{"id":23401,"date":"2020-04-23T22:00:00","date_gmt":"2020-04-23T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-04-23T22:00:00","modified_gmt":"2020-04-23T22:00:00","slug":"la-esclava-de-la-senora-marisa-y-su-hija-laura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-esclava-de-la-senora-marisa-y-su-hija-laura\/","title":{"rendered":"La esclava de la se\u00f1ora Marisa y su hija Laura"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"23401\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">6<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Me llamo Ana. Cuando esto pas&oacute; yo ten&iacute;a 24 a&ntilde;os. Marisa, mi jefa, 41 y Laura, la hija de mi jefa, 18 a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Todo comenz&oacute; porque yo soy de un pueblo de Segovia, donde apenas hay vida y decid&iacute; un d&iacute;a, contestar a un anuncio que le&iacute; en internet, de una se&ntilde;ora que necesitaba una chica interna. Yo me ofrec&iacute;. Llam&eacute; y habl&eacute; con la se&ntilde;ora Marisa y me cit&oacute; para empezar a trabajar en su casa un lunes de abril de 2017. Ahora hace justo 3 a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Los primeros d&iacute;as he de confesar que estaba bastante nerviosa. Ya le hab&iacute;a comentado a la se&ntilde;ora Marisa, que era inexperta y ella me dijo: &ldquo;Tu, con que seas obediente y hagas lo que se te mande, con eso nos vale&rdquo;. Yo intentaba estar atenta a todo, para contentar a mis jefas. Me levantaba a las 7,30, para prepararle el desayuno a mi se&ntilde;ora Marisa y que ella al despertar ya tuviera su caf&eacute; caliente, sus tostadas y su zumo de naranja reci&eacute;n exprimido. Mientras ella desayunaba, yo me iba a su dormitorio, para ventilarlo y hacerle la cama, principalmente.<\/p>\n<p>La se&ntilde;ora Marisa, era separada y ten&iacute;a una zapater&iacute;a a unos 400 metros de su casa, en una de las calles principales del Barrio del Pilar, en Madrid. Cuando ella terminaba de desayunar, yo recog&iacute;a su desayuno y nos &iacute;bamos a la zapater&iacute;a. All&iacute; siempre hab&iacute;a cosas que hacer, colocar el escaparate era fundamental, pero tambi&eacute;n limpiar estanter&iacute;as, fregar suelos, colocar las cajas del almac&eacute;n, etc&#8230; La se&ntilde;ora Marisa desde el primer d&iacute;a, me iba ense&ntilde;ando todo eso&#8230;<\/p>\n<p>Marisa era alta, 1, 75 aproximadamente. Pesaba unos 58 kg. Rubia. Ojos claros&#8230; La verdad es que era una mujer de admirar&#8230; Y yo la adoraba. Desde el primer instante qued&eacute; prendada de ella y de su hija Laura, pues tambi&eacute;n era guap&iacute;sima.<\/p>\n<p>Laura media 1, 73. Pesaba 52 kg. Y ten&iacute;a unos ojos preciosos, claros, muy lindos. De llamar la atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>Los d&iacute;as iban pasando y una ma&ntilde;ana, trajeron mucho calzado para colocar en el almac&eacute;n, Marisa me orden&oacute; tirar algunas cajas, yo fui a tirarlas y ella se tropez&oacute;, con unas que yo hab&iacute;a dejado en el estrecho pasillo. Marisa me ech&oacute; una se&ntilde;ora broca&#8230; Yo le ped&iacute; perd&oacute;n un mont&oacute;n de veces y ese mismo d&iacute;a yo not&eacute; que Marisa era muy dominante pues me tuvo toda la ma&ntilde;ana detr&aacute;s de ella, pidi&eacute;ndole perd&oacute;n. Otra, a la segunda o tercera vez, me hubiera dicho, vale. Pero Marisa, no me dec&iacute;a nada y yo sumisamente cada vez que ten&iacute;a ocasi&oacute;n, volv&iacute;a a pedirle que me perdonara.