{"id":23350,"date":"2020-04-20T22:00:00","date_gmt":"2020-04-20T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-04-20T22:00:00","modified_gmt":"2020-04-20T22:00:00","slug":"las-reliquias-de-los-primeros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/las-reliquias-de-los-primeros\/","title":{"rendered":"Las reliquias de los Primeros"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"23350\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Cap&iacute;tulo 1. &quot;Una y solo una&quot;<\/p>\n<p>El joven Thorsten cabeceaba a cada rato y no prestaba atenci&oacute;n al camino. Se limitaba a cabalgar tras los pasos del caballo de su sierva sombra. Ni siquiera conoc&iacute;a el nombre de aquella aldeucha hedionda en la que estaban ya entrando y donde har&iacute;an fonda esta noche. Para &eacute;l todas eran iguales. Poblachos de cuatro casas cochambrosas y una taberna que siempre estaba llena de patanes campesinos y mujeres gritonas, melladas y de cabello sucio. A &eacute;l le gustaban otra clase de hembras: las damas j&oacute;venes aunque algo mayores que &eacute;l, delicadas y con modales. Y sobre todo de familias ricas, como su nueva sierva. De cabello fino y dorado, buenos senos y mejores tragaderas.<\/p>\n<p>La sierva detuvo su caballo en la desierta plaza de la aldea, frente a la moribunda antorcha que anunciaba una posada. Descendi&oacute; con cierta torpeza, remang&aacute;ndose el vestido sin mucha ma&ntilde;a, at&oacute; su caballo y esper&oacute; de pie en el lodazal a que arribara el caballo de su se&ntilde;or.<\/p>\n<p>&mdash;Me traes siempre a sitios de mala muerte, idiota &mdash;se quej&oacute; el joven se&ntilde;or cuando lleg&oacute; a su lado y vio al aspecto de la posada.<\/p>\n<p>Thorsten bostez&oacute; largamente, se llev&oacute; la mano bajo la pechera abierta de su gab&aacute;n y se rasc&oacute;. Entonces baj&oacute; de su montura, pr&aacute;cticamente de un salto, se estir&oacute; y, separando un poco las piernas, se acomod&oacute; con la mano la verga bajo el pantal&oacute;n, hasta que estuvo c&oacute;modo.<\/p>\n<p>&mdash;Bien, entremos &mdash;orden&oacute; entonces&mdash;. Parece que va a llover de nuevo.<\/p>\n<p>En plena noche la posada se hallaba tranquila. Quedaban solo tres o cuatro clientes, borrachos ya y durmiendo con la cabeza apoyada sobre las mesas, roncando ruidosamente. Incluso el tabernero daba cabezadas, sentado tras la barra en la penumbra. La mitad de las l&aacute;mparas de aceite se hab&iacute;an apagado ya y los rincones de la taberna estaban sumidos en la oscuridad.<\/p>\n<p>El joven Thorsten recorri&oacute; el pasillo entre las mesas y sus pasos resonaron pesados sobre los tablones del suelo. Lleg&oacute; hasta la barra y golpe&oacute; con los nudillos sobre la superficie de madera.<\/p>\n<p>&mdash;Eh, despierta &mdash;dijo&mdash;. Mi acompa&ntilde;ante y yo tenemos hambre.<\/p>\n<p>El hombre se sobresalt&oacute; en su asiento, sorprendido por el repentino ruido. Levant&oacute; los ojos y se extra&ntilde;&oacute; al ver a un joven serio y ce&ntilde;udo chasqueando los dedos a un cent&iacute;metro de su cara, con impaciencia por ser atendido.<\/p>\n<p>&mdash;Buenas noches, se&ntilde;or. Me hab&iacute;a quedado traspuesto. Suele haber poco movimiento en Molinos del Rey a estas horas de la noche.<\/p>\n<p>Thorsten achin&oacute; un poco los ojos y observ&oacute; al hombrecillo. No era m&aacute;s que un alfe&ntilde;ique bastante mayor que &eacute;l y al que el joven le sacaba una cabeza de altura, siendo generosos. Era peque&ntilde;o y muy delgado, con un pelo rubio y fino y la piel p&aacute;lida como la de una doncella. Solo uno de los brazos del joven abultaba m&aacute;s que todo el cuerpo de aquel pobre miserable.<\/p>\n<p>&mdash;Si tienes ternera s&iacute;rvenos dos piernas, y el mejor vino del que dispongas. Tambi&eacute;n necesitaremos una habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Thorsten dej&oacute; caer el &uacute;ltimo hueso ro&iacute;do sobre la escudilla de lat&oacute;n. Resopl&oacute;, satisfecho, y entonces se ech&oacute; atr&aacute;s en su asiento y apoy&oacute; los codos en el respaldo. Su pecho se hinch&oacute; levemente y dej&oacute; escapar un sonoro y largu&iacute;simo eructo.