{"id":19389,"date":"2018-12-04T23:00:00","date_gmt":"2018-12-04T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-12-04T23:00:00","modified_gmt":"2018-12-04T23:00:00","slug":"19389-noche-de-pasion-en-lisboa-viii-uno-para-gobernar-a-todos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/19389-noche-de-pasion-en-lisboa-viii-uno-para-gobernar-a-todos\/","title":{"rendered":"Noche de pasi\u00f3n en Lisboa (VIII): Uno para gobernar a todos"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"19389\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Sentado en el profundo alfeizar de la ventana, mientras fumo un cigarrillo, contemplo ante mis ojos una cama construida con alg&uacute;n tipo de oscura madera tropical. Es un mueble antiguo, m&aacute;s alto que las camas actuales, con el cabecero y el pie, torneados en forma de finas columnas salom&oacute;nicas. Esparcida sobre la almohada, una cabellera de color cobrizo oscuro enmarca un hermoso rostro de mujer. Bella como solamente puede serlo una mujer, cuando es bella. Sus ojos, velados por los p&aacute;rpados cerrados, tienen el intenso color verde de las esmeraldas. Su cuerpo maduro est&aacute; echado sobre su lado derecho, con la pierna izquierda doblada, dando estabilidad a la postura, al tiempo que dibuja una armoniosa curva, all&iacute; donde el muslo quiebra la continuidad de la espalda. Sus pechos, exagerados en tama&ntilde;o, descansan uno encima del otro y sobre su brazo izquierdo, que les hace de cuna por debajo. Mientras que su brazo derecho, doblado, introduce la mano debajo de la cara.<\/p>\n<p>Se llama Am&aacute;lia, y desde anoche es mi esposa. Aunque no estemos casados.<\/p>\n<p>Apenas hace tres horas hemos dado por concluido el ritual de nuestra noche de bodas. Nos hemos entregado el uno al otro, con tranquilidad, pasi&oacute;n y furia, altern&aacute;ndolos a nuestra conveniencia y sin seguir un orden determinado. Ambos hemos visitado el Para&iacute;so y tocado el Cielo con la punta de los dedos, varias veces a lo largo de la noche. En una coreograf&iacute;a de cuerpos que, de haber podido observarla, habr&iacute;a sonrojado a los autores del Kama Sutra.<\/p>\n<p>Contra toda raz&oacute;n, me encuentro extra&ntilde;amente animado y tonificado. Cuando deber&iacute;a estar completamente agotado.<\/p>\n<p>Veo en mi reloj que son las 07:45 y salgo en silencio de la habitaci&oacute;n para no turbar su sue&ntilde;o, dirigi&eacute;ndome hacia la cocina a tomar un temprano desayuno.<\/p>\n<p>All&iacute;, encuentro a Marta sentada ante la mesa de trabajo, con un codo apoyado en la mesa, cuya mano sujeta su frente. Tiene una taza de caf&eacute; ante s&iacute;, mientras fuma un cigarrillo, mostrando una sonrisa de satisfacci&oacute;n en los labios. Observo su rostro y veo en &eacute;l las huellas del paso de la noche. Las ojeras le llegan a las comisuras de los labios. No hemos coincidido, pero ella tambi&eacute;n ha visitado el Para&iacute;so. A&uacute;n no he tenido tiempo de saludar, cuando mir&aacute;ndome a los ojos, me interpela:<\/p>\n<p>&#8211; Enhorabuena, Dom Alfredo. &iquest;Quiere un caf&eacute;?<\/p>\n<p>&#8211; Muchas gracias Marta. Realmente he tenido mucha suerte con la mujer que me ha escogido.<\/p>\n<p>&#8211; T&iacute;a Am&aacute;lia s&iacute; que ha tenido suerte con el hombre que se lleva &ndash; Me dice, sonri&eacute;ndome, mientras hace adem&aacute;n de levantarse para servirme.<\/p>\n<p>&#8211; D&eacute;jelo, Marta. Ya me sirvo yo. Muchas gracias.