{"id":21612,"date":"2019-09-09T22:00:00","date_gmt":"2019-09-09T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2019-09-09T22:00:00","modified_gmt":"2019-09-09T22:00:00","slug":"dona-clara-y-su-criada-celia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/dona-clara-y-su-criada-celia\/","title":{"rendered":"Do\u00f1a Clara y su criada Celia"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"21612\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>A sotavento el barco cabeceaba algo, la mar picada de los d&iacute;as anteriores hac&iacute;a presagiar una ligera calma. Los cinco integrantes de la tripulaci&oacute;n ya estaban cansados, quer&iacute;an llegar a puerto. Todo era un c&uacute;mulo de problemas, por una parte en Solandia hab&iacute;an subido a bordo la se&ntilde;ora Clara y su asistenta tras una breve negociaci&oacute;n con el Capit&aacute;n. Hab&iacute;a insistido la se&ntilde;ora Clara que le reclamaban en su pa&iacute;s de forma urgente. La necesidad de que embarcaran se les hac&iacute;a imprescindible. Los ba&uacute;les precintados de la se&ntilde;ora hab&iacute;an sido subidos a cubierta y almacenados, por orden expresa en su camarote.<\/p>\n<p>Do&ntilde;a Clara era una mujer aburguesada, a sus 45 a&ntilde;os conservaba ese aura de distinci&oacute;n de gran dama. Hab&iacute;a enviudado hac&iacute;a dos a&ntilde;os. De estatura alta, complexi&oacute;n corporal robusta, pero nervuda, con unos grandes pechos y un culo moldeado redondo y a&uacute;n subido para su edad. En contraste su criada Celia no pasaba del metro y medio y no pesaba ni cuarenta kilos. De cara agraciada, rubicunda con unos pechos como limones y un culo peque&ntilde;o.<\/p>\n<p>Celia cumpli&oacute; su misi&oacute;n perfectamente, cada vez que el corpulento marinero pasaba revista a los pasillos se las ingeniaba para evitar que revisara el contenido de los ba&uacute;les, un requisito necesario a toda tripulaci&oacute;n de a bordo indispensable. Do&ntilde;a Clara, hab&iacute;a conseguido que los otros tres marineros le subieran la mercanc&iacute;a, su exigencia hac&iacute;a ellos era autoritaria, apenas los volvi&oacute; a saludar, solamente cruzaba algunas palabras con el capit&aacute;n, ya que hab&iacute;a tenido la deferencia de embarcarlas en un barco sin pasajeros.<\/p>\n<p>Al atracar en el puerto franco de Sislaya las autoridades pertinentes hicieron muchas preguntas al capit&aacute;n sobre un material sustra&iacute;do en Solandia, se trataban de joyas pertenecientes a la corona de dicho pa&iacute;s. El capit&aacute;n sospecho de los ba&uacute;les, pero se guard&oacute; ning&uacute;n comentario y no mencion&oacute; que llevaba dos pasajeras a bordo. Eran conocidos y amigos del capit&aacute;n y por esas se escap&oacute; de su registro. El capit&aacute;n empez&oacute; a sospechar que le hubieran pagada esa suma de dinero por llevarlas en un barco vac&iacute;o y con esa explicaci&oacute;n extra&ntilde;a asegurando que eran objetos personales los ba&uacute;les.<\/p>\n<p>Levantaron anclas en Solandia de regreso a fin de trayecto. El capit&aacute;n reuni&oacute; la tripulaci&oacute;n que aparte de &eacute;l se compon&iacute;a de cuatro miembros: Sulango, un ex presidiario de 38 a&ntilde;os, de porte macarr&oacute;nico y salvaje. Tarasio, de 25 a&ntilde;os que se enrol&oacute; hace unos a&ntilde;os despu&eacute;s de salir del correccional. Pantaso, de 40 a&ntilde;os, mec&aacute;nico venido a menos por su fuerte adicci&oacute;n a la bebida. Por &uacute;ltimo Euclides, el vigilante de camarotes, de 51 a&ntilde;os, su estatura rozaba los dos metros, llevaba un diente de oro, el capit&aacute;n lo enrolo hac&iacute;a diez a&ntilde;os, no s&eacute; sab&iacute;a de su vida, pero s&iacute; de su voracidad femenina.<\/p>\n<p>El capit&aacute;n ordeno un registro al camarote de la se&ntilde;ora en su presencia. Los marineros se miraron, esa misma ma&ntilde;ana Do&ntilde;a Clara hab&iacute;a paseado por la proa con aires de reina y grandeza. Euclides se sinti&oacute; ofendido en su fuero interno por no haber sospechado las risitas y dejado hipnotizar por la diminuta criada bobalicona.<\/p>\n<p>Bajaron al camarote, el capit&aacute;n llam&oacute;. Sali&oacute; Celia.<\/p>\n<p>&mdash;Soy el capit&aacute;n, salgan del camarote, ordeno registro.