{"id":19321,"date":"2018-11-26T23:00:00","date_gmt":"2018-11-26T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-11-26T23:00:00","modified_gmt":"2018-11-26T23:00:00","slug":"19321-noche-de-pasion-en-lisboa-vi-fin-de-semana-en-la-quinta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/19321-noche-de-pasion-en-lisboa-vi-fin-de-semana-en-la-quinta\/","title":{"rendered":"Noche de pasi\u00f3n en Lisboa (VI): Fin de semana en la quinta"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"19321\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Estoy sentado en el chesterfield del sal&oacute;n, esperando que baje Am&aacute;lia para irnos juntos a pasar el d&iacute;a a Co&iacute;mbra, a menos de 100 km. al norte de la finca.<\/p>\n<p>Hoy, s&aacute;bado, ser&aacute; el &uacute;ltimo d&iacute;a completo que pasar&eacute; esta semana con mi amiga, ya que ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana volver&eacute; a Espa&ntilde;a y necesito dejar cosas arregladas para comenzar la semana de una forma ordenada.<\/p>\n<p>Pienso en lo que ha ocurrido desde el pasado domingo y que el marido de Ana Mar&iacute;a, llegar&aacute; hoy a comer a la quinta. Nos marcharemos antes de que llegue, y procurar&eacute; por la noche coincidir lo menos posible con &eacute;l, sin resultar grosero.<\/p>\n<p>Es posible que no sea un tipo muy de fiar. Probablemente tenga una querida. Pero eso son asuntos privados en su matrimonio. A m&iacute;, personalmente, no me ha ofendido con nada. Y yo he tenido a su mujer entre mis brazos. Y tengo normas. Normas que no me permiten verle a la cara con comodidad, sabiendo lo que ha ocurrido. Jodidas normas. Cuando se transgreden, alguien tiene que pagar.<\/p>\n<p>Pero ce&ntilde;irse a esas mismas normas tambi&eacute;n conlleva consecuencias, justificando a veces sobradamente su existencia. Porque aunque en este momento es imposible que yo lo sepa, al ce&ntilde;irme a ellas estar&eacute; forjando un futuro de felicidad. No solo para m&iacute;.<\/p>\n<p>Dentro de tres a&ntilde;os, en un viaje sin avisar a la quinta, en compa&ntilde;&iacute;a de Am&aacute;lia, cuando entre en esta sala; sentada exactamente donde yo estoy ahora, encontrar&eacute; a una Paulinha mucho m&aacute;s mujer, amamantando a una ni&ntilde;a. Ni&ntilde;a que llevar&aacute; toda su vida el nombre de Minerva, porque Alfreda o Alfredina me resultan tan horrorosos, que me negar&eacute; a que castiguen a la ni&ntilde;a con ellos.<\/p>\n<p>Cuando las vea, Paulinha tendr&aacute; cubierto su seno y la cabeza de la ni&ntilde;a, guardando el pudor mientras la alimenta, con una prenda de seda de color azul met&aacute;lico, que me resultar&aacute; conocida, sin recordar por qu&eacute;.<\/p>\n<p>Y con voz muy queda, procurando no alterar la tranquilidad del momento, conversaremos:<\/p>\n<p>&mdash;bom dia, vov&ocirc; (buenos d&iacute;as abuelito)<\/p>\n<p>&mdash;bom dia, minha nena (buenos d&iacute;as, mi ni&ntilde;a)<\/p>\n<p>&mdash;Olha, &eacute; o fruto de uma linda recorda&ccedil;&atilde;o (Mira, es el fruto de un bonito recuerdo)<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;ele te ama? (&iquest;&eacute;l te quiere?)<\/p>\n<p>&mdash;com loucura (con locura)<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;e voc&ecirc;, voc&ecirc; ama ele? (&iquest;y t&uacute;, lo amas a &eacute;l?)<\/p>\n<p>&mdash;com minha vida (con mi vida)<\/p>\n<p>&mdash;Deixa eu ver (D&eacute;jame verla)<\/p>\n<p>Paulinha retirar&aacute; la prenda de seda. Y permiti&eacute;ndome ver su seno, al tiempo que veo la cara de la ni&ntilde;a, le dir&aacute; a &eacute;sta:<\/p>\n<p>&mdash;Olha, meu tesouro, &eacute; o vov&ocirc; (Mira, mi tesoro, es el abuelito).