{"id":23213,"date":"2020-04-11T22:00:00","date_gmt":"2020-04-11T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-04-11T22:00:00","modified_gmt":"2020-04-11T22:00:00","slug":"madre-hot-una-de-espartanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/madre-hot-una-de-espartanos\/","title":{"rendered":"Madre hot: Una de espartanos"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"23213\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>La vor&aacute;gine de los &uacute;ltimos acontecimientos que, de alguna manera, siempre tienen relaci&oacute;n con el desenfreno sexual de mi madre, me hizo rememorar un acontecimiento que ya ten&iacute;a medio olvidado. Es que, claro, comparado con las &uacute;ltimas experiencias familiares -sus folleteos con un empleado, con su sobrino, con el tatuador, con la novia de su cu&ntilde;ado&#8230;-, lo que ocurri&oacute; aquel d&iacute;a no muy lejano casi es un cuento infantil.<\/p>\n<p>Aquel cumplea&ntilde;os me qued&eacute; sin regalo. Ni una miserable tarta para apagar las velas. As&iacute; fui castigado por las malas calificaciones obtenidas aquel trimestre. Mi madre se puso hist&eacute;rica, me retir&oacute; la computadora de la habitaci&oacute;n y solo me permit&iacute;a utilizar el celular cuando sal&iacute;a de casa, control&aacute;ndome el saldo de las llamadas. En realidad, lo que le fastidiaba a ella es que sus amigas de peluquer&iacute;a presumiesen de las buenas notas de sus hijos, que eran compa&ntilde;eros m&iacute;os.<\/p>\n<p>Tal fue mi enojo de no poder compartir un d&iacute;a de fiesta con mis amigos que, a falta de computadora para mis inevitables pajillas en las p&aacute;ginas porno, urd&iacute; una venganza pueril que ahora, pasado un tiempo, considero rid&iacute;cula, pero que a&uacute;n me hace re&iacute;r para mis adentros. Pues resulta que aquella masturbaci&oacute;n de cumplea&ntilde;os se la dediqu&eacute; a mi querida mam&aacute; en el cuarto de ba&ntilde;o. Estaba en plena faena sentado en el inodoro, con los pantalones y slip por los tobillos, todo espatarrado pensando en sus magn&iacute;ficas tetas, su culo resping&oacute;n y sus labios carnosos y sensuales, cuando repar&eacute; en la cesta de la ropa sucia. Met&iacute; la mano y empec&eacute; a quitar prendas: calcetines, pa&ntilde;uelos, un sost&eacute;n de mi hermana (tetitas peque&ntilde;as)&#8230; y una braga de mam&aacute;. Mi polla se puso a&uacute;n m&aacute;s dura. Llev&eacute; a la nariz la parte que roza el co&ntilde;o: ol&iacute;a a gloria. Me la imagin&eacute; follando con pap&aacute; cuando la escuchaba gemir de placer tras la puerta de su dormitorio. Pero tambi&eacute;n fantase&eacute; que lo hac&iacute;a con otros hombres. Y conmigo. Deseaba emputecerla, tal era mi enfado por el castigo que me hab&iacute;a infligido. Y en esas estaba, paje&aacute;ndome como un mono en el zool&oacute;gico al tiempo que olfateaba aquella pantaleta color carne. Pero la cosa no iba a acabar as&iacute;.<\/p>\n<p>Me percat&eacute; en el borde de la ba&ntilde;era su botella de gel de ba&ntilde;o, de uso exclusivo para ella. &quot;Leche s&uacute;per hidratante con fragancia de azahar para dejar su cuerpo como la seda&quot;, rezaba el recipiente. &quot;Pues te va a quedar el cuerpo todav&iacute;a m&aacute;s suave, bonita&quot;, pens&eacute; sin dudarlo dos veces. Saqu&eacute; el gran tap&oacute;n de la botella y observ&eacute; que estaba mediada de body-milk. Retom&eacute; mis fantas&iacute;as con mam&aacute; procurando cargar bien los huevos. Imagin&eacute; su concha jugosa taladrada por desconocidos, un buen cipote negro, mi profesor de gimnasia, mis amigos, yo mismo&#8230; A punto de correrme, met&iacute; la polla en la boca de bote y descargu&eacute; toda mi lefada dentro. Luego bat&iacute; bien la mezcla y cerr&eacute; el recipiente.