{"id":19429,"date":"2018-12-09T23:00:00","date_gmt":"2018-12-09T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-12-09T23:00:00","modified_gmt":"2018-12-09T23:00:00","slug":"19429-noche-de-pasion-en-lisboa-xi-se-hace-camino-al-andar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/19429-noche-de-pasion-en-lisboa-xi-se-hace-camino-al-andar\/","title":{"rendered":"Noche de pasi\u00f3n en Lisboa (XI): Se hace camino al andar"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"19429\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p><em>CAPITULUM hujus Almae Apostolicae et Metropolitanae Ecclesiae Compostellanae sigilli Altaris Beati Jacobi Apostoli custos<\/em>.<\/p>\n<p>As&iacute; reza el comienzo de la bula que tengo en mis manos, y que ante La Cristiandad, me otorga el perd&oacute;n de todos los pecados cometidos por m&iacute; hasta la fecha. La c&eacute;lebre Compostela, que no &ldquo;Compostelana&rdquo; y que es otorgada a todo aquel que peregrine a pie, por motivos religiosos, una distancia m&iacute;nima de 100 Km. contando el final en Santiago de Compostela.<\/p>\n<p>Si levanto los ojos, puedo ver ante m&iacute; el gigantesco incensario de casi la altura de un hombre, y cercano a los 100 Kg. de peso, cuando est&aacute; cargado. Oscilando a lo largo de los brazos de la cruz de la planta de la catedral, a una velocidad pr&oacute;xima a los 70 Km\/h. Levant&aacute;ndose sobre el suelo, al final del ciclo pendular alrededor de 20 m. y coloc&aacute;ndose pr&aacute;cticamente horizontal.<\/p>\n<p>Se trata del famoso Botafumeiro (Echador de humo, literalmente, en gallego), accionado mediante un juego de poleas, por los ocho tiraboleiros. Hombres que, halando cada uno una cuerda, juntas en una maroma central, imprimen la energ&iacute;a necesaria para efectuar el movimiento de p&eacute;ndulo.<\/p>\n<p>A mi lado, flanque&aacute;ndome sin un orden determinado, se encuentran arrodilladas, en actitud de recogimiento despu&eacute;s de tomar Comuni&oacute;n, Am&aacute;lia, Ana Mar&iacute;a, Marta, y sorprendentemente, tambi&eacute;n Paulinha. Las tres mayores se han cubierto la cabeza con un velo, en un anacronismo propio de otra &eacute;poca. Adem&aacute;s se han revisado unas a otras, asegur&aacute;ndose que su vestuario es el correcto para asistir a misa en la catedral. Nada de brazos desnudos ni minifaldas. Estos detalles me llaman la atenci&oacute;n en un principio, pero no puedo dejar de recordar que todas han sido criadas al lado del santuario de F&aacute;tima, y que la devoci&oacute;n mariana no ha dejado de imprimir su huella en ellas.<\/p>\n<p>Aunque por mi edad, yo he sido educado como cat&oacute;lico, confieso que no he seguido muy fielmente los dictados de dicha doctrina. Prueba evidente es mi particular matrimonio con Am&aacute;lia. Sin embargo, siento profundo respeto por las creencias de los dem&aacute;s, sin importarme de qu&eacute; forma o como llaman al dios al que rezan. Siempre y cuando no pretendan obligar a los dem&aacute;s a comportarse como lo hacen ellos.<\/p>\n<p>Mi esposa y mi cu&ntilde;ada han peregrinado para dar gracias por lo que tienen y han vivido. Marta lo hace adem&aacute;s para pedir protecci&oacute;n para su esposo (en el mar y en las trincheras no hay ateos). Paulinha creo que lo ha hecho un poco por fe y un bastante por estar unos d&iacute;as en Espa&ntilde;a y por la aventura de caminar y tener una experiencia diferente. Yo lo he hecho, sin demasiada fe, para acompa&ntilde;ar a las mujeres. Pensando en principio que tampoco me va a dejar ninguna marca o secuela, as&iacute; que &iquest;por qu&eacute; no? Aparte de todo esto, pesa mucho el que me lo haya pedido Am&aacute;lia. Que ya se sabe que si tu mujer se empe&ntilde;a en que saltes por la ventana, pide a Dios vivir en un s&oacute;tano.