{"id":21648,"date":"2019-09-13T22:00:00","date_gmt":"2019-09-13T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2019-09-13T22:00:00","modified_gmt":"2019-09-13T22:00:00","slug":"eva-y-su-hijo-abel-4","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/eva-y-su-hijo-abel-4\/","title":{"rendered":"Eva y su hijo Abel (4)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"21648\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Cuando me despert&eacute;, pens&eacute; que tendr&iacute;a que despertarme del sue&ntilde;o. Estaba Abel a mi lado, la cama no era demasiado estrecha, pero s&iacute; para dos personas. Daba igual. Estaba con el hombre que me hab&iacute;a devuelto al sexo que hac&iacute;a tanto no disfrutaba. Era mi hijo Abel. Era mi amante. Por lo menos lo hab&iacute;a sido esa noche, que comenzaba a convertirse en d&iacute;a, como me indicaba la luz que empezaba a mancharlo todo desde la ventana. Ya no era una sombra, sino una figura definida, un hombre joven que respiraba a mi lado, serenamente. Hac&iacute;a mucho que no lo ve&iacute;a dormir. Me qued&eacute; mirando al joven. Estaba tapado con la s&aacute;bana, pero la levant&eacute; un poco para admirarlo. Yo no sab&iacute;a que se hab&iacute;a depilado bastante hasta aquella noche. Me encantaba la suavidad de la piel. El pelo, bien cortado, apenas el comienzo de la barba de ese d&iacute;a, sus pezones, que levantaban la cabecilla, su vientre plano, los muslos ahora relajados, y luego las venas de su pene, que observaba tranquilo ahora, inimaginable antes, y sus test&iacute;culos, suaves y de un color que no distingu&iacute;a en la media luz, oscuros. Las venas hacia el glande, ahora cubierto, que tanto me maravillaban ahora, azules, dormidas.<\/p>\n<p>Su olor era la mezcla del suyo y del m&iacute;o, del semen y del desodorante, de mis jugos y los suyos. Estaba por su piel y por la m&iacute;a, nuestro olor era ya el mismo, animales iguales.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a decirle ahora, cuando se despertase? Lo mismo que antes, que le agradec&iacute;a este amor y este sexo que llevaba deseando a&ntilde;os, claro que no con &eacute;l, pero eso no me importaba. Los pensamientos de mucho antes volvieron: es mi hijo, c&oacute;mo he podido hacer esto, y la respuesta era: es mi hijo, c&oacute;mo pod&iacute;a no hacer esto. Aquello hab&iacute;a tenido sentido, pero qu&eacute; pasar&iacute;a con la luz de la ma&ntilde;ana, cuando se despertase el pueblo, el piso.<\/p>\n<p>No hab&iacute;a ruidos en casa. &iquest;Habr&iacute;a vuelto mi marido? No hab&iacute;a llamado al m&oacute;vil para preguntar. No sab&iacute;a si Eli, mi hija, hab&iacute;a vuelto tampoco. &iquest;Qu&eacute; nos hab&iacute;a pasado esta noche a todos? &iquest;Despertaba a Abel o sal&iacute;a de la habitaci&oacute;n a ver qu&eacute; hab&iacute;a? Mir&eacute; al suelo y vi mi m&oacute;vil. Una lucecita. Lo levant&eacute; y mir&eacute;: Ad&aacute;n dec&iacute;a que como hab&iacute;a estado con mi primo Gabriel se le hab&iacute;a hecho tarde y se quedaba en la casa de la familia. Eli dec&iacute;a que se quedaba con una amiga&hellip; Estaba salvada por el momento. No s&eacute; de qu&eacute;, pero esa era la sensaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Me levant&eacute; sin hacer ruido. &iquest;Cambiaba mi perspectiva desde la altura? No. Empezaba a sentirme rara, y no era por falta de sue&ntilde;o, sino por haber cumplido uno que no sab&iacute;a que ten&iacute;a (o que me faltaba). Estaba, como se ve, que no sab&iacute;a ni qui&eacute;n era. Era la madre de aquel joven que hab&iacute;a amado esa noche. Empezaba a sentirme algo mal, sobrecogida por lo que hab&iacute;a hecho. Pero esta sensaci&oacute;n me dur&oacute; s&oacute;lo un momento. Esta alegr&iacute;a que me hab&iacute;a llevado demostraba que yo necesitaba algo as&iacute;, y &iquest;qui&eacute;n mejor que mi hijo?<\/p>\n<p>Recog&iacute; la ropa tirada por el suelo, sal&iacute; de la habitaci&oacute;n y fui al ba&ntilde;o. Orin&eacute;, me duch&eacute;, me lav&eacute; bien. Ten&iacute;a hambre. Fui a la cocina a preparar algo. Cuando estaba sentada, empezando a tomarme el caf&eacute; con leche, una mano en el hombro me sobresalt&oacute;. Naturalmente era Abel.<\/p>\n<p>&mdash;Buenos d&iacute;as, mam&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Buenos d&iacute;as, Abel. &iquest;Quieres?