{"id":21536,"date":"2019-08-29T22:00:00","date_gmt":"2019-08-29T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2019-08-29T22:00:00","modified_gmt":"2019-08-29T22:00:00","slug":"el-primer-encuentro-juan-y-gabriel-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-primer-encuentro-juan-y-gabriel-1\/","title":{"rendered":"El primer encuentro: Juan y Gabriel (1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"21536\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>No nos saludamos mucho, porque nos hab&iacute;amos dicho ya lo esencial antes, por el correo, aunque fuera a aquellas horas de la noche. Ya sab&iacute;amos lo que nos apetec&iacute;a hacer, si bien yo ten&iacute;a miedo, como me sol&iacute;a suceder, ante este hombre que conoc&iacute;a en imagen pero del que no pod&iacute;a saber c&oacute;mo responder&iacute;a, c&oacute;mo oler&iacute;a, qu&eacute; tono ten&iacute;a su voz&#8230;<\/p>\n<p>No nos saludamos mucho, s&oacute;lo una sonrisa, hola, hola, y nuestros nombres. Cerr&eacute; la puerta. Se notaba algo de fr&iacute;o ya, hab&iacute;amos tenido que esperar para conocernos al oto&ntilde;o, desde el verano. De todas maneras yo tambi&eacute;n estaba temblando de nervios, impaciente a la vez que deseoso de marcharme de all&iacute; porque tem&iacute;a no estar a la altura, no portarme como deb&iacute;a, decir alguna tonter&iacute;a. Me acerqu&eacute; a Juan y le tom&eacute; las manos, que me hab&iacute;an llamado la atenci&oacute;n en las fotos, por la fortaleza que parec&iacute;an tener. Le bes&eacute; la palma de las manos, las llev&eacute; a mi cintura y luego fui subiendo yo las m&iacute;as por sus brazos, hasta el hombro. Era como si fu&eacute;semos a bailar. Me acerqu&eacute; m&aacute;s a &eacute;l y, diciendo otra vez su nombre, lo acab&eacute; con un beso.<\/p>\n<p>&Eacute;l me respondi&oacute; suavemente, igual que yo le hab&iacute;a besado. Est&aacute;bamos empezando a conocernos, ese s&iacute; era un baile que empez&aacute;bamos de cero. Volvimos a besarnos, esta vez m&aacute;s fuerte, abraz&aacute;ndonos ahora, sintiendo el otro cuerpo, el calor, la presencia en la cabeza y en los m&uacute;sculos tensos. Ahora las lenguas se tocaban, se reconoc&iacute;an, aprend&iacute;an otro sabor, las rugosidades y las lisuras, el ir y venir de las lenguas se acomodaba a los peque&ntilde;os movimientos que hac&iacute;amos para acomodarnos a los besos sin m&aacute;s palabras.<\/p>\n<p>Juan, volv&iacute; a decir en voz baja. Era ya un suspiro, era satisfacci&oacute;n de mirarle de cerca, la barba, los ojos. Empec&eacute; a besarle la barba, los labios, el cuello.<\/p>\n<p>Sin decirnos mucho nos fuimos quitando la ropa, qu&eacute; m&aacute;s necesit&aacute;bamos. &Eacute;l ya me hab&iacute;a visto, yo me hab&iacute;a dejado llevar por el deseo sin objetivo que ten&iacute;a acumulado, pero su cuerpo era un descubrimiento. Le fui acariciando los pezones, los lam&iacute;, le acarici&eacute; la fuerte espalda, pas&eacute; las manos desde atr&aacute;s hasta la cintura, bes&eacute; el ombligo, otra vez los pezones, los dedos que tanto me gustaban. &Eacute;l me correspond&iacute;a, lentamente, como hab&iacute;amos quedado que nos gustaba, rozando la piel enteramente.