{"id":20646,"date":"2019-04-28T22:00:00","date_gmt":"2019-04-28T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2019-04-28T22:00:00","modified_gmt":"2019-04-28T22:00:00","slug":"20646-las-elecciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/20646-las-elecciones\/","title":{"rendered":"Las elecciones"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"20646\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>El d&iacute;a de las elecciones me levant&eacute; de mi cama a las diez y media de la ma&ntilde;ana. La claridad del d&iacute;a entraba filtrada por los estores. Me saqu&eacute; el camis&oacute;n por la cabeza, me calc&eacute; las pantuflas y abr&iacute; la puerta de mi habitaci&oacute;n. Como suelo dormir sin ropa interior, vi reflejada mi desnudez en el espejo rectangular que tengo en el pasillo. En fin, a mis treinta y seis a&ntilde;os a&uacute;n continuaba siendo una mujer bella, aunque ya se me acentuaban un poco los michelines en mi cintura. Mi cara fina, como de mu&ntilde;eca Barbie, mi media melena rubia natural&#8230; Las areolas que coronaban mis tetas, de color caf&eacute;, eran muy redondas. Mis tetas, &iexcl;ay mis tetas!, los a&ntilde;os las hab&iacute;an vuelto m&aacute;s blandas y moldeables; gr&aacute;vidas, formaban un gracioso pliegue que ca&iacute;a sobre mis costillas superiores. Tom&eacute; una con mis manos, la alc&eacute; y bes&eacute; su pez&oacute;n; luego, continu&eacute; de zapatear hasta llegar a la cocina, prepar&eacute; la cafetera italiana y la puse a calentar sobre la vitro.<\/p>\n<p>Antes de que subiera el caf&eacute; con su familiar ronquido, fui al saloncito a buscar algo con lo que cubrirme: lo que llevara anoche: un top de color negro y un calz&oacute;n de deportes blanco. Despu&eacute;s, me serv&iacute; el humeante caf&eacute;, con poca leche y mucho az&uacute;car, y me sent&eacute; en el sof&aacute;, frente al televisor; lo encend&iacute;. La mayor&iacute;a de las cadenas informaban sobre el transcurso de las votaciones en distintos puntos geogr&aacute;ficos, hasta que di con una que daba una pel&iacute;cula muy vintage; ah&iacute; la dej&eacute;.<\/p>\n<p>Mmmm, que bueno el caf&eacute;. Para estar m&aacute;s c&oacute;moda, sub&iacute; una de mis piernas sobre la otra, cruzando mis muslos&#8230; Mis muslos, tan blanquecinos antes de los ba&ntilde;os de sol veraniegos; mis muslos, tan suaves al tacto y a la vez tan c&aacute;lidos. Me los acarici&eacute;, luego inclin&eacute; mi torso y bes&eacute; el que tuve m&aacute;s cerca.<\/p>\n<p>De pronto, son&oacute; una notificaci&oacute;n en mi m&oacute;vil. Lo ten&iacute;a sobre la mesa de centro acristalada, junto al sof&aacute;. Lo as&iacute; con una mano y hurgu&eacute; en su pantalla con mi dedo pulgar:<\/p>\n<p>&quot;Vas a votar?&quot;. Eusebio.<\/p>\n<p>Mi jefe.<\/p>\n<p>&quot;No. Ya sabes que no me interesa la pol&iacute;tica. Me parecen todos lo mismo. Y t&uacute;?&quot;. Yo.<\/p>\n<p>&quot;Quiero votar&quot;. &Eacute;l.<\/p>\n<p>&quot;Pues ve. Qu&eacute; te lo impide?&quot;. Yo.<\/p>\n<p>&quot;Quiero votar en tu urna&quot;. &Eacute;l.<\/p>\n<p>Ay, mi jefe&#8230;<\/p>\n<p>&quot;Mi urna&#8230; Qu&eacute; dices?&quot;. Yo.<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;. Meter mi papeleta en tu urna&quot;. &Eacute;l<\/p>\n<p>&quot;Eusebio. Votar no es obligatorio aqu&iacute;&quot;. Yo.<\/p>\n<p>&quot;Ruth. Votar&eacute; voluntariamente, pero en tu urna. Debe estar bien calentita, como mi voto&quot;. Foto. &Eacute;l.<\/p>\n<p>La foto era de su polla, por supuesto.