{"id":22121,"date":"2019-11-30T23:00:00","date_gmt":"2019-11-30T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2019-11-30T23:00:00","modified_gmt":"2019-11-30T23:00:00","slug":"diario-de-una-chica-trans-abrirse-a-nuevas-experiencias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/diario-de-una-chica-trans-abrirse-a-nuevas-experiencias\/","title":{"rendered":"Diario de una chica trans: Abrirse a nuevas experiencias"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"22121\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Me sorprende que la gente piense que, por el simple hecho de ser una chica transexual, eres una experta en los secretos de la carne. Como si hoy fueras una persona t&iacute;mida e insegura y, tras la primera inyecci&oacute;n de hormonas, en tu ADN se sobrescribiese el Kama Sutra.<\/p>\n<p>Lo cierto es que las personas trans tenemos que lidiar con los mismos miedos e inseguridades que cualquier persona tiene hacia su cuerpo (&ldquo;&iquest;soy horrorosa?&rdquo;, &ldquo;&iquest;me doler&aacute;?&rdquo;, &ldquo;&iquest;disfrutar&aacute; conmigo?&rdquo;), sum&aacute;ndole adem&aacute;s el miedo a que no nos acepten. Y es que, aunque s&eacute; que vosotros sent&iacute;s que soy una mujer y que un cuerpo trans es hermoso en s&iacute; mismo, femenino en s&iacute; mismo, os sorprender&iacute;a saber la de gente que nos odia simplemente por no entrar en su cuadriculado esquema del mundo.<\/p>\n<p>La consecuencia de esto es que muchas veces vamos muy despacio en lo que a sexo se refiere, saliendo de nuestra zona de confort solamente cuando encontramos gente que nos da la suficiente confianza y seguridad, que nos hace sentirnos como las mujeres que somos. E incluso en esos momentos, nos cuesta abrirnos a nuevas experiencias.<\/p>\n<p>Siempre que hablo de esto me acuerdo de un compa&ntilde;ero del instituto con el que me reencontr&eacute; tiempo despu&eacute;s de haber iniciado mi transici&oacute;n. Sol&iacute;amos quedar de vez en cuando sin ning&uacute;n inter&eacute;s sexual por su parte ni la m&iacute;a, simplemente para hablar de nuestras cosas, de nuestras parejas y nuestros naufragios sentimentales. &Eacute;l ten&iacute;a por aquel entonces una novia que era una harp&iacute;a, que poco menos le hac&iacute;a caso cuando ten&iacute;a un calent&oacute;n, y que luego no ten&iacute;a m&aacute;s que palabras de desprecio hacia todo lo que &eacute;l hac&iacute;a. Yo sal&iacute;a con un chico al que nunca dej&eacute; verme completamente desnuda, lo cual dice muy poco sobre mi autoestima.<\/p>\n<p>La casualidad hizo que ambas relaciones pr&aacute;cticamente al mismo tiempo, y eso nos llev&oacute; a vernos m&aacute;s, a abrirnos m&aacute;s y, poco a poco, a conocernos mejor. Empezamos a quedar para ver pel&iacute;culas, sobre todo en mi casa, pues justo frente a la cama ten&iacute;a el ordenador y una pantalla bastante decente. Y ah&iacute; que empezaba una caricia tonta, un c&oacute;geme la mano aqu&iacute;, un beso en la mejilla all&aacute;&hellip; y un d&iacute;a, cuando nos quisimos dar cuenta, est&aacute;bamos el uno sobre el otro comi&eacute;ndonos a besos.<\/p>\n<p>Su cuerpo apretado contra el m&iacute;o me enloquec&iacute;a. Mis labios se volcaban sobre su cuello y su olor, tan masculino, me emborrachaba. Sus manos se colaban por debajo de mi camisa, luchaban contra mi sujetador y celebraban su victoria pellizcando mis pezones. Su ropa interior, rid&iacute;culamente colorida y salpicada con diminutos superh&eacute;roes, parec&iacute;a estar a punto de reventar a causa de una masculinidad fuerte y desafiante que se frotaba agitadamente contra mi entrepierna.<\/p>\n<p>Bajo mis braguitas de lunares, mi sexo parec&iacute;a despertar tras un largo letargo, de tal modo que sent&iacute;a c&oacute;mo los l&iacute;mites de mi ropa interior comenzaban a ser insuficientes para contenerme. Mi compa&ntilde;ero fue consciente de que algo pasaba entre mis ropas, y muerta de verg&uuml;enza dej&eacute; de lanzarle besos y mordiscos para suplicarle en un susurro, mis labios pegados a su o&iacute;do:<\/p>\n<p>&ndash;Por favor, no me mires.<\/p>\n<p>Sus ojos casta&ntilde;os, cargados de deseo, se clavaron en los m&iacute;os, y sus labios tambi&eacute;n arrojaron un susurro c&oacute;mplice:<\/p>\n<p>&ndash;Qu&eacute; bien hueles, mi ni&ntilde;a.