<\/p>\n<p>Ahora los pantalones. Yo me agach&eacute; antes de que se quitara el calzoncillo, para lamerlo, lamer el exterior del pene, que se ve&iacute;a estaba excitado. Toqu&eacute; los test&iacute;culos, levemente volv&iacute; a acariciar sus pezones mientras le iba lamiendo el exterior del calzoncillo, que iba bajando cada vez un poquito m&aacute;s. Por fin lo descubr&iacute; por completo. Estaba excitado y se ergu&iacute;a, yo me aproxim&eacute; y bes&eacute; la punta, mientras llevaba las manos a los test&iacute;culos con la mayor suavidad. Saqu&eacute; la lengua y fui recorriendo el pene de arriba abajo, de abajo arriba, antes me hab&iacute;a quedado seco por los nervios, ahora la saliva parec&iacute;a milagrosamente recuperada. Fui mojando su verga imponente, y luego me la met&iacute; en la boca, poco a poco, saboreando cada segundo, cada sensaci&oacute;n. &Eacute;l iba acompa&ntilde;ando mis movimientos con los suyos, atr&aacute;s y adelante. Par&eacute; un poco, disfrutando de la situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Nos fuimos a la cama, que hasta entonces hab&iacute;a estado sola, sin uso, tanta era nuestra necesidad. Ahora ya pens&aacute;bamos m&aacute;s en el momento que ven&iacute;a despu&eacute;s, en la tranquilidad excitada que nos quedaba por delante. Bes&aacute;ndonos mucho m&aacute;s, nos acariciamos mutuamente, brazos, dedos, pezones, nalgas, test&iacute;culos, &iacute;bamos y ven&iacute;amos para no olvidar lugar alguno, para seguir sin hablar y sin embargo sabiendo lo que est&aacute;bamos diciendo, con apenas indicaciones que nos descubr&iacute;an qu&eacute; era lo que se esperaba.<\/p>\n<p>Nos pusimos a lamernos los penes como si tuvi&eacute;ramos miles de horas por delante, sabiendo que pronto acabar&iacute;amos, sin embargo. Yo descubr&iacute; que a &eacute;l le agradaba que le fuera presionando bajo los test&iacute;culos, alcanzando brevemente la zona secreta. Segu&iacute;, m&aacute;s interesado en &eacute;l que en mi mismo, chupando, presionando, incluso metiendo el dedo en su ano, sin saber si aquello le gustar&iacute;a. Acert&eacute; por sus movimientos, que as&iacute; me lo indicaron. Vi que la presi&oacute;n iba subiendo, los movimientos se hac&iacute;an m&aacute;s r&aacute;pidos, se movi&oacute; con alguna violencia esperada, que yo esperaba con la boca abierta, la lengua dispuesta, su semen me inund&oacute; la boca, se me sal&iacute;a por las comisuras, mientras yo sonre&iacute;a y &eacute;l gem&iacute;a un poco. Tragu&eacute; aquel l&iacute;quido caliente de sus entra&ntilde;as y fui poco a poco limpiando con la lengua todo su glande, dejando todo preparado para la segunda parte.<\/p>\n<p>Hab&iacute;amos parado un momento, y est&aacute;bamos acurrucados uno con el otro, Juan me hab&iacute;a pasado el brazo por encima, y yo reposaba la cabeza sobre su pecho. Respir&aacute;bamos tranquilos ahora, pues hab&iacute;amos agotado en un momento -no s&eacute; cu&aacute;nto tiempo- todo el deseo que llev&aacute;bamos alimentando con los correos y las fotos. Qu&eacute; bien se estaba en brazos de aquel hombre, sintiendo su olor, alzando la mirada para ver el rostro que conoc&iacute;a desde hac&iacute;a meses pero que s&oacute;lo ahora hab&iacute;a podido besar y admirar desde tan cerca.<\/p>\n<p>Sonre&iacute; y acarici&eacute; la barba, me separ&eacute; un poco y comenc&eacute; a acariciarle el pecho, yendo despacito alrededor de los pezones, simulando que me enredaba entre mis pensamientos y su cuerpo, tocando con la yema de los dedos la piel tersa y tan bronceada. Me deten&iacute;a cuando ve&iacute;a que le agradaba, porque le cambiaba la respiraci&oacute;n o me sonre&iacute;a especialmente. No hablaba m&aacute;s que para preguntar &iquest;te gusta? en voz baja, o bien me acercaba a su o&iacute;do y se lo susurraba, y dejaba que la lengua se me quedara demorada en el borde de su o&iacute;do, hasta llegar al l&oacute;bulo, del que tiraba y medio mord&iacute;a, y le susurraba otra vez &iquest;as&iacute;?, y dejaba escapar el aire, que a los dos nos daba un escalofr&iacute;o de placer presente y futuro.