{"id":22946,"date":"2020-03-22T03:27:28","date_gmt":"2020-03-22T03:27:28","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-03-22T03:27:28","modified_gmt":"2020-03-22T03:27:28","slug":"todos-se-cogen-a-mi-mujer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/todos-se-cogen-a-mi-mujer\/","title":{"rendered":"Todos se cogen a mi mujer"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"22946\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">18<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 65<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Nota del autor: En tiempo de cuarentenas, les comparto un relato mucho m&aacute;s extenso de los que suelo subir. Pero no se asusten. Tienen la opci&oacute;n de leer todo, o s&oacute;lo algunos cap&iacute;tulos. Recurr&iacute; al viejo truco de la historia adentro de la historia. Espero no haberlo hecho demasiado mal. Ojal&aacute; lo disfruten, y por favor, &iexcl;Qu&eacute;dense en casa!<\/p>\n<p>La historia comienza as&iacute;:<\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>Si dijera que hace seis meses descubr&iacute; que mi mujer me era infiel, no s&oacute;lo estar&iacute;a enga&ntilde;ando al lector, sino que estar&iacute;a incurriendo en la misma falta en la que ca&iacute; durante todo mi matrimonio: estar&iacute;a minti&eacute;ndome a m&iacute; mismo.<\/p>\n<p>Fue la propia Valeria (&iquest;Existe nombre m&aacute;s infiel que Valeria?) la que dej&oacute; el celular sobre la mesa ratona de la sala de estar, cuando se fue a ba&ntilde;ar, esperando a que yo me dignase a aceptar la verdad. El aparato negro descansaba sobre la madera, cuando de repente se encendi&oacute;, al mismo tiempo que vibr&oacute;. Yo escuchaba el agua de la ducha correr. Valeria ya estar&iacute;a completamente desnuda, con su cuerpito menudo pero sinuoso, recibiendo el agua tibia. Su cabello casta&ntilde;o estar&iacute;a empapado, y su piel blanca comenzar&iacute;a a ser recorrida por el jab&oacute;n. En nuestros a&ntilde;os dorados, yo esperar&iacute;a unos minutos, me desnudar&iacute;a, ir&iacute;a al ba&ntilde;o, correr&iacute;a la cortina, y me meter&iacute;a en la ba&ntilde;era para ducharme junto a ella. Pero esos tiempos ya pasaron. El celular son&oacute; de nuevo. No hab&iacute;a un motivo concreto que me instase a revisarlo. M&aacute;s bien hab&iacute;a varios indicios. Y como en los cr&iacute;menes (y ella cometi&oacute; muchos cr&iacute;menes), estos indicios, que individualmente parecen insignificantes, en su conjunto resultan muy sugestivos.<\/p>\n<p>El primer indicio fue la disminuci&oacute;n de la frecuencia con que manten&iacute;amos relaciones sexuales. Eso ser&iacute;a perfectamente normal para una pareja de treinta&ntilde;eros que ya pasaron la etapa de la lujuria desenfrenada, sino fuera porque fue acompa&ntilde;ada por otras se&ntilde;ales: su repentino mal humor; sus encuentros con amigas, cada vez mas frecuentes, y en horarios intempestivos; su renuencia a decirme c&oacute;mo le hab&iacute;a ido durante el d&iacute;a; su inexplicable gesto culposo en las noches en que estaba de buen humor y hac&iacute;amos el amor; y sus mensajes misteriosos que iban seguidos de una sonrisa alegre y seductora que a mi no me dedicaba hace tiempo.<\/p>\n<p>Todo esto me llev&oacute; a que, contrario a mi personalidad respetuosa y confiada, decidiera husmear en la intimidad de mi mujer. Agarr&eacute; el celular. Deslic&eacute; el dedo pulgar sobre la pantalla, hacia abajo, para ver las notificaciones. Not&eacute; que le hab&iacute;an llegado tres mensajes de WhatsApp, en dos chats diferentes. Sin poder contenerme, abr&iacute; la aplicaci&oacute;n. Al ver los nombres de quienes le escribieron supe que no me iba a encontrar con nada bueno. El primer mensaje lo hab&iacute;a mandado &ldquo;P&rdquo;, y el segundo &ldquo;L&rdquo;. Por las fotos de perfil supe que ambos eran hombres. &ldquo;P&rdquo; le hab&iacute;a mandado un emotic&oacute;n de una carita con corazones en lugar de ojos, sin embargo, antes hab&iacute;a enviado otro mensaje que no se ve&iacute;a en la pantalla principal. &ldquo;L&rdquo; le hab&iacute;a escrito &ldquo;&iquest;C&oacute;mo est&aacute;s hermosa?, te quer&iacute;a decir&hellip;&rdquo;, y para saber c&oacute;mo segu&iacute;a el mensaje, s&oacute;lo deb&iacute;a tocar la pantalla.<\/p>\n<p>Podr&iacute;a haber dejado el celular en la mesa y que todo contin&uacute;e como estaba. Me convencer&iacute;a a m&iacute; mismo de que esos dos, s&oacute;lo eran unos tipos con los que Valeria tonteaba. Yo mismo ten&iacute;a compa&ntilde;eras de trabajo con las que nos dej&aacute;bamos seducir mutuamente, sin llegar a nada concreto. Quiz&aacute; deb&iacute; hacer eso, y continuar con mi vida. Pero no pude, necesitaba saber toda la verdad.<\/p>\n<p>Abr&iacute; el chat de &ldquo;P&rdquo;, el primer mensaje era corto pero contundente. &ldquo;La pas&eacute; genial con vos la otra noche, no veo la hora de tenerte de nuevo entre mis brazos&rdquo;, y seguido estaba el emotic&oacute;n ya mencionado. Ca&iacute; sentado sobre el sill&oacute;n. Mir&eacute; a los costados, como avergonzado de que alguien estuviese observando mi pat&eacute;tico desmoronamiento. El sonido del agua de la ducha se segu&iacute;a escuchando, pero ahora la mujer que estaba bajo el agua era una infiel comprobada. Las sospechas fueron confirmadas, los indicios dieron en el blanco, la verdad sali&oacute; a la luz. Sent&iacute; que me bajaba la presi&oacute;n, ten&iacute;a ganas de romper todo, pero mi cuerpo no reaccionaba. S&oacute;lo me qued&eacute; sentado, leyendo una y otra vez el mensaje. Comenc&eacute; a temblar, y me largu&eacute; a llorar.<\/p>\n<p>Luego record&eacute; que hab&iacute;a otro mensaje.<\/p>\n<p>Me sequ&eacute; las l&aacute;grimas con la manga de mi camisa y abr&iacute; el mensaje de &ldquo;L&rdquo;. uno pudiese pensar que luego de leer el primer mensaje, no habr&iacute;a nada que me asombrase, ni me golpease emocionalmente m&aacute;s fuerte que lo anterior. Yo ya estaba abatido, estaba tocando fondo, y cuando uno est&aacute; en el fondo, no puede caer m&aacute;s bajo. Pero claro que se puede. El mensaje de &ldquo;L&rdquo; dec&iacute;a lo siguiente: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo est&aacute;s hermosa? Te quer&iacute;a decir que ya le&iacute; el relato que escribiste sobre nosotros. Me encant&oacute; c&oacute;mo detallaste cada momento que pasamos. Adem&aacute;s, le&iacute; varios de tus otros cuentos. Me encanta que seas tan puta. &iquest;Ven&iacute;s ma&ntilde;ana a casa? Te tengo preparada una sorpresa&rdquo;.<\/p>\n<p>Mi cabeza comenz&oacute; a dar vueltas. &iquest;Relatos? &iquest;Qu&eacute; relatos? &iquest;y por qu&eacute; le dec&iacute;a puta a mi mujer? &iquest;Acaso no alcanzaba con hab&eacute;rmela quitado? &iquest;C&oacute;mo se atrev&iacute;a a tratar de puta a la chica dulce que me hab&iacute;a costado tanto llevar a la cama por primera vez? Y la pregunta mas devastadora que me repet&iacute;a &iquest;Acaso a ella le gustaba que la traten as&iacute;?<\/p>\n<p>&#8211; Andr&eacute;s &iquest;Qu&eacute; te pasa? &ndash; Escuch&eacute; decir a una voz ponzo&ntilde;osa a mi espalda.<\/p>\n<p>Valeria se puso frente a m&iacute;. Vio mis ojos rojos, y el celular en mi mano.<\/p>\n<p>&#8211; Por fin te avivaste. &ndash; me dijo. &ndash; Dame el celular.<\/p>\n<p>Yo no reaccionaba. Ella me lo quit&oacute; de la mano, y se lo guard&oacute; en el bolcillo. Se meti&oacute; al cuarto, y al instante sali&oacute; con una cartera.<\/p>\n<p>&#8211; Valeria &iquest;Qu&eacute; significa todo esto? &iexcl;Qu&eacute; carajos pasa! &ndash; Alcanc&eacute; a balbucear.<\/p>\n<p>&#8211; Voy a dormir a lo de mam&aacute;. En estos d&iacute;as mando a buscar mis cosas.<\/p>\n<p>Se dirigi&oacute; a la puerta. Yo la mir&eacute; marcharse, con la boca abierta, totalmente impotente, hasta que cerr&oacute; la puerta a sus espaldas.<\/p>\n<p>2<\/p>\n<p>Me cost&oacute; no perder la cordura. Cuando volv&iacute; en mi (al menos en parte), sal&iacute; a la vereda, pero Valeria ya hab&iacute;a desaparecido. Llam&eacute; a su celular, pero lo hab&iacute;a apagado. Trat&eacute; de tranquilizarme. Deb&iacute;a subir al auto, e ir a buscarla. Si sal&iacute;a tan alterado como estaba, podr&iacute;a sufrir un accidente. Me lav&eacute; la cara, y respir&eacute; hondo y exhal&eacute; una y otra vez. Fui a la cochera, pero me hab&iacute;a olvidado las llaves, as&iacute; que tuve que volver a buscarlas. Luego abr&iacute; la cochera, saqu&eacute; el auto, y me detuve a esperar a que el port&oacute;n corredizo cerrara bien. Lo &uacute;nico que me faltaba era que ese momento se torne a&uacute;n peor al sufrir un robo. Por suerte la puerta cerr&oacute; sin inconvenientes, pero ya hab&iacute;a perdido muchos valiosos minutos.<\/p>\n<p>Conduje lo m&aacute;s r&aacute;pido posible, pero me com&iacute; todos los sem&aacute;foros en rojo. Valeria no pod&iacute;a irse as&iacute;. No pod&iacute;a dejarme as&iacute;. Nuestra relaci&oacute;n de amor, nuestro matrimonio, no pod&iacute;a culminar luego de ver esos malditos mensajes de sus amantes. Ella deber&iacute;a dar la cara. Tendr&iacute;a que mirarme a los ojos, y explicarme por qu&eacute; me traicion&oacute;, qui&eacute;nes eran esos tipos, con cu&aacute;ntos hombres me hab&iacute;a enga&ntilde;ado, y desde cu&aacute;ndo. No pod&iacute;a dejarme sin respuestas.<\/p>\n<p>Media hora despu&eacute;s llegu&eacute; a la casa de mis suegros. Toqu&eacute; el timbre varias veces, y golpe&eacute; la puerta, como un desquiciado, hasta que sali&oacute; do&ntilde;a Beatriz a recibirme.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;D&oacute;nde est&aacute; Valeria? &ndash; Pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Valeria? Ac&aacute; no est&aacute;, &iquest;Pas&oacute; algo? &ndash; Me dijo ella.<\/p>\n<p>Ahora, sentado frente a mi computadora, con mis sentidos m&aacute;s despiertos, y mi cabeza m&aacute;s ordenada, me doy cuenta de que la cara de asombro de mi suegra no era fingida. Ella realmente no sab&iacute;a d&oacute;nde estaba Valeria, e incluso estaba un poco asustada por el estado euf&oacute;rico en que me encontraba. Sin embargo, en ese momento no repar&eacute; en ello. La hice a un lado de un empuj&oacute;n, que por suerte no fue muy brusco. Ingres&eacute; a la casa. Don Rom&aacute;n me mir&oacute; con sorpresa, por encima de sus lentes. Ni siquiera lo salud&eacute;. Sub&iacute; hasta la habitaci&oacute;n que sol&iacute;a ser de mi mujer en su adolescencia. No estaba. Revis&eacute; el cuarto de mis suegros, los ba&ntilde;os, hasta los roperos. No hab&iacute;a rastro de Valeria.<\/p>\n<p>&#8211; Haber hombre, tranquilizate. &ndash; Me dijo don Rom&aacute;n. &ndash; Valeria no vino para ac&aacute; &iquest;Qu&eacute; te pasa?<\/p>\n<p>Yo estaba muy agitado, y por otra parte no sabia qu&eacute; contarles, y qu&eacute; no. Mis suegros esperaban mis palabras con cara de suma preocupaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Nos peleamos. &ndash; dije, tartamudeando.<\/p>\n<p>&#8211; Mas vale que no hayas lastimado a mi nena. &ndash; dijo Beatriz.<\/p>\n<p>&#8211; Pero no mujer. &ndash; me defendi&oacute; mi suegro. &ndash; Andr&eacute;s se habr&aacute; mandado una macana y Vale se habr&aacute; ido una noche para escarmentarlo.<\/p>\n<p>&#8211; Pero nunca tuvieron una discusi&oacute;n tan fuerte como para que se vaya de su casa&hellip;<\/p>\n<p>&#8211; Siempre hay una primera vez &ndash; acot&oacute; don Rom&aacute;n. &#8211; &iexcl;a ver, dec&iacute; algo pibe! &ndash; exigi&oacute; luego, dirigi&eacute;ndose a m&iacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Es cierto, me mand&eacute; una macana. &ndash; ment&iacute;. &ndash; me asust&eacute; mucho, pero seguro que vuelve esta misma noche.<\/p>\n<p>Me cost&oacute; sac&aacute;rmelos de encima. Les promet&iacute; que cuidar&iacute;a de su nena, y no la har&iacute;a renegar m&aacute;s. Y les asegur&eacute; que les avisar&iacute;a apenas sepa algo. Rom&aacute;n, m&aacute;s calmado que mi suegra y yo, asegur&oacute; que Valeria deb&iacute;a estar en la casa de alguna amiga, que la deje en paz por unas horas. Yo acced&iacute;, y me sub&iacute; al auto.<\/p>\n<p>Llam&eacute; a tres de sus mejores amigas. Les ment&iacute;, dici&eacute;ndole que quer&iacute;a comunicarme con mi mujer, porque parec&iacute;a que se hab&iacute;a quedado sin bater&iacute;a en el celular. &iquest;Est&aacute; con algunas de ustedes? Todas negaron, y me parecieron sinceras.<\/p>\n<p>Volv&iacute; a mi casa, derrotado. &iquest;Qu&eacute; carajos hab&iacute;a pasado? Mi matrimonio acababa de romperse en mil pedazos, y yo estaba con la terrible incertidumbre de no saber c&oacute;mo seguir&iacute;a mi vida. Necesitaba respuestas. Necesitaba la verdad.<\/p>\n<p>Entonces record&eacute; el mensaje de &ldquo;L&rdquo;, uno de sus dos amantes (vaya a saber cu&aacute;l era el n&uacute;mero real) &ldquo;&iquest;C&oacute;mo est&aacute;s hermosa? Te quer&iacute;a decir que ya le&iacute; el relato que escribiste sobre nosotros. Me encant&oacute; c&oacute;mo detallaste cada momento que pasamos. Adem&aacute;s, le&iacute; varios de tus otros cuentos&hellip;&rdquo; dec&iacute;a el comienzo del maldito mensaje. Entre tantos golpes de realidad, esa alusi&oacute;n a los relatos me hab&iacute;a quedado clavado en la cabeza.<\/p>\n<p>Record&eacute; que en nuestros primeros meses de noviazgo Valeria me hab&iacute;a confesado que escribi&oacute; varios relatos er&oacute;ticos, y los hab&iacute;a publicado en internet. Ten&iacute;a muchas fantas&iacute;as con uno de sus profesores de secundaria, y se hab&iacute;a desahogado escribiendo al respecto. Yo le&iacute; esos cuentos dedicados a su profesor, y unos cuantos m&aacute;s. Nos re&iacute;mos del asunto, y ella me asegur&oacute; de que eran s&oacute;lo fantas&iacute;as. Pasaron m&aacute;s de cinco a&ntilde;os de aquello. Cada tanto lo coment&aacute;bamos y nos volv&iacute;amos a re&iacute;r del asunto. Pero de a poco me fui olvidando del tema. Tanto as&iacute;, que reci&eacute;n cuando vi el mensaje de &ldquo;L&rdquo; me volvieron a la mente aquellos relatos er&oacute;ticos, un tanto inocentones.<\/p>\n<p>Por lo que entend&iacute;a, Valeria hab&iacute;a escrito sobre su encuentro con &ldquo;L&rdquo;. es decir, en la red, miles de personas leyeron detalle por detalle, c&oacute;mo mi mujer me met&iacute;a los cuernos. &iquest;Acaso esto podr&iacute;a ser m&aacute;s humillante? Prefer&iacute; no responder a esa pregunta, porque tem&iacute;a a la respuesta.<\/p>\n<p>Decid&iacute; buscar ese relato. Ah&iacute; estaba la verdad. Pero hab&iacute;a un problema. No recordaba en qu&eacute; p&aacute;ginas publicaba los relatos, y mucho menos su alias. Lo que hice fue empezar de cero. Coloqu&eacute; &ldquo;relatos er&oacute;ticos&rdquo; en el buscador. Aparecieron un mont&oacute;n de p&aacute;ginas diferentes, muchas m&aacute;s de la que esperaba. Abr&iacute; las primeras diez p&aacute;ginas en una pesta&ntilde;a cada una. Hice un r&aacute;pido recorrido por las portadas de cada p&aacute;gina. Luego me asegur&eacute; de ir a la solapa de &uacute;ltimos relatos, y ah&iacute; comenc&eacute; a buscar con paciencia. Si bien no recordaba el alias de Valeria, si lo le&iacute;a, seguramente lo recordar&iacute;a. Ahora bien, si cambi&oacute; de seud&oacute;nimo deber&iacute;a pensar en un plan B.<\/p>\n<p>Por asombroso que parezca, mi b&uacute;squeda detectivesca calm&oacute; un poco mis nervios, y apacigu&oacute; mi tristeza. Me sorprendi&oacute; ver la cantidad de relatos de incesto que hab&iacute;a. Y otros tantos de violaciones, y otro tipo de perversiones. Esa gente estaba enferma, y mi esposa estaba entre ellos.<\/p>\n<p>Le&iacute; uno por uno los t&iacute;tulos y sus autores. Ninguno de ellos llamaba mi atenci&oacute;n. Fui cerrando, decepcionado, pesta&ntilde;a tras pesta&ntilde;a. Aunque, por rid&iacute;culo que parezca, tom&eacute; nota mental de algunos de los relatos. Tal vez otro d&iacute;a los leer&iacute;a.<\/p>\n<p>Ya hab&iacute;a revisado las diez p&aacute;ginas que hab&iacute;a abierto, y no s&oacute;lo los &uacute;ltimos relatos, sino todos los que se publicaron durante el mes, sin &eacute;xito alguno. Ya era medianoche, y me preguntaba si no era hora de abandonar esa locura. Pero si lo hac&iacute;a, me ver&iacute;a obligado a volver a la cama, y releer una y otra vez aquellos perversos mensajes, y llamar a Valeria sin &eacute;xito alguno. Mejor era distraerme.<\/p>\n<p>Abr&iacute; cinco pesta&ntilde;as m&aacute;s, con otras p&aacute;ginas. La tercera resaltaba sobre todas las anteriores, porque ten&iacute;a un dise&ntilde;o muy elegante, y los relatos ten&iacute;an mucho m&aacute;s vistos que sus competidoras. Era algo as&iacute; como la Facebook de las p&aacute;ginas de relatos er&oacute;ticos. Le&iacute; lentamente los t&iacute;tulos, con el terrible presentimiento de que mi b&uacute;squeda estaba a punto de llegar a su fin. Y en efecto, ah&iacute; estaba un relato muy sospechoso. &ldquo;Me encontr&eacute; con un lector&rdquo;, dec&iacute;a, y estaba firmado por una tal Ninfa123.<\/p>\n<p>El alias no me sonaba, pero como dije, pudo haberlo cambiado. Por otra parte, el t&iacute;tulo era muy sugerente. El relato se hab&iacute;a subido el d&iacute;a anterior. &ldquo;L&rdquo; hab&iacute;a dicho que acababa de leer el relato que Valeria escribi&oacute; sobre su encuentro. La fecha coincid&iacute;a, y el t&iacute;tulo del relato bien podr&iacute;a referirse a &ldquo;L&rdquo;. Demasiadas coincidencias. S&oacute;lo ten&iacute;a que hacer clic para confirmar la verdad.<\/p>\n<p>3<\/p>\n<p>Los dedos me temblaban. Deslic&eacute; el mouse hac&iacute;a el link para leer el relato. Sin querer, cliqu&eacute; antes de llegar al t&iacute;tulo que pretend&iacute;a abrir, y para colmo, se abri&oacute; otro relato. El wi-fi andaba lento, as&iacute; que deb&iacute; tener paciencia. Volv&iacute; a la p&aacute;gina anterior, y esta vez s&iacute;, hice clic sobre aquel relato turbio.<\/p>\n<p>Comenc&eacute; a leer, l&iacute;nea a l&iacute;nea, y cada vez que me internaba m&aacute;s en ese texto perverso, mi incertidumbre iba desapareciendo, para dejar paso a la terrible verdad. La noche estaba silenciosa, o quiz&aacute; era mi profundo ensimismamiento el que no me dejaba o&iacute;r los ruidos nocturnos. Mi cabeza s&oacute;lo se ocupaba de absorber esas palabras, y de imaginar, con lujo de detalles, cada escena. El relato dec&iacute;a as&iacute;.<\/p>\n<p>Me encontr&eacute; con un lector<\/p>\n<p>No suelo dar mucha importancia a los mails que recibo de mis lectores. La mayor&iacute;a busca llevarme a la cama, creyendo que soy muy f&aacute;cil &ndash; No se r&iacute;an, no lo soy &ndash; Pero si realmente prestaran atenci&oacute;n a mis relatos, se dar&iacute;an cuenta, de que, salvo contadas excepciones, soy yo la que elige con qui&eacute;n me voy a encamar. Adem&aacute;s, suelen decirme cosas vulgares, con las que ni en sue&ntilde;os me seducir&iacute;an.<\/p>\n<p>Pero con Leandro fue diferente. Me intrig&oacute; que solo me escribiera para felicitarme por el &uacute;ltimo relato que sub&iacute;. Le di las gracias, y le pregunt&eacute; si no le parec&iacute;a mal que una mujer casada act&uacute;e como yo. &Eacute;l se sorprendi&oacute;, porque estaba convencido de que mis relatos eran ficticios, y hasta insinu&oacute; que le estaba mintiendo. Eso hiri&oacute; un poco mi orgullo, as&iacute; que le asegur&eacute; que mis relatos eran cien por ciento reales. &Eacute;l me respondi&oacute; que, si de verdad era tan putita, le parec&iacute;a perfecto.<\/p>\n<p>Durante varias semanas chateamos, hablando de cosas ajenas al sexo. Yo le expliqu&eacute; de lo mal que estaba mi matrimonio, de mi necesidad de conocer a otros hombres. Me invit&oacute; a salir varias veces, pero lo rechac&eacute;. No es que dudara de serle infiel a Andr&eacute;s. Ese l&iacute;mite ya lo hab&iacute;a cruzado hac&iacute;a rato. Pero &iquest;Qu&eacute; pasaba si no me atra&iacute;a f&iacute;sicamente? Le confes&eacute; esto, y me propuso encontrarnos en un caf&eacute;, para charlar un poco, y si nos atra&iacute;amos f&iacute;sicamente igual que nos atra&iacute;amos virtualmente, quiz&aacute; podr&iacute;amos pasar un buen momento juntos. &ldquo;&iquest;Y vos no ten&eacute;s miedo de que yo sea una gorda horrible?