{"id":23573,"date":"2020-05-05T22:00:00","date_gmt":"2020-05-05T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-05-05T22:00:00","modified_gmt":"2020-05-05T22:00:00","slug":"como-convencer-a-alguien-de-aquello-que-no-desea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/como-convencer-a-alguien-de-aquello-que-no-desea\/","title":{"rendered":"Como convencer a alguien de aquello que no desea"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"23573\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Hab&iacute;a ca&iacute;do la tarde de manera plomiza, una gruesa y rara capa de lluvia levant&oacute; todos los h&aacute;bitos de vida aquel mi&eacute;rcoles de mediod&iacute;a. Las gentes iban y ven&iacute;an en el centro de Madrid envueltos de caos y prisas, era un rid&iacute;culo espect&aacute;culo que Marina y yo mir&aacute;bamos aburridamente desde la cafeter&iacute;a. Guard&aacute;bamos silencio, yo tomaba un caf&eacute; doble con leche, era un caf&eacute; fuerte, caf&eacute; de m&aacute;quina expreso, parecido al caf&eacute; Turco y en la forma que s&oacute;lo lo preparan en Espa&ntilde;a: Entre prisas, voces, sonidos de platos y cucharas desafinados, y vasos sucios con restos de manchas de carm&iacute;n. Marina tomaba una copa de licor de Amaretto, de almendras amargas, observaba despistadamente la botella como quien quiere encontrar de nuevo el secreto de los frailes que destilaron su peque&ntilde;o elixir, y yo a su lado abr&iacute;a y cerraba hojas del diario, intentaba encontrar una raz&oacute;n para que aquel d&iacute;a fuera un d&iacute;a normal y corriente.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a llegado el d&iacute;a, ten&iacute;a todo el aire de los domingos por la tarde, de las fiestas, ten&iacute;a ese toque especial de las celebraciones, y parte del secreto y el &eacute;xito estaba en m&iacute;, deb&iacute;a de disimular y aparentar cierta calma, cierto aburrimiento como parte del secreto.<\/p>\n<p>Vest&iacute;a impecable, aunque lo hiciera a toda prisa y salida de la cama expulsada por un muelle, la misma camisa que le ca&iacute;a y el caf&eacute; que daba entre sorbos de precipitaci&oacute;n la convert&iacute;an en una mujer &uacute;nica, especial, maldiciendo entre mocasines a la carrera y los restos de su bolso como un naufragio esparcidos sobre la mesa.<\/p>\n<p>Esa tarde de lluvia en la cafeter&iacute;a llevaba curiosamente la misma falda corta de nuestra primera cita, una falda de algod&oacute;n color crema, quiz&aacute;s fuera un mensaje, quiz&aacute;s tambi&eacute;n un buen presagio o quiz&aacute;s tambi&eacute;n solo pura casualidad porque con Marina nunca se sab&iacute;a nada a ciencia cierta. Hab&iacute;a pasado un a&ntilde;o, !un a&ntilde;o! tan deprisa, como pasa un tren de carga, con la velocidad del diablo, con el mismo viento tambi&eacute;n acariciando mi cara, un a&ntilde;o de aquella primera cita en la que quiz&aacute;s nunca hubi&eacute;ramos llegado a nada mientras bostez&aacute;bamos un aburrido recital de poes&iacute;as de la C&aacute;mara de Comercio.<\/p>\n<p>Nunca hab&iacute;a entendido demasiado bien la necesidad que encontraban las personas de creer que sus lamentos, penas y desgracias resultaban atractivos a los o&iacute;dos ajenos, aquel rapsoda le&iacute;a versos de zumo de alma seca, de cuento de hadas disecadas, y no encuentro una explicaci&oacute;n m&aacute;s l&oacute;gica y acertada que el mismo olor de Marina, de aquella sensaci&oacute;n que llenaba mi alma y me sacaba una erecci&oacute;n, por la que mi mano se hab&iacute;a acomodado en su asiento y junto a su cadera sin que hiciera el m&iacute;nimo esfuerzo por librarse de ella.