<\/p>\n<p>La ni&ntilde;a soltar&aacute; el pecho de la madre y girando su carita hacia m&iacute;, har&aacute; una mueca con su boquita, que yo interpretar&eacute; como una sonrisa. Y cuando la madre vuelva a ponerla al pecho y la cubra con la prenda, recordar&eacute; de repente donde fue la &uacute;ltima vez que vi ese pa&ntilde;ol&oacute;n de seda, de color azul met&aacute;lico.<\/p>\n<p>Y un hombre, que en esta casa goza de marchamo de tipo duro y peligroso, al tiempo que besa tiernamente a la madre en la frente, llorar&aacute; de felicidad en silencio mientras la emoci&oacute;n le atenaza la garganta. Porque sabe en su coraz&oacute;n, que en verdad, ambas son sus nietas.<\/p>\n<p>Benditas normas.<\/p>\n<p>&mdash;Dom Alfredo&hellip; Dom Alfredo. &iquest;me est&aacute; escuchando?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo?&#8230; Perd&oacute;n Marta, estaba distra&iacute;do pensado. D&iacute;game &iquest;qu&eacute; desea?<\/p>\n<p>&mdash;Dona Am&aacute;lia me ha dicho que ma&ntilde;ana usted ya no comer&aacute; con nosotros. Que esta noche ser&aacute; su &uacute;ltima comida en la quinta. He pensado en matar un pato y hacer &ldquo;arroz de pato&rdquo; en su honor, &iquest;Le gusta?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Seco o grasiento?<\/p>\n<p>&mdash;Muuuy grasiento &ndash; Me dice entrecerrando los ojos y componiendo una cara lujuriosa.<\/p>\n<p>&mdash;Mmmm, me va usted a acabar con la salud, Marta.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Prefiere que le prepare &ldquo;arroz malandro&rdquo;?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;De pato? Nunca lo he comido. Siempre me lo han servido de gallina o de conejo.<\/p>\n<p>&mdash;Es una receta m&iacute;a. &iquest;Le apetece probarla?<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto Marta, ser&aacute; un placer.<\/p>\n<p>Marta es la t&iacute;pica cocinera rural, que cree que su deber primigenio es cebar a sus comensales. La que viendo sentado a la mesa a un tipo que pesa 140 kg. en canal, mientras le atiborra el plato, le espeta: &ldquo;Tengo la impresi&oacute;n de que has adelgazado mucho &uacute;ltimamente&rdquo;. Y sigue a rajatabla los dos primeros mandamientos de las Tablas de la Ley de la cocinera: &ldquo;Esta es mi cocina, y aqu&iacute; mando yo&rdquo; y &ldquo;En esta casa se come lo que yo ponga en la mesa&rdquo;. Desde que el lunes le ped&iacute; que me preparase la carne de cerdo a la alentejana, juega en mi equipo. Le ha importado menos y nada, que est&eacute; todo el elenco familiar en la casa. Ha venido a preguntarme a m&iacute; que es lo que yo quiero para cenar. A los dem&aacute;s les toca hacer de comparsas en la mesa. En una semana me he hecho el ni&ntilde;o mimado de las mujeres de esta casa. Joder&hellip; y me gusta.<\/p>\n<p>Mientras Marta vuelve a la cocina llega Am&aacute;lia a mi encuentro, ataviada para pasar el d&iacute;a en mi compa&ntilde;&iacute;a. Parece que vamos a asistir al rally de Montecarlo. Trae un pantal&oacute;n blanco, de pinzas, largo hasta mitad de tobillo, donde tiene un pu&ntilde;o que cierra con cuatro botones, ci&ntilde;&eacute;ndose a la pierna. Una blusa color p&uacute;rpura, sin mangas, muy floja y abrochada hasta un bot&oacute;n antes del cuello. En la cabeza una pa&ntilde;oleta que se ha anudado dando una vuelta con las puntas alrededor del cuello, formando una suerte de capucha y calza unas manoletinas color azul marino. Para completar el conjunto, trae unas gafas de sol con montura &ldquo;ojos de gato&rdquo;, al estilo de los a&ntilde;os cincuenta.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Salimos ya? Alfredo.<\/p>\n<p>&mdash;Voy a por las llaves de mi coche, y partimos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No te gustar&iacute;a ir hoy con el m&iacute;o?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Podr&eacute; conducirlo un rato?<\/p>\n<p>&mdash;Todo el rato que quieras. As&iacute; yo tendr&eacute; las manos libres &ndash; me dice con una sonrisa torva.<\/p>\n<p>&mdash;Miedo me das. Jajaja.