{"id":21280,"date":"2019-07-18T22:00:00","date_gmt":"2019-07-18T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2019-07-18T22:00:00","modified_gmt":"2019-07-18T22:00:00","slug":"21280-dos-extraos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/21280-dos-extraos\/","title":{"rendered":"Ella se derrumb\u00f3 sobre \u00e9l y se corrieron juntos"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"21280\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Ella le puso el plato de paella en la mesa. &Eacute;l estaba catando el vino tinto, que por cierto, era malo c&oacute;mo la peste, nada que ver con el tinto del pa&iacute;s que tomaba en su tierra, Galicia. Ella, con acento sudamericano, le dijo:<\/p>\n<p>-Espero que todo est&eacute; de su agrado.<\/p>\n<p>&Eacute;l la mir&oacute;. Era una chica morena de casi metro setenta, de ojos preciosos, sonrisa angelical, lindo rostro y rellenita, no estaba gorda, ten&iacute;a donde agarrar&#8230; Buenas tetas, buen culo&#8230; Le gust&oacute;, pero no se molest&oacute; en decirle nada bonito, era demasiado monumento para tan poco pedestal. No coment&oacute; nada del vino, se limit&oacute; a responder:<\/p>\n<p>-Buena pinta la tiene.<\/p>\n<p>Estaban en una terraza de un restaurante de la tierra de la paella. Eran ya las once de la noche y el calor dejara paso al bochorno. Al final hasta el vino le baj&oacute; bien, ya que la paella estaba deliciosa. Ella, retirando el plato vac&iacute;o de la mesa, le pregunt&oacute;:<\/p>\n<p>-&iquest;Va a tomar postre el se&ntilde;or?<\/p>\n<p>-No, gracias, preciosa, (lo de preciosa se le escap&oacute;) tomar&eacute; un caf&eacute; y una copa de brandy, Napole&oacute;n, si ten&eacute;is.<\/p>\n<p>-No s&eacute; si tenemos, hace poco que trabajo aqu&iacute;, lo preguntar&eacute;.<\/p>\n<p>No ten&iacute;an Napole&oacute;n y acab&oacute; tomando un Veterano. Tambi&eacute;n le ofreci&oacute; puro, pero &eacute;l no fumaba.<\/p>\n<p>Cerraron el restaurante cuando el maduro acab&oacute; de tomar el caf&eacute; y la copa. Pag&oacute;, dej&oacute; una buena propina y se fue al aparcamiento. All&iacute; se meti&oacute; en su auto, ech&oacute; el respaldo del asiento hacia atr&aacute;s y se dispuso a descansar un poco para que se le fuesen los efectos del alcohol, no era el caso de dar positivo si lo paraban en un control policial y lo hac&iacute;an soplar, que soplar ya hab&iacute;a soplado bastante.<\/p>\n<p>Estaba con las manos en la nuca cuando tocaron con los nudillos en la ventanilla. Mir&oacute;, y la vio, era la chica que lo hab&iacute;a servido. Se incorpor&oacute;, abri&oacute; la ventanilla, y antes de que hablara, le dijo la joven:<\/p>\n<p>-&iquest;Me pod&iacute;a acercar a mi casa? A mi pareja se le estrope&oacute; el auto y no hay taxis disponibles. Le pagar&eacute; el viaje.<\/p>\n<p>Levant&oacute; el respaldo del asiento, y le respondi&oacute;:<\/p>\n<p>-Ser&aacute; un placer. Entra e ind&iacute;came el camino.<\/p>\n<p>La joven le fue diciendo por donde ir. Acabaron en una apartada cala. El, tir&oacute; de ingenio.<\/p>\n<p>-&iexcl;Lo sab&iacute;a!<\/p>\n<p>La chica se sorprendi&oacute;.<\/p>\n<p>-&iexcl;&iquest;Qu&eacute; sab&iacute;as?!