{"id":19525,"date":"2018-12-21T23:00:00","date_gmt":"2018-12-21T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2018-12-21T23:00:00","modified_gmt":"2018-12-21T23:00:00","slug":"19525-noche-de-pasion-en-lisboa-xiii-io-saturnalia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/19525-noche-de-pasion-en-lisboa-xiii-io-saturnalia\/","title":{"rendered":"Noche de pasi\u00f3n en Lisboa (XIII): Io Saturnalia"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"19525\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Primer d&iacute;a despu&eacute;s de las Saturnales de un a&ntilde;o pr&oacute;ximo al MMDCCLXVIII a.U.c. (ab Urbe conditas) &ndash; 24 de diciembre de un a&ntilde;o pr&oacute;ximo al 2.015 a.D. &ndash; Primera Navidad de casados en la quinta.<\/p>\n<p>Hace d&iacute;as, mientras estudi&aacute;bamos los preparativos para la celebraci&oacute;n de la Navidad, coment&eacute; en la mesa el hecho de que las actuales celebraciones derivaban de una serie de celebraciones ancestrales, que poco o nada ten&iacute;an que ver realmente con el nacimiento de Nuestro Se&ntilde;or. Esto, dicho as&iacute; y cerca del santuario de F&aacute;tima, casi me cost&oacute; la fulgurante excomuni&oacute;n por parte de Marta y Paulinha, Am&aacute;lia comprendi&oacute; lo que yo estaba diciendo (aqu&iacute; s&iacute; que jugaba en mi equipo) y me vi obligado a relatar c&oacute;mo es que diversos mitos hab&iacute;an llegado hasta nuestros d&iacute;as y c&oacute;mo se hab&iacute;an ido incorporando a nuestras tradiciones.<\/p>\n<p>Al referirme a las saturnales, y los festejos que se celebraban en la antigua Roma, la que m&aacute;s atenci&oacute;n prestaba al relato era Paulinha. Sobre todo a la parte en la que los papeles se invert&iacute;an, y los esclavos se vest&iacute;an con la ropa de sus amos y viceversa, siendo adem&aacute;s aquellos, servidos a la mesa por sus se&ntilde;ores, en un intercambio de roles.<\/p>\n<p>No bien termin&eacute; de relatarlo, cuando Paulinha nos hizo saber que ese a&ntilde;o celebrar&iacute;amos las saturnales en la quinta, al m&aacute;s puro estilo romano. La salvedad era que lo har&iacute;amos en la comida del d&iacute;a veinticuatro, ya que a la cena de Nochebuena ella no asistir&iacute;a, al celebrarla con su familia.<\/p>\n<p>Mir&eacute; hacia Am&aacute;lia, y &eacute;sta, cerrando los ojos y encogi&eacute;ndose de hombros me transmiti&oacute; el mensaje: &ldquo;es Paulinha, &iquest;qu&eacute; esperabas despu&eacute;s de contarle todo eso?&rdquo;. As&iacute; que esto fue el motivo de por qu&eacute;, esta ma&ntilde;ana, estemos como estamos.<\/p>\n<p>Am&aacute;lia est&aacute; en la cocina preparando la comida, vestida con ropa de trabajo. Yo estoy montando el Bel&eacute;n (Pres&eacute;pio como se conoce en Portugal) vestido con mis peores galas, y Marta y Paulinha est&aacute;n adornando el &aacute;rbol de Navidad, ambas vestidas con ropa de Am&aacute;lia. En un remedo bastante realista de lo que har&iacute;an los esclavos originales, se han colgado todas las joyas de mi esposa que han encontrado. Incluso Paulinha lleva en la mu&ntilde;eca mi cron&oacute;grafo. Marta casi es capaz de rellenar el pecho del vestido que lleva, pero mi nieta ha tenido que meterse calcetines en el sost&eacute;n (que intuyo que tambi&eacute;n es de mi mujer), para poder dar un m&iacute;nimo de forma al vestido que ha escogido.<\/p>\n<p>Como reina de las saturnales, aunque no ha sacado el haba, ni falta que le hace, que para eso es Paulinha, su primera medida de gobierno ha sido ordenar que vayamos todos tocados con un gorro de Papa Noel.