<\/p>\n<p>Baj&eacute; a sus caderas, a los muslos tan musculosos. &Iacute;bamos creciendo en intensidad, ahora ya volv&iacute;a la sangre a los penes, empez&aacute;bamos los dos a erguirnos aunque acostados. Sabore&eacute; las orillas de los muslos, dejando sin tocar lo que m&aacute;s deseaba volver a probar: su pene grueso, expectante, al que fing&iacute;a ignorar porque iba acariciando los muslos y que se moviera lentamente conmigo, que segu&iacute;a adorando este cuerpo so&ntilde;ado y deseado y que ahora estaba conmigo, todo m&iacute;o y de &eacute;l, compartiendo mi deseo.<\/p>\n<p>Me puse sobre Juan, los penes se tocaban, iban como dos animales que se buscan sabiendo que al final se han de encontrar. Los junt&eacute; con las manos, est&aacute;bamos igual de empalmados, las venas se correspond&iacute;an en una conversaci&oacute;n sin palabras entre los deseos. Me agach&eacute; y bes&eacute; su pene, grueso, apetecible, delicado y fuerte. Me deslic&eacute; por &eacute;l con los labios, rodeando su di&aacute;metro con la boca, de vez en cuando moj&aacute;ndolo con la lengua.<\/p>\n<p>Me volv&iacute; a poner sobre Juan, sobre sus caderas, y empec&eacute; a acariciarle el pecho, a bajar por los brazos hasta las manos, que entrelac&eacute; con las m&iacute;as. En ese momento me empec&eacute; a mover, acomodando su pene vibrante, me agach&eacute; sobre su boca, nos besamos intensamente, con las manos todav&iacute;a siendo unas, hasta que me solt&eacute; para estar m&aacute;s pegado a &eacute;l, besando otra vez todos los espacios de su cuerpo, los p&aacute;rpados, los labios, la nariz, dici&eacute;ndole al o&iacute;do &quot;C&oacute;mo me gustas&quot;, y repitiendo su nombre: Juan lo era todo en ese momento, el mundo era su cuerpo, su respiraci&oacute;n, su pene era mi encuentro con el deseo, as&iacute; que volv&iacute; a bajar a su centro.<\/p>\n<p>Sujet&eacute; con los dedos sus test&iacute;culos, tensos, rode&aacute;ndolos flojito con los dedos para ir estudiando los detalles de su piel, de su contorno, y luego los fui repasando con la lengua, recordando su sabor de antes y de ahora. Otro escalofr&iacute;o le recorr&iacute;a el cuerpo, luego se centraba en la punta del pene, y yo era parte de ese terremoto inesperado y bienvenido. Ahora dejaba los dedos en sus test&iacute;culos y sub&iacute;a con los labios por su pene, iba descubri&eacute;ndolo, iba lamiendo el glande, destapando y mojando, soplando para que el fr&iacute;o lo excitara. Volv&iacute; una y otra vez a subir y bajar con los labios rodeando el pene enhiesto, pulsante. Por fin me sub&iacute; a la cima, bes&eacute; y tragu&eacute; la cabeza del animal que me buscaba, mientras yo me iba acariciando mi pene, hasta que Juan me hizo darme la vuelta y empez&oacute; tambi&eacute;n &eacute;l a besarme y acariciarme el pene, igualmente deseoso. Pero yo quer&iacute;a probarle que me quer&iacute;a dedicar s&oacute;lo a &eacute;l, e insist&iacute; en mis besos, en lamer y chupar y devorar. Intent&eacute; meter el pene totalmente en mi boca y lo consegu&iacute;, ahog&aacute;ndome pero contento de la asfixia por deseo. Fui metiendo y sacando al animal que me visitaba y me daba tanto placer, entraba y sal&iacute;a, yo me mov&iacute;a con las manos por donde encontraba un hueco, entraba y sal&iacute;a de mi boca, y cuando sal&iacute;a yo dec&iacute;a &quot;Juan&quot;, porque no me atrev&iacute;a a llamarlo &quot;Cari&ntilde;o&quot; o a pedir &quot;Sigue, sigue&quot;.