{"id":19449,"date":"2018-12-11T23:00:00","date_gmt":"2018-12-11T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-12-11T23:00:00","modified_gmt":"2018-12-11T23:00:00","slug":"19449-noche-de-pasion-en-lisboa-xii-duelo-en-ok-corral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/19449-noche-de-pasion-en-lisboa-xii-duelo-en-ok-corral\/","title":{"rendered":"Noche de pasi\u00f3n en Lisboa (XII): Duelo en OK Corral"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"19449\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 14<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Lentamente, pero con energ&iacute;a, voy agitando la cazuela de barro. La salsa ha de quedar emulsionada pero sin burbujas, demostrando que no se ha utilizado el artificio &#39;del colador&#39;&nbsp;y con la consistencia de una mayonesa suave. El bacalao ha de quedar separado en lascas, pero sin deshacerse la tajada. A mi lado, repitiendo mis gestos, un cocinero me ayuda a preparar las sesenta raciones de degustaci&oacute;n que he de presentar. Frente a m&iacute;, ayudada por otro cocinero, Marta prepara otras tantas raciones de degustaci&oacute;n. Las m&iacute;as son de Bacalao al pilpil, las suyas de Bacalhau com natas. Es un duelo a muerte entre ambos y las apuestas han sido muy altas. Cincuenta personas van a juzgar cu&aacute;l de las dos es la mejor receta para la preparaci&oacute;n de bacalao.<\/p>\n<p>Todo comenz&oacute; hace un par de semanas, durante la cena. Marta hab&iacute;a preparado Bacalhau &agrave; Narcisa, una de las mejores recetas portuguesas de bacalao. Ante los elogios por la cena, Marta se fue creciendo con la ayuda de las otras tres mujeres, y empezaron a presumir de que en Portugal podr&iacute;an poner a la mesa una receta diferente cada d&iacute;a, sin repetirse, durante m&aacute;s de un a&ntilde;o, y que no hab&iacute;a ning&uacute;n pa&iacute;s que pudiese competir en bondad contra ellos. Ah&iacute; se me calent&oacute; a m&iacute; la boca y asegur&eacute; que la mejor receta del mundo, sin asomo de dudas, es la del bacalao al pilpil. Salieron a relucir las pistolas y me vi yo solo frente a las cuatro fieras que compart&iacute;an mesa conmigo. Entonces Am&aacute;lia dijo que era hablar por hablar ya que no hab&iacute;a forma de dilucidar cu&aacute;l era la mejor preparaci&oacute;n, a lo que Ana Mar&iacute;a contest&oacute; que se podr&iacute;a hacer un concurso y dar por bueno, al menos a nivel de la quinta, el resultado del mismo.<\/p>\n<p>Para que el fallo fuese lo m&aacute;s justo posible invitar&iacute;amos a todo el personal de la quinta a una cena de confraternidad, aprovechando que se acercaba el final del a&ntilde;o. Antes de la cena se proceder&iacute;a a la degustaci&oacute;n de ambas recetas y un jurado votar&iacute;a cual era la mejor a su criterio. Marta y yo estuvimos de acuerdo en batirnos en duelo y ante la bravuconada de que yo no ten&iacute;a ninguna oportunidad, salt&aacute;ndome mis reglas (nunca apuesto) le di a Marta la ventaja de escoger su receta y propuse que nos apost&aacute;semos algo.<\/p>\n<p>Las cuatro arp&iacute;as que tengo en casa se confabularon y me propusieron que si yo perd&iacute;a, ten&iacute;a que invitarlas a cenar en el restaurante de Lisboa que ellas escogiesen, sin atenerse a presupuesto. No hablaron en ning&uacute;n momento de que yo ganase. Por lo que pregunt&eacute;:<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y si gano yo?<\/p>\n<p>&mdash;Escoge el premio &ndash;me dijo Am&aacute;lia con suficiencia, al tiempo que las otras tres asent&iacute;an.<\/p>\n<p>En ese momento, ya con la caldera a punto de explotar, sub&iacute; la apuesta a lo m&aacute;s duro que se me ocurri&oacute;, en la creencia de que se echar&iacute;an atr&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Si yo gano, ten&eacute;is que cenar las cuatro conmigo, aqu&iacute; en casa, completamente desnudas, y yo puedo ver y tocar todo lo que me apetezca.