<\/p>\n<p>Me siento a su lado y mientras tomo el caf&eacute; y charlamos, enciendo un cigarrillo. Marta, al verme la alianza en la mano derecha, me pregunta:<\/p>\n<p>&#8211; Perdone la indiscreci&oacute;n. T&iacute;a Am&aacute;lia se coloc&oacute; el anillo ayer en la mano de casada &iquest;Por qu&eacute; usted no lo lleva igual?<\/p>\n<p>&#8211; En Espa&ntilde;a, se lleva en el anular de la mano derecha. Pero tiene usted raz&oacute;n. Este anillo donde m&aacute;s representa es aqu&iacute;, en Portugal &ndash; Y mientras digo esto, me cambio la alianza de mano.<\/p>\n<p>Se abre la puerta de la cocina y entra Paulinha. Y por entre sus piernas, como una flecha, entra Bolacha con la pelota de goma en la boca. Se me enfrenta y dando un ga&ntilde;ido, deja la pelota a mis pies. Paulinha hace adem&aacute;n de coger al perrito para ponerlo fuera de la cocina y se lo impido con un gesto, al tiempo que me llevo un &iacute;ndice a los labios. Paulinha y Marta quedan en silencio, ambas expectantes de lo que vaya a ocurrir.<\/p>\n<p>Llamo la atenci&oacute;n del cachorro con un potente &ldquo;Chissst&rdquo; y cuando se me queda mirando con las orejas tiesas y la cabeza inclinada, chasco dos veces los dedos, apuntando con mi &iacute;ndice directamente al suelo, justo a mi lado. El perro da un salto hacia adelante y retrocede otro paso. Repito la operaci&oacute;n y entonces viene y se queda a mi lado, poni&eacute;ndose mirando en la misma direcci&oacute;n que yo. Le hago presa por el lomo a la altura de la cadera y empujo hacia abajo. Cuando el animal est&aacute; sentado a mi lado, le acaricio la cabeza y mientras lo hago, contin&uacute;o hablando con Marta. A los pocos segundos dejo de acariciarlo y &eacute;l se levanta, pero sin moverse. Vuelvo a sentarlo y repito la caricia. Cuando dejo de hacerlo, viendo que se mantiene sentado, le empujo hacia abajo entre las paletillas y el animal se tumba en el suelo, con las patas delanteras estiradas y el hocico entre ellas, cerrando los ojos. Con las u&ntilde;as, rasco en la mesa, e inmediatamente su oreja derecha gira buscando el ruido, al tiempo que abre los ojos, alerta. Al no continuar el sonido, vuelve a cerrar los ojos, echa las orejas atr&aacute;s, y se queda tranquilo a mi lado. No he hablado ni una palabra con el cachorrillo.<\/p>\n<p>Las dos mujeres me miran con la expresi&oacute;n que tendr&iacute;an, viendo a un prestidigitador ejecutando un truco de magia. La sorpresa es a&uacute;n mayor en Paulinha, que no ha conseguido que el perrillo deje de hacer lo que le da la gana cuando est&aacute; con ella.<\/p>\n<p>Le pregunto a Marta si tiene un rollo de cuerda, del tipo de la tender la ropa y me dice que s&iacute;, pero que no est&aacute; completo. Le digo que no importa, que me lo d&eacute;. Del rollo de cuerda, corto una longitud de unos cinco metros, y con ayuda de un pincho de brocheta, a modo de punz&oacute;n, trenzo una gaza en uno de sus extremos, suficiente para que pase el grueso de la cuerda y un poco m&aacute;s. Pasando la cuerda por el ojal de dicha gaza, hago un nudo corredizo, y se lo pongo al perro al cuello. Me levanto y llam&aacute;ndolo, me dirijo hacia la puerta, con intenci&oacute;n de salir.<\/p>\n<p>Paulinha al ver al perro con el lazo corredizo al cuello, y que vamos a salir juntos, me interpela asustada:<\/p>\n<p>&#8211; Vov&ocirc;, por favor &iquest;Qu&eacute; le vas a hacer a Bolacha?<\/p>\n<p>&#8211; Tranquila, solamente vamos a dar un paseo para comenzar su educaci&oacute;n. Conf&iacute;a en m&iacute;.