<\/p>\n<p>&quot;Vale. Ven. Y tu mujer?&quot;. Yo.<\/p>\n<p>&quot;Se lo he dicho. Le he dicho que voy a ir a votar&quot;. Emoticonos. &Eacute;l.<\/p>\n<p>Emoticonos. Yo.<\/p>\n<p>&quot;Tu marido?&quot;. &Eacute;l.<\/p>\n<p>&quot;Lo sabes. Presidente de mesa. Le toc&oacute;&quot;. Yo.<\/p>\n<p>&quot;Estar&eacute; en tu casa en media hora&quot;. El.<\/p>\n<p>Eusebio lleg&oacute;. Entr&oacute;. Fuimos al dormitorio. Cerramos la puerta. &Eacute;l se desnud&oacute;. Yo me desnud&eacute;. Eusebio, ya cincuent&oacute;n, ten&iacute;a un cuerpo extraordinario, era muy atl&eacute;tico: se notaba que se cuidaba. Nos quedamos de pie uno frente al otro, mir&aacute;ndonos las caras, oli&eacute;ndonos dir&iacute;a yo. &Eacute;l avanz&oacute; sus fornidos brazos y los pas&oacute; por mi espalda, acarici&aacute;ndome con sus dedos mientras iba bajando, bajando&#8230; Lleg&oacute; a mis nalgas y me las palme&oacute;, haciendo que me temblasen, luego las acarici&oacute;; luego me atrajo hacia su cuerpo, y me bes&oacute;. Me bes&oacute; como besan los adolescentes, sacando la lengua para llevar su puntita hasta mi paladar, para recorrer enteras mis enc&iacute;as; me daba suaves mordisquitos en mi labio superior y lam&iacute;a las comisuras. Despu&eacute;s, inclin&oacute; la cabeza y chup&oacute; mis tetas en todas direcciones, deteni&eacute;ndose en lamer mis pezones de vez en cuando. De mi cuello hizo su especial fest&iacute;n, besando, mordiendo y lamiendo a la vez. &quot;Vamos a la cama&quot;, le ped&iacute; entre suspiros.<\/p>\n<p>Me acost&eacute;. Se acost&oacute; junto a mi. Se puso de costado y extendi&oacute; una mano hasta mi co&ntilde;o, mientras me daba sonoros besos en el ment&oacute;n, en los ojos. Introdujo unos dedos en mi rajita. Sus masajes me produjeron oleadas de calor que me iban subiendo m&aacute;s y m&aacute;s, electrizando mis brazos, nublando mi cerebro. &quot;F&oacute;llame, Eusebio, f&oacute;llame&quot;, supliqu&eacute;. &Eacute;l, inmediatamente, subi&oacute; encima de m&iacute; y me penetr&oacute; con su dura polla. &quot;Mmmm, Eusebio,&quot;, gem&iacute;. El torso de Eusebio era peludo; eso me gustaba, y, entretanto &eacute;l estaba arriba arremetiendo, metiendo y sacando, yo me entreten&iacute;a en jugar con sus vellos entre mis labios, d&aacute;ndoles besitos. &quot;Ahh, ahh, Eusebio, m&aacute;s, m&aacute;s&quot;, ped&iacute;a yo; &quot;Ruth, ohg, &iexcl;Ruth! &quot;, rug&iacute;a &eacute;l. &quot;Eusebio, ah-amor, c&oacute;rrete, c&oacute;rrete, va-ah-mos, l-ohs dos&quot;. Sent&iacute; su explosi&oacute;n de gozo en mi entrepierna: su abundante eyaculaci&oacute;n la verti&oacute; en el interior de mis muslos, ya que ninguno tomamos precauciones durante el fragor amoroso. &quot;&iexcl;Oh, Eusebio, qu&eacute; bien me he quedado!&quot;; &quot;Y, yo, Ruth, en fin, esto de ejercer tu derecho al voto tiene su lado bueno&quot;. Los dos re&iacute;mos.<\/p>\n<p>&quot;Ruth, vente, te invito a tomar algo, total, tu marido no volver&aacute; hasta despu&eacute;s del escrutinio, y mi mujer, como cree que he ido a votar, aprovechar&aacute; para ir al bingo, asco de ludopat&iacute;a&#8230;&quot;; &quot;Vale, Eusebio, me visto&quot;; &eacute;l ya se hab&iacute;a vestido. Me puse un vestido corto estampado de tiras, una rebeca por encima y unas zapatillas de lona sin calcetines. Me retoqu&eacute; un poco el peinado, no fuese a parecer que acababa de estar follando&#8230;<\/p>\n<p>Entramos a un bar y nos aproximamos a la barra. El sitio era lujoso, con mesas muy pulidas y acristaladas, paredes espejadas, camareros con pajarita y mandil franc&eacute;s. Nos acomodamos en unos taburetes altos con respaldos. Pedimos dos Martinis. &quot;Ruth, &iquest;c&oacute;mo le va a Carlos?