{"id":23050,"date":"2020-03-29T22:00:00","date_gmt":"2020-03-29T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-03-29T22:00:00","modified_gmt":"2020-03-29T22:00:00","slug":"tres-relatos-sin-sexo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/tres-relatos-sin-sexo\/","title":{"rendered":"Tres relatos sin sexo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"23050\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p style=\"text-align:center\"><u>La silla de la peluquer&iacute;a<\/u><\/p>\n<p>Las tres mujeres le daban la espalda. Llevaban el absurdo uniforme que tanto detestaban, pero que algunos clientes como &eacute;l disfrutaban. Una camisa blanca, y una minifalda azul. La ropa era barata, y a algunas de ellas les jugaba en contra, porque no ten&iacute;an el f&iacute;sico para llevar faldas tan cortas, ni camisas tan ce&ntilde;idas. Pero las tres que ahora trabajaban se ve&iacute;an bien. Eran j&oacute;venes, de piernas largas.<\/p>\n<p>Camilo las miraba desde la silla del sector de espera. Cada tanto, a trav&eacute;s del espejo, descubr&iacute;an su mirada lujuriosa. Pero a ninguna le importaba. Por algo las obligaban a ponerse esas prendas. Para atraer clientes. Ya estaban acostumbradas.<\/p>\n<p>Las chicas trabajaban con presteza en sus clientes. A Camilo, le gustaban mucho todas, pero su favorita era Celeste. En su cabeza se desat&oacute; una carrera. La primera que terminase de cortar el pelo a su cliente ser&iacute;a la que quedar&iacute;a libre, y Camilo deber&iacute;a pasar con ella. Alent&oacute; mentalmente, con todas sus fuerzas, a Celeste.<\/p>\n<p>Su peque&ntilde;o juego pareci&oacute; culminar en una derrota, cuando vio c&oacute;mo Miriam terminaba de cortarle el pelo a un gordito entrado en a&ntilde;os. Pero por suerte, en lugar de llamar al pr&oacute;ximo cliente (a Camilo) se perdi&oacute; en un pasillo, que llevaba al ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>-&iquest;Qui&eacute;n sigue? &ndash;dijo despu&eacute;s de unos minutos Celeste, mientras le terminaba de cobrar a su cliente.<\/p>\n<p>Camilo se puso de pie. Esboz&oacute; una sonrisa tonta. Y se fue a sentar en la silla del medio, frente al espejo.<\/p>\n<p>-C&oacute;mo te vas a cortar. -Le pregunt&oacute; Celeste.<\/p>\n<p>Le gust&oacute; que lo tutee. &iquest;Se acordar&iacute;a de &eacute;l? Desde hace medio a&ntilde;o que iba una o dos veces por mes. Aunque seguramente tienen muchos clientes, pens&oacute; Camilo.<\/p>\n<p>-Con tijera, bien rebajadito. Y atr&aacute;s y al costado con la m&aacute;quina tres.<\/p>\n<p>Celeste accion&oacute; algo en la silla, y Camilo sinti&oacute; c&oacute;mo se elevaba hasta quedar a la altura indicada. La vio alejarse. Era petisa y culona, como le gustaban a &eacute;l. Volvi&oacute; con una capa azul de pl&aacute;stico. Se la at&oacute; al cuello, bien ajustada, para asegurarse de que no se filtren los pelos reci&eacute;n cortados por ah&iacute;.<\/p>\n<p>Celeste comenz&oacute; a rebajarle el cabello. Lo &uacute;nico que no le gustaba de la chica, era que cortaba demasiado r&aacute;pido. El tiempo con ella era corto, y eso disminu&iacute;a considerablemente las posibilidades de que se anime a invitarla a salir, o al menos, a pedirle su tel&eacute;fono.