilde;ana lleg&aacute;semos a trabajar una hora antes. A cambio, para todos, la tarde del viernes ser&iacute;a libre y no volver&iacute;amos al trabajo hasta el lunes, haciendo un fin de semana m&aacute;s largo de lo normal, a lo que no pusieron pegas, al contrario, todos se entusiasmaron y as&iacute; lo hicimos.<\/p>\n<p>Al terminar la jornada, fui a comer y seguidamente me pas&eacute; por una barber&iacute;a de las de antes, atendida por profesionales de la vieja escuela. Necesitaba un arreglo de pelo y un afeitado en condiciones, pues aunque no lo he dicho antes, ya tengo casi sesenta a&ntilde;os y necesito gafas para ver, lo que para un afeitado normal, del d&iacute;a a d&iacute;a me apa&ntilde;o bastante bien con la navaja, pero cuando tengo un compromiso me gusta un afeitado bien apurado, vamos que me gusta tener la cara como el culito de un beb&eacute;. Una vez cumplido el tr&aacute;mite, sub&iacute; a mi habitaci&oacute;n en el hotel y llen&eacute; la ba&ntilde;era poniendo bastante gel de ba&ntilde;o y sales, el olor del aceite mineral y de los productos de maquinaria se queda pegado a la ropa y la piel, y con una simple ducha no desaparece. Cog&iacute; un libro y me met&iacute; en la ba&ntilde;era &ldquo;a remojo&rdquo; cuando sal&iacute;, ten&iacute;a la piel completamente arrugada del tiempo que estuve en el agua, pero mereci&oacute; la pena.<\/p>\n<p>Siempre que viajo a la zona de Lisboa, llevo en mi equipaje un esmoquin, ya que aunque no me gusta jugar, me gusta ir al casino a Estoril a tomar una copa y ver como juegan los dem&aacute;s, o cenar en alg&uacute;n sitio elegante de la zona del Chiado, as&iacute; que me fui vistiendo para la ocasi&oacute;n, me puse unos calcetines negros de hilo, el pantal&oacute;n azul noche del esmoquin y una camisa de seda con la pechera tableada, unos gemelos de plana y azabache y el faj&iacute;n de seda ya que era verano y no me apetec&iacute;a ponerme el chaleco, tom&eacute; un cuello de pajarita almidonado y la corbata de lazo negra y me la anud&eacute;. Me calc&eacute; unos zapatos Oxford de charol y una chaqueta blanca mezcla de lino seda, con solapas de punta de flecha forradas de seda marfil. Me puse un reloj cuadrado estilo art dec&oacute; que hab&iacute;a encontrado en un anticuario, al que hab&iacute;a que darle cuerda y pens&eacute; que lo correcto ser&iacute;a un reloj de bolsillo, pero ya me hab&iacute;a cargado la ortodoxia brit&aacute;nica con los zapatos (deber&iacute;an ser unos &ldquo;opera pump&rdquo;) y con la chaqueta blanca, pero era verano, y yo quer&iacute;a estar c&oacute;modo y fresco y los defectos tampoco eran tantos. Ya eran las ocho menos cuarto y a&uacute;n ten&iacute;a que desplazarme a la direcci&oacute;n de Amalia, as&iacute; que solicit&eacute; un taxi a recepci&oacute;n y sal&iacute; para ir a mi cita. Cuando iba por el pasillo vi un centro de flores con unas orqu&iacute;deas de color rosa, con los p&eacute;talos rayados en un rosa m&aacute;s oscuro y de un tama&ntilde;o discreto, as&iacute; que cort&eacute; una de las flores y pas&aacute;ndola por el ojal de la chaqueta, la asegur&eacute; en la presilla del bajo solapa. M&aacute;s bonito que un San Lu&iacute;s, me dije para m&iacute;, y sal&iacute; a cumplir con la cita que hab&iacute;a concertado.<\/p>\n<p>Llegu&eacute; a las 8:20 y tomando la tarjeta que me hab&iacute;a dado, sin bajar del taxi, le di una llamada avis&aacute;ndola de que estaba abajo, esperando. Me contest&oacute; que en dos minutos estar&iacute;a en la puerta. Baj&eacute; del taxi y me acerqu&eacute; al portal para recibirla.