{"id":19403,"date":"2018-12-05T23:00:00","date_gmt":"2018-12-05T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-12-05T23:00:00","modified_gmt":"2018-12-05T23:00:00","slug":"19403-noche-de-pasion-en-lisboa-ix-los-libros-sibilinos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/19403-noche-de-pasion-en-lisboa-ix-los-libros-sibilinos\/","title":{"rendered":"Noche de pasi\u00f3n en Lisboa (IX): Los libros sibilinos"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"19403\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 17<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Marta me adora. Pero no en el sentido sexual, quede claro y vaya por delante. Estoy saboreando con fruici&oacute;n un plato de arroz con menudillos de ave, que ha preparado especialmente para m&iacute;. Enfrente, sentada y en silencio, Am&aacute;lia da cuenta de su cena mir&aacute;ndome con una sonrisa, que yo interpreto de aprobaci&oacute;n, viendo como disfruto de la m&iacute;a. Me enjugo los labios con la servilleta, y me dispongo a beber un buche de un vino tinto que me gusta particularmente y que he descorchado para acompa&ntilde;ar las viandas.<\/p>\n<p>Todas las personas ejecutamos inconscientemente una serie de actos, en los cuales, si no existe un condicionante exterior que los altere, la precisi&oacute;n de tiempos y movimientos es sorprendentemente regular. Aunque en cada persona sean diferentes. Uno de ellos es el beber durante una comida. Siempre tardamos el mismo tiempo desde que levantamos la copa, hasta que la volvemos a posar en la mesa. Y la cantidad de l&iacute;quido que ingerimos tambi&eacute;n es la misma.<\/p>\n<p>Con la precisi&oacute;n del francotirador que apunta su fusil, disparando por delante de un objetivo en movimiento, para que su proyectil alcance al blanco cuando aquel cruce su trayectoria, Am&aacute;lia calcula cu&aacute;ndo ha de comenzar su frase, para terminarla exactamente en el momento que estoy empezando a tragar.<\/p>\n<p>Levantando su servilleta, en apariencia para enjugar la comisura de sus labios, la extiende como un escudo frente a s&iacute;, a fin de proteger su escote y el frontal de su vestido, de las consecuencias que sabe que tendr&aacute; lo que va a decir a continuaci&oacute;n. Y sin previo aviso, dispara:<\/p>\n<p>&#8211; Por tu culpa, tu nietecita tiene un pretendiente que le hace la rosca.<\/p>\n<p>Al o&iacute;r semejante aseveraci&oacute;n me atraganto, expulsando una nube de vino pulverizado. Al mismo tiempo que, debido a los espasmos de la tos, derramo m&aacute;s de la mitad del contenido de mi copa, directamente encima del plato de arroz. El vino tinto, al contacto con la comida, ti&ntilde;e &eacute;sta de un color parduzco y la contamina con el sabor del vino crudo, estropeando definitivamente el delicioso plato que estaba degustando, arruin&aacute;ndome as&iacute; la cena.<\/p>\n<p>Para que no me quepa ninguna duda del por qu&eacute; me ha dado as&iacute; la noticia, Am&aacute;lia sonri&eacute;ndome inocentemente, me comenta:<\/p>\n<p>&#8211; Mira cari&ntilde;o, ahora tu plato parece un arroz malandro.<\/p>\n<p>La madre que la pari&oacute;. Qu&eacute; nivel de maquiavelismo. Ha esperado m&aacute;s dos meses para hacerme pagar la deuda que asum&iacute; que har&iacute;a efectiva, en el nombre de Marta.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Queda con esto saldada la deuda? &ndash; pregunto<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, ya est&aacute; pagada, cari&ntilde;o &ndash; Me dice Am&aacute;lia, levant&aacute;ndose y bes&aacute;ndome por encima de la mesa, mientras me sonr&iacute;e cari&ntilde;osa.<\/p>\n<p>&#8211; Y ahora, cielo, dime &iquest;qu&eacute; es eso de que Paulinha &ndash; mi nietecita no puede ser otra- tiene novio? Y lo m&aacute;s importante &iquest;Qu&eacute; rayos tengo yo que ver en el asunto? &ndash; pregunto, encendiendo un cigarrillo. La cena para m&iacute; se ha terminado.<\/p>\n<p>&#8211; Pues que le has ense&ntilde;ado a entrenar al perro, y eso ha sido la causa de que la muchacha ahora tenga un guayabo que la ronda.<\/p>\n<p>&#8211; Si no me lo explicas mejor&hellip;<\/p>\n<p>&#8211; Es lo que me han contado. Yo no s&eacute; m&aacute;s. Pero creo que ya llevan m&aacute;s de un mes con el asunto. Te lo digo para que est&eacute;s informado.