<\/p>\n<p>Al o&iacute;r mi propuesta plegaron velas un tanto. Yo aprovech&eacute; y cargu&eacute; las tintas para que acabaran de achantarse:<\/p>\n<p>&mdash;Y adem&aacute;s, para que el jurado no se vea influido por la apuesta, los t&eacute;rminos de la misma no pueden salir de aqu&iacute; &ndash;dije, dirigi&eacute;ndome en particular a Marta.<\/p>\n<p>Para mi sorpresa, no bien acab&eacute; de decir lo anterior, Marta poni&eacute;ndose en pie, me ofreci&oacute; la mano extendida y me contest&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;Por mi parte, acepto la apuesta.<\/p>\n<p>Aceptaci&oacute;n que fue seguida por el inmediato asentimiento de las otras tres mujeres. En ese momento deber&iacute;a haberme dado cuenta de que en algo me hab&iacute;a equivocado, pero ni se me ocurri&oacute; que me fuesen a correr la mano. Contra mujeres no se puede apostar. El caso es que despu&eacute;s de dos semanas de preparativos, ahora estamos bati&eacute;ndonos a cara de perro, y ninguno de los dos estamos dispuestos a dar el brazo a torcer.<\/p>\n<p>Al escoger el jurado, han incluido mujeres y hombres a partes iguales, y como presidente del jurado, con voto de calidad, ha sido nombrada la mujer que por mayor&iacute;a han considerado la mejor cocinera de las que aqu&iacute; se encuentran. En el caso de producirse un empate, ella lo deshar&aacute; con su voto. Por la paridad del jurado ha quedado conformado por cincuenta personas, veinticinco de cada sexo.<\/p>\n<p>Servimos las sesenta raciones para que todo el mundo las pruebe, y los componentes del jurado, despu&eacute;s de la degustaci&oacute;n, proceden a depositar en una caja que hemos preparado,&nbsp; a fin de mantener el secreto de voto, el papel con el nombre de la receta que consideran mejor.<\/p>\n<p>Por el apretado tanteo de cuarenta y ocho a dos, el bacalao al pilpil es nombrado la segunda mejor receta del mundo.<\/p>\n<p>No lo entiendo. Mientras estaban probando, se me ha acercado mucha gente dici&eacute;ndome que &ldquo;el bacalao con nata espa&ntilde;ol&rdquo; estaba espectacular. Tengo la certeza de que uno de los votos a mi favor es el de Am&aacute;lia. Ya que yo he votado la receta de Marta, el otro voto no tengo ni idea de qui&eacute;n puede ser, espero que sea de Ana Mar&iacute;a. Al menos me quedar&iacute;a el consuelo de tener de mi parte a la familia.<\/p>\n<p>Mi mujer, viendo la cara de tonto que se me ha quedado, se me acerca y me da un beso en la mejilla, al tiempo que sin decir palabra, con una mano me palmea por dos veces el pecho y me deja solo, rumiando la derrota.<\/p>\n<p>Enciendo un cigarrillo y me aparto pensado en lo que ha ocurrido y en ese momento se me acerca Marta, que me pide fuego, sent&aacute;ndose aparte conmigo para charlar.<\/p>\n<p>&mdash;No se amargue, Dom Alfredo. No ten&iacute;a ninguna oportunidad de ganar. Yo podr&iacute;a haber cocinado pollo y usted perder&iacute;a igual. Estaba en juego nuestra honra.<\/p>\n<p>&mdash;Marta, los t&eacute;rminos de la apuesta especificaban claramente que el jurado no pod&iacute;a saber nada.<\/p>\n<p>&mdash;Dom Alfredo, no ha entendido usted nada. Al silenciar los t&eacute;rminos usted mismo ha cavado su propia tumba. Ha convertido el duelo entre usted y yo en un duelo Espa&ntilde;a &ndash; Portugal. Ning&uacute;n portugu&eacute;s va a votar una receta de bacalao como mejor que la nuestra. Si se hubiesen sabido los t&eacute;rminos de la apuesta, solamente por re&iacute;rse a nuestra costa, el tanteo hubiese sido m&aacute;s parejo. E incluso puede que ganase usted. La honra que estaba en juego no era la de las cuatro mujeres, si no la de Portugal. Por cierto, muchas gracias por su voto. Sab&iacute;a que usted no se auto-votar&iacute;a. Yo tambi&eacute;n vot&eacute; su receta. Como portuguesa no puedo dec&iacute;rselo, pero como cocinera he de admitir que la receta espa&ntilde;ola es un espect&aacute;culo. Espero que me ense&ntilde;e a prepararla.<\/p>\n<p>&mdash;Pues claro que s&iacute;, Marta. Ser&aacute; un placer. Ahora ya s&eacute; de qui&eacute;n son los dos votos, ya que el otro, indudablemente, es el de t&iacute;a Am&aacute;lia.<\/p>\n<p>&mdash;Ay patr&oacute;n, patr&oacute;n&hellip; que f&aacute;cil es entramparlo. &iquest;Sabe por qu&eacute; s&eacute; que usted no se vot&oacute; a s&iacute; mismo? Porque yo s&eacute; de qui&eacute;n es el otro voto.