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, claro. Tengo mucha hambre.<\/p>\n<p>No le pregunt&eacute; qu&eacute; quer&iacute;a, porque lo sab&iacute;a de toda la vida. Le prepar&eacute; el desayuno como nunca se lo hab&iacute;a hecho. Era la primera vez que desayunaba con un amante, y lo estaba celebrando. Sentados al lado, en la estrecha cocina de toda su vida, y casi toda la m&iacute;a, comimos en silencio. Cuando acabamos, nos miramos a la vez.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y ahora? &mdash;pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>Me bes&oacute;. Estuvimos un rato bes&aacute;ndonos despacito, toc&aacute;ndonos apenas los labios, y luego las manos subieron de la mesa a las caras, al pecho, a los brazos, a las otras manos. Abr&iacute; los ojos que hab&iacute;a cerrado al principio, suspir&eacute; y dije:<\/p>\n<p>&mdash;Esto no tiene remedio.<\/p>\n<p>&mdash;No, mam&aacute;. Esto ya es as&iacute;.<\/p>\n<p>Empezamos a besarnos otra vez. Ahora nos abraz&aacute;bamos, nos acarici&aacute;bamos, su pecho, mis pechos, yo sujet&eacute; su cintura, &eacute;l me agarr&oacute; las nalgas; mi albornoz, su calzoncillo y camiseta nos estorbaban. Nos fuimos desnudando a manotazos, yo no pod&iacute;a dejar de tocarlo, no encontraba lugar donde no deseara estar. Mientras nos desnud&aacute;bamos segu&iacute;amos bes&aacute;ndonos. Acabamos de librarnos de la ropa.<\/p>\n<p>De pie, le sujet&eacute; su pene, que volv&iacute;a a estar erecto, dispuesto para otra vez. Yo estaba otra vez deseosa de tenerlo en mis brazos, de que me tuviera rode&aacute;ndolo. Me bes&oacute; los pezones, iba lamiendo y estirando en un doloroso placer que me mov&iacute;a de arriba abajo, que me levantaba del suelo. Yo toqu&eacute; su pene m&aacute;s fuerte, iba desnudando la cabeza, que rode&eacute; con los dedos. Me agach&eacute; para besarle la punta, y luego me lo met&iacute; en la boca, lamiendo el glande y ensalivando todo.<\/p>\n<p>Me levant&oacute; en peso, me sent&oacute; en la mesa de la cocina, apartando los platos y las tazas. Me acerc&oacute; al borde, y, poni&eacute;ndose de rodillas, me empez&oacute; a besar y comenz&oacute; el cunnilingus que estaba deseando. Su lengua expertamente me buscaba todos los rincones donde pod&iacute;a encontrar un nervio, y yo toda era el nervio que tocaba. Se me mov&iacute;an las piernas del gusto, mi culo se mov&iacute;a sin que pudiera evitarlo. El cl&iacute;toris, que anoche me hab&iacute;a llevado con su lengua al cielo, estaba tenso, esper&aacute;ndolo, recordando el placer, que volvi&oacute; como una ola inmensa, llen&aacute;ndome de calor.<\/p>\n<p>Se levant&oacute; ahora &eacute;l, y me penetr&oacute;. Lleg&oacute; hasta el final, y, por el camino, iba avanzando y retrocediendo, y afianzando su posici&oacute;n, llen&aacute;ndome de gusto por donde iba. Mientras tanto me tocaba el cl&iacute;toris con el dedo, y luego lo tom&oacute; entre dos dedos que mov&iacute;a alternadamente. Estaba a punto, no pod&iacute;a m&aacute;s. Perd&iacute;a el sentido, me recuperaba, despertaba desde lejos y me hund&iacute;a en el sue&ntilde;o m&aacute;s placentero, donde abandonaba todo.<\/p>\n<p>&mdash;Me corro, Abel.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a que dec&iacute;rselo para disfrutar a&uacute;n m&aacute;s de aquello. Me corr&iacute; como un r&iacute;o, un torrente, otra r&eacute;plica del terremoto de la noche, mov&iacute;a las piernas, me agarraba a sus brazos con mis manos que quer&iacute;an arrancar en alas. No grit&eacute;, suspir&eacute; desde tan profundo que me qued&eacute; sin aire, toda agotada. Un grito que no dije pero que me satisfizo como el de la noche.<\/p>\n<p>Mientras me estaba corriendo y respiraba con dificultad, not&eacute; c&oacute;mo su leche me volv&iacute;a a llenar, y &eacute;l permanec&iacute;a dentro de m&iacute; mientras nos abraz&aacute;bamos.<\/p>\n<p>Nos hab&iacute;amos vuelto a correr juntos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Cuando me despert&eacute;, pens&eacute; que tendr&iacute;a que despertarme del sue&ntilde;o. Estaba Abel a mi lado, la cama no era demasiado estrecha, pero s&iacute; para dos personas. Daba igual. Estaba con el hombre que me hab&iacute;a devuelto al sexo que hac&iacute;a tanto no disfrutaba. Era mi hijo Abel. Era mi amante. 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