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, ya me informar&eacute; sobre ese pollo y sus intenciones. &ndash; Paulinha tiene su familia, pero extra&ntilde;amente, me siento responsable de las mujeres de esta casa, que ahora es la m&iacute;a, tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>Desde que celebramos nuestra particular ceremonia de matrimonio, todo el tiempo que tenemos libre, lo dedicamos a estar juntos Am&aacute;lia y yo. Unas veces se desplaza ella a Espa&ntilde;a, y otras vengo yo a Portugal. A Lisboa o a la quinta. Para m&iacute; la soluci&oacute;n m&aacute;s c&oacute;moda pasa por venir a la finca, ya que me queda a menos horas de camino, y en realidad, me encuentro m&aacute;s a gusto aqu&iacute; que en la ciudad. Y poco a poco he ido haciendo m&iacute;o el dormitorio, de manera que ya no necesito preparar mucho equipaje, pues he ido dejando ropa en los roperos de la misma. Am&aacute;lia ha renunciado a uno de los cuerpos del armario y a varios cajones de la c&oacute;moda, y ya nos comportamos en todo como un matrimonio convencional.<\/p>\n<p>Esa noche, en nuestra cama, yo tambi&eacute;n me cobr&eacute; un precio por la venganza. Am&aacute;lia tuvo que esperar mucho m&aacute;s de lo que quer&iacute;a por cada uno de sus deseos. Aunque pens&aacute;ndolo bien, creo que hice un pan como unas tortas, ya que en definitiva, cuando logr&oacute; culminar sus orgasmos, fueron mucho m&aacute;s intensos que de costumbre. Pero bueno, yo salv&eacute; la honrilla haci&eacute;ndola sufrir. Flaco consuelo.<\/p>\n<p>Por la ma&ntilde;ana me visto con ropa c&oacute;moda, pero recia. Pantalones de loneta, camisa de franela, un jersey de pescador de lana gruesa, y en los pies unas botas de paracaidista de ca&ntilde;a alta, muy usadas, pero bru&ntilde;idas con brillo de parada. Tomo un chaquet&oacute;n de corte militar, grueso, y bajo a tomar un caf&eacute; antes de salir. Estamos en oto&ntilde;o, hace fr&iacute;o, pero es temporada de setas, y entre los alcornoques tiene que haber boletus aeurus y le he prometido a Marta que le voy a preparar un risotto con setas, para que las pruebe por primera vez.<\/p>\n<p>En la cocina me hago con un cesto de mimbre, grande y con tapas, que Marta me ha conseguido, ech&aacute;ndome al bolsillo la navaja que he estado afilando ayer por la tarde. Y salgo hacia el alcornocal. Mal se tendr&iacute;a que dar el d&iacute;a para no mediar el cesto y hacerme con setas suficientes para una comida.<\/p>\n<p>A&uacute;n faltan unos cincuenta metros para llegar al lindero del bosque cuando dejo de mirar al frente y bajo la vista al suelo, mirando por delante de donde voy pisando, comenzando la b&uacute;squeda. A mi izquierda el terreno se va elevando en una peque&ntilde;a loma de unos cuatro metros de altura sobre el nivel de la llanura. Y entonces encuentro la primera seta. Me agacho para recolectarla y sin incorporarme, veo que a poca distancia tengo otra. Al llegarme a esta segunda, veo que siguiendo la loma van apareciendo m&aacute;s setas. Al llegar a la cumbre, tengo el cesto completamente lleno, y a&uacute;n hay setas para llenar otro. Tengo producto para hacer cuatro platos diferentes para cuatro personas, y comienzo a pensar en qu&eacute; recetas puedo preparar y hacer una degustaci&oacute;n. As&iacute; pensando me incorporo y poni&eacute;ndome las manos en los ri&ntilde;ones, estiro mi espalda hacia atr&aacute;s para desentumecerme del rato que llevo agachado y no termino el movimiento. V&aacute;lgame Nuestra Se&ntilde;ora.<\/p>\n<p>Hasta donde alcanzo a ver con claridad, el suelo est&aacute; alfombrado del color marr&oacute;n oscuro t&iacute;pico de los sombreretes de los boletus, maculado con grandes parches color amarillo naranja que, aunque desde donde estoy no puedo distinguir, s&eacute; a ciencia cierta que son agrupaciones de cantharellus cibarius o rebozuelos. En el cesto llevo recolectados alrededor de tres kilos y medio. Lo que estoy viendo, y es una peque&ntilde;&iacute;sima parte del bosque, al precio de venta normal, tiene un valor final de mercado por encima de los doce mil euros. Eso en Espa&ntilde;a. En Francia o en Italia, posiblemente mucho m&aacute;s.<\/p>\n<p>Me dirijo de vuelta a la casona y mientras voy caminando en mi cabeza se va formando un plan. No podemos dejar esta riqueza sin explotar. Lo malo es que no tengo infraestructura y hoy es s&aacute;bado. Tengo que configurar un plan de urgencia y ver que podemos aprovechar, antes de que sea tarde.<\/p>\n<p>Al entrar en la cocina, est&aacute;n Am&aacute;lia y Marta desayunando juntas en la mesa de trabajo. Dejando el cesto sobre la encimera le pido a mi esposa:<\/p>\n<p>&#8211; Am&aacute;lia, cari&ntilde;o, necesito urgentemente veinte o treinta mujeres, y todas trabajadoras de la finca. &iquest;Tenemos tantas?<\/p>\n<p>Am&aacute;lia se levanta, y delante de Marta, abraz&aacute;ndome por la cintura, me arrima al muslo su pubis, mientras aprieta el pecho contra el m&iacute;o, sin ning&uacute;n pudor. Y mir&aacute;ndome a los ojos me replica:<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Veinte mujeres urgentes? Mmmm muy necesitado veo a mi maxho &ndash; dice tratando de pronunciar lo &uacute;ltimo en buen espa&ntilde;ol &ndash; Solo te permito que te acuestes con diecis&eacute;is, yo tambi&eacute;n quiero mi parte &ndash; Y me besa en la boca.