<\/p>\n<p>Su boca descendi&oacute; hacia mi cuello, descargo un beso tras otro, y el fuego de su deseo me hizo descartar todos los miedos que hasta ese momento me hab&iacute;an embargado.<\/p>\n<p>No sabr&iacute;a decir en qu&eacute; momento perd&iacute; mi blusa, pero de repente fui consciente de que lam&iacute;a con obcecaci&oacute;n mis pezones, que coronaban unos pechos diminutos que apenas hab&iacute;an comenzado a tomar forma. Mis piernas se enlazaron alrededor de su cuerpo, apretando su entrepierna a la m&iacute;a, y poco a poco la anarqu&iacute;a de nuestros movimientos comenz&oacute; a dejar paso a un &aacute;vido comp&aacute;s que nos hac&iacute;a estremecer entre ara&ntilde;azos, roces y mordiscos.<\/p>\n<p>Pero si el roce de nuestros sexos cubiertos hab&iacute;a sido una delicia, lleg&oacute; un momento en que nos comenz&oacute; a pesar como si nuestras prendas de ropa no fueran otra cosa que pesadas cadenas que nos imped&iacute;an movernos, incluso respirar. Yo acept&eacute; aquello con resignaci&oacute;n, pero &eacute;l no dud&oacute; en parar unos segundos para quedarse totalmente desnudo, ofreci&eacute;ndome su cuerpo como un magn&iacute;fico premio.<\/p>\n<p>&ndash;Deja que te acabe &ndash;le dije &ndash;. S&eacute; lo que necesitas.<\/p>\n<p>Mi mano aferr&oacute; aquella brava masculinidad, y con el primer apret&oacute;n comprob&eacute; que de su sexo brotaban unas gotas cristalinas que resbalaron hacia mi mano. Sin embargo, antes siquiera de que pudieran tocar mi piel (&iexcl;c&oacute;mo ansiaba sentir su c&aacute;lido contacto!), &eacute;l apart&oacute; mi mano y me invit&oacute; a seguir tumbada.<\/p>\n<p>&ndash;Lo que necesito es tenerte &ndash;me dijo.<\/p>\n<p>Una ola de nerviosismo me sacudi&oacute;. Nadie me hab&iacute;a penetrado, de hecho no ten&iacute;a claro que quisiera que lo hicieran: su sexo se me antojaba demasiado grande y mi abertura demasiado estrecha, no ten&iacute;a lubricante y no hab&iacute;a tenido la precauci&oacute;n de tener ning&uacute;n tipo de protecci&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Creo&hellip; &ndash;intent&eacute; decir, aunque no encontraba las palabras&ndash;. Creo que no estoy preparada.<\/p>\n<p>En su rostro pude observar cierta contrariedad, y tem&iacute; que ese fuera el momento en que la situaci&oacute;n se torciese de una u otra forma. &iquest;Se enfadar&iacute;a? &iquest;Volver&iacute;a a hablarme? &iquest;Era idiota por no querer hacerlo con un chico tan agradable? Sin embargo, lejos de enojarse, me propuso una alternativa:<\/p>\n<p>&ndash;Mi ni&ntilde;a, &iquest;no quieres que juguemos de otra manera?<\/p>\n<p>Yo asent&iacute; sin tener muy claro de qu&eacute; me hablaba, pues lo cierto es que ten&iacute;a much&iacute;simas gracias de seguir con nuestros juegos y caricias. Por eso me sorprend&iacute; y di un respingo al ver que aferraba mis braguitas y, sin quit&aacute;rmelas, las estiraba a la par que acercaba su masculinidad, que primero roz&oacute; mi muslo, luego acarici&oacute; con su cabeza las diminutas bolsas de mis genitales, hasta colocarse encima de mi sexo (que en comparaci&oacute;n con el suyo parec&iacute;a a medio terminar). Sin la protecci&oacute;n de la ropa interior, nada lograba aislarme del calor que aquel poderoso miembro emanaba, hasta el punto que sent&iacute;a como si alguien me hubiera introducido un carb&oacute;n ardiente.<\/p>\n<p>Ni que decir tiene que mis braguitas, que apenas hab&iacute;an sido capaces de contener mi sexo excitado, hac&iacute;an que nuestros sexos se apretujasen con fuerza, algo que a m&iacute; me hac&iacute;a vibrar, pero que a &eacute;l deb&iacute;a de volverle loco, pues si por un lado rozaba con mi piel desnuda, por otro le acariciaba la suave textura de mi ropa interior.<\/p>\n<p>&ndash;Qu&eacute; suave es &ndash;me dijo mientras se mov&iacute;a, buscando mis manos para entrelazar sus dedos con los m&iacute;os &ndash;. &iquest;Est&aacute;s depilada?<\/p>\n<p>Me costaba pensar a causa del movimiento. Al principio nuestros sexos hab&iacute;an rozado el uno contra el otro, pero r&aacute;pidamente hab&iacute;an empezado a humedecerse con las gotas que ambos destilaban, y que fueron facilitando los movimientos.