<\/p>\n<p>-&iquest;Sos de por ac&aacute;? &ndash;Pregunt&oacute; ella.<\/p>\n<p>-S&iacute;, de ac&aacute; a cinco cuadras. &ndash;Contest&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>Sab&iacute;a que el hecho de que ella inicie la conversaci&oacute;n no significaba nada. Todos los peluqueros hablaban hasta por los codos.<\/p>\n<p>-Y vos de d&oacute;nde sos. &ndash;Se sorprendi&oacute; preguntando Camilo.<\/p>\n<p>-De Casanova. &ndash;Contest&oacute; ella.<\/p>\n<p>-Ah, Casanova. &ndash;repiti&oacute; &eacute;l, sin poder agregar mucho m&aacute;s.<\/p>\n<p>No le gustaba la cara que reflejaba el espejo. Camilo ten&iacute;a las mejillas muy infladas. El pelo corto no lo favorec&iacute;a. Pero no pod&iacute;a dejar de ver a Celeste, aunque sea una vez por mes. Era la &uacute;nica excusa que le permit&iacute;a estar a unos cent&iacute;metros de la mujer que lo trastornaba tanto. Adem&aacute;s, aunque tuviese el pelo m&aacute;s frondoso, no dejar&iacute;a de ser poco atractivo, por no decir feo.<\/p>\n<p>-Cu&aacute;nto pelo ten&eacute;s. &ndash;murmur&oacute; ella. &ndash;Digo, mucha cantidad.<\/p>\n<p>-S&iacute;, por suerte no me voy a quedar calvo. &ndash;contest&oacute; &eacute;l, y se sinti&oacute; orgulloso cuando vio que le sac&oacute; una sonrisa.<\/p>\n<p>Celeste pasaba de un costado a otro para hacer su trabajo, y no pod&iacute;a evitar que sus caderas rocen los brazos de Camilo. Luego vino la parte favorita del muchacho.<\/p>\n<p>-Tir&aacute; la cabeza para atr&aacute;s. &ndash;le dijo ella.<\/p>\n<p>Camilo obedeci&oacute;, y mientras las tijeras se abr&iacute;an y cerraban sobre su cabeza, sinti&oacute;, exultante, c&oacute;mo su nuca hac&iacute;a contacto con las suaves tetas de la peluquera. Le hubiese gustado estar ah&iacute; durante toda la tarde.<\/p>\n<p>-La tres me dijiste &iquest;No? &ndash;Pregunt&oacute; ella, cuando termin&oacute; de usar la tijera.<\/p>\n<p>-S&iacute;. &ndash;contest&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>Celeste enchuf&oacute; la m&aacute;quina, y comenz&oacute; a rapar la parte de atr&aacute;s. Camilo tuvo que contener la risa, ya que le hac&iacute;a cosquilla cuando la m&aacute;quina pasaba por determinadas partes.<\/p>\n<p>-&iquest;Te enjuago? &ndash;Pregunt&oacute; ella, cuando termin&oacute;.<\/p>\n<p>-S&iacute;, por favor. &ndash;Contest&oacute; &eacute;l, casi suplicando.<\/p>\n<p>-Pas&aacute; por pileta.<\/p>\n<p>Lo ayud&oacute; a quitarse la capa de pl&aacute;stico. Pas&oacute; una toalla por su cuello, para sacarle los peque&ntilde;os pelitos que quedaron adheridos a la piel. En el piso, alrededor de la silla, quedaban los restos de la masacre que se hab&iacute;a desatado: montones de mechones de pelo marr&oacute;n dispersados por las baldosas.<\/p>\n<p>Camilo la sigui&oacute; hasta donde estaban las piletas, sin perder de vista el enorme trasero de la peluquera.<\/p>\n<p>Se acomod&oacute; en un sill&oacute;n muy confortable. Tir&oacute; la cabeza para atr&aacute;s, coloc&aacute;ndola encima de la peque&ntilde;a pileta.<\/p>\n<p>-&iquest;As&iacute; est&aacute; bien el agua? &ndash;Pregunt&oacute; ella.<\/p>\n<p>Primero se sinti&oacute; fr&iacute;a, pero enseguida se entibi&oacute;.