<\/p>\n<p>Salimos, y el cachorro se va peleando con aquello extra&ntilde;o que le ci&ntilde;e el cuello. Cuando se retrasa, le doy un tir&oacute;n seco y sale corriendo en todas direcciones intentando alejarse, mientras yo le doy cuerda. De esta manera nos vamos perdiendo en la distancia, ante la vista de las dos mujeres.<\/p>\n<p>Al volver a la casa, una hora despu&eacute;s, el cachorro viene caminando, alerta, junto a mi pierna izquierda, sujeto por un corto tramo de cuerda floja, mientras guardo en mi mano, arrollada, la cuerda restante.<\/p>\n<p>Paulinha y Marta nos ven venir de lejos y nos esperan en la puerta de la cocina. Al llegar junto a ellas, le chasco los dedos al perro, se&ntilde;al&aacute;ndole el suelo, y se sienta a mi lado. Me agacho, y le retiro la cuerda del cuello mientras le acaricio un par de veces la cabeza. Paulinha me mira admirada, y me pide que la deje a ella intentar pasear al perro. Le digo que no, que por hoy es suficiente. El perro ya ha agotado su capacidad de concentraci&oacute;n. Le prometo que ma&ntilde;ana, ser&aacute; ella la que pasear&aacute; al perro de la tra&iacute;lla en mi compa&ntilde;&iacute;a, para que aprenda como debe comportarse y que el cachorro obedezca.<\/p>\n<p>Entonces, le pido a Marta que me sirvan el desayuno, y me dirijo hacia la terraza. Tomo el peri&oacute;dico del d&iacute;a, que est&aacute; sobre la mesa y encendiendo un cigarrillo, me dispongo a hojearlo. Oigo un chancleteo y al levantar la mirada, veo a Am&aacute;lia, radiante, que se dirige a la mesa. Viene vestida con la bata de raso, y el sonido que hab&iacute;a o&iacute;do es el de las chinelas que calza. Al sentarse a mi lado y abrirse la bata, observo que se ha puesto un camis&oacute;n a juego con la bata. Por el movimiento del pecho, deduzco que es lo &uacute;nico que se ha puesto por encima. Inclin&aacute;ndose hacia m&iacute;, me besa en los labios y me saluda:<\/p>\n<p>&#8211; Buenos d&iacute;as, mi amor &iquest;qu&eacute; tal has dormido? &ndash; me dice mientras me coge la mano.<\/p>\n<p>&#8211; Buenos d&iacute;as, cari&ntilde;o. Profundamente, pero algo menos que t&uacute;.<\/p>\n<p>Paulinha se acerca con el servicio del desayuno para los dos, y detr&aacute;s tranquilamente, viene caminando Bolacha. El perro se acerca a Am&aacute;lia y le toca la pierna con la nariz. Mi compa&ntilde;era va a echarlo fuera y la contengo, dici&eacute;ndole que chasque los dedos y se&ntilde;ale el suelo con el &iacute;ndice de la mano. As&iacute; lo hace y el perrillo se sienta a su lado inmediatamente. Le digo que le toque en el morro, y cuando lo hace, el cachorro se tiende a sus pies, con las orejas hacia atr&aacute;s, y el morro entre las patas delanteras, y cierra los ojos. Am&aacute;lia, admirada me pregunta quien le ha ense&ntilde;ado a hacer eso al perro. Antes de que yo pueda contestar, lo hace Paulinha, orgullosa:<\/p>\n<p>&#8211; Vov&ocirc; le ha ense&ntilde;ado esta ma&ntilde;ana. Y ma&ntilde;ana le vamos a ense&ntilde;ar muchos m&aacute;s trucos. &ndash; Con un par. Ya soy Vov&ocirc; oficialmente en presencia de las personas de la familia. Aunque, de momento, solo me tutea cuando estamos solos. Vaya pareja, T&iacute;a Am&aacute;lia y Vov&ocirc;.<\/p>\n<p>&#8211; No Paulinha, no vamos a ense&ntilde;arle m&aacute;s trucos. Se trata de que el animal aprenda a comportarse. De educarlo un poco. No lo vamos a mandar a la universidad.