{"id":19311,"date":"2018-11-25T23:00:00","date_gmt":"2018-11-25T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-11-25T23:00:00","modified_gmt":"2018-11-25T23:00:00","slug":"19311-sintiendo-a-mireya","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/19311-sintiendo-a-mireya\/","title":{"rendered":"Sintiendo a Mireya"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"19311\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Ah&iacute; estaba yo, desnudo, nervioso como si volviera a ser un adolescente, observando atentamente c&oacute;mo Mireya se iba desprendiendo una por una de sus prendas. Su cuerpo delgado me desvel&oacute; primero sus peque&ntilde;os pechos, que altivos y firmes parec&iacute;an pedir que compartiese con ellos el calor de mis labios. Luego mostr&oacute; la belleza de sus largas piernas y sus apretadas nalgas, entre las cuales deseaba locamente sumergirme. Finalmente, con un movimiento lento y una mirada que buscaba mi complicidad, su lencer&iacute;a cay&oacute; hasta sus tobillos y me descubri&oacute; el misterio de su sexo, que erecto y poderoso parec&iacute;a desafiarme.<\/p>\n<p>Durante unos segundos pens&eacute; en qu&eacute; habr&iacute;a dicho mi novia&hellip; perd&oacute;n, mi exnovia. Ella, siempre tan correcta y de moral tan estricta, siempre tan dispuesta a juzgar a los dem&aacute;s, y sin embargo capaz de enga&ntilde;arme durante todo un a&ntilde;o con su compa&ntilde;ero de trabajo sin siquiera despeinarse. &iquest;Qu&eacute; habr&iacute;a pensado aquella mujer que ya era parte de mi pasado? &iexcl;Que pensara lo que le viniera en gana! Por primera vez en mucho tiempo estaba haciendo lo que realmente deseaba, no lo que pensaba que los dem&aacute;s esperaban de m&iacute;.<\/p>\n<p>Mireya extendi&oacute; un poco de crema sobre su sexo y lo acerc&oacute; al m&iacute;o, peg&aacute;ndolos, haci&eacute;ndome part&iacute;cipe del calor de su piel y del h&uacute;medo fr&iacute;o del lubricante. Aunque me sent&iacute;a excitado, a mi cuerpo le costaba reaccionar, aunque el agradable roce que sent&iacute;a me hac&iacute;a sentir maravillosamente, hasta el punto de que se entrecortaba mi respiraci&oacute;n. Su mano nos aferr&oacute; a ambos, como si fu&eacute;ramos el tallo de dos flores sin espinas, y con una firme y r&iacute;tmica calma aument&oacute; la sensaci&oacute;n de placer que me llenaba. Era evidente que ella controlaba la situaci&oacute;n, y a m&iacute; me encantaba.<\/p>\n<p>Es curioso c&oacute;mo Mireya consegu&iacute;a hacer que me dejara llevar. Cuando la hab&iacute;a conocido en una p&aacute;gina web, un par de meses atr&aacute;s, me hab&iacute;a gustado por la forma en que sab&iacute;a escucharme, como si me comprendiera mejor de lo que yo me comprend&iacute;a a m&iacute; mismo. Al explicarme que era una mujer transexual, el v&iacute;nculo que nos un&iacute;a era ya demasiado fuerte como para que eso me importara. Y cuando nuestra relaci&oacute;n pas&oacute; de ser puramente plat&oacute;nica a poseer un car&aacute;cter m&aacute;s f&iacute;sico, la forma en que deseaba sus labios y la manera en que me excitaba el susurro de su voz hac&iacute;a que todo lo dem&aacute;s fuera secundario.<\/p>\n<p>Mi compa&ntilde;era se dej&oacute; caer sobre la cama y me hizo una se&ntilde;al para que me acercara. Yo a&uacute;n segu&iacute;a sin desarrollar una erecci&oacute;n completa, pese a estar excitado como nunca antes lo hab&iacute;a estado, y ella me tranquiliz&oacute; mientras untaba sus dedos en lubricante y buscaba entre mis nalgas la parte de mi cuerpo que m&aacute;s deseaba.