{"id":22926,"date":"2020-03-20T23:00:00","date_gmt":"2020-03-20T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-03-20T23:00:00","modified_gmt":"2020-03-20T23:00:00","slug":"un-principe-azul","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/un-principe-azul\/","title":{"rendered":"Un pr\u00edncipe azul"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"22926\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&quot;Nunca he estado con un hombre&quot;, susurr&oacute; F&aacute;tima bajo el peso del cuerpo de Marcos; &quot;No te preocupes, t&uacute; d&eacute;jate hacer&quot;, recomend&oacute; Marcos, un poco antes de mordisquearle las tetas.<\/p>\n<p>F&aacute;tima, una mujer ni joven ni madura, trabajaba como camarera en un restaurante. Ten&iacute;a unas piernas provistas de duros muslos, un culo firme que, sin ser grueso, mostraba pliegues bajo las nalgas; las caderas se continuaban en la cintura; eso s&iacute;, su busto era espl&eacute;ndido: dos rotundas tetas se adelantaban como el mascar&oacute;n de proa de un barco. Ten&iacute;a un fallo, bueno dos. El primero, su cara: no era guapa F&aacute;tima, ten&iacute;a el rostro surcado de marcas de antiguas espinillas mal sanadas; el segundo era crucial: ten&iacute;a mal car&aacute;cter, mal genio y, adem&aacute;s, era demasiado exigente en sus relaciones, tanto con mujeres como con hombres.<\/p>\n<p>Marcos, un joven y capaz empresario, era su jefe desde hac&iacute;a tiempo, y quer&iacute;a lo mejor para ella, pues la apreciaba. Sabedor de su escaso, o ning&uacute;n &eacute;xito con los hombres quer&iacute;a ser el responsable de que F&aacute;tima follara, a fin de que su comportamiento, tan arisco, se suavizara. Marcos, que estaba casado, se dec&iacute;a: &quot;Si nadie la folla, la follar&eacute; yo, es mi deber&quot;.<\/p>\n<p>Marcos comenz&oacute; pues a acecharla. Una vez terminado el horario, dec&iacute;a a sus cuatro empleados, todos hombres menos F&aacute;tima: &quot;Bueno, mientras os cambi&aacute;is, ir&eacute; cuadrando la caja&quot;. Pero no lo hac&iacute;a. Se dirig&iacute;a hacia la puerta del peque&ntilde;o vestuario donde F&aacute;tima se quitaba el uniforme para vestirse con su ropa de calle y espiaba por una rendija que hab&iacute;a en la puerta, hecha por alg&uacute;n golpe recibido durante los habituales transportes de sillas. Espiaba. Y se maravillaba, cuando la camiseta de bregar sacada por su cabeza dejaba ver sus grandes tetas apretadas bajo el sujetador; le encantaba ver a F&aacute;tima en esa postura: los brazos alzados, la cabeza oculta bajo la tela, las axilas sin depilar, selva de vello negro rizado, y los bultos elev&aacute;ndose y luego cayendo gr&aacute;vidos y muelles. Turbado, Marcos notaba su polla crecer, engordarse y se ten&iacute;a que volver r&aacute;pido a sus quehaceres, no fuera a ser que F&aacute;tima se asomara de improviso al notar una presencia y lo viera as&iacute;, con la polla tiesa como calabaza mallorquina.<\/p>\n<p>Una noche, ya todos los empleados se hab&iacute;an ido excepto F&aacute;tima, que se demoraba en el vestuario, Marcos esper&oacute; sentado en una silla frente a una mesa del sal&oacute;n de comidas del restaurante. Esper&oacute;. Reconoci&oacute; los pasos de F&aacute;tima al aproximarse desde el pasillo que quedaba a su espalda, donde tambi&eacute;n hab&iacute;a una estancia dedicada a almac&eacute;n, m&aacute;s cercana que los vestuarios: de hecho, desde un extremo del sal&oacute;n se pod&iacute;a ver la puerta. Los pasos de F&aacute;tima, sordos, acolchados por sus chinelas blancas. &quot;F&aacute;tima&quot;, llam&oacute; cuando ella pasada por su lado; &quot;Dime, Marcos, &iquest;necesitas algo de m&iacute;?