<\/p>\n<p>Am&aacute;lia me entreg&oacute; a primera hora de la ma&ntilde;ana unas cajas de cart&oacute;n, en las que, protegidas por pl&aacute;stico de burbujas, est&aacute;n las figuras del pres&eacute;pio, as&iacute; como el portal que completa la escena. Conforme las he ido desembalando, me he sentido maravillado por el grupo escult&oacute;rico que he ido descubriendo. Las figuras, de una talla exquisita, no son de arcilla, son de madera estucada y pintada. No sabr&iacute;a aquilatar su valor, ni su origen cierto, pero calculo que deben ser de principio o mediados del siglo XIX, y su factura es comparable a la de las im&aacute;genes que he visto en pasos de Semana Santa, aunque l&oacute;gicamente mucho m&aacute;s peque&ntilde;as. El Portal es un edificio en el que el Hijo de Dios jam&aacute;s habr&iacute;a nacido, ya que quiso nacer como pobre. Representa un trozo de un castillo o palacio con los sillares de piedra escuadrados y sostienen el tejado del pesebre dos columnas gemelas de orden corintio, realizadas en malaquita, cuyo lujo es incompatible ya no con el concepto de pobreza de El Salvador, si no que es imposible que fuesen erigidas para sujetar el techo de una cuadra. Semejante conjunto deber&iacute;a estar permanentemente montado y expuesto, protegido por una urna de cristal. Lo comentar&eacute; con Am&aacute;lia, es un pecado o por lo menos delito grave, el tener semejante obra de arte embalada.<\/p>\n<p>Mientras estoy manipulando las piezas, oigo a mis espaldas el teclear suave de unas u&ntilde;as sobre el piso. Al girarme me encuentro a Bolacha, sentado mirando hacia m&iacute; con cara de humillaci&oacute;n, mientras emite un ga&ntilde;ido. Sobre la cabeza lleva atados unos cuernos de trapo, en lo que supongo que representa uno de los renos de Santa Claus. Debe ser producto de la magia de la Navidad, porque inmediatamente en mi cabeza escucho con toda claridad la voz del perro, recitando en perfecto espa&ntilde;ol los primeros versos del primer soliloquio de Segismundo en &ldquo;La vida es sue&ntilde;o&rdquo;:<\/p>\n<p>&#8211; Apurar, cielos, pretendo,<\/p>\n<p>&#8211; ya que me trat&aacute;is as&iacute;,<\/p>\n<p>&#8211; que delito comet&iacute;<\/p>\n<p>&#8211; contra vosotros, naciendo.<\/p>\n<p>Llevado por la situaci&oacute;n, y a&uacute;n no se bien el por qu&eacute;, entablo una conversaci&oacute;n con el perro:<\/p>\n<p>&#8211; No te quejes, m&iacute;rame a m&iacute;. Soy el patr&oacute;n y me ha obligado a ponerme este rid&iacute;culo gorro. Y t&uacute; te has salvado de tener que llevar un collar con brillantes. Adem&aacute;s, da gracias a Dios de que Paulinha te recogiese del contenedor de basura donde te tiraron cuando eras un cachorro. Cr&eacute;eme, mejor due&ntilde;a no ibas a encontrar y para ser un perro, tienes una vida envidiable.<\/p>\n<p>Sin contestarme, el can se levanta, y con el rabo entre las piernas y la cabeza gacha en actitud humillada, se va hacia la cocina. Supongo que va a quejarse a Am&aacute;lia, pero no creo que se libre de los cuernos de trapo, de momento.<\/p>\n<p>Por supuesto en la quinta no hay un triclinio, as&iacute; que Marta y Paulinha, en un alarde de imaginaci&oacute;n han convertido el Chesterfield de cuatro plazas y la mesa cafetera en un improvisado refectorio de la antigua Roma y pretenden comer tumbadas en &eacute;l al m&aacute;s puro estilo patricio.<\/p>\n<p>En un lat&iacute;n macarr&oacute;nico, llevan todo el d&iacute;a refiri&eacute;ndose a m&iacute; como &ldquo;Alfredus&rdquo;, ignorando que mi nombre es de origen germ&aacute;nico, pero con los nombres femeninos el cochino les ha salido mal capado y no han sido capaces de latinizarlos.