{"id":22617,"date":"2020-02-06T23:00:00","date_gmt":"2020-02-06T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-02-06T23:00:00","modified_gmt":"2020-02-06T23:00:00","slug":"la-tia-de-pedro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-tia-de-pedro\/","title":{"rendered":"La t\u00eda de Pedro"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"22617\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Sucedi&oacute; una tarde calurosa de noviembre. Nahuel, Pedro y yo necesit&aacute;bamos terminar un trabajo de Geograf&iacute;a. Como era usual, su t&iacute;a nos esperaba con un bizcochuelo de lim&oacute;n y una jarra de jugo de naranjas reci&eacute;n exprimidas. Entramos en torbellino y lo devoramos todo como langostas antes de desplegar los mapas. Norma, la t&iacute;a de Pedro a la que todos los chicos quer&iacute;an conocer, o volver a ver, retiraba los platos, reemplazaba la jarra vac&iacute;a por otra llena o tra&iacute;a galletas horneadas dejando, cada vez, una persistente estela de perfume. Esa tarde llevaba un vestido acampanado que insinuaba ese culo que tantos comentarios despertaba a espaldas de nuestro amigo. Nahuel y yo la espi&aacute;bamos de reojo cada vez que se inclinaba sobre la mesa. Sus pechos eran modestos pero la piel suave los volv&iacute;a tan excitantes que, a nuestros diecisiete a&ntilde;os, provocaba una verdadera revoluci&oacute;n debajo de la mesa.<\/p>\n<p>Nahuel no tard&oacute; en declarar que deb&iacute;a irse (siempre echaba mano del mismo recurso cuando la tarea se volv&iacute;a tediosa) y Pedro se ofreci&oacute; a alcanzarlo con su moto nueva hasta Monte Blanco. Mientras tanto, yo completar&iacute;a el aburrido trazado de pueblos antiguos en ambos m&aacute;rgenes del Nilo. Llegaba a la frontera oeste de Egipto cuando Norma entr&oacute; de nuevo, trayendo esta vez un plato con galletas. Una sonrisa asom&oacute; a sus labios y un brillo diferente reluci&oacute; en sus pupilas oscuras.<\/p>\n<p>Se sent&oacute; en la silla donde un rato antes hab&iacute;a estado su sobrino.<\/p>\n<p>&minus;Uno trabajando para todos. &iquest;Interesante?<\/p>\n<p>&minus;Como cualquier clase de la Morandi &ndash;agregu&eacute; al notar su expresi&oacute;n inquisitiva.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Puedo ver?<\/p>\n<p>Aspir&eacute; el aroma a manzana de sus cabellos y un cosquilleo violento sacudi&oacute; mi entrepierna cuando pos&oacute; casi sin querer su mano en mi muslo derecho. La dej&oacute; all&iacute; apenas unos segundos, los suficientes como para que mi verga se convirtiera en un bloque de piedra. Se incorpor&oacute; y sonri&oacute;, sus pechos sub&iacute;an y bajaban bajo la tela morada. Una gota de transpiraci&oacute;n se deslizaba perezosa a lo largo de su cuello.<\/p>\n<p>&ndash;No entiendo nada de todo esto &ndash;rio apoyando una mano en mi antebrazo.<\/p>\n<p>Me met&iacute; en la boca una galleta al sentirme estudiado por esas miradas de pantera. Volvi&oacute; a la carga con un suspiro de calor.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;As&iacute; que sal&iacute;s con &Aacute;ngela?<\/p>\n<p>&ndash;Nos vimos un par de veces. Nada m&aacute;s.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Sab&iacute;as que es mi ahijada? Es una buena chica y me cuenta muchas cosas.<\/p>\n<p>Me puse como un tomate, la conversaci&oacute;n estaba volvi&eacute;ndose inc&oacute;moda. El aliento de Norma ol&iacute;a a chicle mentolado. No me pude contener y dej&eacute; caer una mirada de deseo en el interior de su escote. Llevaba un corpi&ntilde;o rosa.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Quer&eacute;s saber qu&eacute; me dijo?<\/p>\n<p>&ndash;Bueno&hellip; S&iacute; &ndash;dud&eacute; y mi duda la divirti&oacute;.<\/p>\n<p>Se inclin&oacute; sobre m&iacute; como si fuera a hacerme una confesi&oacute;n y apoy&oacute; por segunda vez la mano sobre mi muslo, solo que esta vez un poco m&aacute;s arriba. Las puntas de sus dedos rozaron despreocupados mi bragueta a punto de explotar.<\/p>\n<p>&ndash;Me dijo que qued&oacute; muy dolorida.<\/p>\n<p>Su mano se pos&oacute; suave sobre mi bragueta. Sus pupilas centellearon y sus labios dibujaron una sonrisa lasciva.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Puedo?