<\/p>\n<p>-S&iacute;, perfecto. &ndash;Contest&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>Celeste puso shampoo en su mano, y comenz&oacute; a lavarle el pelo, mientras el agua, ahora c&aacute;lida, segu&iacute;a cayendo en su cabeza.<\/p>\n<p>-Se siente muy bien. &ndash;dijo Camilo.<\/p>\n<p>-&iquest;Si?<\/p>\n<p>-Muy relajante. &ndash;Recalc&oacute; &eacute;l, mientras las h&aacute;biles manos se frotaban en su cabeza.<\/p>\n<p>-Me alegro. A m&iacute; tambi&eacute;n me gustan los masajes en la cabeza. &ndash;Dijo Celeste.<\/p>\n<p>Camilo se imagin&oacute; a ambos desnudos, en una ba&ntilde;era. Se vio acariciando el cuerpo mojado de la peluquera, mientras ella, con sus manos expertas, acariciaba su cabello. La sensaci&oacute;n era muy relajante. Una sensaci&oacute;n que lo invitaba a dormir.<\/p>\n<p>-Listo. &ndash;Dijo Celeste, mientras lo terminaba de secar.- &iquest;Te pongo gel?<\/p>\n<p>-No, as&iacute; est&aacute; bien. &ndash;Contest&oacute; Camilo, cuando sali&oacute; de su enso&ntilde;aci&oacute;n.<\/p>\n<p>Fueron a la caja.<\/p>\n<p>-Ciento cincuenta pesos. &ndash;dijo ella.<\/p>\n<p>Camilo busc&oacute; en su billetera, al tiempo que meditaba sobre qu&eacute; le dir&iacute;a a celeste. &ldquo;&iquest;Me das tu n&uacute;mero?&rdquo;. No, eso era demasiado directo. Primero deber&iacute;a establecer una m&iacute;nima relaci&oacute;n de confianza. &ldquo;Qu&eacute; linda sonrisa ten&eacute;s&rdquo;. Tampoco era buena idea. Ni siquiera era cierto. Sus dientes estaban un poco torcidos y eran grandes. Si deb&iacute;a alabar su f&iacute;sico, deber&iacute;a felicitarla por el tremendo culo que ten&iacute;a. Pero tampoco era buena idea. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hac&eacute;s hoy a la noche?&rdquo;. Esa hubiese sido una buena pregunta, pero veinte minutos atr&aacute;s, cuando empez&oacute; a cortarle el pelo.<\/p>\n<p>Le entreg&oacute; el dinero.<\/p>\n<p>-Gracias por el cambio. &ndash;dijo ella.<\/p>\n<p>Camilo cruz&oacute; la puerta vidriada. La observ&oacute;, mientras daba los primeros pasos para volver a su casa, pero ella ya estaba acomodando la silla para atender a su pr&oacute;ximo cliente. Quiz&aacute; la pr&oacute;xima vez&hellip;<\/p>\n<p style=\"text-align:center\"><u>El asiento del colectivo<\/u><\/p>\n<p>Eran las seis de la ma&ntilde;ana. Javier estaba cansado. Trabajar tres jornadas de doce horas seguidas, en el horario nocturno, hizo estragos en su cuerpo. Vio venir, a dos cuadras, al colectivo que lo llevar&iacute;a a casa. Se subi&oacute;, y para su alivio, hab&iacute;a muchos asientos vac&iacute;os. Se acomod&oacute; en el fondo, al lado de la ventanilla. Apoy&oacute; su cabeza sobre el vidrio, y enseguida se durmi&oacute;.<\/p>\n<p>Descansar durante la hora que duraba el trayecto, le hubiese hecho muy bien. Pero no tuvo suerte. Unas paradas despu&eacute;s, se subi&oacute; al colectivo un grupo de j&oacute;venes ruidosos. Eran muchos, y el veh&iacute;culo qued&oacute; repleto. Como algunos quedaron adelante y otros en el fondo, se hablaban a los gritos. Acababan de salir de un boliche, y fanfarroneaban sobre sus proezas nocturnas. &Eacute;l se despert&oacute;, molesto. Pero cuando se dio cuenta de que no pod&iacute;a hacer nada al respecto, se resign&oacute;.<\/p>\n<p>El colectivo se fue vaciando poco a poco. Pero ya no importaba. Estaba apenas a quince minutos de su destino.