<\/p>\n<p>&#8211; Am&aacute;lia, que esto es serio. Las necesito para trabajar urgentemente en el alcornocal.<\/p>\n<p>&#8211; Ya me parec&iacute;a a m&iacute;. Mientras &eacute;ramos novios ten&iacute;as m&aacute;s empuje, desde que nos casamos te esfuerzas mucho menos &ndash; Dice gui&ntilde;&aacute;ndole un ojo a Marta.<\/p>\n<p>&#8211; Todos los hombres son iguales, mucho prometer&hellip; hasta meter &ndash; Contesta &eacute;sta a su vez. Vaya par de arp&iacute;as conchabadas.<\/p>\n<p>Entonces, le explico lo que he visto y lo que pretendo hacer, pero para eso necesito que todos estemos coordinados y que me echen una mano.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Por qu&eacute; solamente mujeres? Tambi&eacute;n tenemos hombres que pueden ayudar.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Conoces a alg&uacute;n hombre que sea capaz de diferenciar un rosa palo de un rosa chicle? En medio de los hongos buenos estoy seguro de que tambi&eacute;n hay amanitas y necesito que todo lo que se recoja sea comestible y no peligroso, aunque controlar&eacute; personalmente uno por uno los hongos recogidos. Vuestro cerebro funciona de manera diferente al de los hombres, y sois mucho mejores en eso. Aunque ahora que lo dices, vamos a necesitar tambi&eacute;n a los hombres para transportar y almacenar las setas. Dios, esto se empieza a complicar. Vamos a tener que improvisar sobre la marcha.<\/p>\n<p>Am&aacute;lia y Marta, cada una con un m&oacute;vil, comienzan a hacer llamadas telef&oacute;nicas y a convocar al personal, para que se personen inmediatamente en la quinta, provistos de un cesto grande de mimbre y de cuchillos y navajas. Mientras, yo limpio las setas que he recogido, guard&aacute;ndolas en la nevera, y dejando &uacute;til tambi&eacute;n este cesto.<\/p>\n<p>Cuando est&aacute; todo el personal reunido, cuento las mujeres, y al final, hay treinta y cinco. Separo a treinta y me dirijo con ellas al bosque. Al llegar, las pongo en corro delante de m&iacute;, y les ense&ntilde;o como tienen que proceder para recolectar las setas correctamente, ense&ntilde;&aacute;ndoles las caracter&iacute;sticas del hongo. Para recolectarlas con una cierta clasificaci&oacute;n y no arrasar como la langosta, hab&iacute;a preparado tres palitos, uno con la medida de la seta m&aacute;s grande que hab&iacute;a recolectado yo por la ma&ntilde;ana, otro con la medida de la m&aacute;s peque&ntilde;a, y otro entre las dos. Con ramitas recogidas all&iacute; mismo, y con mi navaja, fabriqu&eacute; diez patrones de cada medida. Entonces organic&eacute; a las mujeres en tres brigadas de diez, d&aacute;ndole a las primeras el patr&oacute;n m&aacute;s grande y las siguientes los dem&aacute;s, en orden decreciente, con la orden de que cada una recolectase solo las setas de la medida de su patr&oacute;n, o m&aacute;s grandes. Nunca m&aacute;s peque&ntilde;as. Y as&iacute; organizadas comenzaron las diez primeras, sigui&eacute;ndolas al poco tiempo las segundas y finalmente, un rato despu&eacute;s, el tercer grupo.<\/p>\n<p>Mientras yo pon&iacute;a en marcha la brigada de recolectoras, Am&aacute;lia, con las otras mujeres y los capataces, organizaron a los hombres para que fuesen trayendo las setas y las mujeres limpiaron el patio empedrado de las cuadras, para ir colocando lo recolectado.<\/p>\n<p>Am&aacute;lia hab&iacute;a llamado al restaurante propiedad de la familia de Paulinha para que nos preparase un catering para 60 personas y que nos los sirviesen a la hora de comer en la finca. Pidiendo que trajesen todo lo necesario. Antes de aparecer con la comida, trajeron tambi&eacute;n unos termos industriales con sopa y bocaditos para que la gente pudiese ir tomando algo caliente y reponer fuerzas en los descansos.<\/p>\n<p>Otro problema a solucionar es qu&eacute; diablos hac&iacute;amos con todo aquel producto. No se trataba de llamar a veinte restaurantes y ofrecerles cinco kilos a cada uno. Esto era un man&aacute; ca&iacute;do del cielo. Era otra escala.<\/p>\n<p>Am&aacute;lia llam&oacute; a Ana Mar&iacute;a, que se encontraba en Lisboa y le explic&oacute; el asunto en el que nos hab&iacute;amos metido, y entre ambas, moviendo conocidos, al final dieron con un intermediario que se prest&oacute; a ponernos un transporte frigor&iacute;fico y a hacerse cargo de la totalidad de la recolecci&oacute;n. Solo necesitaba que le dij&eacute;semos que tipo de cami&oacute;n necesitar&iacute;amos para sacarnos las setas de la finca. Al mismo tiempo, tratamos un precio por la carga, quedando en que nos entregar&iacute;a un cheque por el importe, una vez pesados en su presencia y cargado en el cami&oacute;n el producto.