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No es el de mi esposa?<\/p>\n<p>&mdash;El otro voto es el de su nietecita &ndash;Rayos, tengo al enemigo en casa. He de tramar alguna venganza, pero hasta en eso Am&aacute;lia es mucho mejor que yo.<\/p>\n<p>Me da envidia el sentimiento de pa&iacute;s que tienen los portugueses. Aunque la verdad es que hist&oacute;ricamente nosotros, cuando ha venido una amenaza exterior, tambi&eacute;n hemos dejado de acuchillarnos mutuamente y nos hemos unido para darle en el morro al extranjero.<\/p>\n<p>En fin, no me queda m&aacute;s que asumir la derrota, aunque la justa no haya sido muy limpia, y prepararme para llevar a cenar a las cuatro mujeres que conforman mi familia. Veremos que restaurante escogen y qu&eacute; me depara el destino.<\/p>\n<p>Ha pasado una semana desde el duelo y nos dirigimos en mi coche hacia el restaurante. Am&aacute;lia va a mi lado, en el asiento del acompa&ntilde;ante, indic&aacute;ndome el trayecto, ya que ella conoce mucho mejor que yo Lisboa. Detr&aacute;s van las otras tres mujeres. Todas van como gallinas, alborotadas e inquietas por la excitaci&oacute;n de haberme ganado la cena.<\/p>\n<p>Esta tarde las he acompa&ntilde;ado de compras y a la peluquer&iacute;a. Han querido ponerse guapas (c&oacute;mo si no lo fuesen suficientemente), para adornarme a la mesa (son palabras de Am&aacute;lia, no m&iacute;as, que conste). Al dejarlas en la peluquer&iacute;a, he preguntado qu&eacute; servicios hab&iacute;an contratado, y para demostrar se&ntilde;or&iacute;o en la derrota, me he hecho cargo de la cuenta de las cuatro mujeres. La tarjeta de cr&eacute;dito, al introducirla en la maquinita de cobro era de color azul. Sali&oacute; del color rojo que incorporan las banderas de Espa&ntilde;a y Portugal. Menudo clavo fino.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de la sesi&oacute;n de peluquer&iacute;a, las dej&eacute; en unos grandes almacenes espa&ntilde;oles y me disculparon de esperarlas, ya que necesitaban tiempo para comprar vestidos, sobre todo para Marta y Paulinha. Por lo tanto, las dej&eacute; solas y tras pasear por Lisboa un rato, me fui a casa a esperarlas.<\/p>\n<p>Cuando estuvieron preparadas para salir di por bueno lo que me hab&iacute;a costado la sesi&oacute;n de est&eacute;tica.<\/p>\n<p>Mi mujer llevaba la misma ropa que se puso en nuestra primera cena. Incluso iba peinada con el mismo mo&ntilde;o italiano. Ana Mar&iacute;a llevaba un traje negro con pantal&oacute;n de pernera ancha y la cintura alta, casi debajo del pecho. La levita hasta la altura de la rodilla, y sin solapas, cerraba a hueso por delante, asegurando el cierre un &uacute;nico alamar a la altura de la cintura del pantal&oacute;n. Completaba el conjunto una blusa transparente de color gris con peque&ntilde;os lunares blancos. Su corte de pelo asim&eacute;trico era una escultura en s&iacute; mismo, por lo que no necesit&oacute; de peinados especiales. Marta estaba irreconocible: Llevaba un vestido negro, liso y entallado, de manga tres cuartos con abertura en las bocamangas, con escote barco desde hombro a hombro y largo hasta la rodilla. Le hab&iacute;an recogido la melena por los lados de la cara, cayendo por detr&aacute;s en una cascada de rizos. Todas llevaban zapatos de tac&oacute;n de aguja y en la mano bolsos planos tipo cartera.<\/p>\n<p>Paulinha merece una descripci&oacute;n aparte. Cuando la vi, mi primer impulso fue ir corriendo al sal&oacute;n de est&eacute;tica y que me devolviesen a mi nieta, o que me dijesen en donde la ten&iacute;an secuestrada contra su voluntad. No hab&iacute;a rastro de la muchacha fresca e inquieta que yo conoc&iacute;a. Ante m&iacute; se encontraba una mujer elegante, sofisticada y segura de s&iacute; misma, que no ten&iacute;a nada que ver con la Paulinha a la que yo estaba acostumbrado. El h&aacute;bito no hace al monje, pero en este caso parece que el vestuario ha ejercido un influjo importante sobre la manera de moverse y comportarse la muchacha.