&quot;, pregunt&oacute; F&aacute;tima. Marcos se qued&oacute; pensativo. Por supuesto que necesitaba algo de ella, necesitaba que fuera suya aunque fuesen veinte minutos, necesitaba oler su rusticidad de hembra indomable. &quot;S&iacute;&quot;, dijo; &quot;Venga, dime&quot;. F&aacute;tima segu&iacute;a de pie. Marcos la mir&oacute;. Llevaba esa noche F&aacute;tima puesta una camisa ancha que disimulaba bien la curvatura de sus tetas; sin embargo, el hueco de un bot&oacute;n mal abrochado delataba la carne aprisionada bajo la tela fina del sost&eacute;n. &quot;&Oacute;yeme, F&aacute;tima, llevas trabajando para m&iacute;, no s&eacute;, &iquest;cinco a&ntilde;os?, bueno, nunca te he visto con un hombre, es decir, nunca he visto a un hombre que te esperase a la salida del trabajo ni nada de eso, a tus compa&ntilde;eros los esperan sus mujeres, novias, ligues, &iexcl;las que sean!, pero a ti&#8230;, nadie&quot;, termin&oacute; Marcos; &quot;No tengo tiempo para hombres, Marcos, adem&aacute;s, todos quieren lo mismo, prefiero reservarme para quien me merezca, ya llegar&aacute; el momento, el d&iacute;a en que un hombre como tiene que ser llame a mi puerta, ya llegar&aacute;&quot;, explic&oacute; F&aacute;tima. Entonces, Marcos la mir&oacute; con fijeza, cambiando su semblante, entornando sus p&aacute;rpados, dicen que as&iacute; los gatos se conf&iacute;an, y esbozando una sonrisa seductora; luego, alarg&oacute; un brazo y acarici&oacute; una mano de F&aacute;tima, al final de su brazo, que colgaba l&aacute;nguido junto a su cuerpo. F&aacute;tima se estremeci&oacute;; de pronto, una idea acudi&oacute; a su mente: &iquest;y si era Marcos, su jefe, ese pr&iacute;ncipe azul que le estaba destinado, y s&iacute;?&#8230; El coraz&oacute;n de F&aacute;tima se abr&iacute;a como una rosa en mayo. Y si&#8230; Bien podr&iacute;a Marcos dejar a su mujer si ella hac&iacute;a algo para que sucediese. Y se imagin&oacute; junto a Marcos: ella y &eacute;l, viviendo en un chalet de ensue&ntilde;o; ella, ciudad&aacute;ndolo, haci&eacute;ndole de comer, lav&aacute;ndole la ropa, planch&aacute;ndosela&#8230;, d&aacute;ndole hijos, &iexcl;ah, los hijos!, Marcos no ten&iacute;a, ella se los dar&iacute;a, dej&aacute;ndose pre&ntilde;ar, d&oacute;cil, en la alcoba conyugal. Y F&aacute;tima se imaginaba&#8230;, &iexcl;nada!, &iexcl;no pod&iacute;a imaginar nada!, puesto que para ella la idea de concebir hijos era todo un misterio. &iquest;Y si Marcos?&#8230;, Marcos&#8230;<\/p>\n<p>&quot;Marcos, yo te quiero&quot;, susurr&oacute; F&aacute;tima; &quot;Y yo a ti&quot;, minti&oacute; Marcos.<\/p>\n<p>Entonces, Marcos se levant&oacute; de la silla. Acarici&oacute; con la palma de su mano el feo rostro de F&aacute;tima. Se gir&oacute; sobre sus talones para echar un vistazo a la sala, a esa hora escasamente iluminada, del restaurante; dio un par de pasos y tir&oacute; de los manteles de las mesas m&aacute;s pr&oacute;ximas, de cuatro, los cuales, de manera descuidada, ya que le pudo la prisa, colg&oacute; de su fuerte antebrazo. Despu&eacute;s, pidi&oacute;: &quot;F&aacute;tima, por favor, vamos al almac&eacute;n&quot;. Ambos doblaron la esquina del pasillo y entraron en la estancia. F&aacute;tima, ya dentro, exigi&oacute;: &quot;Marcos, no enciendas la luz, y no cierres la puerta&quot;. Marcos obedeci&oacute;.<\/p>\n<p>La suave luz de la sala penetraba en el almac&eacute;n, una luz lejana que dejaba ver s&oacute;lo a pocos cent&iacute;metros de los ojos de cada uno. Marcos, tanteando con las manos, adivinando bultos y obst&aacute;culos, extendi&oacute; los cuatro manteles en el suelo, entre cajas de refrescos, cajas de tetrabricks de leche y de latas de at&uacute;n y tomate, superponiendo algunos sobre otros de tal manera que, aunque no tuviese la blandura de un colch&oacute;n, no tuviesen que sentir la dureza del suelo en sus huesos. &quot;F&aacute;tima, nos desnudamos&quot;, propuso Marcos.<\/p>\n<p>En la semioscuridad, mientras Marcos, en pie, se quitaba la ropa, pudo distinguir la carne p&aacute;lida de F&aacute;tima, las piernas, los brazos, el torso&#8230; En la semi oscurudad, las redondas y morenas areolas resaltaban en las blanquecinas tetas. &quot;F&aacute;tima, acu&eacute;state sobre los manteles&quot;, suplic&oacute; Marcos. Por su parte, F&aacute;tima que en toda su vida hab&iacute;a visto a un hombre desnudo, ni en fotos, sinti&oacute; temor; sobre todo al ver crecer la polla de Marcos. Una amiga le dijo que eso que se agrandaba ante sus ojos deb&iacute;a acogerlo su cuerpo, pero &iquest;c&oacute;mo? F&aacute;tima se acost&oacute; bocarriba sobre los manteles y abri&oacute; sus muslos, como le hab&iacute;an dicho que hiciera.