<\/p>\n<p>Paulinha se retira y mientras charlamos, llega Ana Mar&iacute;a, que acaba de levantarse y viene a desayunar con nosotros. Se ha puesto un elegante traje de ba&ntilde;o de una pieza, en color morado, con vivos en color fucsia. Con profundo escote, tanto en el pecho, como en las botamangas, donde el corte se alza desde su ingle hasta la cintura. Su pecho, que yo tan bien conozco, queda contenido a duras penas por la tela el&aacute;stica de la prenda. Tanto es su volumen, que se ve obligada a ajustar el ba&ntilde;ador cada poco tiempo, tap&aacute;ndose las areolas. Se acerca a su hermana y le da un beso en el p&oacute;mulo. Gir&aacute;ndose hacia m&iacute;, repite el beso, en el mismo sitio, sent&aacute;ndose a continuaci&oacute;n frente a su hermana y quedando yo entre ambas.<\/p>\n<p>&#8211; Buenos d&iacute;as, parejita. &iquest;Hab&eacute;is dormido bien? &ndash; Nos interpela con una sonrisa maliciosa.<\/p>\n<p>&#8211; Tonta &ndash; le dice Am&aacute;lia, sonriendo.<\/p>\n<p>&#8211; Muy bien, Ana Mar&iacute;a, gracias.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;De verdad me quer&eacute;is hacer creer que hab&eacute;is dormido? &ndash;Insiste.&ndash; D&iacute;melo t&uacute;, cu&ntilde;ado. &ndash;Me dice, aplic&aacute;ndome por primera vez ese tratamiento.<\/p>\n<p>&#8211; Hemos tenido tiempo para todo, cu&ntilde;ada. No seas curiosa &ndash; digo repitiendo a mi vez el tratamiento.<\/p>\n<p>&#8211; Me habr&iacute;a gustado estar all&iacute;, para comprobarlo &ndash; Dice sin asomo de pudor.<\/p>\n<p>&#8211; Ya lo has comprobado m&aacute;s de lo que deber&iacute;as. No empecemos &ndash; Le contesta Am&aacute;lia.<\/p>\n<p>&#8211; Vale hermanita, no te mosquees. Os dejo con vuestras confidencias. Me voy a tomar el sol. &ndash; contesta, levant&aacute;ndose y dirigi&eacute;ndose al sol&aacute;rium.<\/p>\n<p>Al inclinarse para levantarse, su pecho queda colgando a escasa distancia de mi cara, pugnando por escaparse por el escote, y al erguirse puedo admirar en todo su esplendor ese cuerpo del que he gozado una noche. Entre la conversaci&oacute;n y la visi&oacute;n de dicho cuerpo, sin pretenderlo, culmino una erecci&oacute;n. Am&aacute;lia se da cuenta y al quedarnos solos me pregunta:<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Quieres subir al dormitorio y le ponemos arreglo a &ldquo;eso&rdquo;?<\/p>\n<p>&#8211; Ahora no, cari&ntilde;o. Ten misericordia. Lo lamento, pero ha sido totalmente reflejo, nada m&aacute;s lejos de mi intenci&oacute;n que volver a repetir con tu hermana.<\/p>\n<p>&#8211; Lo s&eacute;. Pero ahora es mi deber de esposa procurar que mi marido no sufra &ndash; me dice con una sonrisa.<\/p>\n<p>Continuamos conversando, y Am&aacute;lia me informa de que por la tarde, al terminar de comer, van a ir las dos hermanas a tener una reuni&oacute;n con el personal que procesa el corcho, y que le gustar&iacute;a que yo las acompa&ntilde;ase. Como no tengo nada previsto para la tarde, y aunque no s&eacute; nada del proceso, por curiosidad, accedo a su petici&oacute;n.<\/p>\n<p>La reuni&oacute;n se celebra en una especie de aserradero en el que, mientras transitamos hasta el lugar del encuentro con el personal, vemos ingentes pilas de corteza de alcornoque. Soy incapaz de calcular cu&aacute;nto, pero aqu&iacute; hay toneladas de corcho dispuestas para su procesado. Cuando nos apeamos del todoterreno, que conduce Ana Mar&iacute;a, nos encontramos con un grupo de tres hombres y una mujer, entre los que reconozco a Alipio, el capataz de uno de los grupos de extracci&oacute;n. El personal, al vernos llegar, interrumpe moment&aacute;neamente su trabajo. Todos conocen a las hermanas, pero la