<\/p>\n<p>Mientras se hurgaba con la lengua entre los dientes se dedic&oacute; a observar a la hembra que manten&iacute;a sometida con artes negras. Incluso en los d&iacute;as fr&iacute;os la obligaba a llevar abierto el abrigo sobre el pecho y desabrochados los primeros cordajes de su escote, de modo que se mostrara mucho de sus hermosos senos.<\/p>\n<p>&mdash;Cuando estemos arriba me voy a correr entre esas dos &mdash;dijo con una sonrisa socarrona y arque&oacute; las cejas, mientras se&ntilde;alaba con el dedo &iacute;ndice a los senos de su sierva.<\/p>\n<p>Ella no replic&oacute;, solo afirm&oacute; brevemente con la cabeza y sus labios se curvaron m&iacute;nimamente en lo que parec&iacute;a una sonrisa de asentimiento. Pero nada m&aacute;s, ni una palabra. Solo aquella mirada cansada y hueca.<\/p>\n<p>Entonces el joven se asom&oacute; de nuevo hacia la barra y llam&oacute; al encargado de la taberna. Le hizo un gesto, se&ntilde;alando hacia la planta superior y record&aacute;ndole que hab&iacute;a pedido una habitaci&oacute;n y el hombre asinti&oacute; y desapareci&oacute; escaleras arriba.<\/p>\n<p>Thorsten se abri&oacute; completamente el gab&aacute;n y se recost&oacute; sobre el banco, a la espera de que abrieran su habitaci&oacute;n. Ocasionalmente se rascaba su todav&iacute;a incipiente barba o se llevaba la mano sobre el cabello, negro como el alquitr&aacute;n, pein&aacute;ndoselo atr&aacute;s e insistiendo con los dedos en dejarse definida la raya a un lado.<\/p>\n<p>Pero no tuvo que esperar mucho m&aacute;s. Pronto se oyeron unos pasos a la carrera en la tranquilidad de la taberna y apareci&oacute; frente a ellos el tabernero, resoplando e inclinando la cabeza.<\/p>\n<p>&mdash;Todo listo. Si son tan amables de seguirme.<\/p>\n<p>El joven se qued&oacute; sentado todav&iacute;a un momento. Hab&iacute;a algo en la cara de aquel hombrecillo, en su voz temblorosa y sus ojos cobardes que le tra&iacute;a a la mente un recuerdo distante y molesto.<\/p>\n<p>&mdash;Bien, vamos &mdash;dijo el joven y se levant&oacute;. Y tras &eacute;l, como un resorte, su sombra.<\/p>\n<p>Los reci&eacute;n llegados siguieron al tabernero escaleras arribas y hasta una habitaci&oacute;n abierta y que el gerente de la posada hab&iacute;a iluminado convenientemente con m&uacute;ltiples lamparillas de aceite.<\/p>\n<p>La temperatura era agradable de modo que Thorsten se deshizo de su grueso gab&aacute;n y lo tir&oacute; en la cama y con un peque&ntilde;o gesto de la cabeza dio orden a su sombra de que tambi&eacute;n ella se quitara el suyo. Y entonces el joven repar&oacute; en la gran tina a un lado de la habitaci&oacute;n, llena de agua caliente y perfumada. Mir&oacute;, sorprendido, al encargado de la posada.<\/p>\n<p>&mdash;Solo por si el se&ntilde;or desea asearse antes de dormir &mdash;explic&oacute; el hombrecillo sin atreverse a mantener la mirada fija sobre el joven y su acompa&ntilde;ante.<\/p>\n<p>Thorsten dej&oacute; escapar una breve risotada y asinti&oacute; con la cabeza repetidamente, como si acabase de caer en la cuenta de algo que hasta entonces hab&iacute;a pasado por alto.<\/p>\n<p>Se tir&oacute; en la cama, se recost&oacute;, apoy&aacute;ndose en los codos, y volvi&oacute; a chistar al regente de la posada.<\/p>\n<p>&mdash;Eh &mdash;lo llam&oacute;&mdash;. Traigo las botas llenas de barro. Qu&iacute;tamelas.<\/p>\n<p>El hombre revel&oacute; un leve gesto de estupor y enrojeci&oacute; por completo. Se qued&oacute; all&iacute;, clavado en su sitio y cuando la joven dama se volvi&oacute; hacia &eacute;l, con aquella mirada l&aacute;nguida, &eacute;l la mir&oacute; de vuelta, sin saber c&oacute;mo actuar.