<\/p>\n<p>Cuando sali&oacute; se me desencaj&oacute; la mand&iacute;bula, ven&iacute;a con un vestido de raso de seda de color salm&oacute;n con la falda plisada en tablas de unos dos cent&iacute;metros y como cuatro dedos por debajo de la rodilla, del talle hacia los hombros, el vestido estaba drapeado y llegaba a los hombros dejando el cuello cerrado sin escote, ni por delante ni por detr&aacute;s, lo que constat&eacute; cuando se dirig&iacute;a hacia el taxi. El vestido ten&iacute;a en los hombros unos ramilletes de capullos de rosa que ocultaban los cierres del vestido. Completaba el conjunto unos zapatos de charol a juego con el vestido y un bolso de mano peque&ntilde;ito, casi una cartera. Su hermosa melena la llevaba recogida en un mo&ntilde;o italiano que le descubr&iacute;a las facciones y dejaba brillar con toda intensidad las dos esmeraldas que Amalia ten&iacute;a por ojos. Era la primera vez que la ve&iacute;a en pie y su estatura sin tacones deb&iacute;a rondar el 1.60, ya que yo mido un poco m&aacute;s de 1.73 y con los tacones era un poquito m&aacute;s baja que yo. Cuando le abr&iacute; la puerta del taxi y me inclin&eacute; para recogerle el vuelo de la falda para cerrar la puerta me lleg&oacute; el aroma inconfundible del Chanel n&ordm; 5, pero tan discreto que tuve que estar pr&aacute;cticamente sobre ella para notarlo. Aparentemente no iba maquillada solo el carm&iacute;n de los labios un rojo tipo Hollywood destacaba en su rostro, tal era la maestr&iacute;a con la que se hab&iacute;a maquillado. Solo hab&iacute;a algo que no me acababa de convencer y era la parte superior del vestido, parec&iacute;a como que lo hubiesen cosido dos modistas diferentes, as&iacute; como la falda se apoyaba perfectamente en las curvas propias de una mujer alrededor de la cintura y cadera, la parte superior flotaba de una manera que no era muy natural, me ten&iacute;a intrigado el detalle, pero por supuesto, mi discreci&oacute;n me impidi&oacute; el hac&eacute;rselo notar a Amalia, o preguntarle el motivo.<\/p>\n<p>Me dirig&iacute; a la otra puerta del taxi y entrando, le dije al taxista la direcci&oacute;n de un restaurante de pescadores, cerca de Estoril, yo conoc&iacute;a a la due&ntilde;a de haber cenado en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n y si bien no era un restaurante de 5 tenedores en la forma, si lo era en el fondo. La due&ntilde;a del restaurante, Dona Fernanda, una viuda mayor cocinaba como los &aacute;ngeles y sab&iacute;a que al menos, en cuanto a la cena, no habr&iacute;a problemas y quedar&iacute;a bien con Amalia. Me gustaba el local porque me sent&iacute;a en &eacute;l como en casa, ten&iacute;a confianza y cuando hab&iacute;a algo especial, Dona Fernanda me avisaba por si me apetec&iacute;a. Yo bromeaba con ella, que si quer&iacute;a un novio espa&ntilde;ol, yo estaba dispuesto incluso a llevarla al altar y ella me segu&iacute;a la broma con la picard&iacute;a propia de las mujeres que ya han dado m&aacute;s tiros de los que le correspond&iacute;an, pero nunca pasamos a m&aacute;s, a pesar que era una se&ntilde;ora todav&iacute;a de buen ver, pero a veces una buena amistad, la estropea una mala relaci&oacute;n. En aquel sitio, yo era como de la familia.<\/p>\n<p>Salimos y desped&iacute; el taxi, entrando en el restaurante. Ya hab&iacute;a hablado con la due&ntilde;a y ten&iacute;a reservada una mesa, con mantel de tela y servilletas a juego (no comprendo c&oacute;mo hay quien llama llevar a cenar a una se&ntilde;ora a llevarla a comer fast food) en un patio interior al aire libre. La noche era c&aacute;lida despu&eacute;s de una cena agradable, con el caf&eacute;, me gusta poder fumar sin levantarme de la mesa. Esperaba que a mi acompa&ntilde;ante no le molestase que fumara.<\/p>\n<p>Le apart&eacute; la silla para que se sentase, y le pregunt&eacute; su opini&oacute;n sobre el local, que no iba mucho con los &ldquo;tiros largos&rdquo; que nos hab&iacute;amos vestido, pero le asegur&eacute; que la comida no la iba a defraudar y el trato, menos.