<\/p>\n<p>En la peluquer&iacute;a le han trenzado su corta melena en una trenza de ra&iacute;z, partiendo desde la nuca hasta la frente, escondi&eacute;ndole el pelo conforme fueron trenzando. El resultado es una cabeza totalmente despejada rematada al medio con una espiga de cabello. El maquillaje que le han aplicado pr&aacute;cticamente no se nota. La sombra de ojos y el l&aacute;piz de labios solamente son un poco m&aacute;s oscuros que su tono natural. Su apariencia es la de una mujer unos a&ntilde;os mayor que los que en realidad tiene, pero no queda en absoluto desmerecida. Al contrario.<\/p>\n<p>Sin la menor duda, el vestido se lo han escogido las otras mujeres, o al menos han tenido mucho que ver en la elecci&oacute;n. Es un vestido vaporoso, de organza satinada, color verde pastel, con la falda un par de dedos por encima de las rodillas. El busto, sin mangas, cubre el frente completamente, sin escote, cerr&aacute;ndose en torno a su garganta con un cuello de caja y dejando completamente desnuda la espalda. Su joven pecho indudablemente queda sujeto y protegido por alg&uacute;n artificio adhesivo e invisible, ya que el corte de la prenda no le permite el uso de sost&eacute;n. Am&aacute;lia le ha prestado como complemento el chal de lana de alpaca color marfil que le regal&eacute; por su cumplea&ntilde;os. Calza unos zapatos de tac&oacute;n de aguja, de charol color blanco, y que su juventud le permite que sean un par de cent&iacute;metros m&aacute;s altos que los de sus compa&ntilde;eras. El resultado es que es la m&aacute;s alta de las cuatro mujeres. Completa el conjunto con un bolsito &ldquo;clucht&rdquo;, forrado en raso blanco, tan diminuto que, aparte del m&oacute;vil, posiblemente solamente tenga capacidad para un l&aacute;piz de labios. En la mu&ntilde;eca derecha lleva una esclava de oro con su nombre grabado, de la que intuyo que parte de su valor, si no la totalidad, tiene algo que ver con setas y con un &ldquo;no muy novio&rdquo; que se ha echado.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de dar una vuelta sobre s&iacute; misma, sonriendo, que provoca que la falda se acampane y me permita ver un poco m&aacute;s de sus piernas, entreg&aacute;ndome su m&oacute;vil me pide que le saque una fotograf&iacute;a para tener un recuerdo de esta noche. Al terminar de explicarme c&oacute;mo funciona la c&aacute;mara en su m&oacute;vil, le hago tres fotos: Una de cuerpo entero, otra en plano americano y por &uacute;ltimo un retrato en escorzo. Nada m&aacute;s devolverle el tel&eacute;fono, comienza a teclear sobre la aplicaci&oacute;n de conversaciones. No necesito saber con qui&eacute;n est&aacute; hablando, pero s&eacute; que en unos segundos, una de esas tres fotograf&iacute;as pasar&aacute; a ser el fondo de pantalla del tel&eacute;fono de alguien a quien he ofendido de palabra no hace mucho tiempo.<\/p>\n<p>Ya en el restaurante, nos recibe un ma&icirc;tre, empaquetado en un traje negro de una estrechez imposible. Al ver las perneras del pantal&oacute;n y como se le marcan los gemelos, soy incapaz de comprender como ha conseguido pasar los pies a trav&eacute;s de ellas. Camisa negra y corbata del mismo color, en ese estilo moderno denominado &ldquo;all black&rdquo;, que a falta de otras ventajas, tiene la de que no te rompes la cabeza escogiendo como combinar el color de la ropa. Sobre la cara, una barba, tan recortada que m&aacute;s parece una carrera de hormigas. Hay un momento en el que empiezo a dudar que no se la haya pintado con un bol&iacute;grafo, de tan estrecha que es. Para rematar el conjunto, lleva un peque&ntilde;o rodete de pelo en lo alto de la cabeza, recogiendo la melena en un mo&ntilde;o. Sin ver m&aacute;s del local, ya s&eacute; qu&eacute; tipo de cena nos espera. En mi pecho, oigo como la tarjeta con la que he pagado el centro de est&eacute;tica se cachondea a carcajadas de su compa&ntilde;era, la que va a hacerse cargo de la cuenta del restaurante.