<\/p>\n<p>A la hora de comer, nos encontramos con otro problema. Me acerqu&eacute; hasta la zona de recolecci&oacute;n, y a simple vista parec&iacute;a que no se hab&iacute;a recogido nada. Pero en el patio de las cuadras, colocadas con cuidado sobre el suelo, ya no ten&iacute;amos sitio para seguir almacenando. Necesit&aacute;bamos cajas. Un s&aacute;bado. &iquest;D&oacute;nde rayos &iacute;bamos a encontrar cajas para todo aquello? Comenc&eacute; a pensar que hab&iacute;a metido el barco en las piedras sin pensarlo. Y los rebozuelos ni siquiera hab&iacute;amos empezado a recolectarlos.<\/p>\n<p>Otra vez Am&aacute;lia me sac&oacute; de apuros &ndash; Bendita mujer &ndash; Llam&oacute; a una quinta vecina que se dedicaba a la producci&oacute;n de vino, y present&aacute;ndose como &ldquo;La t&iacute;a Am&aacute;lia&rdquo;, les pidi&oacute; que nos prestasen las cajas en que recolectaban las uvas. Por lo que se ve, la t&iacute;a Am&aacute;lia ten&iacute;a peso en la comarca, porque no hubo ning&uacute;n problema. Incluso nos las trajeron en unas camionetas de caja abierta, dej&aacute;ndonoslas en la quinta.<\/p>\n<p>Al ser s&aacute;bado y haber convocado al personal para trabajar, fueron apareciendo a lo largo de la ma&ntilde;ana los hijos de los trabajadores. Y se me ocurri&oacute; que podr&iacute;a utilizarlos tambi&eacute;n. No estoy de acuerdo con la explotaci&oacute;n de nadie. Pero aqu&iacute; cada uno que doblase la espalda iba a cobrar lo mismo, independientemente de su edad. As&iacute; que organice una brigada con las chicas y chicos, procurando que tuviesen la edad rayana con la legal de trabajo, o muy poco por debajo los m&aacute;s j&oacute;venes. Y me los llev&eacute; a recoger los rebozuelos, d&aacute;ndoles las mismas instrucciones. Les fij&eacute; a las chicas la talla m&iacute;nima a recolectar y a ellos los puse a transportar hacia la quinta las setas.<\/p>\n<p>A las tres de la tarde, tuvimos que dejar el trabajo, ya no quedaban cajas. En el patio de almacenaje, el suelo estaba completamente cubierto de cajas en cuatro bloques diferenciados, con varias alturas de apilado en cada uno de ellos. Consult&eacute; con Alipio y el resto de los capataces y llegamos a la conclusi&oacute;n que necesit&aacute;bamos un tr&aacute;iler articulado para mover todo aquello. Mi gente era gente de campo, acostumbrados a trabajar pegados al suelo y lo hab&iacute;an hecho como jabatos.<\/p>\n<p>Pesamos varias cajas al azar, y haciendo un c&aacute;lculo aproximado, ten&iacute;amos delante de nuestros ojos, 45.000 euros al precio que hab&iacute;amos tratado.<\/p>\n<p>Llamamos al intermediario y quedamos en que en una hora tendr&iacute;amos un cami&oacute;n puesto en la finca y que &eacute;l estar&iacute;a presente en el pesado de las cajas y la carga del mismo.<\/p>\n<p>Mientras ven&iacute;a y los hombres organizaban todo para acometer la carga fui a hablar con mi mujer, a la que casi ni hab&iacute;a visto durante el d&iacute;a. Se me hab&iacute;a ocurrido otra de mis &ldquo;brillantes&rdquo; ideas y antes de publicarla, quer&iacute;a su aprobaci&oacute;n. La busqu&eacute; y no era capaz de encontrarla, hasta que la vi. Era una bracera m&aacute;s. Estaba vestida con ropa de trabajo y un pa&ntilde;uelo cubr&iacute;a su cabeza. Cuando me vio, me sonri&oacute; y d&aacute;ndome un beso me pregunt&oacute; qu&eacute; tal iba todo. Entonces la puse al corriente de lo que se me hab&iacute;a ocurrido:<\/p>\n<p>&#8211; Cari&ntilde;o, he estado en el bosque y si no hubiese visto por la ma&ntilde;ana como estaba, dir&iacute;a que ah&iacute; no se ha recolectado absolutamente nada. Se me ha ocurrido algo, pero necesito que vosotras lo aprob&eacute;is antes de decir nada. Se trata de lo siguiente: Este negocio ha surgido hoy, y la finca no contaba con este dinero. Podr&iacute;amos, este a&ntilde;o, sacar del dinero una parte para la quinta, y repartir entre los que han trabajado y van a seguir hasta el final de la campa&ntilde;a, el dinero que saquemos.<\/p>\n<p>Tenemos un a&ntilde;o para organizar un negocio que puede ser otra fuente de riqueza para la comarca. Si nuestra finca est&aacute; as&iacute;, sin duda el resto de los bosques estar&aacute;n igual, o muy parecido. Hablando con los propietarios de otras fincas se podr&iacute;a formar alg&uacute;n tipo de cooperativa y durante el a&ntilde;o buscar canales de distribuci&oacute;n. E incluso, viendo qu&eacute; otros productos agr&iacute;colas hay en la comarca, crear una planta de procesado que d&eacute; trabajo durante todo el a&ntilde;o y no solo en oto&ntilde;o.