<\/p>\n<p>El camarero me trajo la carta de vinos, ya que la comida estaba encargada y apareci&oacute; Dona Fernanda en la mesa &ldquo;a cumprimentar&rdquo; lo que era algo que no hac&iacute;a casi nunca, solamente con clientes muy particulares de la casa. Me levant&eacute; e hice las presentaciones formales, presentando a Dona Fernanda como una querida amiga y a Amalia como una amiga reci&eacute;n conocida. Se saludaron entre ellas y cuando se iba, Dona Fernanda por encima de la cabeza de Amalia me gui&ntilde;&oacute; un ojo y me puso una cara como diciendo &ldquo;esta noche te has esmerado, cabrito&rdquo; a lo que no hice caso porque la verdad es que no ten&iacute;a ninguna doble intenci&oacute;n, solamente quer&iacute;a agradecer a mi acompa&ntilde;ante su amabilidad del d&iacute;a anterior y pasar una velada agradable en compa&ntilde;&iacute;a de una bella mujer, sin ir m&aacute;s all&aacute;.<\/p>\n<p>Nos trajeron la cena: Arroz de Langosta y una ensalada con pi&ntilde;a y fruta tropical para refrescar el paladar, de la que dimos cuenta mientras habl&aacute;bamos de lo divino y de lo humano, como har&iacute;an una pareja muy establecida que no necesita conversar con dobles intenciones, o lo que realmente &eacute;ramos, una pareja de conocidos que disfrutaban de una cena.<\/p>\n<p>Cuando nos preguntaron por el postre, igual que el d&iacute;a anterior, ambos declinamos y pedimos caf&eacute;, yo ped&iacute; que me trajesen una copa de &ldquo;aguardente velhissima&rdquo; en copa caliente, y para mi sorpresa, Amalia pidi&oacute; otra para ella. Nos sirvieron el caf&eacute; y los cordiales y le pregunt&eacute; a mi acompa&ntilde;ante si le molestaba que fumase, a lo que ella me respondi&oacute; que estaba loca por encender tambi&eacute;n un cigarrillo. Saqu&eacute; mi pitillera forrada de piel de avestruz y para mi sorpresa, ella sac&oacute; otra igual, solo que en versi&oacute;n de se&ntilde;ora, m&aacute;s estrecha y con menos capacidad. Nos re&iacute;mos de la coincidencia, y le ofrec&iacute; uno de mis cigarrillos, ella lo tom&oacute; y se lo puso entre los labios y yo le arrim&eacute; fuego con mi encendedor y a continuaci&oacute;n encend&iacute; el m&iacute;o.<\/p>\n<p>Est&aacute;bamos fumando y charlando cuando vino la due&ntilde;a del restaurante a interesarse por c&oacute;mo hab&iacute;a ido la cena, yo la elogi&eacute; y Amalia le pidi&oacute; la receta, supongo que en un juego femenino de halagos y entonces Dona Fernanda me dijo que nos ten&iacute;a reservada una sorpresa.<\/p>\n<p>Su nieta y unos amigos ten&iacute;an formado un cuarteto de fados y tocaban entre ellos para divertirse, pero dado que hoy yo hab&iacute;a llevado una invitada, la chica hab&iacute;a tra&iacute;do a sus amigos y nos iba a cantar unos fados para rematar la noche. A m&iacute; me encantan los fados y a Amalia al parecer tambi&eacute;n le hizo ilusi&oacute;n la sorpresa.<\/p>\n<p>Vinieron los chicos con la formaci&oacute;n t&iacute;pica de fado, dos guitarras portuguesas, la guitarra espa&ntilde;ola y la muchacha cantando y nos deleitaron por una media hora, la verdad que a un nivel m&aacute;s que aceptable. Se despidieron y se fueron. Yo ped&iacute; la cuenta, y cuando me la trajeron, pagu&eacute; la cena y dej&eacute; una generosa propina para los fadistas.