{"id":22839,"date":"2020-03-10T23:00:00","date_gmt":"2020-03-10T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-03-10T23:00:00","modified_gmt":"2020-03-10T23:00:00","slug":"un-fin-de-semana-de-mucho-placer-1-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/un-fin-de-semana-de-mucho-placer-1-2\/","title":{"rendered":"Un fin de semana de mucho placer (1\/2)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"22839\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Han pasado muchos a&ntilde;os y lo recuerdo como si hubiera sucedido apenas ayer. Y no es para menos, aquel fin de semana ha sido, tal vez, la mejor experiencia que haya vivido y que quiz&aacute; vaya a recordar por el resto de mis d&iacute;as. Por aquellos a&ntilde;os yo todav&iacute;a era un universitario que rondaba los veinte y que empezaba a ganarse sus primeras oportunidades de trabajo.<\/p>\n<p>Por motivos que a&uacute;n no logro entender y que no vale la pena tratar de explicar, llegu&eacute; como practicante al Congreso de mi estado, en la conflictiva y enorme Ciudad de M&eacute;xico. Aunque ya anteriormente hab&iacute;a participado en actividades del mundo de la pol&iacute;tica, aquello no dej&oacute; de sorprenderme: El poder, la opulencia que se palpaba por los pasillos, el dinero que se derrochaba entre esa gente y el desd&eacute;n con el que se ve&iacute;an unos a otros me pareci&oacute; abrumador y al principio desafiante.<\/p>\n<p>En medio de ese mundillo de gente superficial y con grandes dotes de influyentes, conoc&iacute; a Mariana, una mujer m&aacute;s grande que yo (siempre me han atra&iacute;do las mujeres mayores) y que era uno de los objetos de deseo de aquellos hombres poderosos y acostumbrados a tener lo que quer&iacute;an cuando lo deseaban.<\/p>\n<p>Ella era de estatura mediana, morena clara, cabello lacio y casta&ntilde;o, delgada con dos piernas largas y torneadas, un trasero que reflejaba una buena rutina de ejercicios, dos tetas de muy buen tama&ntilde;o y una sonrisa deslumbrante. Era realmente hermosa. Desde el primer momento en que la vi me gust&oacute;, aunque lo imponente del medio y su belleza hicieron que no me hiciera muchas esperanzas con ella.<\/p>\n<p>Inicialmente el trato era cordial, el saludo y una sonrisa cuando coincid&iacute;amos en alg&uacute;n pasillo o los elevadores, y alguna que otra conversaci&oacute;n sobre nuestras actividades. Hasta ah&iacute;. Cierto d&iacute;a hubo una manifestaci&oacute;n de inconformes (en M&eacute;xico hay decenas todos los d&iacute;as) que impidi&oacute; que pudi&eacute;ramos ingresar al recinto legislativo, por lo que todos tuvimos que quedarnos afuera a la espera de que se levantara el mitin y pudi&eacute;ramos ingresar. Cuando empezaba a mostrar signos de fastidio, escuch&eacute; a alguien hablar detr&aacute;s de m&iacute;, balbuceando palabras que delataban el mismo cansancio que hab&iacute;a en m&iacute;, as&iacute; que gir&eacute; la cabeza y la vi ah&iacute;, recargada sobre una pared, luciendo un vestido negro entallado corto y unos tacones que remarcaban a&uacute;n m&aacute;s esas piernas tan bien cuidadas. Debajo de su vestido, llevaba unas medias negras que la hac&iacute;an ver muy sensual. La salud&eacute; y por primera vez me acerqu&eacute; a ella para completar el ritual con un beso en la mejilla. Su aroma era exquisito, fresco y mis labios lograron sentir esa piel humectada y suave que correspond&iacute;a a una mujer de no m&aacute;s de 40 a&ntilde;os de edad. Empezamos a platicar y en uno de esos arrojos que no tampoco puedo explicar, le propuse ir alguna cafeteria mientras la manifestaci&oacute;n terminaba. Para mi asombro acept&oacute;, aunque ella insisti&oacute; en que no fuera muy retirado del Palacio Legislativo, por aquello de que la pudieran buscar en cualquier momento.