{"id":19412,"date":"2018-12-06T23:00:00","date_gmt":"2018-12-06T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-12-06T23:00:00","modified_gmt":"2018-12-06T23:00:00","slug":"19412-noche-de-pasion-en-lisboa-x-escarmentando-a-ana-maria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/19412-noche-de-pasion-en-lisboa-x-escarmentando-a-ana-maria\/","title":{"rendered":"Noche de pasi\u00f3n en Lisboa (X): Escarmentando a Ana Maria"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"19412\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 15<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Lo prometido es deuda, y hay que pagarla. Le he prometido a Marta un risotto de setas para que las pruebe y me encuentro, con su permiso, en la cocina con las manos en los fogones.<\/p>\n<p>Cuando he llegado a la quinta, el viernes a primera hora de la tarde, Am&aacute;lia no lo hab&iacute;a hecho todav&iacute;a. Yo sab&iacute;a que hasta media tarde no lo har&iacute;a, pero estaba mi cu&ntilde;ada, que se hab&iacute;a quedado toda la semana, haci&eacute;ndose cargo del negocio con las setas que hab&iacute;amos comenzado el s&aacute;bado anterior.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s del preceptivo saludo, acompa&ntilde;ado del habitual roce descarado de su pecho contra el m&iacute;o, sabiendo que me pon&iacute;a en el disparadero, me inform&oacute; de c&oacute;mo hab&iacute;a ido la semana y de los progresos que hab&iacute;amos conseguido. Hab&iacute;an salido dos camiones m&aacute;s, uno el martes y otro esa ma&ntilde;ana, con direcci&oacute;n a Italia y ahora la recolecci&oacute;n iba m&aacute;s lenta, ya que hab&iacute;amos clareado bastante la poblaci&oacute;n de setas y deb&iacute;amos ir seleccionando los tama&ntilde;os. Aun as&iacute; ten&iacute;amos muy buenas perspectivas.<\/p>\n<p>Terminada la charla con Ana Mar&iacute;a, me dirig&iacute; a la cocina para saludar a Marta. Al llegar me inform&oacute; de que esa semana hab&iacute;an dado una batida contra los jabal&iacute;es, y un cazador, trabajador de la quinta, nos hab&iacute;a regalado una cinta de lomo. Le propuse a Marta prepararlo el s&aacute;bado, junto con el risotto, para la hora de la comida. As&iacute; que lo primero que hicimos fue meterlo en una fuente, cubrirlo de vino tinto, a&ntilde;adirle una cebolla cortada bastamente, una rama de romero, seis dientes de ajo machacados sin pelar, y dos hojas de laurel. A continuaci&oacute;n lo tapamos con film y lo pusimos en la nevera, a marinar.<\/p>\n<p>Poco despu&eacute;s lleg&oacute; Am&aacute;lia. Ven&iacute;a directamente desde su trabajo, y tra&iacute;a puesto el traje de hombre que le conoc&iacute; en nuestro primer encuentro. Verla as&iacute;, vestida de hombre, y con el tratamiento previo que me hab&iacute;a dado mi cu&ntilde;ada, me subi&oacute; todos los niveles de hormonas sexuales por las nubes. Nos besamos con pasi&oacute;n y la acompa&ntilde;&eacute; al dormitorio, donde iba a cambiarse de ropa.<\/p>\n<p>Mientras se mudaba, yo no par&eacute; de dificultarle la labor. La acarici&eacute; los pechos. Entre los muslos. La abrac&eacute; por detr&aacute;s, acarici&aacute;ndole el vientre. Hasta que me ech&oacute; fuera del dormitorio, dici&eacute;ndome que me esperase que no hab&iacute;a tiempo para ponernos tiernos. As&iacute; que no me qued&oacute; m&aacute;s remedio que esperarme.<\/p>\n<p>Durante la cena, mi mujer me record&oacute; que al d&iacute;a siguiente est&aacute;bamos invitados a una cena baile en el Jockey Club en Lisboa, organizado por la C&aacute;mara de Comercio. Y que el sastre hab&iacute;a dejado en su apartamento el esmoquin que me estaba confeccionando desde hac&iacute;a dos meses, cu&aacute;ndo nos remitieron la invitaci&oacute;n. Tarjet&oacute;n que, al desconocer mi nombre, rezaba &ldquo;Dona Am&aacute;lia S. y acompa&ntilde;ante&rdquo;. Evento al que tambi&eacute;n estaba invitada mi cu&ntilde;ada, Ana Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>Al levantarme, he ido a la cocina a empezar a prepararlo todo y buscando entre el menaje, he conseguido una variopinta colecci&oacute;n de cuchillos, el mejor de los cuales no sirve ni como esp&aacute;tula para dar yeso. Alguno todav&iacute;a puede ser recuperable sac&aacute;ndole filo, pero otros