<\/p>\n<p>Cuando hemos llegado a la Plaza del Obradoiro, coincidimos con cientos de peregrinos venidos de todas partes. Todos tienen la misma expresi&oacute;n. La de haber completado la meta que se han marcado. En el rostro de algunos, adem&aacute;s del cansancio, corren las l&aacute;grimas sin pudor, m&aacute;s por la emoci&oacute;n de lo conseguido que por la fatiga. Nosotros solo hemos caminado cien kil&oacute;metros, pero algunos de los que est&aacute;n aqu&iacute;, han medido a pasos los casi ochocientos que median entre Roncesvalles y esta plaza.<\/p>\n<p>Una vez terminada la Eucarist&iacute;a y cumplidos todos los ritos al uso, tales como visitar la tumba del Ap&oacute;stol, abrazar su efigie y dar los cabezazos en el &ldquo;santo dos croques&rdquo;, salimos por el P&oacute;rtico de la Gloria y bajando las escaleras de la Fachada del Obradoiro, nos dirigimos hacia nuestra derecha hasta el Hostal de los Reyes Cat&oacute;licos, donde tenemos las habitaciones, para dejar las compostelas y salir a visitar la ciudad. Mientras vamos hacia nuestro alojamiento, pienso en el poco tiempo que me ha durado el perd&oacute;n de mis pecados. Am&aacute;lia va de mi brazo y noto perfectamente el peso de uno de sus pechos. Las otras tres mujeres van a la par, delante de nosotros y yo les voy mirando descaradamente el culo. El problema es que me est&aacute; gustando, as&iacute; que estoy pecando de lujuria conscientemente. Menos mal que para m&iacute; las tres son intocables, de otra manera estar&iacute;amos a menos de veinte metros de una org&iacute;a. Todos llevamos al menos tres d&iacute;as sin sexo. Y a no ser que se lo hayan montado entre ellas, Ana Mar&iacute;a, Marta y Paulinha, llevan m&aacute;s.<\/p>\n<p>Como digo, hace tres d&iacute;as est&aacute;bamos en la Pousada de S&atilde;o Teot&oacute;nio, en Valen&ccedil;a do Minho, donde pasamos la noche antes de comenzar el peregrinaje a pie, por el Camino Portugu&eacute;s, cumpliendo as&iacute; el requisito de cumplir al menos cien kil&oacute;metros de andadura. Aprovechando al mismo tiempo, para dejar el coche aparcado con seguridad para tomarlo a la vuelta.<\/p>\n<p>Reservamos dos habitaciones, una de matrimonio para mi esposa y para m&iacute;, y una triple, en la que se alojaron las otras tres mujeres. Desde nuestro dormitorio, saliendo al balc&oacute;n, podemos ver a nuestros pies el adarve de la muralla que rodea la villa fortificada, y un poco m&aacute;s all&aacute;, el descenso, de derecha a izquierda, lento y majestuoso del R&iacute;o Mi&ntilde;o. Y en la orilla derecha, al otro lado de la frontera, la ciudad de Tuy.<\/p>\n<p>Esa noche, despu&eacute;s de cenar, al retirarnos al dormitorio, mientras contemplamos el paisaje adornado por las luces nocturnas, Am&aacute;lia y yo hicimos el amor por &uacute;ltima vez hasta hoy. Estando apoyada con los codos sobre la balaustrada, le desabroch&eacute; la blusa liberando su pecho, y poni&eacute;ndome a su espalda, la acarici&eacute; por debajo del jersey que llevaba puesto, hasta que sus jadeos y suspiros me hicieron saber que ten&iacute;a permiso para ahondar m&aacute;s en mis maniobras. Y all&iacute; mismo, levant&aacute;ndole la falda hasta la cintura, y apartando la braga, la hice m&iacute;a desde atr&aacute;s, culminando uno de los coitos m&aacute;s rom&aacute;nticos que hab&iacute;amos tenido ambos.<\/p>\n<p>Por la ma&ntilde;ana temprano, vestidos para caminar comenzamos nuestra ruta. La primera etapa, de aproximadamente treinta kil&oacute;metros nos llevar&iacute;a hasta la villa de Redondela, en donde, a partir de ahora, y hasta nuestra llegada a Santiago de Compostela, dormir&iacute;amos en los albergues del peregrino.