{"id":22667,"date":"2020-02-14T23:00:00","date_gmt":"2020-02-14T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-02-14T23:00:00","modified_gmt":"2020-02-14T23:00:00","slug":"el-desconocido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-desconocido\/","title":{"rendered":"\u00bfEl desconocido?"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"22667\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Se envar&oacute; al verla y sus sentidos se pusieron alerta. Por suerte, estaba apartado de la entrada del sal&oacute;n principal y una columna gigante le otorgaba privacidad, la suficiente para observarla sin ser visto. Aun as&iacute;, sin querer arriesgar la profesionalidad que lo caracterizaba, se puso la m&aacute;scara oscura que reposaba en su cabeza y contempl&oacute; c&oacute;mo se integraba entre la gente.<\/p>\n<p>Ella no llevaba antifaz ni nada que les impidiera a los dem&aacute;s saber qui&eacute;n era. Conoc&iacute;a lo suficiente a la se&ntilde;orita Arias para saber que su imagen y su reputaci&oacute;n en el mundillo musical le importaban bien poco, pero no la cre&iacute;a tan descarada para entrar en una fiesta privada de aquel calibre sin tomarse la molestia de ocultarse. Se intentaba extremar la privacidad de los presentes: que no hubiera personas no conocidas o sin invitaci&oacute;n directa, ni m&oacute;viles, c&aacute;maras o incluso periodistas, pero no siempre pod&iacute;a controlarse.<\/p>\n<p>La contempl&oacute; con deleite, como hab&iacute;a hecho muchas veces desde la mesa de su despacho sin que ella se percatara &mdash;al menos eso pensaba&mdash; o en su imaginaci&oacute;n mientras ella lo escuchaba con un fingido inter&eacute;s. &Eacute;l tambi&eacute;n fing&iacute;a inter&eacute;s y concentraci&oacute;n al hablarle, pero hab&iacute;a ocasiones en las que su profesionalidad se tambaleaba frente aquella muchacha joven, vital y bonita. Adem&aacute;s, ten&iacute;a un toque de descaro que parec&iacute;a darte pie a m&aacute;s, pero, cuando avanzabas, o te cre&iacute;as dispuesto a hacerlo, ella frenaba de manera tajante sin que pudieras culparla. Paraba algo que, en realidad, nunca hab&iacute;a comenzado, aunque tu imaginaci&oacute;n te dijera que s&iacute;. &Eacute;l se preguntaba si ser&iacute;a la calidez de aquellos ojos verdes y brillantes que ten&iacute;an por costumbre mirar con fijeza y sin amilanarse.<\/p>\n<p>El hombre le dio un trago a su copa de ron y mantuvo el sabor dulce en el paladar mientras pensaba en otro manjar l&iacute;quido que no era precisamente el que ten&iacute;a entre las paredes ovaladas de cristal. La imagen de aquella rubia sobre su mesa, con la espalda arqueada y derram&aacute;ndose en su boca lo hizo dar otro trago, aunque esta vez sin deleite ninguno; con prisa y desespero. De repente, el encuentro que acababa de tener con dos mujeres le pareci&oacute; poco en comparaci&oacute;n con la imagen que su mente le otorgaba. Not&oacute; c&oacute;mo se encend&iacute;a y c&oacute;mo su miembro se endurec&iacute;a.<\/p>\n<p>Natalia Arias rio con un descaro que se oy&oacute; por encima de los susurros, y Equis &mdash;como dec&iacute;a llamarse aquel hombre cuando cruzaba el umbral que separaba su vida diaria de la nocturna&mdash; se centr&oacute; m&aacute;s en ella. A pesar de que la fiesta estaba m&aacute;s acabada que empezada y todos bien servidos y cansados, los invitados parecieron resurgir con su llegada, contagiados por esa frescura que trasmit&iacute;a. Mujeres y hombres le hablaban a sus ojos y a su boca m&aacute;s que a ella en s&iacute;. No los culp&oacute;. &Eacute;l, desde su posici&oacute;n privilegiada, tambi&eacute;n la deseaba. Observ&oacute; c&oacute;mo se mov&iacute;an los labios rosados y el brillo de los ojos claros y la dureza rugi&oacute; en su pantal&oacute;n, pidi&eacute;ndole ser liberada de nuevo. Natalia cruz&oacute; las piernas y el vestido negro de brillo se ajust&oacute; m&aacute;s a su estrecha cintura. La repas&oacute; entera, desde los tacones negros abrochados a los tobillos, subiendo por las piernas desnudas, hasta los pechos, cubiertos levemente por la tela. Jade&oacute; ante su cuello largo y rodeado por un collar del mismo color que el vestido.