&rdquo;, le pregunt&eacute;, para chicanearlo. &ldquo;No lo creo, pero si fuese as&iacute;, tambi&eacute;n tengo derecho a dar marcha atr&aacute;s, jaja&rdquo; contest&oacute; Leandro.<\/p>\n<p>Acordamos encontrarnos al d&iacute;a siguiente, en un caf&eacute; de Palermo. Yo sab&iacute;a que a dos cuadras hab&iacute;a un hotel alojamiento. La comodidad ante todo jeje.<\/p>\n<p>Le dije a Andr&eacute;s que me iba a la clase de zumba. Me mir&oacute; con su carita de perro herido. Se notaba que desde hace rato sospechaba algo, pero nunca me dijo nada concreto. Me puse una calza negra bien ajustada, y un top blanco.<\/p>\n<p>&#8211; A lo mejor vuelva tarde gordi. Acordate que los viernes salimos con las chicas a tomar algo despu&eacute;s de clase.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, pasala bien. &ndash; me dijo.<\/p>\n<p>Ya cont&eacute; varias veces lo exasperante que me resulta la cara bovina de mi marido cuando salgo sola, vestida de manera sensual. Sus ojos miopes se abren desmesuradamente detr&aacute;s de su anteojo cuadrado de marco negro. Parece querer decirme algo, pero no se anima a hacerlo. All&aacute; &eacute;l, si no tiene los pantalones para retener a su mujer, se merece todo lo que le hago.<\/p>\n<p>Perd&oacute;n el exabrupto. Como ven&iacute;a diciendo, me fui de casa, dejando a Andr&eacute;s solo. Para cuando volviese, seguro me estar&iacute;a esperando una rica comida en el horno, y &eacute;l estar&iacute;a durmiendo como un beb&eacute;.<\/p>\n<p>Leandro result&oacute; ser un cuarent&oacute;n de rasgos marcados. Era alto, ten&iacute;a la mand&iacute;bula cuadrada, el pelo canoso a lo George Cloney, espalda ancha, brazos musculosos, ojos verdes y avispados. En fin, estaba muy bueno.<\/p>\n<p>&Eacute;l tambi&eacute;n pareci&oacute; muy conforme con lo que ve&iacute;a cuando me acerqu&eacute; a la mesa donde estaba sentado.<\/p>\n<p>&#8211; Supongo que sos Leandro &ndash; dije &ndash; solo un pervertido usa una camisa como esa. &ndash; agregu&eacute;, refiri&eacute;ndome a la horrible camisa a cuadros con la que me hab&iacute;a dicho que iba a estar vestido.<\/p>\n<p>&#8211; Por fin te conozco Ninfa123. &ndash; dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>&#8211; Deb&eacute;s sentirte privilegiado, a muchos lectores les gustar&iacute;a meterse entre mis pantalones.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Eso significa que este encuentro va a tener un final feliz?<\/p>\n<p>&#8211; Salvo que no sea de tu gusto.<\/p>\n<p>&#8211; Siempre tan directa. &ndash; dijo &eacute;l sonriendo. &ndash; No solo sos de mi gusto, sino que superaste todas mis expectativas.<\/p>\n<p>&#8211; Me gusta que me digas esas cosas, tengo un ego insaciable.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Tu marido no te dice esas cosas?<\/p>\n<p>&#8211; Mi marido no hace nada.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Estamos lejos de tu casa?<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Ten&eacute;s miedo? &ndash; lo provoqu&eacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Para nada, s&oacute;lo preguntaba.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y tu esposa d&oacute;nde piensa que est&aacute;s? &ndash; inquir&iacute;, se&ntilde;alando con la mirada su anillo.<\/p>\n<p>&#8211; haciendo horas extras.<\/p>\n<p>&#8211; Que chamuyo poco original.<\/p>\n<p>&#8211; Pero muy efectivo. Mis compa&ntilde;eros me cubren en caso de que llame o aparezca en el local.<\/p>\n<p>&#8211; As&iacute; que sos un pirata con experiencia. &ndash; brome&eacute;. El ri&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; No te creas, s&oacute;lo cubr&iacute; mis espaldas por esta ocasi&oacute;n especial.<\/p>\n<p>&#8211; No hace falta que mientas.<\/p>\n<p>&#8211; No te miento.<\/p>\n<p>&#8211; No importa. &iquest;Vamos?<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;A d&oacute;nde?<\/p>\n<p>&#8211; Pag&aacute; la cuenta y ll&eacute;vame al telo de ac&aacute; a la vuelta. &ndash; orden&eacute;. &ndash; si te port&aacute;s bien, puede que nos sigamos viendo.<\/p>\n<p>Subimos al auto, porque preferimos dejarlo en el estacionamiento del hotel. En el trayecto, no par&oacute; de manosearme las piernas y las tetas, como probando la mercanc&iacute;a. Yo comenc&eacute; a excitarme. la sensaci&oacute;n de vileza se apoderaba de m&iacute;, y me embriagaba. Me gust&oacute;, como tantas otras veces, sentirme una cualquiera, una puta. Me gust&oacute; sentir esos dedos &aacute;speros y fuertes sobre mi cuerpo, mientras mi novio preparaba la cena en casa. Mis pezones se endurecieron, y mi sexo comenz&oacute; a lubricarse.<\/p>\n<p>Entramos a la habitaci&oacute;n, mientras Leandro no dejaba de pellizcarme el culo. Yo palp&eacute; su sexo, y not&eacute; que ya estaba hinchado.<\/p>\n<p>&#8211; parece que ya estamos listos. &ndash; dije.<\/p>\n<p>Me abraz&oacute; por la cintura y me atrajo hac&iacute;a &eacute;l. Su erecci&oacute;n se apretaba en mi abdomen. Acarici&eacute; su rostro, &aacute;spero por la barba que comenzaba a crecer despu&eacute;s de una reciente rasurada. Mientras sus manos enormes se abr&iacute;an para acariciar mis nalgas en su totalidad. Mis pechos erectos tambi&eacute;n se frotaban en &eacute;l.<\/p>\n<p>&#8211; Mi marido cree que estoy en la clase se zumba. &ndash; susurr&eacute;. &ndash; Est&aacute; cocinando.<\/p>\n<p>&#8211; Sos una atorranta.<\/p>\n<p>&#8211; Soy muy mala. &ndash; dije a sus o&iacute;dos, empalagosa &ndash; Soy muy mala.<\/p>\n<p>Me abraz&oacute; con mas fuerza. Cada m&uacute;sculo de su cuerpo se sent&iacute;a con dureza sobre el m&iacute;o. Parec&iacute;a estar atrapada en una c&aacute;rcel de m&uacute;sculos de la que no quer&iacute;a escapar. Me bes&oacute;. Su lengua se meti&oacute; con audacia en mi boca. Mientras lo hac&iacute;a, se quitaba los zapatos. Yo lo imit&eacute;. Me quit&oacute; el top.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Esta ropita usas en la clase de zumba? &ndash; Me pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;. &iquest;Te gusta? &#8211; sus dedos bajaron hasta el el&aacute;stico de la calza. &ndash; Me vas a tener que hacer transpirar. As&iacute; Andr&eacute;s no sospecha.<\/p>\n<p>&#8211; As&iacute; que sos de las puerquitas que salen transpiradas del gimnasio. &ndash; dijo, comenzando a bajarme la calza. &ndash; Cada vez me gust&aacute;s m&aacute;s.<\/p>\n<p>Cuando qued&eacute; solo en ropa interior, me arrodill&eacute;, y le abr&iacute; la bragueta del pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>Como ya dije muchas veces, los hombres que m&aacute;s me gustan son los que mas se diferencian de mi marido. Leandro era diez a&ntilde;os mayor que Andr&eacute;s, y su f&iacute;sico era imponente al lado del abandonado cuerpo de mi marido. Y si faltaba algo para terminar de seducirme, era la verga corta, pero gruesa, que sali&oacute; como un resorte cuando baj&eacute; el b&oacute;xer. Acerqu&eacute; mis labios al glande, y arrodillada, lo mir&eacute; a los ojos, sabiendo que no hay hombre al que no le fascine ese detalle. Sin dejar de observarlo, me llev&eacute; ese tronco macizo a la boca. Mi lengua sabore&oacute; el espeso presemen que ya sal&iacute;a de su sexo. Observ&eacute; c&oacute;mo cambiaba su rostro al sentir la lengua y los labios trabajando. Hizo la cabeza hacia atr&aacute;s, cerr&oacute; los ojos y apret&oacute; los dientes, al tiempo que apoyaba una mano en mi nuca, y empujaba, cada vez que quer&iacute;a que me la meta m&aacute;s adentro. Luego se sac&oacute; la camisa y la tir&oacute; a un costado.<\/p>\n<p>Me levant&eacute;, apoy&eacute; mis manos en sus pectorales, y lo empuj&eacute; con suavidad hacia la cama. Leandro, totalmente desnudo, cay&oacute; boca arriba sobre el colch&oacute;n. Me sub&iacute; encima de &eacute;l. Bes&eacute; su cuello, mord&iacute; su pez&oacute;n, baj&eacute; hacia su abdomen, y me reencontr&eacute; con la verga venosa, colorada, que temblaba cuando mi boca volv&iacute;a a su encuentro. Acarici&eacute; sus test&iacute;culos, mientras lo pajeaba, y no paraba de lamer y succionar sus partes m&aacute;s sensibles. Los chorros calientes de semen no tardaron en inundar mi boca.<\/p>\n<p>Fui al ba&ntilde;o a escupir el semen.<\/p>\n<p>&#8211; Sos un infierno de mujer. &ndash; me dijo cuando volv&iacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Ahora espero que me complazcas como yo lo hice.<\/p>\n<p>&#8211; Ven&iacute;, acercate putita. &ndash; me dijo.<\/p>\n<p>Se arrodill&oacute; sobre la cama. Yo fui a su encuentro. Me quit&oacute; el corpi&ntilde;o, y despu&eacute;s la diminuta tanga. Bes&oacute; mis tetas. Apret&oacute; con los labios mis pezones. Acarici&oacute; mis nalgas, y cada tanto, los dedos se met&iacute;an, t&iacute;midamente, unos cent&iacute;metros en mi ano. Su sexo comenzaba a despertarse lentamente, a medida que jugaba con mi cuerpo.<\/p>\n<p>&#8211; Llam&aacute; a tu marido. &ndash; me dijo. &ndash; Llamalo mientras te toco. No te preocupes, no te voy a hacer gemir. S&oacute;lo quiero escuchar c&oacute;mo habl&aacute;s con tu marido mientras te toco.<\/p>\n<p>&#8211; Ya sab&iacute;a que me ibas a pedir eso. &ndash; dije, recordando que el relato con el cual me hab&iacute;a conocido ten&iacute;a una escena similar, cosa que gener&oacute; mucho morbo entre los lectores.<\/p>\n<p>Fui a buscar el celular, y volv&iacute; a la cama, a los brazos de Leandro.<\/p>\n<p>&#8211; Si me lleg&aacute;s a hacer gritar o gemir, te juro que te dejo con las ganas y no me ves m&aacute;s. &ndash; amenac&eacute;, aunque sab&iacute;a que, si me iba de ah&iacute;, la que saldr&iacute;a perdiendo ser&iacute;a yo, ya que todav&iacute;a no tuve mi orgasmo.<\/p>\n<p>&#8211; No te preocupes putita. Vos llamalo.<\/p>\n<p>Marqu&eacute; el n&uacute;mero de Andr&eacute;s. Leandro me abraz&oacute;. Sos manos recorrieron una y otra vez, sin detenerse, todo mi cuerpo. El tel&eacute;fono sonaba, pero Andr&eacute;s no contestaba.<\/p>\n<p>&#8211; Parece que no ten&eacute;s suerte. Habr&aacute; dejado el tel&eacute;fono cargando. &ndash; dije, pero cuando termin&eacute; de hablar, mi marido contest&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Hola amor &iquest;pas&oacute; algo?<\/p>\n<p>Leandro, al escuchar la voz de Andr&eacute;s, baj&oacute; sus manos hacia mis gl&uacute;teos. Los dedos se hundieron en mi piel, caus&aacute;ndome dolor.<\/p>\n<p>&#8211; Nada gordi. Te quer&iacute;a recordar que hoy salgo con las chicas. &ndash; dije. Los labios de Leandro se deslizaron por el cuello.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute; mi amor, ya me hab&iacute;as dicho.<\/p>\n<p>Ahora bajaban hacia mis tetas.<\/p>\n<p>&#8211; No no no, yo recuerdo bien que te dije que quiz&aacute; volv&iacute;a tarde, ahora te lo confirmo, pero quedate tranquilo que en un par de horas vuelvo.<\/p>\n<p>Los dientes apretaron delicadamente mi pez&oacute;n, haciendo que suelte un d&eacute;bil gemido.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Pas&oacute; algo? &ndash; pregunt&oacute; Andr&eacute;s, y Leandro, con la boca llena con mis mamas, ri&oacute; perversamente.<\/p>\n<p>&#8211; No nada. &ndash; Nos vemos en un rato.<\/p>\n<p>&#8211; Divertite amor. &ndash; dijo Andr&eacute;s.<\/p>\n<p>&#8211; De eso no tengas dudas. &ndash; dije, y luego colgu&eacute;.<\/p>\n<p>Leandro me tumb&oacute; en la cama.<\/p>\n<p>&#8211; Sos un idiota, te dije que no me hagas gemir. &ndash; le recrimin&eacute;, al tiempo que palpaba su hermoso tronco, que ya estaba completamente erecto.<\/p>\n<p>&#8211; No te preocupes, no fue nada. Ni cuenta se dio el cornudo de tu esposo. &ndash; se puso el preservativo y me penetr&oacute;. &ndash; &iquest;Sos mi puta? &ndash; me pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Hoy lo soy.<\/p>\n<p>&#8211; Entonces decilo.<\/p>\n<p>&#8211; Soy tu puta. &ndash; grit&eacute;, mientras me met&iacute;a la verga en su totalidad.<\/p>\n<p>&#8211; repetilo.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Soy tu puta, soy tu puta, soy tu puta! &ndash; dije una y otra vez, mientras me penetraba, hasta que me hizo acabar.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s pudo aguantar un polvo m&aacute;s. Nos duchamos juntos. Me cambi&eacute; de ropa, y puse las prendas de zumba en la cartera.<\/p>\n<p>&#8211; Le voy a decir que me ba&ntilde;&eacute; en el gimnasio. No suelo hacerlo, pero no quiero que sienta tu olor en mi cuerpo.<\/p>\n<p>Me dio un beso apasionado.<\/p>\n<p>&#8211; Me encant&oacute; lo que hicimos. &iquest;Vas a escribir sobre esto?<\/p>\n<p>&#8211; Obvio.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;tu marido nunca sospecha nada?<\/p>\n<p>&#8211; Supongo que en el fondo ya lo sabe. &iquest;Me acerc&aacute;s unas cuadras?<\/p>\n<p>&#8211; Claro. &ndash; dijo Leandro.<\/p>\n<p>Nos despedimos a cinco cuadras de casa. Cuando llegu&eacute;, hab&iacute;a olor a carne al horno, pero no ten&iacute;a apetito.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;C&oacute;mo la pasaste? &ndash; me pregunt&oacute; Andr&eacute;s, cuando entr&eacute; al cuarto.<\/p>\n<p>&#8211; Re divertido. &ndash; dije. &ndash; Qu&eacute; raro que est&eacute;s despierto.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, a veces me pasa. &ndash; me agarr&oacute; del brazo y me atrajo hacia &eacute;l.<\/p>\n<p>&#8211; No gordi, hoy no tengo ganas. &ndash; Me desvest&iacute;, y me acost&eacute; desnuda a su lado. Me qued&eacute; pensado en Leandro, y decid&iacute; que volver&iacute;a a verlo.<\/p>\n<p>Fin.<\/p>\n<p>4<\/p>\n<p>La indignaci&oacute;n ya no cab&iacute;a en mi cuerpo. No hab&iacute;a dudas, aquella historia la hab&iacute;a escrito mi esposa. A pesar de que se tom&oacute; la libertad de no decir su nombre, y no dar muchas descripciones f&iacute;sicas, todo lo dem&aacute;s concordaba. El tal Leandro no era otro que &ldquo;L&rdquo;, unos de los que le hab&iacute;a enviado un mensaje esa misma noche. &iquest;Hasta qu&eacute; punto se puede llegar a desconocer a las personas cercanas? En mi caso, evidentemente, hasta niveles insospechados.<\/p>\n<p>Cada cosa que mi mujer narraba en ese relato era m&aacute;s perversa y dolorosa que la anterior. El desprecio hacia mi persona era mucho m&aacute;s grande de lo que hubiese imaginado. Incluso sabiendo que me era infiel, no sospech&eacute; que tuviera tan mal concepto de m&iacute;. &iexcl;Qu&eacute; bizarra es esta manera en que me vengo a enterar de que le desagradaba mi mirada insegura, le molestaba la supuesta dejadez de mi cuerpo y me consideraba un hombre sin pantalones! &iquest;C&oacute;mo pude estar tan ciego?<\/p>\n<p>Sin embargo, en medio de esta situaci&oacute;n surreal sucedi&oacute; algo aun m&aacute;s escandaloso, si se puede. El imaginar a mi mujer arrodillada, con su peque&ntilde;o cuerpo blanco, con su cabecita subiendo y bajando cada vez que se llevaba la verga del maldito &ldquo;L&rdquo; a la boca; el observarla imaginariamente, a medida que avanzaba en la lectura, viendo c&oacute;mo aquel hombre corpulento devoraba todo su tierno cuerpo; el saber que antes de que durmiera a mi lado, su amante manose&oacute; cada rinc&oacute;n de su cuerpo y le hizo saborear su semen; el imaginar como aquel cuerpo enorme se sub&iacute;a encima del esbelto cuerpo de mi mujer, para penetrarla salvajemente; y principalmente, aquel llamado morboso, el saber que mientras hablaba con Valeria, ella estaba completamente desnuda en los brazos de otro, todo eso me produjeron una erecci&oacute;n incre&iacute;blemente potente.<\/p>\n<p>Mi vida ya no ten&iacute;a sentido, sin dudas. Completamente desorientado, decid&iacute; llamar, a pesar de que era muy tarde, a Marcos, mi mejor amigo.<\/p>\n<p>Cuando comenz&oacute; a entender de qu&eacute; le estaba hablando, se espabil&oacute; y me pidi&oacute; que le cuente todo de nuevo, desde el principio. Yo recapitul&eacute;, y angustiado, le expliqu&eacute; detalle por detalle todo lo que hab&iacute;a sucedido.<\/p>\n<p>Se compadeci&oacute; de mi. Me dijo que Valeria estaba loca, y que era mejor que ni me moleste en buscarla. Me dijo que siempre supo que ella no era buena para m&iacute;, pero que no se animaba a dec&iacute;rmelo porque sab&iacute;a que yo no le har&iacute;a caso. Me ofreci&oacute; su apoyo incondicional, y me pregunt&oacute; si quer&iacute;a que fuera a mi casa. Le dije que no hac&iacute;a falta, pero que al d&iacute;a siguiente seguramente faltar&iacute;a al trabajo. Si me quer&iacute;a hacer compa&ntilde;&iacute;a, era bienvenido. Finalmente me oblig&oacute; a jurarle que no seguir&iacute;a leyendo esos relatos. Yo le promet&iacute; que no lo har&iacute;a, y colgu&eacute;. Sin embargo, si cuando lo llam&eacute; ni siquiera hab&iacute;a reparado en que podr&iacute;a haber otros relatos, ahora que me lo mencion&oacute; no me lo pod&iacute;a sacar de la cabeza. Fui a tomar agua, y a orinar. Volv&iacute; a la computadora. Deb&iacute;a hacer clic en el nombre Ninfa123 para entrar a su perfil. Ah&iacute; encontrar&iacute;a m&aacute;s verdades desgarradoras. Cliqu&eacute;, convencido de que ya nada podr&iacute;a sorprenderme, pero por supuesto, me equivoqu&eacute;.<\/p>\n<p>En su perfil pon&iacute;a datos reales. Al menos su edad y su lugar de residencia lo eran: treinta a&ntilde;os, Buenos Aires. En su presentaci&oacute;n se describ&iacute;a fielmente, y explicaba lo aburrida que estaba en su matrimonio. Hasta ahora, nada nuevo bajo el sol. Lo que s&iacute; me dej&oacute; anonadado era la lista de relatos subidos a la web: hab&iacute;a setenta y cinco. &iquest;Acaso eran todos basados en hechos reales, igual al relato de Leandro? Si solo la mitad lo eran, los cuernos invisibles que sal&iacute;an de mi cabeza eran mucho m&aacute;s grandes de lo que me hab&iacute;a animado a imaginar. No pude evitar soltar una carcajada en medio de la noche solitaria.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a muchos t&iacute;tulos diferentes. Apenas terminaba de leer uno, mi vista se dirig&iacute;a al siguiente. Pero hubo algunos que llamaron poderosamente mi atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>Uno de ellos era &ldquo;Una mamada al chofer de Uber frente a mi casa&rdquo;, otro era &ldquo;Mi alumno se anim&oacute; a tocarme&rdquo;; luego estaba &ldquo;Mi marido dura poco&rdquo;, y finalmente, el m&aacute;s fuerte de todos, &ldquo;Sometida por el enemigo de mi esposo, parte 4&rdquo;.<\/p>\n<p>Todos estaban clasificados en la categor&iacute;a de &ldquo;infidelidad&rdquo;, pero tambi&eacute;n ten&iacute;an subcategor&iacute;as. El del chofer de Uber, estaba clasificada en &ldquo;sexo oral&rdquo;, el texto que me dedicaba a mi, era de &ldquo;confesiones&rdquo;. Desde ya debo aclarar que mi duraci&oacute;n no es la gran cosa, pero tampoco soy precoz. El del alumno era de &ldquo;sexo con maduras&rdquo;, y &ldquo;sometida por el enemigo de mi esposo&rdquo;, entraba en la terrible categor&iacute;a de &ldquo;dominaci&oacute;n&rdquo;.<\/p>\n<p>&iquest;En qu&eacute; locuras se hab&iacute;a metido Valeria? &iquest;Realmente le hab&iacute;a practicado una felaci&oacute;n al chofer de Uber frente a nuestra casa? De ser as&iacute;, era muy probable que lo hiciese de noche, cuando yo estaba adentro. Era incre&iacute;ble el nivel de promiscuidad al que hab&iacute;a llegado. Y siguiendo con la misma l&oacute;gica, si los relatos eran reales, aquel alumno que se anim&oacute; a tocar a mi mujer, habr&iacute;a sido alguno de los pendejos que vinieron a casa a principios de a&ntilde;o. Valeria daba clases particulares de matem&aacute;ticas. Antes del inicio del a&ntilde;o lectivo, ven&iacute;an adolescentes ansiosos por aprobar el curso de ingreso de la universidad. Por supuesto, yo era tan imb&eacute;cil que los dejaba solos, confiado en que ella estar&iacute;a trabajando responsablemente. Pero alguno de esos ni&ntilde;atos tuvo un encuentro con Valeria. Muy bien &iquest;Qu&eacute; otra humillaci&oacute;n pod&iacute;a esperarme? &iquest;Acaso no bastaba con hablar conmigo por tel&eacute;fono mientras otro la manoseaba? Por supuesto que no, tambi&eacute;n deb&iacute;a enga&ntilde;arme con un pibe reci&eacute;n salido de la escuela. Pero claro, eso no era nada comparado con lo que me esperaba en el &uacute;ltimo relato. Yo no ten&iacute;a muchos enemigos, as&iacute; que ya me imaginaba de qui&eacute;n se trataba, y por si eso no fuera lo suficientemente perturbador, esa historia estaba escrita en serie, y hasta ahora hab&iacute;a cuatro partes.