{"id":23575,"date":"2020-05-05T22:00:00","date_gmt":"2020-05-05T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-05-05T22:00:00","modified_gmt":"2020-05-05T22:00:00","slug":"la-mejor-de-todas-las-putas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-mejor-de-todas-las-putas\/","title":{"rendered":"La mejor de todas las putas"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"23575\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 18<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Carlos Palacios era un hombre hecho a s&iacute; mismo. A los doce a&ntilde;os ya sab&iacute;a que llegar&iacute;a lejos. Mientras los muchachos de su edad perd&iacute;an el tiempo en juegos infantiles, &eacute;l ya buscaba la manera de sacar provecho econ&oacute;mico de ellos. Acab&oacute; siendo el propietario de la mayor parte de las canicas de su colegio, las cuales volv&iacute;a a vender una y otra vez para robarlas despu&eacute;s con trampas astutas. En aquellos momentos no ten&iacute;a la envergadura que lleg&oacute; a adquirir con el tiempo, pero pronto aprendi&oacute; que en esta vida la fuerza es necesaria. Lo aprendi&oacute; de la peor manera. Un d&iacute;a volviendo a casa, dos matones, dos gigantones que daban miedo y con aspecto de no haber pisado nunca un colegio ni para robar en &eacute;l, lo acorralaron. Mientras uno lo sujetaba el otro le quit&oacute; todas las canicas que tanto esfuerzo le hab&iacute;a costado ganar. Qu&eacute; pod&iacute;a hacer &eacute;l, un mequetrefe canijo contra aquellas dos torres. Otra persona hubiera vuelto a casa llorando, hubiera maldecido su suerte o se hubiera compadecido. Pero Carlos Palacios no era as&iacute;, &eacute;l no iba a dejar que nada ni nadie le apartara de su camino.<\/p>\n<p>Tard&oacute; una semana en volver a verlos, iban acompa&ntilde;ados de otros tres tipos con aspecto a&uacute;n m&aacute;s peligroso. Rondaban las inmediaciones de otro colegio en busca de alguna v&iacute;ctima a la que atracar. Carlos, al verlos, no dud&oacute;. Trag&oacute; saliva y se dirigi&oacute; hacia ellos con paso decidido. Los matones se quedaron boquiabiertos ante el desparpajo de ese peque&ntilde;ajo y la proposici&oacute;n que les hizo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quieres que te devolvamos las canicas para que puedas venderlas, y luego t&uacute; nos dar&aacute;s parte de lo que ganes? &iquest;Te hemos entendido bien? &mdash;dijo el que parec&iacute;a el jefe mientras se acercaba amenazadoramente. Ten&iacute;a aspecto de un luchador de sumo a escala reducida.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, esa es la idea&hellip; &mdash;susurr&oacute; Carlos con mucho miedo.<\/p>\n<p>&mdash;T&uacute; est&aacute;s mal de la cabeza. Las canicas ya son m&iacute;as. &iquest;Qu&eacute; gano devolvi&eacute;ndotelas?<\/p>\n<p>&mdash;Para vosotros no son nada, no tienen ning&uacute;n valor. Yo puedo venderlas dentro y daros el dinero a cambio.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;T&uacute; crees que nos importa una mierda lo que pueda valer una apestosa bolsa de canicas?<\/p>\n<p>&mdash;No ser&iacute;a solo eso. Seguro que os&hellip; os encontr&aacute;is con co- co- cosas&hellip; cosas que no sab&eacute;is a qui&eacute;n vender. Yo puedo ayudaros. &mdash;Carlos tartamudeaba por el miedo, pensaba que pod&iacute;a recibir la primera paliza de su vida.<\/p>\n<p>Pero las canicas y las menudencias fueron dando paso a cosas m&aacute;s grandes; patinetes, bicicletas, cigarrillos, motos, drogas y a un enorme mercado negro donde todo ten&iacute;a cabida. Carlos Palacios hab&iacute;a comenzado su camino hacia el &eacute;xito en un mundo duro, y ese mat&oacute;n gordo al que m&aacute;s tarde apod&oacute; &laquo;Sumi&raquo; lo hizo a su lado.<\/p>\n<p>*****<\/p>\n<p>Las oficinas centrales de la empresa de Carlos eran impresionantes; situadas en uno de los mejores edificios de la zona m&aacute;s exclusiva de la ciudad, ocupaban una planta completa en lo m&aacute;s alto. Desde all&iacute; se dominaba todo y se pod&iacute;a ver el mar. A Carlos le relajaba ver como los grandes barcos encaraban la bocana del puerto. No se hab&iacute;an escatimado medios para que las instalaciones fueran algo hermoso. La madera noble, el vidrio templado y el acero inoxidable se un&iacute;an para conseguir algo que transmit&iacute;a sensaci&oacute;n de poder y bienestar. Las personas elegantes y atractivas que se mov&iacute;an por all&iacute; acababan de completar la imagen de empresa poderosa y joven. Quiz&aacute; Luc&iacute;a no encajara en esa visi&oacute;n global con su pelo cano y piel p&aacute;lida. La vieja secretaria doblaba en edad a casi todos, pero sab&iacute;a hacer su trabajo y lo hac&iacute;a muy bien. Carlos tendr&iacute;a serios problemas si no contara con ella.<\/p>\n<p>&mdash;Luc&iacute;a, res&eacute;rvame el primer vuelo que salga para Par&iacute;s &mdash;dijo Carlos con autoridad&mdash;. No s&eacute; por qu&eacute; contrato a in&uacute;tiles, luego tengo que solucionarlo todo personalmente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Aunque no sea en primera clase? &mdash;respondi&oacute; Luc&iacute;a inmediatamente.<\/p>\n<p>&mdash;Como si voy agarrado al ala. Necesito estar all&iacute; ma&ntilde;ana a primera hora o perderemos un mont&oacute;n de contratos importantes. Salgo ahora mismo para el aeropuerto, ll&aacute;mame al m&oacute;vil cuando tengas el n&uacute;mero de vuelo.<\/p>\n<p>&mdash;Har&eacute; lo que pueda&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Si no me consigues ese vuelo&hellip; &mdash;Hizo una pausa para mirarla de forma amenazadora&mdash; Puedes ir buscando otro empleo.