<\/p>\n<p>Terminando su copa estaba cuando alguien lo rode&oacute; por detr&aacute;s y apoy&oacute; las manos c&aacute;lidas sobre su pecho descubierto. A&uacute;n no se hab&iacute;a abrochado la camisa. Mir&oacute; hacia arriba para encontrarse con las tetas de Marta, una amiga de placeres. Esta le sonri&oacute;, dirigiendo la mirada hasta donde un segundo antes hab&iacute;a estado la suya propia, y con un gesto de cabeza le pregunt&oacute; si se apuntaban. No le dio tiempo a cuestionarse cu&aacute;l era el plan, Arias se hab&iacute;a levantado del taburete, seguida por sus interlocutores, y caminaba hacia la puerta del dormitorio principal.<\/p>\n<p>Los ojos de Equis brillaron y la respiraci&oacute;n se le aceler&oacute; al apreciar que la ni&ntilde;a divertida hab&iacute;a desaparecido para dar paso a una mujer que se contoneaba en sus andares y provocaba con los ojos. Pero lo que m&aacute;s lo sobresalt&oacute; fue ver c&oacute;mo se internaba en la habitaci&oacute;n grupal. La oscura y morbosa habitaci&oacute;n del anfitri&oacute;n que hab&iacute;a organizado la fiesta.<\/p>\n<p>&laquo;En unos minutos &mdash;se dijo&mdash; estar&aacute; siendo el maravilloso juguete de todos esos que la acompa&ntilde;an&raquo;.<\/p>\n<p>El pulso se le aceler&oacute; cuando Marta le dio la mano y lo anim&oacute; a levantarse. No hubo palabras, pero s&iacute; una clara invitaci&oacute;n para participar, en caso de que as&iacute; lo permitieran los que hab&iacute;an entrado.<\/p>\n<p>En silencio, acept&oacute; la mano, se puso de pie y camin&oacute; con lentitud, d&aacute;ndole tiempo al grupo de preparar la imagen que &eacute;l quer&iacute;a ver cuando traspasara la puerta. Se pas&oacute; la lengua por los labios en un intento de humedecer lo que se hab&iacute;a secado con solo un pensamiento y, sin meditarlo mucho m&aacute;s, subi&oacute; el escal&oacute;n que separaba la estancia principal del cuarto de los placeres.<\/p>\n<p>Y pensar que casi rechaza la invitaci&oacute;n a la fiesta aquella noche de s&aacute;bado&hellip;<\/p>\n<p>Empuj&oacute; la puerta y se sumergi&oacute; en la oscuridad. Solo una luz apagada y azul iluminaba la estancia &mdash;por suerte&mdash; para que las siluetas fueran visibles. La de Natalia fue todo un espect&aacute;culo para sus sentidos, mucho m&aacute;s de lo que su mente calenturienta hubiera imaginado. El vestido hab&iacute;a desaparecido. Se encontraba tumbada sobre la enorme cama redonda de s&aacute;banas rojas de seda, con un conjunto de braguitas y sujetador de color negro, estrecho, sugerente, como una segunda piel. En su cuello, a&uacute;n el collar. En sus pies, todav&iacute;a los tacones. Las piernas, lisas y prietas, cerradas y flexionadas hacia el lado derecho, y las manos relajadas sobre el colch&oacute;n, por encima de su cabeza. Se contoneaba sobre la delicada tela como si bailara. Con los ojos cerrados y la lengua mojando sus labios, realizaba movimientos pausados y delicados con la cintura. Como una serpiente que rapta. Como esa hembra que danza, a la espera del apareamiento. Como esa mujer que sabe, a pesar de su edad, bastante inferior a la de los presentes, que tiene el poder &uacute;nico y absoluto en la habitaci&oacute;n. No era la cantante de rock que &eacute;l conoc&iacute;a. No era la fiera en la que se transformaba cuando sub&iacute;a al escenario y se hac&iacute;a con un micr&oacute;fono. No, era todo eso y mucho m&aacute;s. Sensual, atrapante, adictiva.