<\/p>\n<p>A las 12 del mediod&iacute;a, Marisa me sol&iacute;a mandar a casa, para preparar la comida y colocar la mesa, comprar el pan, etc. Muchas veces a esas horas la se&ntilde;orita Laura segu&iacute;a durmiendo&#8230;Y otras veces estaba levantada, pero tumbada en el sof&aacute;. Yo lo primero, le iba arreglando el cuarto a Laura, le hacia la cama, le recog&iacute;a bragas, los calcetines, todo lo que dejaba del d&iacute;a anterior&#8230; y luego recog&iacute;a su desayuno, si hab&iacute;a terminado. Y me pon&iacute;a a calentar la comida tranquilamente&#8230; Un d&iacute;a estaba Laura tumbada en el sof&aacute; del sal&oacute;n y yo en la cocina preparando unas patatas&#8230; Le suena el m&oacute;vil a Laura y me llama a gritos: &ldquo;Ana, Ana!!!&rdquo; Yo acudo r&aacute;pido y me dice: &ldquo;Anda alcanzame el m&oacute;vil&rdquo;, que lo ten&iacute;a sobre la mesa, a su lado&#8230; Extendi&oacute; su mano, yo se lo di, empez&oacute; a hablar, no s&eacute; con qui&eacute;n&#8230; Y me hizo un gesto con su mano, como dici&eacute;ndome que me pod&iacute;a retirar&#8230; Cuando termin&oacute; de hablar, Laura me volvi&oacute; a llamar y me dijo:<\/p>\n<p>-Ten el m&oacute;vil d&eacute;jamelo en la mesa.<\/p>\n<p>Yo se lo cog&iacute; y le dije:<\/p>\n<p>-Si se&ntilde;orita Laura, como usted ordene.<\/p>\n<p>Y lo dej&eacute; en la mesa, que estaba a dos metros de ella. Laura era as&iacute;, tremendamente caprichosa. Otro d&iacute;a recuerdo que estaba yo en la cocina pelando ajos, y entra Laura y me dice: &ldquo;Deja eso y ponme un vaso de agua, tengo sed&#8230;&rdquo;. Yo como siempre: &ldquo;Si, se&ntilde;orita Laura, ahora mismo se lo sirvo&rdquo;. Eso era muy t&iacute;pico en ella. Conmigo cogi&oacute; esa costumbre y me llamaba para todo.<\/p>\n<p>La se&ntilde;ora Marisa era m&aacute;s normal, no tan caprichosa como su hija, pero era muy dominante y ten&iacute;a mucho temperamento. Yo que siempre he sido muy sumisa, estaba pendiente de que pasara algo extra cotidiano, para poderle demostrar mi sumisi&oacute;n. Una ma&ntilde;ana, Marisa me llam&oacute;, para pedirme que le calentara m&aacute;s el caf&eacute;, pues estaba fr&iacute;o. Yo lo calent&eacute;, se lo serv&iacute; y me puse a su lado de rodillas para pedirle perd&oacute;n. A Marisa le encant&oacute; verme arrodillada ante ella y me dijo:<\/p>\n<p>-Tienes suerte que ahora nos tenemos que ir, pues te hubiera dejado toda la ma&ntilde;ana as&iacute;, castigada de rodillas, para que aprendieras&#8230;<\/p>\n<p>Yo le coment&eacute;:<\/p>\n<p>-Si lo desea me puede castigar, en la zapater&iacute;a&#8230; O esta noche, despu&eacute;s de cenar&#8230;<\/p>\n<p>Y Marisa me contest&oacute;:<\/p>\n<p>-Pues ya ver&eacute;, ya ver&eacute;&#8230; No ser&iacute;a mala idea, despu&eacute;s de cenar&#8230; Me lo pensar&eacute;.<\/p>\n<p>Ese d&iacute;a trascurri&oacute; m&aacute;s o menos normal. La se&ntilde;orita Laura me ech&oacute; dos broncas, una por no haberle planchado bien los pantalones&#8230; (seg&uacute;n ella) y otra buena bronca, por no haberle dejado limpias unas zapatillas deportivas, que a Laura le gustaban mucho. Pero quitando esas dos an&eacute;cdotas todo transcurri&oacute; bastante bien. Pero una vez, que recog&iacute; todo lo de la cena y fregu&eacute; los cacharros y recog&iacute; la cocina dej&aacute;ndola barrida y fregada. A eso de las diez y media de la noche, Marisa me dice: &ldquo;Creo que t&uacute; y yo ten&iacute;amos un castigo pendiente&#8230;&rdquo;. &ldquo;Si se&ntilde;ora Marisa -le dije yo- fue por servirle el caf&eacute; m&aacute;s fr&iacute;o de lo normal&#8230;&rdquo;.<\/p>\n<p>Y Marisa me dijo: &ldquo;Pues estoy pensando, castigarte ahora&#8230; Ahora si tengo tiempo para castigarte&rdquo;. &ldquo;Como usted mande se&ntilde;ora Marisa&rdquo;. Y ella me dijo:<\/p>\n<p>-Ya que esta ma&ntilde;ana te has puesto de rodillas&#8230; Te voy a castigar as&iacute;, de rodillas una hora, en ese rinc&oacute;n, mirando la pared.