<\/p>\n<p>Con disimulo vi el reloj y me asombr&oacute; que ya fuesen las 11:30 de la noche, entre conversaci&oacute;n y espect&aacute;culo hab&iacute;amos pasado m&aacute;s de dos horas all&iacute; sentados, as&iacute; que le pregunt&eacute; a Amalia si le apetec&iacute;a ir a alg&uacute;n local a tomar una copa o que plan le apetec&iacute;a, y para mi sorpresa, me pidi&oacute; que la llevase a casa, a lo que acced&iacute; sin darle m&aacute;s importancia, la noche era joven todav&iacute;a, pero yo no esperaba nada especial, mi intenci&oacute;n hab&iacute;a sido salir a cenar con mi acompa&ntilde;ante. Desde la barra, me pidieron un taxi, y cuando lleg&oacute; nos despedimos de Dona Fernanda, con la promesa de Amalia de volver m&aacute;s veces. Cuando sal&iacute;amos, Amalia me tom&oacute; del brazo hasta el coche, y al acercarse a m&iacute;, not&eacute; que en el pecho bajo el vestido ten&iacute;a una especie de armadura, algo que se apoyaba en mi brazo con una rigidez fuera de lo normal. Segu&iacute; sin darme por enterado, ya que la confianza, aunque mucha m&aacute;s que el d&iacute;a anterior no daba para preguntas &iacute;ntimas, por el momento.<\/p>\n<p>Llegamos a su casa, y me baj&eacute; para acompa&ntilde;arla al portal del edificio, y cuando le ped&iacute; la llave para abrirlo, me la dio dici&eacute;ndome:<\/p>\n<p>&mdash;Por favor, despide el taxi, y sube conmigo, m&aacute;s tarde puedes pedir otro desde casa.<\/p>\n<p>Me descoloc&oacute; bastante la petici&oacute;n, ya que en todo el tiempo que llev&aacute;bamos juntos, no hab&iacute;a habido ninguna insinuaci&oacute;n sexual por parte de ninguno de nosotros, es m&aacute;s, yo, aunque ella no llevaba alianza no sab&iacute;a si era soltera, casada o divorciada, pens&eacute; para m&iacute; que hab&iacute;a sido un atrevido ya que ni siquiera le hab&iacute;a preguntado su estado civil, pero bueno, cumpliendo su deseo, desped&iacute; el taxi y sub&iacute; con ella a su apartamento.<\/p>\n<p>Cuando entramos en su apartamento ella me dijo que estuviese tranquilo, que viv&iacute;a sola y no deb&iacute;a rendir cuentas a nadie de lo que hac&iacute;a o dejaba de hacer. Entramos en el sal&oacute;n y me dijo que me sirviese una copa si me apetec&iacute;a, que ella ten&iacute;a que retocarse el maquillaje y vendr&iacute;a enseguida. Como su maquillaje estaba perfecto, no hab&iacute;amos hecho nada durante la noche que pudiese estropear aquella obra art&iacute;stica, asum&iacute; que era el eufemismo propio de &ldquo;tengo que empolvarme la nariz&rdquo; para indicar que necesitaba utilizar el aseo, y no le di m&aacute;s importancia.<\/p>\n<p>Mientras esperaba su vuelta, me desanud&eacute; la corbata, que ya me empezaba a estorbar, la noche realmente era calurosa y necesitaba abrir el cuello de la camisa. Alzando la voz, le pregunt&eacute; si pod&iacute;a fumar y ella me contest&oacute; de la misma manera diciendo que me sintiese como en mi casa. Me quit&eacute; el faj&iacute;n y la chaqueta, coloc&aacute;ndolo todo sobre el respaldo de una otomana y mientras fumaba un cigarrillo, di un repaso al sal&oacute;n y vi que hab&iacute;a varios cuadros, entre ellos un Klimt, dos Renoir y un detalle de la crucifixi&oacute;n hiperc&uacute;bica de Dal&iacute;. Obviamente eran reproducciones, o hab&iacute;a asaltado los museos donde estaban los originales y los hab&iacute;a sustituido por falsos. Luego me dijo que los hab&iacute;a pintado ella, que de joven hab&iacute;a estudiado Bellas Artes en Par&iacute;s y le tra&iacute;an recuerdos de juventud al mirarlos.