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or Palacios &mdash;respondi&oacute; de forma sumisa.<\/p>\n<p>&mdash;Los americanos est&aacute;n en el despacho de mi mujer, ella ya viene de camino. Ha de facilitarles los procesos para que desaparezcan ciertas cantidades de dinero. No le parecer&aacute; bien, pero ha de hacerlo. Hemos cerrado acuerdos importantes con esa promesa, ya que la competencia no puede ofrecerles esos extras. Cuando llegue Marta d&iacute;gale que les ofrezca todos los servicios que pidan, que no se preocupe por la supuesta ilegalidad de algunos de ellos. Que no ponga impedimento alguno. &iquest;Ha quedado claro?<\/p>\n<p>Lucia, transcrib&iacute;a apresuradamente el torrente de informaci&oacute;n que su jefe lanzaba atropelladamente. Lo conoc&iacute;a desde hac&iacute;a muchos a&ntilde;os y sab&iacute;a que era mejor no interrumpirlo.<\/p>\n<p>&mdash;En la sala de reuniones est&aacute;n los del grupo de Sebasti&aacute;n. Tras a&ntilde;os de lucha he conseguido cerrar el trato con ellos. Ya he llamado a Paula. Ella sabe lo que ha de hacer y ellos la est&aacute;n esperando.<\/p>\n<p>Luc&iacute;a mir&oacute; a su jefe por encima de las gafas. Le repugnaba la idea, le indignaba que usaran una mujer como si fuera un objeto. Paula era una espectacular prostituta de lujo. Su jefe recurr&iacute;a a ella para sobornar, premiar o incentivar a sus mejores clientes. Estuvo a punto de renunciar al trabajo cuando se enter&oacute; de esas cosas. Pero a su edad&#8230; Ten&iacute;a miedo de no encontrar otro empleo de ese nivel, ni tan bien pagado. Ya formaba parte de la rutina, pero segu&iacute;a sin gustarle.<\/p>\n<p>&mdash;No me mires con esa cara. Paula es una trabajadora igual que t&uacute; o el chico de los archivos &mdash;dijo el se&ntilde;or Palacios al notar la mirada de desaprobaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ning&uacute;n problema, lo tengo todo anotado. Aunque no s&eacute; si podr&eacute; conseguirle el vuelo. Acaba de finalizar el congreso de los dentistas y&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;No quiero escuchar excusas &mdash;interrumpi&oacute; Carlos bruscamente&mdash;. Si no me llamas para darme el n&uacute;mero de vuelo y la compa&ntilde;&iacute;a, no lo hagas. Pero entonces ser&eacute; yo quien llame para pedir una secretaria que sepa cumplir una orden sencilla. Me voy. B&uacute;scame un buen hotel en Par&iacute;s y un coche que me espere.<\/p>\n<p>Luc&iacute;a maldijo a su jefe en silencio. Nunca le hab&iacute;a ca&iacute;do bien. Era tan prepotente, tan egoc&eacute;ntrico. No respetaba a nada ni a nadie, salvo a su esposa&hellip; Con ella era diferente, hasta parec&iacute;a otra persona cuando Marta estaba presente. Quiz&aacute; deber&iacute;a mandar a la mujer de Carlos a la sala del grupo que estaba esperando a la prostituta. Quiz&aacute; Marta pudiera evitar que se siguieran usando a las mujeres como moneda de cambio. Pero ser&iacute;a arriesgado&hellip; Podr&iacute;a perder su empleo. Luc&iacute;a dej&oacute; de divagar cuando vio a Marta acercarse. Venia como siempre, discreta y elegante. Llevaba un traje chaqueta negro y una blusa blanca. Daba gusto verla andar con esos tacones. No entend&iacute;a como se cas&oacute; con un bruto como su marido. Ella era una dama con clase, una se&ntilde;ora de las de antes.<\/p>\n<p>&mdash;Hola Luc&iacute;a, parece que tenemos un d&iacute;a de urgencias&hellip; Carlos me ha comentado algo por tel&eacute;fono pero a duras penas lo he entendido. &iquest;Qu&eacute; fuegos hay que apagar?<\/p>\n<p>&mdash;El se&ntilde;or Palacios va hacia el aeropuerto. Ha surgido una crisis en Par&iacute;s, pero aqu&iacute; hay que cerrar una operaci&oacute;n muy importante con unos clientes que llevan tiempo esper&aacute;ndola.<\/p>\n<p>*****<\/p>\n<p>Carlos recibi&oacute; la llamada de Luc&iacute;a nada m&aacute;s llegar al aeropuerto. Sab&iacute;a que pese a parecer algo desagradable y una mujer antigua, era una de las secretarias m&aacute;s eficientes que hab&iacute;a tenido nunca. Todo estaba arreglado. Solo tuvo que recoger la tarjeta de embarque en el mostrador de la compa&ntilde;&iacute;a. Primera clase, y el vuelo sal&iacute;a en veinte minutos. Hab&iacute;a conseguido tambi&eacute;n hotel y coche en Par&iacute;s. No lo pod&iacute;a haber hecho mejor.<\/p>\n<p>Su avi&oacute;n esperaba en la cabecera de la pista el permiso para despegar. Ya sentado y relajado en el espacioso asiento abri&oacute; su malet&iacute;n y sac&oacute; unos documentos. Aprovechar&iacute;a el vuelo para conocer hasta el &uacute;ltimo detalle de lo que le esperaba al aterrizar. En ese momento son&oacute; el tel&eacute;fono, era Marta.<\/p>\n<p>&mdash;Dime, cari&ntilde;o &mdash;contest&oacute; Carlos.<\/p>\n<p>&mdash;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, es cuesti&oacute;n de vida o muerte. Hay mucho en juego.<\/p>\n<p>&mdash;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Ya s&eacute; que no lo entiendes; pero cr&eacute;eme, necesito que conf&iacute;es en m&iacute; y des lo mejor de ti.<\/p>\n<p>&mdash;Por favor, apague el m&oacute;vil. Vamos a despegar &mdash;interrumpi&oacute; una preciosa azafata de bonita sonrisa.<\/p>\n<p>&mdash;Un segundo, en seguida acabo &mdash;protest&oacute; Carlos.<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;or, no podemos esperar. Apague el m&oacute;vil ahora mismo. &mdash;La azafata ya no sonre&iacute;a, ten&iacute;a una mirada fr&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Cari&ntilde;o, te tengo que dejar. Haz lo que te pidan y no te preocupes por nada, te lo compensar&eacute;.