<\/p>\n<p>Yo me fui al rinc&oacute;n que Marisa me dijo, me arrodill&eacute; y as&iacute; estuve una hora. Pero yo creo que la que m&aacute;s lo disfrut&oacute;, fue la se&ntilde;orita Laura, que se pas&oacute; todo el rato observ&aacute;ndome, pues Marisa me prohibi&oacute; sentarme sobre mis talones&#8230; Me quer&iacute;a de rodillas r&iacute;gida, firme. Laura le pregunt&oacute; a su madre:<\/p>\n<p>-&iquest;Y yo, le puedo castigar tambi&eacute;n?<\/p>\n<p>Marisa sonriendo, le dijo: Pues no. Ana no es una esclava. Yo le he castigado hoy, porque hemos llegado a ese acuerdo esta ma&ntilde;ana ella y yo, pero normalmente, no se le puede castigar.<\/p>\n<p>Y Laura dijo: &ldquo;Que putada!!!2. Yo aprovech&eacute; y le dije: &ldquo;Pero tambi&eacute;n puedo pactar con usted alg&uacute;n castigo, si lo desea&#8230; se&ntilde;orita Laura&rdquo;. Y ya le cambi&oacute; la cara por completo.<\/p>\n<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, al regresar de la zapater&iacute;a, a eso de las 12 de la ma&ntilde;ana, nada m&aacute;s entrar en casa, saludo a Laura que estaba levantada y Laura me dice:<\/p>\n<p>-Tenemos que pactar t&uacute; y yo un castigo, como hiciste ayer con mi madre, joder t&iacute;a, me encanto verte ah&iacute; de rodillas, firme, aguantando&#8230; Pues eso tiene que doler&#8230;<\/p>\n<p>Yo le coment&eacute; que era molesto, pero que tampoco fue un castigo doloroso. Y Laura me dijo:<\/p>\n<p>-Pues yo quiero castigarte&#8230;<\/p>\n<p>Yo le dije:<\/p>\n<p>-Pues cast&iacute;gueme, si ese es su deseo, cast&iacute;gueme, como quiera, como desee&#8230;<\/p>\n<p>Y Laura me dijo:<\/p>\n<p>-Como si fueras mi esclava.<\/p>\n<p>-Perfecto, como si fuera su esclava -le contest&eacute;.<\/p>\n<p>Laura me comento:<\/p>\n<p>-Es que me gustar&iacute;a tenerte de rodillas y pellizcarte los pechos, darte bofetadas, mandarte que me beses los pies&#8230;<\/p>\n<p>Yo le dije:<\/p>\n<p>-Pues si quiere soy su esclava 15 o 20 minutos, y ah&iacute; en ese tiempo, me castiga como quiera, pues luego tengo que preparar todo&#8230; Que si viene su madre y no est&aacute; todo como ella me orden&oacute;, entonces s&iacute;, que me va a castigar bien&#8230;<\/p>\n<p>A Laura le gust&oacute; la idea de tenerme quince o veinte minutos bajo su poder, y r&aacute;pido me dijo: &ldquo;Venga, empezamos: B&eacute;same los pies esclava&rdquo;. Ella estaba sentada sobre el sof&aacute; del sal&oacute;n y yo me acerqu&eacute;, le bes&eacute; los pies, cuando le apeteci&oacute;, me orden&oacute; lam&eacute;rselos, tambi&eacute;n se los lam&iacute;. De repente, se sienta en el sof&aacute;, yo estaba frente a ella, a poco m&aacute;s de un metro. Entonces me pellizca los pezones, yo me retuerzo de dolor, pues no me lo esperaba, ni sab&iacute;a que pod&iacute;a doler tanto&#8230; Me quejo&#8230; Laura me abofetea repetidas veces la cara, me vuelve a pellizcar, en los pechos, en los pezones otra vez&#8230; Se quita una de sus zapatillas y me da con la suela en la cara, varias veces, no me pega fuerte, pero siento el zapatillazo, Laura se empieza a poner caliente a me ordena darle placer en su pipa, hasta que la se corre en mi boca.<\/p>\n<p>Laura solo ten&iacute;a 18 a&ntilde;os .Yo 24, pero me daba miles de vueltas&#8230; Fueron poco m&aacute;s de 20 minutos, y mi vida desde mismo instante cambi&oacute; por completo. Laura me hizo su esclava unas cuantas semanas en secreto, pero pronto empez&oacute; a castigarme delante de su madre&#8230; Y empec&eacute; a ser la esclava de las dos&#8230;<\/p>\n<p>Este relato continuar&aacute;&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>6 Me llamo Ana. Cuando esto pas&oacute; yo ten&iacute;a 24 a&ntilde;os. Marisa, mi jefa, 41 y Laura, la hija de mi jefa, 18 a&ntilde;os. 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