{"id":22889,"date":"2020-03-16T23:00:00","date_gmt":"2020-03-16T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-03-16T23:00:00","modified_gmt":"2020-03-16T23:00:00","slug":"el-oscuro-encanto-de-la-sumision-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-oscuro-encanto-de-la-sumision-2\/","title":{"rendered":"El oscuro encanto de la sumisi\u00f3n (2)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"22889\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Viajaban en silencio, la m&uacute;sica que brotaba del est&eacute;reo se colaba como una neblina entre sus pensamientos. Antes de salir, Oscar y Claudia hab&iacute;an tenido una pelotera. &iexcl;Conducir tantas horas para ver a un maldito espiritista! &iquest;A qui&eacute;n pod&iacute;a ocurr&iacute;rsele semejante locura? Y lo que lo hab&iacute;a puesto de peor humor era que su superior se sumara a esa absurda excursi&oacute;n.<\/p>\n<p>Lo cierto era que ah&iacute; estaban los tres: Oscar manejando con la vista fija en la carretera oscura, Claudia a su lado cebando mate y V&iacute;ctor, el director del penal, en el asiento de atr&aacute;s. De vez en cuando, Oscar dejaba escapar un comentario breve entre dos bufidos. V&iacute;ctor y Claudia manten&iacute;an un di&aacute;logo aparte, silencioso y cargado de erotismo.<\/p>\n<p>Se hab&iacute;an conocido una vez en que ella hab&iacute;a tenido que ir al penal a llevar un pen drive con estados contables que Oscar hab&iacute;a olvidado. V&iacute;ctor entr&oacute; en el despacho, dio un par de directivas y se march&oacute;, pero esa breve visita hab&iacute;a bastado para envolverla en una deliciosa estela de perfume importado. En los d&iacute;as que le siguieron, el imponente timbre de su voz le provocaba latidos suaves en su entrepierna y le endurec&iacute;a los pezones.<\/p>\n<p>No volvi&oacute; a verlo hasta ese casamiento en una quinta. Hac&iacute;a tiempo que Oscar no le prestaba atenci&oacute;n m&aacute;s que para molestarla con celos est&uacute;pidos. Desde que hab&iacute;a comenzado con los antidepresivos, no se le paraba y todo lo que hac&iacute;a era satisfacerla meti&eacute;ndole dos dedos. Cuando entr&oacute; al sal&oacute;n y vio a V&iacute;ctor, record&oacute; su voz y los pezones se le envararon bajo el vestido rosa. Pas&oacute; cerca para que &eacute;l la viera.<\/p>\n<p>&ndash;Hola, Claudia. &iquest;C&oacute;mo est&aacute;s?<\/p>\n<p>El tono de su voz vibrando en los o&iacute;dos la derriti&oacute;, una intensa palpitaci&oacute;n en la entrepierna casi le hizo soltar un gemido.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Oscar? &ndash;pregunt&oacute; mirando a los costados aunque no parec&iacute;a buscar a nadie.<\/p>\n<p>&ndash;Por ah&iacute;, viendo qu&eacute; comer.<\/p>\n<p>&ndash;Igual que yo.<\/p>\n<p>La mirada centelleante de esas pupilas la atraves&oacute; entera, una humedad tibia se desliz&oacute; agradable en su ropa interior.<\/p>\n<p>&ndash;No quiero m&aacute;s, esa yerba est&aacute; lavada &ndash;ladr&oacute; Oscar devolviendo el mate.<\/p>\n<p>Claudia tir&oacute; los restos de yerba por la ventanilla ante las protestas de Oscar: le iban a ensuciar el auto que acababa de limpiar esa misma ma&ntilde;ana. Buf&oacute;, se fij&oacute; la hora y le pidi&oacute; a Claudia la pastilla de las doce. Se la meti&oacute; a la boca y la pas&oacute; con un vaso de agua. Por el rabillo, cruz&oacute; una r&aacute;pida mirada y una sonrisa fugaz con V&iacute;ctor.<\/p>\n<p>&ndash;Rompeme toda, hijo de puta.