<\/p>\n<p>Al dirigirnos a coger el coche, se cruza por delante de m&iacute; una pelota de goma, y detr&aacute;s, como un rel&aacute;mpago, aparece un cruce entre rata y canguro. Un cachorro de perro, hijo de mil padres, que tiene un vago parecido con un terrier. Al mismo tiempo escuchamos un potente silbido, tipo pastor y una voz que grita:<\/p>\n<p>&mdash;Bolachaaa, Bolachaaa (Galleta) &ndash; Paulinha (&iquest;C&oacute;mo no?) aparece corriendo tras el perrillo y al verme me saluda<\/p>\n<p>&mdash;Vov&hellip; Dom Alfredo, buenos d&iacute;as &ndash; Acaba de ver a Am&aacute;lia e interrumpe el tratamiento de abuelito, sonroj&aacute;ndose.<\/p>\n<p>&mdash;Buenos d&iacute;as Paulinha &ndash; Saludamos ambos a la vez &ndash; Por favor, amarra al perro, que vamos a salir con el coche.<\/p>\n<p>&mdash;Ahora mismo lo sujeto. Tengan buen viaje.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias. Nos vemos por la noche.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de ayudar a mi amiga a franquear la complicaci&oacute;n del acceso al coche, me encuentro en el puesto de conducci&oacute;n, admirando esta joya de la automoci&oacute;n. Enciendo el autom&oacute;vil y en mis manos, a trav&eacute;s del volante de pasta blanca, siento la vibraci&oacute;n del motor de inyecci&oacute;n de seis cilindros y tres litros de cilindrada. Sus m&aacute;s de 200 cv de potencia se reflejan en el veloc&iacute;metro, que declara una velocidad de 270 km\/h. Para frenar este monstruo solo cuento con tambores en las cuatro ruedas. La sensaci&oacute;n que tengo en este momento, debe ser parecida a la que sentir&iacute;a quien se atreva a montar sobre una pantera. Embrago la primera velocidad y salimos de ruta.<\/p>\n<p>Podr&iacute;a tomar la autopista, y en poco m&aacute;s de treinta minutos estar&iacute;amos en Co&iacute;mbra, pero quiero disfrutar conduciendo, as&iacute; que tomo la carretera nacional. Este coche es para lucirlo, y mucho mejor cuando uno lleva a su derecha una mujer como la que me acompa&ntilde;a. As&iacute; que en unos c&oacute;modos 80 km\/h cubro la pr&aacute;ctica totalidad del camino. Am&aacute;lia me mira sonriendo, con la misma mirada que tiene una madre al ver a su hijo disfrutar con un juguete que le hace ilusi&oacute;n.<\/p>\n<p>Durante el trayecto vamos conversando y le comento a mi compa&ntilde;era el comportamiento tan relajado que observo en la casa entre los due&ntilde;os y el servicio y Am&aacute;lia me pone al corriente del porqu&eacute; de esa relaci&oacute;n:<\/p>\n<p>&mdash;Supongo que has visto la fecha que consta en el dintel de entrada de la casa. Pues bien, aunque no tenemos registros fiables, creemos que la familia de Paulinha ha trabajado con nosotros desde que la quinta se cre&oacute;. Tanto el servicio dom&eacute;stico como los trabajadores de la finca, siempre, desde que hay memoria, han pertenecido a la misma familia. De hecho Marta es prima segunda de Paulinha.<\/p>\n<p>Piensa que, hasta que se apareci&oacute; La Virgen, &eacute;sta era una zona deprimida, en la que el &uacute;nico modo de vida era la agricultura. Con el desarrollo de la zona, nuestra familia ayud&oacute; econ&oacute;micamente a la suya a crear negocios de hosteler&iacute;a y restauraci&oacute;n en el pueblo. M&aacute;s que empleadores y empleados, casi somos familia entre nosotros. De hecho, por tradici&oacute;n, a la mujer del due&ntilde;o de la casona, siempre le han dado el t&iacute;tulo de &ldquo;T&iacute;a&rdquo;. La &uacute;ltima fue mi difunta madre &ldquo;La t&iacute;a Carmen&rdquo;, y aunque no han empezado a utilizarlo, probablemente porque no estoy casada, has de saber que la actual t&iacute;a soy yo.<\/p>\n<p>&mdash;Ya he notado que la relaci&oacute;n es muy familiar, por eso te lo comentaba. Por ejemplo, Paulinha estaba jugando con el perro, como si estuviese en su casa.