<\/p>\n<p>Era mi mano, una mano lasciva, casual, que aun pod&iacute;a huir si se incomodaba demasiado, mitad mano, mitad roce con su cadera, mitad deseo de rozar su pierna. Mir&eacute; de soslayo su gesto y segu&iacute;a siendo el mismo, solo que ya sab&iacute;a de la existencia de mi mano entre sus bostezos y su cadera, entre la melod&iacute;a de fondo de aquel poeta triste que cantaba odas a los sentimientos pat&eacute;ticos y encerrados, como un chiste, como un cinismo, aquel hombre mal afeitado de camisa rid&iacute;cula miraba rid&iacute;culamente al techo preguntando idioteces y reproches a la amada mientras simul&eacute; dejar caer fortuitamente mi abrigo sobre sus piernas.<\/p>\n<p>Una mano ladrona, mi mano, trepaba bajo el abrigo por su pierna, si hubiera sido la mano izquierda habr&iacute;a sido mucho m&aacute;s f&aacute;cil, pero estaba sentada a mi derecha y solo pod&iacute;a hacerlo con la mano derecha, resultaba un poco m&aacute;s inc&oacute;modo pero peor era nada. Su pierna era suave, de piel de terciopelo, caliente.<\/p>\n<p>Lo verdaderamente importante era su reacci&oacute;n, era nuestra primera cita, no &eacute;ramos nada, apenas amigos que se hab&iacute;an cruzado en los pasillos de un trabajo enorme y descomunal, de unas oficinas tan pesadas y largas como los grandes barcos mercantes. Aquella zorrita mejor que caminar levitaba por los pasillos entre archivos y ojos lascivos de funcionarios que se pajeaban a costa de sus bragas en la hora del desayuno, la estuve observando un tiempo y casi ten&iacute;a la certeza de que le encantaba provocarlos, empezaba a caerme simp&aacute;tica.<\/p>\n<p>Marina miraba aquel poeta del desayuno del alma atormentada con el mismo y frio gesto, como si sus piernas fueran de acero y mi mano de madera, con la misma expresi&oacute;n que pod&iacute;an aportarle aquellos versos. Mi mano por fin cay&oacute; entre sus piernas y un gesto de su brazo brusco me sobresalt&oacute;, esperaba lo peor, su brazo ven&iacute;a hacia m&iacute; a c&aacute;mara lenta, ten&iacute;a la certeza de que con un gesto brusco apartar&iacute;a mi mano dej&aacute;ndome en el peor de los rid&iacute;culos, pero no, falsa alarma, solo se llev&oacute; la mano a la boca para disimular un bostezo.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a todo el tiempo del mundo, llevaba quince minutos con mi mano tomando la posici&oacute;n de su colina y aun aquel poeta necesitaba media hora m&aacute;s para convencer a su auditorio cada vez m&aacute;s escaso de que no se marchara. Francamente me lo hab&iacute;a puesto dif&iacute;cil, intentaba empujar la mano entre sus piernas pero las manten&iacute;a firmes y cerradas, tem&iacute;a que si hac&iacute;a demasiada presi&oacute;n se incomodara y abandonara el juego, as&iacute; que opt&eacute; por seguir acariciando sus piernas por la misma l&iacute;nea de uni&oacute;n. Pudieron pasar as&iacute; no s&eacute;&#8230; cinco, diez minutos, quince tal vez, de repente ocurri&oacute; el milagro, sus piernas se abrieron un poco, solo un poco, el hueco justo para admitir media mano antes de que quedar&aacute; prisionera e incapaz de hacer nada.