<\/p>\n<p>*****<\/p>\n<p>Marta colg&oacute; el tel&eacute;fono p&aacute;lida; la sangre hab&iacute;a abandonado sus mejillas, las piernas le temblaban. Necesit&oacute; apoyar las palmas de las manos sobre la lustrosa mesa de caoba para asimilar lo que acababa de o&iacute;r. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a estar en juego para que Carlos le pidiera eso? &iquest;Su vida tal vez? No pod&iacute;a correr riesgos. Las instrucciones hab&iacute;an sido muy claras. Frente a ella ten&iacute;a sentadas a tres personas, todas vestidas impecablemente con trajes formales y elegantes. No ten&iacute;an aspecto de asesinos ni de secuestradores. Uno de ellos parec&iacute;a un cr&iacute;o; no tendr&iacute;a m&aacute;s de veinte a&ntilde;os. Los otros dos rondar&iacute;an los cuarenta y tantos. Los tres luc&iacute;an una enorme sonrisa y la miraban con lascivia.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ya tienes las instrucciones, guapa? &mdash;pregunt&oacute; Sebasti&aacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, estoy a sus &oacute;rdenes, lamento que haya tenido que comprobarlo.<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes, eso ya es historia. Ahora baila para nosotros mientras te quitas la ropa. Supongo que ya sabes que eres una mujer preciosa<\/p>\n<p>Marta se mov&iacute;a torpemente como si estuviera bailando mientras sus manos recorr&iacute;an los muslos para subir la falda. Despu&eacute;s se quit&oacute; la chaqueta intentando moverse sensualmente. Poco a poco fue ganando confianza al ver que la miraban con lujuria. Los gestos empezaron a ser realmente er&oacute;ticos.<\/p>\n<p>El m&aacute;s joven se levant&oacute; y rode&oacute; la mesa para ponerse a su espalda. Marta estaba paralizada y segu&iacute;a de pie con los brazos apoyados en la mesa. Los brazos del joven entraron bajo su blusa, las palmas se apoyaron sobre los senos de Marta que sent&iacute;a algo duro presionando sobre sus nalgas. Ella not&oacute; como le desabotonaban la blusa tirando de ella para dejarla totalmente fuera de la falda. Los dos hombres que estaban frente a ella babeaban ante la visi&oacute;n de esos dos hermosos pechos forrados de fino encaje negro. El joven remang&oacute; la falda hasta la cintura donde qued&oacute; enrollada. Marta sinti&oacute; un beso en el cuello y le lleg&oacute; un aroma de colonia varonil que la confundi&oacute;. El miembro hinchado segu&iacute;a presionando su culo. Una mano acarici&oacute; su vientre y se desliz&oacute; bajo el el&aacute;stico de la braguita. Los dedos jugaban con el escaso vello p&uacute;bico. La otra mano tir&oacute; de los aros del sujetador para acceder a los senos, primero uno y despu&eacute;s el otro. Los pezones ya estaban duros y henchidos antes de que las yemas de los dedos empezaran a jugar suavemente con ellos.<\/p>\n<p>Marta estaba aturdida y confusa, no entend&iacute;a como su cuerpo pod&iacute;a traicionarla de esa manera. No deber&iacute;a tener las braguitas h&uacute;medas, ni los pezones erizados. No deber&iacute;a de estar deseando que ese pene duro que notaba sobre sus nalgas la penetrara. No deber&iacute;a, no estaba bien, no lo entend&iacute;a&hellip; Era tan solo un desconocido que apenas le hab&iacute;a proporcionado algunas burdas caricias.<\/p>\n<p>El joven le quit&oacute; la blusa para abrir el cierre del sujetador, las copas quedaron inertes sobre los pechos. El sujetador fue retirado con suavidad. Aprovecho para recorrer su torso hasta llegar bajo esas peque&ntilde;as pero suaves y duras tetas. Fueron acariciadas, amasadas y apretadas con ansia mientras sus pezones recib&iacute;an pellizcos y eran estirados.<\/p>\n<p>En ese momento se abri&oacute; la puerta y entr&oacute; Paula, que se qued&oacute; boquiabierta al ver la escena. Pidi&oacute; disculpas y sali&oacute; r&aacute;pidamente sin decir nada. Se march&oacute; enfadada porque la hubieran reemplazado por otra puta con tanta facilidad. S&oacute;lo hab&iacute;a llegado treinta minutos tarde&hellip; Mientras andaba irritada hacia la salida de las oficinas ech&oacute; una mirada furibunda a Luc&iacute;a; seguro que ella hab&iacute;a tenido algo que ver, pero no montar&iacute;a una escena. Con Carlos hab&iacute;a ganado mucho dinero, y esperaba seguir haci&eacute;ndolo.<\/p>\n<p>Tras la interrupci&oacute;n, Sebasti&aacute;n, el jefe del grupo se levant&oacute; y se dirigi&oacute; hasta la puerta, cerr&oacute; el pestillo interior y volvi&oacute; a sentarse frente a esa magn&iacute;fica mujer semidesnuda.<\/p>\n<p>&mdash;Sigue hijo, ya no nos molestar&aacute;n m&aacute;s.<\/p>\n<p>El joven no se lo pens&oacute; dos veces, pues la verga le iba a estallar si no descargaba r&aacute;pido. Nunca hab&iacute;a vivido nada tan excitante. Se arrodill&oacute; para bajarle las braguitas con nerviosismo y levant&oacute; uno por uno los tobillos de Marta para sacarlas. Se las llev&oacute; a la nariz y suspir&oacute;. Ol&iacute;an a mujer, a placer. Se las guard&oacute; en el bolsillo de su chaqueta y se puso en pie. Sus dedos peleaban con la cremallera del pantal&oacute;n, hasta que consigui&oacute; bajarla para extraer el miembro duro y caliente. Lo introdujo entre los muslos de Marta rozando sus labios vaginales. Ella lo sent&iacute;a palpitar intuyendo el torrente de esperma que esperaba a ser liberado. El joven rasg&oacute; el envoltorio de un preservativo. Marta chorreaba imaginando lo que iba a pasar. El muchacho empuj&oacute; sobre la espalda de Marta hasta que los pechos se aplastaron sobre la mesa. Enfil&oacute; el glande y empuj&oacute; entrando en ella sin dificultad. Pero tras cuatro movimientos r&aacute;pidos se acab&oacute;. Marta not&oacute; las descargas abundantes y prolongadas a trav&eacute;s del l&aacute;tex. Ese amago de polvo la hab&iacute;a dejado en un estado de ansiedad insoportable, el cl&iacute;toris le ard&iacute;a, necesitaba un orgasmo y lo necesitaba &iexcl;ya!