<\/p>\n<p>La o&iacute; venir por el pasillo y me volv&iacute; hacia la puerta para recibirla. Entonces ocurri&oacute; algo extra&ntilde;o para mi entender. El vestido que tra&iacute;a era el que hab&iacute;a lucido toda la noche, pero aquello que me era discordante cuando la vi por primera vez, hab&iacute;a desaparecido. El vestido ten&iacute;a un movimiento y una ca&iacute;da espectacular, como realmente ten&iacute;a que ser, al verlo, supuse que era la luz del sal&oacute;n lo que produc&iacute;a aquel efecto, pero el caso es que estaba arrebatadora, y aparentemente, no hab&iacute;a cambiado nada de su vestuario. Se qued&oacute; mir&aacute;ndome y le ped&iacute; disculpas por haber tenido el atrevimiento que quitarme la chaqueta y quedarme en mangas de camisa, pero el calor me estaba agobiando y esperaba que no la incomodase por haberme puesto c&oacute;modo. Ella en lugar de enfadarse se acerc&oacute; a m&iacute; y me dijo:<\/p>\n<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n prefiero estar c&oacute;moda en casa, me ayudas solt&aacute;ndome los cierres del vestido?<\/p>\n<p>Se puso de espaldas a m&iacute; y yo sol&iacute;citamente le solt&eacute; los broches de los hombros. Ella dej&oacute; caer el vestido y moviendo la cintura permiti&oacute; que el vestido cayese al suelo, sali&oacute; del ruedo del vestido y se dio la vuelta, viendo hacia m&iacute;.<\/p>\n<p>Si en ese momento me dan una patada en la entrepierna, el shock no hubiese sido mayor. Entend&iacute; de repente todo lo que no me cuadraba en su vestuario. Llevaba un cors&eacute; sin copas, por debajo del pecho, de seda, con liguero incorporado, unas medias hasta el muslo, una braga sin el&aacute;sticos, de piel de &aacute;ngel color champagne, tipo calz&oacute;n de boxeo, que se cerraba en la cintura con 3 botones de perla de cada lado y rematadas en la bocamanga de la braga con una puntilla de 10 cm de encaje de bolillos en seda, a todas luces tejida a la medida de la braga. Aquella braga costaba m&aacute;s que mi camisa y pantalones juntos. Pero el gran secreto desvelado era su pecho dos mamas con un tama&ntilde;o E de copa, en mi vida hab&iacute;a tenido cerca un pecho de semejante tama&ntilde;o. Por supuesto no se pod&iacute;a pedir que se cayesen hacia arriba, la gravedad hac&iacute;a su trabajo, pero era tal el volumen de la mama que la impresi&oacute;n es que estaban hacia adelante. Cuando vio mi cara bajando los ojos me pregunt&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;No te gusta lo que ves?<\/p>\n<p>&mdash;Que dices? Me encanta, pero jam&aacute;s hab&iacute;a visto un pecho tan grande. No quieras saber c&oacute;mo tengo la entrepierna solo de verte.<\/p>\n<p>&mdash;Tengo problemas con el tama&ntilde;o, aparte que no le gusta a todos los hombres, tengo que utilizar sostenes especiales ortop&eacute;dicos, porque si no termino el d&iacute;a con las cervicales y la espalda destrozados, me han dicho para operarlas, pero tengo miedo al bistur&iacute; y la verdad es que con los sostenes, me voy apa&ntilde;ando bastante bien, de momento.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que era por eso el armado de la americana del traje y que el vestido te sentase raro durante la cena? Y supongo que tambi&eacute;n la armadura que not&eacute; cuando me tomaste del brazo era el sost&eacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, porque adem&aacute;s el sost&eacute;n me las disimula, no sabes que espect&aacute;culo cuando salgo con un sost&eacute;n normal. No puedo dar dos pasos sin que se vuelvan a mirarme.<\/p>\n<p>&mdash;Pues mira, a m&iacute; me encantan y estoy contento de que no te hayas operado.<\/p>\n<p>&mdash;Acomp&aacute;&ntilde;ame a mi dormitorio, ven.<\/p>\n<p>Me tom&oacute; de la mano, y me llev&oacute; a su dormitorio. Al llegar, me dio un beso en la boca mientras me desabrochaba la camisa, yo mientras solt&eacute; los gemelos de los pu&ntilde;os, y ella, desliz&aacute;ndomela por la espalda, la dej&oacute; caer al suelo. A continuaci&oacute;n, solt&oacute; los botones de la bragueta y en un solo movimiento, me baj&oacute; el pantal&oacute;n y los calzoncillos. Al llegar a los calcetines los empuj&oacute; hacia abajo al tiempo que me quitaba los zapatos y qued&eacute; completamente desnudo, con una erecci&oacute;n que no