<\/p>\n<p>Yo segu&iacute;a enredado en su cuerpo, en su pene, enredado en las caricias a sus pezones, a la cara, a las nalgas que acariciaba, era todo manos para todo &eacute;l que era todo mi mundo nuevamente. S&oacute;lo hab&iacute;a &eacute;l, y yo estaba para servirle sin pedir nada.<\/p>\n<p>Not&eacute; que un se&iacute;smo se acercaba, por las se&ntilde;ales secretas y subterr&aacute;neas que enviaba. Not&eacute; c&oacute;mo se iba acercando, y me prepar&eacute; para la segunda venida de su semen, que presagiaban los m&uacute;sculos tensos, la respiraci&oacute;n agitada, sus manos en mi cabeza, y finalmente el grito contenido, apenas empezado, que se termin&oacute; en llenarme la boca otra vez de su jugo c&aacute;lido. Me fui calmando poco a poco, disfrutando de su regalo, que otra vez me inundaba. Tragu&eacute; como si la sed fuera eterna, lam&iacute; como si no quisiera recuerdo en su cuerpo. Me corr&iacute; al poco como si fuera a morir satisfecho en la batalla elegida.<\/p>\n<p>&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>Era imposible esperar m&aacute;s de aquel encuentro, porque llev&aacute;bamos tanto tiempo agot&aacute;ndonos, buscando el placer en el roce de la piel, que era una sola para los dos, una misma idea en dos cuerpos sin m&aacute;s miradas que las de buscar al otro en uno mismo, encontrarse en los besos, usar la lengua sin hablar, la garganta para ser besada, los brazos para rodear y apretar lo que ya no era Juan o Gabriel, sino el &uacute;nico ser del mundo en esos momentos. Todo beso, todo abrazo, todo hablar en voz baja o no decir nada m&aacute;s que lo que pod&iacute;a decir una mirada directa a los ojos, la mirada que luego iba descubriendo el cuerpo sin fronteras de nos daba tanto placer.<\/p>\n<p>Volvimos a besarnos lentamente, sonriendo y acariciando las cabezas, sujet&aacute;ndonos porque la debilidad se iba apoderando de nosotros, porque era imposible esperar algo m&aacute;s del d&iacute;a, no hab&iacute;a fuerzas m&aacute;s all&aacute; de la sonrisa y de los dedos entrelazados, y los besos enseguida retirados, las lenguas que se conoc&iacute;an ya como de siempre. Era imposible moverse sin que la lasitud de los m&uacute;sculos, relajados completamente, dejara duda. Hab&iacute;a terminado aquel arrebato, hab&iacute;amos perdido la idea del tiempo, y s&oacute;lo nos quedaba reposar y estar contentos con esta felicidad que nos envolv&iacute;a, nos llevaba en la ola de los brazos y los besos.<\/p>\n<p>Y sin embargo Juan no hab&iacute;a terminado. Me sujet&oacute; las nalgas, me las acarici&oacute; mientras me besaba. No s&eacute; c&oacute;mo nos pusimos de rodillas el uno frente al otro y volvi&oacute; a besarme con una pasi&oacute;n renovada, que se explicaba con las manos y los dedos que me rozaban y me devolv&iacute;an a la vida, hac&iacute;an que el milagro otra vez volviera, que mi pene y el suyo se buscaran como si quisieran ellos tambi&eacute;n besarse, ser uno como lo hab&iacute;an sido nuestros cuerpos enteros. Cu&aacute;nto tiempo estuvo bes&aacute;ndome, cu&aacute;ntos besos fueron compartidos, enormes, en la boca que pensaba que ya deb&iacute;a descansar y sin embargo comprend&iacute;a que todo lo anterior era apenas