<\/p>\n<p>Mientras les sirvo la comida, Paulinha, como reina de las Saturnales, me exige que me dirija a ella con el apelativo de &ldquo;Domina&rdquo;, trat&aacute;ndome con una displicencia tal, que hay momentos en que tengo que meterme las manos en los bolsillos para no soltarle una colleja. Estoy seguro que desde que empez&oacute; a maquinar todo esto se ha visto completas las pel&iacute;culas: Ben Hur, Espartaco, Quo Vadis, y que se yo cuantas m&aacute;s ambientadas en el Imperio Romano. Cada vez m&aacute;s me recuerda a Peter Ustinov en el papel de Ner&oacute;n. Io Saturnalia.<\/p>\n<p>A media tarde, ya recuperados nuestros roles modernos y una vestimenta m&aacute;s adecuada, Paulinha se despide de nosotros dese&aacute;ndonos que pasemos una feliz Noche Buena. En el coche, le hago entrega de una caja de vino tinto espa&ntilde;ol para que su familia la disfrute a nuestra salud y despu&eacute;s de confirmarme que ver&aacute; a su novio antes de la cena, le env&iacute;o a &eacute;ste un estuche de tres botellas con el mismo motivo. Ella en ese momento, mir&aacute;ndome con el cari&ntilde;o con que mirar&iacute;a a su abuelo, por primera vez desde que nos conocemos, me posa un beso en una mejilla, repiti&eacute;ndome el deseo de que pase felices fiestas.<\/p>\n<p>Hoy cenaremos juntos Am&aacute;lia, Marta y yo. Mi cu&ntilde;ada pasar&aacute; la Navidad con su hija Magnolia, lo que me da un respiro y me tranquiliza, ya que supongo que beberemos m&aacute;s de lo aconsejable, y por lo menos, me ver&eacute; libre de sus maniobras. Como terminaremos tarde y Marta est&aacute; sola, han preparado una habitaci&oacute;n para que duerma en la quinta, con nosotros.<\/p>\n<p>Mientras ellas dos permanecen en la cocina, haciendo los preparativos para la cena, yo entro en el dormitorio de Marta para preparar la sorpresa con la que quiero hacerle nuestro regalo de Navidad.<\/p>\n<p>Desde que supe que Marta compartir&iacute;a la cena con nosotros, ya que su marido no vendr&iacute;a hasta el segundo turno de permisos, que incluye las fiestas de A&ntilde;o Nuevo, he maniobrado en secreto con mis contactos en la quinta para averiguar la compa&ntilde;&iacute;a en la que trabaja y el nombre del barco. Al ser un barco factor&iacute;a dispone de todas las comodidades que se pueden tener a bordo. Una de ellas es una conexi&oacute;n a internet. Con el permiso de la compa&ntilde;&iacute;a, me he puesto en contacto telef&oacute;nico con el capit&aacute;n del buque, y le han preparado un camarote individual al esposo de Marta con un ordenador port&aacute;til y lo han dejado listo para tener una video conferencia. Yo estoy en la habitaci&oacute;n preparando el port&aacute;til de Am&aacute;lia para establecer la conexi&oacute;n y permitir que tengan un vis a vis en el d&iacute;a de hoy, en la intimidad. A las seis de la tarde, hora portuguesa, establecemos la conexi&oacute;n y mientras en el barco buscan al marido, yo bajo a buscar a Marta. Cuando la llevo al dormitorio, en compa&ntilde;&iacute;a de mi esposa, y ve en la pantalla el rostro de su esposo, se le anegan los ojos en l&aacute;grimas y solo puede cogernos una mano a cada uno y darnos un apret&oacute;n agradecido. Le comunico que disponen hasta de dos horas para estar juntos, ya que su marido tiene que atender luego a sus obligaciones en el barco, y la dejamos sola, con el recado de que si tiene alg&uacute;n problema en la conexi&oacute;n, me avise y trataremos de solucionarlo lo m&aacute;s r&aacute;pidamente posible. Despu&eacute;s de exprimir hasta el &uacute;ltimo segundo de la conexi&oacute;n, Marta se re&uacute;ne con nosotros en la cocina. Viene con el rostro encendido y los ojos enrojecidos. Intuyo que no se han limitado a hablar, pero eso no es de mi incumbencia. Marta besa a Am&aacute;lia en las dos mejillas y asombrosamente, delante de mi esposa, poni&eacute;ndome una mano en la mejilla, me besa en los labios, mientras me dice:<\/p>\n<p>&#8211; No se confunda. Ya sabe&hellip; y much&iacute;simas gracias a los dos.