mayor&iacute;a de los hombres y mujeres del tajo nunca me han visto, y tienen curiosidad por conocer al compa&ntilde;ero de la t&iacute;a Am&aacute;lia. Despu&eacute;s de presentarnos entre los capataces que no me conocen, ella deja su port&aacute;til sobre un banco de trabajo y meti&eacute;ndose las manos en los bolsillos del pantal&oacute;n, saca su pitillera y se lleva un cigarrillo a los labios. Vuelve a meter la mano en el pantal&oacute;n, como buscando, y sac&aacute;ndolas me pide fuego. Yo tomo mi encendedor y apantallando la llama con la mano izquierda, le arrimo la lumbre, momento en que mi mujer sube su mano izquierda hacia las m&iacute;as, acercando la llama al cigarrillo.<\/p>\n<p>En un segundo, el ambiente en la serrer&iacute;a cambia. Observo que las mujeres y los hombres de la cuadrilla comienzan a cuchichear entre s&iacute;, y todo el personal se acerca a nosotros, a darnos la enhorabuena. No entiendo qu&eacute; ha pasado, hasta que la que parece ser la mujer m&aacute;s mayor del grupo, tomando la mano izquierda de mi mujer, les muestra descaradamente la alianza a los dem&aacute;s, al tiempo que bromea con ella sobre su nuevo estado.<\/p>\n<p>Los tiempos han cambiado, y aunque saben que no ha habido ceremonia de ning&uacute;n tipo, la alianza en nuestras manos es toda una declaraci&oacute;n de intenciones. Oficialmente la quinta ya tiene un matrimonio al frente. Am&aacute;lia que los conoce mucho mejor que yo, con la pantomima del cigarrillo, ha dejado claro para todo el mundo como est&aacute;n las cosas a partir de ahora. Entonces me doy cuenta de que la invitaci&oacute;n a acompa&ntilde;arla, no era totalmente gratuita.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de cumplirse la ceremonia de los saludos y felicitaciones. Am&aacute;lia abre su port&aacute;til y su hermana se coloca a su lado, comenzando la reuni&oacute;n. Yo asisto, entendiendo perfectamente las palabras que dicen, pero sin comprender absolutamente nada de lo que est&aacute;n diciendo. En un momento dado, se produce una discrepancia de criterios, entre los capataces y las hermanas. Portugal es un pa&iacute;s moderno. Aqu&iacute; hace a&ntilde;os que no existe discriminaci&oacute;n por sexos, pero esto es el campo, y aqu&iacute; todav&iacute;a la palabra de un hombre pesa un poco m&aacute;s. As&iacute; que los capataces se dirigen a m&iacute;, solicit&aacute;ndome mi opini&oacute;n. Al fin y al cabo soy &ldquo;el hombre&rdquo; de la finca. Todos se quedan en tensi&oacute;n, pendientes de mi juicio.<\/p>\n<p>Yo no entiendo nada del negocio y aqu&iacute; se est&aacute; jugando el porvenir de muchas familias. Adem&aacute;s no puedo desautorizar delante del personal a las hermanas. Yo conf&iacute;o plenamente en su saber hacer, en el de Am&aacute;lia sobre todo. As&iacute; que contesto lo m&aacute;s diplom&aacute;ticamente que se me ocurre:<\/p>\n<p>&#8211; Miren, hasta hace dos d&iacute;as yo no sab&iacute;a siquiera como se extra&iacute;a el corcho del alcornoque. No conozco absolutamente nada del negocio. Pero entiendo que ambas partes razonan con criterios fundamentados. No obstante tengan en cuenta que la T&iacute;a Am&aacute;lia y su hermana disponen de datos que ustedes no conocen. Por lo tanto, creo que deber&iacute;a hacerse lo que ellas proponen. M&aacute;s adelante, cuando sepa m&aacute;s del tema, podr&eacute; darles una opini&oacute;n m&aacute;s fundada.<\/p>\n<p>Ante mi respuesta, los capataces asienten, mir&aacute;ndose entre ellos y dan la raz&oacute;n a las hermanas. Miro hacia Am&aacute;lia, de reojo y observo que en su rostro se ha dibujado una media sonrisa de satisfacci&oacute;n.