<\/p>\n<p>&mdash;No me hables del perro. Apareci&oacute; hace unos meses en casa con un cachorrillo que casi ni estaba destetado. Lo hab&iacute;a encontrado dentro de un contenedor de basura en el pueblo y lo meti&oacute; en la finca sin siquiera pedir permiso. Nos nombr&oacute; a Ana Mar&iacute;a y a m&iacute; madrinas del chucho. El perro oficialmente es suyo, pero adivina qui&eacute;n paga los gastos de veterinario y seguro.<\/p>\n<p>&mdash;Paulinha es un cielo de muchacha. Le he cogido mucho cari&ntilde;o durante esta semana.<\/p>\n<p>&mdash;Pues tanto ella como Marta tambi&eacute;n te han integrado a ti dentro de la familia de la quinta. Marta me ha pedido permiso hoy para matar un pato en tu honor y hacer arroz de pato.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, me lo coment&oacute;, pero al final me propuso en lugar de arroz de pato, hacerme un arroz malandro de pato. No lo he comido nunca. Estoy deseando probarlo esta noche.<\/p>\n<p>&mdash;La madre que la pari&oacute;. Esta me la paga. Juro que me la paga.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; ha hecho la pobre Marta? &ndash; pregunto intrigado.<\/p>\n<p>&mdash;Tanto Ana Mar&iacute;a como yo detestamos las salsas hechas con la sangre del animal, como el arroz malandro. Y Marta lo sabe perfectamente.<\/p>\n<p>&mdash;No se me alcanza el por qu&eacute; me lo ha propuesto, entonces.<\/p>\n<p>&mdash;Nos est&aacute; haciendo pagar el haberte hecho dormir el jueves en el sof&aacute; del sal&oacute;n &ndash; Dice mi amiga enfurru&ntilde;&aacute;ndose.<\/p>\n<p>&mdash;Pues dale un beso asesino. Jaaaaa.<\/p>\n<p>Entramos en Coimbra por el sur, cruzando la ciudad. A la altura del hotel Astoria, giro a la izquierda y cruzando el puente sobre el r&iacute;o Mondego, me dirijo hacia el convento de Santa Clara a Nova y el &ldquo;Portugal dos pequenitos&rdquo;. Frente a la entrada de &eacute;ste hay una larga avenida en la que puedo aparcar el coche con seguridad.<\/p>\n<p>Nos apeamos, y al ver de frente la entrada del &ldquo;Portugal dos pequenitos&rdquo;, Am&aacute;lia me comenta que hace muchos a&ntilde;os que no lo visita y le apetecer&iacute;a pasearlo en mi compa&ntilde;&iacute;a. As&iacute; que nos dirigimos a la taquilla y solicito dos entradas. Es un parque en el que est&aacute;n representados a escala los monumentos m&aacute;s representativos de Portugal, as&iacute; como sus casas m&aacute;s t&iacute;picas y unos pabellones en los que est&aacute;n glosados aspectos representativos de la vida y costumbres de sus colonias.<\/p>\n<p>Paseamos de la mano tranquilamente y mi compa&ntilde;era se est&aacute; comportando como una adolescente. Cada vez que estamos dentro de alg&uacute;n edificio que pueda ofrecernos alguna intimidad, aprovecha para colgarse de mi cuello y besarme, arrim&aacute;ndose a m&iacute; como una quincea&ntilde;era enamorada. Yo, que no soy muy partidario de mostrar esos sentimientos en p&uacute;blico, sin embargo me encuentro muy c&oacute;modo y disfruto del paseo. Cuando terminamos la visita es pr&aacute;cticamente la hora de comer.<\/p>\n<p>Salimos y nos dirigimos hacia unos restaurantes que hemos visto en la acera de enfrente, y compartimos un &ldquo;bacalhau a Lagareiro&rdquo;, acompa&ntilde;ado de una botella de tinto del Douro.<\/p>\n<p>Al terminar de comer, cogemos el coche y subimos a la zona de la Universidad y paseamos toda la tarde como una pareja de enamorados. La verdad, no s&eacute; si lo que tenemos entre nosotros es amor, pero ciertamente se le parece bastante. Tengo que hablarlo con Am&aacute;lia a no tardar mucho. Pero necesito tiempo para poner en orden mis sentimientos.