<\/p>\n<p>Nos conducen a la mesa, y Am&aacute;lia se coloca tras la silla que queda a la derecha de la cabecera, y a continuaci&oacute;n se coloca Paulinha. A mi izquierda, se sentar&aacute;n las otras dos mujeres. Mientras le aparto la silla a mi esposa, y el ma&icirc;tre hace lo propio con Ana Mar&iacute;a, Paulinha espera en pie a que le retire la silla para sentarse. Indudablemente, no solo en el vestuario ha sido hoy aleccionada por las otras mujeres. Durante el tiempo en que le aparto la silla, no puedo dejar de observar las miradas que nos dirigen el resto de los comensales que est&aacute;n en la sala. Los hombres no pueden dejar de admirar la colecci&oacute;n de se&ntilde;oras que se sientan a mi mesa. Ni escogidas en un cat&aacute;logo se encontrar&iacute;an mejores ejemplares. Las mujeres me miran a m&iacute;, y me parece que est&aacute;n calculando el volumen de mi billetera, pues aunque no soy una piltrafa, cuatro mujeres de este calibre no se juntan para acompa&ntilde;ar a un hombre de mi edad, as&iacute; por las buenas.<\/p>\n<p>Ya todos sentados a la mesa, me traen la carta de vinos. Por los precios, todas las botellas deben ser de la misma cosecha con la que No&eacute; se tom&oacute; la primera borrachera de la que hay constancia escrita.<\/p>\n<p>Al parecer, al reservar el restaurante, mis mujeres ya han ordenado un men&uacute; de degustaci&oacute;n. Cuando nos sirven el primer plato, el camarero me lo coloca delante haci&eacute;ndolo por mi derecha. Empezamos mal. El ma&icirc;tre comienza a describirnos los ingredientes y la preparaci&oacute;n del plato. Al terminar, entre tanta esferificaci&oacute;n, espumas, aires y gelatinas, no recuerdo cual es el presunto ingrediente principal del plato. Durante la cena, las mujeres no dejan de elogiar lo bonitos que est&aacute;n los platos y el sabor delicado de los mismos. Sin embargo hay algo en la cara de Marta que me dice que ella no est&aacute; totalmente de acuerdo.<\/p>\n<p>Cuando terminamos los postres, solicito que me traigan la cuenta. Al leerla, tengo el convencimiento de que en alg&uacute;n sitio tienen un lector del l&iacute;mite de pago diario de las tarjetas. Una vez hecho efectivo el importe de la cena, no me queda dinero ni para un cortado. Al devolverme la tarjeta, &eacute;sta viene saltando y retorci&eacute;ndose en la bandejita que la traen, como un boquer&oacute;n reci&eacute;n pescado. Entonces Marta me pregunta si puedo acompa&ntilde;arla a fumar un cigarrillo, a lo que respondo afirmativamente.<\/p>\n<p>En el exterior del restaurante, y mientras fumamos, entablo conversaci&oacute;n con ella:<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Le ha gustado la cena? Le pregunto.<\/p>\n<p>&mdash;Dom Alfredo, inv&iacute;teme a una &ldquo;francesinha&rdquo; (un plato combinado t&iacute;pico portugu&eacute;s), esto no es comida para un cristiano.<\/p>\n<p>&mdash;Marta, con lo que tengo en el bolsillo, no me alcanza ni para pagar una &ldquo;bica&rdquo; (caf&eacute; solo).<\/p>\n<p>&mdash;Entonces, le invito yo, pero con el hambre que llevo, no voy a ser capaz de dormir.<\/p>\n<p>&mdash;Me temo que no va a ser posible. A ver a donde nos llevan a terminar la noche.<\/p>\n<p>Volvemos a la mesa, y para mi sorpresa, charlando con las mujeres se encuentran cuatro chicas, una de ellas es Magnolia, la hija de Ana Mar&iacute;a y sobrina de Am&aacute;lia. Al verme llegar, y al tiempo de darme un beso en la mejilla, me dice:<\/p>\n<p>&mdash;Buenas noches, t&iacute;o Alfredo. &ndash; Es la primera vez que le oigo darme el tratamiento.<\/p>\n<p>&mdash;Buenas noches, Magnolia. Es un inmenso placer el verte.<\/p>\n<p>&mdash;Estoy enfadada con usted, t&iacute;o. &ndash; Al o&iacute;rla, me preocupo. No s&eacute; qu&eacute; es lo que sabe de la relaci&oacute;n que hemos mantenido su madre y yo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; he hecho para que te enfades conmigo?<\/p>\n<p>&mdash;Usted estuvo en mi boda, y yo no estuve en la suya &ndash; &iacute;ntimamente, respiro aliviado, solo se trata de una broma.<\/p>\n<p>&mdash;Sabes que no ha habido ceremonia de ning&uacute;n tipo. Cuando se celebre, cuenta con la invitaci&oacute;n. Por cierto, no veo a tu marido &iquest;D&oacute;nde est&aacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Ni idea. Hoy es viernes de chicas y he salido con estas amigas a cenar, perm&iacute;tame presentarle.