lo mejor que puede hacerse con ellos es tirarlos para que no ocupen sitio. Rebuscando por toda la cocina he sido incapaz de encontrar una piedra de afilar. Por lo tanto, he decidido darle una sorpresa a Marta, y comprar un juego de cuchillos en condiciones. A tal efecto, ya que s&eacute; d&oacute;nde hay un hipermercado, salgo para tomar mi coche, y al acercarme al sal&oacute;n, oigo una conversaci&oacute;n entre Am&aacute;lia y su hermana. Al percibir que est&aacute;n hablando sobre m&iacute;, me quedo parado sin hacer ruido y oigo como Am&aacute;lia reprende a mi cu&ntilde;ada:<\/p>\n<p>&#8211; Ya deber&iacute;as saber que no est&aacute; interesado en ti. Adem&aacute;s &eacute;l tambi&eacute;n lo pasa muy mal. Sabes que eres una mujer muy apetecible, y Alfredo hace lo imposible por no faltarme al respeto. Como sigas por ese camino, voy a acabar por darle permiso, y luego vamos a tener un problema. No le tortures de esa manera. &Eacute;l te quiere, pero t&uacute; debes entender que no es de piedra, y no se merece lo que le haces.<\/p>\n<p>&#8211; Yo ya s&eacute; que no voy a llegar a nada con &eacute;l. Pero es que me gusta sentirme admirada, y los esfuerzos que hace para contenerse a&uacute;n me hacen ser m&aacute;s insinuante con &eacute;l. Cada vez que le veo, recuerdo la noche de tu cumplea&ntilde;os y se me suben los calores. Y bueno&hellip; a mi edad, excitar a un hombre as&iacute; me hace subir la autoestima. Adem&aacute;s, para que mentir, tambi&eacute;n me hace gracia el ponerlo en el disparadero, sabiendo que no va a ocurrir nada. Aunque no ocurre nada porque &eacute;l no quiere.<\/p>\n<p>&#8211; Pues procura terminar pronto con ese juego, porque si no me temo que vamos a tener un problema. Y yo no voy a culparle a &eacute;l. Si ocurre algo, no pretendas que me ponga de tu parte.<\/p>\n<p>&#8211; Qu&eacute; poco conoces a tu marido. Nunca va a ocurrir nada. Se necesita m&aacute;s que una insinuaci&oacute;n para que pase la cosa a mayores.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, pues t&uacute; misma. Luego no vengas con llantos.<\/p>\n<p>Ya he o&iacute;do lo suficiente. Ahora s&eacute; que juego se trae mi cu&ntilde;ada conmigo. Como no tengo intenci&oacute;n de llegar a nada con ella, echo en el olvido la conversaci&oacute;n. Y volviendo sobre mis pasos, salgo por la puerta de la cocina para dirigirme hacia el coche.<\/p>\n<p>En el hipermercado escojo un cepo de madera con un juego de cuchillos, curiosamente de una reputada marca espa&ntilde;ola. Con el mango de hueso remachado y virola de bronce entre el recazo y el cabo. En la secci&oacute;n de ferreter&iacute;a me hago con una piedra de afilar de dos granos diferentes, suficiente para restaurar el filo de los cuchillos que a&uacute;n se pueden aprovechar.<\/p>\n<p>Al dirigirme a la salida, paso por delante de un local en el que adem&aacute;s de peque&ntilde;os arreglos en zapatos, y duplicar llaves, tienen una m&aacute;quina para grabar plaquitas para los buzones de correo. Entonces se me ocurre darle un toque personal a los cuchillos y pido que me hagan una plaquita que lleve grabado &ldquo;Marta&rdquo;, para ponerla sobre el cepo. Mientras est&aacute;n grabando la plaquita, se me ocurre adem&aacute;s, que ya que las virolas son de bronce, si pueden, me gustar&iacute;a grabar con el mismo tipo de letra, en cada una de ellas, el mismo nombre, personalizando as&iacute; el juego de cuchillos. Me dicen que no representa ning&uacute;n problema, pero que tardar&aacute;n como cuarenta y cinco minutos en tenerlos listo. Abono el precio de las grabaciones y me voy a la cafeter&iacute;a del centro comercial para pasar el rato leyendo el diario y tomando un caf&eacute;. Cuando ha pasado el tiempo y recojo mi encargo, el empleado, viendo que la plaquita era para el cepo de madera, adem&aacute;s de pegarla con el adhesivo incorporado, la ha asegurado con dos peque&ntilde;os tornillos de lat&oacute;n. Repaso todo el conjunto y me gusta c&oacute;mo ha quedado, as&iacute; que me dirijo a la finca para empezar el cocinado.