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pasa aqu&iacute;? &mdash;dijo do&ntilde;a Clara.<\/p>\n<p>&mdash;Colaboren y salgan, soy la autoridad pertinente.<\/p>\n<p>&mdash;Esto es una intromisi&oacute;n, una verg&uuml;enza &mdash;exclamo do&ntilde;a Clara.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; salgan ya, colaboren, no hagan que usemos la fuerza!<\/p>\n<p>Do&ntilde;a Clara y Celia salieron asustadas, esperaron en el pasillo. Procedieron al registro y con unas tenazas abrieron los ba&uacute;les. El capit&aacute;n oje&oacute; el contenido y dijo:<\/p>\n<p>&mdash;Ser&aacute;n recluidas en otro camarote, en dos horas como autoridad que me confiere el barco tendr&aacute; lugar el sumario en el sal&oacute;n de actos.<\/p>\n<p>Fueron llevadas a otro camarote por Sulango y Euclides, una vez dentro Sulango mir&oacute; a do&ntilde;a Clara al mismo tiempo que se pon&iacute;a la mano en su bragueta y exclamo:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hijaputa!<\/p>\n<p>A las dos horas eran llevadas al sal&oacute;n de actos y martillo en mano el capit&aacute;n dijo:<\/p>\n<p>&mdash;Como autoridad pertinente que me confiere el mando voy a dictaminar sentencia.<\/p>\n<p>&mdash;Esto es un atropello, declar&oacute; mi culpabilidad, pero no de&hellip; &mdash;dijo entre balbuceos do&ntilde;a Clara.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Callen y no me interrumpa m&aacute;s!<\/p>\n<p>Do&ntilde;a Clara y Celia cabizbajas entre l&aacute;grimas la &uacute;ltima, aunque do&ntilde;a Clara intentaba guardar la compostura<\/p>\n<p>&mdash;Dictamino qu&eacute;, los ba&uacute;les volver&aacute;n a su lugar de procedencia y, las acusadas, do&ntilde;a Clara por robo y la se&ntilde;orita Celia por complicidad ser&aacute;n sancionadas a: se&ntilde;orita Celia, por haber enga&ntilde;ado al marinero Euclides, ser&aacute; tumbada y gozada por el mismo. A do&ntilde;a Clara, principal acusada, ser&aacute; tumbada y gozada por la tripulaci&oacute;n, incluido Euclides. Se har&aacute; de la forma que m&aacute;s oportuna crean los marineros, pudiendo utilizar las diferentes v&iacute;as, ya bien bucal, vaginal y anal, las orejas o el ombligo. Se proceder&aacute; a dicha sentencia en el plazo de tres horas en este mismo sal&oacute;n. Se levanta el tribunal y no se admite recurso por parte de las acusadas.<\/p>\n<p>Fue una sentencia dura, do&ntilde;a Clara no pudo aguantar el llanto. Tarasio las acompa&ntilde;o otra vez a su camarote, antes de cerrar la puerta les dijo:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;L&aacute;vense, no nos gustan las putas sucias!<\/p>\n<p>Antes de las dos horas Celia fue reclamada, do&ntilde;a Clara no cab&iacute;a en si misma, todo era incertidumbre, qui&eacute;n le hab&iacute;a mandado meterse en este tipo de negocios, mal aconsejada, claro. El tiempo no pasaba, se mord&iacute;a las u&ntilde;as. Se oyeron pasos, era el mec&aacute;nico del barco, llamado Pantaso, fue el m&aacute;s comunicativo y consolador, le aliso la cabellera y le dio un beso en la boca a do&ntilde;a Clara, apestaba a alcohol.<\/p>\n<p>&mdash;Tiene que colaborar se&ntilde;ora, bien mirado si fueran repatriadas all&iacute; ser&iacute;a peor.<\/p>\n<p>Do&ntilde;a Clara apenas pod&iacute;a caminar, al entrar en el sal&oacute;n la impresi&oacute;n fue enorme: Celia era penetrada por Euclides, ese diminuto cuerpo estaba abierta en tijeras y una gran polla le entraba y le sal&iacute;a, Euclides ya estaba en los &uacute;ltimos bombeos de la follada, do&ntilde;a Clara pudo ver como el grandull&oacute;n ya estertoreaba y emit&iacute;a gemidos guturales para quedar parado en seco, vio como sacaba su pene de la vagina de su criada, el co&ntilde;o de Celia goteaba semen. Celia parec&iacute;a un ser sin peso, sus ojos en blanco. La voz del capit&aacute;n fue tajante:<\/p>\n<p>&mdash;Siguiente, procedan.<\/p>\n<p>La desnudaron el ex presidiario Sulango y el joven Tarasio, quedo completamente desnuda, sus senos eran grandes y algo ca&iacute;dos, no iba rasurada.<\/p>\n<p>&mdash;Para su edad es una buena yegua, el tetamen algo ca&iacute;do y lleva mata de pelo en su co&ntilde;o, tendremos que arreglar eso &mdash;dijo Tarasio con ojos voraces.