<\/p>\n<p>&#8211; Cari&ntilde;o, ya piensas como el due&ntilde;o de la quinta, estoy orgullosa &ndash; me dijo ella &ndash; ahora se lo comentaremos a Ana Mar&iacute;a, llegar&aacute; en un rato. Seguro que no pone impedimentos a tu idea &#8211; Ding, Ding, Ding. Alarma. Ana Mar&iacute;a en la finca, no me gusta un pelo. Adoro a mi cu&ntilde;ada, pero tiene m&aacute;s peligro conmigo que un chimpanc&eacute; con una escopeta &#8211; Adem&aacute;s se va a quedar ella en la finca, porque hay que seguir recolectando y t&uacute; y yo tenemos que estar el lunes en otras obligaciones y alguien tiene que organizar y tratar con el intermediario.<\/p>\n<p>&#8211; De acuerdo entonces, lo hablamos con ella y si est&aacute; de acuerdo, se lo comunicamos al personal.<\/p>\n<p>Cuando lleg&oacute; mi cu&ntilde;ada, as&iacute; lo hicimos, y tal y como hab&iacute;a previsto Am&aacute;lia, estuvo de acuerdo. Pero pusieron como condici&oacute;n que yo deber&iacute;a dec&iacute;rselo a los empleados. As&iacute; que llam&eacute; a un aparte a los capataces, hombres y mujeres y les comuniqu&eacute; lo que hab&iacute;amos decidido, dejando claro, que todos iban a cobrar lo mismo, desde los capataces hasta los muchachos que hab&iacute;an trabajado sin contrato. Se me quedaron mirando y vi en la expresi&oacute;n de todos que intu&iacute;an que eso era cosa m&iacute;a, y que su respeto hacia m&iacute; hab&iacute;a subido varios grados. Al terminar de comunic&aacute;rselo a ellos, cada uno reuni&oacute; a su brigada, comunic&aacute;ndoles la decisi&oacute;n tomada.<\/p>\n<p>Acab&aacute;bamos de tener esta conversaci&oacute;n cuando lleg&oacute; el cami&oacute;n y con &eacute;l, el intermediario. As&iacute; que todos se aprestaron a cargar el transporte.<\/p>\n<p>Delante del intermediario fuimos pesando caja por caja y anotando los pesos. Cuando estuvo el cami&oacute;n cargado, hicimos la cuenta, y resultaba un montante de 47.200 euros. Le estaba cubriendo la factura y la documentaci&oacute;n para el transportista cuando el intermediario me dio un cheque que tra&iacute;a cubierto y firmado por 30.000 euros. Entonces le requer&iacute;:<\/p>\n<p>&#8211; El resto del pago, &iquest;C&oacute;mo nos lo va a hacer efectivo?. Este dinero no cubre el precio tratado.<\/p>\n<p>&#8211; Piense usted, Dom Alfredo que ahora se producir&aacute;n mermas, hasta que llegue a destino, algunas se estropear&aacute;n a causa del transporte, luego el lunes, ya no tendr&aacute;n la frescura que tienen ahora. Yo tengo que cubrir mis gastos.<\/p>\n<p>Alipio que al ver mi expresi&oacute;n se hab&iacute;a acercado, escuch&oacute; lo &uacute;ltimo que dec&iacute;a el intermediario, y cerrando los pu&ntilde;os, se iba hacia &eacute;l, cuando lo detuve con un adem&aacute;n.<\/p>\n<p>Alipio es un hombre curtido en el campo y es m&aacute;s f&aacute;cil saltarlo que rodearlo. Tiene dos manos que cada vez que levanta una, se produce un eclipse de sol. Si le permito que le ponga la mano encima a este pisaverde, lo revienta.<\/p>\n<p>&#8211; Filho da puta, ele est&atilde;o vigarizando (Hijo de la gran puta, &eacute;l le est&aacute; estafando). &ndash; Dice Alipio con el rostro congestionado por la ira.<\/p>\n<p>&#8211; Alipio, tranquilicese. Descarguen el cami&oacute;n y pongan las setas estibadas en el patio, de nuevo.<\/p>\n<p>&#8211; Dom Alfredo, pienselo bien, tenga en cuenta que el lunes, estas setas valdr&aacute;n la mitad. Va a perder usted mucho dinero &ndash; me dice el intermediario.<\/p>\n<p>&#8211; Patr&oacute;n, este cabr&oacute;n tiene raz&oacute;n, al recolectarlas, ahora no tenemos manera de conservarlas mucho tiempo, y nos tiene cogidos por las pelotas.<\/p>\n<p>&#8211; Alipio, descarguen como he dicho. D&iacute;gale a Marta que le facilite una silla c&oacute;moda y p&oacute;nganla al lado del pozo, viendo hacia la carga. Y ponga a dos hombres al lado. Este caballero tiene mi permiso para sentarse durante el tiempo que quiera, viendo c&oacute;mo se pudren las setas en la era. Pero bajo ning&uacute;n concepto puede tocarlas.<\/p>\n<p>Y usted &#8211; digo dirigi&eacute;ndome al intermediario &#8211; cuando quiera, puede hacer valer su opci&oacute;n de compra. Solo tiene que decirlo. Pero tenga en cuenta que aunque solamente quede una seta aprovechable, el precio que pagar&aacute; ser&aacute;n 47.200 euros. Recuerde los libros sibilinos, no vaya a ser usted otro Lucio Tarquino.<\/p>\n<p>De repente, se me viene a la memoria que tengo un conocido italiano. Un ingeniero con el que he coincidido varias veces en montajes de m&aacute;quinas y que s&eacute; que sus padres tienen un restaurante en el V&eacute;neto. As&iacute; que lo llamo. Al tercer tono, me contesta<\/p>\n<p>&#8211; Ciao Alfredo, &iquest;c&oacute;mo est&aacute;s? &iquest;C&oacute;mo es que me llamas?<\/p>\n<p>&#8211; Ciao Massimo, tus padres tienen un restaurante &iquest;verdad?<\/p>\n<p>&#8211; Si, precisamente estoy ahora con mi padre en la cocina.