<\/p>\n<p>Mis ojos recorrieron velozmente los otros t&iacute;tulos. Pens&eacute; en leer el primero, el m&aacute;s antiguo. Ah&iacute; estar&iacute;a explicado c&oacute;mo empez&oacute; a degenerarse mi mujer. Pero los relatos mencionados arriba me llamaban mucho la atenci&oacute;n. Decid&iacute; empezar por ellos. Pero no terminaba de decidir cu&aacute;l de ellos ser&iacute;a el primero. Qu&eacute; m&aacute;s daba, podr&iacute;a leer todos, si as&iacute; lo quisiera.<\/p>\n<p>5<\/p>\n<p>Sent&iacute; de nuevo que mi verga crec&iacute;a adentro del pantal&oacute;n. Me lo desabroch&eacute; y baj&eacute; un poco el cierre, para estar m&aacute;s c&oacute;modo. Los cuentos que hab&iacute;a subido mi esposa Valeria esperaban a ser le&iacute;dos. Arranqu&eacute; por el m&aacute;s liviano, no porque su contenido no fuera potente, sino porque era el m&aacute;s predecible. En &ldquo;Mi novio dura poco&rdquo;, Valeria se explaya sobre mi falta de virilidad, sobre mi abandono f&iacute;sico, y mi negaci&oacute;n a ver la realidad. Nombra a varios amantes diferentes. Entre ellos Pablo, que yo supuse que era &ldquo;P&rdquo;, el otro imb&eacute;cil que le hab&iacute;a escrito esa noche. Pero a estas alturas poco importaba los polvos furtivos que se hab&iacute;an echado sobre mi mujer. De ese texto corto, s&oacute;lo pude obtener la confirmaci&oacute;n del desprecio y la decepci&oacute;n que sent&iacute;a mi esposa hac&iacute;a mi persona. Comenc&eacute; a pensar que esto que estaba haciendo (leer sus relatos) era exactamente lo que la mente enfermiza de Valeria hab&iacute;a planeado. Su silencio inflexible era compensado, con creces, con aquellos relatos que me mostraban pasajes de su vida que hasta ahora estaban ocultos. Termin&eacute; con esa publicaci&oacute;n y segu&iacute; con los otros tres relatos. Todos me generaban humillaci&oacute;n y morbo. Decid&iacute; empezar por el menos interesante (menos interesante comparado con los otros dos, claro est&aacute;) hice clic y el relato se abri&oacute; ante mis cansados ojos.<\/p>\n<p>Una mamada al chofer de Uber frente a mi casa<\/p>\n<p>Aunque algunos no me crean, no siempre miento. Cuando el domingo le dije a Andr&eacute;s que iba a juntarme con unas amigas del profesorado, fue totalmente cierto.<\/p>\n<p>La noche transcurri&oacute; normal. Fuimos a comer a un lindo restor&aacute;n de caballito. Nos dedicamos, como corresponde, a sacarle el cuero a nuestras respectivas parejas. Emilia estaba contenta por su nuevo trabajo; Juliana confes&oacute; que ten&iacute;a un romance con un compa&ntilde;ero de la escuela donde daba cases, y no se decid&iacute;a entre dejar a su novio, dejar a su amante, o no dejar a ninguno; Florencia, la santurrona, la mir&oacute; con indignaci&oacute;n, y luego coment&oacute; lo bien que le iba con el troglodita de su marido. Siempre tuve cierto rechazo hacia Flor. Si no fuese porque compart&iacute;amos la amistad de Emilia y Juliana, nunca hubi&eacute;semos sido amigas. Pero m&aacute;s all&aacute; de eso, se comport&oacute; de manera agradable, no sali&oacute; con sus discursos moralistas y religiosos. Cuando o&iacute;a algo que la escandalizaba, s&oacute;lo fruncia el ce&ntilde;o y se llamaba al silencio.<\/p>\n<p>Yo no coment&eacute; mis aventuras. No por la mojigata de Florencia, sino porque las otras dos tambi&eacute;n se escandalizar&iacute;an al conocer mi faceta m&aacute;s promiscua. Es que hay mucha hipocres&iacute;a entre las mujeres. Emi y Juli se llenan la boca hablando de la libertad sexual de las mujeres, pero una cosa era una an&eacute;cdota, como la de Florencia, en donde se debat&iacute;a sentimentalmente por dos hombres, u otras historias m&aacute;s inocentes, como la de una aventura excepcional en alg&uacute;n lugar remoto. Eso no estaba mal, y hasta era cool y sofisticado presumir de esas historias. Pero muy diferente ser&iacute;an sus reacciones, si se enteraban de todas las experiencias que viv&iacute;, tan numerosas como depravadas.<\/p>\n<p>As&iacute; que simplemente les ment&iacute;, y les dije que mi matrimonio con Andr&eacute;s iba muy bien, que ya &eacute;ramos una pareja estable y madura, y que me sent&iacute;a feliz y plena. Nos despedimos a las once de la noche. Fui la &uacute;ltima en esperar en la vereda el Uber que hab&iacute;a solicitado. Un hombre que se met&iacute;a en su Chevrolet Camaro se ofreci&oacute; a llevarme a donde quisiera. El tipo no estaba ni mal ni bien, pero el auto era incre&iacute;ble, y sent&iacute; una sorpresiva excitaci&oacute;n sexual debido a ese tremendo fierro. Le dije que no, muchas gracias. Si no hubiese encargado el Uber, o si me hubiese insistido m&aacute;s, el ni&ntilde;o rico podr&iacute;a haber sumado una conquista m&aacute;s en su haber.<\/p>\n<p>Lleg&oacute; mi chofer. Un jovencito de veintetantos a&ntilde;os, vestido con barato, pero elegante traje azul, sin corbata. Conduc&iacute;a un Fiat bastante nuevo, que seguramente todav&iacute;a estaba pagando.<\/p>\n<p>&#8211; Wow, qu&eacute; categor&iacute;a. &ndash; dije, al ver su aspecto. &ndash; As&iacute; me voy a sentir como una ni&ntilde;a rica con chofer propio. &#8211; &Eacute;l ri&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Quer&eacute;s viajar adelante? &ndash; me pregunt&oacute;, mientras abr&iacute;a la puerta, y medio disimuladamente, me miraba las piernas. Yo vest&iacute;a un enterito gris corto, y unas sandalias alt&iacute;simas que hac&iacute;an ver espectaculares, mis ya de por si buenas piernas torneadas. Me hab&iacute;a planchado el pelo, y me maquill&eacute;. En s&iacute;ntesis, estaba muy linda.<\/p>\n<p>&#8211; Eso romper&iacute;a mi fantas&iacute;a de sentir que tengo chofer propio, pero est&aacute; bien. &ndash; dije, riendo.<\/p>\n<p>El muchacho se llamaba Walter, ten&iacute;a el pelo negro bien cortito, y su cara afeitada. Parec&iacute;a un chico bueno, un nene de mam&aacute;, y era muy bonito.<\/p>\n<p>Me sent&eacute; en el asiento de acompa&ntilde;ante. Le mand&eacute; un mensaje a Andr&eacute;s avisando que ya estaba en camino. En media hora deber&iacute;a llegar a casa. Walter parec&iacute;a un poco temeroso, manejando en la avenida. Supongo que hab&iacute;a aprendido a manejar hace muy poco tiempo. Cada vez que pod&iacute;a, su mirada se desviaba a mis piernas.<\/p>\n<p>&#8211; Espero que no seas un abusador. &ndash; le dije, cuando sus miradas ya eran muy obvias.<\/p>\n<p>&#8211; Claro que no, adem&aacute;s, Acordate que nosotros estamos todos registrados.<\/p>\n<p>&#8211; S&oacute;lo estaba bromeando. &ndash; aclar&eacute; &ndash; adem&aacute;s, si habr&eacute; tenido historias turbias con taxistas&hellip;<\/p>\n<p>&#8211; Me imagino que muchos te quisieron levantar. &ndash; dijo Walter.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Levantar? Eso no me molestar&iacute;a. Un degenerado me mostr&oacute; la erecci&oacute;n que ten&iacute;a. Otro me llev&oacute; por un camino que no era el correcto. Si no me hubiese bajado del taxi, and&aacute; a saber a d&oacute;nde me iba a llevar, y qu&eacute; cosas me hubiese visto obligada a hacer. Y otros viejos que no paraban de decirme &ldquo;piropos&rdquo;. &iquest;De verdad los hombres piensan que se pueden llevar a la cama a una chica as&iacute;?<\/p>\n<p>&#8211; Algunos hombres son unos hijos de puta. -. Dijo Walter.<\/p>\n<p>&#8211; Vos parec&eacute;s bueno&not;&not;&not;&not;. Ser&aacute; porque sos de otra generaci&oacute;n &ndash; le dije, con una sonrisa seductora. &ndash; S&oacute;lo me mir&aacute;s un poco las piernas.<\/p>\n<p>Ri&oacute;, avergonzado. Su rostro adquiri&oacute; color.<\/p>\n<p>&#8211; Es dif&iacute;cil no mirarlas. &ndash; se aventur&oacute; a decir.<\/p>\n<p>&#8211; Los hombres miran siempre. No se pueden sacar esa mala costumbre de encima. Pero yo ya estoy acostumbrada y mi marido tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>Se hizo un silencio inc&oacute;modo durante algunos segundos. Por lo visto la alusi&oacute;n a mi esposo lo hab&iacute;a descolocado. El auto dobl&oacute; una esquina, y retom&oacute; por Avenida Rivadavia.<\/p>\n<p>&#8211; As&iacute; que tu marido tambi&eacute;n est&aacute; acostumbrado a que te miren. &ndash; dijo, al fin.<\/p>\n<p>&#8211; En realidad, no s&eacute; si est&aacute; acostumbrado o simplemente no le importa. &ndash; contest&eacute;, recordando todas las veces que, mientras caminaba con Andr&eacute;s por la calle; alg&uacute;n tipo me com&iacute;a con la mirada, y &eacute;l fing&iacute;a no darse cuenta de nada.<\/p>\n<p>&#8211; Lo que pasa que es muy dif&iacute;cil salir con una chica linda. &ndash; acot&oacute; Walter. &ndash; En alg&uacute;n punto te ten&eacute;s que hacer el boludo, porque si te vas a ofender cada vez que te miran a tu mujer, te vas a terminar agarrando a pi&ntilde;as cada dos por tres.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Est&aacute;s defendiendo a mi marido? &ndash; dije, fingiendo indignaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; No. &ndash; dijo &eacute;l, sin dejar de sonre&iacute;r. &ndash; s&oacute;lo digo que as&iacute; son las cosas. Adem&aacute;s, tambi&eacute;n te dije linda.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, me di cuenta. &ndash; dije, y mir&eacute; hacia la carretera, sintiendo c&oacute;mo me devoraba con los ojos. &ndash; Pero no me contestaste lo que te pregunt&eacute; hace rato. &iquest;Los hombres se piensan que se pueden levantar a una mujer, as&iacute;, adentro de un auto, o dici&eacute;ndoles estupideces cuando se la cruzan en las veredas?<\/p>\n<p>&Eacute;l se qued&oacute; con expresi&oacute;n pensativa, luego dijo:<\/p>\n<p>&#8211; La verdad que no soy de hacer esas cosas, pero conozco casos de amigos que tienen buenas an&eacute;cdotas sexuales, en situaciones que a lo mejor te sorprender&iacute;an.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;C&oacute;mo cu&aacute;les? &ndash; pregunt&eacute;, intrigada.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;De verdad quer&eacute;s saber?<\/p>\n<p>. Claro, pero apurate que enseguida llegamos a mi casa.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, por ejemplo, un amigo, Ernesto, trabajaba en un supermercado, un d&iacute;a fue a entregar un pedido, y se termin&oacute; cogiendo a la due&ntilde;a de la casa.<\/p>\n<p>&#8211; No te creo, esas cosas no pasan. &ndash; ment&iacute;, ya que yo misma ten&iacute;a historias m&aacute;s inveros&iacute;miles que esa. &ndash; Seguramente ya se conoc&iacute;an. Habr&aacute;n salido un par de veces, y aprovecharon el reencuentro casual. &ndash; aventur&eacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Se conoc&iacute;an, s&iacute;, pero s&oacute;lo de cuando ella compraba en el super. Se ve que le ten&iacute;a ganas al pibe. Ernesto es fachero, y ella ya estaba bastante veterana, aunque buen cuidada. Ernesto no es de mentir, as&iacute; que yo le creo. Cuando &eacute;l fue a entregar el pedido, ella lo hizo pasar. Se fue un rato y volvi&oacute; en pelotas. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; iba a hacer Walter?, no iba a quedar como un puto&rdquo;, me dijo el pobre de Ernesto, medio con culpa.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Qu&eacute; locura! &ndash; dije, alucinada. &#8211; &iquest;Y qu&eacute; m&aacute;s?<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, otro amigo trabaja en un boliche, en la barra. Tiene la costumbre de regalar tragos a cambio de sexo oral. Te sorprender&iacute;a la cantidad de chicas que aceptan hacer un pete a cambio de unos tragos gratis. El domingo pasado una chica lo hizo con todos los empleados. Cinco a la vez. Una locura.<\/p>\n<p>&#8211; Las chicas est&aacute;n terribles.<\/p>\n<p>&#8211; Y mi hermano se acost&oacute; con la mam&aacute; de su mejor amigo.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;En serio? &iexcl;Esas cosas no se hacen! &ndash; dije, fingiendo indignaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Lo mismo piensa el amigo de mi hermano. Hasta el d&iacute;a de hoy no se hablan.<\/p>\n<p>&#8211; De todas formas, creo que tengo raz&oacute;n. Al final, ninguna de tus historias son de tipos que seducen a mujeres en medio de la calle, o en un taxi.<\/p>\n<p>&#8211; Historias de taxis hay muchas, lo que pasa es que es dif&iacute;cil saber cu&aacute;les son reales y cu&aacute;les no.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y vos? &ndash; pregunt&eacute; &#8211; &iquest;Alguna historia memorable? &ndash; Mir&eacute;, disimuladamente, la bragueta de su pantal&oacute;n. Se notaba que recordar tantas historias lo hab&iacute;an excitado.<\/p>\n<p>&#8211; Yo soy aburrido. S&oacute;lo tengo historias t&iacute;picas. Con alguna novia, con alg&uacute;n amor pasajero de verano&hellip; esas cosas.<\/p>\n<p>&#8211; Todav&iacute;a est&aacute;s a tiempo. Sos muy chico.<\/p>\n<p>&#8211; tengo veintitr&eacute;s.<\/p>\n<p>&#8211; Por eso. -dije, mientras transit&aacute;bamos las &uacute;ltimas cuadras.<\/p>\n<p>&#8211; Ya llegamos, qu&eacute; l&aacute;stima, estuvo muy entretenida la charla. Ojal&aacute; todas las pasajeras fueran tan divertidas como vos.<\/p>\n<p>&#8211; Gracias. &ndash; le dije. Me acerqu&eacute; y le di un beso en la mejilla, m&aacute;s largo de lo com&uacute;n.<\/p>\n<p>El auto par&oacute; justo frente a mi casa.<\/p>\n<p>&#8211; Mi marido me debe estar esperando. &ndash; dije. Apoy&eacute; mi espalda en el respaldo del asiento, como si pensara quedarme en el auto. Nos miramos a los ojos. &ndash; Me debe estar esperando en el living, viendo alguna serie. Pero no creo que salga al port&oacute;n a recibirme. No es de hacer esas cosas. Ni siquiera me pregunt&oacute; si ya estaba llegando.<\/p>\n<p>Walter se acerc&oacute;, y me comi&oacute; la boca de un beso, mientras me acariciaba las piernas. Eran las doce de la noche. El barrio estaba silencioso. Mi casa estaba con las luces internas apagadas y las persianas bajas.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Te gustar&iacute;a tener una historia para contarles a tus amigos? &ndash; le pregunt&eacute;, mientras deslizaba mi mano por su pantal&oacute;n. Tante&eacute; el sexo erecto y comenc&eacute; a masajearlo por encima de la tela.<\/p>\n<p>&#8211; Si, me gustar&iacute;a mucho. &ndash; Me contest&oacute;, y luego me bes&oacute; de nuevo.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Te gusta? &ndash; dije, mientras aumentaba el ritmo de la masturbaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Me encanta.<\/p>\n<p>&#8211; Dejame ver hacia la puerta. Si se abre y sale mi marido nos separamos y hacemos de cuenta que no pasa nada. Pero no te preocupes, no va a salir. Vos mir&aacute; al otro lado, avisame si pasa alg&uacute;n vecino.<\/p>\n<p>Me bes&oacute; el cuello, mientras sus dedos intentaban meterse por adentro del short del enterito. Le baj&eacute; el cierre, y ahora sent&iacute;a en mi mano el sexo caliente y r&iacute;gido. &Eacute;l me agarr&oacute; de la nuca e hizo fuerza hacia abajo.<\/p>\n<p>&#8211; No. &ndash; dije. &#8211; Eso no. Necesito ver afuera para que no nos descubra nadie.<\/p>\n<p>&#8211; No te preocupes, no voy a tardar mucho, estoy a punto de explotar. &ndash; dijo Walter, al tiempo que hac&iacute;a mayor presi&oacute;n hacia abajo.<\/p>\n<p>Malditos hombres, todos eran iguales. La caballerosidad les dura poco. Mis labios ya estaban haciendo contacto con la cabeza de su sexo, as&iacute; que no me qued&oacute; otra que met&eacute;rmelo en la boca. Me concentr&eacute; en el glande, para que acabe r&aacute;pido. &Eacute;l me acarici&oacute; el pelo, y con la otra mano el culo, cosa que pareci&oacute; gustarle a&uacute;n m&aacute;s que mis piernas.<\/p>\n<p>Hizo un gemido profundo y su cuerpo se contrajo, y apret&oacute; con m&aacute;s fuerza mi nalga, por lo que supuse que ya iba a acabar. Me ergu&iacute;, y mientras volv&iacute;a a masturbarlo, mir&eacute; para todas partes. A dos cuadras una de las vecinas estaba paseando al perro. Rogaba que no tueviese buena visi&oacute;n. La pija de Walter comenz&oacute; a largar su leche, que salt&oacute; unos cent&iacute;metros y cay&oacute; sobre mi mano y ensuci&oacute; su pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>Me limpi&eacute; con un pa&ntilde;uelo descartable, mientras ve&iacute;a c&oacute;mo la vecina con el perro se acercaba lentamente.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Nos vemos otro d&iacute;a? &ndash; Pregunt&oacute; Walter.<\/p>\n<p>&#8211; S&oacute;lo te promet&iacute; una an&eacute;cdota divertida para contar. Y espero que sepas ser reservado. No des nombres ni direcciones. &ndash; le exig&iacute;, sabiendo que era improbable que cumpla con ello.<\/p>\n<p>&#8211; Est&aacute; bien, no te preocupes. Gracias. &ndash; dijo.<\/p>\n<p>Me baj&eacute; del auto. Entr&eacute; a casa. Andr&eacute;s estaba en el living oscuro mirando una pel&iacute;cula. Si hubiese reparado en el ruido del auto cuando llegamos, y si se hubiese asomado por la persiana, me hubiera visto en acci&oacute;n, y as&iacute; me evitar&iacute;a tener que mentirle descaradamente.<\/p>\n<p>&#8211; Hola gordi. &ndash; salud&eacute; a la distancia. &ndash; ya vengo, no doy m&aacute;s de las ganas de a ver pis. &ndash; le ment&iacute;, porque no quer&iacute;a que sienta el olor a semen en mi boca o en mi mano.<\/p>\n<p>Me lav&eacute;, y me limpi&eacute; los dientes, y despu&eacute;s s&iacute;, fui a saludarlo con un cari&ntilde;oso beso. Esa noche hicimos el amor.<\/p>\n<p>No creo que haya un segundo encuentro con Walter, pero en varias ocasiones vi su auto merodeando por el barrio.<\/p>\n<p>Fin.<\/p>\n<p>6<\/p>\n<p>Estaba frente a la computadora, casi desnudo. Mi b&oacute;xer hab&iacute;a ca&iacute;do hasta los talones. Mi culo peludo apoyado sobre el asiento de madera. Mi mano masajeaba la verga. Me cost&oacute; contener el orgasmo, pero quer&iacute;a aguantar hasta el final. Casi lo logro. Pero cuando le&iacute; c&oacute;mo Walter eyaculaba, yo mismo empec&eacute; a hacerlo. Mi mano se qued&oacute; manchada de semen, igual que la mano de Valeria con el semen de Walter.<\/p>\n<p>Quiz&aacute; deber&iacute;a sentir rencor hacia el conductor de Uber. Pero no me cay&oacute; mal en absoluto. Adem&aacute;s, ten&iacute;a raz&oacute;n en algo que dijo, y como consecuencia, Valeria estaba errada. Si yo no me molestaba cada vez que un tipo miraba sus piernas largas, o su hermosa cola con forma de manzanita, era porque eso suced&iacute;a casi todos los d&iacute;as. Hubiese sido absurdo molestarme cada vez que pasaba. Adem&aacute;s, a la propia Valeria no le molestaba.<\/p>\n<p>Fui al ba&ntilde;o a limpiarme. Intent&eacute; recordar aquella noche en que yo estaba viendo una pel&iacute;cula, mientras mi mujer se la chupaba a un desconocido a s&oacute;lo unos metros de distancia. Pero el relato fue subido hace seis meses y me resultaba muy dif&iacute;cil identificar esa noche en particular. Adem&aacute;s, era muy com&uacute;n que Valeria saliera con sus diferentes grupos de amigas, una o dos veces a la semana. Me di por vencido. S&oacute;lo deb&iacute;a conformarme con saber que, en una de esas noches de hace aproximadamente medio a&ntilde;o, Valeria estaba recibiendo en su mano la eyaculaci&oacute;n de un tal Walter. Alguna de esas noches, una vecina estuvo cerca de descubrir a mi esposa meti&eacute;ndome los cuernos en la puerta de nuestra casa.