ten&iacute;a hac&iacute;a a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Le solt&eacute; los botones de la braga y ella sacudi&oacute; las caderas dej&aacute;ndolas caer al suelo, y se qued&oacute; con el cors&eacute; y las medias sujetas con el liguero de &eacute;ste. Ten&iacute;a el sexo completamente depilado y me pareci&oacute; precioso, parec&iacute;a un peque&ntilde;o monedero con los cachetes gorditos. Mi erecci&oacute;n ya era &eacute;pica. Me empuj&oacute; sobre la cama y me hizo sentarme con la espalda apoyada en el cabecero y las piernas extendidas. Para m&iacute; era una posici&oacute;n inc&oacute;moda, as&iacute; que cruc&eacute; las piernas como sent&aacute;ndome a lo moro. Ella se subi&oacute; a la cama, pas&oacute; una pierna sobre las m&iacute;as y se encaj&oacute; en la especie de cuna que formaban mis piernas cruzadas. Arrim&oacute; su sexo al m&iacute;o, me arrim&oacute; el pecho, yo apoy&eacute; mis manos en la curva de sus caderas, ella me abraz&oacute; la cintura con su mano izquierda y llevando la derecha a mi nuca, me estamp&oacute; un beso en la boca, sin lengua, pero de una sensualidad que yo, al momento, sent&iacute; un latigazo el&eacute;ctrico en los ri&ntilde;ones y eyacul&eacute; como un quincea&ntilde;ero principiante. Llev&eacute; r&aacute;pidamente mi mano al glande para intentar tapar la eyaculaci&oacute;n y no pringarle el cors&eacute;, pero fue todo lo que pude hacer. Me mor&iacute;a de verg&uuml;enza, a&uacute;n no hab&iacute;amos empezado y ya hab&iacute;a echado la noche al traste. Ella viendo mi azoramiento, con voz grave y susurrante me dijo:<\/p>\n<p>&mdash;Tranquilo meu bem, a noite apenas come&ccedil;a (Tranquil&iacute;zate cielo, la noche acaba de empezar).<\/p>\n<p>Me sent&iacute;a pringoso y sucio, y le ped&iacute; que me permitiese ir al ba&ntilde;o a limpiarme, y as&iacute; de paso me calmaba, porque la verdad es que hab&iacute;a triunfado, si quer&iacute;a hacerlo peor, ni a prop&oacute;sito lo hubiera conseguido. Me lav&eacute; y volv&iacute; a la habitaci&oacute;n. Ella estaba reclinada sobre el cabecero, tal y como yo estaba hacia un momento. Me sub&iacute; a la cama, la atraje hacia m&iacute; y le devolv&iacute; el beso que me hab&iacute;a dado hace un momento, ella volvi&oacute; a poner su mano en mi nuca, y volv&iacute; a sentir algo sumamente er&oacute;tico, pero esta vez me pill&oacute; descargado y el efecto no fue tan fulminante como la primera vez, aunque mi erecci&oacute;n volvi&oacute; a ser importante, no me hab&iacute;a pasado jam&aacute;s una recuperaci&oacute;n tan r&aacute;pida. Baj&eacute; mis manos hacia sus pechos, que parad&oacute;jicamente, a&uacute;n no hab&iacute;a acariciado, y los sopes&eacute; en mis manos, comprendiendo el suplicio que deb&iacute;a sentir cargando ese peso d&iacute;a tras d&iacute;a. La empuj&eacute; de lado suavemente, dej&aacute;ndola atravesada en la cama y la gir&eacute; hasta dejarla con el pecho pegado a la sabana y su espalda, nalgas y parte trasera de las piernas a mi disposici&oacute;n. Ella estir&oacute; los brazos por encima de su cabeza y sus pechos quedaron aplastados, saliendo por los laterales de su torso. Estaba divina. Comenc&eacute; mordisque&aacute;ndole la nuca y bes&aacute;ndole los hombros, cuando le mordisqueaba la nuca, ella agitaba las caderas y abr&iacute;a un poco las piernas, saqu&eacute; mi lengua, la puse en punta y descend&iacute; por su columna acarici&aacute;ndola con la lubricaci&oacute;n de mi saliva. Al llegar a la cintura tuvo una sacudida y gritando diossss, arque&oacute; la espalda hacia atr&aacute;s. Mientras le besaba la zona de los hoyuelos de la cintura, aprovech&eacute; para ir bajando las manos a lo largo del interior de sus muslos. Al llegar a la