<\/p>\n<p>Cuando llego, est&aacute; Marta comenzando a picar las hortalizas para preparar el guiso de jabal&iacute;. Marta cocina como un ama de casa normal y corriente, esto es, no utiliza tabla de corte, pica la verdura en la mano, directamente sobre la cazuela. Mientras est&aacute; picando, me pregunta si he visto los cuchillos, porque no encuentra una serie de ellos y ayer cuando recogi&oacute; la cocina est&aacute; segura de que estaban en su sitio. Y hoy solamente ha encontrado los que yo creo que pueden ser recuperables. Le informo que los he tirado yo, dado que me parec&iacute;an demasiado peligrosos para utilizarlos y que los que han quedado, los voy a afilar para que los utilice sin peligro. Entonces ella me dice que con los que quedan, malamente vamos a poder trocear el jabal&iacute;. En ese momento, haciendo un adem&aacute;n de prestidigitador, saco de la bolsa en que lo traigo, el cepo con los cuchillos, y lo coloco en la encimera con la placa a la vista. Ella ve su nombre grabado en la placa, y casi con reverencia, gira el cepo dejando los mangos hacia nosotros, extrayendo una de las puntillas. Al tenerla en la mano, su pulgar roza la virola y nota que hay algo que interrumpe el pulido. Al ver su nombre en el cuchillo extrae uno por uno el resto, comprobando que todos est&aacute;n personalizados. Con gesto de sorpresa, me interpela:<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;A qu&eacute; se debe esto Dom Alfredo?, todo el juego con mi nombre grabado.<\/p>\n<p>&#8211; Son suyos, Marta. As&iacute; puede trabajar m&aacute;s c&oacute;moda. Son un regalo por cumplirme los caprichos cuando le pido alg&uacute;n plato especial.<\/p>\n<p>&#8211; Pero no era necesario, yo me apa&ntilde;o bien con los que tengo.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;No le gustan? Ahora no puedo devolverlos.<\/p>\n<p>&#8211; Claro que me gustan, nunca hab&iacute;a tenido un juego as&iacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Entonces disfr&uacute;telos. Y no se preocupe, yo me encargo de tenerlos siempre con el filo a punto. Cuando llegue a la quinta, ser&aacute; lo primero que compruebe, antes de hacer cualquier cosa.<\/p>\n<p>&#8211; Pues muchas gracias. Los cuidar&eacute; con mimo, para que no se estropeen.<\/p>\n<p>En ese momento tomo conciencia de que si alguien tiene prisa por morir, no tiene m&aacute;s que coger uno de esos cuchillos sin permiso.<\/p>\n<p>Una vez hecho esto, comenzamos a cocinar a d&uacute;o. Busco una tabla de corte, y lo &uacute;nico que encuentro es una cosa min&uacute;scula con mango. Como he dicho Marta no utiliza la tabla pr&aacute;cticamente para nada. Hay que ponerle remedio tambi&eacute;n a esto.<\/p>\n<p>Busco a Am&aacute;lia y le pido que llame a Alipio, ya que yo no tengo el tel&eacute;fono de nadie de la quinta (otra cosa a la que tendr&eacute; que poner remedio). Esta tambi&eacute;n es zona de olivos, as&iacute; que no ser&aacute; dif&iacute;cil hacerme con una tabla de esa madera en condiciones.<\/p>\n<p>Cuando contesta le pido que busque un carpintero que me haga una tabla de aproximadamente sesenta por cuarenta cent&iacute;metros y cuatro de espesor, dici&eacute;ndole para qu&eacute; la quiero. Y que antes de traerla a la casa, que pase por el hipermercado y que graben una plaquita con el mismo tipo de letra, con el nombre de Marta y la aseguren en uno de los cantos largos de dicha tabla.<\/p>\n<p>Vuelvo a la cocina, y arregl&aacute;ndome con lo que hay, contin&uacute;o con las labores. La cocina no es peque&ntilde;a, pero al estar distribuida de forma que a Marta le resulte c&oacute;moda, dos personas cocinando se estorban entre ellas, as&iacute; que durante un par de horas no paramos de rozarnos el uno contra el otro. Al estar concentrados en el trabajo, ninguno de nosotros se siente excitado de ninguna manera.<\/p>\n<p>Marta llama a Paulinha y le dice que vaya poniendo la mesa. Entonces yo le digo que ponga cinco cubiertos. A lo que Marta me pregunta si esperamos invitados. Yo le contesto que s&iacute;, que hoy tenemos dos personas m&aacute;s a comer.