<\/p>\n<p>Le hab&iacute;a dicho mir&aacute;ndolo por encima del hombro, las manos apoyadas en la pared de ladrillo y el vestido alzado por encima de la cintura. Todav&iacute;a sent&iacute;a en su lengua el sabor del miembro muy duro, se lo hab&iacute;a chupado como hac&iacute;a mucho no chupaba una buena verga. Se hab&iacute;a sentido sucia al hacerlo all&iacute;, en un casamiento al que la hab&iacute;an invitado con su marido, entre la hierba contra el muro de la quinta. Pero al primer dedo que desliz&oacute; en el interior de su concha mojada, se olvid&oacute; de todo. Ya solo ten&iacute;a ganas de tener adentro ese buen pedazo de pija. Mientras jugaba restregando el glande contra su vagina, lo recordaba presionando en su garganta, sofoc&aacute;ndola. Su mano apret&aacute;ndole el cuello mientras le llenaba la boca con esa verga deliciosa, las arcadas que le daba verg&uuml;enza soltar, las l&aacute;grimas que seguro le correr&iacute;an el r&iacute;mel.<\/p>\n<p>&ndash;Desde que te vi con el imb&eacute;cil de tu marido que quiero cogerte.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, papi. Partime en dos con esa pija hermosa, la quiero toda adentro. Por favor, no me hagas esperar m&aacute;s. Met&eacute;mela toda. Ya.<\/p>\n<p>&ndash;Tengo sue&ntilde;o, esas pastillas de mierda &ndash;rezong&oacute; Oscar estacionando a un costado de la ruta desierta.<\/p>\n<p>&ndash;No te preocupes, Oscar. Sigo yo, si Claudia me ceba unos mates.<\/p>\n<p>Claudia sonri&oacute; y no dijo nada. Cambiaron lugares y se pusieron nuevamente en marcha. Por el espejo retrovisor, V&iacute;ctor espiaba los efectos que la medicaci&oacute;n hac&iacute;a en su subalterno que, con la sien apoyada contra el cristal, contemplaba con mirada extraviada la noche. Desliz&oacute; una mano furtiva entre las piernas de Claudia, que las separ&oacute; para facilitar la tarea. Los dedos largos frotaban con suavidad la vagina a trav&eacute;s del jean, la entrepierna comenzaba a emitir latidos cada vez m&aacute;s intensos, ped&iacute;a a gritos que la llenasen como aquella vez contra la pared, que la inundasen de leche caliente, que le comiesen la cabeza con esas cochinadas que le enloquec&iacute;a o&iacute;r cuando se lo estaban haciendo. Por el costado del cabezal vio a Oscar durmiendo. Cuando volvi&oacute; la vista hacia V&iacute;ctor, encontr&oacute; que ten&iacute;a su verga completamente tiesa fuera del pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Te est&aacute;s muriendo por chuparla, lo s&eacute;. Este in&uacute;til no se va a despertar por un rato.<\/p>\n<p>Claudia se volvi&oacute; una vez m&aacute;s hacia atr&aacute;s y V&iacute;ctor le llev&oacute; una mano hacia su miembro. Ella hizo una mueca de fingido disgusto y se inclin&oacute; sobre la verga que llevaba varias horas esper&aacute;ndola. La reconoci&oacute; con suavidad, dibujando c&iacute;rculos con la lengua, repasando una y otra vez la superficie tersa del glande mientras el auto avanzaba por la ruta a velocidad constante.<\/p>\n<p>&ndash;Que lengua traviesa que ten&eacute;s, putita. &iquest;Te gusta que te llamen as&iacute;?<\/p>\n<p>Juguete&oacute; empuj&aacute;ndola contra la mejilla, lami&eacute;ndola, meti&eacute;ndosela hasta el fondo como a V&iacute;ctor le gustaba. Lo dej&oacute; que empujara hacia abajo su cabeza hasta que el glande se abri&oacute; paso a trav&eacute;s de su garganta. Sofoc&oacute; la arcada con el movimiento convulso de la espalda pero V&iacute;ctor segu&iacute;a empujando mientras con la otra mano sosten&iacute;a el volante.