<\/p>\n<p>As&iacute; lo hace, y me va nombrando a cada una de sus acompa&ntilde;antes, al tiempo que a m&iacute; me presenta como &ldquo;mi t&iacute;o Alfredo, el esposo de mi t&iacute;a Am&aacute;lia&rdquo;, tratamiento que me llena de satisfacci&oacute;n.<\/p>\n<p>Terminamos la noche en el &ldquo;bairro alto&rdquo; tomando unas copas. Afortunadamente, la previsi&oacute;n de Am&aacute;lia la hizo llevarse consigo su tarjeta de cr&eacute;dito. Lamentablemente, en los locales que estuvimos, y para desgracia de Marta, no hubo manera de tomar algo s&oacute;lido.<\/p>\n<p>Todas mis mujeres han causado sensaci&oacute;n, pero la que realmente ha triunfado ha sido Paulinha. No ha dado abasto a apartar a los hombres, que han acudido a su lado como las polillas acuden a la luz. Tengo miedo de romper la camisa, ya que el orgullo hace que no quepa dentro.<\/p>\n<p>De vuelta en la quinta, hoy s&aacute;bado, las mujeres han estado todo el d&iacute;a comentando el d&iacute;a de ayer y lo bien que lo han pasado. Un poco harto de la conversaci&oacute;n he salido a pasear con Bolacha y he vuelto justo para la hora de la cena.<\/p>\n<p>He entrado por la puerta principal y al o&iacute;rme en el interior de la casa, Am&aacute;lia, desde la cocina me dice en voz alta que me asee y me siente a la mesa, que ya est&aacute; puesta, y vamos a cenar inmediatamente. As&iacute; lo hago, y al sentarme observo que hay puestos cinco cubiertos. Eso solo puede significar que Paulinha cena hoy con nosotros, algo que no suele hacer los s&aacute;bados, casi desde que sale con Filipe. Es un poco raro, pero no le doy m&aacute;s importancia.<\/p>\n<p>Entonces entran las cuatro, trayendo la cena. Extra&ntilde;amente todas vienen vestidas con una bata de casa cerrada hasta el cuello. Depositan la comida sobre la mesa, y como obedeciendo una orden, se despojan de la bata al mismo tiempo, quedando ante m&iacute; completamente desnudas. No doy cr&eacute;dito a lo que estoy viendo y aprovechando mi estupefacci&oacute;n, Am&aacute;lia me informa:<\/p>\n<p>&mdash;Amor m&iacute;o, hemos estado hablando entre nosotras, y hemos acordado que el duelo no fue demasiado limpio. Realmente no ten&iacute;as ninguna oportunidad. Aun as&iacute; no te quejaste en ning&uacute;n momento, e incluso pagaste la peluquer&iacute;a de las cuatro, lo que exced&iacute;a ampliamente tu obligaci&oacute;n con la apuesta. Por lo tanto y por unanimidad, hemos decidido darte por ganador de la misma y la estamos pagando. De acuerdo con los t&eacute;rminos pactados, y si no nos falla la memoria, puedes ver y tocar todo lo que te apetezca.<\/p>\n<p>Podr&iacute;a parecer el sue&ntilde;o de cualquier hombre. Cuatro bellezas completamente desnudas y a su disposici&oacute;n, pero la verdad es que me encuentro bastante inc&oacute;modo. A las otras tres ya las he descrito en otras ocasiones, pero la presencia de Paulinha me produce desasosiego. Y no, no voy a describirla. Solo dir&eacute; que no desmerece en el cuarteto. No quiero que nadie corra peligro de tener s&iacute;ndrome de t&uacute;nel carpiano o lesi&oacute;n de codo de tenista a la salud de mi nieta. Les pido a Marta y a Paulinha que se cubran y me responden que los t&eacute;rminos de la apuesta no se lo permiten, que el pago es as&iacute; y no hay vuelta atr&aacute;s. Entonces Ana Mar&iacute;a, para no perder comba me propone que si me encuentro violento, puedo desnudarme yo tambi&eacute;n, y ahora soy yo el que se atiene a los t&eacute;rminos acordados, neg&aacute;ndome a despojarme de la ropa.<\/p>\n<p>Mientras vamos cenando el ambiente se va relajando y nos encontramos todos mucho m&aacute;s a gusto. Y entonces, de repente, se me ocurre como vengarme por no haberme votado la familia.