parte interna de la rodilla, me entretuve acariciando esa zona. Ella al notar las caricias comenz&oacute; a mover su cadera de arriba abajo remedando los movimientos del coito, al tiempo que abr&iacute;a m&aacute;s las piernas en comp&aacute;s. Le di la vuelta poni&eacute;ndola mirando al techo y encog&iacute; sus piernas sobre la cama, meti&eacute;ndome en el medio de ambas. Fui besando sus muslos por el interior, desde la rodilla hasta la ingle, evitando todo contacto con su sexo. Alc&eacute; la cabeza y la vi con los ojos cerrados, ten&iacute;a un pecho agarrado con las dos manos y trataba de lamer el pez&oacute;n sin conseguirlo. Sin previo aviso, baje mi boca hasta la entrada de su vulva, y le met&iacute; la lengua entre los labios menores, al tiempo que succionaba el cl&iacute;toris y lo sujetaba con los dientes. Ella dio un respingo y comenz&oacute; a agitarse y a pedirme que la penetrase ya. Hice o&iacute;dos sordos a sus s&uacute;plicas y mientras le lamia y mordisqueaba el cl&iacute;toris, introduje mi dedo medio con la palma hacia arriba en su sexo, localic&eacute; la zona tumefacta del punto g y lo masajee con delicadeza mientras segu&iacute;a comi&eacute;ndole el cl&iacute;toris. Amalia era un concierto de gemidos y de ayes. Estaba gozando del tratamiento y yo a fuerza de darle placer a ella estaba tambi&eacute;n a punto de un segundo orgasmo.<\/p>\n<p>Sin moverla de posici&oacute;n, me fui aupando hasta tener mis labios a la altura de su boca. Ella me miraba con ojos arrobados, la bes&eacute; en los labios lo m&aacute;s tiernamente que sabia y al mismo tiempo, me introduje en ella. Al sentir la penetraci&oacute;n, ella comenz&oacute; a moverse lentamente, y yo le segu&iacute; el ritmo, estuvimos as&iacute; un rato y not&eacute; que me ven&iacute;a un segundo orgasmo as&iacute; que le avis&eacute;, ella comenz&oacute; a moverse un poco m&aacute;s r&aacute;pido, su respiraci&oacute;n comenz&oacute; a agitarse y cuando sent&iacute; que llegaba e intent&eacute; retirarme, ella me abraz&oacute; con las piernas por la cintura impidiendo mi salida. Me vaci&eacute; dentro de ella, y ella al mismo tiempo, se arque&oacute;, y emitiendo un alarido tuvo un orgasmo al un&iacute;sono conmigo.<\/p>\n<p>Ca&iacute; sobre ella rendido y mientras recuperaba el resuello, notaba como ella me acariciaba la cabeza y la nuca, diciendo bajito &ldquo;meu bem, meu bem&rdquo; (mi bien mi bien).<\/p>\n<p>Necesitaba un trago de algo, as&iacute; que le pregunt&eacute; si quer&iacute;a beber y me pidi&oacute; que le trajese una t&oacute;nica de la nevera. Prepar&eacute; las bebidas y fui de vuelta a la cama. Las tomamos tranquilos, y una vez recuperados, volvimos a entablar otro combate sexual.<\/p>\n<p>A las dos de la ma&ntilde;ana, cuando iba a vestirme y despedirme de Am&aacute;lia, me abraz&oacute; y me dijo:<\/p>\n<p>&mdash;No te vayas, Alfredo, duerme conmigo esta noche.<\/p>\n<p>Le di la vuelta poni&eacute;ndola de espaldas a m&iacute;, le pase un brazo por debajo del cuello y agarr&aacute;ndome a su pecho, me qued&eacute; dormido. Al despertar por la ma&ntilde;ana, segu&iacute;amos abrazados en la misma posici&oacute;n que nos hab&iacute;amos quedado dormidos.<\/p>\n<p>CONTINUARA&hellip; espero sus comentarios, tanto favorables como en contra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 15<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Era un jueves al mediod&iacute;a; me encontraba en la zona de Lisboa, en Portugal, por motivos de trabajo, y deber&iacute;a estar alrededor de 3 semanas con aquel proyecto. Estaba supervisando el montaje de una serie de m&aacute;quinas en una f&aacute;brica de la zona, y se me vino encima la hora de comer. 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