<\/p>\n<p>Cuando estamos sentados a la mesa, Marta y Paulinha traen la comida. Entonces yo le pido a Marta que se quite el delantal, y levant&aacute;ndome le aparto la silla para que se siente con nosotros. Paulinha, poco acostumbrada a que le retiren la silla, al ver que Marta se sienta, hace lo mismo en el sitio vacante, asumiendo que las dos personas a m&aacute;s, son ellas. Yo me siento a la cabecera de la mesa y dirigi&eacute;ndome a Am&aacute;lia, digo:<\/p>\n<p>&#8211; Cari&ntilde;o, ahora que soy el pat&oacute;n de la quinta, me gustar&iacute;a hacer alg&uacute;n cambio en la casa, si vosotras est&aacute;is de acuerdo. En el caso de que no haya que servir una comida con invitados, me gustar&iacute;a que se terminase lo de comer separados, nosotros en el comedor y Marta y Paula en la cocina. Aunque cada uno tenemos nuestras funciones, al final, yo os considero a las cuatro como mi familia, y personalmente me agradar&iacute;a mucho el comer juntos.<\/p>\n<p>&#8211; Yo no veo ning&uacute;n inconveniente, al contrario &ndash; Dice Am&aacute;lia.<\/p>\n<p>&#8211; Yo tampoco. La verdad es que a nadie se le hab&iacute;a ocurrido hasta ahora. Siempre se hab&iacute;a hecho as&iacute; &ndash; contesta Ana Mar&iacute;a &ndash; por nosotras est&aacute; bien.<\/p>\n<p>&#8211; Perfecto entonces. A partir de hoy, las comidas se realizar&aacute;n aqu&iacute;, todos juntos. Marta, me he dado cuenta de que es usted los ojos y los o&iacute;dos del personal de la quinta. Desde ahora, tendr&aacute; acceso de primera mano a lo que se decida en esta casa. Espero que me corresponda inform&aacute;ndonos de cualquier queja que pueda existir, para solucionarlo lo m&aacute;s r&aacute;pidamente.<\/p>\n<p>&#8211; Muchas gracias por la confianza. Tenga por seguro que as&iacute; lo haremos &ndash; Me contesta con un punto de emoci&oacute;n en la voz.<\/p>\n<p>&#8211; Y a ti, ahora que tienes un &ldquo;no muy novio&rdquo;, quiero tenerte cerca y atarte corto &ndash; Digo dirigi&eacute;ndome a Paulinha con una sonrisa.<\/p>\n<p>&#8211; Tonto Vov&ocirc; &ndash; Me contesta ella, sonroj&aacute;ndose y bajando los ojos.<\/p>\n<p>Cuando terminamos con el risotto, Marta va a la cocina a por el jabal&iacute;, yo la acompa&ntilde;o para traer una botella de tinto que tengo aireando. Cuando estamos solos, Me pone una mano en la mejilla y me besa en los labios, diciendo:<\/p>\n<p>&#8211; No se equivoque, ya sabe.<\/p>\n<p>&#8211; Si, Marta, ya s&eacute;. No se preocupe. Pero piense que tres besos en los labios equivalen a medio polvete. Y este es el cuarto. &ndash; Le digo en son de broma.<\/p>\n<p>Entonces ella, poniendo su mano en mi mejilla, me da otros dos besos seguidos en los labios, al tiempo que me dice:<\/p>\n<p>&#8211; No me gusta quedarme a medias. &iquest;Y a usted?<\/p>\n<p>&#8211; A m&iacute; tampoco Marta, pero puedo hacerme ilusiones. Tenga cuidado.<\/p>\n<p>&#8211; Dom Alfredo, no tengo miedo. Si usted quisiese, en esta casa tendr&iacute;a m&aacute;s de una mujer. Aunque no se haya dado cuenta. Son cosas que una mujer nota. As&iacute; que, o tiene usted mucho aguante, o es tonto. Y lo segundo me cuesta creerlo.<\/p>\n<p>&#8211; Eso es algo que le agradecer&iacute;a infinitamente que no saliese de esta casa.<\/p>\n<p>&#8211; No se preocupe. Hay cosas que no tienen por qu&eacute; saberse en la quinta.<\/p>\n<p>&#8211; Gracias, Marta.<\/p>\n<p>&#8211; No tiene por qu&eacute; darlas.<\/p>\n<p>Al terminar de comer nos trasladamos a Lisboa directamente, he de dejar a Ana Mar&iacute;a en su casa y luego dirigirme al apartamento de Am&aacute;lia, en el que tenemos nuestra ropa, para prepararnos para el baile de esta noche.<\/p>\n<p>Cuando estamos listos para el evento, salimos de casa para recoger a Ana Mar&iacute;a. Yo visto el esmoquin que me han confeccionado y Am&aacute;lia lleva un vestido de coctel color rojo, con la falda tubo y un corte central por detr&aacute;s, cuatro dedos por encima de las rodillas. Por arriba rodea su cuello, dejando un discreto escote por delante y la espalda desnuda hasta casi la banda horizontal del sost&eacute;n. Su melena suelta, seg&uacute;n su costumbre. Y como joyas, su reloj con pulsera de oro, su anillo de brillante y los pendientes de perlas que ya luciera en otras ocasiones. Sobre el hombro izquierdo se ha puesto una gardenia. No lleva perfume, pero la fragancia del Jazm&iacute;n del Cabo la envuelve en un aura invisible.<\/p>\n<p>Al ir a recoger a Ana Mar&iacute;a todav&iacute;a no estaba preparada, as&iacute; que aparqu&eacute; y subimos a su casa mientras terminaba de arreglarse. Sali&oacute; a recibirnos a la puerta, vestida con una bata larga de seda y nos dijo que nos pusi&eacute;semos c&oacute;modos mientras terminaba de vestirse.