{"id":20623,"date":"2019-04-23T22:00:00","date_gmt":"2019-04-23T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2019-04-23T22:00:00","modified_gmt":"2019-04-23T22:00:00","slug":"20623-a-merced-de-un-desconocido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/20623-a-merced-de-un-desconocido\/","title":{"rendered":"A merced de un desconocido"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"20623\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El camino estaba oscuro, y el auto se desplazaba suave por la carretera sinuosa. Ella estaba al volante, y &eacute;l la miraba de reojo, cada vez que las luces de la carretera iluminaban el interior del veh&iacute;culo. Recorr&iacute;a, con sus ojos de b&uacute;ho, sus piernas desnudas (llevaba un short muy corto), los pechos peque&ntilde;os, y el rostro ovalado de ojos celestes. Ella percibi&oacute; la tensi&oacute;n sexual de su acompa&ntilde;ante, la cual parec&iacute;a no poder ser contenida en el peque&ntilde;o interior del autom&oacute;vil, y trat&oacute; de distender el momento poniendo m&uacute;sica, y lanzando alguna que otra pregunta intrascendente.<\/p>\n<p>Se hab&iacute;an conocido esa misma noche, en una fiesta que hab&iacute;a organizado un conocido en com&uacute;n. &Eacute;l la persigui&oacute; toda la noche, s&oacute;lo consiguiendo un rechazo cort&eacute;s de su parte. Pero el hombre, ya sea por optimismo, o por estar acostumbrado al amor unilateral, no desisti&oacute; de su intento, y de alguna manera, se las hab&iacute;a arreglado (ante la estupefacci&oacute;n de la chica) para que ella aceptase acercarlo a su casa.<\/p>\n<p>Ella estaba preparada para repeler amablemente cualquier tipo de avance. Era algo que le hab&iacute;a ense&ntilde;ado su madre hace mucho tiempo: cuando se encontraba completamente sola con un gal&aacute;n que no deseaba, era preciso dejarlo sin esperanzas, pero sin humillarlo. Los hombres humillados se convert&iacute;an en bestias.<\/p>\n<p>&Eacute;l, por su parte, hab&iacute;a aprendido de sus hermanos mayores que cuando una minita dec&iacute;a que no, en realidad quer&iacute;a decir que si.<\/p>\n<p>La luna se hab&iacute;a escondido detr&aacute;s de una nube, dej&aacute;ndolos solos en la densa madrugada primaveral. Ante la sorpresa de la chica, el hombre no sac&oacute; ning&uacute;n As guardado bajo la manga. Ning&uacute;n discurso berreta, ning&uacute;n intento torpe, ni una sola palabra para endulzarle el o&iacute;do. Result&oacute; ser m&aacute;s un hombre de acci&oacute;n, y por eso, sin mediar palabras, comenz&oacute; a recorrer, con las yemas de los dedos, la piel tersa de la chica. La sinti&oacute; exquisita, y cada instante que ella se demoraba en frenarlo, &eacute;l lo entend&iacute;a como una invitaci&oacute;n a meterse por debajo del short.<\/p>\n<p>Finalmente lo apart&oacute; con una mano, sin decir nada, concentrada en su camino. Su coraz&oacute;n le lat&iacute;a a toda velocidad, pero cometi&oacute; el error de no mostrarse ofendida, por lo que el tipo conservaba las esperanzas.<\/p>\n<p>Ella le pregunt&oacute; si faltaba mucho para llegar a su casa, y &eacute;l le asegur&oacute; que en cinco minutos la librar&iacute;a de su presencia.<\/p>\n<p>Fueron cinco minutos eternos, donde el tipo, largando el aliento et&iacute;lico en el rostro de la chica, saboreaba con su lengua el cuello de cisne, y hasta le estamp&oacute; alg&uacute;n que otro beso en los labios. &ldquo;si segu&iacute;s besuque&aacute;ndome, vamos a chocar&rdquo;, sentenci&oacute; ella, para sac&aacute;rselo de encima. Pero el hombre, con su sexo ya erecto, interpret&oacute; que en otras circunstancias la chica ceder&iacute;a.