<\/p>\n<p>Salimos de Portugal cruzando el viejo Puente Internacional, entrando en Espa&ntilde;a por la antigua aduana y cruzando la ciudad salimos a campo abierto. Aproximadamente a quince kil&oacute;metros encontramos el pueblo de O Porri&ntilde;o, lugar de nacimiento del arquitecto D. Antonio Palacios, contempor&aacute;neo de Gaud&iacute;. Dise&ntilde;ador entre otros, del Palacio de Comunicaciones de Madrid, sede del ayuntamiento de dicha villa, y cuya efigie sedente en bronce se encuentra a las puertas del ayuntamiento de este pueblo, el cual es tambi&eacute;n obra suya. Una vez cruzado el pueblo, volvemos a caminar entre montes hasta llegar a la citada villa de Redondela, donde haremos noche.<\/p>\n<p>La segunda etapa la cubrimos entre Redondela y Caldas de Reis, cruzando la ciudad de Pontevedra y pasando al lado de la bas&iacute;lica de la Virgen Peregrina, un coqueto templo barroco que tiene la curiosidad de que su planta no es en cruz, sino que tiene forma de concha de vieira.<\/p>\n<p>La tercera etapa nos trajo directos a Santiago, donde nos alojamos en el Parador Nacional, con la misma configuraci&oacute;n de habitaciones que en Portugal. Despu&eacute;s de caminar ciento dos kil&oacute;metros en tres d&iacute;as, ca&iacute;mos rendidos en nuestras camas, hasta levantarnos esta ma&ntilde;ana para ir a la Oficina del Peregrino y o&iacute;r misa en la catedral.<\/p>\n<p>Una vez libres de impedimentos, salimos de la Plaza del Obradoiro por la Rua do Franco, y entramos en el Pazo de Fonseca, antigua sede de la universidad y que hoy alberga la biblioteca universitaria. En el claustro coincidimos con un peregrino que conocimos hace un par de d&iacute;as y con el que entablamos una suerte de complicidad, basada en principio en que todos est&aacute;bamos haciendo el Camino.<\/p>\n<p>Se trata de un muchacho de unos treinta a&ntilde;os, mulato brasile&ntilde;o, bastante apuesto y de trato educado y agradable. Lleva escalando posiciones desde que le conocimos. Comenz&oacute; intentando pegar la hebra con Paulinha, pero ella, sin muchos miramientos, pero con tacto, se lo quit&oacute; de encima enseguida. La siguiente etapa fue Marta, que le dej&oacute; rondarla un poco m&aacute;s, pero tampoco le dej&oacute; rematar la faena. Entonces prob&oacute; suerte con Ana Mar&iacute;a, y parece ser que a ella s&iacute; le hizo til&iacute;n. La cosa no lleg&oacute; a m&aacute;s porque la intimidad de dormir en literas en los albergues no permit&iacute;a escarceos, pero hoy, no s&eacute; por qu&eacute;, me da la impresi&oacute;n de que &eacute;ste se lleva el gato al agua.<\/p>\n<p>Durante la visita, poco a poco vamos formando dos grupos diferenciados. Por un lado, Ana Mar&iacute;a y el muchacho, y por otro, el resto de las mujeres y yo. Cuando terminamos de recorrer el Pazo, al salir, nos sentamos todos juntos a tomar una copa en una terraza de la Plaza de Fonseca. Momento que aprovecha Ana Mar&iacute;a para hablar con Am&aacute;lia en privado.<\/p>\n<p>Am&aacute;lia me lleva aparte y ruboriz&aacute;ndose me dice:<\/p>\n<p>&#8211; Alfredo, &iquest;podr&iacute;as buscar una farmacia y comprar preservativos?<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute;? &iquest;A estas alturas, preservativos?<\/p>\n<p>&#8211; No me hagas repetirlo, no seas cabrito. No son para nosotros. Mi hermana me ha pedido que se los compres t&uacute;, que a ella le da verg&uuml;enza. Nunca los ha comprado y no se arriesga a tener relaciones con un desconocido sin protecci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Dile a tu hermana que le pregunte al muchacho qu&eacute; n&uacute;mero calza, no vaya a ser que se los compre estrechos &ndash; Digo yo, regode&aacute;ndome con la situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Dice que si fuese contigo, que t&uacute; ya sabes que no los necesitar&iacute;a &ndash; Me devuelve ella la pulla.