<\/p>\n<p>&#8211; Ya s&eacute;, Marta. Ya s&eacute;. Y no tiene por qu&eacute; darlas.<\/p>\n<p>Para beber durante la cena, he preparado algo que hac&iacute;a much&iacute;simos a&ntilde;os que no realizaba. En una olla grande, he metido dos litros de vino, endulz&aacute;ndolo con miel, y con unas varas de canela, lo he puesto a calentar. Les he explicado que era algo que hac&iacute;an mi abuelo y mi padre en las cenas de estas fiestas, desde la Nochebuena hasta la de Reyes.<\/p>\n<p>Ya en la mesa, con la cena dispuesta, les sirvo una copa a cada una de este brebaje caliente, y antes de que pueda advertirlas, ambas se meten entre pecho y espalda el contenido, sin respirar, diciendo al un&iacute;sono: &ldquo;que bueno est&aacute; esto&rdquo;. Les aviso que esa bebida es peligrosa y tengo para m&iacute; que no me hacen demasiado caso. Que sea lo que Dios quiera.<\/p>\n<p>Mientras cenamos, me han ido comentando las costumbres portuguesas y las particulares de la quinta en esta celebraci&oacute;n, y yo les he ido comentando c&oacute;mo recuerdo yo las celebraciones en Espa&ntilde;a. El nivel del vino caliente baja peligrosamente, y yo no he sido. Yo s&eacute; las consecuencias que trae y me he ido reservando. Al terminar, voy a por la cafetera y al volver, me encuentro que las dos mujeres se han cambiado de lugar y se han sentado en el Chesterfield, dej&aacute;ndome un sitio entre las dos.<\/p>\n<p>Sirvo el caf&eacute; y me siento entre ellas. Al terminar de tomarlo, Am&aacute;lia me empuja hacia el respaldo y pasando mi brazo por detr&aacute;s de su espalda, apoya su cabeza en mi hombro al tiempo que lleva mi mano a su cintura. Marta, me pide permiso y repite la acci&oacute;n del otro lado. Ambas, con lengua de trapo a causa de la estocada que llevan, me piden que les cuente m&aacute;s cosas de Espa&ntilde;a. No han pasado ni diez minutos, y me doy cuenta que estoy hablando solo. Las dos se han quedado dormidas sobre mi pecho. Al sentirme s&oacute;lo, empiezo a pensar c&oacute;mo llevar a Marta a su dormitorio. Esta noche va a tener que dormir vestida. La descalzar&eacute; y la meter&eacute; en la cama, pero no me atrevo a desnudarla. Luego me llevar&eacute; a Am&aacute;lia a nuestra habitaci&oacute;n y a ella s&iacute; que la desnudar&eacute;.<\/p>\n<p>Lo siguiente es despertarme anquilosado por la postura, las dos mujeres contin&uacute;an durmiendo en la misma posici&oacute;n en la que se hab&iacute;an quedado. Por la ventana comienza a clarear el d&iacute;a.<\/p>\n<p>Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad. Feliz Navidad a todos.<\/p>\n<p>CONTINUARA&hellip; Agradezco sus comentarios, tanto a favor, como en contra. Son todos bien recibidos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Primer d&iacute;a despu&eacute;s de las Saturnales de un a&ntilde;o pr&oacute;ximo al MMDCCLXVIII a.U.c. (ab Urbe conditas) &ndash; 24 de diciembre de un a&ntilde;o pr&oacute;ximo al 2.015 a.D. &ndash; Primera Navidad de casados en la quinta. 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