<\/p>\n<p>En la cafeter&iacute;a yo ped&iacute; caf&eacute; negro y sin az&uacute;car, como era mi costumbre y ella pidi&oacute; un t&eacute;. Pude conocerla mejor y descubrir que adem&aacute;s de hermosa era una mujer con un sentido del humor fant&aacute;stico y una inteligencia excitante. Ella ten&iacute;a 35 a&ntilde;os. Me cont&oacute; que era soltera, que hac&iacute;a unos a&ntilde;os hab&iacute;a vivido con un hombre, pero que por sus celos y su poca disposici&oacute;n para divertirse termin&oacute; por aburrirla y sin m&aacute;s lo termin&oacute;. Me cont&oacute; que hab&iacute;a muchos tipos en la Asamblea que la cortejaban: pol&iacute;ticos, asistentes, secretarios particulares, l&iacute;deres de bancada, etc. pero que a su gusto eran gente sin cerebro que solamente la ve&iacute;an a ella como un trofeo. Escuchar que ella se asum&iacute;a como un trofeo me calent&oacute;. Saber que en ese preciso momento ten&iacute;a a aquella chica frente a m&iacute;, cont&aacute;ndome pasajes de su vida y ver esa sonrisa tan natural y perfecta me hac&iacute;a latir y vibrar. Terminamos nuestras bebidas y volvimos al Congreso a retomar nuestras actividades, pues la manifestaci&oacute;n ya hab&iacute;a terminado.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de aquella breve reuni&oacute;n el saludo fue siempre acompa&ntilde;ado de un beso, una sonrisa y un abrazo. Algunas veces ella estaba conversando con uno, dos o tres hombres que la rodeaban en actitud de asecho y ella interrump&iacute;a la conversaci&oacute;n para ir hacia mi o ponerse en una posici&oacute;n disponible y abrazarme. Era maravilloso. Ahora ya pod&iacute;a oler ese perfume fresco y besar esa piel suave todos los d&iacute;as.<\/p>\n<p>En otra ocasi&oacute;n coincidimos en una sesi&oacute;n del Congreso, llegu&eacute; mucho antes de que iniciara la reuni&oacute;n y me sent&eacute; lo m&aacute;s retirado posible de la tribuna. No me gustaba estar cerca de esa gente porque el aburrimiento se hac&iacute;a latente despu&eacute;s de dos horas de escuchar discursos vac&iacute;os. Justo estaba revisando mi celular cuando la vi entrar por la puerta principal, con un vestido blanco entallado que le marcaba su figura espectacular y un abrigo que la hac&iacute;a ver muy elegante. Yo todos los d&iacute;as llevaba saco y corbata. Cruzamos miradas, alc&eacute; la mano y le extend&iacute; el saludo. Aunque varios hombres se acercaron a saludarla, ella no perdi&oacute; el rumbo y se dirigi&oacute; exactamente donde yo estaba sentado, se inclin&oacute;, me bes&oacute; en la mejilla y me dijo al o&iacute;do, &quot;menos mal que est&aacute;s aqu&iacute;, esta gente es insoportable&quot;. Acto seguido se sent&oacute; en el lugar continuo al m&iacute;o y empezamos a platicar de cualquier cosa. Me sent&iacute;a feliz, viendo como esos tipos potentados me ve&iacute;an con recelo y cierto desprecio.<\/p>\n<p>Sac&oacute; su celular, hizo un par de llamadas y cuando colg&oacute; me dijo &quot;&iquest;no tengo tu n&uacute;mero, verdad?