<\/p>\n<p>Ambos mir&aacute;bamos con gesto interesado aquel pobre hombre, solo una gota de sudor me delataba, pero aquel poeta no parec&iacute;a darse cuenta de nada, solo hablaba y hablaba y su mirada era agradecida por nuestra actitud devota. Marina abri&oacute; m&aacute;s las piernas y entonces supe que el camino del cielo estaba abierto, caminando con las yemas de los dedos, casi de forma inc&oacute;moda estuve acariciando sus muslos por la cara interior, d&eacute;bilmente, suavemente, apenas a unos cent&iacute;metros de su co&ntilde;o. Decid&iacute; rozarlo, nuevamente como por despiste, casi acompa&ntilde;ado de un d&eacute;bil estornudo, y me pareci&oacute; incre&iacute;ble lo que not&eacute;, necesitaba repetir el roce para estar seguro, pero parec&iacute;a que estaba tremendamente mojada. Cuando por fin puse dos dedos tras sus bragas supe que era cierto, estaba tremendamente empapada, sus bragas parec&iacute;an haber quedado bajo un grifo, incluso hab&iacute;a alcanzado tambi&eacute;n a la peque&ntilde;a silla. Entonces por primera y &uacute;nica vez se movi&oacute;, acomodo mejor el abrigo sobre sus piernas y abraz&aacute;ndose a mi brazo coloc&oacute; su cabeza en mi hombro, retir&oacute; mi mano derecha y bajo el abrigo tom&oacute; la izquierda acomod&aacute;ndola hasta su co&ntilde;o, bajando las bragas con un movimiento ligero quedaron dos dedos entrando en su vagina, abierta, mojada, mientras mi dedo pulgar rozaba su cl&iacute;toris. Se agarraba a mi brazo, con fuerza, su gesto era disimulado, pero no pod&iacute;a evita cerrar los ojos, una se&ntilde;ora gorda que estaba a su lado pareci&oacute; no notar ni sentir nada, solo &eacute;ramos dos enamorados conmovidos por la &#39;poes&iacute;a&#39;. Daba peque&ntilde;as contracciones, abr&iacute;a y cerraba las piernas, mis dedos estaban dentro, entraban y sal&iacute;an, entonces puso sus labios en mi oreja y susurr&oacute; con voz cortada &#39;M&aacute;s&hellip; m&aacute;s r&aacute;pido&#39;. Mis dedos entraban y sal&iacute;an, hab&iacute;a subido el ritmo, ella me guiaba con su mano por fuera, la acompa&ntilde;aba&#8230; parec&iacute;a decir &#39;as&iacute;&#8230; as&iacute;&#8230; as&iacute;&#39;&#8230; pod&iacute;a o&iacute;r y sentir el sonido de la vagina haciendo hueco con los dedos, chapotear en el agua cuando al poco rato se vino, apretando fuerte mi brazo, dando un quejido en forma de soplo contenido por sus dientes.<\/p>\n<p>Lo que m&aacute;s me gustaba de Marina era que su conejo siempre estaba dispuesto, caliente, pon&iacute;a en realidad m&aacute;s intenci&oacute;n de la que pod&iacute;a. Sus formas eran las de una adolescente pese a tener veinticinco a&ntilde;os y aunque nunca fui el t&iacute;pico hombre dotado de un pene exagerado deb&iacute;a de poner extremo cuidado y excitarla muy muy bien antes de penetrarla porque era bastante cerrada y casi siempre le hac&iacute;a un poco de da&ntilde;o. De la misma forma ocurri&oacute; con su culo, su ano aparec&iacute;a siempre m&aacute;s dispuesto y abierto de lo que en realidad pod&iacute;a, todos los intentos por penetrarlo resultaron vanos entre sus fuertes sollozos, y ambos siempre termin&aacute;bamos abrazados consol&aacute;ndonos por el fracaso, es cierto que ninguno ten&iacute;amos la culpa de su especial y cerrada anatom&iacute;a que ella supl&iacute;a con otras ventajas.