<\/p>\n<p>Se alegr&oacute; cuando el padre del chico se levant&oacute; y sac&oacute; su miembro. Sebasti&aacute;n tambi&eacute;n rode&oacute; la gran mesa ovalada y coloc&oacute; a Marta sobre la dura madera con la espalda apoyada sobre ella. Levant&oacute; y apoy&oacute; las piernas de la hermosa hembra sobre sus propios hombros. Puso la palma de la mano sobre su vientre mientras el pulgar jugaba con su botoncito. Marta no tard&oacute; en ser penetrada. Ese grueso miembro la lleno completamente, y dur&oacute; hasta que disfrut&oacute; de dos magn&iacute;ficos orgasmos.<\/p>\n<p>El hombre que faltaba la extendi&oacute; en el borde de la mesa y se limit&oacute; a follarle la boca sin ning&uacute;n miramiento. Marta ten&iacute;a arcadas cada vez que el glande rozaba su garganta y le imped&iacute;a respirar. El desconocido agarraba con fuerza su cabeza para introducir bruscamente su virilidad en ella, una y otra vez. Con una mano le presionaba un pecho como si quisiera reventarlo, la otra, la que estaba en la parte posterior de su cabeza ayudaba a sincronizar las embestidas. El hombre eyacul&oacute; dejando escapar un gemido, apretando con fuerza los huevos sobre la mejilla de ella. El esperma tibio inund&oacute; su garganta. Marta pens&oacute; que se ahogaba al faltarle el aire. No le gust&oacute; nada que la usara as&iacute;. No fue nada agradable.<\/p>\n<p>Los clientes se fueron muy satisfechos, encantados con la fant&aacute;stica mujer que les hab&iacute;a proporcionado Carlos. Comentaron entre ellos que era tan buena que ni parec&iacute;a una puta. Les gust&oacute; que fuera vestida con esa ropa tan elegante y formal. Fue como si se hubieran tirado a una ejecutiva.<\/p>\n<p>*****<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;ora Palacios, he estado busc&aacute;ndola. Los americanos est&aacute;n enfadad&iacute;simos. Venga conmigo, a ver si conseguimos que se tranquilicen. Es una operaci&oacute;n important&iacute;sima, al se&ntilde;or Palacios le ha costado casi un a&ntilde;o poder cerrarla.<\/p>\n<p>&mdash;Tranquila Luc&iacute;a, este d&iacute;a est&aacute; resultando agotador. Dame unos minutos para que me arregle un poco, ahora salgo.<\/p>\n<p>Marta se mir&oacute; en el espejo del ba&ntilde;o, realmente su aspecto no era el habitual. Las marcas de haber sido usada eran evidentes, aunque nada que no pudiera solucionar algo de maquillaje y un peine. La ropa casi no se hab&iacute;a manchado, excepto que&hellip; &iexcl;No llevaba las braguitas! Y no eran unas cualquiera, ten&iacute;an una flor de oro bordada junto con sus in&iacute;ciales. Hab&iacute;an sido un car&iacute;simo regalo de su marido, deb&iacute;a encontrarlas como fuera.<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;ora Palacios, ya no podemos entretener m&aacute;s a los americanos. Por favor&hellip; &mdash;La voz de Luc&iacute;a lleg&oacute; amortiguada desde el otro lado de la puerta del ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>Marta sali&oacute; ya en perfecto estado, su aspecto volv&iacute;a a ser impecable.<\/p>\n<p>&mdash;Un momento Luc&iacute;a, creo que me he dejado algo en la sala de reuniones, enseguida estoy con los americanos.<\/p>\n<p>Marta se desesper&oacute;, registr&oacute; toda la sala y las braguitas no aparec&iacute;an por ning&uacute;n lado&hellip; Luc&iacute;a no dejaba de incordiarla para que atendiera a los clientes.<\/p>\n<p>Durante el resto del d&iacute;a, no volvi&oacute; a acordarse de ellas, lo pas&oacute; enfrascada en complejas operaciones de blanqueo de dinero. Tras un mont&oacute;n de horas de intenso trabajo y de infringir un mont&oacute;n de leyes, los americanos abandonaron la oficina satisfechos. Ella tras acompa&ntilde;arles hasta la puerta y despedirse, se dej&oacute; caer derrotada sobre el mullido sill&oacute;n de su despacho. Hab&iacute;a sido una jornada dura y agotadora.<\/p>\n<p>En ese momento son&oacute; el m&oacute;vil, era Carlos:<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, dime&hellip; &mdash;contest&oacute; Marta.<\/p>\n<p>&mdash;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Bien, todo solucionado.<\/p>\n<p>&mdash;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, se han ido satisfechos &mdash;dijo dolida.<\/p>\n<p>&mdash;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Que no quieres conocer los detalles? &mdash;pregunt&oacute; sorprendida.<\/p>\n<p>&mdash;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes&hellip; No te contar&eacute; nada. &iquest;Cu&aacute;ndo vuelves?<\/p>\n<p>&mdash;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n te quiero&hellip; Ya me voy para casa. Descansa cari&ntilde;o &mdash;Marta colg&oacute; algo aliviada, el problema que hubiera ya hab&iacute;a dejado de serlo.<\/p>\n<p>*****<\/p>\n<p>Marta despert&oacute; sola, como casi siempre. Su hijo apenas aparec&iacute;a por casa; entre su novia, los amigos, los estudios, era como si viviera en un pa&iacute;s lejano. Ahora mismo no sab&iacute;a ni d&oacute;nde estaba. Era domingo y no ten&iacute;a que pasar por la oficina. Carlos segu&iacute;a de viaje; de Par&iacute;s hab&iacute;a tenido que volar a Londres, despu&eacute;s a Berl&iacute;n. Siempre era lo mismo, siempre surg&iacute;a alguna urgencia en alguna parte del mundo. Hab&iacute;a llamado para decir que volv&iacute;a esa noche. Pero ser&iacute;a normal que sucediera algo a &uacute;ltima hora y no lo hiciera.