{"id":19375,"date":"2018-12-02T23:00:00","date_gmt":"2018-12-02T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-12-02T23:00:00","modified_gmt":"2018-12-02T23:00:00","slug":"19375-noche-de-pasion-en-lisboa-vii-amalia-recibe-un-anillo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/19375-noche-de-pasion-en-lisboa-vii-amalia-recibe-un-anillo\/","title":{"rendered":"Noche de pasi\u00f3n en Lisboa (VII): Am\u00e1lia recibe un anillo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"19375\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 14<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El hombre est&aacute; concentrado en su trabajo. Lleva una camisa fina. Ha remangado las mangas enroll&aacute;ndolas por encima del codo. A pesar del calor, debajo lleva una camiseta de asas. Solo los tontos de ciudad desnudar&iacute;an el torso para ponerse a trabajar bajo este sol. Sabe que cuando moje con su sudor la camiseta, la evaporaci&oacute;n de &eacute;ste crear&aacute; una corriente de aire por el interior de la camisa, que le refrescar&aacute; mucho m&aacute;s que si estuviese desnudo. No est&aacute; dispuesto a pasar tres d&iacute;as penando, a causa de las quemaduras. Por motivos parecidos, va cubierto con un sombrero de paja de ala generosa. No es f&iacute;sico. No entiende el mecanismo de la termodin&aacute;mica. Es campesino y ese conocimiento le viene de serie. Con el sol no se juega, y menos en el mes de agosto. Se agacha, tomando un botijo y se echa al coleto un generoso trago de agua. Escupe en sus manos, y agarra la azuela.<\/p>\n<p>Con la pericia que da la pr&aacute;ctica, va dando cortes precisos en la corteza del alcornoque, tajando justo hasta donde termina &eacute;sta. Trabaja con cuidado. Esta es la tercera extracci&oacute;n de corteza de &eacute;ste &aacute;rbol. Su padre hizo la primera. El corcho que est&aacute; sacando ya es de la m&aacute;xima calidad. Un material uniforme y prieto, pr&aacute;cticamente sin defectos. Sabe que no debe da&ntilde;ar al &aacute;rbol. Hasta dentro de quince a&ntilde;os este alcornoque no volver&aacute; a sufrir otro descortezado.<\/p>\n<p>Si se produjese una cat&aacute;strofe y Europa se hundiese en el mar, Portugal quedar&iacute;a flotando. Es el primer productor mundial de corcho. Han desarrollado una industria, en la que con &eacute;l fabrican desde tapones hasta bolsos de se&ntilde;ora. Y &eacute;sta es una parte de la mayor zona de producci&oacute;n.<\/p>\n<p>En ello estoy pensando, apoyado sobre otro alcornoque pendiente de descortezar, mientras veo sus evoluciones.<\/p>\n<p>Hace un par de horas que he llegado a la quinta. Les he visto trabajar desde la casa, y como es una labor que nunca hab&iacute;a visto hacer, me he acercado a curiosear.<\/p>\n<p>Cuando me han visto llegar, la cuadrilla de trabajadores ha parado su trabajo. El que parece el capataz, se ha acercado a m&iacute; y mostr&aacute;ndome la palma de su mano derecha, sucia por el trabajo manual, ha girado la mu&ntilde;eca y cerr&aacute;ndola en un pu&ntilde;o, me ha ofrecido el dorso para que se lo estreche, en un saludo respetuoso, al tiempo que me dice:<\/p>\n<p>&#8211; Bem vindo, Dom Alfredo (Bienvenido Don Alfredo).<\/p>\n<p>&#8211; Muito Obrigado, Dom&hellip;. (Muchas gracias, don&hellip;)<\/p>\n<p>&#8211; Alipio, a seu servi&ccedil;o, sou o capataz (Alipio, a su servicio, yo soy el capataz).<\/p>\n<p>&#8211; Muito pracer (Encantado).<\/p>\n<p>Uno a uno, me van saludando y present&aacute;ndose los hombres de la cuadrilla, a los que no conozco de nada y estoy completamente seguro de que ellos jam&aacute;s me han visto. Pero ellos s&iacute; saben qui&eacute;n soy yo. Observo en su pose que me tratan con respeto, pero sin servilismo. Si no fuese porque yo no tengo nada que ver con la finca, dir&iacute;a que se comportan conmigo como lo har&iacute;an con el due&ntilde;o. Es m&aacute;s, me tratan como se trata a un &ldquo;hombre&rdquo;. Como a un igual.