<\/p>\n<p>-Que eras una sirena. Una belleza c&oacute;mo la tuya no es normal.<\/p>\n<p>La joven, sonri&oacute;, y fue a grano.<\/p>\n<p>-Tengo diez minutos para ti, diez o quince, pero no m&aacute;s.<\/p>\n<p>-Pues no perdamos el tiempo.<\/p>\n<p>Se besaron c&oacute;mo si se conocieran de siempre. Ella rodeaba el cuello del maduro con sus brazos y el maduro le cog&iacute;a el culo y la apretaba contra &eacute;l para que sintiera su dura polla entre sus piernas.<\/p>\n<p>Ella le desaboton&oacute; la camisa&#8230; Se desnudaron el uno a la otra, y viceversa. Ella se ech&oacute; boca arriba sobre la arena, &eacute;l se le ech&oacute; encima&#8230; Las olas llegando a la orilla y subiendo por sus piernas le daban a &eacute;l en el trasero y a ella le mojaban los pies, las piernas y el chochito. El vaiv&eacute;n de las olas, dejando la espuma al retroceder hac&iacute;a el polvo casi m&aacute;gico. Sus lenguas se deslizaban una sobre la otra, y sus bocas las chupaban. &Eacute;l notaba sus pezones duros sobre su pecho y la humedad de su chochito, que no era de agua salada. Ella notaba su polla llenando su co&ntilde;o y se mov&iacute;a debajo de &eacute;l buscando el orgasmo&#8230; Y lo encontr&oacute;. &Eacute;l se qued&oacute; quieto al sentir c&oacute;mo el chochito apretaba su polla y c&oacute;mo la ba&ntilde;aba, ella le com&iacute;a la boca y clavaba las u&ntilde;as en su culo debido al tremendo placer que sent&iacute;a. Sus gemidos eran tan sensuales que parec&iacute;a que en vez de salir de su boca sal&iacute;an de una caracola.<\/p>\n<p>Al acabar de correrse, lo bes&oacute;, subi&oacute; encima de &eacute;l y lo cabalg&oacute; d&aacute;ndole a comer sus deliciosas tetas. &Eacute;l no soltaba su culo, era como si tuviera im&aacute;n. Le encantaba acariciarlo. No la nalgue&oacute;, dej&oacute; que fuese ella la que lo hiciese todo, y todo lo hizo, sin escatimar besos ni caricias, hasta que &eacute;l le dijo:<\/p>\n<p>-&iexcl;Me corro!<\/p>\n<p>-&iexcl;Y yo!<\/p>\n<p>La joven se derrumb&oacute; sobre &eacute;l y se corrieron juntos mientras los besos ahogaban los gemidos.<\/p>\n<p>M&aacute;s que follar hab&iacute;an hecho el amor.<\/p>\n<p>Visti&eacute;ndose, le dijo ella a &eacute;l:<\/p>\n<p>-No debiste venir. Son diez horas para llegar aqu&iacute; y diez horas para volver a Galicia.<\/p>\n<p>-C&oacute;mo si fueran cien, vali&oacute; la pena. Sabes que te&#8230;<\/p>\n<p>-&iexcl;No lo digas!<\/p>\n<p>-Te amo.<\/p>\n<p>-&iexcl;Ten&iacute;as que decirlo!<\/p>\n<p>-S&iacute;, ten&iacute;a que dec&iacute;rtelo en persona.<\/p>\n<p>-Sabes&#8230;<\/p>\n<p>La call&oacute; con un beso, y despu&eacute;s le dijo:<\/p>\n<p>-Lo s&eacute;.<\/p>\n<p>&iquest;Se conocer&iacute;an de algo? Me late que extra&ntilde;os no eran.<\/p>\n<p>Quique.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 3<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Ella le puso el plato de paella en la mesa. &Eacute;l estaba catando el vino tinto, que por cierto, era malo c&oacute;mo la peste, nada que ver con el tinto del pa&iacute;s que tomaba en su tierra, Galicia. Ella, con acento sudamericano, le dijo: -Espero que todo est&eacute; de su agrado. &Eacute;l la mir&oacute;. 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