{"id":21975,"date":"2019-10-31T01:35:11","date_gmt":"2019-10-31T01:35:11","guid":{"rendered":""},"modified":"2019-10-31T01:35:11","modified_gmt":"2019-10-31T01:35:11","slug":"los-polvos-bajo-las-estalactitas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/los-polvos-bajo-las-estalactitas\/","title":{"rendered":"Los polvos bajo las estalactitas"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"21975\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>All&iacute;, parada en el umbral de la biblioteca, enfrente la calle, detr&aacute;s los libros, a Priscila le asalt&oacute; una seria duda: &iquest;ser&iacute;a cierto que la raza humana, de natural, era promiscua? En fin, en sus m&aacute;s de veinte a&ntilde;os de madurez intelectual, tras dejar de ser una adolescente t&iacute;mida e introvertida, ella nunca lo fue; de hecho, se cas&oacute; con Ramiro enamorada, sin haber probado m&aacute;s polla que la suya; todav&iacute;a, ese d&iacute;a, era la &uacute;nica polla que conoc&iacute;a, su tacto, su sabor, la longitud y dureza con que la acog&iacute;a, en su co&ntilde;o, en su boca, en su culo; pero &iquest;y si se estuviera perdiendo algo? Esta noche se celebraba Halloween. Ramiro y ella hab&iacute;an quedado con amigos para salir a divertirse.<\/p>\n<p>Priscila hab&iacute;a escogido un disfraz de Mal&eacute;fica, insinuantemente femenino, pues la falda era cort&iacute;sima y una cremallera recorr&iacute;a su torso provisto de hermosas tetas y su abdomen liso como una losa. A Ramiro no le hac&iacute;a ninguna gracia ver a su mujer tan provocadora; pero, en fin, una vez que se disfraz&oacute; de Joker y le pidi&oacute; a su mujer que le practicarse una mamada mientras apuraba un cigarrillo sentado c&oacute;modamente en el sof&aacute;, y &eacute;sta se la hizo, de rodillas entre sus piernas, demor&aacute;ndose en darle lametones en glande y prepucio, en recorrer con sus labios rojos de carm&iacute;n el tronco venoso de arriba a abajo, y, finalmente, dando en&eacute;rgicas sacudidas con la boca, sacando su leche, que trag&oacute;, limpiando los restos del semen por todo el contorno de la polla, dej&aacute;ndola limpia y reluciente como cuando sali&oacute; de la ducha, qued&oacute; conforme.<\/p>\n<p>En su trabajo como bibliotecaria, el conocimiento que ten&iacute;a de los libros hab&iacute;a ido en aumento. Hab&iacute;a algunos que jam&aacute;s eran prestados, y que poca gente hab&iacute;a le&iacute;do. Hubo uno que le llam&oacute; la atenci&oacute;n, por el t&iacute;tulo: &quot;Los polvos bajo las estalactitas&quot;. El libro estaba catalogado como de ciencias; sin embargo, pronto, en cuanto ley&oacute; el segundo cap&iacute;tulo, Priscila se dio cuenta que no: se trataba de una novela, y, para m&aacute;s se&ntilde;as, de tipo porno: en ella se relataba la vida de una tribu de hom&iacute;nidos que, establecidos en una cueva de origen k&aacute;rstico durante un verano entero, se dedicaban a pescar, marisquear, ya que el lugar estaba cercano al mar, y a practicar sexo, sobre todo a esto &uacute;ltimo. Todos follaban con todos&#8230;, y no solo follaban; tambi&eacute;n hab&iacute;a mamadas y comidas de co&ntilde;o. En fin, todo un recital. A Priscila se le humedeci&oacute; tanto el chocho mientras le&iacute;a, que no tuvo m&aacute;s remedio que ir a los aseos para aliviarse con los dedos; aunque m&aacute;s le hubiese gustado colarse en el aseo de los t&iacute;os: deb&iacute;a comprobar que realmente era humana, deb&iacute;a chequear su promiscuidad.