<\/p>\n<p>Poco tiempo despu&eacute;s, viene y me pide ayuda para coger una caja en su armario, que necesita para vestirse y dice que no la alcanza. La acompa&ntilde;o a su dormitorio, y cuando veo lo que me est&aacute; pidiendo se me encienden las alarmas. Solamente con ponerse de puntillas y estirarse un poco, alcanza perfectamente para coger lo que quiere. Sin ning&uacute;n esfuerzo, tomo la caja y al girarme para d&aacute;rsela, me encuentro con ella frente a m&iacute; con la bata abierta, como por descuido. Est&aacute; vestida solamente con una escueta braga transparente, a trav&eacute;s de la cual veo perfectamente el vello p&uacute;bico pulcramente recortado, adem&aacute;s de su pecho desnudo y el resto de su cuerpo. Cuando le doy la caja me besa en la mejilla, agradeci&eacute;ndome la ayuda, pero al mismo tiempo arrima descaradamente su cuerpo al m&iacute;o.<\/p>\n<p>As&iacute; que esas tenemos. Bueno, a este juego pueden jugar dos. Y con dos es m&aacute;s divertido.<\/p>\n<p>Sin darle tiempo a que se retire, la enlazo por la cintura con mi brazo derecho mientras mi mano izquierda le agarra su pecho derecho, apret&aacute;ndolo suavemente y acarici&aacute;ndolo al tiempo que juego con el pez&oacute;n. Mientras la beso en el hueco entre el cuello y el hombro, la empujo suavemente contra la pared, y una vez all&iacute;, tomo su otro pecho y me dedico a sobarle, besarle y chuparle ambos pechos. Ante esto, ella comienza a gemir, y apoyada como est&aacute; contra la pared, abre las piernas. En ese momento, yo bajo una mano e introduci&eacute;ndola por la parte superior de la braga, comienzo a masturbarla, apret&aacute;ndole el cl&iacute;toris con dos dedos y pasando mi mano a lo largo de su sexo. Sus gemidos aumentan en intensidad y su respiraci&oacute;n comienza a entrecortarse. Noto mi mano mojada por toda la humedad de su excitaci&oacute;n y la llevo al punto en que con dos caricias m&aacute;s tendr&aacute; un orgasmo. En ese momento, retir&aacute;ndome, le digo:<\/p>\n<p>&#8211; Es mejor que lo dejemos aqu&iacute;. Tu hermana tiene que estar pregunt&aacute;ndose qu&eacute; estamos haciendo y puede sospechar.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Me vas a dejar as&iacute;? Estoy a punto de correrme. Term&iacute;name lo que has empezado que estoy ardiendo.<\/p>\n<p>&#8211; No me gusta calentar lo que no me voy a comer, pero tengo que ir con Am&aacute;lia, no quiero tener problemas con ella &ndash; Digo dirigi&eacute;ndome hacia d&oacute;nde est&aacute; mi mujer.<\/p>\n<p>&#8211; Cabr&oacute;nnnnn.<\/p>\n<p>Cuando Am&aacute;lia me ve llegar, observa que llevo una erecci&oacute;n imposible de disimular y me interroga con la mirada. Yo le hago un gesto de &ldquo;no tiene importancia&rdquo; y mientras me siento en un sof&aacute;, enciendo un cigarrillo para calmarme. Mi esposa, como conoce a su hermana, supone que me ha hecho alguna jugarreta de las suyas para divertirse un rato y no le da m&aacute;s importancia al asunto. No obstante, veo en su cara un rictus de contrariedad, y s&eacute; que en cuanto tenga un momento, va a volver a llamarla al orden.<\/p>\n<p>Momentos despu&eacute;s Ana Mar&iacute;a se une a nosotros vestida para la ocasi&oacute;n. Es digna hermana de mi esposa. Viene vestida con un palabra de honor de color gris perla, cuya falda tiene el corte con un poco de vuelo. Trae el cuello ce&ntilde;ido con una gargantilla de cuatro hilos de perlas y perlas en los pendientes, as&iacute; como en el &uacute;nico anillo que luce como joyas.<\/p>\n<p>Y aqu&iacute; tengo que hacer un inciso. Cualquier vestido sin hombros no es un palabra de honor. Un chafa-tetas o un estruja-sobacos no son un palabra de honor. Tampoco existe esa denominaci&oacute;n para un escote delantero, aunque los presuntos gur&uacute;s de la moda se empe&ntilde;en en decirlo. El palabra de honor es el s&uacute;mmun de la corseter&iacute;a. Es una obra de ingenier&iacute;a que mediante la armadura de un cors&eacute; especial, lleva todo el peso del montaje a la cadera. De hecho, un palabra de honor &ldquo;de verdad&rdquo; no tiene espalda. Desde pr&aacute;cticamente la primera v&eacute;rtebra lumbar hacia arriba, la espalda queda totalmente desnuda. Y se llama as&iacute;, porque al igual que la Palabra de Honor, se mantiene por s&iacute; solo, sin garant&iacute;as adicionales, independientemente del tama&ntilde;o del busto de la se&ntilde;ora que lo porte. Obviamente, una mujer no puede entrar en una tienda seria y pedir que le vendan un palabra de honor. Sencillamente le dir&aacute;n que no tienen. Ha de ser cortado y montado con las medidas precisas de la usuaria final.