&quot;. Le dije que no y se lo pas&eacute;, advirti&eacute;ndole (en tono de broma) que no me gustaban las llamadas a media noche, ni muy temprano. Guard&oacute; mi n&uacute;mero y me marc&oacute;, para que pudiera guardar el suyo. No s&eacute; qu&eacute; habr&aacute;n aprobado en aquella sesi&oacute;n, cu&aacute;ntas leyes o reformas habr&aacute;n debatido ni cu&aacute;ntos legisladores asistieron, pero recuerdo perfectamente esas cinco horas en medio de risas, pl&aacute;ticas sobre nuestros gustos, recomendaciones de cine, m&uacute;sica, lugares comunes y viajes del pasado y futuro. Cada conversaci&oacute;n con ella reforzaba m&aacute;s y m&aacute;s mi gusto y mi deseo hacia aquella chica tan especial. Solamente una cosa me distra&iacute;a, su constante cruce de piernas. Ese vestido blanco y ese movimiento me recordaban a Sharon Stone, una de mis fantas&iacute;as m&aacute;s grandes, por lo que mi deseo no hac&iacute;a m&aacute;s que crecer.<\/p>\n<p>Nuestra relaci&oacute;n era cada vez m&aacute;s &iacute;ntima, me contaba de sus ex parejas, de sus pretendientes, de su familia, de sus amigas, de su vida como universitaria, de sus experiencias laborales, los rumores que se dec&iacute;an en los pasillos del Congreso sobre tal diputado o tal pol&iacute;tico. Fueron meses muy divertidos a su lado. Con el tiempo se hizo m&aacute;s com&uacute;n vernos juntos.<\/p>\n<p>Un d&iacute;a como a las dos de la ma&ntilde;ana son&oacute; mi celular. Revis&eacute; la pantalla y vi que era ella. Contest&eacute; a&uacute;n adormilado y me dijo algo como &quot;ya s&eacute; que odias que te marquen en la madrugada, me lo dijiste cuando me diste tu n&uacute;mero, pero ahora mismo quiero decirte que estoy muy ebria y que pens&eacute; en llamarte para decirte que eres un chico muy especial para m&iacute;&quot;. Me qued&eacute; helado. Le dije que yo tambi&eacute;n la consideraba una mujer muy especial y que ojal&aacute; estuviera con ella en el mismo lugar que se encontraba, para disfrutar de su buen humor y alegr&iacute;a del momento. Me pidi&oacute; que fuera por ella, pero le dije que no pod&iacute;a salirme a esa hora, ya que mi auto estaba en el taller y viajar dos horas a las afueras de la ciudad era complicado. Dijo que estaba bien, con un tono de desencanto y quedamos en vernos al otro d&iacute;a en el trabajo.<\/p>\n<p>Ya en el Congreso, lleg&oacute; con unos lentes oscuros que evidenciaban su desvelo y mal estado f&iacute;sico, me acerqu&eacute; a saludarla y su actitud era de arrepentimiento, de pena por haberme despertado. Le dije que ella pod&iacute;a llamarme cuando quisiera y yo me disculpe por no haber ido a su rescate, pero le dije que a esa hora salir y trasladarme dos horas en transporte p&uacute;blico era un suicidio en M&eacute;xico. Me pidi&oacute; que la acompa&ntilde;ara por un caf&eacute; y ah&iacute; me cont&oacute; que estaba con dos de sus mejores amigas, que les contaba sobre mi y que ellas la hab&iacute;an motivado para que me marcara. Ten&iacute;a una oportunidad con ella, pens&eacute;.<\/p>\n<p>Una semana despu&eacute;s, me invit&oacute; a un concierto en d&iacute;a viernes, tres d&iacute;as antes de su cumplea&ntilde;os que era el lunes. Le dije que s&iacute;, que aceptaba y despu&eacute;s de eso pod&iacute;amos ir a bailar o algo. Acord&oacute; que pasar&iacute;a por mi en su auto, ya que mi veh&iacute;culo segu&iacute;a en reparaciones, aunque yo me encargar&iacute;a de manejar como muestra de agradecimiento. Para mi mala (o buena) fortuna, sal&iacute; m&aacute;s tarde de trabajar y me retras&eacute;, as&iacute; que cuando lleg&oacute; a recogerme yo todav&iacute;a no me met&iacute;a a ba&ntilde;ar. Le expliqu&eacute; la situaci&oacute;n y le ped&iacute; que subiera a mi departamento para que no