<\/p>\n<p>Me cost&oacute; convencerla, fueron meses de charla, de peleas, de tirar la toalla, a&uacute;n recuerdo sus quejas y lamentos:<\/p>\n<p>-Me tomas por una puta, una cosa muy distinta es que nos impliquemos en juegos de cama y otra muy distinta que me obligues a hacerlo con otros, no s&eacute;, en serio, creo que no me gustar&iacute;a&#8230; siempre me gust&oacute; elegir a mi&hellip; es un juego peligroso, no me atrevo.<\/p>\n<p>Si algo hab&iacute;a en este mundo que me la pon&iacute;a tiesa era imaginar, ver a aquella zorrita chupar, mamar una verga descomunal, sentirla como una perra en celo y abierta sacando semen de una polla enorme. Aquellas charlas quedaron en nada, pasaron los meses y creo que nos mantuvimos unidos porque nunca compartimos mi peque&ntilde;o apartamento ni la rutina nos atac&oacute; como un c&aacute;ncer nuestras vidas. Una ma&ntilde;ana en el trabajo decid&iacute; pasarme por su negociado, deb&iacute;a cruzar unos cien metros de pasillos, y al abrir la puerta de su oficina de manera est&uacute;pida sent&iacute; celos. Hab&iacute;a bajado dos botones de su camisa blanca y transparente, sus pezones estaban excesivamente tiesos y su cara asomaba las manchitas rojas de cuando estaba cachonda y pidiendo a gritos una polla, y frente a ella los ojos exoft&aacute;lmicos, salidos de su cuenca del compa&ntilde;ero, el aparejador, entre planos apenas si pod&iacute;a disimular su erecci&oacute;n.<\/p>\n<p>No dije nada y sal&iacute; de aquella casa de putas dando un portazo, a la salida me pidi&oacute; una explicaci&oacute;n, recuerdo que solo dije &#39;Eres una putita, me cansas&#39;.<\/p>\n<p>Estuvimos cuatro semanas sin vernos, sin llamarnos, sin tener noticias, aprovech&eacute; y ped&iacute; anticipadamente mis vacaciones, cuando regres&eacute; en el contestador hab&iacute;a un mensaje suyo que me mandaba recuerdos, buenas vibraciones y todas sus chorradas a la par que me comunicaba como de pasada y por despiste que hab&iacute;a comenzado a salir con otro compa&ntilde;ero. Estuve un mes francamente jodido, no sab&iacute;a aun si odiar o amar aquella zorrita pero echaba de menos su olor, su co&ntilde;o, sus maneras de hacerme pajas, lo estrecho de sus caderas, su boca de &#39;ni&ntilde;a puta&#39;. Casualmente al mes nos encontramos en el trabajo, comentamos eso de &#39;bien, como te va&hellip; muy bien, y a ti?, pues bien&#8230; pues me alegro, cuando quieras te llegas por casa, etc., etc.&#39;, le hab&iacute;a dado la espalda cuando sent&iacute; que dec&iacute;a:<\/p>\n<p>-Juan, perdona, te importa si esta tarde paso por casa?&#8230; es que Rauny, bueno, Ram&oacute;n me ha pedido la tienda de campa&ntilde;a, se va de camping.<\/p>\n<p>Aquel angelito ten&iacute;a ya entidad propia, se llamaba Ram&oacute;n, solo un gilipollas pod&iacute;a tener ese nombre y apodarse Rauny, Rauny se estaba follando mi conejito, Rauny se lo com&iacute;a, ella pajeaba a Rauny&#8230; y mil malos rollos m&aacute;s&hellip; as&iacute; que decid&iacute; evitar caer en el juego de mi imaginaci&oacute;n y evitar el masoquismo que me estaba comiendo las v&iacute;sceras, solo di mi aprobaci&oacute;n y la cit&eacute; a las seis en casa. Entr&eacute; despu&eacute;s en los aseos y solo sal&iacute; a la media hora y cuando me asegur&eacute; que mis ojos ya no mostraban s&iacute;ntomas de haber llorado como un crio de escuela.