<\/p>\n<p>A la hora de volver hacia la quinta, decido tomar la autopista. Este coche me est&aacute; pidiendo que lo ponga a prueba. En plena autopista, y en una zona casi sin tr&aacute;fico, le entierro el acelerador y durante un par de minutos voy conduciendo a 190 km\/h seg&uacute;n el cuentaquil&oacute;metros. Ya me he sacado la espina, as&iacute; que levanto el p&iacute;e y termino el trayecto a una velocidad mucho m&aacute;s moderada hasta que arribamos, por fin, a la quinta.<\/p>\n<p>Al meter el coche en el garaje, aparte de la berlina de Ana Mar&iacute;a, aparcada en un lateral, hay una moto, grande como un cami&oacute;n articulado. Am&aacute;lia me dice que es el capricho de su cu&ntilde;ado. No entiendo de motos, y no s&eacute; qu&eacute; modelo es, pero s&iacute; reconozco el logotipo de Harley Davidson. Realmente es una m&aacute;quina preciosa.<\/p>\n<p>Cuando ven&iacute;amos de camino, Am&aacute;lia contact&oacute; telef&oacute;nicamente con Ana Mar&iacute;a, avisando que ya est&aacute;bamos llegando, por lo que ya estaba la mesa preparada y nos dispusimos a cenar.<\/p>\n<p>Nos sentamos a la mesa por parejas, de tal manera que yo qued&eacute; enfrentado con Ana Mar&iacute;a y su marido enfrentado con Am&aacute;lia, lo que &iacute;ntimamente agradec&iacute;. No me sent&iacute;a con &aacute;nimos de verle a la cara durante toda la cena. El trato entre nosotros dos segu&iacute;a siendo correcto, pero distante.<\/p>\n<p>Paulinha trajo el arroz famoso, y lo puso en la mesa, cabizbaja, sin mirar a las mujeres a la cara. Lo que en ella era toda una declaraci&oacute;n de intenciones. Sab&iacute;a el por qu&eacute; del plato. Hab&iacute;a hablado con Marta, y tengo para m&iacute;, que ella estaba de acuerdo.<\/p>\n<p>Ana Mar&iacute;a, al ver el arroz malandro, levant&oacute; la vista interrogando a Am&aacute;lia, y mi amiga le hizo un adem&aacute;n imperceptible que significaba algo as&iacute; como &ldquo;despu&eacute;s te cuento&rdquo;. He de decir que por no dar el brazo a torcer, ambas se sirvieron y dieron cuenta de sus raciones como si no ocurriese nada. O eso, o es que sab&iacute;an a ciencia cierta que no hab&iacute;a nada m&aacute;s preparado para cenar. Conoc&iacute;an a Marta.<\/p>\n<p>Cuando termin&oacute; la cena, me disculp&eacute; diciendo que iba a felicitar a Marta por la cena, como as&iacute; hice. Al entrar en la cocina, Marta y Paulinha estaban cenando juntas, dando cuenta de un arroz con los menudillos del pato. A pesar de haber cenado maravillosamente se me hizo la boca agua. Me encantan ese tipo de arroces.<\/p>\n<p>&mdash;Marta, le felicito por el arroz, estaba delicioso. Y quisiera adem&aacute;s darle las gracias por las atenciones que ha tenido durante la semana conmigo. Me he encontrado como en mi propia casa.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;En su casa tambi&eacute;n duerme en el sof&aacute;? &ndash; Me contesta con todo el descaro, mientras me sonr&iacute;e.<\/p>\n<p>&mdash;A veces, Marta. A veces. &ndash; contesto sonriendo, a mi vez.<\/p>\n<p>Quiero aprovechar para despedirme de ustedes, ya que ma&ntilde;ana salgo temprano y probablemente no tendr&eacute; tiempo de hacerlo adecuadamente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Puedo darle un beso? &ndash; Me solicita<\/p>\n<p>&mdash;Claro que s&iacute;. Y dos si quiere.<\/p>\n<p>Se levant&oacute; de la silla, y limpi&aacute;ndose las manos en la punta del delantal que todav&iacute;a llevaba puesto, me las puso en los hombros y me estamp&oacute; un beso en la mejilla al tiempo que me dec&iacute;a:<\/p>\n<p>&mdash;Volte sempre (vuelva siempre). &ndash; Ya soy oficialmente de la familia.<\/p>\n<p>Me desped&iacute; de Paulinha con un beso en la frente, recomend&aacute;ndole que se portase bien y que no hiciese enfadar a las se&ntilde;oras, con el convencimiento &iacute;ntimo de que ella seguir&iacute;a haciendo lo que le saliese del mo&ntilde;o y volv&iacute; al sal&oacute;n.