<\/p>\n<p>Llegaron a su destino. Era cuesti&oacute;n de frenar el auto, esperar que aquel animal baje, y ya nunca tendr&iacute;a que lidiar con &eacute;l. Pero el lugar donde el tipo viv&iacute;a era desolado, con casas tristes y chatas; con aullidos de perros lejanos, y una oscuridad desesperante, que se intensificaba por la ausencia de personas a la vista. El hombre se acerc&oacute; a ella, aparentemente para despedirse, pero cuando le puso la mejilla, &eacute;l desvi&oacute; los labios hac&iacute;a su boca. Enseguida su lengua se frot&oacute; con ella, y se abri&oacute; camino hasta meterse adentro y sentir el dulce sabor de la lengua femenina, la cual masajeaba con vehemencia. &ldquo;Me tengo que ir&rdquo; balbuce&oacute; ella, pero el hombre ya se hab&iacute;a convertido en bestia. Masajeaba sus tetas con descaro, y acariciaba sus nalgas con desesperaci&oacute;n. La chica dijo que no, que no quer&iacute;a. Lo dijo una vez, dos veces, tres veces, y lo repiti&oacute; hasta que perdi&oacute; la cuenta, mientras el hombre, entre tironeos, la despojaba de su short, y la obligaba a sentir su erecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Entonces se dio cuenta que era hora de aplicar su filosof&iacute;a de vida, aquella que su madre nunca le hab&iacute;a ense&ntilde;ado, sino que hab&iacute;a aprendido, por las malas, en el dif&iacute;cil camino de la adultez: &ldquo;Solo los fuertes sobreviven&rdquo; se dijo mentalmente, y se repiti&oacute; ese mantra, una y otra vez, mientras el tipo le bajaba la tanga, y enterraba un dedo en su sexo. &ldquo;S&oacute;lo los fuertes sobreviven&rdquo;, se dec&iacute;a, cuando el tipo la inst&oacute; a practicarle sexo oral. Ten&iacute;a olor fuerte, y era muy asim&eacute;trica y peque&ntilde;a. Le pareci&oacute; repugnante, pero aferrada a su filosof&iacute;a, se la llev&oacute; a la boca, y la chup&oacute; como habr&iacute;an de hacerlo las mejores putas.<\/p>\n<p>El hombre estaba extasiado por la predisposici&oacute;n de la chica. No le molestaba en absoluto que en su bello rostro ovalado no se reflejara ni un &aacute;pice de excitaci&oacute;n, s&oacute;lo le importaba su entrega. Sabore&oacute; su cl&iacute;toris, mientras esperaba a que su falo se endurezca de nuevo, y cuando este por fin despert&oacute;, la hizo sentarse encima de &eacute;l, y la penetr&oacute;, mientras ella se hamacaba, tratando de convencerse de que no estaba siendo violada.<\/p>\n<p>De repente, un ruido la exalt&oacute;, y mirando hacia el exterior se dio cuenta de que ten&iacute;an espectadores. Pens&oacute; que eran ladrones, y le dio miedo. Pero luego pens&oacute; que era el momento ideal para deshacerse el tipo. &iquest;Qui&eacute;n iba a querer seguir cogiendo con unos mirones encima? Lo despedir&iacute;a, le prometer&iacute;a que volver&iacute;an a verse, y acelerar&iacute;a su auto sin mirar atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Pero los mirones (eran dos) saludaron al tipo que todav&iacute;a estaba con el sexo adentro de ella. Intercambiaron palabras que no entendi&oacute; (estaba aturdida de tanta realidad) y se subieron al auto. Entonces entendi&oacute;: estaba totalmente desnuda, siendo pose&iacute;da por ese desconocido, y hab&iacute;a dejado que dos desconocidos m&aacute;s suban al auto a mirar el espect&aacute;culo, sin que pronunciase una sola queja (las quejas solo estaban en su cabeza). No le cab&iacute;a duda de qu&eacute; suceder&iacute;a una vez que el tipo eyacule por segunda vez. Mir&oacute; el espejo retrovisor. Los dos mirones se tocaban y lamian los labios mientras observaban la escena. Pronto querr&iacute;an su turno, &ldquo;Solo los fuertes sobreviven&rdquo; se dijo nuevamente, y cerr&oacute; los ojos. Quiz&aacute; cuando los abra, todo resultar&iacute;a ser un sue&ntilde;o.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>El camino estaba oscuro, y el auto se desplazaba suave por la carretera sinuosa. Ella estaba al volante, y &eacute;l la miraba de reojo, cada vez que las luces de la carretera iluminaban el interior del veh&iacute;culo. 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