<\/p>\n<p>Solo pensar que en su pr&oacute;xima ducha se iba a embadurnar cuerpo y panocha con mi semen hizo que me excitara de nuevo y volv&iacute; a masturbarme. Mientras colocaba el frasco en su sitio le&iacute; otra vez la etiqueta y no pude evitar carcajearme: &quot;Leche s&uacute;per hidratante con fragancia de azahar para dejar su cuerpo como la seda&quot;.<\/p>\n<p>Llegada la tarde de aquel infausto cumplea&ntilde;os m&iacute;o, pap&aacute; de regreso del trabajo convenci&oacute; a mi madre para que, al menos, toda la familia disfrutase de una sesi&oacute;n de cine, que ya era suficiente el castigo de quedar sin regalo ni fiesta. A rega&ntilde;adientes, mam&aacute; consult&oacute; la cartelera. No le convenc&iacute;a ning&uacute;n t&iacute;tulo hasta que mi hermana intervino:<\/p>\n<p>-Esta, que trata de la lucha entre espartanos y persas dicen que est&aacute; muy bien, que tiene unos magn&iacute;ficos efectos especiales.<\/p>\n<p>-&iquest;Espartanos y persas? -inquiri&oacute; mam&aacute;-. &iexcl;No ser&aacute; un insufrible western con tiros y flechas por todas partes!<\/p>\n<p>-&iexcl;Qu&eacute; va! -a&ntilde;ad&iacute; yo-. Se parece m&aacute;s a los filmes de romanos y gladiadores.<\/p>\n<p>Mam&aacute; dio el visto bueno, sin siquiera consultar con mi padre. En realidad, a &eacute;l ni le iba ni le ven&iacute;a, porque sus gustos iban por otro lado. En su oficina del garaje, adem&aacute;s de las cajas de condones, le hab&iacute;a descubierto un buen mont&oacute;n de revistas porno, as&iacute; que lo suyo eran tetas y culos. Y buenas conchas peludas o rasuradas, que en la variedad est&aacute; el gusto.<\/p>\n<p>La pel&iacute;cula no deb&iacute;a estar nada mal, pues apenas quedaban billetes. Tuvimos que conformarnos con asientos separados, dos butacas en la pen&uacute;ltima fila y, justamente detr&aacute;s, otras dos. Mi hermana y yo ocupamos las de delante, hicimos un buen avituallamiento de palomitas y un refresco y nos dispusimos a disfrutar del filme.<\/p>\n<p>-No s&eacute; porqu&eacute; nos han dado estos asientos -protest&oacute; al poco mi hermana-. Hay butacas vac&iacute;as por toda la sala.<\/p>\n<p>-S&iacute; -respondi&oacute; mi padre-. Pero no hay dos juntas, y menos cuatro.<\/p>\n<p>-Pues yo desde aqu&iacute; veo mal. &iquest;Puedo irme para all&iacute; adelante?<\/p>\n<p>-Toda esta fila nuestra tambi&eacute;n est&aacute; desocupada, solo estamos tu madre y yo -respondi&oacute; pap&aacute;.<\/p>\n<p>-&iexcl;Claro, porque es la peor, es la &uacute;ltima del cine! -protest&oacute; la nena, que comenzaba a seguir los pasos de su madre: caprichosa y protestona.