<\/p>\n<p>Levant&aacute;ndome de la mesa, me sit&uacute;o detr&aacute;s de Ana Mar&iacute;a y alz&aacute;ndole los pechos, se los acaricio al tiempo que le pellizco suavemente los pezones, disfrutando al m&aacute;ximo de lo que estoy haciendo (recuerden que ellas est&aacute;n pagando una apuesta, pero yo me estoy vengando). Mi cu&ntilde;ada disfruta con las caricias, pero al mismo tiempo, todav&iacute;a est&aacute; un poco mosqueada, a&uacute;n recuerda como la trat&eacute; en Lisboa, en su dormitorio. Am&aacute;lia est&aacute; pendiente de lo que hago, pero no puede decirme nada, la apuesta es as&iacute;. Con Marta tengo que tener cuidado, lo que le estoy haciendo a Ana Mar&iacute;a est&aacute; caus&aacute;ndole efecto tambi&eacute;n a ella y no quiero dejarla caliente e insatisfecha. Despu&eacute;s de todo, ella s&iacute; que vot&oacute; a mi favor y no entra en la venganza. A Paulinha creo que la puede m&aacute;s la curiosidad de lo que yo pueda hacer que el deseo. Cuando vuelvo a mi sitio en la mesa, cualquier caballo envidiar&iacute;a mi erecci&oacute;n. Y yo procuro que Am&aacute;lia se d&eacute; perfectamente cuenta de c&oacute;mo me encuentro. Nada m&aacute;s sentarme, mi mano busca el interior de los muslos de Ana Mar&iacute;a, y ella al sentirla, abre las piernas como impulsada por un resorte, al tiempo que emite un respingo. Am&aacute;lia ya est&aacute; empezando a subirse por las paredes. Todas mis atenciones son para su hermana y creo que ella est&aacute; m&aacute;s caliente de lo que quiere dar a demostrar, pero la dejo que se vaya cociendo lentamente en su propia salsa. Durante un rato, acaricio el sexo de mi cu&ntilde;ada, y cuando empiezo a notar que sus jadeos suben de intensidad interrumpo mis manipulaciones y contin&uacute;o cenando como si no ocurriera nada. En este momento mi deseo ser&iacute;a tumbar a las cuatro sobre la mesa y terminar en una bacanal, pero no es ese mi objetivo. Al rato vuelvo a meter la mano entre las piernas de mi cu&ntilde;ada sin previo aviso. Ella al sentirme vuelve a abrirlas todo lo que puede, al tiempo que se escurre hacia adelante en la silla para facilitarme la manipulaci&oacute;n ya sin disimulos ni pudor de ninguna clase, mientras emite un gemido profundo. Le introduzco dos dedos y despu&eacute;s de un tiempo los saco completamente mojados. Los limpio con mi servilleta y me la llevo a la nariz, oli&eacute;ndola. Am&aacute;lia ya no sabe c&oacute;mo sentarse. Si las miradas matasen, yo estar&iacute;a muerto a estas alturas. Mi cu&ntilde;ada ya no es due&ntilde;a de sus actos, intenta por todos los medios agarrar mi mano y que le contin&uacute;e el tratamiento, cosa que le impido. La t&oacute;nica general durante la cena es la misma: Mantengo a Ana Mar&iacute;a caliente a reventar sin dejarla que termine, procuro que Am&aacute;lia se percate del calent&oacute;n que llevo a cuestas y no la toco en ning&uacute;n momento. Trato de que Marta y Paulinha no se calienten demasiado y aguanto as&iacute; hasta que mi excitaci&oacute;n ya es insoportable para m&iacute;. O termino, o a partir de aqu&iacute; ya el juego va a resultarme doloroso f&iacute;sicamente. Por lo tanto, doy por concluida la cena y la apuesta por pagada. Am&aacute;lia est&aacute; a punto de matarme. Mi cu&ntilde;ada me llama de todo, menos guapo. Paulinha al parecer no se ha excitado con el espect&aacute;culo, pero Marta se muerde con disimulo el labio inferior. Me fastidiar&iacute;a haberla dejado mal. Dej&aacute;ndolas sentadas a la mesa, me voy a la cocina a por la cafetera. Espero que a la vuelta est&eacute;n con las batas puestas.<\/p>\n<p>En la cocina, a solas, me apoyo sobre la encimera y hago varias profundas inspiraciones para tratar de calmarme. Voy como una moto. Me compongo lo mejor que puedo el bulto que llevo en la entrepierna y cuando voy a tomar la cafetera entra Marta en la cocina. Viene tal y como la dej&eacute; en la mesa. No se ha puesto nada encima.<\/p>\n<p>&mdash;Dom Alfredo ha dejado mucho por tocar esta noche.<\/p>\n<p>&mdash;Lo s&eacute; Marta, lo s&eacute;. Pero ten&iacute;a que hacerle pagar a mi familia el no haberme votado. Ustedes s&iacute; que me votaron, as&iacute; que no me pareci&oacute; justo incluirlas en mi venganza.