<\/p>\n<p>Se puso una bata de seda roja y fue a la cocina a desayunar. Atraves&oacute; la inmensa casa caminando descalza por el c&aacute;lido suelo de nogal. Encontraba tristes esas estancias grandes tan vac&iacute;as. Mir&oacute; hac&iacute;a fuera por los inmensos ventanales y el hermoso jard&iacute;n que bordeaba la piscina la anim&oacute; algo. Era relajante esa belleza, el contraste del agua azul con los colores vivos de las flores, el trino de los p&aacute;jaros&hellip; Prepar&oacute; un caf&eacute; y lo dej&oacute; junto con unas tostadas sobre la mesa de m&aacute;rmol de la terraza de la cocina, y se sent&oacute; en una pesada silla de hierro forjado a contemplar el hermoso paisaje. Al untar la mermelada sobre el pan, evoc&oacute; lo que hab&iacute;a sucedido en la oficina. Era lo m&aacute;s apasionante que le hab&iacute;a ocurrido nunca. Le vino a la mente el miembro de aquel desconocido golpeando en su mejilla para liberar las &uacute;ltimas gotas de semen tras correrse en su garganta&hellip; No le hab&iacute;a gustado cuando sucedi&oacute;, pero ahora se humedec&iacute;a record&aacute;ndolo. Separ&oacute; las piernas y entreabri&oacute; la bata. No llevaba nada bajo ella y un dedo travieso se pos&oacute; sobre su cl&iacute;toris.<\/p>\n<p>&mdash;Hola mam&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Hola hijo &mdash;respondi&oacute; sorprendida&mdash;. No te o&iacute; llegar. &mdash;Sus manos cerraron la bata bruscamente antes de girarse.<\/p>\n<p>&mdash;Perdona si te hemos asustado. He venido con un par de amigos a recoger algo de ropa, pasaremos el fin de semana fuera.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quer&eacute;is tomar algo? Hay caf&eacute; hecho y os puedo&hellip; &mdash;Marta palideci&oacute; al ver a los amigos de su hijo, uno de ellos era el chico joven que se la hab&iacute;a follado hac&iacute;a poco&mdash; &hellip;.preparar un zumo de naranja natural. &mdash;Acab&oacute; diciendo con un hilillo de voz.<\/p>\n<p>&mdash;Pues ser&iacute;a perfecto, estamos hartos de las porquer&iacute;as que tomamos por ah&iacute;. Voy preparando la ropa mientras y as&iacute; ganamos tiempo &mdash;dijo el joven mientras se iba.<\/p>\n<p>&mdash;Espera, Luis. Si me prestas algo de ropa, ahorro pasar por mi casa &mdash;dijo el otro amigo saliendo tras &eacute;l.<\/p>\n<p>Marta se levant&oacute; y se sinti&oacute; como una colegiala de trece a&ntilde;os. Estaba a solas con el joven. Las piernas le temblaban. Se sent&iacute;a indefensa con esa fina bata que marcaba cada curva de su cuerpo. Baj&oacute; la cabeza y pens&oacute;: &laquo;&iexcl;Mierda!&raquo;, los pezones despuntaban como faros en la noche.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo te llamas? &mdash;pregunt&oacute; Marta intentado controlar la situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Pedro &mdash;respondi&oacute; el chico t&iacute;midamente, pero sin poder apartar la vista de esas dos hermosas protuberancias.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que ser&aacute; mejor para todos que olvidemos lo que sucedi&oacute; &mdash;dijo intentando que la voz sonara firme, pero sin conseguirlo.<\/p>\n<p>El chico se limit&oacute; a mirarla, incapaz de articular palabra. Mientras Marta entraba en la cocina para preparar los zumos, pens&oacute; que deb&iacute;a estar dejando un rastro de baba como los caracoles. &iexcl;Ojal&aacute; se hubiera puesto unas braguitas! Intent&oacute; concentrarse en cortar las naranjas por la mitad. Cuando pon&iacute;a la primera sobre el exprimidor, sinti&oacute; como unas manos aterrizaban sobre sus pechos cubri&eacute;ndolos totalmente.<\/p>\n<p>&mdash;No, no, para&hellip;, nos puede sorprender mi hijo&hellip; &mdash;susurr&oacute; sin ninguna convicci&oacute;n.<\/p>\n<p>La &uacute;nica respuesta que obtuvo fue que el joven se acerc&oacute; m&aacute;s y empez&oacute; a mordisquearle el cuello. Sinti&oacute; un bulto presionando sobre sus nalgas. Ella segu&iacute;a exprimiendo naranjas, esperando que el zumbido del aparato amortiguara sus suspiros. Una mano abri&oacute; la fina bata por la parte superior y unos dedos rozaron el pez&oacute;n directamente, electriz&aacute;ndolo. Marta apretaba las naranjas con fuerza para que el zumbido del motor subiera de intensidad. Otra mano entr&oacute; entre sus muslos, separ&aacute;ndolos. Marta ya jadeaba de deseo. El sonido de rasgar el envoltorio del preservativo a&uacute;n produjo m&aacute;s fluidos. Deb&iacute;a de haberlo roto con los dientes. Toda su entrepierna era un charco enorme donde unos dedos inexpertos jugaban. El exprimidor protestaba, rugiendo ante la enorme presi&oacute;n que estaba sufriendo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;M&eacute;tela de una puta vez! &mdash;Marta no pod&iacute;a creer que de su boca hubieran salido esas palabras.<\/p>\n<p>El miembro del joven penetr&oacute; hasta el fondo desliz&aacute;ndose como un delf&iacute;n en c&aacute;lidas aguas. Marta, ansiosa, se mov&iacute;a y retorc&iacute;a para maximizar el placer, porque el chico estaba quieto, tem&iacute;a que pasara como la otra vez, no quer&iacute;a acabar tan r&aacute;pido, esta vez quer&iacute;a disfrutar m&aacute;s tiempo del placer de tener a esa preciosa mujer ensartada.<\/p>\n<p>&mdash;Hum, que bien huele &mdash;dijo Luis al entrar en la cocina yendo directo hacia la nevera&mdash;, pillo unas manzanas para el viaje. Si no lo hago ahora, despu&eacute;s se me olvidar&aacute;.<\/p>\n<p>Marta y Pedro se quedaron congelados. Si no se mov&iacute;an quiz&aacute; Luis no se diera cuenta de que se estaban beneficiando a su madre delante de sus narices. La cocina era grande y ellos estaban en la otra esquina. Una columna evitaba la visi&oacute;n directa de la nevera.