<\/p>\n<p>-D&eacute;jala cambiar de sitio -terci&oacute; mi madre, a la que parec&iacute;a empezar a gustarle la pel&iacute;cula. Quiz&aacute;s aquellos torsos sudorosos, la musculatura y los paquetes que se marcaban en las entrepiernas de los espartanos empezaban a gustarle&#8230;<\/p>\n<p>Cuando facilit&eacute; la salida de mi hermana para en la oscuridad ir a buscar acomodo en una fila con mejor visi&oacute;n, observ&eacute; que un hombre fornido y tosco se sentaba junto a mi padre. Tendr&iacute;a unos treinta y tantos a&ntilde;os, alto y con aspecto de operario reci&eacute;n salido de su trabajo, desped&iacute;a un ligero olor a sudor pero soportable. Llev&aacute;bamos unos veinte minutos de proyecci&oacute;n cuando escucho decir a mi padre:<\/p>\n<p>-Esta pel&iacute;cula es una mierda. Los actores parecen salidos de un c&oacute;mic. No hay m&aacute;s que sangre y m&uacute;sculos. Os espero fuera a que termine esto, as&iacute; aprovecho para hacer algunas llamadas telef&oacute;nicas y fumar un cigarrillo.<\/p>\n<p>Me estaba gustando la pel&iacute;cula. Un pu&ntilde;ado de intr&eacute;pidos espartanos se iba a enfrentar a todo un ej&eacute;rcito, luchando por su civilizaci&oacute;n y libertad. Estoy emocionado con la original versi&oacute;n de los trescientos valientes, cuando observo que sigilosamente el hombre reci&eacute;n llegado ha pasado a ocupar la butaca de mi padre, que se ha sentado junto a mi madre&#8230;<\/p>\n<p>Un leve rozamiento de rodilla sin que mi madre se opusiese o se separase permiti&oacute; al desconocido llegar a la conclusi&oacute;n que aquella hembra, de mediana edad, rechoncha, con buenos pechotes, oliendo divino y con falda corta quer&iacute;a tema. Dio un paso m&aacute;s y pos&oacute; su mano en la rodilla de mam&aacute;; ella se dej&oacute; hacer. Le subi&oacute; ligeramente la falda y con su mano vigorosa y &aacute;spera le alcanz&oacute; las bragas. Mam&aacute; separ&oacute; ligeramente las piernas. El hombre alcanz&oacute; la concha. Trat&oacute; de introducir un dedo bajo la pantaleta, pero esta estaba muy apretada. Tuvo que limitarse a presionar un dedo en la raja por encima de las bragas, luego dos. La muy zorra se abri&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s: quer&iacute;a que el hombre le alcanzara sin dificultad el cl&iacute;toris y poder as&iacute; disfrutar mejor del momento. Escuch&eacute; un resoplido; mam&aacute; empezaba a gozar. El desvergonzado empezaba a imprimir m&aacute;s ritmo con sus &aacute;giles dedos, sin importarle que un asiento m&aacute;s adelante estaba el propio hijo de aquella facilona. Pero fue m&aacute;s lejos todav&iacute;a.<\/p>\n<p>El rudo operario -fontanero, electricista, pintor de brocha gorda&#8230; o vaya usted a saber qu&eacute;, pero que sab&iacute;a que aquella mujer estaba recaliente por el espect&aacute;culo de la pantalla- no estaba dispuesto a desaprovechar aquella oportunidad &uacute;nica. Llev&oacute; la mano de mi madre a su entrepierna para que comprobase su estado de excitaci&oacute;n y el tama&ntilde;o de su verga a punto de explotar bajo sus pantalones de trabajo. Mam&aacute; palp&oacute; aquel miembro grande y duro y sin mayor esfuerzo dedujo que era muy superior al de su marido, lo que todav&iacute;a la excit&oacute; m&aacute;s (&iexcl;Pobre pap&aacute; echando un cigarrito y cerrando negocios en el hall del cine!).<\/p>\n<p>No lo dud&oacute; un minuto. El tiempo jugaba en contra, la pel&iacute;cula ten&iacute;a una duraci&oacute;n limitada. Baj&oacute; la cremallera del pantal&oacute;n del hombre y liber&oacute; aquel poll&oacute;n erecto y ya babeante. Empez&oacute; a masturbarlo lentamente, m&aacute;s pendiente de m&iacute; por si me daba cuenta de lo que estaba ocurriendo unos cent&iacute;metros m&aacute;s atr&aacute;s que de lo que ocurr&iacute;a en la pantalla. Viendo la calentura de la hembra, que recorr&iacute;a con deleite el miembro desde el glande hasta los cojones, el desconocido la agarr&oacute; por el cuello con la intenci&oacute;n de que le hiciese una felaci&oacute;n, pero ella calibr&oacute; los riesgos y lo descart&oacute;.