<\/p>\n<p>A cada lado, hombres y mujeres desnudos, todos, absolutamente todos, cubiertos con m&aacute;scaras. Ella, due&ntilde;a de s&iacute; misma, due&ntilde;a del morbo y de la situaci&oacute;n, descubierta, dejando claro que no le importaba ser reconocida.<\/p>\n<p>Ni Equis ni Marta fueron expulsados del lugar. Algunos presentes hab&iacute;an reparado en su presencia, pero tras una r&aacute;pida ojeada volvieron al foco de su inter&eacute;s. Y es que aquel foco era un bocado demasiado apetecible.<\/p>\n<p>Marta se acerc&oacute; cuando la verdadera fiesta empez&oacute;. Cuando las manos curiosas comenzaron a resbalar por la piel de seda. Cuando los primeros y peque&ntilde;os gemidos de placer escaparon de la garganta de Natalia. Cuando Equis, en su dureza m&aacute;s absoluta, sinti&oacute; la necesidad de beberse lo que quedaba de su copa y despojarse de la camisa que a&uacute;n no se hab&iacute;a abrochado tras el encuentro anterior.<\/p>\n<p>Se apoy&oacute; en la pared y esper&oacute;. Esper&oacute; a que otros saborearan sus pechos mientras acariciaban sus costados, a que tocaran sus pies a trav&eacute;s de los zapatos y dejaran besos por sus piernas, a que la saborearan como el manjar que era, exprimi&eacute;ndolo todo de ella, y a que el hilo musical de la habitaci&oacute;n fueran susurros, gemidos y resoplidos de aquellos que, olvid&aacute;ndose de la mujer que presid&iacute;a la cama, se mezclaban entre s&iacute;.<\/p>\n<p>Equis aguant&oacute; las horribles ganas de aliviarse. Hab&iacute;a imaginado tantas veces c&oacute;mo ser&iacute;a el cuerpo de aquella mujer, que ahora no se ir&iacute;a sin comprobarlo y habi&eacute;ndose tocado en un rinc&oacute;n como un chiquillo.<\/p>\n<p>Solt&oacute; el vaso en un lugar seguro, se acerc&oacute; a la cama y aguard&oacute; en un lateral a que el hombre y la mujer que devoraban sus pechos por encima del sujetador se saciaran. Ante su mirada feroz tras el antifaz, ambos se apartaron y le dejaron el camino libre.<\/p>\n<p>Natalia sinti&oacute; el abandono de sus acompa&ntilde;antes y esper&oacute; paciente, regode&aacute;ndose, la llegada de otros que la saborearan, pero entonces not&oacute; c&oacute;mo la izaban de la cintura sin esfuerzo y la levantaban. Abri&oacute; los ojos, curiosa por el atrevimiento de su acompa&ntilde;ante, y se sorprendi&oacute; al ver lo que hab&iacute;a detr&aacute;s del antifaz dorado. Unos ojos oscuros como la noche brillaban clavados en los suyos. La traspasaban. Si no fuera porque estaba casi desnuda, hubiera jurado que quer&iacute;an ver m&aacute;s all&aacute; de su piel. El hombre ten&iacute;a el pelo oscuro peinado hacia atr&aacute;s, las facciones de la cara &mdash;las que llegaba a apreciar&mdash; marcadas, y un porte aparentemente trabajado.<\/p>\n<p>&mdash;Eres atrevido &mdash;le dijo, socarrona, al verse apresada entre las grandes manos que rodeaban su estrecha cintura. Provocadora, sac&oacute; la lengua y se lami&oacute; el labio superior, desde el extremo derecho hasta el izquierdo, mientras lo miraba con lascivia y le pasaba su larga u&ntilde;a por el pecho descubierto y duro. A&uacute;n conservaba la camisa puesta, pero estaba abierta&mdash;. Me gusta.