<\/p>\n<p>Cuando llegamos al local donde se celebrar&aacute; la cena-baile, nos indican la mesa en la que nos vamos a sentar, y observo que han tenido en cuenta que Ana Mar&iacute;a no tiene acompa&ntilde;ante masculino, y le han asignado uno de los que no tienen pareja femenina. Durante el trayecto hasta aqu&iacute;, mi cu&ntilde;ada ha permanecido silenciosa en el coche, contest&aacute;ndole al intento de conversaci&oacute;n de Am&aacute;lia pr&aacute;cticamente con monos&iacute;labos y poco m&aacute;s.<\/p>\n<p>Hechas las presentaciones, y mientras charlamos durante la cena, me dedico a observar al resto de los asistentes. Aqu&iacute; hay dinero de todos los pelajes. Desde el que todav&iacute;a guarda rastros del aroma a c&aacute;&ntilde;amo y brea de los cordajes de los veleros, hasta el que no huele absolutamente a nada porque nunca ha sido impreso en un billete, circulando por redes electr&oacute;nicas de informaci&oacute;n durante toda su vida.<\/p>\n<p>Del mismo modo, el dinero no da la elegancia. En ellos se nota en como visten el esmoquin. Desde el que parece que ha nacido y ha sido bautizado con &eacute;l, hasta el que se nota que le queda grande, aunque lo lleve tan estrecho, porque lo marca la moda, que si suspira, mata a alguien de un botonazo. En ellas, igual. Desde la que va correctamente vestida, hasta la que no ha comprendido todav&iacute;a que la diferencia entre la elegancia y la ordinariez, a veces se mide en dos cent&iacute;metros de tela de m&aacute;s o de menos.<\/p>\n<p>Cuando comienza el baile, Am&aacute;lia y yo nos dirigimos a la pista, mientras que el acompa&ntilde;ante de Ana Mar&iacute;a hace lo propio con ella. Bailamos varias piezas y sabiendo que mi cu&ntilde;ada es una mujer libre, se ve solicitada por varios caballeros para bailar durante la noche. En un momento determinado, la hermana de mi esposa se nos acerca y dirigi&eacute;ndose a m&iacute; me pregunta:<\/p>\n<p>&#8211; Alfredo &iquest;no me vas a sacar a bailar ni siquiera una pieza?<\/p>\n<p>&#8211; Pues claro que s&iacute;, cu&ntilde;ada. A ti no te importa &iquest;verdad cari&ntilde;o? &ndash; digo dirigi&eacute;ndome a Am&aacute;lia.<\/p>\n<p>&#8211; Por supuesto que no. No se&aacute;is bobos, bailad.<\/p>\n<p>Entonces, el acompa&ntilde;ante de Ana Mar&iacute;a, a su vez, saca a bailar a mi esposa y nos dirigimos hacia la pista. Cuando estamos abrazados bailando, mi cu&ntilde;ada arrim&aacute;ndose bien a mi pecho y frot&aacute;ndose contra m&iacute;, me interpela:<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;No vas a acabar lo que empezaste? Estoy totalmente mojada desde que me tuviste en mi dormitorio. Me subo por las paredes con la calentura que llevo.<\/p>\n<p>&#8211; Yo no puedo hacer nada, Ana Mar&iacute;a. Estoy con tu hermana. Aprovecha que tienes un mont&oacute;n de hombres pendientes de ti esta noche. Est&aacute;s arrebatadora y no vas a tener ning&uacute;n problema para terminar bien la velada.<\/p>\n<p>&#8211; No seas cabr&oacute;n. Sabes que no puedo irme con el primero que se me presente. Aqu&iacute; me conoce todo el mundo. Solo t&uacute; me ofreces la discreci&oacute;n que necesito. Solamente con bailar contigo estoy notando como me voy mojando m&aacute;s a cada momento.<\/p>\n<p>&#8211; Cu&ntilde;adita, sin permiso de tu hermana, yo no puedo ir a m&aacute;s. Habla con ella. Y si nos da permiso, no tengo problema.<\/p>\n<p>&#8211; Sabes que Am&aacute;lia no nos va a dar permiso y en este momento, si me lo pides, nos vamos a un rinc&oacute;n apartado y haces de m&iacute; lo que quieras. F&iacute;jate como me tienes.<\/p>\n<p>&#8211; Lo siento, pero no me pertenezco. No puedo ir a m&aacute;s. Y t&uacute; lo sabes.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Sabes? Eres un cabronazo. Te odio.