{"id":21396,"date":"2019-08-02T22:00:00","date_gmt":"2019-08-02T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2019-08-02T22:00:00","modified_gmt":"2019-08-02T22:00:00","slug":"la-prueba-de-una-aventura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-prueba-de-una-aventura\/","title":{"rendered":"La prueba de una aventura"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"21396\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Carmen oy&oacute; el sonido del despertador de su m&oacute;vil a las once, y alarg&oacute; el brazo para deslizar el dedo &iacute;ndice sobre la pantalla y apagarlo; despu&eacute;s abri&oacute; los ojos. El dormitorio estaba en penumbra; la claridad del d&iacute;a, filtrada a trav&eacute;s de los estores, daba un aspecto irreal a la habitaci&oacute;n; bueno, eso y lo bien que se sent&iacute;a esa ma&ntilde;ana, no como otras, en las que se despertaba desgastada, sinti&eacute;ndose vieja, no: esa ma&ntilde;ana se sent&iacute;a joven. Le vinieron a la cabeza borrosas im&aacute;genes de lo ocurrido durante la tarde y noche del d&iacute;a anterior, y una leve sonrisa se le dibuj&oacute; en la boca. Se inspeccion&oacute; el cuerpo mentalmente, haci&eacute;ndose una especie de TAC: los miembros estaban relajados; el torso irradiaba calidez; la cabeza descansaba; eso s&iacute;, not&oacute; que estaba completamente desnuda bajo la s&aacute;bana. &quot;&iexcl;C&oacute;mo!, me acost&eacute; desnuda&quot;, pens&oacute;, y rio para sus adentros. Acto seguido, se levant&oacute;.<\/p>\n<p>En fin, estaba desnuda, s&iacute;, no se hab&iacute;a puesto el pijama de verano, ese tan fino que hasta los oscuros pezones se le transparentaban, pero s&iacute; se hab&iacute;a duchado: un perfume a rosas difuminado proveniente de la tibieza de la cama reci&eacute;n abandonada lo delataba. Carmen se puso una batita y sali&oacute; del dormitorio.<\/p>\n<p>En el saloncito hab&iacute;a orientativas pistas sobre lo acontecido hace relativamente escasas horas: una botella de vino tinto Chianti vac&iacute;a y dos vasos de ca&ntilde;a manchados y un cenicero a rebosar de colillas sobre la mesita de centro, y dos condones con los dep&oacute;sitos llenos de semen cerrados con un nudo en la abertura tirados en el suelo, junto al sof&aacute;. Carmen recogi&oacute; las basuras con ambas manos y se dirigi&oacute; a la cocina. Una vez tiradas las pruebas de su aventura al cubo, prepar&oacute; la cafetera italiana y cogi&oacute; dos magdalenas del mueble despensa.<\/p>\n<p>&quot;Carmen, oh, oh, Carmen&quot;; &quot;Sigue, no-no pares, Aurelio, ahh, ahh&quot;.<\/p>\n<p>Le vino esto a la memoria. Carmen, repantigada en la silla, obten&iacute;a flashes de sus recuerdos. &quot;Pero &iexcl;tanto no hab&iacute;a bebido!&quot;, pens&oacute;. No, Carmen, no, tanto no hab&iacute;as bebido, sin embargo el cerebro a veces nos juega malas pasadas y, algo que dese&aacute;bamos apasionadamente, lo borra del intelecto y lo graba en las emociones; as&iacute; que, Carmen, debes traspasarlo desde tu pecho a tu cabeza, tarea harto dif&iacute;cil. Carmen, &iquest;cu&aacute;ndo fue la &uacute;ltima vez que follaste antes que esta?