<\/p>\n<p>Priscila y Ramiro salieron de su casa en direcci&oacute;n al centro de la ciudad, donde hab&iacute;an quedado con su grupo de amigos. Por el camino iban encontrando todo tipo de personas disfrazadas; abundaban las mal&eacute;ficas y los jokers, aunque tambi&eacute;n hab&iacute;a muchos pennywise y reyes de la noche, no digamos de enfermeras ensangrentadas, o de jasons y otros cl&aacute;sicos. Llegaron al lugar de reuni&oacute;n, ei bar Tarot, y pidieron refrescos y copas. All&iacute; estaban Marisa y su marido Mohamed; Jes&uacute;s y Cristina, que siempre iba ense&ntilde;ando cuerpo, esta vez con un disfraz de colegiala asesinada con una faldita min&uacute;scula; y Beatriz y Salvador, los m&aacute;s modositos. Se hablaba de todo, pero Priscila mostraba cierto inter&eacute;s; as&iacute; que puso la palma de su mano haciendo pantalla en la oreja de Marisa y le pregunt&oacute;: &quot;Marisa, &iquest;t&uacute; eres promiscua?&quot;. Marisa se qued&oacute; petrificada y le dijo: &quot;Ven, acomp&aacute;&ntilde;ame al ba&ntilde;o&quot;, en voz baja; despu&eacute;s dijo en voz alta: &quot;&iexcl;Priscila y yo vamos al servicio, it won&#39;t be long!&quot;.<\/p>\n<p>Durante el trayecto, Marisa dijo: &quot;Mujer, &iquest;qu&eacute; preguntas haces?&quot;; &quot;No s&eacute;, tengo curiosidad&#8230;&quot;, dijo Priscila; &quot;Pues mira, promiscua, lo que se dice promiscua no soy, pero vamos, si se me pone un buen macho a tiro, seguro me lo intento pasar por la piedra&quot;, y se rio Marisa; &quot;Ya, te lo follas&quot;; &quot;Claro, mujer, s&oacute;lo se vive una vez&quot;; &quot;S&oacute;lo se vive una vez&quot;, repiti&oacute; Priscila.<\/p>\n<p>&quot;Una pared nos separa;<\/p>\n<p>a veces la oigo follando;<\/p>\n<p>gime cuando le est&aacute;n dando;<\/p>\n<p>grita y, como si llorara<\/p>\n<p>porque el placer se marchara,<\/p>\n<p>suspira fuerte acabada,<\/p>\n<p>por su macho bien montada.<\/p>\n<p>Y mi pecho lleno de hiel&#8230;<\/p>\n<p>Quiero ser ahora mismo &eacute;l,<\/p>\n<p>tenerla abajo clavada&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Qu&eacute; bonita poes&iacute;a Salvador&quot;, dijo Cristina. Estaban todav&iacute;a sentados en el bar Tarot, y el alcohol los iba haciendo m&aacute;s libertinos. Cristina gui&ntilde;&oacute; un ojo a Salvador. Cristina se levant&oacute;. Tras ella lo hizo Salvador. Fue un fugaz encuentro, pero, tras apretarse ambos los labios con un h&uacute;medo beso, salieron al callej&oacute;n que hab&iacute;a en la puerta trasera y trabaron sus cuerpos: Cristina cara a la pared, con las bragas bajadas, recibi&oacute; los embistes de Salvador regocijada. La polla de Salvador, rozando la tela de la falda, entraba y sal&iacute;a del culo de Cristina. Ella susurraba palabras tiernas, &eacute;l bufaba. &quot;Cari&ntilde;o, amor, mi poeta, f&oacute;llame, siempre follada por ti, as&iacute;, folla, amor, c&oacute;rrete dentro de m&iacute;&quot;, dec&iacute;a Cristina con sus labios pegados al muro. No se olvida nunca un amor adolescente. Cristina y Beatriz eran hermanas.<\/p>\n<p>&quot;Ya te has tirado a mi hermana otra vez&quot;, dijo Beatriz cuando caminaban hacia el Cementerio Ingl&eacute;s. &quot;Fui su amante antes que marido tuyo&quot;, se defendi&oacute; Salvador; &quot;Hay cosas que no se olvidan, si Jes&uacute;s lo supiera&#8230;&quot;; &quot;Jes&uacute;s es gay&quot;; &quot;Aun as&iacute;&quot;.<\/p>\n<p>Llegaron a la verja del Cementerio. Este era un cementerio cristiano no cat&oacute;lico; en &eacute;l hab&iacute;an sido enterrados numerosos ciudadanos brit&aacute;nicos a lo largo de los siglos, y aunque tambi&eacute;n hab&iacute;a alemanes&#8230; y franceses, popularmente era conocido por Cementerio Ingl&eacute;s; y la noche de Halloween permanec&iacute;a abierto: era una tradici&oacute;n.<\/p>\n<p>Entraron todos menos Mohamed, que se retir&oacute; a su casa, por aquello de la religi&oacute;n; luego, tras una comprensible indecisi&oacute;n, le acompa&ntilde;&oacute; su esposa, Marisa.<\/p>\n<p>Quedaron tres parejas. Aunque pronto qued&oacute; una; media, ya que Beatriz y Salvador se aburrian y se fueron, Cristina y Jes&uacute;s discutieron y a Ramiro lo llam&oacute; su jefe con urgencia para un trabajito en la playa.