&quot;, me pregunt&oacute; Eusebio, Carlos es mi marido ; &quot;Bien, se apa&ntilde;a con la venta de antig&uuml;edades por Internet&quot;, respond&iacute;; &quot;Nunca debi&oacute; abandonarnos, le iba bien en nuestra empresa&#8230;&quot;; &quot;Sabes que sospechaba de lo nuestro&quot;; &quot;&iquest;Y qu&eacute;?, una cosa es el dinero y otra los sentimientos&quot;; &quot;Le promet&iacute; que no te ver&iacute;a nunca m&aacute;s y ahora&#8230;&quot;; &quot;Hoy es d&iacute;a de elecciones, te eleg&iacute;&quot;. Nos re&iacute;mos. &quot;Bendita urna&quot;, dijo, y me bes&oacute; en el cuello; &quot;Hola, hola, hola, &iquest;a qui&eacute;n tenemos aqu&iacute;?, buenos d&iacute;as, Eusebio&#8230; y compa&ntilde;&iacute;a&quot;, nos salud&oacute; un tipo trajeado, muy afeitado y bajito; &quot;Hombre, hola, os presento, Ruth, este es Ram&oacute;n, un buen cliente&quot;; &quot;Hola, Ruth&quot;, solt&oacute; el tipo alargando su mano, que yo sacud&iacute;; &quot;Hola, Ram&oacute;n&quot;, dije; &quot;Veo que no pierdes el tiempo, &iexcl;eh, Eusebio!&quot;, dijo el tal Ram&oacute;n; &quot;No es lo que parece&quot;; &quot;Claro, claro, bueno, &iquest;hab&eacute;is ido a votar?&quot;, pregunt&oacute;; &quot;S&iacute; es lo que parece&quot;, dije yo, &quot;y &eacute;l s&iacute; ha votado, en mi urna&quot;; &quot;Vaya, vaya&quot;; &quot;Ruth, por favor&quot;; &quot;Eusebio&quot;.<\/p>\n<p>Eusebio se levant&oacute; y llev&oacute; a su cliente del brazo hacia la calle. All&iacute; los vi gesticular a los dos, d&aacute;ndose explicaciones al parecer; a los pocos minutos, Eusebio volvi&oacute;, solo.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Qu&eacute; pasa?&quot;; &quot;Nada, Ruth, pero le he tenido que decir que eras mi se&ntilde;orita de compa&ntilde;&iacute;a, una puta vamos, para que no pensase en que soy infiel a mi esposa ni nada por el estilo, ya sabes que ella es la capitalista, le he tenido que dar tu tel&eacute;fono, le has gustado en cantidad&quot;; &quot;Vale, Eusebio, has hecho bien&quot;.<\/p>\n<p>Volv&iacute; a mi casa. Llam&eacute; a Carlos. Estaba alegre y me cont&oacute; an&eacute;cdotas de la jornada de votaciones en su colegio. &quot;Cari&ntilde;o, luego nos vemos, tengo ganas de comerte el co&ntilde;o&quot;, me dijo en voz baja, &quot;esp&eacute;rame despierta, y no te duches, ya sabes que me gusta tu olor a hembra&quot;. Este Carlos&#8230;<\/p>\n<p>Com&iacute; algo ligero y me acost&eacute; en la cama. A&uacute;n ol&iacute;a a Eusebio; cambi&eacute; las s&aacute;banas: me volv&iacute; a acostar. Cerr&eacute; los ojos. Me acord&eacute; de la polla de Eusebio, tan recta y dura; la de Carlos es m&aacute;s combada, como en forma de pl&aacute;tano&#8230; El glande de Eusebio es rojizo; el de Carlos est&aacute; m&aacute;s amoratado, y tiene un lunar. Me desnud&eacute;. Me empec&eacute; a tocar: las tetas, despu&eacute;s el co&ntilde;o. Ten&iacute;a ganas de masturbarme. Oh, las pollas&#8230; Pero para polla aquella que me com&iacute; en La Habana, con toda su leche. Eso fue una ma&ntilde;ana:<\/p>\n<p>Est&aacute;bamos de vacaciones. Carlos quer&iacute;a visitar museos, pero a mi no me apetec&iacute;a: prefer&iacute;a quedarme en el hotel, acostada, prefer&iacute;a descansar. As&iacute; que me qued&eacute; sola. A mediod&iacute;a, alguien abri&oacute; la puerta de la habitaci&oacute;n. Me sobresalt&eacute; y me incorpor&eacute;. En el umbral de la puerta vi a un joven mulato vestido de librea. &quot;&iquest;Qu&eacute; quieres?