{"id":19886,"date":"2019-01-27T23:00:00","date_gmt":"2019-01-27T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2019-01-27T23:00:00","modified_gmt":"2019-01-27T23:00:00","slug":"19886-la-ultima-noche-de-ana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/19886-la-ultima-noche-de-ana\/","title":{"rendered":"La \u00faltima noche de Ana"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"19886\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 2<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Tir&oacute; a un costado las s&aacute;banas y camin&oacute; desnuda hasta el ba&ntilde;o, dejando sobre la cama al hombre que roncaba con la boca abierta.<\/p>\n<p>Se dio una ducha, se enjabon&oacute; una y otra vez ah&iacute; donde el tipo hab&iacute;a depositado su virilidad. Frot&oacute; el espejo empa&ntilde;ado y se mir&oacute; a los ojos. La piel extremadamente tersa y su cara de nena no revelaban sus treinta a&ntilde;os. Dio unos pasos atr&aacute;s, y logr&oacute; verse el torso desnudo. A pesar de reconocerse hermosa la inseguridad la acechaba, como siempre.<\/p>\n<p>No le alcanzaba con hacer voltear a todos los hombres que se cruzaban en su camino, ni con sentir la admiraci&oacute;n recargada de envidia de sus amigas. No conceb&iacute;a otra manera de reafirmar su autoestima, que cayendo ante impulsos ajenos.<\/p>\n<p>Y ahora, cuando la noche tocaba a su fin, llegaba la culpa, el sentirse una cosa, el saberse innecesariamente f&aacute;cil, el prometerse que no volver&iacute;a a caer de nuevo, sabiendo que se ment&iacute;a. La melancol&iacute;a persistente se convirti&oacute; en una depresi&oacute;n, que s&oacute;lo podr&iacute;a evadir con pastillas.<\/p>\n<p>Se sec&oacute;, y se envolvi&oacute; con una toalla. El tipo segu&iacute;a durmiendo. S&oacute;lo se ve&iacute;a su cabello gris que sobresal&iacute;a del cubrecama. Pens&oacute; que al otro d&iacute;a se pavonear&iacute;a con sus amigos, contando su conquista. Les dir&iacute;a que conoci&oacute; a una chica en un bar. Una chica joven, solitaria, en una noche aglomerada. Una chica linda como el atardecer, y veloz como la luz.<\/p>\n<p>Le dio cierta repulsi&oacute;n mirar al cincuent&oacute;n dormir pl&aacute;cidamente, pero en unas horas se ir&iacute;a. Cambiar&iacute;a las s&aacute;banas, y esa cara de gal&aacute;n vencido se tornar&iacute;a difusa. &Eacute;l la atosigar&iacute;a con mensajes, con la fantas&iacute;a de repetir la noche, pero se encontrar&iacute;a con que llev&aacute;rsela a la cama por segunda vez era imposible.<\/p>\n<p>El hombre gir&oacute;, y abri&oacute; los ojos so&ntilde;olientos.<\/p>\n<p>&mdash;Te queda bien la toalla. &mdash;Dijo.&mdash; Acercate que te la voy a quitar.<\/p>\n<p>&mdash;Ya no tengo ganas de nada. &mdash;Dijo ella.&mdash; Voy a dormir en el sof&aacute;. Cuando te vayas no me despiertes Marcos.<\/p>\n<p>&mdash;Me llamo Franco. &mdash;Dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Franco. &mdash;Repiti&oacute; ella.<\/p>\n<p>Se fue al living, caminando en la oscuridad. Extendi&oacute; su cuerpo sobre el sof&aacute;. Pens&oacute; en su padre. Se enojar&iacute;a mucho cuando se enterara de que tuvo que vender el auto para pagarle al banco. Pero qu&eacute; le importaba. Ella no ten&iacute;a la culpa de que s&oacute;lo le demostrara su afecto a trav&eacute;s del dinero.<\/p>\n<p>Cerr&oacute; los ojos. Pero la presencia silenciosa de Franco la inquietaba. Hubiese preferido que respondiera a su desd&eacute;n con un insulto, pero s&oacute;lo parec&iacute;a preocupado por hacerle recordar su nombre.<\/p>\n<p>Pens&oacute; en todos los nombres que ya hab&iacute;a olvidado, y luego otra vez en su padre, y en el silencio inquietante de Franco. Pens&oacute; que podr&iacute;a ser su padre. Que su pelo gris la atrajo. Algo deber&iacute;a saber que ella no sab&iacute;a, algo podr&iacute;a ense&ntilde;arle de la vida, m&aacute;s all&aacute; de tantas poses sexuales. Se fue durmiendo, despacio, su cuerpo h&uacute;medo pesaba como pluma.<\/p>\n<p>Se prendi&oacute; la luz del living. Cuando ella abri&oacute; los ojos Franco estaba en cuclillas, y sus rostros a la misma altura, muy cerca.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que sos de esas loquitas. &mdash;Susurr&oacute;. Ten&iacute;a los dientes apretados, su mano se cerr&oacute; en un pu&ntilde;o, y las venas de los brazos se marcaron.&mdash; As&iacute; que sos de esas loquitas. &mdash;repiti&oacute;. Y entonces ella entendi&oacute;: Ah&iacute; terminaba su camino de autodestrucci&oacute;n, la eterna necesidad de aceptaci&oacute;n, la b&uacute;squeda incansable de una imagen paterna. Ah&iacute; culminaba todo. Es ser&iacute;a su &uacute;ltima noche.<\/p>\n<p>Dedos gruesos y &aacute;speros se cerraron en su cuello. Los ojos de la muerte brillaban, eran verdes. Le costaba respirar. Sus ojos lagrimeaban. Dese&oacute; que su padre venga a rescatarla. Que por una vez alguien la proteja de s&iacute; misma. Pero no se defendi&oacute;, dej&oacute; ir cada aliento de vida con resignaci&oacute;n, dispuesta a convertirse en un n&uacute;mero m&aacute;s en las estad&iacute;sticas de fatalidades. Luego escuch&oacute; un fuerte portazo y se despert&oacute;. El perfume de Franco todav&iacute;a estaba en el aire, mezclado con el olor del sexo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 2<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Tir&oacute; a un costado las s&aacute;banas y camin&oacute; desnuda hasta el ba&ntilde;o, dejando sobre la cama al hombre que roncaba con la boca abierta. Se dio una ducha, se enjabon&oacute; una y otra vez ah&iacute; donde el tipo hab&iacute;a depositado su virilidad. Frot&oacute; el espejo empa&ntilde;ado y se mir&oacute; a los ojos. 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