<\/p>\n<p>&ndash;Me he depilado para ti &ndash;le confes&eacute;&ndash;. &iquest;Te gusta?<\/p>\n<p>Un gemido y un estremecimiento me indicaron que no era disgusto lo que sent&iacute;a. Tras aquellas palabras, fueron m&aacute;s ruiditos y quejidos los que nos guiaron mientras continuamos explorando las posibilidades de aquel dulce juego, hasta que nuevamente sentimos que la ropa nos sobraba, y lleg&oacute; mi turno de quedar completamente desnuda.<\/p>\n<p>Mi compa&ntilde;ero hab&iacute;a mostrado tanto inter&eacute;s en m&iacute;, tanta entrega en sus besos y tal pasi&oacute;n en sus abrazos, que mi confianza en m&iacute; misma se vio incrementada. Fue por ello que al observar que la punta de mi sexo se hallaba totalmente empapada en mis propios jugos, decid&iacute; acercarla a la cabeza de su virilidad, aprovechando aquel lubricante natural para rozar ambos sexos en un delicioso masaje.<\/p>\n<p>&Eacute;l se dej&oacute; hacer, tumb&aacute;ndose mansamente y dejando que yo me colocara encima, continuando con aquel dulce choque de sexos, id&eacute;nticos y al mismo tiempo tan diferentes: fuerte y masculino el suyo, vulnerable y femenino el m&iacute;o. A punto estaba de dejar de lado todos mis miedos y pedirle que se introdujera dentro de m&iacute;, que me hiciera suya, que me despojara de aquella virginidad con la que cargaba&hellip; a punto estaba de decirlo, cuando la sola idea me llev&oacute; al culmen, y sin otro aviso que una mera contracci&oacute;n, mi sexo descarg&oacute; una profusa carga sobre &eacute;l, embadurnando completamente su masculinidad, pero salpicando tambi&eacute;n parte de su vientre.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Mierda! &ndash;exclam&eacute; enfadada, en parte por haberle manchado, en parte por haber dejado escapar un orgasmo de una forma tan simple y r&aacute;pida.<\/p>\n<p>&Eacute;l se ri&oacute; mientras se incorporaba, y el volumen de su cuerpo, m&aacute;s grande que el m&iacute;o, me hizo caer sobre la cama. Como mis erecciones nunca son grandes a causa de las hormonas, la eyaculaci&oacute;n hab&iacute;a hecho que mi sexo se replegara a un tama&ntilde;o diminuto, pero eso pareci&oacute; excitarle, pues comenz&oacute; a frotarse una vez m&aacute;s contra mi. Pareciera como si su poderoso miembro quisiera introducirse dentro del m&iacute;o, y lo cierto es que no ten&iacute;a nada claro qu&eacute; era lo que intentaba hacer, en el caso de que realmente intentara algo y no estuviera cegado por la lujuria.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Quiero acabar dentro de ti! &ndash;gimi&oacute;, m&aacute;s una s&uacute;plica desesperada que una orden.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Hazlo! &ndash;le apremi&eacute;.<\/p>\n<p>Su masculinidad embisti&oacute; entonces contra m&iacute;, pero con poco tino, desliz&aacute;ndose unas veces hasta mis genitales, escurri&eacute;ndose otras veces entre mis nalgas. Sin m&aacute;s remedio que intervenir, abr&iacute; mis piernas, cerr&eacute; los ojos y agarr&eacute; su sexo, pero antes de que hubiera podido conducirlo a la puerta de su cuerpo, un suspiro mortal escap&oacute; de sus pulmones y una carga lechosa de su miembro.<\/p>\n<p>En silencio nos miramos sin saber qu&eacute; hacer o decir durante lo que tuvo que ser un minuto, pero que nos pareci&oacute; una eternidad. Finalmente, sin saber muy bien c&oacute;mo ni por qu&eacute;, estallamos en carcajadas. &iquest;Nos re&iacute;amos de nuestra torpeza? &iquest;Acaso de la alegr&iacute;a de estar vivos y haber disfrutado de nuestros cuerpos? &iquest;Pudiera ser que simplemente expres&aacute;ramos nuestro nerviosismo? Quiz&aacute; (seguramente) un poco de todo.<\/p>\n<p>&ndash;Oye &ndash;me pregunt&oacute; de repente&ndash;, &iquest;y la pel&iacute;cula?<\/p>\n<p>A mirar a la pantalla, pude ver las &uacute;ltimas letras de los cr&eacute;ditos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Me sorprende que la gente piense que, por el simple hecho de ser una chica transexual, eres una experta en los secretos de la carne. Como si hoy fueras una persona t&iacute;mida e insegura y, tras la primera inyecci&oacute;n de hormonas, en tu ADN se sobrescribiese el Kama Sutra. 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