<\/p>\n<p>&#8211; Alguien tendr&aacute; que pagar esto, querida. Y no me refiero al importe de los condones, que a eso invito yo.<\/p>\n<p>&#8211; T&uacute; tr&aacute;elos y ya hablaremos del pago. No creo que tengas queja hasta la fecha.<\/p>\n<p>Antes de que la broma pase a cabreo me voy a cumplir con el encargo, mientras mi mujer habla aparte con su hermana. Cuando vuelvo, llamo a mi cu&ntilde;ada y con disimulo le hago entrega de la cajita. Entonces, Ana Mar&iacute;a me pone las manos en los hombros y al tiempo que me da las gracias, me besa en la mejilla y me da un refregado de tetas, cargando la suerte y tom&aacute;ndose su tiempo &ndash; La madre que la pari&oacute;, ya estamos otra vez. Cuando veo hacia mi esposa, &eacute;sta baja los ojos hacia su regazo y se parte de risa. Vaya pareja de arp&iacute;as. Le ha contado lo de la talla y le ha dado permiso para que me encienda.<\/p>\n<p>Ana Mar&iacute;a nos dice que no la esperemos en toda la tarde, que nos veremos en el comedor del parador a la hora de la cena, y se va hacia la habitaci&oacute;n enlazada del brazo del muchacho.<\/p>\n<p>Al ir a sentarme al lado de mi mujer, me pongo a su espalda, y mientras le mordisqueo la nuca, aprovecho para acariciarla la parte inferior de un pecho disimuladamente, por encima de la blusa. Desde donde estoy, veo como inmediatamente los pezones se le erizan, empujando la blusa hacia afuera, haci&eacute;ndose escandalosamente notorios. Am&aacute;lia, dando un respingo, cruza los brazos a toda velocidad por delante de su pecho, tratando de tapar la evidente erecci&oacute;n, mientras sus mejillas adquieren el color de las amapolas. Ahora, el que se parte de risa, soy yo.<\/p>\n<p>Observo a mis otras dos mujeres, y mientras que Paulinha vive feliz en su propia burbuja espacio temporal, encantada de todo lo que est&aacute; viviendo estos d&iacute;as, probablemente pensando en todas las cosas que va a contar que ha visto y vivido, Marta observa melanc&oacute;licamente como se aleja la pareja formada por mi cu&ntilde;ada y el brasile&ntilde;o, jugando con las puntas de su pelo y mordi&eacute;ndose inconscientemente el labio inferior. Qu&eacute; l&aacute;stima no poder ayudarla. Es una buena mujer. Y adem&aacute;s, muy guapa.<\/p>\n<p>Durante toda la tarde, paseamos la zona vieja de Santiago, terminando en la Plaza de Plater&iacute;as y all&iacute;, en los comercios de orfebrer&iacute;a situados bajo el claustro de la catedral, compro una pulsera en forma de torque de plata con las cabezas rematadas por una bola de azabache y en cada una rosa de &aacute;mbar tallado, para que Am&aacute;lia tenga un recuerdo de este viaje. Para Paulinha y Marta, un par de pendientes de filigrana dorada y para mi cu&ntilde;ada, un collar con cuentas alternadas en azabache y &aacute;mbar. Las mujeres se juntan y me regalan un par de gemelos de plata con una lasca de azabache, en la cual mandan grabar un monograma con mis iniciales entrelazadas, y que recogeremos al d&iacute;a siguiente, antes de nuestra partida.<\/p>\n<p>En un incompresible impulso, compro para Paulinha una figa (higa), amuleto en forma de pu&ntilde;o cerrado con el pulgar atrapado entre los dedos &iacute;ndice y coraz&oacute;n. Realizada en azabache y con un engarce de plata con forma de lazo de filigrana, apropiado para portarlo en el pecho a modo de broche. Al entreg&aacute;rselo le digo que es una pieza tradicional que las abuelas pon&iacute;an sobre el pecho de los beb&eacute;s, para espantar el mal de ojo. No me pod&iacute;a imaginar que ver&iacute;a aquella joya colgada del jub&oacute;n de una ni&ntilde;a de pecho, antes de lo que yo pensaba.