<\/p>\n<p>Volv&iacute; a sentarme frente a la computadora. Revis&eacute; el celular. Hab&iacute;a recibido un mensaje de Marcos. Dec&iacute;a que estaba preocupado, y me repet&iacute;a que no lea aquellos relatos. Le asegur&eacute; que no lo har&iacute;a. Luego llam&eacute; a Valeria, pero por supuesto, su celular estaba apagado. Intent&eacute; contactara por Facebook, pero me hab&iacute;a bloqueado. El mismo resultado obtuve con Instagram.<\/p>\n<p>De todas formas, el leer los relatos era como hablar con ella. As&iacute; que la necesidad apremiante que ten&iacute;a de que d&eacute; la cara, resultaba cada vez menos razonable. Si bien no terminaba de entender, ni nunca entender&iacute;a, el por qu&eacute; me hab&iacute;a abandonado as&iacute;, y mucho menos, el por qu&eacute; hab&iacute;a llevado sus infidelidades a l&iacute;mites tan extremos, s&iacute; pude entender que yo ten&iacute;a parte de culpa en el fracaso de nuestro matrimonio. Nunca repar&eacute; hasta qu&eacute; punto algunas actitudes m&iacute;as la irritaban. Y tambi&eacute;n fue un error garrafal no hacer caso a todas las se&ntilde;ales que me enviaba cada vez que me era infiel. Siempre me gener&oacute; ciertas sospechas sus salidas continuas, pero nunca le di la importancia que se merec&iacute;a.<\/p>\n<p>Tal vez, en el fondo, siempre fui un cornudo consciente.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a mucho sue&ntilde;o, pero no quer&iacute;a ir a dormir. Me prepar&eacute; un caf&eacute; fuerte. Tom&eacute; un sorbo largo. Abr&iacute; las pesta&ntilde;as de los siguientes relatos que pretend&iacute;a leer. Era absurda la indecisi&oacute;n que surgi&oacute; en ese momento, porque sab&iacute;a que leer&iacute;a ambos e incluso algunos m&aacute;s. Quiz&aacute; se deb&iacute;a a la ansiedad que se hab&iacute;a apoderado de m&iacute; desde que empec&eacute; con el relato de &ldquo;L&rdquo;. Ah&iacute; estaban los dos relatos. En uno me enterar&iacute;a cu&aacute;l de sus alumnos se hab&iacute;a animado a tocar a mi mujer. Alguno de esos pendejitos que pretend&iacute;an ingresar a la universidad, cuando vino a mi casa, se hab&iacute;a tomado la libertad de poner sus manos en Valeria. Me llam&oacute; la atenci&oacute;n el t&iacute;tulo del relato. Parec&iacute;a insinuar que el chico no hab&iacute;a hecho m&aacute;s que tocarla. A estas alturas, conociendo a mi esposa mucho mejor de lo que la conoc&iacute;a hace unas horas, me resultaba dif&iacute;cil creer que todo quedara as&iacute;.<\/p>\n<p>Por otra parte, estaba el relato &ldquo;Sometida por el enemigo de mi esposo&rdquo;. Este t&iacute;tulo era demasiado impactante. Ya sospechaba de quien se trataba. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a haber ca&iacute;do en los brazos de aquel violento hombre? &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a entregarse a alguien que hab&iacute;a sido tan maleducado y agresivo conmigo? Pero no deber&iacute;a sorprenderme. Ya nada deber&iacute;a sorprenderme.<\/p>\n<p>Sin embargo, este &uacute;ltimo relato ten&iacute;a cuatro partes. Era mejor dejarlo para el final, como si fuese el plato principal.<\/p>\n<p>Cliqu&eacute; la pesta&ntilde;a donde estaba &ldquo;Mi alumno se anim&oacute; a tocarme&rdquo;. Me baj&eacute; el b&oacute;xer, convencido de que tendr&iacute;a otra erecci&oacute;n.<\/p>\n<p>7<\/p>\n<p>Mi alumno se anim&oacute; a tocarme<\/p>\n<p>Como todos saben, soy profesora particular de Matem&aacute;ticas. Por distintos motivos, nunca di clases en escuelas, salvo algunas cortas suplencias. La docencia no es algo que me apasione, s&oacute;lo hice el profesorado de matem&aacute;ticas, porque mis padres, cuando yo contaba con diecinueve a&ntilde;os, se pusieron muy insistentes con el tema de que deb&iacute;a hacer algo productivo con mi vida. Eleg&iacute; esta profesi&oacute;n porque no me iba mal en matem&aacute;ticas, y era una carrera m&aacute;s corta que una universitaria. Sin embargo, nunca tuve grandes habilidades pedag&oacute;gicas, ni tampoco sent&iacute;a una gran atracci&oacute;n por los ni&ntilde;os peque&ntilde;os.<\/p>\n<p>Desde que me cas&eacute; con Andr&eacute;s, a los veinticuatro a&ntilde;os, &eacute;l se ocup&oacute; de satisfacer todas mis necesidades. Si bien s&oacute;lo es un empleado de nivel intermedio, siempre se las arregl&oacute; para que no me faltara nada. El hecho de que sus padres nos regalaran una casa, tambi&eacute;n contribuy&oacute; a que pudi&eacute;semos llevar una austera, pero c&oacute;moda vida de j&oacute;venes de clase media.<\/p>\n<p>Sin embargo, mi marido es bastante taca&ntilde;o a la hora de comprarme cosas. No entiende que las mujeres, a diferencia de los hombres, no nos arreglamos con cuatro o cinco mudas de ropa. No puedo llevar la misma ropa cada vez que me encuentro con las chicas. Y, sobre todo, me gusta mucho la lencer&iacute;a &iacute;ntima. Andr&eacute;s no sabe apreciarlo. Para &eacute;l todas mis tangas son iguales, y no le atrae en lo m&aacute;s m&iacute;nimo los disfraces, o las transparencias.<\/p>\n<p>Tengo que reconocer que mi necesidad de tener ingresos propios surgi&oacute; hace tres a&ntilde;os, fecha que coincide con la primera vez que enga&ntilde;&eacute; a Andr&eacute;s. &iexcl;Cu&aacute;ntos recuerdos! Y pensar que aquella vez me sent&iacute; tan sucia, tan culpable. Si mi yo de ese entonces supiera todas las cosas que har&iacute;a en el futuro, enloquecer&iacute;a.<\/p>\n<p>Perd&oacute;n, ya estoy imaginando las voces de algunos lectores quej&aacute;ndose porque me estoy yendo por las ramas. La cuesti&oacute;n es que hace algunos a&ntilde;os, decid&iacute; dar clases particulares de matem&aacute;ticas. Cerca de casa hay una universidad, as&iacute; que pegu&eacute; volantes en algunas de las paradas de colectivo. Pronto me empezaron a llamar chicos y chicas ansiosos por aprobar el curso de ingreso de la universidad.<\/p>\n<p>Supongo que, en mi inconsciente, el hecho de haber elegido dar clases a chicos ya creciditos, fue con doble intenci&oacute;n. Desde mis primeros momentos de profesora, me encontr&eacute; con muchachos atractivos. Muy pocos eran los que no me miraban con inter&eacute;s, y alguno que otro se anim&oacute; a invitarme a salir. Pero como saben, en mis primeros a&ntilde;os de mujer infiel, ten&iacute;a muchos temores y limitaciones, y por otra parte, esos chicos inexpertos tampoco supieron usar las palabras adecuadas para seducirme.<\/p>\n<p>Pero en febrero, en medio del calor bochornoso del verano, un chico bello y atolondrado se present&oacute; en mi casa.<\/p>\n<p>Normalmente trato de vestirme lo m&aacute;s seriamente posible cuando recibo a mis alumnos. Pero este verano se rompi&oacute; el aire acondicionado de la planta baja, y Andr&eacute;s, como siempre, tard&oacute; mucho en hacerlo arreglar. Mi nuevo alumno se llamaba Benito, y su aspecto era tan tierno como su nombre. Delgado, petiso, incluso m&aacute;s que yo, de saltones ojos celestes, pelo rubio, peinado con un jopo, y mejillas eternamente rojas, como si viviera avergonzado. Sus ojos se abrieron como platos cuando vieron a su profesora particular. creo que ese d&iacute;a me hab&iacute;a puesto mi vestido floreado. Es bastante suelto, su escote no es muy grande, y casi me llega a la rodilla. Pero de todas formas llam&oacute; mucho su atenci&oacute;n. En realidad, casi todo lo que uso parece ser muy seductor para los hombres. Algo en mis genes, en mi fisionom&iacute;a, hacen que, use lo que use, parezca atractiva. Mi cola se mantiene parada sin necesidad de mucho ejercicio; mis piernas son muy largas, mis caderas curvas, mis pechos, peque&ntilde;os, pero bien paraditos. Soy una privilegiada y uso ese privilegio a mi favor.<\/p>\n<p>&#8211; Hola, soy Benito, yo llam&eacute; ayer por tel&eacute;fono. &ndash; Me dijo el chico, al otro lado de la reja.<\/p>\n<p>Abr&iacute; el port&oacute;n. Lo salud&eacute; con un beso. Fuimos a sentarnos a la mesa de la cocina, y ah&iacute; fue la primera clase, llena de miradas curiosas y sonrisas nerviosas.<\/p>\n<p>Benito era el t&iacute;pico nene de mam&aacute; de clase acomodada. Hab&iacute;a ido a una escuela privada, pero sus conocimientos en matem&aacute;ticas eran escasos. Me sorprendi&oacute; que haya podido pasar el secundario. Pero, de todas formas, sus ganas de empezar una carrera hac&iacute;an que toda la vagancia a la que estaba acostumbrado fuera reemplazada por un inusitado entusiasmo por los n&uacute;meros. Hab&iacute;a comenzado el curso de ingreso en la universidad esa misma semana, y tra&iacute;a los ejercicios que le mandaban de tarea.<\/p>\n<p>Esa era la din&aacute;mica de nuestros encuentros. &Eacute;l ven&iacute;a con los ejercicios, y los hac&iacute;a frente a m&iacute;. Yo se los correg&iacute;a, y sin resolverlos por &eacute;l, le indicaba en qu&eacute; cosas se equivocaba. Tambi&eacute;n repas&aacute;bamos conceptos elementales que no ten&iacute;a frescos.<\/p>\n<p>Durante el mes que dur&oacute; el curso de ingreso, Benito ven&iacute;a dos o tres veces a casa. Al principio se comportaba muy t&iacute;midamente. Respond&iacute;a con monos&iacute;labos, y me miraba de reojo cada vez que me levantaba para servirle un vaso de agua, o para buscar cualquier otra cosa. A mi me daba mucha ternura su timidez exacerbada. Despu&eacute;s de la tercera clase, cuando ya lo sent&iacute;a con un poco mas de confianza, me tomaba unos minutos para preguntarle cosas ajenas a las matem&aacute;ticas. Se puso como un tomate cuando le pregunt&eacute; si ten&iacute;a novia. imag&iacute;nense si le preguntaba si era virgen.<\/p>\n<p>Si bien ven&iacute;a hasta mi casa s&oacute;lo, siempre pasaba a buscarlo su pap&aacute;, que, dicho sea de paso, tambi&eacute;n me ten&iacute;a mucha hambre. Todas estas cosas me daban mucha dulzura, y como todo en mi vida, este sutil cari&ntilde;o que empec&eacute; a sentir por &eacute;l se degener&oacute; hacia el lado sexual.<\/p>\n<p>Empez&oacute; a obsesionarme la idea de si era virgen o no. Como ya saben, en mis encuentros sexuales no s&oacute;lo pienso en mis fantas&iacute;as personales. Tambi&eacute;n me gusta cumplir los deseos de los hombres que me poseen. No hay nada que me resulte m&aacute;s placentero que ver el comportamiento de mis compa&ntilde;eros sexuales cuando hago en detalle, lo que ellos me ordenan. Estaba segura de que a Benito le volar&iacute;a la cabeza debutar con su profesora de matem&aacute;ticas. Ser&iacute;a una an&eacute;cdota para contarle a sus nietos.<\/p>\n<p>Empec&eacute; a seducirlo sutilmente. En general lo esperaba con mis vestidos, sobrios pero bonitos, o con una pollera y una blusa. Cuando entraba en casa, y camin&aacute;bamos hasta la cocina, Benito siempre iba detr&aacute;s de m&iacute;. Aprovech&eacute; esa situaci&oacute;n para jugar con &eacute;l. Cambiaba bruscamente el ritmo de mis pasos, cosa que hac&iacute;a que Benito, involuntariamente, chocara con mi cuerpo, haciendo contacto su pelvis con mis nalgas. &Eacute;l se disculpaba, sonrojado. Y tomaba mayor distancia. Esto sucedi&oacute; cuatro o cinco veces, y quiz&aacute; el chico hab&iacute;a entendido la indirecta, porque en una ocasi&oacute;n en que, de repente, disminu&iacute; la velocidad de mis pasos, me encontr&eacute; con la cara externa de su mano, que roz&oacute; mis gl&uacute;teos por unos instantes.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n tom&eacute; la costumbre de caminar de ac&aacute; para all&aacute;, mientras &eacute;l resolv&iacute;a los ejercicios. Dejaba una estela de perfume a su alrededor. Y Benito, cada dos por tres, levantaba la vista del cuaderno, para mirarme arriba abajo. Nuestras miradas se cruzaban cada tanto. &Eacute;l se pon&iacute;a rojo y hund&iacute;a la cara en elcuaderno. Pero como nunca lo reprend&iacute; por distraerse con mi figura, a medida que pasaban las semanas, me miraba con mayor obviedad, y hasta se animaba a sostenerme la mirada cuando yo &ldquo;descubr&iacute;a&rdquo; que me estaba observando.<\/p>\n<p>Sin embargo, el tiempo pasaba, y no se hab&iacute;a animado a hacer ni decir nada. Pero no lo culpaba. Apenas ten&iacute;a dieciocho a&ntilde;os y su inexperiencia era evidente.<\/p>\n<p>El curso de ingreso lleg&oacute; a su fin. Faltaba s&oacute;lo una semana para que rinda el examen de, y yo estaba casi convencida de que no pasar&iacute;a nada con &eacute;l.<\/p>\n<p>En las otras materias iba bien, pero en matem&aacute;ticas, si bien hab&iacute;a avanzado mucho, no estaba del todo seguro de si hab&iacute;a alcanzado el nivel requerido. Los ex&aacute;menes de ingreso eran muy dif&iacute;ciles, repet&iacute;a siempre que pod&iacute;a.<\/p>\n<p>Lleg&oacute; la &uacute;ltima clase particular con aquel muchachito t&iacute;mido y encantador. Me pareci&oacute; injusto privarlo de una experiencia sexual &uacute;nica, s&oacute;lo por que &eacute;l no se hab&iacute;a animado a avanzar sobre su profesora. Pens&eacute; seriamente en ser m&aacute;s directa, en proponerle hacer algo ese mismo d&iacute;a. Pens&eacute; en simplemente desnudarme frente a &eacute;l, a ver si era capaz de soltarse y dejar de reprimir sus instintos. Pero era tan inocente, que probablemente, por m&aacute;s que me deseara mucho, si se enfrentaba a una situaci&oacute;n tan directa, no sabr&iacute;a c&oacute;mo actuar.<\/p>\n<p>Prefer&iacute; seguir con mis insinuaciones sutiles. Quedar&iacute;a en sus manos hacer algo o no.<\/p>\n<p>Ese d&iacute;a me puse una pollera negra, larga, con lunares blancos, y una blusa blanca. Me recog&iacute; el pelo y me maquill&eacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Est&aacute;s muy distinta con el pelo recogido. &ndash; Me dijo Benito, cuando se acomodaba en el asiento.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Peor o mejor que cuando tengo el pelo suelto?<\/p>\n<p>&#8211; De las dos maneras te queda muy bien. &ndash; Me dijo. Eso era lo m&aacute;s cercano a un piropo que iba a obtener de &eacute;l.<\/p>\n<p>&#8211; Gracias, que caballero. &ndash; le dije, en un tono sensual. &#8211; &iquest;Est&aacute;s nervioso por el examen?<\/p>\n<p>&#8211; Mucho. Es ma&ntilde;ana. Por eso quer&iacute;a repasar los temas m&aacute;s dif&iacute;ciles con vos.<\/p>\n<p>&#8211; Los nervios te juegan en contra. Ten&eacute;s que tratar de calmarte. Respir&aacute; hondo. Acordarte de no obsesionarte con los ejercicios que no te salen. Segu&iacute; con otros, y vas a ver que cuando vuelvas a esos que no pod&iacute;as resolver, te van a salir.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, gracias.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, &iquest;Qu&eacute; te parece si hacemos un ejercicio de cada tema?<\/p>\n<p>&#8211; Dale.<\/p>\n<p>Elegimos los seis ejercicios mas dif&iacute;ciles de la gu&iacute;a que le hab&iacute;an dado en la universidad. Puse m&uacute;sica, cosa que no hab&iacute;a hecho hasta ese d&iacute;a. Mientras hac&iacute;a los ejercicios me par&eacute;, apoy&aacute;ndome sobre el lavabo. Miraba sus labios finos moverse, susurrando algo cada vez que hac&iacute;a cuentas mentales. Benito me miraba y sonre&iacute;a.<\/p>\n<p>En un momento me hizo una pregunta sobre un ejercicio. Yo me puse a su lado y me inclin&eacute; para ver lo que hab&iacute;a hecho. Mi cadera roz&oacute; su codo. Me qued&eacute; unos segundos sin interrumpir ese contacto f&iacute;sico. Benito me miraba. Yo sent&iacute;a su respiraci&oacute;n en mi cuello.<\/p>\n<p>&#8211; Est&aacute; perfecto. &ndash; le dije.<\/p>\n<p>&#8211; Gracias. &ndash; le dije.<\/p>\n<p>Lo not&eacute; confundido. Me preguntaba si era por los ejercicios o por la innecesaria cercan&iacute;a f&iacute;sica de hace un momento.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Pod&eacute;s venir de nuevo? &ndash; me pregunt&oacute;, sonrosado. &ndash; No me acuerdo de eso de la condici&oacute;n de positividad y de negatividad.<\/p>\n<p>&#8211; No creo que lo tomen. Pero igual es f&aacute;cil. &ndash; le dije.<\/p>\n<p>Me puse a explicarle. Esta vez me coloqu&eacute; un poco m&aacute;s adelante. Me inclin&eacute;. Su brazo qued&oacute; unos mil&iacute;metros detr&aacute;s de mi cola. &Eacute;l movi&oacute; apenas el codo, y yo sent&iacute; c&oacute;mo ese hueso duro recorr&iacute;a mi gl&uacute;teo y se volv&iacute;a a alejar. Repiti&oacute; el movimiento tres veces. Yo hac&iacute;a de cuenta que no lo notaba. El contacto era muy sutil, apenas un roce.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Entend&eacute;s? &ndash; le dije, irgui&eacute;ndome.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, gracias.<\/p>\n<p>Lo notaba algo turbado. Seguramente se preguntaba si yo me hab&iacute;a dado cuanta de que me hab&iacute;a tocado intencionalmente. Pens&eacute; que iba a repetir la inocente estratagema en cada uno de los ejercicios, pero creo que se acobard&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Termin&eacute;. &ndash; Me dijo, cuando faltaban s&oacute;lo diez minutos para que su pap&aacute; lo pase a buscar.<\/p>\n<p>Podr&iacute;a haber agarrado el cuaderno, acomodarme en mi silla, y corregir los cuatro ejercicios restantes tranquilamente. Pero decid&iacute; darle una &uacute;ltima oportunidad. Me puse a su lado. Me inclin&eacute;. Sent&iacute; su mirada clavada en m&iacute;, su respiraci&oacute;n era cada vez m&aacute;s agitada.<\/p>\n<p>&#8211; Este est&aacute; muy bien. &ndash; le dije. Y cuando me di vuelta a mirarlo, descubr&iacute; su mirada deleit&aacute;ndose con mi culo.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y los otros? &ndash; dijo, haci&eacute;ndose el tonto.<\/p>\n<p>&#8211; En eso estoy, no seas ansioso. &ndash; lo reprend&iacute; con una sonrisa.<\/p>\n<p>Empec&eacute; a sentir, otra vez, el codo movi&eacute;ndose arriba abajo sobre mis nalgas, en intervalos cada vez m&aacute;s largos, y menos espaciados. Me preguntaba si se iba a animar a levantarme la pollera. De momento, s&iacute; se anim&oacute; a aumentar la intensidad de los movimientos. Ya no eran simples roces. El codo se frotaba con fruici&oacute;n, y se hund&iacute;a mi piel.<\/p>\n<p>&#8211; Est&aacute;n todos muy bien. &ndash; le dije, sin cambiar mi postura. &ndash; seguro te va a ir perfecto.<\/p>\n<p>Lo mir&eacute;, y me qued&eacute; ah&iacute;, inclinada, sin decir nada m&aacute;s. Benito, esta vez, extendi&oacute; su mano, y desliz&oacute; la yema de los dedos, lentamente, en mis nalgas. Dibuj&oacute; la redondez de mis gl&uacute;teos uno y otra vez. Su sexo estaba hinchado. Se mord&iacute;a los labios, y me miraba y re&iacute;a, estupidizado, mientras me magreaba una y otra vez.<\/p>\n<p>Entonces son&oacute; la bocina del auto.<\/p>\n<p>&#8211; Tu pap&aacute; vino a buscarte. &ndash; le dije.<\/p>\n<p>&Eacute;l abri&oacute; los ojos desmesuradamente. Mir&oacute; la hora con incredulidad. Su mano segu&iacute;a en mi culo.<\/p>\n<p>&#8211; Te ten&eacute;s que ir. &ndash; le dije.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;. &ndash; contest&oacute;, y alej&oacute; su mano lentamente.<\/p>\n<p>Guard&oacute; sus cosas. Lo acompa&ntilde;&eacute; a la salida. Cuando llegamos a la puerta. Me abraz&oacute; e intent&oacute; besarme. Yo, cruelmente, lo esquiv&eacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Acomodate eso. &#8211; Le dije, se&ntilde;alando el bulto que se hab&iacute;a formado en su pantal&oacute;n. &Eacute;l se lo acamod&oacute;, y estir&oacute; su remera hacia abajo. Su excitaci&oacute;n qued&oacute; casi oculta. &ndash; Y cambi&aacute; esa carita. &ndash; le suger&iacute;, ya que su rostro revelaba que algo hab&iacute;a sucedido.<\/p>\n<p>Abr&iacute; la puerta. El pap&aacute; de Benito estaba en la vereda.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y? &iquest;Est&aacute; listo? &ndash; pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Seguro le va a ir bien. &ndash; dije. &ndash; pero le propuse que pase por ac&aacute; ma&ntilde;ana antes de ir a la universidad. &ndash; Benito me mir&oacute; extra&ntilde;ado, pero enseguida se repuso.<\/p>\n<p>&#8211; Si, ma&ntilde;ana a las cuatro, &iquest;no? &ndash; dijo.