<\/p>\n<p>Le pregunto al capataz como es que saben qui&eacute;n soy, si nunca nos hemos visto, y me contesta con un enigm&aacute;tico:<\/p>\n<p>&#8211; N&oacute;s sabemos coisas (Nosotros sabemos cosas).<\/p>\n<p>Y entonces comprendo. Recuerdo que el personal de la finca pertenece todo a la misma familia, y lo primero que pienso es que Marta se ha ido de la lengua. S&eacute; que Paulinha no ha sido. La muchacha quiere tanto a Am&aacute;lia, que si &eacute;sta le dice que guarde un secreto, se deja matar antes de contar nada. Extra&ntilde;amente, s&eacute; en mi interior que el incidente de la pelea no va a llegar a o&iacute;dos de los novios. Puedo dormir tranquilo. Aqu&iacute; rige la ley del silencio y la orden es que ni Magnolia ni su marido lo sepan jam&aacute;s. Pero Marta se ha asegurado de que se sepa que el compa&ntilde;ero de Dona Am&aacute;lia es un hombre que se viste por los pies.<\/p>\n<p>Marta&hellip;<\/p>\n<p>Al llegar a la quinta, he aparcado fuera del garaje. Hace poco m&aacute;s de un mes que he estado aqu&iacute; por primera vez. He vuelto aprovechando el puente de la Virgen de Agosto, sabiendo que Am&aacute;lia no llegar&iacute;a hasta la hora de la cena. Pero yo me he adelantado.<\/p>\n<p>Cuando me he dirigido a la puerta principal, la he encontrado cerrada. Sin dudarlo he rodeado la casa, yendo hacia la puerta de la cocina, encontr&aacute;ndola tambi&eacute;n cerrada. Es algo que me extra&ntilde;&oacute;, pues durante el tiempo que pas&eacute; en esta casa, nunca hab&iacute;a visto ambas puertas cerradas con llave. As&iacute; que me acerqu&eacute; a la ventana de la cocina para ver si estaban en el interior Marta o Paulinha.<\/p>\n<p>Mientras me estaba acercando, vi en pie, de espaldas a la ventana y apoyado en la mesa de trabajo a un hombre que no hab&iacute;a visto jam&aacute;s. Un tipo como de unos cuarenta y pocos a&ntilde;os, fuerte; de anchos hombros y con los brazos quemados por el trabajo al sol. Estaba, como digo, apoyado de espaldas, con la parte inferior de los gl&uacute;teos y los brazos abiertos en comp&aacute;s a cada lado del cuerpo, en la mesa de trabajo. Su cabeza estaba inclinada hacia atr&aacute;s, como mirando algo por encima del aparador de la loza.<\/p>\n<p>Me coloqu&eacute; de forma que no pudiese verme a m&iacute; y continu&eacute; observ&aacute;ndolo ya que se trataba de una situaci&oacute;n extra&ntilde;a. Aquel individuo dentro de la casa, s&oacute;lo y con todo cerrado.<\/p>\n<p>Entonces veo que Marta emerge delante de &eacute;l, su cara deformada por la lujuria. Con la blusa abierta y las copas del sost&eacute;n a la altura del cuello. Mostrando unos pechos plenos y pesados, con areolas oscuras del tama&ntilde;o de galletas de desayuno y los pezones enhiestos por la excitaci&oacute;n. &Eacute;l le agarra la cara con las manos y la besa en la boca, mientras ella se arremanga la falda hasta la cintura, permiti&eacute;ndome ver una braga de encaje, de color blanco. Se giran, cambiando de sitio, y &eacute;l la sienta sobre la mesa, bajando la mano a la entrepierna de ella. Y apartando la braga, se dispone a penetrarla.<\/p>\n<p>Yo ya he visto m&aacute;s que suficiente. Entiendo por qu&eacute; est&aacute; cerrada la casa y dado que Marta no corre ning&uacute;n peligro, y lo que ocurre no es de mi incumbencia, me retiro de la ventana. Es entonces cuando veo, a lo lejos, a la cuadrilla que est&aacute; trabajando en los alcornoques, y me dirijo hacia all&iacute;.<\/p>\n<p>Voy pensando en si comentarle algo a Am&aacute;lia de lo sucedido y decido que mejor no. No le est&aacute;n haciendo mal a nadie y creo que mi amiga todav&iacute;a le tiene marcado en rojo el tema del arroz malandro. Y le temo a las venganzas de mi amiga. Aunque no son peligrosas, tiene una rara habilidad para hacer que sean de lo m&aacute;s inc&oacute;modas, en el momento que menos te apetece.