<\/p>\n<p>De vuelta en nuestras habitaciones, antes de la hora de la cena, me apetece tomarme un ba&ntilde;o caliente y llenando la ba&ntilde;era, me pongo a remojo, recost&aacute;ndome y cerrando los ojos para relajarme de la tensi&oacute;n de estos d&iacute;as.<\/p>\n<p>Oigo llamar a la puerta y escucho a mi esposa hablando con otra mujer mientras entran ambas en el dormitorio. Cuando se sientan en un sof&aacute; que linda con la pared del ba&ntilde;o, probablemente a causa de alguna fisura en el muro oculta a la vista, oigo perfectamente que se trata de Ana Mar&iacute;a, que conversa con su hermana. Desde la ba&ntilde;era escucho con toda claridad lo que est&aacute;n hablando, tal y como si estuviese sentado a su lado.<\/p>\n<p>&#8211; Si&eacute;ntate y dime qu&eacute; tal te ha ido con el mulato. &iquest;Se ha marchado ya?<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, ya nos hemos despedido. Y la tarde ha sido maravillosa. Ya ten&iacute;a ganas de algo as&iacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Me alegro por ti, hermanita. A ver si as&iacute; dejas por una temporada de calentar a Alfredo, que me lo tienes loco. Por cierto, lo de esta tarde, el permiso era solo para una refriega. Que te quede claro. Y si&eacute;ntate bien, que me tienes nerviosa con esa postura.<\/p>\n<p>&#8211; Tranquila, que por una temporada al menos, dejar&eacute; tranquilo a Alfredo. Lo de sentarme bien va a ser otro cantar.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y eso?<\/p>\n<p>&#8211; Te lo cuento, pero no puede salir de aqu&iacute; nada de lo que te cuente. Y sobre todo, ni palabra a Alfredo. Prom&eacute;temelo.<\/p>\n<p>&#8211; Vale, prometido. Ahora cu&eacute;ntame qu&eacute; has hecho con el mulato.<\/p>\n<p>&#8211; Cuando entramos en la habitaci&oacute;n, ya tra&iacute;amos una calentura importante. Nos desnudamos uno al otro como si no hubiese tiempo para m&aacute;s. Cuando estuvo desnudo, me encontr&eacute; con un miembro de este tama&ntilde;o, no te exagero nada &ndash; Supongo que aqu&iacute; le estar&iacute;a mostrando con las manos separadas el tama&ntilde;o del badajo del mulato.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Tan grande? &iquest;Y pudiste con todo eso dentro?<\/p>\n<p>&#8211; Pude m&aacute;s de lo que t&uacute; te crees, hermana. Al verlo, me arrodill&eacute; delante de &eacute;l y me lo met&iacute; en la boca hasta donde pude, que no fue mucho. Deb&iacute;a venir muy necesitado, porque al poco tiempo se vino en mi garganta sin darme tiempo a retirarme, con tal abundancia, que esta noche no creo que me apetezca sopa de primer plato. A pesar de la eyaculaci&oacute;n, no perdi&oacute; casi nada de la erecci&oacute;n y me llev&oacute; a la cama, poni&eacute;ndome encima, a cuatro patas. A m&iacute;, la humedad ya me chorreaba por los muslos, pero &eacute;l se dedic&oacute; a trabajarme el cl&iacute;toris y los labios con su lengua. Cuando le pareci&oacute; que ya estaba bien lubricada para su gusto, me penetr&oacute; de un viaje y comenz&oacute; a darme desde atr&aacute;s alternando el ritmo lento y cari&ntilde;oso, con otro m&aacute;s vigoroso y salvaje, al tiempo que me apretaba las tetas y me tiraba de los pezones. En esa posici&oacute;n tuve al menos tres orgasmos seguidos. Yo cre&iacute; que ya no podr&iacute;a ocurrir mucho m&aacute;s, pero entonces, mientras me penetraba con esa monstruosidad, empez&oacute; a meterme de uno en uno, hasta tres dedos juntos en el culo. Cada vez que sumaba un dedo, yo ten&iacute;a un orgasmo explosivo. De improviso, sac&oacute; los tres dedos y cambiando de agujero, me empuj&oacute; todo su miembro dentro de una tacada. Estuvo sodomiz&aacute;ndome un buen rato, y mientras dur&oacute;, yo fu&iacute; encadenando orgasmo tras orgasmo, hasta que &eacute;l termin&oacute; en mi interior. Cuando se despidi&oacute; de m&iacute;, qued&eacute; desmadejada sobre la cama recuper&aacute;ndome de la sesi&oacute;n tan brutal de sexo que acababa de tener. Yo nunca lo hab&iacute;a hecho analmente. Estoy satisfecha, pero me ha roto el culo y me cuesta sentarme. &ndash; Dulce es la venganza aunque sea por mano interpuesta, pienso yo.