<\/p>\n<p>&mdash;Yo&hellip; &mdash;tartamude&oacute; el hombre&mdash;. Yo creo que tal vez su esposa podr&iacute;a ayudarle mejor que yo a tomar su ba&ntilde;o, se&ntilde;or. &mdash;Entonces mir&oacute; de nuevo la mujer y baj&oacute; otra vez los ojos al suelo&mdash;. No quiero molestarles mas, dado que es muy tarde.<\/p>\n<p>Y sin decir nada m&aacute;s, el hombrecillo inclin&oacute; de nuevo la cabeza, sali&oacute; a toda prisa y cerr&oacute; la puerta tras &eacute;l.<\/p>\n<p>Thorsten frunci&oacute; un poco el ce&ntilde;o, en una mueca de extra&ntilde;eza, pero no desisti&oacute; y dio un golpe en el suelo con el pie para llamar la atenci&oacute;n de su sierva.<\/p>\n<p>&mdash;Las botas.<\/p>\n<p>La mujer se acerc&oacute;, llev&oacute; una rodilla al suelo ante el joven, apoy&oacute; su pie calzado en su rodilla, sobre su rico vestido de terciopelo turquesa y filigranas de plata, agarr&oacute; el tal&oacute;n de la bota y tir&oacute; con dificultad una y otra vez hasta que se la logr&oacute; sacar.<\/p>\n<p>Mientras la mujer pasaba a la otra bota, Thorsten se abri&oacute; el bot&oacute;n en la abertura de su camisa y se sac&oacute; el colgante dorado que llevaba al cuello.<\/p>\n<p>&mdash;No sabes cu&aacute;nto me molestan las limitaciones del maldito flagel &mdash;dijo, observando el cord&oacute;n trenzado de oro, grueso en un extremo y gradualmente mas fino hacia el otro&mdash;. La capacidad de poseer &uacute;nicamente una sombra. &iquest;Qu&eacute; se puede hacer solo con una? Es muy decepcionante, &iquest;no te parece?<\/p>\n<p>Thorsten llev&oacute; un dedo bajo la barbilla de la mujer y se la levant&oacute;, oblig&aacute;ndola a mirarlo.<\/p>\n<p>Ella asinti&oacute;, respondiendo a su se&ntilde;or, y baj&oacute; de nuevo la mirada.<\/p>\n<p>&mdash;Tuve que renunciar a mi casa para conseguirlo. Tuve que hacer un pacto con las mism&iacute;simas Furias de la Cuevas Negras. Pero me la jugaron. &iexcl;Solo una sombra! &iexcl;&iquest;Qu&eacute; hijo de Ter que se precie aspira a poseer una &uacute;nica sombra?!<\/p>\n<p>Thorsten apart&oacute; la mirada hacia la l&aacute;mpara sobre la mesa, molesto.<\/p>\n<p>&mdash;Distr&aacute;eme antes de dormir &mdash;orden&oacute;.<\/p>\n<p>La sierva arrodillada entre sus piernas se irgui&oacute; un poco en el suelo y deshizo el nudo de los cordeles que cerraban la bragueta y entonces le sac&oacute; la verga por completo. Comenz&oacute; acarici&aacute;ndola con suavidad, con la adoraci&oacute;n que sol&iacute;a agradar a su se&ntilde;or, dejando que sus dedos resbalasen desde la punta del glande, ya h&uacute;medo, hasta el pubis. Thorsten sin embargo no parec&iacute;a dispuesto a tanto pre&aacute;mbulo, y agarr&oacute; bruscamente la cabeza de su espectro y la oblig&oacute; a meterse su falo en la boca, entero y hasta la garganta, y cuando not&oacute; el calor h&uacute;medo y la presi&oacute;n de los labios arrastrando la piel de su verga dejo escapar una exhalaci&oacute;n de gusto, cruz&oacute; las manos bajo la nuca y se termin&oacute; de tumbar.<\/p>\n<p>La sierva se dedic&oacute; a lamer el falo duro y erecto de su joven se&ntilde;or. Lo hac&iacute;a con entrega absoluta. Tal vez porque, en los pocos meses que llevaba a su servicio, Thorsten ya la hab&iacute;a entrenado bien y nunca hab&iacute;a escatimado en golpes y fustazos, o tal vez porque aquella est&uacute;pida ni&ntilde;a rica hab&iacute;a comprendido por fin que tener satisfecho y entretenido a su se&ntilde;or era ya la &uacute;nica forma de salvar aquel fino hilo que la ataba a este mundo. En realidad Thorsten no se hab&iacute;a tomado la molestia de preguntarle. Ten&iacute;a preocupaciones y ambiciones importantes, mucho mas grandes que lo que les sucediese por dentro a las sombras que hab&iacute;an pasado por sus manos en los &uacute;ltimos meses.