<\/p>\n<p>Ten&iacute;a la garganta demasiado seca para responder. Recostado hacia atr&aacute;s, dej&eacute; hacer. Con dos dedos, tir&oacute; del cierre. Su mano buce&oacute; con delicadeza en el interior de mi bragueta. La sorpresa inicial se encendi&oacute; con una sonrisa cargada de malicia cuando mi miembro completamente duro emergi&oacute; de su encierro.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Mir&aacute; vos el tama&ntilde;o de esta pija!<\/p>\n<p>Se escurri&oacute; debajo de la mesa. Con una mano me masajeaba la verga mientras la contemplaba como a una reliquia de oro puro. La reconoci&oacute; con la punta de la lengua, caliente y suave. A la tercer lamida, mi glande estaba dentro de su boca y lo chupaba como al helado m&aacute;s refrescante del universo. Lo succionaba con devoci&oacute;n, los gemidos se mezclaban con las arcadas cuando el entusiasmo la hac&iacute;a engullir m&aacute;s de la cuenta.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Al sill&oacute;n! &ndash;orden&oacute;, imperiosa.<\/p>\n<p>En la sala, espi&eacute; en direcci&oacute;n a la puerta de entrada.<\/p>\n<p>&ndash;Tranquilo. Ese boludo seguro que est&aacute; refreg&aacute;ndose con la prima de Nahuel.<\/p>\n<p>Un empuj&oacute;n y rebot&eacute; sobre el sill&oacute;n. Se encaram&oacute; con mirada &aacute;vida y se quit&oacute; el vestido por encima de la cabeza, no llevaba bombacha y su entrepierna estaba caliente y mojada. Presion&eacute; contra mi cara esos pechos menudos. Con movimientos torpes, logr&eacute; desabrochar el corpi&ntilde;o. Lam&iacute; con frenes&iacute; esos pezones de aureolas peque&ntilde;as y rosadas. Todo en esa mujer era peque&ntilde;o y delicado. Con destreza se llev&oacute; una mano detr&aacute;s, atrap&oacute; mi miembro y, con un gemido que me pareci&oacute; contenido en la garganta durante mucho tiempo, apoy&oacute; el glande en la entrada de su vagina. Lo sostuvo unos segundos, gozando con la presi&oacute;n por abrirse paso. Poco a poco, disfrutando cada cent&iacute;metro, fue descendiendo con los p&aacute;rpados entornados y los labios distendidos en una sonrisa satisfecha.<\/p>\n<p>&ndash;No creo que entre toda -protest&oacute;.<\/p>\n<p>Me aferr&eacute; a su cintura, sus pechos rebotaban el&aacute;sticos delante de mis ojos a medida que su cabalgata aumentaba el ritmo. Sus u&ntilde;as se clavaban en mis hombros y sus dientes en mi cuello. Su cadera se mov&iacute;a adelante y atr&aacute;s fren&eacute;tica, jadeando cuando mi verga le llenaba la vagina. Mi vello p&uacute;bico se humedec&iacute;a con sus jugos.<\/p>\n<p>&minus;&iexcl;Qu&eacute; hermoso, por Dios! Quiero acabar, ahora mismo.<\/p>\n<p>Ech&oacute; la cabeza hacia atr&aacute;s y su garganta en tensi&oacute;n dej&oacute; escapar un largo gemido. Se estremeci&oacute;, tembl&oacute;. Se desarm&oacute; como un ser cartilaginoso, la abrac&eacute; por la cintura para atraerla y la embest&iacute; con fuerza entre los espasmos del orgasmo reciente. La apret&eacute; contra m&iacute; y, con un rugido prolongado, me vaci&eacute; dentro de su concha empapada. Permanecimos as&iacute; hasta que nuestras respiraciones se aquietaron. Se tir&oacute; el pelo a un costado y me mir&oacute; con ojos relucientes, maravillados por el inesperado descubrimiento.<\/p>\n<p>&minus;No quiero salir, no quiero -llorique&oacute;. Qu&eacute;date adentro m&iacute;o.<\/p>\n<p>Empuj&eacute; una vez m&aacute;s y se estremeci&oacute; entera, se mordi&oacute; el labio inferior y hundi&oacute; su lengua en mi boca. Se dej&oacute; caer a mi lado, mir&oacute; el reloj sobre la chimenea y hacia la puerta. Apoy&oacute; ambas manos a los costados como tomando impulso para incorporarse.<\/p>\n<p>&minus;Tu amigo puede venir en cualquier momento. &iquest;Vas a quedarte ah&iacute; sentado?<\/p>\n<p>&minus;Te est&aacute;s olvidando el vestido &ndash;respond&iacute; mir&aacute;ndola de pie frente a m&iacute;, excitado por el incipiente cosquilleo que hormigueaba a lo largo de mi miembro.<\/p>\n<p>Una gota de leche rod&oacute; densa por la cara interna de su muslo.<\/p>\n<p>Se rio y se dio media vuelta para que la viera menear el culo en direcci&oacute;n al ba&ntilde;o.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Sucedi&oacute; una tarde calurosa de noviembre. Nahuel, Pedro y yo necesit&aacute;bamos terminar un trabajo de Geograf&iacute;a. 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