<\/p>\n<p>Al lado suyo estaba sentada una chica vestida con una pollera de jean muy corta. Sus piernas largas y torneadas se estiraban e invad&iacute;an su espacio. La chica se qued&oacute; dormida, y su cabeza se apoy&oacute; en el hombro de Javier.<\/p>\n<p>Mir&oacute; a todos lados, como pidiendo auxilio, pero nadie repar&oacute; en &eacute;l. La empuj&oacute;, despacio, hacia el otro costado, pero cuando crey&oacute; que ya hab&iacute;a logrado ponerla recta, la chica se desplom&oacute; sobre &eacute;l nuevamente. Sus labios quedaron muy cerca. Ella largaba un aliento et&iacute;lico fuerte. Javier la observ&oacute;. Labios gruesos, piercing en la nariz, pelo con mechones te&ntilde;idos de violeta. Seguramente, en circunstancias normales, era muy linda, pens&oacute;.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a que hacer un esfuerzo muy grande para sostenerla. Si ced&iacute;a, en lugar de estar apoyada sobre su hombro, caer&iacute;a en su regazo. Ser&iacute;a una situaci&oacute;n muy inc&oacute;moda y muy obscena.<\/p>\n<p>El colectivo se vaci&oacute; casi por completo. Solo quedaba Javier, el colectivero, y la desconocida que ahora lo abrazaba y frotaba sus piernas con las de &eacute;l.<\/p>\n<p>Involuntariamente, roz&oacute; la piel tersa de la joven. Vio que sus piernas estaban separadas, y m&aacute;s all&aacute; hab&iacute;a una cueva oscura. La roz&oacute; otra vez, ahora conscientemente, con la parte externa de su mano. La chica no dio se&ntilde;ales de haberse despertado. Mir&oacute; culposo hacia donde estaba el chofer. Pero era imposible que vea el movimiento de sus manos. Como mucho podr&iacute;a ver su torso. Javier la frot&oacute;, ahora con m&aacute;s fruici&oacute;n. La chica balbuce&oacute; algo, pero sus ojos segu&iacute;an cerrados. Luego se anim&oacute; a meterse un poco por debajo de la pollera. Masaje&oacute; los muslos, sintiendo c&oacute;mo su excitaci&oacute;n iba en aumento. Una distancia similar al tama&ntilde;o de su mano, lo separaba de la ropa interior y del sexo de la chica.<\/p>\n<p>De repente el colectivo se agit&oacute; con violencia. El chofer no hab&iacute;a visto un lomo de burro (una lomada) en mitad de la calle. La chica se despert&oacute;. Sinti&oacute; que sus piernas apretaban algo. Mir&oacute; hacia abajo, y descubri&oacute; que un brazo hurgaba en su pollera. Los labios vaginales eran tocados por una mano torpe.<\/p>\n<p>Vio la cara de p&aacute;nico de Javier, que intentaba retirar la mano, sin poder hacerlo, porque ella la apretaba con sus muslos. Y entonces comenz&oacute; a gritar.<\/p>\n<p style=\"text-align:center\"><u>El sof&aacute; del living<\/u><\/p>\n<p>Diego estaba recostado en el sof&aacute; del living. La tele encendida en volumen bajo. No hab&iacute;a nada interesante para ver. Los periodistas no dejaban de hablar del coronavirus. Ten&iacute;a la vista clavada en el techo, y tarareaba una canci&oacute;n que se le hab&iacute;a pegado hac&iacute;a muy poco.<\/p>\n<p>-&iquest;Por qu&eacute; no vas a tocarte a tu cuarto? Cochino. &ndash;Escuch&oacute; decir a una voz femenina.