<\/p>\n<p>&quot;Fue con mi marido; yo ya estaba dormida; &eacute;l lleg&oacute; del restaurante, me despert&oacute; el portazo; &eacute;l entr&oacute; en la habitaci&oacute;n, se quit&oacute; la camisa, se sac&oacute; la polla por la porta&ntilde;ica del pantal&oacute;n, me destap&oacute;, me subi&oacute; el camis&oacute;n hasta el cuello, me apart&oacute; la tirilla de las bragas y, de un tir&oacute;n, me arranc&oacute; el sujetador; luego se subi&oacute; encima m&iacute;a, ol&iacute;a a sudor, alcohol y mujeres; me saliv&oacute; y mordi&oacute; las tetas brutalmente, y me penetr&oacute;; not&eacute; la abrupta presi&oacute;n en mi entrepierna y decid&iacute; gemir lastimerante para que acabase antes: pronto, se corri&oacute;, y se durmi&oacute;; unos d&iacute;as despu&eacute;s me separ&eacute;, luego nos divorciamos&quot;.<\/p>\n<p>&iquest;Y antes?<\/p>\n<p>&quot;Mi marido&#8230;&quot;.<\/p>\n<p>No, Carmen, digo antes de tu marido&#8230;<\/p>\n<p>&quot;Antes de casarme fui novia de un muchacho muy dulce; era m&uacute;sico, me compon&iacute;a letras, canciones; cuando hac&iacute;amos el amor, &eacute;l, se dir&iacute;a, se posaba sobre m&iacute;, como una mariposa, me susurraba al o&iacute;do mientras me montaba, yo le sujetaba las nalgas y lo apretaba, le marcaba el ritmo, pues &eacute;l se extasiaba mirando mi rostro y nunca me pon&iacute;a a punto para el orgasmo: se sacud&iacute;a l&aacute;nguidamente cuando se corr&iacute;a y me llenaba de besos; no puedo decir que no me gustara, pero una, en fin&#8230;&quot;.<\/p>\n<p>Carmen, entonces&#8230; has tenido orgasmos, &iquest;verdad?<\/p>\n<p>&quot;Pocos, s&iacute;, y a mi edad, que rozo la cincuentena, &iexcl;ay!, pero ayer&#8230;&quot;<\/p>\n<p>Ves, Carmen, a trav&eacute;s de una emoci&oacute;n, el orgasmo, resurge la memoria.<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;, s&iacute;, ayer, me acuerdo, fue&#8230;&quot;:<\/p>\n<p>&quot;Fui a la playa, como todas las tardes. Puse mi cesta en la arena, me saqu&eacute; el vestido por la cabeza, extend&iacute; la toalla y me tumb&eacute; bocarriba sobre ella. Ah, qu&eacute; tranquilidad, a esa hora, en la que apenas hac&iacute;a calor, y tan poca gente hab&iacute;a, el murmullo de las olas&#8230;, ah; cambi&eacute; de posici&oacute;n y me sent&eacute;; tengo las tetas grandes, carnosas, y, como me apretaba el sujetador del bikini me lo quit&eacute;; las tetas cayeron gr&aacute;vidas, libres; luego cog&iacute; el paquete de cigarrillos de la cesta, saqu&eacute; uno y lo encend&iacute;; despu&eacute;s de fumar, fui a darme un ba&ntilde;o corto en el mar; y fue cuando sal&iacute;a que me fij&eacute;: un muchacho joven, musculado, moreno y de pelo rizado me estaba observando; no puedo negar que en ese momento me sent&iacute; especial, pero tambi&eacute;n pens&eacute; que quiz&aacute; el muchacho estaba mirando otra cosa, as&iacute; que gir&eacute; la cabeza hacia atr&aacute;s, aunque s&oacute;lo vi un barco, muy lejos; s&iacute;, sin duda me miraba a m&iacute;; me doy cuenta de que el tama&ntilde;o de mis tetas es llamativo, no obstante el muchacho parec&iacute;a estar mir&aacute;ndome a la cara; volv&iacute; a sentarme en la toalla, encend&iacute; otro cigarrillo&quot;.<\/p>\n<p>Aurelio avanz&oacute; unos pasos hasta llegar a la posici&oacute;n de Carmen. &quot;Hola&quot;, dijo, &quot;&iquest;no me conoces?&quot; Carmen, sorprendida, dijo: &quot;No&quot;; &quot;No, claro&quot;, dijo Aurelio, y se sent&oacute; junto a Carmen. &quot;T&uacute; eres Carmen, la ex esposa de Ramiro&quot;, afirm&oacute; Aurelio; &quot;S&iacute;, pero t&uacute; &iquest;de qu&eacute; me conoces?