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;. &ndash; y luego dirigi&eacute;ndome a su padre agregu&eacute;. &ndash; No se preocupe, s&oacute;lo vamos a repasar dos cositas simples que probablemente no entren en el ex&aacute;men, pero que es mejor que las sepa. Es culpa m&iacute;a por no haberme dado cuenta antes, as&iacute; que no le voy a cobrar. Adem&aacute;s, voy a aprovechar para ense&ntilde;arle algunos ejercicios de relajaci&oacute;n que aprend&iacute; en yoga. Le van a venir bien.<\/p>\n<p>&#8211; Por supuesto que te voy a pagar la clase, y mil gracias por ser tan considerada con mi pibe.<\/p>\n<p>El d&iacute;a en que Benito deb&iacute;a rendir el ex&aacute;men de ingreso, hac&iacute;a treinta y tres grados. El aire acondicionado segu&iacute;a roto. Me puse mi vestido floreado. Me recog&iacute; el pelo, recordado que al chico le hab&iacute;a gustado c&oacute;mo me quedaba. A las cuatro en punto son&oacute; el timbre.<\/p>\n<p>Mi alumno vest&iacute;a una remera roja, bermuda negra, y sandalias. Me gust&oacute; que se haya vestido de manera casual. Apenas cerramos la puerta a nuestras espaldas, me abraz&oacute; y me dio un beso apasionado, mientras me acariciaba el culo, esta vez con desesperaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Ven&iacute;, vamos. Mi marido llega en una hora. &ndash; le dije.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;En serio?<\/p>\n<p>Me dio gracia su cara de asustado. Pero de todas formas me sigui&oacute;, escaleras arriba.<\/p>\n<p>&#8211; Sos muy nervioso. No quiero que desapruebes el ex&aacute;men por eso. Como tu profesora, no lo tolerar&iacute;a. &ndash; le dije, bromeando.<\/p>\n<p>Entramos a la habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Ac&aacute; dorm&iacute;s con tu esposo? &ndash; Pregunt&oacute;, mirando con cierto pavor la cama.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;. &ndash; le contest&eacute;. Rode&eacute; su cuello con mis manos y le di un tierno beso en los labios. &#8211; &iquest;Sab&eacute;s qu&eacute; es lo mejor para los nervios y el estr&eacute;s?<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute;?<\/p>\n<p>Me quit&eacute; el vestido. No llevaba nada debajo. Benito me mir&oacute; fascinado. Me sub&iacute; a la cama, le di la espalda y me puse en cuatro patas.<\/p>\n<p>&#8211; Coger. Eso es lo mejor. Cogeme y seguro aprob&aacute;s el ex&aacute;men.<\/p>\n<p>Benito se desnud&oacute; en un santiam&eacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Soy Virgen. &ndash; Confes&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Ya lo sab&iacute;a. &iquest;Trajiste preservativos? &ndash; me mir&oacute; avergonzado. &ndash; No importa, yo tengo. Andr&eacute;s no se va a dar cuenta de que falta uno. &#8211; Agarr&eacute; uno de la mesa de luz. Ayud&eacute; a que se lo ponga, y me puse en cuatros otra vez. &#8211; &iquest;As&iacute; te gusta? &ndash; pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;. &ndash; contest&oacute;.<\/p>\n<p>Comenz&oacute; a besarme las nalgas. No me lami&oacute; el ano. Quiz&aacute; eso era demasiado para un chico virgen. Ten&iacute;a el pene chico, pero no me import&oacute;. Me penetr&oacute;, retir&oacute; su sexo, y cuando intent&oacute; introducirlo de nuevo, err&oacute; el blanco. Esto sucedi&oacute; varias veces. Cuando pudo meterla, con mi ayuda, empez&oacute; a hacer movimientos m&aacute;s cortos y r&aacute;pidos. Se vino enseguida.<\/p>\n<p>&#8211; No te preocupes, es normal acabar r&aacute;pido la primera vez. &ndash; le dije, al ver su rostro decepcionado de s&iacute; mismo.<\/p>\n<p>Dej&eacute; que jugara con mi cuerpo un rato. Era como un ni&ntilde;o con juguete nuevo, explorado cada parte de mi cuerpo, introduciendo sus dedos en cada hendidura, lami&eacute;ndome en todas las partes prohibidas. Le hice notar c&oacute;mo se endurec&iacute;a mi pez&oacute;n cuando lo estimulaba; prob&oacute; el sabor de mi sexo empapado de fluidos, y abr&iacute; mis nalgas frente a su cara, para que por fin me diera un delicioso beso negro. Me sent&eacute; a su lado, y lo masturb&eacute;, viendo c&oacute;mo cambiaba su gesticulaci&oacute;n cuando se aproximaba el orgasmo.<\/p>\n<p>&#8211; Acabame en la cara. &ndash; ofrec&iacute;, sabiendo que &eacute;l no se animar&iacute;a a pedirlo.<\/p>\n<p>Me puse frente a &eacute;l. Cerr&eacute; los ojos, y abr&iacute; la boca, moviendo la lengua arriba abajo. Enseguida sent&iacute; el sabor viscozo de su semen.<\/p>\n<p>&#8211; Limpiate y vestite. En diez minutos llega mi marido. &ndash; le dije, despu&eacute;s de escupir el semen en el inodoro. &ndash; yo me doy una ducha r&aacute;pida y ya vengo.<\/p>\n<p>Me met&iacute; en la ducha, y me ba&ntilde;&eacute;, sin mojar mi pelo. Me puse ropa interior y luego el vestido. Bajamos. Me dio un beso, que se extendi&oacute; hasta que escuchamos la puerta abrirse.<\/p>\n<p>&#8211; Te presento a Benito. &ndash; le dije a mi marido Andr&eacute;s. &ndash; Es un excelente alumno, hoy rinde el ex&aacute;men de ingreso.<\/p>\n<p>&#8211; Un gusto Benito, y mucha suerte. &ndash; lo salud&oacute; Andr&eacute;s.<\/p>\n<p>Afuera acababa de llegar su padre.<\/p>\n<p>&#8211; Que contento est&aacute; mi hijo, cualquiera pensar&iacute;a que ya aprob&oacute; el ex&aacute;men. &ndash; brome&oacute; el hombre cuando vio la sonrisa tonta de Benito.<\/p>\n<p>&#8211; Seguro lo va a aprobar. &ndash; dije, y me desped&iacute; de ambos.<\/p>\n<p>Por supuesto, Benito Aprob&oacute; el ex&aacute;men y entr&oacute; a la universidad. Despu&eacute;s de ese d&iacute;a me escribi&oacute; muchas veces. Yo le invento excusas, porque creo que si lo sigo viendo se va a terminar enamorando de m&iacute;, y eso no me interesa. Pero quien sabe, si sigue insistiendo, tal vez&hellip;<\/p>\n<p>Fin.<\/p>\n<p>8<\/p>\n<p>Ya eran las dos de la madrugada. Mi verga, fl&aacute;cida, todav&iacute;a largaba hilos se semen. El relato sobre el alumno era m&aacute;s largo que los anteriores, y lo le&iacute; detenidamente, mientras imaginaba cada escena.<\/p>\n<p>No conoc&iacute; a muchos alumnos de Valeria, porque las clases eran mientras yo trabajaba. Pero recordaba a Benito, porque me lo hab&iacute;a cruzado ese d&iacute;a en el que mi esposa le hab&iacute;a dado la supuesta clase en un horario inusual. Recuerdo cuando ella me lo present&oacute;. Me dio buena impresi&oacute;n. Un chico joven, humilde, que se esforzaba por comenzar una carrera. Me dio gracia que su padre lo haya ido a buscar, ya que se trataba de un muchacho bastante grande.<\/p>\n<p>Nunca me hubiese imaginado que, diez minutos antes, terminaba de coger con mi esposa, en mi propia cama.<\/p>\n<p>No pod&iacute;a reclamarle nada al chico. Cualquiera que se encontrara con una mujer tan bella como Valeria, una profesora lujuriosa dispuesta a entregarse a su alumno, no har&iacute;a otra cosa m&aacute;s que cogerla. Yo mismo, si me encontrara en una situaci&oacute;n similar, caer&iacute;a ante mis impulsos sexuales.<\/p>\n<p>&iexcl;Qu&eacute; solidaria mi Valeria! Dispuesta a calmar los nervios de un adolescente virginal, usando su sexualidad como medio.<\/p>\n<p>Recuerdo que en una ocasi&oacute;n le pregunt&eacute; a mi mujer si sab&iacute;a c&oacute;mo le hab&iacute;a ido a su alumno.<\/p>\n<p>&#8211; Entr&oacute; a la universidad, y ahora le est&aacute; yendo muy bien en la carrera. &ndash; contest&oacute;.<\/p>\n<p>No repar&eacute; en el detalle de que todav&iacute;a estaba en contacto con el chico. &iexcl;Pero qu&eacute; le hacia una mancha m&aacute;s al tigre! Eran tantos los detalles en los que no hab&iacute;a reparado. A medida que iba leyendo los relatos de Ninfa123, me daba cuenta de que mi responsabilidad en el deterioro de nuestra relaci&oacute;n era m&aacute;s grande de lo que cre&iacute;a. &iquest;Por qu&eacute; ten&iacute;a que ser tan predecible? Deb&iacute; romper, de vez en cuando, la rutina. Deb&iacute; llegar temprano a casa, alguna que otra vez. No pod&iacute;a ser que Valeria se atreviera a enga&ntilde;arme unos minutos antes de que llegara. S&oacute;lo la seguridad de tener un marido torpe y confiado le permit&iacute;a darse el lujo de caminar en la cuerda floja.<\/p>\n<p>Este sentimiento de culpa, que opacaba mi rencor hacia mi esposa, se sumaba con la inquietante novedad de que me excitaba leer los relatos de Valeria. Me excitaba saber en detalle c&oacute;mo se cog&iacute;an a mi mujer.<\/p>\n<p>Pero trat&eacute; de excusarme. Despu&eacute;s de todo, no estaba en condiciones ps&iacute;quicas normales. Me encontraba alienado. Tantos descubrimientos, uno m&aacute;s sorprendente que otro, no me permit&iacute;an reaccionar con total lucidez.<\/p>\n<p>Quiz&aacute; deb&iacute;a descansar unas horas. Al otro d&iacute;a, mas l&uacute;cido, podr&iacute;a tomar decisiones m&aacute;s acertadas.<\/p>\n<p>Sin embargo, ah&iacute; estaba ese otro relato. El que m&aacute;s me atra&iacute;a. &ldquo;Sometida por el enemigo de mi esposo&rdquo;.<\/p>\n<p>Tres meses atr&aacute;s tuvimos un problema con un vecino que vive a tres cuadras de casa. Se llama Mario. Es un hombre de unos cincuenta a&ntilde;os, gordo, enorme. Una bestia de cabeza calva y torso peludo.<\/p>\n<p>Era domingo y hab&iacute;amos ido con Valeria a comprar al supermercado. Volv&iacute;amos con las compras, caminando tranquilos. Mario iba por la misma vereda, en direcci&oacute;n opuesta. Estaba paseando a su perro. Creo que era una cruza de pitbull con alguna otra raza. El animal era negro, delgado, pero fornido. Muy grande, y llevaba bozal. Mario pas&oacute; al lado nuestro. El perro gru&ntilde;&oacute; y se nos fue al humo. El vecino tard&oacute;, quiz&aacute;s a prop&oacute;sito, en controlar a su animal. El perro se me tir&oacute; encima y rasp&oacute; mis brazos con las u&ntilde;as. Si no hubiese tenido el bozal, me habr&iacute;a herido gravemente. Algunas bolsas cayeron al piso.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Por qu&eacute; no ten&eacute;s m&aacute;s cuidado con ese animal? &ndash; le recrimin&eacute;, enojado.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute;? &ndash; dijo el gordo mastod&oacute;ntico, indignado. &ndash; si apenas te toc&oacute;, maric&oacute;n.<\/p>\n<p>Me encar&eacute; a &eacute;l, enojado.<\/p>\n<p>&#8211; Basta Andr&eacute;s. Vamos a casa. &ndash; Me dijo Valeria, agarr&aacute;ndome del hombro.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;No ves que me rasgu&ntilde;&oacute;?, imb&eacute;cil. &ndash; le contest&eacute; a &eacute;l, sin hacer caso a mi mujer, mostr&aacute;ndole la sangre que manaba de mi peque&ntilde;a herida.<\/p>\n<p>Apenas termin&eacute; de hablar, un pu&ntilde;o se estrell&oacute; en mi cara. Ca&iacute; al piso. Qued&eacute; aturdido, las cosas daban vueltas a mi alrededor. Mi boca sab&iacute;a a sangre. El perro se tir&oacute; encima de m&iacute; nuevamente.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Basta! Por favor, dejalo. &ndash; grit&oacute; Valeria.<\/p>\n<p>Mario tir&oacute; de la cadena y el perro qued&oacute; gru&ntilde;&eacute;ndome a unos cent&iacute;metros. Todav&iacute;a en el piso, vi la expresi&oacute;n de l&aacute;stima con que me miraba Valeria.<\/p>\n<p>&#8211; Agradec&eacute; a tu mujer, sino, te cagar&iacute;a a palos. &ndash; dijo con desprecio, y despu&eacute;s, dirigi&eacute;ndose a Valeria, mientras yo me reincorporaba, agreg&oacute;. &ndash; disc&uacute;lpame linda, pero a los salames no los banco.<\/p>\n<p>Hasta ese momento, nunca hab&iacute;a sufrido una humillaci&oacute;n como esa (la humillaci&oacute;n de los relatos vendr&iacute;a despu&eacute;s). En casa, Valeria se mostr&oacute; indignada con el tipo. Repiti&oacute; varias veces que no pod&iacute;a creer que un violento como &eacute;l fuera nuestro vecino. Sugiri&oacute; que hagamos la denuncia policial, pero yo le contest&eacute; que de nada servir&iacute;a. Ni siquiera lo meter&iacute;an preso por algo como eso.<\/p>\n<p>En los d&iacute;as siguientes me cruc&eacute; varias veces con Mario. Me miraba con ojos asesinos, y yo no le pod&iacute;a sostener la mirada.<\/p>\n<p>No hab&iacute;a dudas, Mario era el protagonista de la serie de relatos que mi mujer hab&iacute;a titulado &ldquo;sometida por el enemigo de mi esposo&rdquo;. Nombre morboso si los hay. Otra casa curiosa era que el primer relato hab&iacute;a sido publicado masomenos en la misma fecha en que sucedi&oacute; el incidente. &iquest;tan r&aacute;pido hab&iacute;a cedido mi mujer ante ese tipo despreciable? Se me ocurri&oacute; que quiz&aacute; me traicionaba con &eacute;l incluso antes del altercado. Pero descart&eacute; esa posibilidad, ya que el t&iacute;tulo indicaba que cuando estuvo con &eacute;l ya &eacute;ramos &ldquo;enemigos&rdquo;.<\/p>\n<p>Cliqu&eacute; la pesta&ntilde;a donde estaba el relato.<\/p>\n<p>9<\/p>\n<p>Respir&eacute; hondo. La casa estaba silenciosa y oscura. Lo &uacute;nico que emanaba luz era mi computadora. Creo que era el ambiente adecuado para leer ese relato: rodeado de penumbras. Apenas le&iacute; la primera frase, qued&eacute; totalmente inmerso en la historia. Efectivamente, era el odioso Mario el responsable de que mi esposa haya escrito cuatro relatos en su honor. &iquest;Qu&eacute; ten&iacute;a de diferente de sus otros amantes? Pronto lo descubrir&iacute;a.<\/p>\n<p>Sometida por el enemigo de mi esposo, parte 1<\/p>\n<p>Al final mi vecino consigui&oacute; lo que tanto anhelaba. Siempre me dije, y tambi&eacute;n lo dije en algunos relatos, -ustedes est&aacute;n de testigos- que nunca me entregar&iacute;a a alguien que no desease. Yo decido con quien me acuesto, y en qu&eacute; momento cortar la relaci&oacute;n. Pero a veces la vida te da sorpresas, y eso fue lo que me pas&oacute; antes de ayer.<\/p>\n<p>Ya mencion&eacute; a Mario en otros relatos. Es un hombre que vive a unas cuadras de mi hogar. Siempre tengo que pasar por su casa cuando hago las compras del supermercado, y &eacute;l siempre est&aacute; en el patio delantero de su casa, tomando mate. Al principio s&oacute;lo me miraba libidinosamente. Despu&eacute;s empez&oacute; a saludarme. Yo le devolv&iacute;a un corto &ldquo;hola&rdquo;, y continuaba mi camino mientras &eacute;l me segu&iacute;a con la mirada.<\/p>\n<p>Pero desde hace un par de meses, se puso mas intenso. Me empez&oacute; a decir cosas como &ldquo;que linda est&aacute;s beb&eacute;&rdquo;, y de a poco, se fue tomando mayores libertades. &ldquo;Qu&eacute; lindo te queda ese shortcito&rdquo;, &ldquo;Un d&iacute;a de estos te voy a invitar a salir&rdquo;, &ldquo;Mamaza, vos con esas curvas, y yo sin frenos&rdquo;, y ese tipo de estupideces que no calientan a ninguna mujer.<\/p>\n<p>Le quit&eacute; el saludo, y cada vez que cruzaba por su casa, y escuchaba lo que me dec&iacute;a, fing&iacute;a que no lo o&iacute;a. Pero tampoco me molest&eacute; en cruzarme de vereda, o de cambiar de camino. Se entabl&oacute; entre nosotros un juego morboso. Durante esos segundos en que yo pasaba frente a su casa, ten&iacute;amos una intimidad &uacute;nica. Como saben, me gusta calentar a los hombres. Me gusta volverlos locos. Mario no me atra&iacute;a ni un poquito, pero me gustaba que cada vez que me ve&iacute;a se volv&iacute;a un primate descerebrado.<\/p>\n<p>Pens&eacute; que &eacute;l entend&iacute;a el juego. Que sabia que lo nuestro no pasaba de un histeriqueo. Yo fing&iacute;a ignorarlo, pero pasaba todos los d&iacute;as a recibir sus guarangadas. Pens&eacute; que, al ser un hombre mayor, y enorme como un ropero, entend&iacute;a que una mujer como yo nunca se interesar&iacute;a realmente por &eacute;l. Pero estaba equivocada.<\/p>\n<p>Ahora las frases eran del tipo &ldquo;Que lindo vestido te pusiste, como me gustar&iacute;a arranc&aacute;rtelo con los dientes&rdquo;, &ldquo;No sab&eacute;s las cosas que te har&iacute;a, putita&rdquo;, &ldquo;qu&eacute; trolita divina sos&rdquo;, y cosas por el estilo.<\/p>\n<p>La cosa ya se me estaba yendo de las manos. As&iacute; que decid&iacute;, ahora s&iacute;, cruzarme de vereda. Pero Mario comenz&oacute; a pasear al perro a la hora en que yo pasaba con las compras. Y siempre se pon&iacute;a en mi camino, y me susurraba cosas. Varias veces me sent&iacute; expuesta frente a alg&uacute;n vecino que tambi&eacute;n andaba caminando por ah&iacute;.<\/p>\n<p>Cambi&eacute; de horarios para salir a comprar. Y en lugar de hacerlo todos los d&iacute;as, iba lo menos posible. Pero Mario siempre me encontraba. Se estaba obsesionando conmigo, me estaba acechando. Le gustaba decirme putita. Esa palabra era su favorita.<\/p>\n<p>Pens&eacute; en dec&iacute;rselo a Andr&eacute;s. Despu&eacute;s de todo, no hab&iacute;a nada entre Mario y yo. No necesitaba ocult&aacute;rselo. Pero mi marido es muy fr&aacute;gil. No solo f&iacute;sicamente, sino tambi&eacute;n mentalmente. No sabr&iacute;a c&oacute;mo lidiar con un tipo que insulta y le dice cosas obscenas a su mujer. Probablemente buscar&iacute;a una manera de no hacer nada. Es tan pusil&aacute;nime el pobre.<\/p>\n<p>Me promet&iacute; hablar con Mario, aclararle que no ten&iacute;a ning&uacute;n inter&eacute;s en &eacute;l, y rogarle que me deje en paz. Pero el domingo pas&oacute; algo: Ten&iacute;amos que hacer algunas compras. Le ped&iacute; a Andr&eacute;s que fu&eacute;ramos en su auto, pero &eacute;l se encaprich&oacute; con que quer&iacute;a caminar. S&oacute;lo eran unas cuadras, y no ten&iacute;amos que llevar muchas cosas, no hac&iacute;a falta el auto, dijo.<\/p>\n<p>Cuando volv&iacute;amos, Mario estaba paseando al perro. Nunca me hab&iacute;a dicho nada mientras yo estaba con Andr&eacute;s, pero como hace rato intentaba esquivarlo, pens&eacute; que quiz&aacute; estaba ofendido, y que esta vez no tendr&iacute;a reparos en decirme alguna obscenidad frente a mi marido. Pero no fue eso lo que sucedi&oacute;. El perro de Mario atac&oacute; a Andr&eacute;s. Yo vi c&oacute;mo ese maldito acosador solt&oacute; de la cadena para que el animal se tire encima de mi marido.<\/p>\n<p>Andr&eacute;s se enfureci&oacute;. Me gusto verlo, al fin, con car&aacute;cter. Le dijo a Mario que por qu&eacute; no andaba con m&aacute;s cuidado. El vecino se burl&oacute; de &eacute;l. Yo not&eacute; la expresi&oacute;n violenta en su mirada. Andr&eacute;s le recrimin&oacute; la herida que ten&iacute;a en el brazo, y Mario le estamp&oacute; una pi&ntilde;a que incluso me duele a m&iacute; de s&oacute;lo recordarla. Le rogu&eacute; a Mario que lo deje en paz. Andr&eacute;s me miraba desde el piso, con la pat&eacute;tica mirada del hombre derrotado.<\/p>\n<p>Durante varios d&iacute;as, la cosa estuvo tensa en casa. A Andr&eacute;s le dur&oacute; varios d&iacute;as las secuelas f&iacute;sicas de la agresi&oacute;n. Se tom&oacute; unos d&iacute;as de licencia laboral. Tuve que soportar verlo con su hombr&iacute;a por el piso, merodeando por la casa como si fuese un fantasma. Trat&eacute; de animarlo. Le hac&iacute;a chistes tontos para sacarle una sonrisa, le hablaba mal del vecino, y dejaba en claro que cualquier hombre caer&iacute;a al piso al recibir una pi&ntilde;a de un gorila como Mario. Y me ocup&eacute; de complacerlo en la cama, cosa de la que no me ocupaba con ese esmero desde hace a&ntilde;os. Incluso cuando se mostraba desganado, yo le dec&iacute;a que se relaje, que solo se acueste, que &eacute;l no deb&iacute;a hacer nada. Y entonces le hac&iacute;a un rico pete.<\/p>\n<p>Esquivamos la casa de Mario. En ese par de d&iacute;as evitamos hacer compras, y cuando nos faltaba algo, &iacute;bamos al almac&eacute;n que queda en direcci&oacute;n contraria al supermercado. Algunos vecinos hab&iacute;an presenciado la situaci&oacute;n ocurrida el domingo, y se solidarizaron con Andr&eacute;s, y le sugirieron que se olvide del asunto, y que evite cruzarse con Mario, porque en el barrio se sab&iacute;a que era un tipo peligroso, que andaba en negocios turbios.<\/p>\n<p>Saber que todos tem&iacute;an a Mario levant&oacute; un poco el &aacute;nimo de mi esposo. Al fin y al cabo, &eacute;l le hizo frente, cosa que pocos se animaban a hacer. Volvi&oacute; al trabajo, para mi tranquilidad, no sin estar algo preocupado, porque tem&iacute;a que me pasase algo si me cruzaba con el orangut&aacute;n del vecino. Pero lo convenc&iacute; de que nada pasar&iacute;a. Al fin y al cabo, a pesar de lo violento de la situaci&oacute;n, a m&iacute; no me hab&iacute;a hecho nada, su encono era s&oacute;lo con Andr&eacute;s.