<\/p>\n<p>-No me estoy tocando, boba. &ndash;Se defendi&oacute; Diego, no obstante, alej&oacute; la mano que estaba apoyada en su muslo, muy cerca del cierre del pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>Quien le habl&oacute; era Carolina. A pesar de que ya era mediod&iacute;a, reci&eacute;n se hab&iacute;a levantado. Vest&iacute;a una remera vieja y un short de gimnasia. Su pelo rubio estaba despeinado. En resumen, estaba hecha una crota. Pero con ese hermoso rostro ovalado, de grandes ojos azules, esa piel cobriza, y ese cuerpo exuberante que ya estaba terminando de desarrollarse, no necesitaba vestirse prolijamente, pues con cualquier prenda se ve&iacute;a bien.<\/p>\n<p>Carolina se tir&oacute; encima de Diego. Lo abraz&oacute;. Le dio un beso en el cuello, y se qued&oacute; en silencio, haci&eacute;ndole cosquillas con su respiraci&oacute;n. Diego rode&oacute; su cintura con una mano, y con la otra le acarici&oacute; el cabello.<\/p>\n<p>-Dormiste tarde &iquest;No? &ndash;Pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>-Reci&eacute;n a las cinco de la madrugada pude conciliar el sue&ntilde;o. &ndash;contest&oacute; Carolina. Le dio otro beso en el cuello. Se irgui&oacute;, apenas, y ahora sus miradas quedaron a unos cent&iacute;metros de distancia. &ndash;Ni siquiera encontr&eacute; una serie buena para mirar.<\/p>\n<p>Diego masaje&oacute; la piel de Carolina, ah&iacute;, en el diminuto espacio desnudo que hab&iacute;a entre la remera y el short, con las yemas de los dedos. Baj&oacute;, despacio, y sinti&oacute; la corrugaci&oacute;n del short, en la parte del el&aacute;stico. Al ver que ella no daba se&ntilde;ales de incomodidad, se aventur&oacute; unos mil&iacute;metros m&aacute;s, sintiendo el inicio de la vertiginosa curva de las nalgas de Carolina. Ella, al sentir esos dedos en el l&iacute;mite de lo permitido y lo prohibido, abri&oacute; los ojos, comi&eacute;ndose a Diego con su intensa mirada de cielo.<\/p>\n<p>-Hubieses ido a mi cuarto. Hace mucho que no dormimos juntos. &ndash;Dijo Diego, con cierta tristeza en su tono de voz.<\/p>\n<p>-Es cierto. &ndash;Murmur&oacute; ella. Apoy&oacute; su cabeza en el torso de &eacute;l. Sinti&oacute; los latidos del coraz&oacute;n. Le gustaba pensar que ese leve aceleramiento se deb&iacute;a a ella.<\/p>\n<p>Diego acarici&oacute; su mejilla. Era exquisitamente suave. La recorri&oacute; arriba abajo, percibiendo tambi&eacute;n el prominente p&oacute;mulo.<\/p>\n<p>-Quiz&aacute;s hoy vaya&hellip; -dijo ella. &ndash;A tu cuarto. Quiz&aacute; hoy vaya a tu cuarto para ver alguna peli.<\/p>\n<p>-Te voy a estar esperando. -Dijo &eacute;l, sin dejar de acariciar su rostro, mientras la otra mano segu&iacute;a jugando en las fronteras del pecado.<\/p>\n<p>-Te quer&iacute;a decir algo. &ndash;Dijo Carolina.<\/p>\n<p>-Qu&eacute;. &ndash;Diego intuy&oacute; algo malo.<\/p>\n<p>-Tu amigo Agust&iacute;n&hellip; Me est&aacute; escribiendo.<\/p>\n<p>-&iquest;Te est&aacute; escribiendo?<\/p>\n<p>-S&iacute;. Estamos hablando.<\/p>\n<p>-Te quiere coger. &ndash;Advirti&oacute; Diego.&ndash; Siempre me bromeaba con que cuando cumplieras dieciocho&hellip;<\/p>\n<p>-Creo que yo tambi&eacute;n&hellip;<\/p>\n<p>-&iquest;Tambi&eacute;n qu&eacute;? &ndash;Inquiri&oacute; &eacute;l, sintiendo c&oacute;mo los celos incontrolables lo embargaban.<\/p>\n<p>-Tambi&eacute;n quiero que me coja.<\/p>\n<p>-No lo hagas.