<\/p>\n<p>Equis no se dej&oacute; amilanar con el encanto y el desparpajo de Natalia. La peg&oacute; con fuerza a su cuerpo, baj&oacute; el rostro para estar a su altura y se qued&oacute; a escasos cent&iacute;metros de su boca. Muy pocos. La oli&oacute;. Mezcla de frutas y alcohol, de perfume y cosm&eacute;ticos. Mientras, roz&oacute; la piel de su espalda y sinti&oacute; el tacto suave bajo sus dedos.<\/p>\n<p>La muchacha not&oacute; el anhelo que la respiraci&oacute;n entrecortada del hombre dejaba intuir. Sinti&oacute; los dedos hinc&aacute;ndose en su piel, incapaces de controlar el impulso, y tambi&eacute;n la dureza que se clavaba en su cintura debido a la diferencia de tama&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Es que no sabes hablar? &mdash;le pregunt&oacute; con diversi&oacute;n e intentando ocultar lo que la posesi&oacute;n de ese hombre le hab&iacute;a hecho sentir. No deseaba a&uacute;n que se percatara de c&oacute;mo sus bragas comenzaban a mojarse, y todo por la oscuridad de sus ojos fieros. Sigui&oacute; con su juego, pegando mucho los labios a los del hombre, para que al hablar casi se rozaran&mdash;. &iquest;Es que te ha comido la lengua el gato? &mdash;No obtuvo respuesta&mdash;. La gata s&iacute; que tiene.<\/p>\n<p>Sac&oacute; la punta de su lengua con mucha delicadeza y lami&oacute; la boca del hombre con deleite. Despu&eacute;s, baj&oacute; hasta su ment&oacute;n y dej&oacute; un suave bocado ah&iacute; para continuar con su itinerario. Se desplaz&oacute; por la garganta, notando c&oacute;mo tragaba saliva, y descendi&oacute; hasta el pecho. Una vez all&iacute;, altern&oacute; lengua, saliva y peque&ntilde;os bocados hasta llegar a su pectoral derecho, donde lami&oacute; con m&aacute;s gozo.<\/p>\n<p>Equis supo que se recreaba con su tatuaje y la polla le palpit&oacute; con tanta furia que crey&oacute; no soportar m&aacute;s aquella dulce tortura. Sujet&oacute; con determinaci&oacute;n el ment&oacute;n de la cantante y la hizo subir para poder capturar su boca. Dios, c&oacute;mo hab&iacute;a fantaseado con probar aquella boca. C&oacute;mo goz&oacute; cuando sumergi&oacute; su lengua fr&iacute;a, con sabor a ron, y choc&oacute; con la atrevida y c&aacute;lida de ella. Se enredaron, furiosas. Pero r&aacute;pidamente se separaron para poder morderse los labios, lam&eacute;rselos y besarlos con toda la recreaci&oacute;n que se merec&iacute;an. Sab&iacute;a, despu&eacute;s de haber probado muchos, que nunca olvidar&iacute;a los de Natalia Arias. Que eran adictivos. Un placer de boca, y ahora suya. Instantes, pero suya. Bien sab&iacute;a &eacute;l que lo ef&iacute;mero era exquisito.<\/p>\n<p>Endemoniado por lo que le hac&iacute;a sentir dentro del pecho, la apoy&oacute; contra la pared y se peg&oacute; a ella, dispuesto a hacerla disfrutar. &iquest;Cu&aacute;ntas veces hab&iacute;a pensado c&oacute;mo ser&iacute;a aquella cara angelical mientras se corr&iacute;a? &iquest;Mientras se deshac&iacute;a siendo suya? No pod&iacute;a esperar m&aacute;s para comprobarlo. Con una mano le toc&oacute; los pechos, a&uacute;n fuera del sujetador, y la otra la baj&oacute; hasta sus bragas. Pensaba apartarlas, no obstante, prefiri&oacute; disfrutar un poco m&aacute;s del momento, as&iacute; que dej&oacute; que ambas manos descendieran y &eacute;l lo hizo con ellas. Meti&oacute; los dedos entre la tela y las baj&oacute; despacio, muy despacio, mientras dejaba ante s&iacute; la vista de la tentaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Los ojos le brillaron tras la m&aacute;scara al comprobar esa rajita cuidada que, justo encima, luc&iacute;a una porci&oacute;n de vello recortado y trabajado, dejando libre todo lo que &eacute;l iba a comerse en segundos pero d&aacute;ndole un toque er&oacute;tico y diferente. Apetitoso, muy apetitoso. Mir&oacute; hacia arriba y la vio sonre&iacute;r, como si aquel descubrimiento llevara un mensaje il&iacute;cito para ambos. Pero no, no lo hab&iacute;a reconocido. Para ella segu&iacute;a siendo un desconocido enmascarado en una fiesta privada m&aacute;s donde disfrutar&iacute;a como con cualquier otro. Para &eacute;l era mucho m&aacute;s.