<\/p>\n<p>Todo lo que relat&eacute; en las l&iacute;neas anteriores, no es m&aacute;s que una introducci&oacute;n. La verdadera historia comenz&oacute;, como adelant&eacute; en las primeras l&iacute;neas, hace dos d&iacute;as.<\/p>\n<p>Yo me hab&iacute;a quedado sola en casa. Mientras hac&iacute;a tareas dom&eacute;sticas empec&eacute; a preguntarme si lo de Mario quedar&iacute;a ah&iacute;, o la cosa empeorar&iacute;a. El tipo estaba obsesionado conmigo, y ese ataque a mi marido era una muestra de sus celos y envidia. Tem&iacute; por mi pareja, como nunca. Si Mario descargaba su frustraci&oacute;n por no tenerme, hacia &eacute;l, las cosas pod&iacute;an terminar mal. Ahora que me enteraba de que el tipo no s&oacute;lo era una bestia violenta, sino que andaba en negocios ilegales, entend&iacute;a que era mucho m&aacute;s peligroso de lo que imaginaba. Hace mucho que no me sent&iacute;a unida a Andr&eacute;s, pero un sentimiento de protecci&oacute;n se despert&oacute; en esos d&iacute;as, cosa que me hizo recordar a nuestros primeros a&ntilde;os de matrimonio, cuando no me molestaba ser yo la que tuviera los pantalones en la casa.<\/p>\n<p>Decid&iacute; que ten&iacute;a que hacer algo al respecto, pero, como muchas otras veces en mi vida, me di cuenta de que me encontraba sola. Si alguno de mis amantes pasajeros fuera polic&iacute;a, o algo por el estilo, podr&iacute;a hacer que le den un escarmiento al gordo maldito. Pero los hombres que pasaban por mi cama eran oficinistas, adolescentes virginales, y hombres a los que no volv&iacute;a a ver. Con mis amigas tampoco pod&iacute;a contar. Cuando les relat&eacute; c&oacute;mo lastimaron a mi marido, se compadecieron de nosotros, y sugirieron que hagamos la denuncia. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;an hacer aparte de eso?<\/p>\n<p>Tom&eacute; una decisi&oacute;n radical. Lo pens&eacute; una y otra vez, pero no encontraba una soluci&oacute;n m&aacute;s efectiva que esa: ten&iacute;a que hablar con Mario.<\/p>\n<p>En Argentina estamos en primavera. El clima es muy agradable, ni calor, ni fr&iacute;o. El cielo estuvo despejado toda la semana, y una brisa tibia ventilaba la casa. Dej&eacute; los quehaceres dom&eacute;sticos para m&aacute;s tarde. Estaba con un short y una remera, bastante viejitos, para usar entre casa. No pensaba producirme mucho para ir a hablar con esa bestia, pero mi vanidad no me permit&iacute;a salir a la calle, as&iacute; como estaba. Me puse un vestido casual, negro con lunares blancos y un cintur&oacute;n marr&oacute;n en la cintura. Me pein&eacute; un poco y me dej&eacute; el pelo suelto. Y as&iacute; fui con determinaci&oacute;n a ver al enemigo de mi esposo, con la sincera intenci&oacute;n de poner fin a sus delirantes fantas&iacute;as.<\/p>\n<p>Eran las tres de la tarde. Hora de la siesta. Los pocos negocios del barrio estaban cerrados. S&oacute;lo se ve&iacute;an algunos autos circulando por la calle, y hab&iacute;a muy poco movimiento de personas. S&oacute;lo me cruc&eacute; con un par de vecinos. Uno trabajaba en la vereda de la esquina de casa, y otros dormitaban en sillones en el patio delantero de sus respectivos hogares. Llegu&eacute; a la casa de Mario. Esta vez no estaba en el patio, como casi siempre que yo pasaba. Toqu&eacute; el timbre. Mir&eacute; a los lados, a ver si alg&uacute;n vecino era testigo de ese encuentro. Prefer&iacute;a que no haya nadie. As&iacute; no se inventaban historias distorsionadas respecto a ese encuentro. La charla no durar&iacute;a mucho, deb&iacute;a ser concisa.<\/p>\n<p>Mario sali&oacute; con cara de asombro y lascivia. Vest&iacute;a una bermuda negra, y una camisa rayada que ten&iacute;a varios botones desabrochados, y dejaba ver su frondoso vello en el pecho. Ten&iacute;a barba de varios d&iacute;as, que contrastaba con su cabeza completamente calva. Parec&iacute;a un oso, y no precisamente un oso cari&ntilde;oso.<\/p>\n<p>&#8211; Hola putita. &ndash; me salud&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; De eso te quer&iacute;a hablar. &ndash; le dije, y sin dejar que me interrumpa, segu&iacute; diciendo. &ndash; Mir&aacute;, ya s&eacute; que hice mal en no ponerte l&iacute;mites. Pero yo estoy casada, y no quiero nada con vos. Te quiero pedir que por favor dejes en paz a mi marido.<\/p>\n<p>Mir&eacute; a los lados, a ver si alg&uacute;n vecino chusma nos ve&iacute;a. S&oacute;lo pasaron dos autos que no creo que sean de personas conocidas, y en la otra cuadra un ni&ntilde;o jugaba en la vereda, sin prestarnos atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y si digo que no? &ndash; me contest&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>&#8211; Mi marido no te hizo nada. Por favor no le hagas nada.<\/p>\n<p>Mario solt&oacute; una carcajada.<\/p>\n<p>&#8211; Qu&eacute; pollerudo tu maridito. Mandando a su mujer.<\/p>\n<p>&#8211; &Eacute;l no me mand&oacute;. No sabe que estoy ac&aacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Hay muchas cosas que tu marido no sabe. &ndash; Me contest&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;C&oacute;mo? &iquest;Qu&eacute; dec&iacute;s? Vos no sab&eacute;s nada de m&iacute;. Y ya me tengo que ir. &iquest;Vas a dejar de molestarnos? Te lo estoy pidiendo por favor.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Te pens&aacute;s que no conozco a las putitas como vos? No tengo cincuenta a&ntilde;os al pedo. &ndash; me dijo. Y viendo que yo, mientras lo escuchaba, miraba a un lado y a otro, agreg&oacute;. &#8211; &iquest;Qu&eacute; pasa, est&aacute;s preocupada porque alguien te vea ac&aacute;? El barrio ya te conoce.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute; mierda est&aacute;s diciendo? &ndash; dije, exaltada, pero sin levantar la voz.<\/p>\n<p>&#8211; Todos los d&iacute;as te veo pasando por ac&aacute;, meneando el culo para que te mire. Y cuando te digo cosas sonre&iacute;s como la puta que sos.<\/p>\n<p>&#8211; Qu&eacute; dec&iacute;s. Est&aacute;s delirando. Y basta de decirme puta. &ndash; dije indignada. &ndash; ya me tengo que ir.<\/p>\n<p>&#8211; Conozco a las trolitas como vos. Trat&eacute; con muchas en mi vida. Te veo salir sola por las noches. Te veo volver tarde sin el cornudo de tu marido. Todos saben c&oacute;mo sos. Salvo tu marido. Como dicen, el cornudo es el &uacute;ltimo en enterarse.<\/p>\n<p>&#8211; No ten&eacute;s idea de lo que dec&iacute;s. Veo que vine hasta ac&aacute; al pedo. &ndash; dije, sintiendo c&oacute;mo la preocupaci&oacute;n aumentaba en mi interior. Nunca fui muy cuidadosa con mis infidelidades, pero no ten&iacute;a idea de que ya me hab&iacute;a ganado el t&iacute;tulo de la puta del barrio.<\/p>\n<p>Mario abri&oacute; el port&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Entr&aacute;. &ndash; me orden&oacute;.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute;? &ndash; dije, asustada.<\/p>\n<p>&#8211; Si no entr&aacute;s te voy a meter a rastras.<\/p>\n<p>&#8211; No voy a entrar. Yo s&oacute;lo vine a decirte&hellip;<\/p>\n<p>&#8211; Los dos sabemos a qu&eacute; viniste. &ndash; dijo, agarr&oacute; mi mu&ntilde;eca y me meti&oacute; adentro.<\/p>\n<p>&#8211; Soltame, me est&aacute;s lastimando. &ndash; le dije. Puso su mano detr&aacute;s de la cintura, y me hizo avanzar a empujones.<\/p>\n<p>&#8211; Dale, grit&aacute;. Grit&aacute; para que todos te escuchen.<\/p>\n<p>Durante algunos segundos titube&eacute;. Mir&eacute; a todos lados, esta vez esperando que s&iacute; haya un vecino mirando la escena. Pero no encontr&eacute; a nadie.<\/p>\n<p>&#8211; No, basta. &ndash; dije en voz alta, pero Mario ya me estaba metiendo en su casa y cerr&oacute; la puerta.<\/p>\n<p>Su enorme mano se cerr&oacute; en mi ment&oacute;n. Y me puso contra la pared.<\/p>\n<p>&#8211; Por favor no me lastimes. &ndash; Rogu&eacute;. Estaba aterrorizada. Pens&eacute; en gritar. Pero recordando el golpe que le hab&iacute;a dado a mi esposo, estaba segura de que me dejar&iacute;a inconsciente en un santiam&eacute;n, apenas levantara la voz. &ndash; Voy a hacer lo que quieras, pero no me lastimes. &ndash; La mand&iacute;bula me dol&iacute;a por la presi&oacute;n de su mano.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Vas a hacer lo que quiera? &iquest;Todo lo que quiera? &ndash; pregunt&oacute; con una sonrisa perversa. Yo asent&iacute; con la cabeza. &ndash; Ven&iacute; para ac&aacute;.<\/p>\n<p>Liber&oacute; mi ment&oacute;n, tom&oacute; mi mano y me arrastr&oacute; hasta su habitaci&oacute;n. Me par&eacute; en la esquina del cuarto. Me cruc&eacute; de brazos. Me sent&iacute;a como una nena a punto de recibir una terrible reprimenda. Me daba cuenta de que ya no hab&iacute;a marcha atr&aacute;s. Mario tapaba la puerta con su monumental cuerpo. Fue un error ir hasta su casa sola. Probablemente el mayor error de mi vida.<\/p>\n<p>&#8211; Sacate el vestido. &ndash; me orden&oacute;.<\/p>\n<p>Yo retroced&iacute;, pero solo me encontr&eacute; con la dura pared.<\/p>\n<p>&#8211; Si no te lo sac&aacute;s, te lo voy a arrancar y lo voy a hacer hilachas. &ndash; dijo.<\/p>\n<p>Desabroch&eacute; el cintur&oacute;n del vestido. Mario se lam&iacute;a el labio superior y se acariciaba el pene. Agarr&eacute; la parte inferior del vestido, y haciendo un movimiento hacia arriba, me lo saqu&eacute;.<\/p>\n<p>S&oacute;lo vest&iacute;a ropa interior blanca.<\/p>\n<p>Mario se acerc&oacute; con pasos lentos. Extendi&oacute; su mano, y acarici&oacute; con ternura mi mejilla. El tacto era &aacute;spero.<\/p>\n<p>&#8211; Sos muy hermosa. -me dijo.<\/p>\n<p>Yo mir&eacute; al costado. No quer&iacute;a verlo a &eacute;l. Pero me hizo girar el rostro, y nuestras miradas se encontraron.<\/p>\n<p>&#8211; Sos una puta muy hermosa.<\/p>\n<p>Con su otra mano agarr&oacute; el el&aacute;stico de la bombacha, y tir&oacute; para abajo. Me la baj&oacute; hasta los talones, sin tocarme. Despu&eacute;s me sac&oacute; el corpi&ntilde;o. Me agarr&oacute; de la cintura, y me levant&oacute; con incre&iacute;ble facilidad. Camin&oacute; unos pasos hacia la cama, conmigo a cuestas, y me tir&oacute; sobre el colch&oacute;n. Qued&eacute; acostada boca arriba, completamente desnuda.<\/p>\n<p>&Eacute;l se quit&oacute; la camisa. Su torso y su abdomen estaban llenos de un horrible vello negro. Parec&iacute;a una bestia. Y yo, la bella joven que hab&iacute;a ca&iacute;do en sus garras. Se sac&oacute; las zapatillas y la bermuda. En su entrepierna colgaba una enorme verga, y dos grandes test&iacute;culos con abundante vello.<\/p>\n<p>Ya perd&iacute; la cuenta de cu&aacute;ntas pijas entraron en mi cuerpo. Pero estoy segura de que ninguna era tan impresionante como la de Mario. Larga y gruesa como una anaconda. Sent&iacute; tanta curiosidad como pavor cuando la vi. Y el hecho de que todav&iacute;a no estaba totalmente erecta, no era un detalle menor.<\/p>\n<p>Me agarr&oacute; de los talones y me arrastr&oacute; hasta el borde de la cama. &Eacute;l se arrodill&oacute;. lami&oacute; mis piernas. Sent&iacute; la aspereza de su barba en mi piel. Su lengua subi&oacute; lentamente, dejando un camino de baba a su paso. Cuando lleg&oacute; a la parte interna de mis muslos, mi cuerpo empez&oacute; a reaccionar a sus caricias linguales. Es que no soy de palo lectores. Como dicen, el diablo sabe mucho, pero sabe m&aacute;s por viejo que por diablo. Y este viejo diablo sab&iacute;a chupar una concha.<\/p>\n<p>Cuando se dio cuenta de que mi cuerpo estaba estimul&aacute;ndose, aument&oacute; la intensidad. Lami&oacute; los labios vaginales, haciendo un ruido escandaloso cuando sus labios y su lengua se frotaban con ellos. Extendi&oacute; su mano y me agarr&oacute; de las tetas. Mis pechos, ya de por s&iacute; peque&ntilde;os, parec&iacute;an diminutos mientras esos dedos grandes se frotaban en ellos. Tambi&eacute;n me hac&iacute;a un delicioso masaje en el abdomen, mientras comenzaba a jugar con mi cl&iacute;toris.<\/p>\n<p>Lo frotaba con intensidad, y cada tanto, lo apretaba con sus labios. Mario es muy paciente. Habr&aacute; estado con el rostro hundido entre mis piernas durante, al menos, veinte minutos.<\/p>\n<p>Cuando sal&iacute; de casa, dispuesta a poner fin con la obsesi&oacute;n de Mario por mi persona, y con su encono hacia Andr&eacute;s, no hubiese imaginado que un rato despu&eacute;s estar&iacute;a en pelotas, en su cama, recibiendo el mejor sexo oral de mi vida. Sent&iacute; c&oacute;mo mis m&uacute;sculos se contra&iacute;an. Mis manos, en forma de garras, se aferraron a las s&aacute;banas, y mi entrepierna, incendiada, explot&oacute; en un maravilloso orgasmo.<\/p>\n<p>Qued&eacute; agitada, casi desmayada, y mi cuerpo hac&iacute;a involuntarios movimientos espasm&oacute;dicos.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Te gust&oacute; putita? Yo sab&iacute;a que te iba a gustar. &ndash; dijo Mario.<\/p>\n<p>El pesa m&aacute;s de cien quilos, y yo no llego a los cincuenta. As&iacute; que imaginen lo que fue ver su cuerpo de bestia salvaje subir a la cama, y ponerse encima de m&iacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Ahora te voy a ense&ntilde;ar lo que es coger. &ndash; susurr&oacute;.<\/p>\n<p>Abr&iacute; las piernas todo lo que pude. Su est&oacute;mago se apretaba sobre m&iacute;, pero con un brazo extendido y apoyado en el colch&oacute;n, como si fuese un pilar que sosten&iacute;a una estructura inmensa, evitaba cargar todo el peso de su cuerpo sobre el m&iacute;o. Con la otra mano me agarr&oacute; del ment&oacute;n y me oblig&oacute;, otra vez, a mirarlo a los ojos. Un dedo se meti&oacute; en mi boca, y yo lo chup&eacute;. Empuj&oacute; su pelvis hacia adelante, e introdujo los primeros cent&iacute;metros de su sexo.<\/p>\n<p>&#8211; Por favor, despacito. &ndash; le ped&iacute;, mientras sent&iacute;a c&oacute;mo se introduc&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s en m&iacute;.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Te gusta as&iacute;, putita?<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;. &ndash; contest&eacute; sinceramente.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;La quer&eacute;s m&aacute;s adentro?<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, pero despacito. &ndash; le ped&iacute;.<\/p>\n<p>La verga de caballo se met&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s adentro. Yo gem&iacute;a de placer. Ya no me molestaba ocultar que disfrutaba de esa hermosa pija. No usaba preservativos, y yo no me anim&eacute; a pedirle que se ponga uno. Adem&aacute;s, la sensaci&oacute;n que me produc&iacute;a la piel desnuda frot&aacute;ndose con mis paredes vaginales, era sensacional. A pesar de su f&iacute;sico, Mario ten&iacute;a mucha energ&iacute;a y vitalidad. Mi cuerpo se sacudi&oacute; por mucho tiempo, mientras me penetraba, ahora ya con salvajismo, una y otra vez. Sent&iacute; sus vellos p&uacute;bicos haciendo contacto con mi piel, cuando su miembro ya estaba completamente adentro. Los resortes del colch&oacute;n chirriaban. Mario retir&oacute; su verga lentamente, y eyacul&oacute; una incre&iacute;ble cantidad de semen sobre mi cuerpo, mach&aacute;ndome desde el ombligo hasta la cara.<\/p>\n<p>&#8211; As&iacute; te quer&iacute;a ver, putita. &ndash; dijo, totalmente agitado. &ndash; ba&ntilde;ada con mi leche.<\/p>\n<p>&#8211; En un rato tengo que volver a casa. &ndash; dije. &ndash; ya tuviste lo que quer&iacute;as. Dejame irme.<\/p>\n<p>Me agarr&oacute; del cuello.<\/p>\n<p>&#8211; No te hagas la est&uacute;pida. &ndash; grit&oacute;. &ndash; S&eacute; muy bien que te gust&oacute;. &iquest;Cu&aacute;nto tiempo tenemos?<\/p>\n<p>&#8211; Mi marido llega a las cinco. Pero tengo que irme antes. Acordate que a esa hora los chicos empiezan a salir de la escuela, y el barrio se llena de gente. Por favor, Mario, s&eacute; m&aacute;s razonable. Ya te di lo que quer&iacute;as. Adem&aacute;s&hellip;<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Adem&aacute;s qu&eacute;?<\/p>\n<p>&#8211; Adem&aacute;s&hellip; podemos vernos otro d&iacute;a. &ndash; dije. &#8211; &iquest;me dejar limpiarme e irme? Por favor. &ndash; supliqu&eacute;.<\/p>\n<p>Me llev&oacute; al ba&ntilde;o. Abri&oacute; la llave de la ducha. Me lav&eacute; en cada parte donde ten&iacute;a semen, intentando no mojarme el pelo. &Eacute;l me pasaba jab&oacute;n por la espalda y las nalgas.<\/p>\n<p>&#8211; Enjuagame la pija. &ndash; me orden&oacute;.<\/p>\n<p>Me di vuelta. Su pene estaba lleno de espuma. Me hice a un costado. Puso su enorme miembro bajo el chorro de agua. Lo frot&eacute;, sintiendo c&oacute;mo se endurec&iacute;a de nuevo. Sin que me lo ordenara, comenc&eacute; a masturbarlo, mientras acariciaba sus enormes bolas peludas.<\/p>\n<p>&#8211; As&iacute; me gusta trolita.<\/p>\n<p>Lo frot&eacute; con intensidad. En unos minutos larg&oacute; dos chorros de semen que cayeron al piso, y fueron hasta la rejilla, empujados por el agua.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Te fij&aacute;s que no pase ning&uacute;n vecino? &ndash; le dije, mientras me pon&iacute;a el vestido.<\/p>\n<p>Inesperadamente, me agarr&oacute; nuevamente del cuello.<\/p>\n<p>&#8211; Conmigo no vas a jugar. A partir de ahora sos mi puta. &iexcl;Decilo!<\/p>\n<p>&#8211; Soy tu puta. &ndash; afirm&eacute;.<\/p>\n<p>&#8211; Anotame tu tel&eacute;fono, y si tard&aacute;s en contestar, te juro que a tu marido le rompo todos los huesos.<\/p>\n<p>Se lo anot&eacute;, sin molestarme en inventar uno falso, por temor a represalias. &Eacute;l sali&oacute; primero, y se asegur&oacute; de que no hab&iacute;a moros en la costa.<\/p>\n<p>&#8211; Dale Sali. &ndash; dijo.<\/p>\n<p>Camin&eacute; velozmente. Cruc&eacute; el port&oacute;n, con la cabeza gacha. Reci&eacute;n cuando llegu&eacute; a la esquina levant&eacute; la cabeza. No vi a nadie en la calle. Nadie era testigo de que entr&eacute; a su casa, y sal&iacute; una hora y media despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Los d&iacute;as siguientes pens&eacute; en c&oacute;mo me lo sacar&iacute;a de encima. Hoy me lleg&oacute; un mensaje suyo. Intent&eacute; esquivarlo, aduciendo que era demasiado peligroso vernos de nuevo en su casa. Me contest&oacute; que ten&iacute;a un departamento en el centro.<\/p>\n<p>Todav&iacute;a estoy pensando en qu&eacute; excusas poner, pero no se me ocurre ninguna.<\/p>\n<p>10<\/p>\n<p>Me gener&oacute; cierto sentimiento de revancha, saber que Valeria, por jugar con fuego, hab&iacute;a terminado quemada. Tanto histeriqueo con Mario, culminaron en un castigo de parte del s&aacute;dico vecino. Sin embargo, la muy puta de mi mujer lo termin&oacute; disfrutando (Es la primera ve que le digo puta &iquest;verdad?). Adem&aacute;s, al terminar de leer el relato, no pude evitar pensar que todo lo sucedido con Mario, fue planeado minuciosamente por ella.<\/p>\n<p>El provocarlo sutilmente, pasando todos los d&iacute;as frente a su casa en los mismos horarios; el guardar silencio cada vez que le dec&iacute;a guarangadas; y el hecho de que me lo ocultase, me hac&iacute;an creer que no estaba errado en mi hip&oacute;tesis. Siempre era Valeria la que provocaba. As&iacute; como lo hizo con el chofer de Uber, con su alumno, y con tantos otros hombres, tambi&eacute;n lo hizo con Mario.<\/p>\n<p>Pero con este &uacute;ltimo la cosa era diferente. Porque su relaci&oacute;n con &eacute;l no era tan desigual como con los otros hombres. No pod&iacute;a deshacerse de &eacute;l con la misma facilidad con la que lo hac&iacute;a con el resto de sus amantes. Mario era violento e impredecible. Y la amenaza que hab&iacute;a hecho hacia mi persona, seguramente era real. En eso tengo que darle algo de cr&eacute;dito a mi mujer. En parte (s&oacute;lo en parte) Hab&iacute;a terminado sometida por &eacute;l, debido a su intenci&oacute;n de protegerme. Y probablemente el hecho de que haya tres relatos m&aacute;s con Mario de protagonista, era porque quer&iacute;a evitar que me rompa los huesos.