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de pasar un rato con la cuadrilla de le&ntilde;adores, y considerando que les he dado tiempo suficiente a Marta y a su acompa&ntilde;ante, me despido de ellos y me dirijo nuevamente a la casa.<\/p>\n<p>Al acercarme veo que la puerta de la cocina est&aacute; abierta. S&eacute; que la principal tambi&eacute;n lo estar&aacute;, pero decido entrar por la trasera.<\/p>\n<p>Cuando entro, Marta est&aacute; trasteando en la encimera, empezando a preparar todo para la cena. Siente que hay alguien en la cocina, se vuelve, y no me da tiempo a saludarla<\/p>\n<p>&#8211; Dooom Alfredoo, que gusto verle de nuevo por aqu&iacute;<\/p>\n<p>Diciendo esto, me pone las manos en los hombros y me besa en la mejilla. Al retirarse hacia atr&aacute;s, con una mano, se recompone el escote de la blusa. Yo pienso &ldquo;comp&oacute;n, comp&oacute;n, si supieses lo que he visto hace un par de horas&hellip;&rdquo;<\/p>\n<p>&#8211; Buenas tardes Marta, el gusto es m&iacute;o. Estoy deseando empezar a probar esos platos que me prepara.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Quiere otra vez &ldquo;arroz malandro&rdquo;?<\/p>\n<p>&#8211; Yo s&iacute;, pero en su caso, no jugar&iacute;a con fuego.<\/p>\n<p>&#8211; Puedo prepararlo para usted y para nosotras dos, solamente &ndash; me dice soltando una carcajada &#8211; &iquest;Cu&aacute;ndo ha llegado? &ndash; Pfffff, y ahora &iquest;qu&eacute; le digo?<\/p>\n<p>&#8211; Hace un par de horas, pero al llegar vi una cuadrilla sacando corcho y fui a curiosear.<\/p>\n<p>&#8211; Mal, muy mal. Lo primero es venir a saludar al personal de la casa &ndash; No creo que te hubiese hecho mucha gracia, pienso.<\/p>\n<p>&#8211; Marta &iquest;mi habitaci&oacute;n es la misma que ocup&eacute; la &uacute;ltima vez?<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;La de arriba o la del sof&aacute;? Me contesta con todo el descaro, riendo.<\/p>\n<p>&#8211; La de arriba, Marta. No juegue con fuego.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, por supuesto. Han dado orden de que se le aloje siempre en ese dormitorio.<\/p>\n<p>&#8211; Voy a por mi equipaje y lo subo.<\/p>\n<p>&#8211; Refr&eacute;squese y no tarde, que hoy cenaremos temprano. Les dejo todo preparado y me ir&eacute;, que tengo compromisos.<\/p>\n<p>&#8211; De acuerdo, Marta. No se preocupe.<\/p>\n<p>Me voy a por mi equipaje riendo para mis adentros. Ya s&eacute; yo que compromisos tienes hoy. Lo subo a mi habitaci&oacute;n y deshago la maleta, poniendo mi ropa en mi parte del armario. Veo que tambi&eacute;n hay ropa de Am&aacute;lia en el mismo. Comprendo que lo utiliza habitualmente.<\/p>\n<p>Me ducho y al secarme, me paso la mano por el cuello y noto que necesito un afeitado, pero me escuece algo, con el sudor y el calor se me debe haber irritado. As&iacute; que lo dejo para la ma&ntilde;ana siguiente.<\/p>\n<p>Visti&eacute;ndome con una ropa c&oacute;moda y fresca, un pantal&oacute;n y una camisa de lino y calz&aacute;ndome unas alpargatas con el piso de esparto, bajo al piso inferior.<\/p>\n<p>Al llegar oigo voces en la cocina y reconozco la de Am&aacute;lia hablando con Marta. Empiezo a ir a su encuentro, justo en el momento en que mi amiga sale dirigi&eacute;ndose hacia donde yo estoy.<\/p>\n<p>Al verme se le ilumina la cara y viene corriendo hacia m&iacute; como una adolescente, se me echa al cuello, y antes de decirme nada, me estampa un beso en la boca. Por debajo de su blusa, al abrazarme, noto que trae puesto uno de sus sostenes ortop&eacute;dicos.<\/p>\n<p>&#8211; Hola cari&ntilde;o &iquest;Cu&aacute;ndo has llegado?, &iquest;Tuviste buen viaje? &ndash; me dice.<\/p>\n<p>&#8211; Hola cielo. Llegu&eacute; hace tres horas, m&aacute;s o menos. Y s&iacute;, tuve un viaje tranquilo.<\/p>\n<p>&#8211; Ay&uacute;dame con el equipaje, que quiero darme una ducha. Hoy tenemos que cenar temprano y apa&ntilde;arnos solos. Paulinha no vendr&aacute; hasta ma&ntilde;ana, y Marta tiene compromisos.<\/p>\n<p>&#8211; Ummmmm, toda la casa para nosotros solos. &iquest;Marta tiene un &ldquo;amigo con derechos&rdquo;?