<\/p>\n<p>Al borde del colapso por tantas sensaciones mezcladas, se dej&oacute; llevar y sujet&oacute; aquella peque&ntilde;a porci&oacute;n de vello. Tir&oacute; de ella hacia arriba, arrancando un gemido de Natalia, y hundi&oacute; su lengua en la rajita cerrada, consiguiendo abrirla y, con ello, dejando ver sus labios internos y mojados, y el delicioso cl&iacute;toris, el cual lami&oacute; con desespero. Completamente entregado, se restreg&oacute;, impregn&aacute;ndose de su humedad, de su olor, de su sabor. De toda ella.<\/p>\n<p>Se levant&oacute; como un le&oacute;n enjaulado y la bes&oacute; para compartir su esencia. Ella lo recibi&oacute; gustoso, lamiendo el ment&oacute;n masculino, empapado de su propio placer.<\/p>\n<p>Equis apoy&oacute; la palma de su mano sobre el co&ntilde;o que acababa de chupar y la movi&oacute; fren&eacute;tico, consiguiendo que Arias abriera los ojos de la impresi&oacute;n y del gusto. Masaje&oacute; y masaje&oacute; con la fuerza exacta para no hacerle da&ntilde;o, sin parar de mirarla y sujetando su menudo cuerpo con la mano libre para que no se tambaleara. Cuando supo por sus ojos verdes y nublados que estaba a punto de correrse, hundi&oacute; dos dedos en ella, justo en el principio de su cavidad, y los movi&oacute; con maestr&iacute;a, tocando ah&iacute; donde deb&iacute;a tocar. Supo que solo tardar&iacute;a segundos en derramarse sobre &eacute;l.<\/p>\n<p>La muchacha tembl&oacute; en sus manos y bajo su mandato. Gimi&oacute; muy fuerte. Tanto, que la m&uacute;sica reson&oacute; en sus o&iacute;dos y se grab&oacute; en su memoria para los restos. Era consciente, desde ya, que aquellos gemidos celestiales ser&iacute;an un recuerdo al que recurrir en muchas ocasiones.<\/p>\n<p>No hab&iacute;a parado de mirarla ni un segundo. Ni uno solo. Qued&aacute;ndose con todo: su expresi&oacute;n, los jadeos, la sorpresa, el brillo de los ojos, la boca entreabierta, la respiraci&oacute;n entrecortada&hellip; Todo.<\/p>\n<p>&mdash;Dios &mdash;exclam&oacute; Natalia, exhausta de un solo orgasmo&mdash;. Joder.<\/p>\n<p>Equis alz&oacute; la mano, empapada de su placer, y se la ofreci&oacute; para que la chupara. Ella admir&oacute; los peque&ntilde;os tatuajes que ten&iacute;a en tres de sus dedos, en las yemas. Despu&eacute;s los chup&oacute; sin apartarle la mirada a aquel viril hombre que, por alg&uacute;n motivo que no llegaba a comprender, le estaba dando un sexo mucho m&aacute;s efusivo del que sol&iacute;a darle cualquier desconocido. Mientras lo lam&iacute;a, not&oacute; c&oacute;mo se colocaba un preservativo de un movimiento. Si no recordaba mal, aquel tipo no se hab&iacute;a desprendido ni de los pantalones. Mir&oacute; hacia abajo. Efectivamente, solo hab&iacute;a sacado su miembro duro, grande y preparado.<\/p>\n<p>Sin que se lo esperara, le alz&oacute; una pierna y la empal&oacute;. No pod&iacute;a recrearse m&aacute;s. Quer&iacute;a, pero no pod&iacute;a. Estaba deseoso por sentir c&oacute;mo le atrapaba la polla con su interior. As&iacute; lo hizo, y sentirla fue una de las mejores experiencias de su vida. Caliente, estrecha y muy segura de lo que hac&iacute;a. Hinc&oacute; los dedos en su cintura un poco m&aacute;s, dejando evidencia de su deseo, y le mordisque&oacute; el cuerpo, el rostro y los labios mientras se la follaba como la bestia enjaulada en la que se hab&iacute;a convertido. Natalia, encantada, le pidi&oacute; entre jadeos entrecortados que no parara, que no parara, que no parara.