<\/p>\n<p>&#8211; Yo tambi&eacute;n te quiero, Ana Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>La pieza termin&oacute; y volvimos a juntarnos las parejas. El rostro de mi cu&ntilde;ada era un poema, ten&iacute;a subidos los colores y se mord&iacute;a nerviosamente el labio inferior, al tiempo que las manos las llevaba a la nuca nerviosamente. En este momento, con un leve roce, tendr&iacute;a que sujetarla para que no se fuese al suelo con las convulsiones del orgasmo. En cierto modo hasta me daba algo de pena. Pero ten&iacute;a que escarmentarla para que dejase de calentarme a m&iacute;.<\/p>\n<p>Cuando volvimos a bailar, Am&aacute;lia, que de tonta tiene lo justito, aprovech&oacute; para interpelarme:<\/p>\n<p>&#8211; Alfredo, dime que te ha pasado con mi hermana, y no me digas que no pasa nada, porque entonces la vamos a tener gorda.<\/p>\n<p>&#8211; Realmente no ha pasado casi nada. Algo s&iacute;, que espero me perdones, pero de alguna forma tengo que escarmentarla para que deje de buscarme las vueltas &ndash; Y le cont&eacute; lo que hab&iacute;a pasado en el dormitorio.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y la has dejado as&iacute; sin terminar? &iquest;Y lleva caliente desde que salimos de casa?<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, lo siento. Le he dicho que si quiere que la termine que te pida permiso a ti.<\/p>\n<p>&#8211; Pues puede esperar sentada a que se lo d&eacute;. Le est&aacute; bien empleado. Por falta de avisarla no ha sido. &ndash; Yo me cuid&eacute; muy mucho de decirle lo que hab&iacute;a o&iacute;do esta ma&ntilde;ana en la quinta.<\/p>\n<p>&#8211; Pues ya ves. Ahora ya sabes el por qu&eacute; est&aacute; como est&aacute;. Y como vuelva a insinuarse, le voy a repetir el tratamiento, as&iacute; que date por enterada.<\/p>\n<p>&#8211; No me voy a enfadar por eso. Aunque luego voy a ser yo la que pague las consecuencias, como las hubiese pagado hoy si no tuvi&eacute;semos que venir a la cena &iquest;verdad?.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, entre lo que pas&oacute; con ella, y el tiempo que llevo bailando contigo, algo tendr&aacute;s que hacer para bajarme a m&iacute; la calentura, jejejeje.<\/p>\n<p>&#8211; Pues sigamos bailando, que yo tambi&eacute;n me noto dispuesta &ndash; Dijo bes&aacute;ndome en los labios.<\/p>\n<p>Terminado el baile, en compa&ntilde;&iacute;a de mis dos mujeres, nos dirigimos hacia la casa de Ana Mar&iacute;a para dejarla y seguir camino hacia el apartamento de Am&aacute;lia. Mi cu&ntilde;ada a&uacute;n hace un &uacute;ltimo intento, la pobre va m&aacute;s caliente que el pico de una plancha:<\/p>\n<p>&#8211; La verdad es que despu&eacute;s de c&oacute;mo lo hemos pasado, no me apetece dormir sola en mi casa. Podr&iacute;ais quedaros en mi casa, a dormir, o podr&iacute;a ir yo la vuestra. &iquest;Qu&eacute; os parece?<\/p>\n<p>&#8211; Que va a ser mejor para todos que duermas solita en tu casa, hermanita.<\/p>\n<p>&#8211; Pero que m&aacute;s os dar&aacute;. As&iacute; me hac&eacute;is compa&ntilde;&iacute;a<\/p>\n<p>&#8211; Otro d&iacute;a, Ana. Tengamos la fiesta en paz &ndash; Dice Am&aacute;lia.<\/p>\n<p>Miro por el espejo retrovisor y veo que Ana Mar&iacute;a est&aacute; seria, haciendo pucheros en el asiento posterior de coche.<\/p>\n<p>Cuando llegamos, bajo para acompa&ntilde;arla al portal, y al pedirle la llave para abrirlo, me dice que la acompa&ntilde;e hasta la puerta de su piso. Le aviso a Am&aacute;lia que voy a subir con su hermana y que bajo inmediatamente. Am&aacute;lia me pide que la deje y que baje.<\/p>\n<p>Al llegar a su puerta, abre y hace un &uacute;ltimo intento:<\/p>\n<p>&#8211; Alfredo, por favor te lo pido, term&iacute;name que ya no puedo con la calentura. No te pido que te acuestes conmigo, pero ac&aacute;bame de alguna manera, por favor. Te juro que no vuelvo a excitarte a prop&oacute;sito.<\/p>\n<p>Me da pena que se quede as&iacute;, y decido ayudarla. Espero que haya aprendido la lecci&oacute;n y no vuelva a insinu&aacute;rseme.