<\/p>\n<p>Lleg&oacute; a las seis, ten&iacute;a preparado las cosas que me pidi&oacute; en la puerta, a dios gracias apareci&oacute; sola, con la cabeza agachada. Fui a abrir la boca y me la tap&oacute; con un beso, despu&eacute;s de forma loca y precipitada terminamos follando y a lo bestia en el suelo y sobre la tienda de campa&ntilde;a de Rauny. Volvimos a salir juntos, pero nunca le perdon&eacute; aquello, creo que como un c&aacute;ncer me com&iacute;a las v&iacute;sceras, ya apenas si le pod&iacute;a cumplir un terno, un polvo de mala manera y nuestra vida en la cama se sinti&oacute; muy resentida. Por fin, todo amor, toda femineidad como era ella, una tarde acept&oacute;:<\/p>\n<p>-Recuerdas el juego que me propusiste de hacerlo con otros, como ser&iacute;a?<\/p>\n<p>-Bien, para ser la primera vez necesitar&iacute;amos ver nuestras reacciones, as&iacute; que supongo que montar&iacute;a una farsa, un teatro para ti&#8230; pero tan, tan sumamente bien hecho que no supieras nunca donde empezaba el teatro y donde la realidad, tan bien hecho que no supieras la diferencia. Lo har&iacute;a de la siguiente forma, te amarrar&iacute;a a la cama desnuda, vendar&iacute;a tus ojos, y pondr&iacute;a un sistema de altavoces por la casa, de forma que oyeras voces, que sintieras la puerta, que escucharas pasos acercarse a ti&#8230; dos&hellip; tres, cuatro hombres&#8230; tomar&iacute;a camisas prestadas, las pasar&iacute;a por tu nariz.<\/p>\n<p>-Solo te pido que est&eacute;s a mi lado, que pase lo que pase nunca te separes, que tomes mi mano. Est&aacute; bien, acepto.<\/p>\n<p>Y lleg&oacute; el d&iacute;a, en esa cafeter&iacute;a simulaba estar esperando noticias, me levant&eacute; e hice una llamada por tel&eacute;fono. Al poco tiempo lleg&oacute; un hombre de aspecto marroqu&iacute; y nos llev&oacute; en su coche al peque&ntilde;o apartamento, la cara de Marina era la de la consternaci&oacute;n y el desconcierto, la entrada de aquel hombre en escena no la acertaba a explicar, aunque desde el fondo de su terrible inteligencia perdonaba la torpeza de mis puestas en escena, debi&oacute; pensar que era mi elemento perturbador, un simple taxista contratado, alguien para desconcertarla, as&iacute; que de nuevo se sinti&oacute; segura de si y de poderse burlar de mi juego.<\/p>\n<p>Llegamos al portal, aquel tipo se despidi&oacute; diciendo &#39;Ahora les veo&#8230; si?&#39;&#8230; e interrog&oacute; a Marina con la mirada fija, repartida entre sus ojos y sus piernas, &#39;s&iacute;, claro&#39; dijo Marina con aire sonriente, como quien falta a&ntilde;adir &#39;seas, quien sea te doy una propina por tu papel teatral&#39;.<\/p>\n<p>Bajamos del coche y subimos a casa, me abraz&oacute; sonriendo &#39;Eres incre&iacute;ble&#39;. Aun yo no pronunciaba palabra, apenas entramos de forma fr&iacute;a comenc&eacute; a desnudarle, llev&aacute;ndola de la mano la hice entrar en el dormitorio, caminaba como una gacela entre saltos que brinca solita al matadero. Qued&oacute; amarrada a los cuatro barrotes de la cama, desnuda, con su peque&ntilde;o conejo abierto, sonriendo, con aire de putita lasciva &#39;Mmmm un adelantito?&#8230; andaa&#8230; si?&#39; Aun yo no pronunci&eacute; palabra&#8230; vend&eacute; sus ojos y me asegur&eacute; que no viese nada, pase un dedo por su conejo y estaba de nuevo empapado, abierto. La dej&eacute; as&iacute; unos diez minutos, cerr&eacute; la puerta del dormitorio y desde la cocina la pod&iacute;a o&iacute;r llamarme, quejarse, aburrirse, cuando llamaron a la puerta.