<\/p>\n<p>&#8211; Que mente m&aacute;s sucia tienes. El marido de Marta es pescador de altura. Pasa tres meses en el mar y quince d&iacute;as en tierra. Y lleg&oacute; esta ma&ntilde;ana en avi&oacute;n a Lisboa, desde el &Iacute;ndico. As&iacute; que ya te puedes imaginar por qu&eacute; quiere llegar temprano a casa.<\/p>\n<p>Ya cant&oacute; la gallina, ya s&eacute; qui&eacute;n es el maromo de la cocina, pienso para m&iacute;. A&uacute;n as&iacute; no le digo nada a Am&aacute;lia de lo que he visto. Es un secreto que no me pertenece.<\/p>\n<p>Le llevo la maleta a la habitaci&oacute;n, aunque noto que es m&aacute;s peque&ntilde;a que la m&iacute;a. Pero tambi&eacute;n es verdad que ella tiene ropa en el armario. Cuando estamos dentro me pide que la deje sola, que se va a duchar y cambiar de ropa.<\/p>\n<p>&#8211; Querida, &iquest;a estas alturas con pudores?<\/p>\n<p>&#8211; Cielo, no quieras ver lo que traigo puesto. Esta noche tengo ganas de ponerme al d&iacute;a contigo. Me dice sonriendo, mientras me va empujando hacia la puerta.<\/p>\n<p>&#8211; De acuerdo. Te dejo sola, entonces.<\/p>\n<p>&#8211; Bajo pronto, no te preocupes.<\/p>\n<p>Cuando baja mi amiga, trae puestas una falda y una blusa, muy sencillas ambas, de algod&oacute;n y con pinta de ropa fresca y en los pies, unas sandalias planas.<\/p>\n<p>Nos sentamos a la mesa y cuando nos ha servido cena, Marta, dirigi&eacute;ndose a mi compa&ntilde;era le dice:<\/p>\n<p>&#8211; T&iacute;a Am&aacute;lia, en la cocina dejo una cafetera preparada. &iquest;Necesitan algo m&aacute;s antes de que me vaya?.<\/p>\n<p>&#8211; No, Marta, muchas gracias. Hasta ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>&#8211; Buenas noches, Marta. Hasta ma&ntilde;ana &ndash; Saludo yo a mi vez.<\/p>\n<p>Entonces, al quedarnos solos, me dirijo a mi amiga:<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;T&iacute;a Am&aacute;lia? &iquest;Desde cu&aacute;ndo?<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;. Al parecer, ya soy decente. A partir de la semana siguiente a la de la boda, todo el personal de la quinta empez&oacute; a dirigirse a m&iacute; con el calificativo.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Sabes que me ha pasado hoy? Estuve viendo como descortezaban los alcornoques, y cuando me acerqu&eacute; a los operarios, el capataz inmediatamente se dirigi&oacute; a m&iacute; como &ldquo;dom Alfredo&rdquo;. Toda la cuadrilla me trataba como si yo fuese el due&ntilde;o de la quinta. Cuando le pregunt&eacute; c&oacute;mo sab&iacute;a qui&eacute;n soy yo, no habi&eacute;ndonos visto nunca, me contest&oacute; &ldquo;Nosotros sabemos cosas&rdquo;. Creo que Marta ha contado lo de la pelea en la boda.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Por qu&eacute; Marta? Pudo ser Paulinha la que cont&oacute; lo que sab&iacute;a.<\/p>\n<p>&#8211; Am&aacute;lia, Pauli&ntilde;a es un culo inquieto, una chiquilla alocada. Pero a ti te adora. Si t&uacute; le has dicho que no diga nada, se deja arrancar la piel antes de soltar prenda.<\/p>\n<p>&#8211; Pues ya est&aacute;, entonces. Han decidido que la quinta ya tiene un hombre otra vez, y su mujer, por supuesto, es &ldquo;La T&iacute;a&rdquo;. Aunque no estemos casados. Llevaban seis a&ntilde;os sin utilizar el tratamiento.<\/p>\n<p>&#8211; Pues si eso es lo que ha ocurrido realmente, puedes creerme, me gusta.<\/p>\n<p>Terminamos de cenar y nos sentamos en el suelo, apoyados en el Chesterfield mientras tom&aacute;bamos caf&eacute;. Am&aacute;lia no quiso que le sirviese ning&uacute;n licor, pero de vez en cuando, le daba peque&ntilde;os sorbos a mi copa de co&ntilde;ac. All&iacute;, sobre la alfombra, la empuj&eacute; hasta que estuvo tendida y me acost&eacute; a su lado bes&aacute;ndola en el cuello mientras acariciaba sus muslos por debajo de la falda. Ella abri&oacute; las piernas, permiti&eacute;ndome llegar con mi mano hasta su sexo, y comprobar que no se hab&iacute;a puesto ropa interior. Mientras, con su mano me acariciaba el pene por encima del pantal&oacute;n. Cuando me bes&oacute;, sintiendo la barba hirsuta me dijo:<\/p>\n<p>&#8211; Cari&ntilde;o, esa cara, con esa barba, hoy no la vas a acercar a ning&uacute;n sitio, te lo advierto.