<\/p>\n<p>El hombre, ciego por el calent&oacute;n, no cej&oacute; en su intento de alcanzar con sus dedos la panocha caliente y jugosa de mam&aacute; pero las bragas se lo impidieron una vez m&aacute;s. Aun as&iacute; logr&oacute; continuar f&aacute;cilmente con la masturbaci&oacute;n pues los jugos vaginales le permit&iacute;an una buena dedada. El co&ntilde;o estaba hinchado y el cl&iacute;toris parec&iacute;a una pijita erecta. El hombre conoc&iacute;a el arte de la paja femenina y controlaba inteligentemente las pausas y los refriegos; sab&iacute;a cu&aacute;ndo ten&iacute;a que apretar con fuerza toda la vulva hasta hacerla estremecer. En medio del estruendo de la batalla de las Termopilas mam&aacute; orgasme&oacute; como una cerda al tiempo que el hombre se corr&iacute;a con los bombeos de la manita ensortijada con el anillo de casada de ella, de tal manera que las r&aacute;fagas de su lechada impulsada con tal fuerza alcanz&oacute; el asiento que lleg&oacute; a ocupar mi hermana.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; tal? &iquest;Os gust&oacute; la pel&iacute;cula? -nos pregunt&oacute; mi padre que aguardaba en la salida.<\/p>\n<p>-Preciosa -dijo mi hermana.<\/p>\n<p>-&iexcl;Me encant&oacute;! -dijo mi madre.<\/p>\n<p>-&iquest;Y a ti, &Aacute;lex, te gust&oacute;? Recuerda que hemos venido al cine por tu cumplea&ntilde;os.<\/p>\n<p>-Papi -le respond&iacute;-. A m&iacute; me gust&oacute; m&aacute;s que a nadie. Tenemos que venir con m&aacute;s frecuencia al cine todos juntos.<\/p>\n<p>A medianoche me levant&eacute; de la cama. Tal era el grado de excitaci&oacute;n, tal era la lujuria que me dominaba por lo ocurrido aquella tarde en el cine, que no era capaz de conciliar el sue&ntilde;o. Me hab&iacute;a matado a pajas rememorando la infidelidad de mi madre con un desconocido en la oscuridad de la sala. Fui al ba&ntilde;o a refrescarme la cara y beber un poco de agua. De la cesta de la ropa para lavar sobresal&iacute;an unas braguitas de encaje blanco. Las cog&iacute;. Eran las pantoletas de mi madre. Ten&iacute;a marcado en la entrepierna, justo donde est&aacute; la concha, casi a punto de romperse la tela, los dedos de aquel hijoputa que la hab&iacute;a masturbado hasta la saciedad y la hab&iacute;a hecho gozar como una perra.<\/p>\n<p>Los fluidos vaginales a&uacute;n impregnaban la zona, abundantes y olorosos, tanto hab&iacute;a sido el placer que hab&iacute;a experimentado la muy puta. Llev&eacute; aquellos jugos a mi boca y los lam&iacute; con delectaci&oacute;n. Volv&iacute; a empalmarme, las pelotas ya me dol&iacute;an de tanto mene&aacute;rmela, pero aun as&iacute; saqu&eacute; por en&eacute;sima vez un potente chorro de leche y empap&eacute; las bragas de la madre que me pari&oacute;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 6<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>La vor&aacute;gine de los &uacute;ltimos acontecimientos que, de alguna manera, siempre tienen relaci&oacute;n con el desenfreno sexual de mi madre, me hizo rememorar un acontecimiento que ya ten&iacute;a medio olvidado. 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