<\/p>\n<p>Dos hombres magreb&iacute;es, dos moros entraron, me dieron la aprobaci&oacute;n con la vista a la chica y me pagaron el precio convenido, cuarenta euros por los dos les parec&iacute;a un precio m&aacute;s que razonable. Les abr&iacute; la puerta del cuarto y cuando la vieron comenzaron a hablar en &aacute;rabe entre ellos, a suspirar, r&aacute;pidamente comenzaron a desnudarse, Marina levantando la cabeza protest&oacute;:<\/p>\n<p>-Oye, te juro que parece real, que equipo de m&uacute;sica es ese?&#8230; oye, y el olor, huele a moro, puags! qu&eacute; asco, de donde lo has sacado?<\/p>\n<p>Los bereberes entendieron el comentario y se rieron entre dientes &#39;A moro?&#8230; te vamos a dar hija de puta que vas a ver&#8230;?&#39;.<\/p>\n<p>-Oye, cielo&#8230; te hab&iacute;a subestimado?&#8230; como te has anticipado en esa grabaci&oacute;n y sab&iacute;as que iba a decir &#39;moro&#39;?<\/p>\n<p>Yo segu&iacute;a guardando silencio, le ped&iacute; lo mismo a aquellos tipos, ya desnudos uno comenz&oacute; a pasarle un enorme pene por la boca que ella se apresur&oacute; a besar mientras entre trozo de saliva y suspiro lascivo se admiraba &#39;Joerr que has hechooo mm esto si esta bienn rico&#39;.<\/p>\n<p>El problema vino cuando el otro no pudo m&aacute;s y se abalanz&oacute; sobre ella comi&eacute;ndole el co&ntilde;o.<\/p>\n<p>-Juan&#8230; Juan! Para!! Cabr&oacute;n! quiero que pares esto ahora&hellip; aqu&iacute; hay otro t&iacute;o m&aacute;s&#8230; para, mierda!.<\/p>\n<p>En ese momento le quit&eacute; la venda de los ojos, la desat&eacute;, quiso salir corriendo con ojos desconcertados pero aquellos dos moros la tomaron de la cintura y mientras uno la penetraba entre sollozos el otro la obligaba a tragar su grueso y enorme miembro. Debi&oacute; de hacerle mucho da&ntilde;o conociendo como conoc&iacute;a sus limitaciones, necesitaron darle dos bofetadas para que el p&aacute;nico la dejara quieta y se diera perfecta cuenta que aquello no era ning&uacute;n juego, que ya era demasiado tarde. Qued&oacute; en la moqueta del suelo llorando, gimiendo, pidi&eacute;ndome con sus ojos que acudiera a ella, entonces me levant&eacute; y desplazando al moro hacia atr&aacute;s la tom&eacute; de la mano, apretaba sus dedos, cerraba los ojos y mord&iacute;a sus labios, aquellos dos hombres se turnaban, ya le hab&iacute;a ca&iacute;do la primera eyaculaci&oacute;n&#8230; ella solo ped&iacute;a entre sollozos callados:<\/p>\n<p>-Que terminen ya, por dios, no quiero correrme, as&iacute; no&#8230; empieza a gustarme&#8230; as&iacute; no, no.<\/p>\n<p>En poco menos de quince minutos termin&oacute; por tener el mayor orgasmo de su vida, extra&ntilde;a mezcla de dolor y excitaci&oacute;n. Hoy estamos juntos, es mi pareja, mi amor, aquella extra&ntilde;a espina ya no la siento y por fortuna para ambos est&aacute; muy muy abierta por delante y por detr&aacute;s, gozamos como ni se imaginan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Hab&iacute;a ca&iacute;do la tarde de manera plomiza, una gruesa y rara capa de lluvia levant&oacute; todos los h&aacute;bitos de vida aquel mi&eacute;rcoles de mediod&iacute;a. Las gentes iban y ven&iacute;an en el centro de Madrid envueltos de caos y prisas, era un rid&iacute;culo espect&aacute;culo que Marina y yo mir&aacute;bamos aburridamente desde la cafeter&iacute;a. 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