&quot;, pregunt&oacute; Carmen; &quot;Soy Aurelio, el hijo del por entonces jefe de Ramiro, me tra&iacute;as caramelos cuando ibas al restaurante a ver a tu marido, &iquest;te acuerdas?, supongo que por hacer la pelota a mi padre&quot;, rio Aurelio; &quot;Ahora caigo, &iexcl;oy, hijo, c&oacute;mo has crecido!&quot;, rio Carmen; &quot;La &uacute;ltima vez que te vi yo ten&iacute;a catorce a&ntilde;os, te separaste, no volviste m&aacute;s&quot;; &quot;Debes comprender que&#8230;&quot;; &quot;Te ech&eacute; de menos&quot;. Esta &uacute;ltima frase sali&oacute; tan de dentro de Aurelio, y fue pronunciada con tal solemnidad, que a Carmen se le transform&oacute; el rostro; not&oacute; una especie de reclamo en el uso, un algo trascendente, algo que ten&iacute;a que ver con un profundo deseo. &quot;Oye, Aurelio&#8230;&quot;; &quot;&iquest;Me das un cigarrillo?&quot;.<\/p>\n<p>Carmen tendi&oacute; el cigarrillo a Aurelio y le prendi&oacute; lumbre. Aurelio se tumb&oacute; de costado en la arena, cara a ella, sin dejar de mirarla. Carmen no tard&oacute; en seguir su ejemplo. Ambos se miraban. Carmen reconoci&oacute; los rasgos de aquel joven que hace tiempo la miraba de la misma manera; Aurelio, a pesar de los a&ntilde;os pasados, ve&iacute;a en Carmen aquella mujer treinta&ntilde;era que excitaba sus sentidos. Al principio, se besaron en los labios, con suavidad; pronto sus lenguas se enlazaron entre sus bocas. Los suspiros de Carmen se ahogaban en los labios de Aurelio. Una mano en las tetas de ella, otra mano en la entrepierna de &eacute;l, la saliva de la cascada de las bocas goteando en la arena; un gemido de Carmen al contacto de una mano de Aurelio sobre las caderas; &quot;Vivo a dos manzanas&quot;, y la invitaci&oacute;n de Carmen.<\/p>\n<p>Sentados en el amplio sof&aacute; de la casa de Carmen, hablaron, rieron, fumaron, bebieron vino, y, cuando oscureci&oacute; en el saloncito y hubo que encender la l&aacute;mpara de pie, se desnudaron. Aurelio se arrodill&oacute; en el suelo, meti&oacute; la cabeza entre las piernas de Carmen y le comi&oacute; el co&ntilde;o, degustando sus flujos, oyendo sus grititos y jadeos; not&oacute; su cl&iacute;max, entonces se irgui&oacute;, se puso el cond&oacute;n, la guio para que se levantase y se sentase en su regazo cuando &eacute;l se sentara, y follaron: las rodillas de Carmen se hund&iacute;an en el mullido sof&aacute; mientras botaba arriba y abajo sobre la dura polla de Aurelio; los pezones, mordidos y besados, trazaban c&iacute;rculos en el aire. &quot;&iexcl;Carmen, oh, oh, Carmen!&quot;; &quot;&iexcl;Ahh, ahh, ya, c&oacute;rrete, ya!&quot;, gritaba Carmen; y Aurelio eyacul&oacute;. Despu&eacute;s, tras acabar la botella de Chianti, hubo otro polvo. Esta vez precedido de una mamada de Carmen para que Aurelio recuperase el tono: inclin&oacute; la cabeza sobre el regazo de Aurelio y chup&oacute;, lami&oacute; y mam&oacute;; luego, apoyando las manos en el reposabrazos, se puso a gatas para que Aurelio la penetrara a placer. La columna inclinada, el culo subido, el torso adelante y atr&aacute;s, las tetas bambole&aacute;ndose, las recias manos de &eacute;l sujetas a la cintura de ella para no errar nunca en la diana del co&ntilde;o. &quot;&iexcl;Ahh, m&aacute;s, m&aacute;s, sigue, no-no pares, Aurelio, ahh, ahh!&quot;; y el ronco rugido de la corrida de Aurelio.<\/p>\n<p>Y, ah&iacute;, en la cocina, sentada frente a la mesa de formica, Carmen se masturb&oacute;. Esta tarde ir&iacute;a de nuevo a la playa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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