<\/p>\n<p>-Vos te acostaste con muchas amigas m&iacute;as. &iquest;Yo no puedo? Qu&eacute; machista.<\/p>\n<p>-Es distinto. &ndash;dijo &eacute;l. Ahora la rode&oacute; con ambas manos por la cintura. Los pechos de Carolina se apretujaron en su cuerpo.<\/p>\n<p>-&iquest;Distinto? &ndash;Le susurr&oacute; ella al o&iacute;do.<\/p>\n<p>-A vos no te molesta. A mi s&iacute;.<\/p>\n<p>-&iquest;Te molesta? &iquest;Y por qu&eacute;?<\/p>\n<p>-Me dan muchos celos. &ndash;se sincer&oacute; Diego.&ndash; Si lo hac&eacute;s con alguien tiene que ser con uno que no conozca.<\/p>\n<p>-Yo nunca te ped&iacute; algo as&iacute;. &ndash;Acot&oacute; ella.&ndash; Adem&aacute;s &iquest;Qui&eacute;n te dijo que no me dan celos?<\/p>\n<p>Ahora fue ella la que acarici&oacute; la cara &aacute;spera de Diego.<\/p>\n<p>-Tendr&iacute;as que afeitarte. &ndash;Le sugiri&oacute;.&ndash; La cuarentena no es excusa para dejarse estar.<\/p>\n<p>-Mir&aacute; quien habla. &ndash;retruc&oacute; &eacute;l.&ndash; &iquest;Es en serio?<\/p>\n<p>-S&iacute;, ten&eacute;s que afeitarte. &ndash;Contest&oacute; ella.<\/p>\n<p>-Lo de Agust&iacute;n, boba.<\/p>\n<p>-No, no me gusta. Solo quer&iacute;a saber lo que pensabas.<\/p>\n<p>-Ahora lo sab&eacute;s.<\/p>\n<p>Se quedaron mir&aacute;ndose un rato. Sus narices casi se tocaban. Las manos se entrelazaron. Su respiraci&oacute;n se coordin&oacute;. Diego sinti&oacute; que nunca podr&iacute;a alejarse de esa muchacha preciosa. Nunca podr&iacute;a vivir lejos de ella.<\/p>\n<p>La puerta se abri&oacute;, rompiendo la magia.<\/p>\n<p>-A ver quien me ayuda con las compras. &ndash;dijo la mujer que entr&oacute;. Cargaba un mont&oacute;n de bolsas de supermercado llenas de mercader&iacute;as, y apenas pod&iacute;a con ellas.<\/p>\n<p>-Yo te ayudo ma. &ndash;dijo Carolina.<\/p>\n<p>Nunca le gust&oacute; que se le endilguen determinadas tareas solo por ser mujer, pero hab&iacute;a sentido c&oacute;mo el sexo de Diego comenzaba a hincharse, y si se pon&iacute;a de pie, quedar&iacute;a expuesto.<\/p>\n<p>-&iquest;Conseguiste dulce de leche ma? &ndash;pregunt&oacute; &eacute;l, desde el sof&aacute;.- Acordate que a la tarde ning&uacute;n supermercado va a estar abierto.<\/p>\n<p>-S&iacute;, Diego. &ndash;Contest&oacute; la mujer, con cierta exasperaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Cuando terminaron de guardar la mercader&iacute;a, Carolina se acerc&oacute; a Diego nuevamente. Le dio un tierno beso en el ojo.<\/p>\n<p>-Voy a leer a mi cuarto. Av&iacute;senme cuando est&eacute; el almuerzo.<\/p>\n<p>-Ya les dije que tienen que evitar esos besos y abrazos. &ndash;dijo la madre.&ndash; Este virus no es ninguna broma.<\/p>\n<p>-S&iacute;, ma. &ndash;dijeron los dos, al un&iacute;sono.<\/p>\n<p>A las dos de la ma&ntilde;ana, Carolina no pod&iacute;a dormir. As&iacute; que decidi&oacute; ir al cuarto de Diego, para mirar una pel&iacute;cula juntos, como cuando eran chicos.<\/p>\n<p>Fin<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>La silla de la peluquer&iacute;a Las tres mujeres le daban la espalda. Llevaban el absurdo uniforme que tanto detestaban, pero que algunos clientes como &eacute;l disfrutaban. Una camisa blanca, y una minifalda azul. 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