<\/p>\n<p>Cuando tomamos el camino de vuelta a casa, me pongo yo al volante y Am&aacute;lia se sienta a mi lado. Dentro del coche, me arrima la cara y me besa en la boca, diciendo:<\/p>\n<p>&#8211; Has estado muy bien en la reuni&oacute;n. Estoy orgullosa.<\/p>\n<p>&#8211; No pod&iacute;a desautorizaros delante del personal. Yo no tengo ni idea de esto. Adem&aacute;s ten&iacute;a que dejar claro que la palabra de t&iacute;a Am&aacute;lia, aqu&iacute; vale tanto o m&aacute;s que la de cualquier hombre. Incluido yo. Y por cierto, la invitaci&oacute;n a la reuni&oacute;n, al final result&oacute; una trampa. &ndash; Digo sonriendo.<\/p>\n<p>&#8211; Ahora, oficialmente, ya eres el hombre de la quinta. Dice ella a su vez &ndash; y me vuelve a besar.<\/p>\n<p>Circulando por la carretera de vuelta, veo a mi derecha un hipermercado de una conocida cadena portuguesa, y aparcando, entro a la zona de animales. All&iacute; escojo un collar recio, de buen cuero de vacuno y hebillas de bronce, adornado nada m&aacute;s que con las puntadas en contraste de la costura, a la medida del cuello de Bolacha. Tengo que adelantarme a que Paulinha humille al pobre perro, compr&aacute;ndole un collar de fantas&iacute;a. Mejor uno de &ldquo;perro duro&rdquo;. Tambi&eacute;n compro una tra&iacute;lla para que lo pueda pasear cuando el animal ya no necesite la de entrenamiento.<\/p>\n<p>Ya en casa, y como a&uacute;n faltaban un par de horas para la cena, Am&aacute;lia me dijo que se iba a cambiar de ropa, para tumbarse un rato en el sol&aacute;rium. A m&iacute; se me acababa de ocurrir una cosa y dado que el perrito hab&iacute;a descansado desde por la ma&ntilde;ana, fui en busca de Paulinha para dar un paso con &eacute;l y ense&ntilde;arle a ella como deb&iacute;a entrenarlo. La muchacha vino con el perro y la tra&iacute;lla que yo hab&iacute;a fabricado por la ma&ntilde;ana, y le ense&ntilde;&eacute; la forma correcta de coloc&aacute;rsela en el cuello, mostr&aacute;ndole que si lo hac&iacute;a al rev&eacute;s, no se aflojar&iacute;a cuando el perro dejase de tirar. Hecho esto, tom&oacute; ella la correa y nos fuimos paseando. Al volver, al cabo de media hora, cuando le sac&oacute; la tra&iacute;lla, le entregu&eacute; el collar que le hab&iacute;a comprado, avis&aacute;ndole que deb&iacute;a quit&aacute;rselo durante el entrenamiento, pero el resto del d&iacute;a deber&iacute;a llevarlo puesto. Paulinha, cuando vio el perro con aquel collar, dijo:<\/p>\n<p>&#8211; Parece un perro mucho m&aacute;s peligroso &ndash; El cachorro malamente pesaba 5 Kg.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, y te defender&aacute; con riesgo de su vida. Puedes tenerlo por cierto.<\/p>\n<p>Sabiendo que Am&aacute;lia estaba en el sol&aacute;rium, sub&iacute; a mi habitaci&oacute;n a ponerme un pantal&oacute;n corto. No ten&iacute;a traje de ba&ntilde;o, pues no cre&iacute; necesitarlo en la quinta. Baj&eacute; a reunirme con ella y a pedirle un favor que no sab&iacute;a si me conceder&iacute;a. Pero esperaba que con el compromiso estuviese tierna y no me pusiese demasiadas pegas.<\/p>\n<p>Marta me indic&oacute; la entrada al recinto, ya que desde el exterior eran tres muros ciegos, para proteger la intimidad, y me dirig&iacute; al encuentro de Am&aacute;lia.