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima no poder cogerte como te mereces! Sacame toda la leche, no me dejes una sola gota.<\/p>\n<p>Sub&iacute;a y bajaba despacio, saboreando cada cent&iacute;metro de esa hermosa pija. Llevaba semanas sin probar una, desde ese encuentro en la quinta, y esa inesperada oportunidad le parec&iacute;a grandiosa. Pasaba la lengua por el tronco, la succionaba lanzando miradas furtivas hacia su marido. La mano acompa&ntilde;aba el movimiento de la boca hasta que un latido le anunciaba el final. Entonces se deten&iacute;a con una protesta de V&iacute;ctor, que se remov&iacute;a impaciente. Claudia sonre&iacute;a y alzaba hacia &eacute;l una mirada maligna.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Pens&aacute;s llenarme la boca con toda tu leche?<\/p>\n<p>&ndash;Y no quiero que dejes caer una sola gota. Mir&aacute; si tu marido se da cuenta, se pudre todo. &iquest;Alguna vez lo hiciste?<\/p>\n<p>No. Nunca lo hab&iacute;a hecho. Hab&iacute;a permitido que Oscar terminase en su cara, una est&uacute;pida fantas&iacute;a de pel&iacute;cula porno. Pero en esas ocasiones, hab&iacute;a tenido el cuidado de apretar bien los labios para que no pasase una sola gota. As&iacute; que no, no se imaginaba siquiera qu&eacute; gusto pod&iacute;a tener. Pero si se dejaba guiar por el comentario de sus amigas&hellip;<\/p>\n<p>Chupaba lento y con ternura, deslizaba sensual los labios a lo largo del tronco, con los ojos cerrados disfrutaba de ese contacto, los gemidos apagados de V&iacute;ctor le incendiaban la cabeza y la concha. La quer&iacute;a adentro suyo pero sab&iacute;a que era imposible sin que el est&uacute;pido de su marido se despertase. Se deten&iacute;a a medio camino, con el glande dentro de su boca, jugaba con &eacute;l, le lam&iacute;a con suavidad la punta, lo sent&iacute;a estremecerse y jadear. Y retroced&iacute;a cuando un latido intenso anunciaba el final.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Hija de puta, no me hagas esto!<\/p>\n<p>&ndash;Puedo hacerte una paja, y recoger en mi mano&hellip;<\/p>\n<p>La mano de V&iacute;ctor la oblig&oacute; a terminar el trabajo. La chupaba con ansiedad, pasaba la punta de la lengua por los test&iacute;culos. Y ah&iacute; estaba de nuevo ese latido intenso, casi furioso. Intent&oacute; apartarse pero la mano de V&iacute;ctor detr&aacute;s de la cabeza se lo impidi&oacute;, una feroz descarga le llen&oacute; de semen la garganta y parte del l&iacute;quido caliente se escap&oacute; por la comisura. La ten&iacute;a entera dentro de su boca, sintiendo el esperma deslizarse espeso por su tr&aacute;quea. Se apart&oacute;, tosi&oacute;, mir&oacute; en vano hacia d&oacute;nde escupir y trag&oacute; los restos adheridos a la lengua.<\/p>\n<p>&ndash;Limpio, mi amor.<\/p>\n<p>Observ&oacute; la mancha brillante sobre el jean. Claudia Sonri&oacute; y volvi&oacute; a inclinarse. Lentamente succion&oacute; el pene que iba recobrando flaccidez y luego lami&oacute; el semen sobre la tela hasta que solo qued&oacute; una mancha oscura y h&uacute;meda. Deb&iacute;a reconocer que disfrutaba siendo su puta.<\/p>\n<p>Condujeron el resto del camino en silencio hasta que distinguieron, al doblar una curva, una casona de aspecto antiguo. V&iacute;ctor verific&oacute; su bragueta y Claudia su maquillaje antes de despertar a Oscar con un firme &ldquo;llegamos&rdquo;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Viajaban en silencio, la m&uacute;sica que brotaba del est&eacute;reo se colaba como una neblina entre sus pensamientos. 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