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Me afeitar&aacute;s t&uacute; ma&ntilde;ana?<\/p>\n<p>&#8211; Ma&ntilde;ana ser&aacute; otro d&iacute;a, pero hoy&hellip; a ver c&oacute;mo te las apa&ntilde;as para darme lo m&iacute;o, que llevo varios d&iacute;as esperando este momento.<\/p>\n<p>Esa noche me apa&ntilde;&eacute; para darle lo suyo, y un porcentaje de propina, y despert&eacute; con su espalda en mi pecho, y sus pechos agarrados con mis manos. Estaba en Portugal y por lo que se ve, aqu&iacute; no se dormir de otra manera. Tambi&eacute;n me cobre lo m&iacute;o. Que conste.<\/p>\n<p>Al despertarnos, le ped&iacute; a Am&aacute;lia que me afeitase, tal y como hab&iacute;a hecho la ma&ntilde;ana de la boda y ella por toda contestaci&oacute;n, me se&ntilde;al&oacute; la butaca. Me sent&eacute; de la misma manera que lo hab&iacute;a hecho aquel d&iacute;a y ella repiti&oacute; los mismos pasos que hab&iacute;a realizado. La diferencia es que esta vez, ella no llevaba la bata, y ten&iacute;amos tiempo para hacer lo que quisi&eacute;ramos. Y claro, lo que quisimos, pas&oacute;.<\/p>\n<p>Me duch&eacute; en primer lugar y cuando me estaba vistiendo, Am&aacute;lia entr&oacute; a la ducha. La escuch&eacute; rezongar y me asom&eacute; al ba&ntilde;o. Mientras se frotaba la entrepierna con una esponja dec&iacute;a entre dientes:<\/p>\n<p>&#8211; C&oacute;mo escuece. Con esa barba no me vuelve a meter aqu&iacute; la cabeza. Menuda aver&iacute;a tengo.<\/p>\n<p>Riendo en voz baja, me retiro antes de que me oiga y termino de vestirme.<\/p>\n<p>Cuando sale de la ducha, le pregunto si tardar&aacute; mucho para bajar a desayunar juntos y me contesta que baje yo, que ella a&uacute;n se demorar&aacute; un rato porque quiere repasar la ropa o algo as&iacute;.<\/p>\n<p>Entro en la cocina y lo primero que veo es a Marta, doblada por la cintura, con las piernas rectas, abiertas en comp&aacute;s y trasteando en el horno, de espaldas a m&iacute;. En esa posici&oacute;n el culo tensa la tela de la falda. Y qu&eacute; culo. No tengo tiempo de saludarla cuando sin volverse a mirarme, me dice:<\/p>\n<p>&#8211; Buenos d&iacute;as, Dom Alfredo, &iquest;le gusta lo que est&aacute; viendo?<\/p>\n<p>&#8211; Perd&oacute;n Marta, no pretend&iacute;a asustarla, ni me esperaba encontrarla as&iacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Es la parte que le faltaba por conocer, el resto ya lo ha visto. Y no ver&aacute; m&aacute;s, se lo aseguro.<\/p>\n<p>&#8211; Perdone Marta, no entiendo a qu&eacute; se refiere.<\/p>\n<p>Entonces, me agarra por un brazo y me pone delante de la mesa de trabajo, mirando hacia la ventana, en el lugar que ella estaba ayer por la tarde y me dice:<\/p>\n<p>&#8211; La pr&oacute;xima vez, aprenda a esconderse mejor. Desde aqu&iacute; se controla todo el patio a trav&eacute;s de la ventana. Mi marido no se dio cuenta, pero cuando me levant&eacute; yo le vi inmediatamente.<\/p>\n<p>&#8211; Lo siento Marta, me encontr&eacute; la casa cerrada y quise ver si estaban usted o Paulinha a trav&eacute;s de la ventana, cuando vi a un hombre desconocido, s&oacute;lo y con la casa cerrada. Lo estaba vigilando a ver que ocurr&iacute;a. Cuando comprend&iacute; lo que estaba pasando, y que usted no corr&iacute;a peligro, me fui inmediatamente y les dej&eacute; en la intimidad. Lo que vi fue totalmente accidental. Cr&eacute;ame.<\/p>\n<p>&#8211; Lo s&eacute;, vi su sombra en la pared cuando se alejaba. Sab&iacute;a que no se iba a quedar mirando, por eso continu&eacute; con lo que est&aacute;bamos. Y no me equivoqu&eacute; con usted. Cuando volvi&oacute; no hizo ning&uacute;n comentario, y no le ha dicho nada a la t&iacute;a Am&aacute;lia. Ha guardado el secreto. Gracias.