<\/p>\n<p>O tal vez, simplemente quer&iacute;a tener, nuevamente, la enorme verga de Mario adentro suyo.<\/p>\n<p>No descartemos que ambos motivos sean igualmente v&aacute;lidos. Los hechos suelen ser multicausales. No hab&iacute;a raz&oacute;n para creer que este era diferente. Y ni hablemos de que nada de esto hubiese sucedido si yo estuviese m&aacute;s avispado.<\/p>\n<p>Pens&eacute;, por en&eacute;sima vez, en cu&aacute;ntas cosas suced&iacute;an a mi alrededor sin que yo me percatar de ellas. Ahora las miradas de l&aacute;stima de algunos vecinos, las sonrisas ir&oacute;nicas de otros, adquir&iacute;an un claro significado. En el barrio ya se corr&iacute;a el rumor de que Valeria era una puta, y yo, un cornudo. Y el hecho de que su amante m&aacute;s reciente sea el hombre que me hab&iacute;a humillado en la v&iacute;a p&uacute;blica, frente a la mirada de algunos vecinos, no dejaba de envenenar mi alma.<\/p>\n<p>Le&iacute; los relatos que segu&iacute;an.<\/p>\n<p>Como era de esperar, Valeria no hab&iacute;a encontrado excusas para evitar aquel encuentro en el departamento que Mario ten&iacute;a en el centro. No le fue dif&iacute;cil desentenderse de m&iacute;. Bast&oacute; con que me diga que deb&iacute;a ir a una clase de zumba por la tarde. &iquest;habr&aacute;n sido al menos la mitad de esas clases reales? Vaya uno a saber.<\/p>\n<p>En la parte dos de &ldquo;sometida por el enemigo de mi esposo&rdquo;. Valeria iba hasta el departamento de su nuevo amante. Se puso, por &oacute;rdenes de &eacute;l, la ce&ntilde;ida minifalda negra con la que la hab&iacute;a visto en una ocasi&oacute;n, y una camisa blanca. Le prohibi&oacute; terminantemente ponerse ropa interior abajo, y le exigi&oacute; que se maquille como una puta. Mi esposa debi&oacute; viajar en colectivo durante cuarenta minutos, soportando las miradas libidinosas de decenas de hombres. Lleg&oacute; al edificio. Seg&uacute;n ella, estaba nerviosa, porque Mario le generaba sentimientos muy encontrados. Su aspecto de bestia le daba repulsi&oacute;n, pero su verga superdotada, y su habilidad para el sexo oral, la fascinaban.<\/p>\n<p>Es muy bizarro imaginarme a ambos cuerpos, tan diferentes, unidos y enredados. Eran como un ogro y una princesa de Disney. Un animal repulsivo copulando con un hermoso unicornio. Una morsa apare&aacute;ndose con un cisne.<\/p>\n<p>Mario meti&oacute; la mano por debajo de la minifalda, y se encontr&oacute; con los hermosos gl&uacute;teos desnudos de mi esposa. Los masaje&oacute;, y ante la sorpresa de mi mujer, le orden&oacute; que me llame por tel&eacute;fono. (Ya entender&aacute;n de d&oacute;nde hab&iacute;a sacado la idea &ldquo;L&rdquo; en el primer relato que le&iacute;) Valeria intent&oacute; negarse, pero &eacute;l le record&oacute; que ahora era su putita personal. Entonces me llam&oacute;, mientras la mano rasposa segu&iacute;a escarbando por debajo de la pollera. &ldquo;gordi, &iquest;pod&eacute;s hacer la cena hoy?&rdquo;, dijo Valeria, mientras Mario comenzaba a besar sus muslos. &ldquo;Claro amor, te espero con algo rico, pasala bien&rdquo;, le hab&iacute;a contestado yo. Mario levant&oacute; la minifalda, y le dio una lamida al cl&iacute;toris. Valeria se estremeci&oacute; de placer. &ldquo;Nos vemos en un rato gordi&rdquo;, me dijo, y colg&oacute;.<\/p>\n<p>&Eacute;l afirm&oacute; que nunca hab&iacute;a conocido a alguien tan cornudo como yo, y la felicit&oacute; por ser una puta obediente. Le quit&oacute; la ropa y la cogi&oacute; en el piso. La penetr&oacute; por la vagina, y por la boca, la cual, apenas pod&iacute;a recibir semejante poronga. Luego enterr&oacute; un dedo en su ano, cosa que, a lo largo de nuestros a&ntilde;os de matrimonio, s&oacute;lo se me permiti&oacute; hacer en contadas ocasiones. Ya no quedaban orificios de mi esposa en los que Mario no haya entrado.<\/p>\n<p>La dej&oacute; en paz despu&eacute;s de dos horas. Valeria me tuvo que inventar que hab&iacute;a surgido, en el momento, una cena con las chicas de zumba y que por eso lleg&oacute; tarde. Esa noche durmi&oacute; a mi lado, con su sexo dolorido.<\/p>\n<p>En el tercer relato se ve&iacute;a claramente c&oacute;mo mi mujer hab&iacute;a ca&iacute;do en la sumisi&oacute;n. Aqu&iacute; otra vez me dedica unas cuantas l&iacute;neas debido a que yo no me daba cuenta de qu&eacute; estaba pasando. Mario la hab&iacute;a instado a ir al departamento del centro. En las semanas anteriores Valeria s&iacute; encontr&oacute; excusas para evitarlo. Pero la paciencia de Mario lleg&oacute; enseguida a su l&iacute;mite.<\/p>\n<p>Valeria fue atada de manos y piernas, en la cama. Estaba asustada, porque no sab&iacute;a con qu&eacute; iba a salirle ese animal. Pero por lo visto s&oacute;lo le gustaba verla as&iacute;, a su merced. La posey&oacute; de manera tradicional. Ella, ya sin esperar que se lo ordene, le repiti&oacute; que era su puta, y tambi&eacute;n agreg&oacute; que &eacute;l era mucho m&aacute;s hombre que yo. Lo m&aacute;s interesante del relato fue cuando la oblig&oacute; a tragar su semen, cosa que mi esposa siempre evitaba hacer.<\/p>\n<p>Me estaba dando cuenta de que ahora me tomaba con mucha m&aacute;s naturalidad lo que le&iacute;a. Hac&iacute;a apenas algunas horas me hab&iacute;a abandonado mi mujer, y me hab&iacute;a enterado de que me fue infiel con incontables amantes. Pero ahora quedaba muy poco del espanto inicial.<\/p>\n<p>Le&iacute;, &aacute;vido, la cuarta parte de la serie, y me encontr&eacute; con una historia m&aacute;s interesante que las anteriores.<\/p>\n<p>11<\/p>\n<p>Sometida por el enemigo de mi esposo, parte 4<\/p>\n<p>Lo de Mario se me est&aacute; yendo de las manos. A veces invento excusas para no verlo, pero s&oacute;lo me sirven para dilatar el encuentro por algunos d&iacute;as. Adem&aacute;s, se est&aacute; volviendo m&aacute;s exigente. Ya no se conforma con verme una vez por semana. Para colmo, parece tener tiempo de sobra, y no puedo esperar a tener la suerte de que alguna vez sea &eacute;l el que no pueda asistir a nuestra cita.<\/p>\n<p>En las &uacute;ltimas dos semanas, nos vimos cinco veces en el peque&ntilde;o departamento que tiene en el centro. El vigilante del edificio ya me deja pasar como si fuese una inquilina m&aacute;s. Y me mira con iron&iacute;a. Seguramente cree que soy una puta. Es l&oacute;gico. Qu&eacute; iba a ser una chica de treinta a&ntilde;os, linda, en el departamento de un veterano de cien quilos, durante dos horas. Adem&aacute;s, Mario me ordenaba que me maquille como una prostituta. Era cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil salir de casa, vestida de manera sensual, para luego maquillarme en el colectivo.<\/p>\n<p>Lo m&aacute;s chocante de todo esto es que yo misma me estoy acostumbrando a ser su putita personal. Acato cada orden al pie de la letra, y hasta encuentro algo de placer en sentirme usada como un juguete sexual. Ya no me cuestiono el porqu&eacute;, cada vez que llega la hora de acudir a esa cita, voy a su encuentro como una aut&oacute;mata. Ya ni siquiera necesitaba reiterar la amenaza que pend&iacute;a sobre mi marido.<\/p>\n<p>Salgo con otros hombres para recordar lo que es tener el control, y me escribo con otros para tener opciones. Pero durante una o dos veces a la semana, la mujer libre, que ni siquiera se deja reprimir por las normas morales, ni por el contrato del sagrado matrimonio, se convierte en una esclava. Una esclava sexual.<\/p>\n<p>El jueves recib&iacute; el mensaje de Mario recordandome que a las seis ten&iacute;amos una cita. Me orden&oacute; que me pusiera un diminuto short y un top negro. Y que me atara el pelo en dos trenzas. Deb&iacute;a pintarme los labios de un llamativo color violeta, y la sombra de los ojos ten&iacute;a que hacer combinaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Le ped&iacute; que por favor me deje vestirme as&iacute; en su departamento. Si sal&iacute;a con esa apariencia, sola, a las cinco de la tarde, llamar&iacute;a demasiado la atenci&oacute;n, y las habladur&iacute;as que ya sab&iacute;a que empezaban a correr sobre mi persona, aumentar&iacute;an, e inevitablemente llegar&iacute;an a Andr&eacute;s. Pero &eacute;l fue totalmente inflexible al respecto. Deb&iacute;a llegar as&iacute; a su departamento, y no se hable m&aacute;s. Para algo era su putita.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a el short y el top que deb&iacute;a llevar. Pero el maquillaje deb&iacute;a comprarlo. Hice trampa. no pod&iacute;a andar por el barrio vestida como una puta adolescente. As&iacute; que me puse uno de mis vestiditos, y met&iacute; las prendas que deb&iacute;a usar con Mario en mi cartera. Sali de casa con tiempo y compr&eacute; el labial y la sombra. Cuando estaba a dos cuadras de la direcci&oacute;n de Mario, me met&iacute; en un McDonald. Fui directamente al ba&ntilde;o del primer piso. Me quedaban treinta minutos. Si llegaba tarde Mario me castigar&iacute;a at&aacute;ndome a la cama, y no me dejar&iacute;a ir hasta altas horas de la noche. Me met&iacute; en uno de los cuartitos con inodoro. Me cambi&eacute; en un santiam&eacute;n. Guard&eacute; el vestido en la cartera. Las trenzas me tomaron m&aacute;s tiempo. Deb&iacute; tener paciencia. Despu&eacute;s me pint&eacute; los labios y los ojos frente al espejo.<\/p>\n<p>No hubo hombre que no se diera vuelta a mirarme. Incluso algunos que llevaban de los brazos a sus novias, me observaron idiotizados. Y un mont&oacute;n de bocinas sonaron en la calle. El short apenas cubr&iacute;a mis nalgas, y el top hac&iacute;a lo mismo con mis tetas. La vestimenta generaba la sensaci&oacute;n de desnudez, y el llamativo color de labios y ojos terminaban de lograr que mi apariencia fuese exageradamente llamativa. Si no fuese joven, y no tuviera todas las cosas en su lugar, me ver&iacute;a rid&iacute;cula. Pero, al contrario, todos parec&iacute;an encontrarme fascinante.<\/p>\n<p>El vigilante del edificio tard&oacute; en reconocerme, y cuando por fin me abri&oacute; la puerta dijo &ldquo;que la pases bien&rdquo;, con una sonrisa grotesca en su rostro.<\/p>\n<p>Si bien el vestuario era excesivo, no imagin&eacute; que me esperase una noche muy diferente a las otras. Mario me har&iacute;a desnudarme despacito, me acariciar&iacute;a por todas partes con sus manos callosas. Quiz&aacute; me ordenar&iacute;a que llame a Andr&eacute;s mientras me manoseaba. Me meter&iacute;a la pija y los dedos por todas partes, y si estaba de buen humor, me practicar&iacute;a un delicioso sexo oral. Me obligar&iacute;a a tragarme su semen. Me pondr&iacute;a un cintur&oacute;n en el cuello, atado con una cadena, y me har&iacute;a gatear como una perrita por la casa, hasta que tuviera otra erecci&oacute;n. Yo deber&iacute;a decirle que era su puta, su putita personal, su esclava, su sumisa.<\/p>\n<p>Mario me abri&oacute; la puerta. Me acarici&oacute; el culo mientras entraba. Si bien el departamento estaba silencioso, sent&iacute; el denso humo de cigarrillo. Mario no fumaba.<\/p>\n<p>En la mesa del peque&ntilde;o comedor, hab&iacute;a tres hombres sentados alrededor. En el centro de la mesa, un maso de cartas.<\/p>\n<p>&#8211; Apa, apa, mir&aacute; la que se ten&iacute;a guardada Marito. &ndash; dijo uno de ellos. Un flaco de ojos hundidos, con el pelo rubio pajoso, con algunas canas.<\/p>\n<p>&#8211; Les presento a mi putita. &ndash; dijo Mario.<\/p>\n<p>Todos ten&iacute;an m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os, y rozaban los cincuenta. Los otros dos eran un hombre de anteojos y pelo negro, bien corto, vestido con traje. Y el &uacute;ltimo era un musculoso, pero panz&oacute;n, de remera negra, con aspecto de patovica.<\/p>\n<p>&#8211; Nunca estuve con tantos. &ndash; me quej&eacute;.<\/p>\n<p>Mario me acarici&oacute; la mejilla con indulgencia.<\/p>\n<p>&#8211; S&oacute;lo vas a estar con los ganadores. -dijo.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute;?<\/p>\n<p>&#8211; Lo que escuchaste zorrita. &ndash; dijo el rubio de pelo pajoso.<\/p>\n<p>&#8211; Ven&iacute;. &ndash; dijo Mario. &ndash; vamos a jugar un jueguito.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute; jueguito? &ndash; pregunt&eacute;, intrigada y asustada.<\/p>\n<p>-Eso Mario, &iquest;Qu&eacute; jueguito? &ndash; dijo el hombre de traje.<\/p>\n<p>&#8211; Muy simple. Vamos a tirar las cartas. El primero que saque un doce (un rey), tendr&aacute; derecho a una mamada de mi putita.<\/p>\n<p>Los otros tres festejaron como ni&ntilde;os. Yo estaba parada al lado de Mario, que ya estaba sentado en uno de los extremos de la mesa. Ni siquiera se molestaron en darme un asiento.<\/p>\n<p>&#8211; Esper&aacute; Mario. Entonces al final va a estar con todos. -dijo el de traje. &ndash; &iexcl;si los reyes son cuatro, y nosotros tambi&eacute;n!<\/p>\n<p>&#8211; Nada de eso. S&oacute;lo los primeros dos. Los otros se quedar&aacute;n con las ganas de la mamada, y esperar&aacute;n al siguiente juego.<\/p>\n<p>&#8211; Que tramposo Marito. &#8211; dijo el rubio. &ndash; A vos te la habr&aacute; chupado mil veces, y la pod&eacute;s tener cuando quieras, no deber&iacute;as participar.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Dej&aacute; de quejarte! &iquest;Cu&aacute;ndo vas a tener a una yegua as&iacute; gratis?<\/p>\n<p>&#8211; Tiene raz&oacute;n Mario. &ndash; dijo el de aspecto de patovica. &ndash; Encima que nos entrega este bomb&oacute;n te quej&aacute;s.<\/p>\n<p>&#8211; Vos lo dec&iacute;s porque sos un voyeur y te conform&aacute;s con mirar. &ndash; retruc&oacute; el rubio.<\/p>\n<p>&#8211; Eso no lo niego. &ndash; confeso el patovica.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, basta de discusiones. Empecemos, que a esta putita le encanta la pija. No la hagamos esperar.<\/p>\n<p>No dije nada. Me qued&eacute; ah&iacute; parada, mientras escuchaba sus palabras denigrantes, y se disputaban mi cuerpo como si fuese un trofeo.<\/p>\n<p>&#8211; As&iacute; que est&aacute;s casada. &ndash; dijo el hombre de traje.<\/p>\n<p>Mario empez&oacute; a repartir las cartas lentamente. Me pareci&oacute; rid&iacute;culo el juego. &iquest;por qu&eacute; no me ped&iacute;a que se las chupe a todos y listo? No pod&iacute;a decirle que no. Y no s&oacute;lo debido a mi obediencia. Estaba en un departamento con cuatro hombres. No podr&iacute;a hacer nada para resistirme.<\/p>\n<p>&#8211; Claro que est&aacute; casada, y al cornudo del marido lo desmay&eacute; de una trompada. No tienen idea de lo cag&oacute;n que es.<\/p>\n<p>Los cuatro estallaron en carcajadas, mientras Mario les relataba minuciosamente aquel altercado que dio inicio nuestra s&oacute;rdida relaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Genial. Ven&iacute; ac&aacute; putita.<\/p>\n<p>El hombre de pelo rubio pajoso ten&iacute;a un doce de basto sobre la mesa.<\/p>\n<p>&#8211; Ah&iacute; ten&eacute;s maric&oacute;n. Tato que te quejabas y fuiste el primero en ganar. &ndash; dijo el patovica.<\/p>\n<p>No esper&eacute; a que me lo ordene Mario. Me acerqu&eacute; a ese tipo del que ni siquiera s&eacute; el nombre. &Eacute;l empuj&oacute; la silla para atr&aacute;s para hacer espacio. Me puse en cuclillas, a sus pies, en vez de arrodillarme, para no lastimarme.<\/p>\n<p>&#8211; Hacelo despacio y con cari&ntilde;o zorrita. &ndash; dijo. y dirigi&eacute;ndose al patovica agreg&oacute;. &ndash; ac&aacute; ten&eacute;s, disfrut&aacute; de espect&aacute;culo, degenerado.<\/p>\n<p>&#8211; As&iacute; lo har&eacute;. &ndash; dijo el aludido, poni&eacute;ndose en un lugar donde pod&iacute;a ver todo.<\/p>\n<p>Acarici&eacute; la verga por encima del pantal&oacute;n. Todav&iacute;a no estaba erecta, as&iacute; que lo masaje&eacute; hasta sentirla dura. Despu&eacute;s corr&iacute; el cierre del pantal&oacute;n, y delicadamente, saqu&eacute; el miembro, y me lo llev&eacute; a la boca.<\/p>\n<p>&#8211; Esta zorrita sabe lo que hace. &ndash; dijo, sintiendo c&oacute;mo lo pajeaba mientras mi lengua devoraba la cabeza del pene.<\/p>\n<p>Su miembro era normal, pero parec&iacute;a peque&ntilde;o al lado de la tremenda pija de Mario, de la que ya estaba acostumbrada. El rubio me agarr&oacute; de las trenzas, y empez&oacute; a hacer movimientos p&eacute;lvicos, logrando que me trague toda su verga, y que su pelvis peluda choque con mi cara una y otra vez. Trat&eacute; de sac&aacute;rmelo de encima cuando supuse que ya iba a acabar. Pero me agarr&oacute; de la nuca, y eyacul&oacute; adentro. El semen impact&oacute; en mi garganta. Me hizo toser y escupirlo en el suelo.<\/p>\n<p>&#8211; Que puerquita hermosa. &ndash; dijo el maldito.<\/p>\n<p>Mientras se disputaban quien ser&iacute;a el pr&oacute;ximo en meterme la verga en la boca, me puse a limpiar el enchastre que hice.<\/p>\n<p>El siguiente a quien deb&iacute;a mamar era al hombre de traje.<\/p>\n<p>Este era m&aacute;s educado, y dejaba que yo haga todo el trabajo, sin obligarme a trag&aacute;rmela entera. Me acariciaba la mejilla con ternura, y me repet&iacute;a una y otra vez que soy hermosa, entre jadeos.<\/p>\n<p>Cuando me dijo que ya no aguantaba m&aacute;s, lo masturb&eacute; fren&eacute;ticamente y lo hice acabar en mi cara.<\/p>\n<p>&#8211; Hey, no te vayas a enamorar amigo. &ndash; le dijo el rubio, y todos rieron.<\/p>\n<p>Fui al ba&ntilde;o a limpiarme la cara. Cuando regres&eacute;, Mario explicaba el siguiente juego.<\/p>\n<p>&#8211; Ahora voy a tirar una ronda de cartas. S&oacute;lo uno para cada uno. El que saque la carta m&aacute;s alta tendr&aacute; derecho a ordenarle a mi putita que se saque una prenda. El que le quite la &uacute;ltima, podr&aacute; cog&eacute;rsela, pero tendr&aacute; que hacerlo ac&aacute;, en frente de todos.<\/p>\n<p>&#8211; Pero Mario, &iquest;las zapatillas cuentan como una sola prenda o dos? &#8211; pregunt&oacute; el de traje.<\/p>\n<p>&#8211; Como una sola.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y los ases le ganan a todas las dem&aacute;s? &ndash; dijo el rubio.<\/p>\n<p>&#8211; Claro que s&iacute;. Y si hay empate, se desempata entre los ganadores. &iquest;Queda claro?<\/p>\n<p>En la primera ronda, al rubio le toc&oacute; un once que nadie pudo superar.<\/p>\n<p>&#8211; A ver zorrita, empecemos por lo m&aacute;s aburrido. Chau zapatillas.<\/p>\n<p>Me las saqu&eacute;. No iba a pasar mucho tiempo para que culmine el juego. Solo vest&iacute;a el short, la tanga y el top. Mario fue el siguiente en ganar, y me orden&oacute; que me saque el top.<\/p>\n<p>&#8211; Mir&aacute; que lindas tetitas tiene la zorra. &ndash; dijo el rubio.<\/p>\n<p>&#8211; Ya ven que mis putas no son cualquier cosa. &ndash; se regode&oacute; Mario. &ndash; Carne de primera calidad.<\/p>\n<p>&#8211; bajate despacito el short. &ndash; dijo el patovica, que acababa de ganar la tercera apuesta. &ndash; date vuelta y menea el culo mientras los hac&eacute;s. &ndash; agreg&oacute;.<\/p>\n<p>As&iacute; lo hice, y recib&iacute; los chiflidos del rubio, Mario, y el propio patovica. El &uacute;nico que no se comportaba como un infradotado cunado estaba frente a una mujer semidesnuda, era el de traje.<\/p>\n<p>Jugaron la &uacute;ltima ronda. Mario y el patovica empataron.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Hace falta que desempatemos Marito? &ndash; Dijo este &uacute;ltimo. &ndash; si vos la ten&eacute;s siempre. Dej&aacute;mela a m&iacute;. No vaya a ser cosa que me vaya de ac&aacute; sin ganar nada.<\/p>\n<p>&#8211; Qu&eacute; maric&oacute;n. Te parec&eacute;s a uno que ya sab&eacute;s. &ndash; dijo Mario, se&ntilde;alando con la vista al rubio. &ndash; si perd&eacute;s ya vas a tener tu oportunidad, m&aacute;s adelante. Ac&aacute; van las cartas.<\/p>\n<p>Mario sac&oacute; un cuatro, y el patovica un seis.<\/p>\n<p>&#8211; Ven&iacute; para ac&aacute; beb&eacute;. &ndash; dijo el ganador.<\/p>\n<p>Me inclin&eacute; delante de &eacute;l y apoy&eacute; el torso sobre la mesa. El patovica me arranc&oacute; la tanga y la hizo hilachas. No me importaba. En la cartera ten&iacute;a otra, y Mario, a diferencia de Andr&eacute;s, no ten&iacute;a problemas en comprarme ropa interior.<\/p>\n<p>Se moj&oacute; la mano, y me la meti&oacute; en la concha.