<\/p>\n<p>&quot;Priscila, debo irme, ya sabes, las pateras&quot;; &quot;&iexcl;Qui&eacute;n me mandar&iacute;a casarme con un poli!&quot;, rio Priscila.<\/p>\n<p>As&iacute; fue que Priscila se qued&oacute; a merced de los espectros esa noche de difuntos. Sin embargo, no fue un espectro el que finalmente la empotr&oacute; e hizo de esa noche una noche inolvidable para Priscila y, quiz&aacute;, el comienzo de lo que iba a ser su nueva vida.<\/p>\n<p>Vio al guarda frente a la puerta de la iglesia anglicana.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Busca algo se&ntilde;ora?&quot;, interrog&oacute; el guarda; &quot;Ay, no me trates de se&ntilde;ora, a&uacute;n no he llegado a los cuarenta&quot;, respondi&oacute; coqueta Priscila, fij&aacute;ndose en los fornidos brazos del centuri&oacute;n y su mand&iacute;bula cuadrada; &quot;&iquest;Celebrando Halloween, verdad?&quot;; &quot;A ti qu&eacute; te parece, &iquest;te gusta mi disfraz?&quot;, volvi&oacute; a coquetear Priscila; &quot;Me gusta m&aacute;s lo de dentro&quot;. Fue terminar de escuchar estas palabras y verse Priscila llevada en volandas por el forzudo hacia el laber&iacute;ntico interior del cementerio.<\/p>\n<p>&quot;Ay, aahh, ay, dame, m&aacute;s fuerte&quot;. Priscila gem&iacute;a y gritaba tumbada sobre la l&aacute;pida negra de una tumba del cementerio mientras el hombre, el guarda de seguridad, con los pantalones bajados hasta las rodillas, el culo blanco fosforescente en la noche encapotada de nubes, la follaba. Del disfraz sexy de Mal&eacute;fica, a Priscila se le sal&iacute;an las tetas conforme la intensidad de las embestidas de Alberto eran mayores, pues tambi&eacute;n &eacute;l, para excitarse m&aacute;s, con una mano libre, de vez en cuando, iba bajando la cremallera que cerraba el vestido desde el cuello hasta el pubis; de la minifalda estrecha apenas hab&iacute;a rastros, confundida con la negrura de la l&aacute;pida plana. &quot;Aahh, oohh, aahh, c&oacute;rrete, no puedo m&aacute;s, c&oacute;rrete&quot;. El guarda sac&oacute; su polla del co&ntilde;o sombreado de Priscila, se irgui&oacute; y, conservando el ritmo de la penetraci&oacute;n, empu&ntilde;&oacute; su miembro, y dando tres empujes de atr&aacute;s a adelante del pellejo, se verti&oacute; sobre el vientre semidesnudo de Priscila: &quot;Ougghh&quot;.<\/p>\n<p>Halloween acab&oacute; felizmente. Marisa volvi&oacute; a disfrutar de la gorda polla africana de Mohamed, y &eacute;ste de la tremenda calentura de ella; Cristina y Jes&uacute;s dejaron de disimular, pues ya no estaban en p&uacute;blico, y concibieron un hijo; Beatriz y Salvador se masturbaron el uno al otro y se durmieron tranquilos; y Priscila&#8230;<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Qui&eacute;n habr&aacute; puesto este libro en la secci&oacute;n de novedades?&quot;, se pregunt&oacute; en silencio Eduardo, el director de la biblioteca, &quot;&quot;Los polvos bajo las estalactitas&quot;, menudo tost&oacute;n, pero lo tuve que escribir, y editar, y dejarlo en el sitio propicio en el momento propicio, oh, Priscila&quot;.<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;Priscila!&quot;, llam&oacute; el director, &quot;debes quitar ese libro de ah&iacute;, no es una novedad&quot;, dijo; &quot;Para m&iacute; s&iacute;, Eduardo, si quieres lo decidimos en tu despacho&quot;. Eduardo no pudo m&aacute;s que sonre&iacute;r e indicarle con el brazo el camino.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>All&iacute;, parada en el umbral de la biblioteca, enfrente la calle, detr&aacute;s los libros, a Priscila le asalt&oacute; una seria duda: &iquest;ser&iacute;a cierto que la raza humana, de natural, era promiscua? 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