<\/p>\n<p>Levant&oacute; la cabeza hacia m&iacute; y me estamp&oacute; un beso en la boca, al tiempo que me dec&iacute;a:<\/p>\n<p>&#8211; No se equivoque. Esto es porque es usted un &ldquo;hombre&rdquo;. Y no se volver&aacute; a repetir. Ahora&hellip; &iquest;quiere desayunar?<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, Marta, muchas gracias. &iquest;Podr&iacute;a servirme el desayuno en la terraza?<\/p>\n<p>&#8211; Claro que s&iacute;. V&aacute;yase a la mesa que ahora se lo llevo.<\/p>\n<p>Sentado en la mesa, observo como Marta viene hacia m&iacute; con el servicio del desayuno. Trae puesta &ldquo;la sonrisa&rdquo;. Yo he cumplido como var&oacute;n esta noche, pero a ella le han arrugado a gusto las s&aacute;banas debajo de la espalda, y se le nota en la cara. Lo cierto es que es una mujer muy guapa y me alegro de su felicidad.<\/p>\n<p>Cuando termina de ponerme el desayuno me pregunta:<\/p>\n<p>&#8211; Una &uacute;ltima pregunta, Dom Alfredo &iquest;Lo que vio ayer, le gust&oacute;?<\/p>\n<p>&#8211; Mucho, Marta. Mucho. Puede creerme. Es usted una mujer muy apetecible.<\/p>\n<p>&#8211; Gracias.<\/p>\n<p>Y se fue a la cocina a continuar con sus cosas. No volvimos a comentar nunca m&aacute;s el incidente.<\/p>\n<p>Al terminar mi desayuno y fumarme un cigarrillo, viendo que Am&aacute;lia no hab&iacute;a bajado todav&iacute;a, me dirijo a mi habitaci&oacute;n para ofrecerle mi ayuda en lo que est&eacute; haciendo. Casi llegando a la escalera, veo que la bola de pelo con pretensiones de perro de Paulinha, entra y sale correteando por la puerta del sal&oacute;n y la escucho rezongar enfadada. Me acerco y me quedo apoyado en el montante de la puerta, en silencio, sonriendo ante lo tengo delante de mis ojos.<\/p>\n<p>Paulinha, con la cabeza medio metida debajo de un mueble y con un brazo estirado, est&aacute; tratando de agarrar algo. Tiene todo el pecho pegado al suelo y las rodillas totalmente separadas, con las piernas arrodilladas y el culo en pompa. Va cubierta con una falda a medio muslo de alg&uacute;n tejido muy el&aacute;stico. La falda est&aacute; completamente tirante por la postura. Y le oigo que refunfu&ntilde;a:<\/p>\n<p>&#8211; Bolacha (Galleta) est&uacute;pido. Por tu culpa nos van a echar a los dos de la quinta. Sabes que no puedes entrar en la casa a jugar con la pelota. La t&iacute;a Am&aacute;lia me va a re&ntilde;ir. Y como me ri&ntilde;an a m&iacute;, le voy a decir a Marta que no te guarde huesos.<\/p>\n<p>El perrito, al o&iacute;r su nombre, se acerca por detr&aacute;s jugando y empuja con el hocico el borde inferior de la falda de Paulinha. Entonces, debido al estiramiento, la falda se enrolla, remang&aacute;ndose completamente, dejando a la vista un tanga tan ancho en la entrepierna, que el cl&iacute;toris asoma por los dos lados al mismo tiempo, dejando el culo y el sexo de la muchacha totalmente a la vista. Al intentar bajarse la falda, Paulinha mira hacia atr&aacute;s y me ve a m&iacute; en la puerta. Da un respingo y se golpea la cabeza con el borde inferior del mueble. Pega un grito, y mientras se frota la cabeza, e intenta recomponerse la falda, me espeta:<\/p>\n<p>&#8211; Vov&ocirc;, porco, n&atilde;o olhe (Abuelito, guarro, no mires). &ndash; Lagrimeando por el dolor del golpe.<\/p>\n<p>Corro hacia ella, y agach&aacute;ndome, la ayudo a levantarse lentamente. Mientras le inspecciono la zona del golpe, ella forcejea con la falda para ponerla en su sitio. No veo sangre en la cabeza, pero como no pongamos remedio va a tener un buen chich&oacute;n. Le paso un brazo por la espalda, a la altura de los hombros y la voy dirigiendo hacia la cocina, donde Marta nos podr&aacute; dar hielo para evitar la hinchaz&oacute;n. Mientras vamos de camino me dice:<\/p>\n<p>&#8211; Vov&ocirc;, no le digas nada a la t&iacute;a Am&aacute;lia, por favor. Me va a re&ntilde;ir y no me van a dejar tener al perro en la quinta. Y &eacute;l no es malo, pero es un cachorro y todav&iacute;a no sabe comportarse como un perro educado &ndash; Tan alocada como buena persona. Tiene un golpe en la cabeza, y la amenaza de una reprimenda, y su &uacute;nica preocupaci&oacute;n es que no echen al perrillo de la finca.