<\/p>\n<p>&mdash;Id al sal&oacute;n cuando acab&eacute;is, enseguida vamos con los zumos. &mdash;Marta rez&oacute; para que obedeciera. Se sent&iacute;a muy violenta hablando a su hijo con el miembro de su amigo clavado hasta el fondo.<\/p>\n<p>Apret&oacute; m&aacute;s fuerte la naranja sobre el exprimidor. El motor se quejaba, parec&iacute;a que iba a explotar. Pedro bajo la mano hac&iacute;a el cl&iacute;toris de Marta y lo estimul&oacute; toscamente mientras daba las &uacute;ltimas embestidas para correrse. Ten&iacute;a miedo de no poder acabar. Marta solt&oacute; un gemido mientras el orgasmo recorr&iacute;a su cuerpo. Apret&oacute; las piernas y sinti&oacute; como su joven amante descargaba tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Dec&iacute;as algo mam&aacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Ahora os llevo los zumos &mdash;dijo como pudo mientras del agonizante exprimidor sal&iacute;a una columna de humo. Se hab&iacute;a quemado.<\/p>\n<p>Luis se fue hacia el sal&oacute;n y Marta suspir&oacute;. Hab&iacute;a faltado poco para que los sorprendieran. No entend&iacute;a c&oacute;mo pod&iacute;a perder los papeles de esa manera con un ni&ntilde;ato que no ten&iacute;a ni puta idea de follar. Pedro se sac&oacute; el preservativo y lo anud&oacute;, buscando tambi&eacute;n el envoltorio rasgado que recogi&oacute; del suelo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Cogiste t&uacute; mis braguitas el otro d&iacute;a? &mdash;pregunt&oacute; Marta.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute; &mdash;respondi&oacute; tras un momento de duda.<\/p>\n<p>&mdash;Devu&eacute;lvemelas, por favor. No son unas braguitas normales, tienen grabadas mis iniciales.<\/p>\n<p>&mdash;No puedo, se las regal&eacute; a tu hijo. Sali&oacute; el tema y le hizo ilusi&oacute;n tenerlas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Tema? &iquest;Qu&eacute; tema? No me digas que le contaste lo del otro d&iacute;a&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Perdona&hellip; pero no sab&iacute;a que eras su madre. Entiende que era algo digno de contar. Follarse a una puta de lujo junto a tu padre no es algo que pase todos los d&iacute;as.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Me est&aacute;s llamando puta de lujo?<\/p>\n<p>&mdash;No, yo&hellip; yo no sab&iacute;a qui&eacute;n eras&hellip; No te enfades.<\/p>\n<p>&mdash;Mi hijo anda por ah&iacute; con mis braguitas h&uacute;medas, posiblemente se masturbe mientras las huele y seguro que fantasea sobre c&oacute;mo me follaron tres tipos. &iquest;Y t&uacute; quieres que no me enfade?<\/p>\n<p>&mdash;&Eacute;l no sabe nada. No le des m&aacute;s importancia y no pienses en ello. Te juro que no le dir&eacute; nada m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias, que generoso eres&hellip; &mdash;dijo Marta con iron&iacute;a&mdash;. Y aprende a follar, que lo haces de pena.<\/p>\n<p>&mdash;Ens&eacute;&ntilde;ame t&uacute; &mdash;respondi&oacute; Pedro tras meditar unos segundos.<\/p>\n<p>*****<\/p>\n<p>Carlos estaba agotado. Llevaba toda la semana volando sin parar y asistiendo a reuni&oacute;n tras reuni&oacute;n. So&ntilde;aba con llegar a casa y ponerse c&oacute;modo con un whisky en la mano mientras miraba a Marta nadar desnuda en la piscina. Despu&eacute;s la ayudar&iacute;a a salir, la secar&iacute;a con la toalla y le har&iacute;a el amor sobre el verde c&eacute;sped a la luz de la luna. Quiz&aacute; hubiera suerte y su hijo estuviera fuera como era habitual. El solo pensamiento hizo que un bulto creciera en su entrepierna. Llevaba muchos d&iacute;as sin descargar, demasiados. A veces hab&iacute;a estado a punto de hacerlo y oportunidades no le hab&iacute;an faltado. En los &uacute;ltimos d&iacute;as hab&iacute;a tenido varias mujeres a tiro, y algunas de ellas fueron realmente tentadoras, pero por experiencia sab&iacute;a que la espera merec&iacute;a la pena. No ve&iacute;a el momento de llegar a casa. Sab&iacute;a que Marta estar&iacute;a tan caliente como &eacute;l, o m&aacute;s. Apret&oacute; el bot&oacute;n para subir el cristal que le separaba del ch&oacute;fer e hizo una llamada.<\/p>\n<p>&mdash;Hola cari&ntilde;o. He aterrizado. Voy para casa.<\/p>\n<p>&mdash;Por fin, pensaba que tampoco volver&iacute;as hoy. Te a&ntilde;or&eacute; mi amor.<\/p>\n<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n te he echado de menos. Dime que estaremos solos &mdash;suplic&oacute;&mdash;, d&iacute;melo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Lo siento, Luis se iba a ir con sus amigos fuera, pero llam&oacute; Eva, que llegar&aacute; de Londres esta noche. Tard&oacute; tres segundos en mandar a sus amigos a paseo y cambiar los planes. Iban a cenar conmigo antes de salir. Ahora lo haremos los cuatro juntos. En cuanto se vayan, ser&eacute; toda tuya&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;No tardar&eacute; en llegar. Un beso &mdash;dijo Carlos desilusionado terminando la llamada. &laquo;La novia de Luis pod&iacute;a haberse quedado en Londres&hellip;&raquo;, pens&oacute;.<\/p>\n<p>El jarro de agua fr&iacute;a al saber que no estar&iacute;an a solas hizo que pensara de nuevo en los negocios en marcha. Le preocupaba mucho la operaci&oacute;n de Sebasti&aacute;n. Hab&iacute;a hablado varias veces con &eacute;l por tel&eacute;fono y aparentemente todo iba bien. Pero pens&oacute; que no estar&iacute;a de m&aacute;s asegurarse personalmente. Quer&iacute;a que supiera que lo consideraba una pieza importante para sus empresas. Mir&oacute; el reloj, eran las ocho, una buena hora. Si estaba en casa podr&iacute;a pasarse y conocer de primera mano los detalles, perder&iacute;a poco m&aacute;s media hora. Llam&oacute; por tel&eacute;fono a Sebasti&aacute;n y tal como se imaginaba, le dijo que estar&iacute;a encantado de que se pasara por casa. Baj&oacute; el vidrio que le separaba del ch&oacute;fer y le dio la direcci&oacute;n. Le gustaba ese chofer; era serio, profesional y nunca se perd&iacute;a en las rotondas.