estuviera esperando en el estacionamiento, a lo que ella accedi&oacute;. Cuando abr&iacute; la puerta la vi con unos jeans blancos que la hac&iacute;an ver fant&aacute;stica, unas zapatillas negras, un saco negro y una blusa blanca. Se ve&iacute;a extremadamente bien. Not&eacute; que debajo de su blusa blanca llevaba un sost&eacute;n negro. Me prendi&oacute; al momento. Le ped&iacute; que entrara, que se pusiera c&oacute;moda y me compromet&iacute; a que en 15 minutos estar&iacute;a listo. Le destap&eacute; una cerveza, le puse un CD de la banda que ir&iacute;amos a ver y me fui a alistar.<\/p>\n<p>Mientras estaba en la regadera not&eacute; que ten&iacute;a una enorme erecci&oacute;n, haberla visto con esas prendas, saber que estaba sentada en mi sof&aacute; y sentir el agua caliente cayendo sobre mi me excitaba mucho. Cuando sal&iacute; para irnos la descubr&iacute; sin el saco, con el olor de su perfume envolviendo toda la sala y una cerveza destapada para mi. Me sent&eacute; a su lado, le di un trago a la cerveza y sin voltear a verla le dije que hac&iacute;a muchos meses que hab&iacute;a deseado estar as&iacute; con ella. Apenas empezaba a ligar las palabras cuando se sub&iacute; sobre mi y nos empezamos a besar. No s&eacute; exactamente qu&eacute; hora era, pero calculo que eran cerca de las 20 h.<\/p>\n<p>Un beso, luego otro beso y despu&eacute;s uno m&aacute;s. Besos suaves, lentos, con mucho cari&ntilde;o y afecto. Despu&eacute;s de aquel primer acercamiento, la mir&eacute; y le dije que prefer&iacute;a no ir al concierto, que prefer&iacute;a irme con ella a un hotel. Propuse el hotel porque mi departamento era peque&ntilde;o y estaba algo desordenado, no cre&iacute;a que fuera un buen lugar. Me sorprendi&oacute; cuando con una sonrisa (esa misma sonrisa que me volv&iacute;a loco) me dijo que no ten&iacute;a boletos, que no sab&iacute;a como invitarme a salir y que esa le pareci&oacute; la mejor coartada. Cuando nos dispon&iacute;amos a salir rumbo al hotel, la tom&eacute; de la cintura y la jal&eacute; hacia mi, nuevamente la bes&eacute;, pero ahora s&iacute; al estar de pie pude tocar sus nalgas, firmes y grandes y apretarlas delicadamente. Pegarla hacia mi verga erecta y sentirla m&aacute;s de cerca. La bes&eacute; lentamente por todo el cuello y puse mis manos sobre sus tetas. Aquello era incre&iacute;ble.<\/p>\n<p>Antes de bajar al estacionamiento, mir&eacute; el reloj y vi que ya eran cerca de las 22 h. En tres besos hab&iacute;an pasado casi dos horas. El tiempo a su lado se iba volando y eso empezaba a hacerse evidente con solo un poco de contacto. Cuando bajamos al estacionamiento y encontramos el auto estacionado, volv&iacute; a tomarla por la cintura y repet&iacute; el ritual de besos por su boca, su mejilla, su cuello y su apret&oacute;n hacia mi. Fue en ese momento, cuando por primera vez, puso su mano sobre mi verga que estaba ya bastante dura.<\/p>\n<p>Cuando le iba a abrir la puerta del copiloto, met&iacute; la lleve en la puerta trasera, la abr&iacute; y me met&iacute;, me dej&eacute; caer en el asiento y con mis manos la invit&eacute; a que me siguiera; sin pensarlo dos veces, se dej&oacute; caer sobre mi. Besos, besos y m&aacute;s besos. Cada vez m&aacute;s profundos. Su aliento era fresco y con un toque a la cerveza que se hab&iacute;a tomado. La tom&eacute; por las nalgas nuevamente y la apretaba hacia mi. Entendi&oacute; mi deseo y empez&oacute; a moverse simulando que ten&iacute;a mi pene dentro de ella, de arriba hacia abajo. Cuando ya los dos est&aacute;bamos m&aacute;s calientes, sonr&iacute;o nuevamente y me dijo &quot;no vamos a llegar a ning&uacute;n hotel, mejor hay que subir&quot;. Sin decir palabra salimos del auto y nuevamente entramos al departamento.