<\/p>\n<p>Marta, cuando ve como viene Paulinha, y al decirle que tiene un golpe en la cabeza, inmediatamente coge unos cubos de hielo de la nevera, y envolvi&eacute;ndolos en un trapo, se los pone en la zona afectada, poni&eacute;ndole a continuaci&oacute;n la mano de ella para que sujete el emplasto.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute; hizo el perro esta vez? &ndash; Le pregunta a Paulinha.<\/p>\n<p>&#8211; La versi&oacute;n oficial es que se me cay&oacute; la cartera debajo del mueble del sal&oacute;n y Paulinha al meterse debajo para cogerla, se golpe&oacute; la cabeza. &ndash; Le contesto yo.<\/p>\n<p>&#8211; Pero en realidad fue el perro, &iquest;verdad? &ndash; Insiste Marta.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, Marta. Todos tenemos secretos &iquest;No le parece?<\/p>\n<p>&#8211; Tiene raz&oacute;n &ndash; Me responde con una sonrisa c&oacute;mplice. Y no insiste m&aacute;s en el tema.<\/p>\n<p>Le doy un beso en la frente a Paulinha y las dejo a ambas en la cocina, volviendo a tomar el camino de mi habitaci&oacute;n. Voy pensando que a&uacute;n no llevo un d&iacute;a en la casa y tengo los ojos cansados de ver lo que no deber&iacute;a.<\/p>\n<p>Durante la comida, Am&aacute;lia me va poniendo al d&iacute;a de los &uacute;ltimos acontecimientos familiares:<\/p>\n<p>&#8211; Ana Mar&iacute;a y Jo&atilde;o han decidido divorciarse y ya han presentado los papeles. Va a ser un proceso sencillo, seg&uacute;n creo. No hay pensiones que negociar y el dinero es de mi familia. Solamente en lo que afecta a los negocios de mi cu&ntilde;ado habr&aacute; alg&uacute;n reparto por gananciales. Al parecer en poco tiempo la cosa estar&aacute; hecha.<\/p>\n<p>Tal y como ella pensaba, &eacute;l tiene una amante desde hace casi cinco a&ntilde;os. Y ya ha empezado a comportarse como la esposa oficial. &Eacute;l ha dejado el apartamento que compart&iacute;a con Ana Mar&iacute;a y ya no viven juntos.<\/p>\n<p>A mi hermana ahora la veo mucho m&aacute;s tranquila, como si se hubiese quitado un peso de encima. Est&aacute; mucho m&aacute;s alegre y con ganas de vivir. Esta noche vendr&aacute; a la quinta. Ma&ntilde;ana tenemos que hacer gestiones con los braceros para estudiar como va la producci&oacute;n de corcho. Aunque yo soy &ldquo;La T&iacute;a Am&aacute;lia&rdquo;, realmente la quinta nos pertenece a las dos.<\/p>\n<p>Aqu&iacute; me saltaron todas las alarmas. Ana Mar&iacute;a en la quinta, libre y deshinibida, no es una combinaci&oacute;n que me apetezca mucho. A&uacute;n recuerdo una noche que no deber&iacute;a haber ocurrido.<\/p>\n<p>Pasamos el resto del d&iacute;a como dos tortolitos, de acuerdo a la costumbre que hab&iacute;amos desarrollado en los &uacute;ltimos tiempos, y cuando nos fuimos a dormir, Ana Mar&iacute;a a&uacute;n no hab&iacute;a llegado a la finca.<\/p>\n<p>Al levantarme por la ma&ntilde;ana, mientras esperaba que Am&aacute;lia terminase de vestirse para bajar a desayunar juntos, sal&iacute; de la habitaci&oacute;n para explorar un poco la casa, ya que no la conoc&iacute;a en su totalidad. Al fondo del pasillo donde estaban nuestras habitaciones hab&iacute;a una puerta, la abr&iacute; y entrando me encontr&eacute; en una especie de sala de costura. Algo muy femenino, en todo caso. Fu&iacute; hacia la ventana para ver las vistas desde ese &aacute;ngulo de la casa, y debajo de esa ventana, en el nivel del suelo, hab&iacute;an construido una especie de patio cerrado, con unas tumbonas a modo de solarium. En una de esas tumbonas estaba Ana Mar&iacute;a, completamente desnuda, d&aacute;ndose aceite protector.