<\/p>\n<p>Al entrar en el recinto, mi mujer estaba acostada en una de las tumbonas, con el tanga escueto de un bikini por toda vestimenta. Al lado de la tumbona, en el suelo, estaba el sost&eacute;n a juego. Me hice sitio y me sent&eacute; con ella en la misma tumbona y d&aacute;ndole un beso en los labios, comenc&eacute; mi maniobra.<\/p>\n<p>&#8211; Cari&ntilde;o, ma&ntilde;ana es s&aacute;bado, y como Marta tiene a su marido de permiso en tierra, ser&iacute;a un bonito detalle por tu parte, darles a ella y a Paulinha el d&iacute;a libre. Nosotros podr&iacute;amos salir a dar una vuelta, y comer y cenar donde nos encontremos. La pobre no ve a su marido muy a menudo.<\/p>\n<p>&#8211; Tambi&eacute;n yo tendr&eacute; a mi marido lejos y tendr&eacute; que aguantarme.<\/p>\n<p>&#8211; No es lo mismo, no seas retorcida. A partir de ahora, yo estar&eacute; contigo, como m&iacute;nimo de viernes por la tarde, hasta el domingo por la noche. Y algunas veces, podremos pasar la noche del domingo, juntos.<\/p>\n<p>&#8211; A&uacute;n me debe la jugada del arroz malandro.<\/p>\n<p>Baj&eacute; mis labios a su cuello, bes&aacute;ndola tiernamente, mientras con una mano le agarraba un pecho, acarici&aacute;ndole el pez&oacute;n con el pulgar, notando como reaccionaba a mi caricia.<\/p>\n<p>&#8211; Venga, no seas rencorosa.<\/p>\n<p>&#8211; Mmmm, si sigues as&iacute;, me lo pensar&eacute;.<\/p>\n<p>Comenc&eacute; a bajar mis labios a lo largo de su cuerpo, notando como se estremec&iacute;a al contacto de mis besos. Mientras con mis manos acariciaba sus pechos iba acerc&aacute;ndome a su vientre. Ella gem&iacute;a y suspiraba, dej&aacute;ndose llevar por los sentimientos. Cuando apart&eacute; el tanga, dejando descubierto su sexo completamente depilado e iba a dirigir mis atenciones a &eacute;l, baj&oacute; las dos manos r&aacute;pidamente atrap&aacute;ndome la cabeza<\/p>\n<p>&#8211; Con esa barba, ah&iacute; ni se te ocurra meter la cabeza.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Ni un poquito solamente? &ndash;le digo, mientras con un dedo le acaricio el cl&iacute;toris.<\/p>\n<p>&#8211; Ni poquito, ni nada, que todav&iacute;a tengo marcas del d&iacute;a que llegaste.<\/p>\n<p>&#8211; Pues algo tendr&eacute; que hacer para prepararte para lo que viene a continuaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Yo me ocupo, d&eacute;jame.<\/p>\n<p>Diciendo esto, me acost&oacute; boca arriba en la tumbona y sac&aacute;ndome los pantalones, se dedic&oacute; a hacerme una felaci&oacute;n, mientras con una mano se masturbaba.<\/p>\n<p>Sac&aacute;ndose el tanga, se puso a horcajadas sobre m&iacute; y comenz&oacute; a cabalgarme. Sus pechos se balanceaban delante de mis ojos. Cuando estaba cerca del orgasmo, peg&oacute; su pecho al m&iacute;o, mientras me besaba en el cuello. Yo ten&iacute;a su cabeza sujeta por detr&aacute;s con mi mano y besaba su frente al mismo tiempo.<\/p>\n<p>En ese momento escuch&eacute; un peque&ntilde;o golpe en el piso superior de la casa. Alc&eacute; la vista y detr&aacute;s de una ventana, vi la cabellera blanca de Ana Mar&iacute;a, apoyada en los cristales. Estaba doblada por la cintura, y ve&iacute;a perfectamente sus enormes pechos balance&aacute;ndose libres. Mientras una mano se perd&iacute;a de vista por debajo del alfeizar, con la otra tiraba salvajemente de uno de sus pezones. De repente, sin enderezar la espalda, ech&oacute; atr&aacute;s la cabeza y vi como abr&iacute;a la boca en un grito que no escuch&eacute;, al tiempo que sus ojos se pon&iacute;an completamente en blanco, y su cuerpo se convulsionaba en un orgasmo salvaje.