<\/p>\n<p>Tarasio la agarro por la espalda mientras Sulango pasaba una cuerda haciendo un nudo corredizo en cada seno, quedando unos pechos atados y tensionados.<\/p>\n<p>Fue tumbada sobre la mesa hasta el borde y atadas las manos con los brazos extendidos. Y las piernas abiertas tambi&eacute;n atadas, pero con un margen no muy tensionado de las cuerdas, para que pudieran tener movimiento arriba y abajo.<\/p>\n<p>Sulango se quit&oacute; la ropa, su miembro erecto de dimensiones considerables se acerc&oacute; a la cara de do&ntilde;a Clara y le restreg&oacute; el glande por la nariz, los ojos, la frente y las mejillas. Por su parte baja do&ntilde;a Clara not&oacute; que le hurgaban sus conductos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Tiene el culo cerrado la hijaputa! &mdash;exclamo.<\/p>\n<p>A do&ntilde;a Clara le fue introducido el miembro en su boca, no pod&iacute;a apartarla, le faltaba la respiraci&oacute;n, Sulango la dejo que cogiera respiraci&oacute;n, mir&oacute; a su compa&ntilde;ero, el cual hab&iacute;a ido a por la manguera. Do&ntilde;a clara aterrada vio como era introducida en su ano y no tardo en sentirse llena, su barriga se hincho. Sulango no dio tregua, le volvi&oacute; a introducir el miembro en la boca, lo volvi&oacute; a sacar para que respirara, su esf&iacute;nter le estallaba, la manguera ya no sacaba m&aacute;s agua pero estaba estancada en el conducto anal sin dejar que ella la expulsara. Tarasio empez&oacute; a bramar, la saco otra vez y le restreg&oacute; los test&iacute;culos por la cara sudorosa de ella, los ojos de Tarasio inyectados en sangre mir&aacute;ndola. La introdujo en su boca al mismo tiempo que le hac&iacute;a la pinza en su nariz, bramo, jadeo como un b&uacute;falo. A do&ntilde;a Clara le vino una bocanada de l&iacute;quido espeso que tuvo que tragar. Le entraron arcadas, Sulango a&uacute;n con respiraci&oacute;n acelerada ten&iacute;a ya la polla fuera. Tir&oacute; de la manquera y del culo de do&ntilde;a Clara sali&oacute; un chorro a presi&oacute;n de l&iacute;quido.<\/p>\n<p>&mdash;V&iacute;a libre al conducto anal, ha tirado hasta mierda la gran diva &mdash;exclamo Tarasio.<\/p>\n<p>El mec&aacute;nico y Euclides ejerc&iacute;an de espectadores, el capit&aacute;n en calidad de la ley estaba atento.<\/p>\n<p>Do&ntilde;a Clara no tard&oacute; en ser gozada por Taranto v&iacute;a vaginal, las embestidas del joven la hac&iacute;an balancearse, la vagina tuvo que ser envaselinada por falta de lubricidad, as&iacute; como su zona anal, la cual le fue imposible a Taranto profanar. Dejo toda su simiente en el co&ntilde;o de do&ntilde;a Clara. Era turno del mec&aacute;nico, pero su grado de borrachera empez&oacute; a pasarle factura. Euclides volvi&oacute; a entrar en acci&oacute;n, con otro empalme, a sus 51 a&ntilde;os era todo un jabato. Sulango le lubrico el ano y le mantuvo dos dedos dentro para dilatar. Euclides dijo que iba a probar el encule, era profanaci&oacute;n, lo que le daba ese extra plus. Y la entr&oacute; a full de un sablazo sonoro para bombearla una y otra vez. Do&ntilde;a Clara gritaba con toda su alma, cuanto m&aacute;s gritaba m&aacute;s adentro se la met&iacute;a hasta que tambi&eacute;n se corri&oacute; dejando el semen en su culo. Do&ntilde;a Clara estaba reventada, sudorosa, roja, exhausta. Sulango la remato en otro anal, si ya de por si estaba escocida, volvi&oacute; a dejarla m&aacute;s a&uacute;n si cabe. Tambi&eacute;n se corri&oacute; dentro, para despu&eacute;s orinar en la cara de do&ntilde;a Clara.<\/p>\n<p>Do&ntilde;a Clara y Celia, al haberse recuperado, sobre todo la se&ntilde;ora, fueron obligadas a la ma&ntilde;ana siguiente a limpiar el sal&oacute;n, ya que como bien les dijo el capit&aacute;n: &ldquo;aqu&iacute; no somos cerdos&rdquo;.<\/p>\n<p>Esa misma noche fueron dejadas en el puerto de llegada completamente desnudas. Encontradas por el guardia de turno fueron llevadas a comisar&iacute;a y en primera instancia tratadas como vulgares prostitutas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>A sotavento el barco cabeceaba algo, la mar picada de los d&iacute;as anteriores hac&iacute;a presagiar una ligera calma. Los cinco integrantes de la tripulaci&oacute;n ya estaban cansados, quer&iacute;an llegar a puerto. 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