<\/p>\n<p>Ya en mi habitaci&oacute;n, seguimos bes&aacute;ndonos y poco a poco fuimos quit&aacute;ndonos la ropa hasta quedar totalmente desnudos. Era una mujer espectacular, su cuerpo estaba bien trabajado, su olor era delicioso y no pod&iacute;a dejar de besarla y acariciar cada rinc&oacute;n suyo. Sus pezones estaban erectos, muy firmes. Cuando quise empezar la verdadera acci&oacute;n, la recost&eacute; sobre mi cama y empec&eacute; a bajarme poco a poco, al tiempo que besaba sus muslos y sus caderas. Cuando descubri&oacute; mi intenci&oacute;n, me detuvo y me pidi&oacute; que no lo hiciera. Me extra&ntilde;&eacute; al principio pero a&uacute;n con mi corta experiencia de aquel entonces sab&iacute;a que lo mejor era no insistir. Sub&iacute; nuevamente hac&iacute;a sus tetas y segu&iacute; bes&aacute;ndola.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de unos minutos me mir&oacute; a los ojos y me confes&oacute; que no le gustaba el sexo oral, ni hacerlo ni que se lo hicieran, que hab&iacute;a tenido malas experiencias y que prefer&iacute;a saltarse esa parte. En vez de molestarme, me excit&eacute; a&uacute;n m&aacute;s. Era mi obligaci&oacute;n darle el placer con mi boca que no le hab&iacute;an dado. Le dije que no hab&iacute;a problema y no le di m&aacute;s importancia.<\/p>\n<p>Le ofrec&iacute; otra cerveza, fui al refrigerador y tom&eacute; una para cada quien, luego al sanitario y al regresar la encontr&eacute; con sus pantaletas puestas, debajo de las s&aacute;banas. Sab&iacute;a que su negativa hab&iacute;a tensado el momento y comprend&iacute; que cualquier error terminar&iacute;a con la noche. Le entregu&eacute; la botella y encend&iacute; la televisi&oacute;n, para retomar el buen &aacute;nimo. Recuerdo que en ese momento eran cerca de las 12 de la noche. Se tom&oacute; la cerveza, peg&oacute; su cuerpo semidesnudo al m&iacute;o y en un suspiro se qued&oacute; dormida. Yo no dejaba de acariciar su cuerpo. Cuando sent&iacute; que mi cuerpo desvanec&iacute;a y que pronto me vencer&iacute;a el sue&ntilde;o, busqu&eacute; la mejor posici&oacute;n y ambos nos quedamos sumergidos en el cansancio de una semana de trabajo.<\/p>\n<p>Ya entrada la madrugada una erecci&oacute;n me hizo despertar. Haberme quedado con las ganas unas horas antes y esa reacci&oacute;n deliciosa de los hombres de tener erecciones en la madrugada o muy entrada la ma&ntilde;ana, me hizo despertar nuevamente con el deseo en ella. Gir&eacute; levemente en la cama y acomod&eacute; mi pene erecto entre sus nalgas, peg&aacute;ndome tanto como fuera posible. La sensaci&oacute;n era tan placentera que inconscientemente empec&eacute; a moverme sobre ese culo firme y redondo, disfrutando de la sensaci&oacute;n de estar cogi&eacute;ndomela. En esa misma posici&oacute;n pas&eacute; mi brazo derecho por debajo de su cabeza y con la mano izquierda empec&eacute; acariciarle las piernas, tocar sus nalgas y acariciar sus pechos. Suponer que en ese momento ella ya estaba despierta y que fing&iacute;a no sentir nada y continuaba durmiendo me excitaba demasiado.