<\/p>\n<p>Marcos se ech&oacute; sobre ella, ansioso.<\/p>\n<p>&quot;Nunca he estado con un hombre&quot;, susurr&oacute; F&aacute;tima bajo el peso del cuerpo de Marcos; &quot;No te preocupes, t&uacute; d&eacute;jate hacer&quot;, recomend&oacute; Marcos, un poco antes de mordisquearle las tetas.<\/p>\n<p>Saborear, oler a F&aacute;tima era grandioso; Marcos no pudo detectar perfume alguno, s&oacute;lo ol&iacute;a a hembra, a hembra humana. La brisa de las axilas de F&aacute;tima lo mareaba, el vendaval de su co&ntilde;o lo transportaba. Tante&oacute; con su polla, muy empalmada, en los bajos de F&aacute;tima y comprob&oacute; la humedad: estaba propia; &uacute;nicamente hab&iacute;a un impedimento: el himen. Suavemente al o&iacute;do dijo a F&aacute;tima: &quot;Te va a doler&quot;; a lo que la otra respondi&oacute;: &quot;Lo s&eacute;&quot;.<\/p>\n<p>Un grito se oy&oacute; desparramarse por todos los rincones del restaurante; luego vino el dulzor del amor practicado con mimo. &quot;Ah, Marcos, no sabia-ah, qu&eacute; es esto, ohh, Marcos, me gusta, me duele y me gusta, qu&eacute; magia es esta, qu&eacute; me est&aacute;s dando&quot;, gem&iacute;a F&aacute;tima con voz meliflua. Marcos, entretanto, certero en sus movimientos, le met&iacute;a toda la polla, hasta el fondo; mord&iacute;a, chupaba, besaba, y disfrutaba: le parec&iacute;a que en cualquier momento estallar&iacute;a, pero se conten&iacute;a: deb&iacute;a degustar mejor el momento, deb&iacute;a correrse como si fuese la &uacute;ltima vez en su vida, su orgasmo, esos segundos ten&iacute;an que ser inmensos como el cosmos. Esos segundos llegaron; fue poco a poco: &quot;Oh-oh-oh, F&aacute;tima, oh-ohh&quot;; &quot;Hiii, ay, Marcos, hiiii&quot;; &quot;Ough, Ough&quot;; &quot;Ahh, ahhh&quot;: &quot;Uuggff&quot;; &quot;Aaaahh&quot;.<\/p>\n<p>El semen de Marcos inund&oacute; el co&ntilde;o de F&aacute;tima. Marcos cerr&oacute; los ojos, sintiendo el galopante placer en la punta de su capullo, y se desplom&oacute; sobre F&aacute;tima. Esta murmuraba frases inconexas sobre &quot;felicidad&quot;, &quot;casa&quot;, &quot;ceremonia&quot;, &quot;juramento&quot;, &quot;fidelidad&quot;, pero Marcos no atend&iacute;a. Su placer hab&iacute;a sido m&aacute;s del esperado.<\/p>\n<p>Media hora m&aacute;s tarde, Marcos y F&aacute;tima se despidieron hasta el d&iacute;a siguiente: &quot;Marcos, te quiero, al fin soy tuya&quot;, dijo F&aacute;tima al despedirse; &quot;F&aacute;tima, siempre fuiste m&iacute;a&quot;, solt&oacute; Marcos. Ella se dirigi&oacute; hacia la parada del autob&uacute;s; &eacute;l, hacia su 4&times;4.<\/p>\n<p>Marcos lleg&oacute; a su chalet; not&oacute; que desped&iacute;a un fuerte olor a sexo, as&iacute; que se duch&oacute; antes de acostarse junto a su esposa. Apart&oacute; el embozo, la manta y la s&aacute;bana y se tumb&oacute;. Tatiana despert&oacute;: &quot;&iquest;Qu&eacute; tal el trabajo hoy jamoncito?&quot;, pregunt&oacute;; &quot;Duro, muy duro&quot;, contest&oacute; Marcos; &quot;Oh, mi jamoncito, b&aacute;jate el pijama que te voy a hacer una mamada para que duermas bien&quot;. Marcos se baj&oacute; el pijama y, cubierto por el abrigo de la ropa de cama, vio el bulto de la cabeza de Tatiana subiendo y bajando, subiendo bajando, subiendo-bajando-subiendo-bajando&#8230;, y emiti&oacute; una sonora exhalaci&oacute;n al verterse en la boca de Tatiana. Acto seguido, pens&oacute; en el trabajo, en el d&iacute;a siguiente, en lo que le esperaba, o en la que le esperaba y rio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>&quot;Nunca he estado con un hombre&quot;, susurr&oacute; F&aacute;tima bajo el peso del cuerpo de Marcos; &quot;No te preocupes, t&uacute; d&eacute;jate hacer&quot;, recomend&oacute; Marcos, un poco antes de mordisquearle las tetas. F&aacute;tima, una mujer ni joven ni madura, trabajaba como camarera en un restaurante. 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