<\/p>\n<p>&#8211; Preg&uacute;ntale si tiene manera de mover un tr&aacute;iler de funghi porcini y cantharelus cibarius, no s&eacute; el nombre en italiano. Tendr&iacute;as el tr&aacute;iler ah&iacute; el lunes.<\/p>\n<p>&#8211; Espera que se lo pregunto &ndash; Oigo como hablan en italiano entre ellos y me pregunta<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Cu&aacute;l es la fecha de recolecci&oacute;n?<\/p>\n<p>&#8211; Hoy mismo, acabamos de recolectarlas, le contesto.<\/p>\n<p>&#8211; Dice mi padre que si son de buena calidad, no habr&iacute;a problema para ponerlos en el mercado, que &eacute;l conoce canales de distribuci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Mira, te env&iacute;o fotograf&iacute;as y te garantizo que todo el cargamento est&aacute; en las mismas condiciones.<\/p>\n<p>Cojo una seta de cada tama&ntilde;o y un pu&ntilde;ado de los rebozuelos y poniendo al lado mi reloj de pulsera, para dar la escala, hago un par de fotograf&iacute;as y se las env&iacute;o. Y vuelvo a llamarle<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Has visto el material? Es todo el cargamento as&iacute;, y ya van clasificados en esos tama&ntilde;os.<\/p>\n<p>&#8211; Me dice mi padre que le interesan si el precio es&hellip; &#8211; Y me da un precio 4 euros por kilo, superior al que ya ten&iacute;amos.<\/p>\n<p>&#8211; Si pag&aacute;is vosotros el transporte en destino, te los puedo dejar a&hellip; y le ara&ntilde;o 0.50 euros m&aacute;s.<\/p>\n<p>&#8211; Dice mi padre que de acuerdo. &iquest;Cu&aacute;ndo los tenemos aqu&iacute;?.<\/p>\n<p>&#8211; Espera<\/p>\n<p>El cami&oacute;n que tenemos en la finca es de una compa&ntilde;&iacute;a de transportes y Alipio me dice que acostumbramos a trabajar con ellos con el corcho. As&iacute; que me dirijo al conductor y le pregunto si puede salir inmediatamente para Italia con la carga. Y me confirma que no hay problema. &Eacute;l es aut&oacute;nomo, el cami&oacute;n es suyo, y el porte es jugoso.<\/p>\n<p>&#8211; El lunes por la ma&ntilde;ana los tienes ah&iacute;. &ndash; Le digo y acordamos la forma de pago &ndash; Por cierto Massimo &iquest;cada cu&aacute;nto tiempo pod&eacute;is absorber un cami&oacute;n como este?<\/p>\n<p>&#8211; Dice mi padre, que cada tres d&iacute;as, sin problema, pero que entonces tendr&iacute;amos que ajustar algo m&aacute;s el precio.<\/p>\n<p>&#8211; No hay problema. Hablamos. Ahora tengo que poner todo en marcha para que te llegue. Ciao Massimo.<\/p>\n<p>&#8211; Ciao Alfredo.<\/p>\n<p>El intermediario est&aacute; blanco como un papel. Se le acaba de esfumar una oportunidad de negocio como no hab&iacute;a tenido en mucho tiempo. As&iacute; que se sube en su coche y se marcha sin despedirse.<\/p>\n<p>Alipio se va hacia los capataces que estaban viendo la escena y los pone al corriente. Todos me miran y asienten cachazudos. El patr&oacute;n tiene pelotas y no se deja pisar.<\/p>\n<p>Despido al cami&oacute;n, d&aacute;ndole las &uacute;ltimas instrucciones y dici&eacute;ndole que tienen que cambiar las setas de cajas y traernos estas de vuelta, que tenemos que devolverlas.<\/p>\n<p>Hemos terminado. Pero ma&ntilde;ana habr&aacute; que volver a recolectar. De todas maneras, hoy vamos a celebrar una improvisada fiesta de la cosecha. Busco a Am&aacute;lia y a mi cu&ntilde;ada y las pongo al corriente de lo que ha ocurrido y el canal de ventas que hemos conseguido.<\/p>\n<p>Am&aacute;lia me pone una mano en la mejilla, y bes&aacute;ndome en los labios me dice:<\/p>\n<p>&#8211; Amor m&iacute;o, a cada momento me sorprendes m&aacute;s.<\/p>\n<p>Mi cu&ntilde;ada tambi&eacute;n me da un beso, felicit&aacute;ndome, pero&hellip; la condenada no pierde la oportunidad de darme un repaso pectoral con sus tetas. Ya no s&eacute; qu&eacute; hacer con ella. Desisto.<\/p>\n<p>Para celebrar el d&iacute;a, mando a Alipio y a varios hombres a que salgan por la comarca y que me traigan una docena de lechones asados, para la hora de la cena. Y le digo a Am&aacute;lia que encargue catering para la misma hora al restaurante de los familiares de Paulinha. Yo cojo el todoterreno de Ana Mar&iacute;a y junto con Am&aacute;lia, nos vamos a buscar unas cajas de vino. Hoy vamos a fundir el mundo. Hemos comenzado un negocio inesperado. Cuando termine la campa&ntilde;a, cada persona que ha trabajado recolectando las setas, tendr&aacute; en el bolsillo, quem&aacute;ndole, m&aacute;s de 3.000 euros. Y hay familias que han tenido hasta cinco personas trabajando.