<\/p>\n<p>Lo hab&iacute;amos hablado hac&iacute;a ya algunas semanas: Mireya no ten&iacute;a problema alguno cuando yo me introdujera en ella, y de hecho lo consideraba muy placentero, pero no se ve&iacute;a manteniendo una actitud pasiva en todos nuestros encuentros, m&aacute;xime cuando mi trasero la excitaba enormemente y la tentaba en calientes sue&ntilde;os nocturnos. Y yo, lo reconozco, estaba maravillado con ella y habr&iacute;a hecho lo que fuera por complacerla.<\/p>\n<p>Una vez bien lubricado, sinti&eacute;ndome un poco extra&ntilde;ado por la sensaci&oacute;n de humedad permanente, me coloqu&eacute; encima de ella. Quiz&aacute; en otra situaci&oacute;n habr&iacute;a sentido cierta incomodidad, pero al ser capaz de moverme con libertad y marcar el ritmo al que se iba introduciendo dentro de m&iacute;, lo &uacute;nico que me asalt&oacute; fue cierta sensaci&oacute;n de extra&ntilde;eza que, r&aacute;pidamente, fue sustituida por una sensaci&oacute;n de sosegado placer.<\/p>\n<p>Coordinarse con Mireya era un aut&eacute;ntico placer, y lo digo en todos los aspectos. Aunque se notaba su excitaci&oacute;n y deseo, respetaba los ritmos que yo iba marcando, galopando sobre ella de acuerdo a los impulsos que mi cuerpo iba sintiendo. Y fue as&iacute; como, lentamente, sin precipitaciones, sent&iacute; el primero de los orgasmos explot&oacute; dentro de m&iacute;. Nac&iacute;a en mi sexo, pero en lugar de ser expulsado, parec&iacute;a empujar hacia lo m&aacute;s &iacute;ntimo de mi ser, hasta que mis sentidos quedaban saturados por una sensaci&oacute;n de absoluto placer que me hac&iacute;a perder la conciencia de lo que suced&iacute;a a mi alrededor. Consciente de lo que me suced&iacute;a, pues ella misma lo hab&iacute;a experimentado en m&uacute;ltiples ocasiones, Mireya re&iacute;a al ver que ahora ambos comprend&iacute;amos c&oacute;mo funcionaban nuestros cuerpos mucho mejor que antes.<\/p>\n<p>Para m&iacute;, el sexo siempre hab&iacute;a sido algo que se hac&iacute;a deprisa y con fuerza, pero junto a mi nueva compa&ntilde;era hab&iacute;a empezado a comprender que tomarse tiempo para disfrutar, que moverse con cuidado para complacerse tanto a uno mismo como a la otra persona, pod&iacute;a ser infinitamente m&aacute;s satisfactorio.<\/p>\n<p>Cuando me recuper&eacute; por segunda vez de la explosi&oacute;n que me consum&iacute;a por dentro, mi mirada suplic&oacute; a Mireya que pusiera fin a aquello. El deseo era demasiado grande, la erecci&oacute;n demasiado fuerte, mi cuerpo ped&iacute;a derramar toda su esencia pero no sab&iacute;a c&oacute;mo. Empapando su palma con su propia saliva, Mireya aferr&oacute; con fuerza la cabeza de mi sexo, y apret&aacute;ndola sin miramientos, fue estimul&aacute;ndome de una forma tan enloquecedora que me faltaron tanto el aire como las palabras. Fui incapaz de avisarla de lo que estaba a punto de pasar, y cuando salpiqu&eacute; sus peque&ntilde;os pechos y su rostro, su risa de satisfacci&oacute;n fue absoluta.<\/p>\n<p>Agotado pero consciente de los muchos cuidados que mi compa&ntilde;era me hab&iacute;a dedicado, continu&eacute; unido a ella, movi&eacute;ndome ahora con mayor control, pensando en cada golpe e cadera en lo que ella sent&iacute;a, acariciando con mis yemas la ardiente piel que parec&iacute;a a punto de estallar en combusti&oacute;n. Su grito, repentino y victorioso, indic&oacute; que acababa de culminar dentro de m&iacute;. Y que yo, a partir de ese momento, era suyo, igual que ella era m&iacute;a.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Ah&iacute; estaba yo, desnudo, nervioso como si volviera a ser un adolescente, observando atentamente c&oacute;mo Mireya se iba desprendiendo una por una de sus prendas. Su cuerpo delgado me desvel&oacute; primero sus peque&ntilde;os pechos, que altivos y firmes parec&iacute;an pedir que compartiese con ellos el calor de mis labios. 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