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y va a desaprovechar la &uacute;nica ocasi&oacute;n que tendr&aacute; de tocar algo m&aacute;s, con permiso?<\/p>\n<p>&mdash;Marta, no quiero ponerla en el disparadero. S&eacute; que no tiene con quien cobrarse lo que yo le haga.<\/p>\n<p>&mdash;Por eso no se preocupe. Desgraciadamente, estoy acostumbrada a calentar la comida y com&eacute;rmela yo sola. Ya sabe que mi marido solamente est&aacute; cuatro veces al a&ntilde;o conmigo. Adem&aacute;s acu&eacute;rdese que seis besos en los labios equivalen a un polvete y usted y yo ya lo hemos echado y no me ha tocado nada todav&iacute;a. Aproveche que tiene permiso y h&aacute;galo. Este tren no va a volver a pasar.<\/p>\n<p>&mdash;D&eacute;jelo correr Marta. Y cr&eacute;ame que me siento muy halagado, pero me temo que si la toco, esto puede derivar en algo que ninguno de nosotros desea.<\/p>\n<p>Entonces ella, poni&eacute;ndome una mano en la mejilla, se puso de puntillas y tras besarme en los labios, me dijo:<\/p>\n<p>&mdash;Ya sabe, no se equivoque.<\/p>\n<p>&mdash;Ya s&eacute; Marta, ya s&eacute;. Y perd&oacute;neme que no la toque.<\/p>\n<p>&mdash;A veces es usted de hielo, patr&oacute;n.<\/p>\n<p>Para desmentirla, cuando se estaba retirando, puse una mano sobre uno de sus pechos regal&aacute;ndome a m&iacute; mismo una caricia. Marta, sonri&eacute;ndome, me acarici&oacute; la mano con la que le hab&iacute;a tocado el pecho, mientras me dec&iacute;a:<\/p>\n<p>&mdash;Si lo hace antes, se hubiese quedado sin el beso. &ndash; Y con un gui&ntilde;o, se fue al comedor.<\/p>\n<p>Cuando nos fuimos a dormir, Am&aacute;lia se me tir&oacute; encima como una pantera. Estaba desbocada. Pr&aacute;cticamente me arranc&oacute; la ropa. Yo iba tambi&eacute;n a punto de explotar. Desnudos sobre la cama, empez&oacute; una felaci&oacute;n y para culminar mi venganza, no me contuve. Poco despu&eacute;s de comenzar sus maniobras, me vaci&eacute; en su boca.<\/p>\n<p>Cog&iacute; a Am&aacute;lia, y poniendo su espalda contra mi pecho, pas&aacute;ndole un brazo bajo su cuello, le agarr&eacute; los dos pechos, y d&aacute;ndole las buenas noches, me dispuse a dormir.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ya est&aacute;? &iquest;Me vas a dejar as&iacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Cari&ntilde;o, estoy muy cansado. Ma&ntilde;ana ser&aacute; otro d&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Eres un cabr&oacute;n insensible. &iquest;Qu&eacute; te he hecho yo para que me dejes con esta calentura?.<\/p>\n<p>&mdash;Ni t&uacute; ni tu hermana me votasteis, y eso que seg&uacute;n vosotras ten&iacute;a perdida la apuesta. No sab&iacute;a que ten&iacute;a el enemigo en casa.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Si te dimos por ganador y hemos pagado la apuesta!.<\/p>\n<p>&mdash;Pero eso lo hicisteis en privado, en p&uacute;blico jugasteis en el otro equipo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No vas a terminarme hoy?<\/p>\n<p>&mdash;No, hoy no. Es mi venganza.<\/p>\n<p>&mdash;Cabr&oacute;n, cabr&oacute;n, cabronazo.<\/p>\n<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n te adoro, amor m&iacute;o.<\/p>\n<p>Fue la peor noche de mi vida. Fui incapaz de dormir m&aacute;s de media hora seguida. Mi esposa no paraba de dar vueltas en la cama, hasta que a primera hora de la ma&ntilde;ana sent&iacute; que se arrimaba y empezaba de nuevo el juego. Y entonces s&iacute;, por la ma&ntilde;ana le cumpl&iacute; los caprichos.<\/p>\n<p>Extra&ntilde;amente, durante la noche, nadie llam&oacute; a nuestra puerta.<\/p>\n<p>CONTINUARA. Espero sus comentarios, a favor o en contra. Son todos agradecidos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 14<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Lentamente, pero con energ&iacute;a, voy agitando la cazuela de barro. La salsa ha de quedar emulsionada pero sin burbujas, demostrando que no se ha utilizado el artificio &#39;del colador&#39;&nbsp;y con la consistencia de una mayonesa suave. El bacalao ha de quedar separado en lascas, pero sin deshacerse la tajada. 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