<\/p>\n<p>La cena se ha convertido en una bacanal romana. Todo el mundo est&aacute; contento y celebrando. El vino casi no nos llega. Corren las bromas de muy diverso gusto entre el personal, y he notado que me faltan parejas desde hace un rato. No quiero apartarme mucho de la mesa, para no encontrarme dando alguna sorpresa inesperada a nadie. Am&aacute;lia est&aacute; con las mujeres riendo y bromeando. No quiero saber de qu&eacute; hablan. Cuando se juntan las mujeres, son peor que los hombres. As&iacute; que me aparto un poco y me arrimo a una pared que queda un poco en penumbra, pensando en el d&iacute;a que hemos tenido y gozando de la felicidad de los que me rodean.<\/p>\n<p>Estoy fumando recostado sobre la pared y al poco tiempo noto que un cuerpo de mujer se me arrima, recost&aacute;ndose a su vez, pidi&eacute;ndome un cigarrillo. Por la voz la reconozco. Es Marta<\/p>\n<p>&#8211; Hola Marta. Hemos tenido un d&iacute;a duro hoy.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, dom Alfredo, pero ha merecido la pena, seg&uacute;n me han comentado.<\/p>\n<p>&#8211; Y &iquest;Qu&eacute; le han comentado? Que yo me entere.<\/p>\n<p>&#8211; El pago por el trabajo que usted ha establecido, y los planes que tiene de futuro para la comarca.<\/p>\n<p>&#8211; Demasiados o&iacute;dos en esta finca. Tengo que tener cuidado con lo que digo o lo que hago.<\/p>\n<p>&#8211; Dom Alfredo, me recuerda usted mucho al abuelo de la t&iacute;a Am&aacute;lia. &Eacute;l era como usted.<\/p>\n<p>&#8211; Espero que eso sea un cumplido.<\/p>\n<p>&#8211; Lo es, no lo dude &ndash; Y tirando la punta del cigarro, me puso una mano en la mejilla y me bes&oacute; en los labios, diciendo<\/p>\n<p>&#8211; No se equivoque. Ya sabe, no voy a repetirme.<\/p>\n<p>&#8211; Ya s&eacute; Marta, ya s&eacute;, no se preocupe. Y gracias por todo.<\/p>\n<p>Marta es los ojos y los o&iacute;dos de su familia en la finca. Me he dado cuenta de que nada de lo que ocurra o se diga, se le pasa desapercibido. Es una buena mujer.<\/p>\n<p>Me aparto de la pared y cuando voy a doblar una esquina, veo a una pareja de j&oacute;venes abrazados, bes&aacute;ndose con pasi&oacute;n. &Eacute;l tiene una mano metida por debajo de la ropa de la muchacha acarici&aacute;ndole un pecho, mientras ella suspira. Al dejar de besarla, ella gira la cabeza y veo que es Paulinha. Al parecer el maromo estaba en la finca hoy trabajando, y nadie me dijo nada. Me retiro con discreci&oacute;n y pienso que es buen momento para hacerle una entrevista y ver de qu&eacute; pie cojea.<\/p>\n<p>Vuelvo sobre mis pasos, haciendo ruido y llamando &ldquo;Paulinha&rdquo; Paulinha&rdquo;. Voy despacio para darles tiempo a componerse. Mientras me acerco oigo como ella le dice a &eacute;l que desaparezca, que no le vean con ella. Cuando la veo, observo que est&aacute; arrebolada, pero hago ojos ciegos y comienzo a charlar con ella:<\/p>\n<p>&#8211; Paulinha, me han dicho que tienes un novio &iquest;Es verdad?<\/p>\n<p>&#8211; Vov&ocirc;, &iquest;C&oacute;mo sabes t&uacute; eso? &iquest;Qui&eacute;n te ha ido ya con el cuento?<\/p>\n<p>&#8211; Es verdad, entonces<\/p>\n<p>&#8211; Ummm bueeeeeno, siiii, pero todav&iacute;a no somos muy novios &ndash; Co&ntilde;o, pues te estaba metiendo mano en las tetas hace un momento, pienso yo.<\/p>\n<p>&#8211; Y &iquest;c&oacute;mo os conocisteis?<\/p>\n<p>&#8211; Paseando con Bolacha, &eacute;l tiene tambi&eacute;n un perrito y me dijo que le gustar&iacute;a que estuviese tan educado como el m&iacute;o. Yo le dije que, si quer&iacute;a, yo podr&iacute;a ense&ntilde;arle. Y nos vemos desde entonces.<\/p>\n<p>&#8211; Me gustar&iacute;a conocerle y hablar con &eacute;l. Me ha dicho un pajarito que est&aacute; hoy aqu&iacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Cotillas &ndash; Dice asumiendo que ha sido Marta quien me lo ha dicho o alguna de las mujeres, y yo no la quito del enga&ntilde;o.<\/p>\n<p>&#8211; Dile por favor que le espero en el sal&oacute;n, que quiero charlar con &eacute;l, si no tiene inconveniente.<\/p>\n<p>El patr&oacute;n de la quinta es un hombre relativamente poderoso, y respetado. Cuando solicita una entrevista con alguien, educadamente y con respeto, se considerar&iacute;a un desaire gratuito el no acudir.<\/p>\n<p>En el sal&oacute;n hay una chimenea, con dos sillones orejeros viendo hacia el hogar. Dudo un momento y decido darle un aire m&aacute;s informal a la charla, y sentarme en el Chesterfield, esperando para que aparezca el muchacho.<\/p>\n<p>Oigo venir a la pareja por el pasillo cuchicheando entre ellos. Paulinha lo est&aacute; tranquilizando, suponiendo que mi trato con los de la casa, es extensivo autom&aacute;ticamente a todo el mundo. Entran y Paulinha me lo presenta:<\/p>\n<p>&#8211; Dom Alfredo, este es Filipe. &#8211; Y no da m&aacute;s explicaciones. No quiere llamarle novio en mi presencia.<\/p>\n<p>Es un muchacho de m&aacute;s o menos su edad, bien plantado y guapote. Al menos la ni&ntilde;a, en cuestiones est&eacute;ticas tiene buen gusto. Se le ve educado y un poco cortado al verse por primera vez a solas ante el patr&oacute;n.