<\/p>\n<p>Entramos en su piso y arrim&aacute;ndola contra la pared, le bajo la braga hasta medio muslo. La abrazo por la cintura con un brazo, y al tiempo que le doy un beso en la boca, bajo mi mano derecha y la meto entre sus piernas. Est&aacute; completamente mojada por el deseo. A la tercera caricia sobre su sexo comienza a encadenar una serie de orgasmos seguidos, que me obligan a sujetarla por la cintura porque se est&aacute; desmadejando en mis brazos. Me ha durado menos de tres minutos. Cuando saco mi mano, la tengo completamente encharcada de su flujo. Con el pa&ntilde;uelo, me seco la mano y dejo el pa&ntilde;uelo encima del mueble donde acostumbramos a dejar las llaves, est&aacute; completamente pringoso y huele a hembra desde Oporto. D&aacute;ndole un beso en la mejilla, me despido de ella hasta el d&iacute;a siguiente. Cuando me voy, ella a&uacute;n est&aacute; recuper&aacute;ndose de la cadena de orgasmos que le he provocado.<\/p>\n<p>Al entrar en el coche, Am&aacute;lia, me coge la mano derecha y la lleva a su cara, oli&eacute;ndola y pregunt&aacute;ndome a continuaci&oacute;n:<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute; has hecho? Hueles a hembra en celo sin necesidad de acercarme a ti.<\/p>\n<p>&#8211; Lo siento, cari&ntilde;o. Al final me ha dado pena y la he terminado con un par de caricias. La pobre iba tan caliente que ha encadenado una serie de orgasmos casi sin tocarla. Por poco tienes que subir t&uacute; a ayudarme a levantarla del suelo. Ha quedado como un mu&ntilde;eco de trapo. Ha jurado que no va a volver a excitarme. A ver si es verdad.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;No hubo nada m&aacute;s que unas caricias?<\/p>\n<p>&#8211; No, Am&aacute;lia, solo unas caricias. Si hubiese necesitado m&aacute;s sabes que se hubiese quedado con el calent&oacute;n. Pero cre&iacute; que como escarmiento ya era suficiente.<\/p>\n<p>&#8211; Te creo porque s&eacute; lo que te ha hecho pasar. Esperemos que no se repita.<\/p>\n<p>&#8211; Cielo, como me vuelva a jugar una pasada de las suyas, te aviso que le voy a repetir el tratamiento, y entonces se va a quedar con el calent&oacute;n a cuestas.<\/p>\n<p>Ya en el piso de Am&aacute;lia, en el sal&oacute;n, comenzamos a besarnos. Am&aacute;lia se apart&oacute; de m&iacute; y se sac&oacute; la braga sin quitarse el vestido. Al tenerla en la mano la engru&ntilde;&oacute; dici&eacute;ndome:<\/p>\n<p>&#8211; Yo tambi&eacute;n estoy muy caliente. Esta braga est&aacute; para retorcerla. Saber que has estado con mi hermana me ha puesto a m&iacute; en el disparadero. Ahora te toca satisfacerme y no se te ocurra dejarme a medias. &ndash; Esto &uacute;ltimo me lo dice sonriendo.<\/p>\n<p>Entonces, tom&aacute;ndola de la cintura la sub&iacute; en la mesa del comedor, y ah&iacute; mismo comenc&eacute; a hacerle el amor. Supongo que no debi&oacute; tener queja del tratamiento.<\/p>\n<p>Por la ma&ntilde;ana, despert&eacute; con su espalda contra mi pecho, una mano en uno de sus pechos y la otra aprisionada entre sus piernas, cubriendo su sexo. Variaci&oacute;n que no hab&iacute;amos hecho nunca. No s&eacute; en qu&eacute; momento de la noche ni qui&eacute;n de nosotros baj&oacute; mi mano a su entrepierna, pero me gusta la variante.<\/p>\n<p>Durante el acto sexual tuvimos un accidente, m&aacute;s por falta de previsi&oacute;n que por otra cosa, y el vestido que llevaba mi esposa tendr&aacute; que pasar por la lavander&iacute;a.<\/p>\n<p>CONTINUARA. Espero que les haya gustado y aguardo sus comentarios, a favor o en contra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 15<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Lo prometido es deuda, y hay que pagarla. Le he prometido a Marta un risotto de setas para que las pruebe y me encuentro, con su permiso, en la cocina con las manos en los fogones. Cuando he llegado a la quinta, el viernes a primera hora de la tarde, Am&aacute;lia no lo hab&iacute;a hecho [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":12681,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":{"0":"post-19412","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-grandes-relatos"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19412","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/12681"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19412"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19412\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19412"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19412"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19412"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}