<\/p>\n<p>Durante la cena cada una de las mujeres tiene un comportamiento distinto. Marta y Paulinha no dejan de observar con extra&ntilde;eza que les sirvan el plato ya preparado, pues en los restaurantes en Portugal lo que viene a la mesa son fuentes con la comida, sirvi&eacute;ndose cada comensal de lo que le apetece, aunque no sea de lo que ha pedido. Am&aacute;lia tiene una actitud enso&ntilde;adora, me gustar&iacute;a saber qu&eacute; est&aacute; pensando. Ana Mar&iacute;a tiene puesta &ldquo;la sonrisa&rdquo;. Le han arrugado las s&aacute;banas a gusto debajo de la espalda. Pero no es capaz de mantenerse en la misma postura por m&aacute;s de un par de minutos. Ya no me aguanto m&aacute;s, y sabiendo lo que le ocurre, le pregunto:<\/p>\n<p>&#8211; Ana Mar&iacute;a &iquest;te encuentras bien? No paras quieta en la silla.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Eh? Nooo, no. Es que probablemente de tanto andar creo que me he rozado entre los muslos y los tengo irritados. Nada grave en todo caso.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Seguro que es de andar? El homenaje que te has dado esta tarde no tendr&aacute; nada que ver &iquest;verdad? &ndash; Y le sonr&iacute;o haciendo ver que estoy de broma.<\/p>\n<p>&#8211; No, no. A veces tienes unas cosas, cu&ntilde;ado. &ndash; Y se le suben los colores mientras dice eso.<\/p>\n<p>Terminamos de cenar, y despu&eacute;s de salir a dar una &uacute;ltima vuelta y tomar unas copas en una cafeter&iacute;a, volvemos y nos acostamos hasta el d&iacute;a siguiente, en que tomaremos un taxi que nos llevar&aacute; de vuelta a Valen&ccedil;a do Minho.<\/p>\n<p>Esa noche, alguien tuvo que pagar por el favor de los preservativos y el refregado de tetas que me hab&iacute;a dado Ana Mar&iacute;a. Quien pag&oacute; lo hizo de lindo gusto, abonando el pago hasta cinco veces, d&aacute;ndole yo el cambio, en dos.<\/p>\n<p>Por la ma&ntilde;ana, y fieles a nuestra costumbre, despertamos abrazados, mi pecho contra su espalda y una de mis manos en su pecho, mientras la otra permanec&iacute;a aprisionada entre sus muslos, cubriendo su sexo, en la variante que hab&iacute;amos instaurado &uacute;ltimamente.<\/p>\n<p>CONTINUARA.<\/p>\n<p>Espero sus comentarios, tanto a favor como en contra. Son todos bien recibidos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>CAPITULUM hujus Almae Apostolicae et Metropolitanae Ecclesiae Compostellanae sigilli Altaris Beati Jacobi Apostoli custos. As&iacute; reza el comienzo de la bula que tengo en mis manos, y que ante La Cristiandad, me otorga el perd&oacute;n de todos los pecados cometidos por m&iacute; hasta la fecha. La c&eacute;lebre Compostela, que no &ldquo;Compostelana&rdquo; y que es otorgada [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":12681,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":{"0":"post-19429","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-grandes-relatos"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19429","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/12681"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19429"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19429\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19429"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19429"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19429"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}