<\/p>\n<p>En ese momento, Am&aacute;lia alcanz&oacute; su orgasmo y yo, entre las maniobras de mi mujer y la visi&oacute;n de mi cu&ntilde;ada, la segu&iacute; inmediatamente, vaci&aacute;ndome en su interior.<\/p>\n<p>Desde la ventana de mi dormitorio no se ve&iacute;a el sol&aacute;rium. Acababa de saber que desde la del cuarto de Ana Mar&iacute;a, s&iacute;.<\/p>\n<p>Desmadejados sobre la tumbona, le confes&eacute; a Am&aacute;lia lo que acababa de suceder:<\/p>\n<p>&#8211; Cari&ntilde;o, hemos vuelto a hacer un tr&iacute;o con tu hermana.<\/p>\n<p>&#8211; No ha sido culpa tuya. Yo sab&iacute;a que se ve&iacute;a desde su ventana y no se me ocurri&oacute; tener m&aacute;s cuidado. No te preocupes. Ya hablar&eacute; yo con ella.<\/p>\n<p>&#8211; De lo del d&iacute;a libre de las chicas, &iquest;Qu&eacute; me dices?<\/p>\n<p>&#8211; Marta nos la ha jugado a Ana Mar&iacute;a y a m&iacute; con su venganza por tu noche en el sof&aacute;. Alguien tiene que pagar por ello, y no voy a ser yo &ndash; me contest&oacute; sonriendo.<\/p>\n<p>Qu&eacute; retorcida es, la jodida. Hizo suyas mis palabras. Sabiendo que me arrepentir&iacute;a en cualquier momento de lo que me dispon&iacute;a a decir, le confirm&eacute;:<\/p>\n<p>&#8211; Yo me hago cargo de su deuda. &iquest;Te sirve el trato?<\/p>\n<p>&#8211; Me sirve, mi amor. Me sirve. &ndash;Me dijo, bes&aacute;ndome tiernamente.<\/p>\n<p>Durante la cena, en compa&ntilde;&iacute;a de Ana Mar&iacute;a, Am&aacute;lia llam&oacute; a Paulinha y a Marta. Cuando estuvieron en el comedor les inform&oacute;:<\/p>\n<p>&#8211; Pauli&ntilde;a, ma&ntilde;ana no estaremos en casa, ven a la hora que mejor te convenga y arreglas los dormitorios. El resto del d&iacute;a, lo tienes libre.<\/p>\n<p>&#8211; Muchas gracias, t&iacute;a Am&aacute;lia -contest&oacute; la muchacha.<\/p>\n<p>&#8211; Y t&uacute;, Marta, aprovecha que tienes a tu marido en casa, y t&oacute;mate tambi&eacute;n todo el d&iacute;a libre. Disfrutad juntos.<\/p>\n<p>&#8211; Muchas gracias, t&iacute;a Am&aacute;lia. No sabe cu&aacute;nto se lo agradezco.<\/p>\n<p>&#8211; Marta, los hombres siempre hacen causa com&uacute;n entre ellos. No me lo agradezcas.<\/p>\n<p>Marta desvi&oacute; la vista hacia m&iacute; y me lo agradeci&oacute; con una sonrisa.<\/p>\n<p>Al terminar de cenar, fui a la cocina a por la cafetera, y encontr&eacute; a Marta dando los &uacute;ltimos toques para dejar la cocina arreglada. Cuando me vio entrar, me bes&oacute; en la boca y dijo:<\/p>\n<p>&#8211; No se equivoque. Esto es porque es usted un &ldquo;hombre&rdquo;, y no se va a repetir. Pero se est&aacute; convirtiendo en una costumbre.<\/p>\n<p>&#8211; No se apure, Marta. Disfrute con su marido.<\/p>\n<p>Esa noche, mi esposa y yo, viajamos al Para&iacute;so y aunque no nos encontramos con Marta y su marido, yo sab&iacute;a que andaban por all&iacute; tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>Despertamos por la ma&ntilde;ana abrazados como sol&iacute;amos. Su espalda sobre mi pecho y mi brazo debajo de su cuello, con mis manos agarrando tiernamente sus senos.<\/p>\n<p>Nadie llam&oacute; a nuestra puerta, tampoco esta noche.<\/p>\n<p>CONTINUARA, espero sus comentarios a favor o en contra. Todos son agradecidos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 12<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Sentado en el profundo alfeizar de la ventana, mientras fumo un cigarrillo, contemplo ante mis ojos una cama construida con alg&uacute;n tipo de oscura madera tropical. 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