<\/p>\n<p>&mdash;Hola Carlos, no era necesaria la visita. Pasa, t&oacute;mate algo. &iquest;Qu&eacute; quieres? &mdash;dijo Sebasti&aacute;n tras darle la mano efusivamente.<\/p>\n<p>&mdash;Un whisky con hielo me sentar&iacute;a genial. Pero no te preocupes, s&oacute;lo he pasado para saludar y agradecerte que al final hayas confiado en nosotros.<\/p>\n<p>&mdash;Pasa, vamos a mi despacho y hablaremos tranquilamente, hay cosas que prefiero que mi mujer no sepa &mdash;dijo mientras pon&iacute;a la manos sobre su hombro de forma amistosa y le gui&ntilde;aba un ojo.<\/p>\n<p>Al atravesar el sal&oacute;n, salud&oacute; a la mujer de Sebasti&aacute;n e intercambiaron frases triviales de cortes&iacute;a. Era una mujer de aspecto vulgar y conversaci&oacute;n insulsa. Daba la sensaci&oacute;n de llevar la ropa de otra por lo mal que le quedaba. Los enormes pechos deformaban el vestido de una forma grotesca, y ese peinado rizado de los a&ntilde;os setenta no ayudaba nada.<\/p>\n<p>&mdash;No te f&iacute;es de las apariencias &mdash;dijo Sebasti&aacute;n una vez estuvieron a solas en el despacho&mdash;. Mi mujer tiene algunas virtudes ocultas.<\/p>\n<p>Carlos enrojeci&oacute; como si le hubieran sorprendido haciendo trampas con las cartas. Deb&iacute;a de haber dejado entrever sus pensamientos sin querer. Durante unos segundos busc&oacute; la forma de arreglarlo. Sebasti&aacute;n y sus empresas eran realmente importantes para &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;No me cabe la menor duda, s&eacute; que tu criterio es preciso como un l&aacute;ser de cirug&iacute;a &mdash;dijo esbozando una gran sonrisa al pensar que hab&iacute;a sorteado bien el desliz&mdash;. Pero no vayas pregonando sus virtudes por ah&iacute;, no vaya a ser que te la roben.<\/p>\n<p>La siguiente media hora la pasaron hablando sobre detalles financieros e inversiones. Cuando todo estuvo matizado y cristalino, Carlos se levant&oacute; para irse.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Os gustaron los servicios de Paula? &mdash;pregunt&oacute; Carlos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Paula? Qu&eacute; bonito nombre. No nos dijo como se llamaba. Fue algo fuera de serie. As&iacute; da gusto cerrar tratos. Ten&iacute;as que haber visto la cara de mi hijo cuando se corri&oacute; dentro de la zorra. Es que parec&iacute;a una dama de la alta sociedad. &iexcl;Qu&eacute; nivel!<\/p>\n<p>&mdash;Paula es as&iacute;, hace que todo sea emocionante. Deja a todos los clientes con ganas de repetir. &iquest;Os hizo su cubana especial? Los que se han corrido entre sus enormes pechos no pueden dejar de so&ntilde;ar con ellos.<\/p>\n<p>&mdash;Tampoco ten&iacute;a tantas tetas&hellip; Pero eran impresionantes, de esas que caben en una mano, con los pezones altos y duros. La mariposa tatuada en el pubis te hipnotizaba, parec&iacute;a que moviera sus alas mientras la embest&iacute;as. &iexcl;Vaya pedazo de mujer! Y lo mejor de todo es que no se comport&oacute; como una vulgar puta, se corri&oacute; un mont&oacute;n de veces.<\/p>\n<p>En ese momento Carlos desapareci&oacute; de esta realidad. Quiz&aacute;s hab&iacute;a cosas que desconoc&iacute;a de su mujer. Fue &eacute;l quien pidi&oacute; a Marta que se tatuara esa mariposa, era algo entre los dos, no entend&iacute;a nada. Con el cerebro fundido consigui&oacute; abandonar la casa sin saber c&oacute;mo. No dejaba de hacerse preguntas: &iquest;Desde cu&aacute;ndo hac&iacute;a su mujer de puta? &iquest;Qui&eacute;n m&aacute;s estar&iacute;a implicado?<\/p>\n<p>******<\/p>\n<p>Carlos vio llegar a Sumi con otros cuatro matones en un Mercedes negro. Estaba sentado en el asiento trasero del coche y dudaba entre bajar o no. Su presencia ya no era necesaria pues los chicos ten&iacute;an sus instrucciones. Podr&iacute;a irse y no implicarse directamente, pero record&oacute; la frase de Sebasti&aacute;n: &laquo;Parec&iacute;a que moviera las alas cuando la embest&iacute;as&raquo;, y crisp&oacute; los pu&ntilde;os mientras se bajaba del coche. Quer&iacute;a ver sufrir a ese cabr&oacute;n.<\/p>\n<p>Fue Carlos quien llam&oacute; a la puerta apart&aacute;ndose para dejar que los profesionales entraran en tromba, como elefantes en una estampida al ser abierta. En menos de tres minutos ten&iacute;an todo controlado. El servicio estaba encerrado en una habitaci&oacute;n de la planta superior y Sebasti&aacute;n y su mujer estaban sentados en un sof&aacute; del sal&oacute;n ante pistolas autom&aacute;ticas que los apuntaban.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pasa, Carlos? &mdash;pregunt&oacute; Sebasti&aacute;n al reconocerlo entre el grupo de asaltantes<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pasa? &iquest;Tienes cojones de preguntarme eso? &mdash;Grit&oacute; Carlos mientras agarraba de la pechera a Sebasti&aacute;n&mdash; &iquest;Te gustar&iacute;a que me follara a tu mujer? &iquest;Te gustar&iacute;a?<\/p>\n<p>&mdash;No entiendo nada, yo no conozco a tu mujer.<\/p>\n<p>Carlos nunca supo reprimir la ira ante las mentiras. El pu&ntilde;etazo lleno de rabia rompi&oacute; el labio de Sebasti&aacute;n. La sangre empez&oacute; a mancharlo todo.<\/p>\n<p>&mdash;Follaos a esa puta, que est&eacute; cabr&oacute;n sepa lo que se siente &mdash;dijo Carlos se&ntilde;alando a la mujer de Sebasti&aacute;n.