<\/p>\n<p>El joven gru&ntilde;&oacute; de placer y, previendo que se podr&iacute;a correr en cualquier instante, apart&oacute; de un manotazo la cabeza de la sierva. Se ech&oacute; adelante en la cama y se sent&oacute; y agarr&oacute; la mand&iacute;bula de la hembra sombra a sus pies. Le desat&oacute; el corpi&ntilde;o y tir&oacute; violentamente de sus ropas para poderle sacar los pechos. Se los manose&oacute; con fuerza, tratando de cubrirlos enteros con sus grandes manos, apret&aacute;ndolos a pu&ntilde;ados, y aquello hizo que su pene se sacudiera. Ella hizo un gesto de incomodidad y dej&oacute; escapar un leve gemido.<\/p>\n<p>&mdash;Shhh, pensaba que a las ni&ntilde;as de bien tambi&eacute;n os gustaba que os tocaran las tetas.<\/p>\n<p>El joven acarici&oacute; el cuello de su sierva y de repente apret&oacute;, se levant&oacute; y tir&oacute; de ella hacia arriba, oblig&aacute;ndola a ponerse de pie sin esper&aacute;rselo.<\/p>\n<p>Thorsten se inclin&oacute; y lami&oacute; sus pechos, especialmente la punta de aquellos pezones abultados y de grandes areolas, de un rosa tan intenso como la carne poco hecha. Y mordi&oacute;. El agudo chillido de la chica qued&oacute; eclipsado de inmediato con la carcajada divertida de su se&ntilde;or.<\/p>\n<p>&mdash;No puede ser &mdash;dijo el joven, resollando ruidosamente entre la risa&mdash;. &iquest;Esto te duele? &mdash;Y acerc&oacute; otra vez los dientes sobre el pez&oacute;n herido de su sierva y apret&oacute; m&aacute;s fuerte. Ella chill&oacute; de nuevo pero Thorsten no se detuvo y apret&oacute; a&uacute;n m&aacute;s con los dientes, sin que parecieran molestarle los alaridos de la muchacha, hasta que crey&oacute; notar como sus dientes estaban ya a punto de tocarse entre s&iacute;.<\/p>\n<p>Alej&oacute; la cara y mir&oacute; a la sombra a los ojos, con s&uacute;bita agresividad y rabia. Se llev&oacute; la lengua a la comisura de la boca y enseguida el dedo y observ&oacute; que lo ten&iacute;a manchado de sangre. Hab&iacute;a hecho sangre sobre el pez&oacute;n de aquella desgraciada.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, &mdash;le dijo, volviendo a mirarla frente a frente, muy de cerca, y respirando con la boca abierta a un mil&iacute;metro de su cara&mdash;. Si te duele es porque todav&iacute;a estas viva. Deber&iacute;as dar gracias.<\/p>\n<p>Entonces la aferr&oacute; de la gruesa trenza de su cabello y la oblig&oacute; a arrodillarse. Le apart&oacute; la mano derecha del pez&oacute;n, que ella trataba de cubrirse con la palma para calmar el dolor, y se la llev&oacute; sobre su verga dura. Le dio un comedido cachete en la cara y la sierva comenz&oacute; a masturbarle.<\/p>\n<p>Thorsten se qued&oacute; inm&oacute;vil, de pie, con las piernas separadas y las manos en la cintura, dej&aacute;ndose hacer. A veces miraba abajo, se recreaba en el gesto rendido de los ojos de su sombra, se congratulaba en lo bien que hab&iacute;a elegido cuando la tom&oacute; de su casa, a ella y, por supuesto, todas las alhajas que pudo cargar en su caballo. Entonces baj&oacute; los ojos hasta la punta de su pez&oacute;n derecho, sobre el que brotaba una gotita gruesa de sangre y, cuando sinti&oacute; los primeros espasmos de la eyaculaci&oacute;n, centr&oacute; toda la atenci&oacute;n en intentar atinar en aquel preciso punto, como si se tratase de un &uacute;ltimo juego con el que rematar la noche antes de irse a dormir.<\/p>\n<p>Ni siquiera se arrop&oacute;. Hac&iacute;a calor. Simplemente se dej&oacute; caer desnudo sobre las s&aacute;banas.<\/p>\n<p>&mdash;L&iacute;mpia todo y ponte a estudiar el mapa en mi alforja &mdash;dijo, con voz somnolienta&mdash;. &iquest;Tu familia no ten&iacute;a un maestro en casa que te ense&ntilde;&oacute; a leer? Pues ve planeando el viaje para ma&ntilde;ana. Tengo que llegar a las Ruinas de Vul cuanto antes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Cap&iacute;tulo 1. &quot;Una y solo una&quot; El joven Thorsten cabeceaba a cada rato y no prestaba atenci&oacute;n al camino. Se limitaba a cabalgar tras los pasos del caballo de su sierva sombra. Ni siquiera conoc&iacute;a el nombre de aquella aldeucha hedionda en la que estaban ya entrando y donde har&iacute;an fonda esta noche. 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