la idea de lo que vendr&iacute;a, que Juan era el sue&ntilde;o hecho realidad. Nos abrazamos, a&uacute;n de rodillas, con esa tensi&oacute;n de mantenernos rectos que compet&iacute;a con la de nuestros penes que se volv&iacute;an a levantar pidiendo m&aacute;s, desde el cansancio hasta la maravilla de este ataque. Juan me lami&oacute; los pezones, me sujetaba el pecho y me apretaba sin dolor, con pasi&oacute;n, me mord&iacute;a apenas y me llegaba al alma, adentro del cuerpo que anhelaba otra vez ser suyo, pero ahora a su altura.<\/p>\n<p>Yo le acariciaba sin pensar ya, besaba, lam&iacute;a, chupaba los brazos, el pene, el ombligo, sus nalgas, sus muslos, todo era saliva y sudor y pasi&oacute;n que nos arrastraba a los dos. Logr&eacute; derribarle en la cama y le di la vuelta. Me sent&eacute; sobre sus nalgas y fui masajeando su espalda, a veces suave, a veces apretando, preparando los m&uacute;sculos para luego, mientras mi pene se deslizaba entre sus nalgas, que yo iba mojando. Me retir&eacute; no s&eacute; cu&aacute;ndo y comenc&eacute; a lamerle las nalgas, que abr&iacute; y entre las cuales fui pasando la lengua, bordeando el ano, lamiendo m&aacute;s fuerte, y, mientras lo hac&iacute;a, sujet&eacute; con la mano su pene que sal&iacute;a entre las piernas renovado, hinchado como antes no lo hab&iacute;a visto. Baj&eacute; la boca a su pene, lo limpi&eacute; con la lengua llena de &eacute;l y de mi. Le di la vuelta a Juan, que ahora me miraba acaso pregunt&aacute;ndose cu&aacute;l era mi intenci&oacute;n.<\/p>\n<p>Yo me iba acariciando el pene, me rozaba con &eacute;l, besaba a Juan otra vez de arriba abajo; ya no dec&iacute;amos nada. Me puse sobre &eacute;l, y lentamente me fui situando sobre su pene tan grueso. Poco a poco, usando la mano, lo fui guiando hacia mi ano, que primero acarici&oacute;, y luego penetr&oacute; con un dedo. Me estremec&iacute;, pero no hab&iacute;a llegado el momento todav&iacute;a. Retir&eacute; su dedo y me fui acercando m&aacute;s a su pene, guiando con la mano ahora su miembro a punto de estallar. Fui buscando la posici&oacute;n adecuada, el ritmo para que &eacute;l y yo fu&eacute;ramos buscando lo mismo, el placer del estallido. Entr&oacute;.<\/p>\n<p>Entr&oacute; y yo no s&eacute; si estaba yo o &eacute;ramos miles los que nos mov&iacute;amos en el mundo que ocup&aacute;bamos. Fue entrando poco a poco, averiguando las posiciones, controlando la fuerza del empuje. Yo me hab&iacute;a sentado sobre &eacute;l y ya ten&iacute;a dentro todo su pene, sent&iacute;a todo &eacute;l buscando la manera de descargar y de sentir. Me fui moviendo yo tambi&eacute;n explorando el cuerpo en el m&iacute;o. Llegamos al momento ideal. &Eacute;l cada vez m&aacute;s r&aacute;pido, yo, cada vez m&aacute;s en su poder. Estall&oacute;. Estall&eacute;. Estuvimos un rato sintiendo c&oacute;mo Juan se corr&iacute;a dentro de mi en una inacabable corrida que me volv&iacute;a loco porque me llenaba de &eacute;l a la vez que yo me corr&iacute;a sobre su vientre, los dos callados y a la vez hablando con los cuerpos, sin falta de m&aacute;s. Segu&iacute; siendo suyo un tiempo que no s&eacute; cu&aacute;nto era porque el placer me manten&iacute;a en su poder, sintiendo su pene adentro de mi, sus brazos toc&aacute;ndome, sus manos acarici&aacute;ndome<\/p>\n<p>As&iacute;, no s&eacute; c&oacute;mo, termin&oacute; aquel primer encuentro con Juan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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