<\/p>\n<p>Con un gru&ntilde;ido final se corri&oacute; en su interior, seguro de la protecci&oacute;n, y sali&oacute; con rapidez para mirarla una sola vez a los ojos verdes antes de guardarse el falo en el pantal&oacute;n sin desprenderse del preservativo y marcharse con esa rapidez que se aleja un hombre arrepentido.<\/p>\n<p>No se hab&iacute;a percatado, pero muchos de aquella sala hab&iacute;an estado observando la escena maravillados. Era como si la estancia se hubiera impregnado del necesitado deseo de aquel tipo que unos conoc&iacute;an y otros tantos no.<\/p>\n<p>Natalia, jadeante, lo vio desaparecer. Contempl&oacute; c&oacute;mo caminaba con pasos firmes, abr&iacute;a con furia y cerraba de un portazo. Una extra&ntilde;a sensaci&oacute;n segu&iacute;a siendo due&ntilde;a de su interior, como si algo la uniera a aquel hombre, algo que se escapaba de su entendimiento. Pero la sensaci&oacute;n desapareci&oacute; con la misma velocidad con la que otros cuerpos la buscaron.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Su m&oacute;vil son&oacute;. Lo busc&oacute; a tientas sobre la mesita mientras mascullaba un par de insultos. &iquest;Qui&eacute;n cojones llamaba a aquellas horas?<\/p>\n<p>Tras la noticia, se visti&oacute; con toda la rapidez posible, cogi&oacute; lo necesario y sali&oacute; de casa. No sin antes soltar un improperio mientras pegaba un portazo. &iquest;A qui&eacute;n se le ocurr&iacute;a meterse en un l&iacute;o de tal calibre y encima con una periodista? A ella, solo a ella. Inevitablemente, pasara lo que pasase, aquel caso ser&iacute;a medi&aacute;tico.<\/p>\n<p>Natalia lo vio llegar y suspir&oacute; aliviada. &iquest;Cu&aacute;ntas horas llevaba all&iacute; metida? Ni lo sab&iacute;a. Solo recordaba salir de aquella villa privada, encontrarse con una paparazzi y discutir con ella para que dejara de grabarla y de preguntar. Por una vez, por unas horas, por un d&iacute;a. Tranquilidad, solo quer&iacute;a tranquilidad. Vivir sin ser perseguida, juzgada o cuestionada. Despu&eacute;s, como una bestia, los golpes que le hab&iacute;a dado por haber seguido grabando. La periodista en el suelo. La polic&iacute;a llegando. Las esposas. El calabozo. Fr&iacute;o. Resaca.<\/p>\n<p>Por suerte, su abogado hab&iacute;a llegado para sacarla de all&iacute;, como hab&iacute;a tenido que hacer en algunas ocasiones. Demasiadas, quiz&aacute;.<\/p>\n<p>Se levant&oacute;, entusiasmada, y se peg&oacute; a la reja mientras su abogado realizaba los tr&aacute;mites correspondientes con el polic&iacute;a de guardia. La mir&oacute; con el tono de reproche que sol&iacute;a hacerlo, mezclando la burla con el cansancio, y ella puso cara de ni&ntilde;a buena. Dur&aacute;n le dio las gracias al polic&iacute;a, cogi&oacute; su malet&iacute;n del suelo y anduvo junto a &eacute;l hasta la reja que estaba a punto de liberar a Natalia Arias. Entonces, la mirada de ambos cambi&oacute;.<\/p>\n<p>&Eacute;l estaba imagin&aacute;ndola en otra situaci&oacute;n, con las esposas puestas.<\/p>\n<p>Ella acababa de descubrir las peque&ntilde;as notas musicales tatuadas en tres de sus dedos. Esos mismos dedos que hab&iacute;a chupado horas antes, impregnados de su propio sabor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Se envar&oacute; al verla y sus sentidos se pusieron alerta. Por suerte, estaba apartado de la entrada del sal&oacute;n principal y una columna gigante le otorgaba privacidad, la suficiente para observarla sin ser visto. 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