<\/p>\n<p>La sobremesa estaba siendo tensa, Ana Mar&iacute;a y su marido a&uacute;n arrastraban las consecuencias de la tensa conversaci&oacute;n del domingo anterior. Adem&aacute;s hab&iacute;a pasado la noche del jueves, aunque &eacute;l no lo sab&iacute;a. Am&aacute;lia y yo nos sent&iacute;amos inc&oacute;modos en medio del disgusto del matrimonio. As&iacute; que pretextando cansancio por una semana demasiado ajetreada, lo cual no era totalmente mentira, solicit&eacute; me disculpasen para retirarme a dormir. Am&aacute;lia, dirigi&eacute;ndose a m&iacute;, me dijo que ella me acompa&ntilde;ar&iacute;a en un rato.<\/p>\n<p>Sub&iacute; a mi habitaci&oacute;n y entrando en el ba&ntilde;o, me desnud&eacute; y me d&iacute; una ducha. Sal&iacute; y completamente desnudo, me met&iacute; en la cama, recostando mi espalda sobre el cabecero.<\/p>\n<p>Apenas me hab&iacute;a acostado cuando veo abrirse la puerta y Am&aacute;lia entra en la habitaci&oacute;n. Qued&aacute;ndose frente a m&iacute;, se fue desnudando poco a poco. Cuando estaba en ropa interior, se solt&oacute; el sost&eacute;n y se masaje&oacute; los hombros. En ese momento pens&eacute; que durante toda la semana, mi amiga hab&iacute;a utilizado sostenes normales. Ten&iacute;a que tener la espalda y el cuello destrozados por el peso de su pecho. Ella se inclin&oacute; hacia adelante y se sac&oacute; la braga, introduci&eacute;ndose en la cama conmigo.<\/p>\n<p>Me pidi&oacute; que me acostase y puso su cabeza en mi pecho, pas&aacute;ndome una pierna doblada por encima de las m&iacute;as. Yo le pas&eacute; una mano por detr&aacute;s de su espalda, y con la otra, comenc&eacute; a acariciarle el pecho al que pod&iacute;a acceder con comodidad. En mi muslo noto el contacto de su sexo desnudo.<\/p>\n<p>&mdash;Am&aacute;lia, esta semana no te he visto nunca con uno de tus sostenes especiales, tienes que estar dolorida. &ndash; Le coment&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Cr&eacute;eme, cari&ntilde;o, no quieres verme con uno de esos sostenes. Tendr&iacute;as que estar muy necesitado para que te excitases.<\/p>\n<p>&mdash;A m&iacute; me excitas hasta vestida.<\/p>\n<p>&mdash;No seas pelota, que todos sois iguales.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, pero yo duermo contigo.<\/p>\n<p>Al no contestarme me doy cuenta de que se ha quedado dormida. Yo acerco mi cara a su pelo, aspirando su perfume, mientras contin&uacute;o acarici&aacute;ndole el pecho.<\/p>\n<p>Lo siguiente que recuerdo conscientemente es despertar por la ma&ntilde;ana abrazados como acostumbramos a dormir. Am&aacute;lia d&aacute;ndome la espalda, con uno de mis brazos debajo de su cuello, y mis manos agarr&aacute;ndola por los dos pechos. No tengo ni idea de cuando hemos cambiado de postura.<\/p>\n<p>CONTINUAR&Aacute;.<\/p>\n<p>Agradezco sus comentarios, tanto a favor, como en contra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Estoy sentado en el chesterfield del sal&oacute;n, esperando que baje Am&aacute;lia para irnos juntos a pasar el d&iacute;a a Co&iacute;mbra, a menos de 100 km. al norte de la finca. Hoy, s&aacute;bado, ser&aacute; el &uacute;ltimo d&iacute;a completo que pasar&eacute; esta semana con mi amiga, ya que ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana volver&eacute; a Espa&ntilde;a y necesito [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":12681,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":{"0":"post-19321","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-grandes-relatos"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19321","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/12681"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19321"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19321\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19321"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19321"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19321"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}