<\/p>\n<p>&#8211; Ya est&aacute; mojada la putita. &ndash; dijo, cosa que era cierto.<\/p>\n<p>Me agarr&oacute; de las caderas y me la meti&oacute;, despacito. Los otros tres no se perd&iacute;an detalle de la escena. Ten&iacute;a mucha fuerza en las piernas. Cunado ya estaba dilatada, empez&oacute; a moverse con mas velocidad. La mesa empez&oacute; a arrastrarse hacia adelante mientras me cog&iacute;a. Cerr&eacute; los ojos, deseando que esa noche no sea tan larga como me lo imaginaba. Le hab&iacute;a escrito a Andr&eacute;s que llegar&iacute;a tarde, como tantas otras veces. Pero no quer&iacute;a aparecer en casa a las dos de la ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>El patovica retir&oacute; su miembro, se sac&oacute; el preservativo, y eyacul&oacute; en mis nalgas.<\/p>\n<p>El hombre de traje tuvo la gentileza de entregarme un pa&ntilde;uelo descartable para limpiarme.<\/p>\n<p>&#8211; Muy bien, ya nadie se puede quejar. Todos tuvieron algo de mi putita. &ndash; exclam&oacute; Mario.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Ya se terminaron los juegos?<\/p>\n<p>&#8211; Nada de eso. Falta un &uacute;ltimo juego. Vamos al living &ndash; dijo. yo los segu&iacute;, desnuda.<\/p>\n<p>Mario sac&oacute; de un caj&oacute;n una cajita con cuatro dvds.<\/p>\n<p>&#8211; Mir&aacute; putita. &ndash; dijo, dirigi&eacute;ndose a m&iacute;. &#8211; Ac&aacute; hay cuatro pel&iacute;culas diferentes. S&oacute;lo ten&eacute;s que elegir una. El juego es muy simple, vos vas a tener que hacer lo que haga la actriz de la pel&iacute;cula que elijas. Y tambi&eacute;n vas a elegir qui&eacute;nes de nosotros har&aacute;n el papel de los hombres de la pel&iacute;cula. Si ten&eacute;s suerte, s&oacute;lo vas a tener que hacer un par de petes. Si no la ten&eacute;s, vas a tener que lidiar con cuatro pijas a la vez.<\/p>\n<p>&#8211; Qu&eacute; buena idea Marito. &ndash; dijo el patovica.<\/p>\n<p>&#8211; Me imagino que hay al menos una pel&iacute;cula donde le hacen una penetraci&oacute;n anal y vaginal, mientras uno se la mete por la boca, y el otro es masturbado por la misma chica. &ndash; fantase&oacute; el rubio. &ndash; Ojal&aacute; que toque una pel&iacute;cula as&iacute;.<\/p>\n<p>Eleg&iacute; un video al azar, sin pensarlo mucho. El morbo que le generaba a ellos esos jueguitos, a m&iacute; me resultaba aburrido.<\/p>\n<p>Mario puso un video. En la pantalla apareci&oacute; una chica, mucho m&aacute;s joven que yo, completamente desnuda, arrodillada en el piso. De repente, aparecieron en escena cuatro hombres desnudos. La rodearon. Sus vergas estaban erectas, y se acercaban a ella. La chica empez&oacute; a chuparlas, una por una. Mientras que con las manos masturbaba a otros dos.<\/p>\n<p>&#8211; Fijate que no usa las manos con el que se la est&aacute; chupando. &ndash; dijo Mario.<\/p>\n<p>Yo asent&iacute; con la cabeza.<\/p>\n<p>&#8211; Y cambia a cada rato de pija. -dijo el patovica.<\/p>\n<p>Era cierto. S&oacute;lo estaba unos segundos con el miembro en su boca, y enseguida cambiaba de hombre. Los otros giraban a su alrededor, para cambiar de turno.<\/p>\n<p>Mario adelant&oacute; el video, y se vio c&oacute;mo los cuatro hombres eyacularon en su cara, dej&aacute;ndola repleta de semen.<\/p>\n<p>&#8211; Considerate afortunada. Este no es el m&aacute;s dif&iacute;cil. &ndash; Aclar&oacute; Mario. Yo supuse que ten&iacute;a raz&oacute;n. El m&aacute;s dif&iacute;cil seguramente era uno muy similar al que describi&oacute; el rubio.<\/p>\n<p>Mario tuvo la gentileza de poner un almohad&oacute;n en el piso, para que me arrodille sobre &eacute;l. No era necesario elegir al &ldquo;actor&rdquo; que haga el papel correspondiente de la pel&iacute;cula, porque de todas formas, deb&iacute;an ser cuatro.<\/p>\n<p>Mario y sus secuaces se desnudaron. Mi amante ya ten&iacute;a la verga inmensa al palo. El rubio y el de traje ya estaban a media asta, y el patova se masturbaba. Me rodearon. Yo manote&eacute; la bestial pija de Mario, que ten&iacute;a a mi derecha, y con la otra ayud&eacute; al patovica a que se le endurezca el miembro. El rubio estaba al frente m&iacute;o. Abr&iacute; la boca, y recib&iacute; de nuevo su verga. Todav&iacute;a estaba pegajosa y con un fuerte sabor a semen.<\/p>\n<p>Era muy dif&iacute;cil imitar a la chica. Me costaba mucho succionar la pija sin ayuda de mis manos, y a la vez, coordinar mis movimientos para masturbar a los otros dos al mismo tiempo. Cuando el miembro entraba dos o tres veces en mi boca, cambiaba por otro. Les di, sin querer, algunos mordiscones. As&iacute; que decid&iacute; no usar mucho mis labios, sino m&aacute;s bien mi lenga.<\/p>\n<p>Un hilo de baba ca&iacute;a constantemente de mi boca, cada vez que entraban y sal&iacute;an esas cuatro vergas. Muchas veces tuvieron que instarme a que los masturbe, porque, sin darme cuenta, hab&iacute;a dejado de hacerlo. La verga de Mario era la m&aacute;s dif&iacute;cil con la que ten&iacute;a que lidiar, porque me llenaba la boca, y si no la sacaba r&aacute;pido, yo comenzaba a toser y escupir.<\/p>\n<p>Las mand&iacute;bulas me dol&iacute;an de tanto abrirlas y cerrarlas. Entre mis piernas, se hab&iacute;a formado un peque&ntilde;o charco de baba. Nunca me hab&iacute;a sentido tan sucia, ni tan humillada. El primero en acabar fue el rubio. Pero yo tuve que seguir un buen rato con los otros tres, con la incomodidad que me generaba tener el semen pegado en mi cara.<\/p>\n<p>No s&eacute; cu&aacute;nto tiempo estuve chup&aacute;ndoselas, pero se me hizo eterno. Eyacularon, uno a uno en mi cara. Cuando terminaron, Mario me agarr&oacute; del brazo, y me llev&oacute; al ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>&#8211; Mirate. &ndash; me dijo, cuando est&aacute;bamos frente al espejo. &ndash; Eso sos vos. &ndash; agreg&oacute;, mientras me acariciaba el culo.<\/p>\n<p>Mi cara estaba cruzada por mont&oacute;n de hilos de semen. Y en algunas partes, donde hab&iacute;a mayor abundancia, se empezaba a deslizar hacia abajo.<\/p>\n<p>Me dej&oacute; sola. Me limpi&eacute; la cara mientras escuchaba c&oacute;mo hablaban de lo bien que me hab&iacute;a comportado. Fui a buscar mi cartera.<\/p>\n<p>. &iquest;Ya me puedo ir? &ndash; pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute; putita, despu&eacute;s arreglamos para otro encuentro. &ndash; dijo Mario.<\/p>\n<p>Sus tres compinches coincidieron en que les gustar&iacute;a verme de nuevo.<\/p>\n<p>Me puse la ropa interior limpia y el vestido, frente a ellos. No me quise ba&ntilde;ar ah&iacute;. Quer&iacute;a irme cuanto antes.<\/p>\n<p>Me tom&eacute; el colectivo, porque tem&iacute;a que, en un taxi, el chofer sintiera el olor a semen que todav&iacute;a hab&iacute;a en mi cuerpo. Me sent&eacute; en el fondo, apartada de los otros pasajeros. Me saqu&eacute; la pintura del labio, y el resto del maquillaje. Y de repente, me largu&eacute; a llorar.<\/p>\n<p>Llegu&eacute; a casa a medianoche. Me di una ducha antes de meterme en la cama con mi marido.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Est&aacute;s bien? &ndash; me pregunt&oacute; Andr&eacute;s, al notarme turbada.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;. &ndash; le contest&eacute;.<\/p>\n<p>Me dio un beso en el hombro y en seguida se durmi&oacute;.<\/p>\n<p>12<\/p>\n<p>Siempre fui un perdedor. En la secundaria era el t&iacute;pico chico al que todos molestaban. Malo en los deportes, con aspecto de nerd, pero sin las ventajas de la inteligencia que supuestamente ven&iacute;an junto a esa condici&oacute;n. T&iacute;mido hasta la desesperaci&oacute;n. Torpe. Apocado. Y, por su puesto, termin&eacute; la secundaria siendo virgen.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a pocos amigos. Y la mayor&iacute;a de ellos se fueron alejando de mi vida (y yo de la de ellos). El &uacute;nico con el que conservaba contacto regular era con Marcos. A &eacute;l lo conoc&iacute; en mi solitaria &eacute;poca de adolescente. Era dos cursos m&aacute;s avanzados que yo. No &eacute;ramos realmente amigos en ese entonces., porque a esa edad, llevarse dos a&ntilde;os, es demasiado. Pero siempre me trat&oacute; bien, y m&aacute;s de una vez me salv&oacute; de alguna golpiza de los abusadores de la escuela. A&ntilde;os despu&eacute;s fuimos compa&ntilde;eros de trabajo durante un tiempo, y ah&iacute; fue cuando se afianz&oacute; nuestra relaci&oacute;n. Era el &uacute;nico amigo que me quedaba, y por eso, cuando Valeria me dej&oacute; y empec&eacute; a leer los relatos, fue el primero y el &uacute;nico al que llam&eacute; para contarle mis penas.<\/p>\n<p>Cuando termin&eacute; de leer el relato de Mario, vi que me hab&iacute;an llegado varios mensajes. Revis&eacute; ansioso el celular, deseando que fuese Valeria, pero se trataba de Marcos, quien me hab&iacute;a dejado tres mensajes. Pens&eacute; que seguramente estar&iacute;a preocupado por m&iacute;. No me molest&eacute; en leerlos. Sab&iacute;a que me encontrar&iacute;a con el mismo texto que me mand&oacute; a la noche, &ldquo;no leas los relatos&rdquo;. Demasiado tarde amigo.<\/p>\n<p>Ya hab&iacute;a amanecido, el d&iacute;a estaba hermoso y los pajaritos comenzaban a cantar. Si esto fuese una pel&iacute;cula con finales trillados, ese bello amanecer, simbolizar&iacute;a un final feliz, o un nuevo y venturoso comienzo para el protagonista. Pero eso estaba por verse.<\/p>\n<p>Aunque muchos me crean un idiota, me resultaba dif&iacute;cil decidir si alguna vez podr&iacute;a perdonar a Valeria. Pero incluso si la perdonara, era inviable empezar la relaci&oacute;n de cero. Sin embargo, nunca me perdonar&iacute;a a m&iacute; mismo. Mi visi&oacute;n inocente y desganada sobre la vida, mi cobard&iacute;a, mi desinter&eacute;s por los detalles, y tantas otras falencias, me costaron mi matrimonio. Un matrimonio, que probablemente, nunca existi&oacute; m&aacute;s que en los papeles.<\/p>\n<p>Siempre asum&iacute; que Valeria val&iacute;a m&aacute;s que yo. Que deb&iacute;a estar agradecido con la vida, porque una mujer como ella se diera vuelta a mirar a alguien con tantos defectos, y tan pocas virtudes. Me convenc&iacute; de que nuestra relaci&oacute;n marchaba al ritmo de sus deseos, y no hice nada cuando empez&oacute; a pasar menos tiempo en mi cama, y m&aacute;s tiempo en la calle.<\/p>\n<p>No s&eacute; si hubiese podido contener a una mujer tan caprichosa y desprejuiciada como ella. Pero lo que s&iacute; s&eacute;, es que nunca lo intent&eacute;.<\/p>\n<p>Al otro al que no podr&iacute;a perdonar nunca es a Mario. Su placer por la humillaci&oacute;n de otros, su prepotencia, su agresividad, y ahora que hab&iacute;a le&iacute;do los relatos, su misoginia, su sadismo, y su crueldad absoluta, eran cosas que nadie deb&iacute;a dejar pasar.<\/p>\n<p>Es cierto que Valeria lo provoc&oacute; y se dej&oacute; caer en sus garras. Pero lo dem&aacute;s, obligarla a vestirse como puta, arriesgando a que se exponga ante todos. Humillarla cada vez que la pose&iacute;a, y sobre todo, obligarla a copular con tres desconocidos. Mario era un hijo de puta con todas las letras. Y si no fuese Valeria, ser&iacute;a otra chica, probablemente m&aacute;s inocente, la que convirtiera en su puta personal.<\/p>\n<p>No me pod&iacute;a sacar de la cabeza la posibilidad de que, en ese mismo momento, Valeria est&eacute; con &eacute;l. Tal vez atada y amordaza, mientras &eacute;l usaba su cuerpo como un juguete sexual.<\/p>\n<p>Valeria me ven&iacute;a dando se&ntilde;ales desde hace tiempo, y yo me negu&eacute; a verlas. En los relatos mas recientes, se ve c&oacute;mo ella busc&oacute; a otros hombres con mayor frecuencia de la normal. Entre ellos est&aacute;n &ldquo;L&rdquo;, y &ldquo;P&rdquo;.<\/p>\n<p>Record&eacute; c&oacute;mo, por la noche (hace mil a&ntilde;os), dej&oacute; el tel&eacute;fono celular sobre la mesa, y se fue a ba&ntilde;ar. Probablemente muchas veces hab&iacute;a hecho algo similar, pero reci&eacute;n anoche me dign&eacute; a prestar atenci&oacute;n a los indicios, y me anim&eacute; a revisarlo. Sin dudas, Valeria esperaba recibir alg&uacute;n mensaje a esa hora. Probablemente les pidi&oacute; a sus amantes que lo hagan justo en ese momento. A esas alturas, sus llamados de atenci&oacute;n eran un pedido de socorro.<\/p>\n<p>Ella necesitaba que yo sepa. Necesitaba sacarse de encima al lastre de su esposo. Al no tener que ocultarme su doble vida, ser&iacute;a libre de nuevo. Hasta podr&iacute;a dejar a Mario sin temor a represalias.<\/p>\n<p>Era raro. No hab&iacute;a dormido por muchas horas, pero me sent&iacute;a m&aacute;s l&uacute;cido que nunca. Fui a la cocina. Agarr&eacute; un cuchillo afilado, no muy grande, porque necesitaba esconderlo en mi cintura. Sal&iacute; de mi casa. Era la primera vez en mi vida que me sent&iacute;a tan determinado.<\/p>\n<p>Eran las cinco y media de la ma&ntilde;ana. Las calles estaban desiertas. S&oacute;lo ten&iacute;a que caminar trescientos metros, pero se me hicieron largu&iacute;simos.<\/p>\n<p>Cuando llegu&eacute;, no me molest&eacute; en tocar el timbre. Me trep&eacute; por las rejas. Record&eacute; que Mario ten&iacute;a un perro, pero por lo visto estaba en el fondo. Golpe&eacute; con violencia la puerta. Si despertaba a alg&uacute;n vecino, tanto mejor.<\/p>\n<p>&#8211; Qu&eacute; quer&eacute;s, idiota. &ndash; escuch&eacute; la voz de Mario al otro lado de la puerta.<\/p>\n<p>-D&oacute;nde est&aacute; mi mujer. &ndash; exig&iacute; saber.<\/p>\n<p>&Eacute;l, confiado, abri&oacute; la puerta.<\/p>\n<p>&#8211; Aparte de cornudo sos boludo vos, que te pen&hellip;<\/p>\n<p>No lo dej&eacute; terminar. Le devolv&iacute; la trompada que me hab&iacute;a dado hace unos meses. Pero apenas se movi&oacute;, y mi mano me doli&oacute; mucho.<\/p>\n<p>&#8211; Ah, sos loquito vos. &ndash;dijo. me agarr&oacute; del cuello y me meti&oacute; para adentro.<\/p>\n<p>Me dio una pi&ntilde;a en la panza que me dej&oacute; sin aire.<\/p>\n<p>&#8211; As&iacute; que ahora sos el pr&iacute;ncipe azul. &ndash; lo escuch&eacute; decir.<\/p>\n<p>Intent&eacute; sacar el cuchillo de la cintura, pero antes de lograrlo recib&iacute; una patada en la cara. Mi nariz y boca sangraban. Las enc&iacute;as dol&iacute;an mucho. Sent&iacute; un diente flojo, y el labio inferior ten&iacute;a una herida profunda. Quise aferrarme al cuchillo, quise levantarme y pelear. Pero no me pod&iacute;a moverme, y Mario me sac&oacute; el cuchillo de mis d&eacute;biles manos.<\/p>\n<p>Voy a morir, pens&eacute;. Tenia la vista nublada. Me preguntaba d&oacute;nde clavar&iacute;a el cuchillo.<\/p>\n<p>Pero entonces lo escuch&eacute; gritar, dolorido. Y despu&eacute;s algo parecido a un palo chocando con un balde de pl&aacute;stico. Mario cay&oacute; al piso, al lado m&iacute;o. Estuve cerca de que me aplaste.<\/p>\n<p>&#8211; Andr&eacute;s &iquest;Est&aacute;s bien? &ndash; escuch&eacute; decir a una voz masculina. &#8211; &iquest;Est&aacute;s bien?<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Marcos? &ndash; susurr&eacute;, reconociendo a mi viejo amigo. &#8211; Marcos &iquest;Por qu&eacute;&hellip;?<\/p>\n<p>Despert&eacute; en su casa catorce horas despu&eacute;s.<\/p>\n<p>&#8211; Qu&eacute; suerte que no ten&eacute;s nada grave. -dijo.<\/p>\n<p>&#8211; Me salvaste. &iquest;Qu&eacute; hac&iacute;as ah&iacute;? &ndash; ten&iacute;a la boca hinchada, y apenas pod&iacute;a hablar.<\/p>\n<p>&#8211; No me contestabas los mensajes. &ndash; aclar&oacute;, y cambiando de tema, agreg&oacute;. -Ten&eacute;s que ir a que te vean esas heridas. Principalmente la del labio.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Est&aacute; muerto?<\/p>\n<p>&#8211; Ni idea. Al final los le&iacute;ste, &iquest;no?<\/p>\n<p>Por una vez en la vida, mi cabeza funcion&oacute; con perspicacia.<\/p>\n<p>&#8211; Vos tam&hellip; Vos tambi&eacute;n est&aacute;s en los relatos. &ndash; dije, y no era una pregunta. &ndash; Por eso no quer&iacute;as que los lea.<\/p>\n<p>&#8211; Fue una sola vez. &ndash; me prometi&oacute;, con cara de congoja. &ndash; te juro que fue una sola vez. Fue cuando me qued&eacute; a dormir en el sof&aacute; de tu casa. Me busc&oacute; a la madrugada, cuando dorm&iacute;as. No le pude decir que no.<\/p>\n<p>&#8211; Y quien puede. -dije.<\/p>\n<p>&#8211; Despu&eacute;s de eso, la esquiv&eacute; como si tuviera lepra.<\/p>\n<p>Supongo que despu&eacute;s de todo lo que hab&iacute;a le&iacute;do, y teniendo en cuenta que me acababa de salvar la vida, no pod&iacute;a reclamarle nada. Al menos en ese momento.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y Valeria?<\/p>\n<p>&#8211; Ni idea. En lo de Mario no estaba.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y con quien est&aacute;?<\/p>\n<p>&#8211; Quiz&aacute; con nadie.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; unos d&iacute;as en su casa. me hice atender las heridas. Por lo visto Mario estaba en terapia intensiva. Circulaba el rumor de que uno de los drogadictos a los que le vend&iacute;a drogas lo hab&iacute;a atacado salvajemente.<\/p>\n<p>Seis meses despu&eacute;s.<\/p>\n<p>S&eacute; que ahora est&aacute; con sus padres. Do&ntilde;a Beatriz y don Rom&aacute;n son buenas personas. Incluso cuando ella les dijo que me oculten su ubicaci&oacute;n, me llamaron y me lo informaron. Mario, por fin, pas&oacute; al otro mundo. Y mi h&eacute;roe Marcos, qued&oacute; totalmente indemne de la situaci&oacute;n. Tampoco hubo imputados. A nadie le importaba quien hab&iacute;a matado a un dealer de poca monta. Mario se cre&iacute;a Tony Montana, pero era solo otro rastrero m&aacute;s. Totalmente reemplazable. El in&uacute;til aparato de la justicia nos jug&oacute; a favor.<\/p>\n<p>Volv&iacute; a casa. Muchos vecinos me miraban con curiosidad, y algunos se animaban a preguntarme por Valeria. Yo les contestaba, sin vueltas, que nos separamos.<\/p>\n<p>Mi amistad con Marcos contin&uacute;a. No s&oacute;lo por haberme salvado, y luego cuidado. La forma en que Valeria lo hab&iacute;a seducido, yendo semidesnuda en mitad de la noche, a donde &eacute;l estaba durmiendo, casi pod&iacute;a considerarse una violaci&oacute;n. Y as&iacute; se relata en el cuento &ldquo;Con el amigo de mi marido, mientras duerme&rdquo;. Tengo que admitir que todav&iacute;a me masturbo leyendo algunos de sus relatos. Pero ya no sintiendo que estoy leyendo c&oacute;mo se cogen a mi mujer, porque el marido de Valeria, ese de los relatos, es otro distinto a mi yo de ahora.<\/p>\n<p>Creo que por fin hay algo que entiendo de mi mujer. Escribir sobre los sucesos de su vida y compartirlo con desconocidos, es un alivio para el estr&eacute;s. Por eso ahora, en homenaje a quien, para bien o para mal, es la mujer de mi vida, publico mi historia.<\/p>\n<p>Ayer recib&iacute; un llamado de Valeria. Pero no le contest&eacute;. Ahora estoy rehaciendo mi vida y no quiero volver al pasado. Quiz&aacute; m&aacute;s adelante podamos tener una charla agradable, pero por ahora no.<\/p>\n<p>Fin.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 65<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>18 Nota del autor: En tiempo de cuarentenas, les comparto un relato mucho m&aacute;s extenso de los que suelo subir. Pero no se asusten. Tienen la opci&oacute;n de leer todo, o s&oacute;lo algunos cap&iacute;tulos. Recurr&iacute; al viejo truco de la historia adentro de la historia. Espero no haberlo hecho demasiado mal. Ojal&aacute; lo disfruten, y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4947,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":{"0":"post-22946","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-infidelidad"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22946","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4947"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=22946"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22946\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=22946"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=22946"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=22946"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}