&quot;, pregunt&eacute;; &quot;Se&ntilde;ora, servicio de habitaciones, vengo a retirar las bandejas del desayuno&quot;; &quot;Entra&quot;, orden&eacute;. A causa de la precipitaci&oacute;n del momento, y de su imprevisi&oacute;n, yo me hallaba en bragas y sin sujetador, y el mulato, que no pudo evitar mirarme, se empalm&oacute;. Yo me di cuenta: el tama&ntilde;o de su paquete aumentaba por segundos, m&aacute;s, y m&aacute;s y m&aacute;s. &quot;Ven&quot;, ped&iacute; al mulato. &Eacute;l se acerc&oacute; a la cama. Yo, de rodillas sobre el colch&oacute;n, le puse mis brazos en sus hombros, y le bes&eacute;. Su polla era descomunal, amenazaba con romper la abotonadura de su porta&ntilde;uela. &quot;Ven&quot;, le dije. Le quit&eacute; el cintur&oacute;n, le baj&eacute; los pantalones. &quot;Ven&quot;, repet&iacute;; &quot;Se&ntilde;ora, es usted tan blanca, tan rubia que&#8230;&quot;; &quot;Ven&quot;, implor&eacute;. Hice que se tumbara en la cama, y me met&iacute; su enorme y negra polla en mi boca. Mmmm. Casi no me cab&iacute;a. Mmmm. Abajo. Arriba. Ayud&aacute;ndome con las manos para que no se me fuera. Mmmm. Qu&eacute; gusto. Chupar esa polla. Mmmm. Y me voy masturbando. Y mis recuerdos acuden a mi cabeza con brillos renovados. Y la ola de calor viene en mi ayuda. Y la polla negra que se hincha, se hincha, que va a explotar. &quot;Ahh, uhh, ahh, mmm&quot;. Y su semen expelido sobre mi lengua, tibio, viscoso. Y yo, &iexcl;que me corro!<\/p>\n<p>Despu&eacute;s, le di veinte euros.<\/p>\n<p>No s&eacute; cu&aacute;nto tiempo dorm&iacute; despu&eacute;s del orgasmo. Supongo que tres o cuatro horas, porque quien me despert&oacute; fue Carlos, que volv&iacute;a del colegio electoral despu&eacute;s del escrutinio de votos, y lo que me despert&oacute; fue una leve presi&oacute;n en mi pubis. Claro, Carlos me hab&iacute;a avisado: ten&iacute;a ganas de comerme el co&ntilde;o; y eso hac&iacute;a. Carlos, hall&aacute;ndome dormida, me hab&iacute;a abierto las piernas con suavidad, hab&iacute;a metido su rostro barbudo entre mis muslos y me estaba metiendo la lengua en el co&ntilde;o, mientras con uno de sus dedos masajeaba mi cl&iacute;toris. &quot;Hola, Carlos&quot;, murmur&eacute;; &quot;Calla, Ruth, que me desconcentras&quot;, susurr&oacute; &eacute;l levantando su cabeza para mirarme, y continu&oacute; su chupeteo. &quot;Mmmm, oy, Carlos, ahh, qu&eacute; gusto&quot;, gem&iacute;. El silencio de la habitaci&oacute;n s&oacute;lo era interrumpido por mis continuos jadeos, su respiraci&oacute;n forzada y el sonido de sus babas y mis jugos entrechocando. De pronto, mi m&oacute;vil: una notificaci&oacute;n. Perezosamente, levant&eacute; con una mano el aparato de la mesita de noche y mir&eacute;: un mensaje:<\/p>\n<p>&quot;Est&aacute; abierta tu urna, querida, puedo votar?&quot;. Ram&oacute;n.<\/p>\n<p>&quot;Lo siento. En estos momentos est&aacute;n contando los votos depositados en su interior&quot;. Yo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>El d&iacute;a de las elecciones me levant&eacute; de mi cama a las diez y media de la ma&ntilde;ana. La claridad del d&iacute;a entraba filtrada por los estores. Me saqu&eacute; el camis&oacute;n por la cabeza, me calc&eacute; las pantuflas y abr&iacute; la puerta de mi habitaci&oacute;n. 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