<\/p>\n<p>Justo estaba en eso, cuando puse mi mano sobre su vagina, la misma que horas antes se hab&iacute;a negado a recibir mi boca sobre ella. Empec&eacute; a hacer movimientos circulares y a ejercer cada vez m&aacute;s presi&oacute;n sobre ella, cuando Mariana se movi&oacute; y pude liberar el brazo derecho que pasaba por debajo de su cabeza. Sin m&aacute;s pre&aacute;mbulo, me met&iacute; por debajo de las s&aacute;banas y fui bajando nuevamente hacia su sexo. Mov&iacute; lentamente sus bragas y empec&eacute; a besarla en las piernas, las nalgas, las caderas. Tiempo despu&eacute;s ella me confes&oacute; que simularse dormida tambi&eacute;n la excitaba bastante.<\/p>\n<p>La desnud&eacute; otra vez por completo y sin m&aacute;s empec&eacute; a besar su vagina. Mi lengua recorr&iacute;a cada rinc&oacute;n y mi boca salivaba por el deseo de comerse esa zona caliente y suave que ahora estaba totalmente dispuesta a mi voluntad. En aquellos a&ntilde;os, ten&iacute;a una t&eacute;cnica b&aacute;sica pero muy efectiva: escribir con mi lengua el abecedario, primero en may&uacute;sculas, despu&eacute;s en min&uacute;sculas. Tom&aacute;ndome todo el tiempo del mundo. Disfrutando de aquella mujer voluptuosa y mayor, que hab&iacute;a ocupado mi cabeza en los &uacute;ltimos meses. Una vez. Otra m&aacute;s. Una vez m&aacute;s. Tres veces segu&iacute; el mismo ritual del abecedario, entreg&aacute;ndome totalmente a su sexo. Estaba tan concentrado en aquello que no vislumbr&eacute; cuando ella, en un estado de excitaci&oacute;n total, tom&oacute; con sus manos la s&aacute;bana y la apret&oacute; con fuerzas, como queriendo controlar aquello a lo que se hab&iacute;a negado horas antes.<\/p>\n<p>Cuando ya mi verga estaba que explotaba de deseo, recompuse mi posici&oacute;n y me sub&iacute; sobre ese cuerpo delineado y deseado, pero ella me sorprendi&oacute; y me dijo &quot;ahora es mi turno&quot;. Me puso boca arriba y se arroj&oacute; a mi pene, comi&eacute;ndoselo como nunca antes lo hab&iacute;an hecho. Su lengua recorr&iacute;a cada rinc&oacute;n de mi verga, succionaba la punta y besaba mis test&iacute;culos que reventaban a m&aacute;s no poder. Cuando sent&iacute;a que m&aacute;s no pod&iacute;a, la tom&eacute; por la cabeza y la jal&eacute; hacia mi. Me mont&oacute; y cuando mi verga por fin logr&oacute; entrar en su cavidad, los dos nos fundimos en un gemido que despu&eacute;s nos rob&oacute; una sonrisa a los dos. Su sonrisa nuevamente.<\/p>\n<p>La manera en la que me montaba me volv&iacute;a loco, con movimientos firmes y a veces m&aacute;s profundos, ver sus tetas colgando sobre mi cabeza era maravilloso. La tom&eacute; por las caderas y con mis manos hac&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s profunda la penetraci&oacute;n. Cuando sent&iacute;a que iba a terminar y venirme sobre ella, la cambi&eacute; de posici&oacute;n, la puse en cuatro y la embest&iacute; con todo lo que ten&iacute;a. Nuestros cuerpos estaban h&uacute;medos y su perfume se hac&iacute;a m&aacute;s penetrante. Justo cuando disfrutaba de sus nalgas con mis manos y la embest&iacute;a, sent&iacute; como sub&iacute;a por mi pene toda mi leche, as&iacute; que le di un par de nalgadas y clav&eacute; mis u&ntilde;as en ese culo que tan bien luc&iacute;a en las tardes del Congreso, liber&eacute; un grito sonoro y dej&eacute; ir sobre ella todo lo que ten&iacute;a. Nuestros jadeos estaban en sincron&iacute;a, llevaban el mismo ritmo y reflejaban la misma sensaci&oacute;n de satisfacci&oacute;n. Pero no era suficiente para mi, todav&iacute;a faltaba su orgasmo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Han pasado muchos a&ntilde;os y lo recuerdo como si hubiera sucedido apenas ayer. 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