<\/p>\n<p>Me levanto y estrecho la mano al muchacho, pidi&eacute;ndole a Paulinha que nos deje solos, que lo que vamos a tratar son cosas de hombres. Ella se enfurru&ntilde;a pero no dice nada y se va hacia la cocina. Nosotros nos sentamos y comenzamos a charlar:<\/p>\n<p>&#8211; Buenas noches, me ha llegado el rumor de que te ves con Paula. No temas. Como sabes yo no soy parte de su familia. Pero s&iacute; quisiera que supieras en que terreno juegas, para que no te llames a enga&ntilde;o. Todas las mujeres de la casa considero que son mi responsabilidad. As&iacute; que si cualquiera de ellas te ofende en algo, tienes la puerta abierta para venir a plantearme tu queja. Pero si alguien ofende a cualquiera de ellas est&aacute; ofendiendo mi casa, y por lo tanto, a m&iacute;. Y comprender&aacute;s que eso no puedo consentirlo.<\/p>\n<p>&#8211; Dom Alfredo, a m&iacute; me gusta Paula, y estamos conoci&eacute;ndonos, yo no s&eacute; hasta d&oacute;nde vamos a llegar. A lo mejor dentro de unos meses ya no somos nada.<\/p>\n<p>&#8211; Lo entiendo perfectamente. Las parejas se juntan y si no congenian, se deshacen. No tengo nada en contra de eso. Pero a m&iacute; me gusta, cuando me voy de un sitio, dejar las cosas tal y c&oacute;mo las encontr&eacute;, sin romper nada. Y me gustar&iacute;a que en vuestro caso tambi&eacute;n fuese as&iacute;. No s&eacute; si comprendes lo que quiero decir.<\/p>\n<p>&#8211; Dom Alfredo, no ha pasado nada entre Paula y yo. Usted me entiende. Yo la veo con buenas intenciones.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, pues me alegra que as&iacute; sea. Cuando vengas a buscarla o te apetezca, p&aacute;sate por aqu&iacute; y charlamos como amigos.<\/p>\n<p>&#8211; As&iacute; lo har&eacute;, no se preocupe.<\/p>\n<p>Nos levantamos, y nos estrechamos la mano. Cuando se dirig&iacute;a hacia la puerta para irse le envi&eacute; un aviso:<\/p>\n<p>&#8211; Una &uacute;ltima cosa, para que todo quede bien claro.<\/p>\n<p>&#8211; D&iacute;game Dom Alfredo.<\/p>\n<p>&#8211; Si le pegas, te mato.<\/p>\n<p>&#8211; Dom Alfredo, ahora es usted quien me ha ofendido. Yo no soy de esos hombres.<\/p>\n<p>&#8211; Me alegro, cr&eacute;eme. Yo no tendr&eacute; un disgusto y t&uacute; vivir&aacute;s muchos m&aacute;s a&ntilde;os. Y disc&uacute;lpame la ofensa.<\/p>\n<p>Cuando me vio la cara, supo que no era una amenaza, era la constataci&oacute;n de que si le pon&iacute;a la mano encima a Paulinha, era hombre muerto.<\/p>\n<p>Se fue y yo me sent&eacute; en el Chesterfield, encend&iacute; un cigarrillo y cerrando los ojos, ech&eacute; la cabeza atr&aacute;s. Poco sab&iacute;a yo, que por culpa de ese cabrito, iba a derramar l&aacute;grimas de felicidad en el futuro.<\/p>\n<p>Una presencia se arrodill&oacute; ante m&iacute; y agarr&aacute;ndome la mano derecha se la llev&oacute; a los labios mientras, con mucha guasa me dec&iacute;a:<\/p>\n<p>&#8211; Don Alfredonne, bacio la mano &#8211; Am&aacute;lia hab&iacute;a escuchado toda la conversaci&oacute;n sentada en uno de los sillones orejeros, y no la vi al entrar.<\/p>\n<p>&#8211; Que guasa tienes. Si es el novio por mi culpa, tendr&eacute; que hacer algo al respecto &iquest;no crees?.<\/p>\n<p>&#8211; Ummmm vi&eacute;ndote as&iacute;, en plan tipo duro, me ha entrado un calent&oacute;n que tendremos que remediar &ndash; Me dice empuj&aacute;ndome hasta que estoy tendido en el sof&aacute; y se pone a caballo de m&iacute;.<\/p>\n<p>En esa posici&oacute;n me queda perfecta para meter las manos por debajo de su jersey y agarrarle los pechos, masaje&aacute;ndolos y disfrutando de la caricia. Ella se echa sobre m&iacute; y mientras me besa en la boca, maniobra con su cadera frotando su entrepierna contra la m&iacute;a. Estamos en semejante postura y haci&eacute;ndonos arrumacos cuando entra Paulinha que viene a interesarse por lo que le he dicho al muchacho. Nos ve, y sale corriendo hacia la cocina, gritando por el pasillo, cada vez m&aacute;s alto, seg&uacute;n se va alejando: Perd&oacute;n, PerDON, PERDOOOON.<\/p>\n<p>Am&aacute;lia y yo rompemos a re&iacute;r, y continuamos con nuestro juego.<\/p>\n<p>Esa noche tuve que demostrarle a mi mujer que la afirmaci&oacute;n de que hab&iacute;a perdido &iacute;mpetu al casarme, era totalmente falsa. Pero la verdad es que me cost&oacute; bastante, despu&eacute;s del d&iacute;a de trabajo que nos hab&iacute;amos tragado todos.<\/p>\n<p>Y como era nuestra costumbre, el domingo amanecimos abrazados. Con mis manos agarrando sus pechos.<\/p>\n<p>CONTINUARA, si les ha gustado. Envienme comentarios, tanto a favor como en contra, son todos bien recibidos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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