<\/p>\n<p>La visi&oacute;n de aquel cuerpo, que yo habia acariciado y del que hab&iacute;a gozado una noche, y las manipulaciones de ella d&aacute;ndose el protector, me produjeron una erecci&oacute;n inmediata. Cuando me d&iacute; vuelta para retirarme, me d&iacute; de manos a boca con Am&aacute;lia, que habiendome visto a trav&eacute;s de la puerta, ven&iacute;a a mi encuentro. Se di&oacute; cuenta inmediata de mi estado, y acerc&aacute;ndose a la ventana, vio el motivo.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Quieres acostarte con ella, otra vez? &ndash; me pregunt&oacute;, serena.<\/p>\n<p>&#8211; Cari&ntilde;o, por querer, s&iacute; que quiero.<\/p>\n<p>&#8211; Todo se puede arreglar, si se quiere.<\/p>\n<p>&#8211; Am&aacute;lia, tenemos que hablar seriamente t&uacute; y yo.<\/p>\n<p>La tom&eacute; de las manos y nos sentamos juntos en un confidente.<\/p>\n<p>&#8211; Am&aacute;lia, debemos aclarar nuestra relaci&oacute;n. Por mi parte, ha pasado del estado de amigos que se acuestan ocasionalmente. Me gustar&iacute;a tener algo m&aacute;s contigo. No s&eacute; si t&uacute; sientes lo mismo.<\/p>\n<p>&#8211; Alfredo, cuando te llam&eacute; para que me acompa&ntilde;ases a la boda, cre&iacute;a que nuestra relaci&oacute;n era esa. Durante la semana me d&iacute; cuenta que &eacute;ramos algo m&aacute;s. Cuando dormimos con mi hermana, sent&iacute; que si estabas conmigo, estabas conmigo. No te quer&iacute;a compartir. Y la mitad del disgusto que me llev&eacute; con Paulinha, adem&aacute;s de que no esperaba que te hubieses aprovechado de ella, me d&iacute; cuenta de que era porque me dol&iacute;a que te fueses con otra. Yo tambien siento algo m&aacute;s.<\/p>\n<p>&#8211; Comprender&aacute;s que en este momento, no podemos vivir juntos. Ambos tenemos responsabilidades que hasta dentro de unos a&ntilde;os no podemos eludir. Pero me gustar&iacute;a gozar de tu compa&ntilde;&iacute;a tanto tiempo como pueda.<\/p>\n<p>&#8211; A m&iacute; tambien. Y cuando sea posible, volveremos a estudiar el tema &iquest;Te parece?<\/p>\n<p>&#8211; Me parece perfecto.<\/p>\n<p>All&iacute; en ese confidente, a solas, nos besamos con la pasi&oacute;n de dos enamorados.<\/p>\n<p>Esa tarde, mientras ellas fueron a tratar los asuntos de la finca con los trabajadores. Yo busqu&eacute; a Paulinha.<\/p>\n<p>&#8211; Paulinha, &iquest;sabes donde guarda la t&iacute;a Am&aacute;lia sus joyas?<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, &iquest;por qu&eacute;?<\/p>\n<p>&#8211; Necesito que me lo ense&ntilde;es, tengo que coger un anillo suyo. Y necesito que me lleves r&aacute;pidamente a donde haya una buena joyer&iacute;a. &iquest;Me ayudas?<\/p>\n<p>&#8211; Claro Vov&ocirc;, claro que te ayudo.<\/p>\n<p>&#8211; Pero guarda el secreto.<\/p>\n<p>Encontramos en el joyero el anillo con la esmeralda que luci&oacute; en la boda, y partimos r&aacute;pidamente a la joyer&iacute;a. Compr&eacute; dos alianzas, una para ella y otra para m&iacute;.<\/p>\n<p>Despues de cenar, y en presencia de su hermana y de las chicas de la casa, le mostr&eacute; la alianza y le declar&eacute; mi amor. Ella se puso la alianza a la manera portuguesa, en la mano izquierda. Yo me la puse a la manera espa&ntilde;ola, en la derecha. Hasta poder ir a m&aacute;s, formalizamos all&iacute; nuestra relaci&oacute;n. Como en siempre, estos casos, fuimos acompa&ntilde;ados de un coro de llantos y felicitaciones.<\/p>\n<p>Esa noche fue a Am&aacute;lia a quien le arrugaron a gusto las s&aacute;banas bajo su espalda. Y despertamos abrazados como de costumbre.<\/p>\n<p>Nadie llam&oacute; a la puerta.<\/p>\n<p>CONTINUARA, si les ha gustado env&iacute;en comentarios, a favor o en contra, los agradecer&eacute;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 14<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>El hombre est&aacute; concentrado en su trabajo. Lleva una camisa fina. Ha remangado las mangas enroll&aacute;ndolas por encima del codo. A pesar del calor, debajo lleva una camiseta de asas. 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