<\/p>\n<p>Sumi dirigi&oacute; con empujones a la mujer hacia el respaldo del sof&aacute;. El mismo en el que estaba sentado su marido. Remang&oacute; el horrible vestido que llevaba hasta la cintura y empuj&oacute; su espalda para dejar el culo en pompa. R&aacute;pidamente tir&oacute; de las bragas que se rompieron como papel de fumar. Uno de los matones se puso frente a ella evitando que pudiera levantar la cabeza. Sebasti&aacute;n miraba a la mujer que estaba a su lado y suplicaba.<\/p>\n<p>&mdash;Carlos, por favor. Para esto, por favor.<\/p>\n<p>Sumi escupi&oacute; en la mano y desliz&oacute; dos dedos por los labios mayores de la mujer. La zorra ya estaba h&uacute;meda por s&iacute; misma, no hubiera sido necesario. Enfil&oacute; el glande hacia la entrada y empuj&oacute; con todas sus fuerzas esperando un grito que no lleg&oacute;. Furioso, la agarr&oacute; por la cintura para penetrarla con toda la violencia y rapidez con la que fue capaz. La mujer no gritaba, pero gem&iacute;a como una actriz porno y dej&oacute; a todos los presentes sorprendidos.<\/p>\n<p>*****<\/p>\n<p>Al entrar en casa lo primero que hizo fue quitarse la corbata y desabotonarse la camisa para despu&eacute;s dejar la chaqueta en el perchero de la entrada. El malet&iacute;n parec&iacute;a pesar como si llevara plomo y subir las escaleras le cost&oacute; tanto como escalar el Himalaya. Mientras lo hac&iacute;a record&oacute; las l&aacute;minas originales firmadas por Frank Miller que tra&iacute;a para su hijo. Decidi&oacute; dejarlas en su habitaci&oacute;n, &eacute;l chaval no ten&iacute;a culpa de nada. Ya las hab&iacute;a dejado sobre la mesa del ordenador cuando la almohada de la cama llam&oacute; su atenci&oacute;n, sobresal&iacute;a algo&hellip; Recibi&oacute; otro mazazo al levantarla y ver que escond&iacute;a unas bragas de su mujer. Eran inconfundibles con las iniciales bordadas. Se las llev&oacute; a la nariz y la furia lo invadi&oacute;, ol&iacute;an a semen fresco&hellip; &iquest;Ser&iacute;a posible que adem&aacute;s de puta su mujer follara con su hijo?<\/p>\n<p>Fue a la cocina a prepararse un whisky con hielo. Estaba apoyado en la encimera saboreando ya el tercero e intentando asimilar la traici&oacute;n de todos los suyos cuando lo vio. Era tan s&oacute;lo un peque&ntilde;o tri&aacute;ngulo plateado, pero sab&iacute;a de d&oacute;nde proced&iacute;a, era parte del envoltorio de un preservativo. Lleno de rabia vaci&oacute; el cubo de basura en el suelo esparciendo el contenido y r&aacute;pidamente encontr&oacute; lo que buscaba, un cond&oacute;n lleno de leche. Ya no hab&iacute;a ninguna duda. &laquo;Los matar&eacute;&raquo;, pens&oacute; mientras sal&iacute;a con el preservativo en la mano.<\/p>\n<p>Lleno de ira se dirigi&oacute; a su despacho, extrajo la pistola de la caja fuerte y autom&aacute;ticamente verific&oacute; el cargador y lo mont&oacute;. A Carlos Palacios no le pod&iacute;an hacer eso, iban a pagar por ello. Baj&oacute; las escaleras impetuosamente con el cond&oacute;n en una mano y la pistola amartillada en la otra. Escuch&oacute; las voces que proced&iacute;an del jard&iacute;n y se fue hacia all&iacute;.<\/p>\n<p>Todos se quedaron petrificados al ver entrar a Carlos con la pistola en la mano y lo ojos inyectados de sangre. A pocos metros de distancia se detuvo y tir&oacute; con rabia el cond&oacute;n hacia Marta, este se qued&oacute; enganchado entre sus senos.<\/p>\n<p>&mdash;Te dije que te matar&iacute;a si volv&iacute;a a suceder, zorra desagradecida. Te lo dije &mdash;grit&oacute; Carlos fuera de s&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Me lo pediste t&uacute;, yo no tengo la culpa de nada. Segu&iacute;a tus &oacute;rdenes &mdash;contest&oacute; Marta aterrorizada ante ese mort&iacute;fero ca&ntilde;&oacute;n que le apuntaba a los ojos.<\/p>\n<p>Al sonar el disparo los p&aacute;jaros alzaron el vuelo. Marta se llev&oacute; la mano al pecho y not&oacute; la humedad que lo cubr&iacute;a. Mir&oacute; a los ojos de Carlos y vio odio mezclado con dolor. El tiempo parec&iacute;a haberse detenido y segu&iacute;a viva. Marta quiso saber el alcance de su herida y baj&oacute; la mirada. Estaba empapada, pero no de sangre. Era vino granate lo que la cubr&iacute;a. Carlos hab&iacute;a fallado, tan solo hab&iacute;a atinado a una botella de vino. No pod&iacute;a creer en su suerte. Carlos era un tirador excepcional. Mientras asimilaba la nueva situaci&oacute;n observ&oacute; c&oacute;mo su marido ca&iacute;a al suelo como un tabl&oacute;n, como un saco de patatas inanimado. Ante los ojos de la asombrada Marta apareci&oacute; un asustado Pedro blandiendo una enorme sart&eacute;n de color rojo.<\/p>\n<p>*****<\/p>\n<p>El autor me ha pedido que escriba unas l&iacute;neas antes de publicar el relato. Quiere saber qu&eacute; pas&oacute; despu&eacute;s de que &eacute;l acabara de contar la historia. Soy Marta Palacios, y lo har&eacute; con mucho gusto:<\/p>\n<p>La relaci&oacute;n con mi marido volvi&oacute; a la normalidad. Bueno&hellip; quiz&aacute;s no sea la situaci&oacute;n m&aacute;s normal del mundo, pero nosotros somos felices. En la empresa no hemos vuelto a contratar m&aacute;s prostitutas. Siempre fue un trabajo que me gust&oacute; hacer personalmente. La inocente de Luc&iacute;a piensa que ya no las usamos porque yo lo prohib&iacute;, al descubrir como las usaban.<\/p>\n<p>&mdash;&laquo;&iquest;Qu&eacute; pas&oacute; con Sebasti&aacute;n y su mujer?&raquo; &mdash;Os preguntar&eacute;is&mdash; Pues aunque cueste de creer, Sumi y sus chicos han de pasar como m&iacute;nimo una vez al mes por su casa, pero no les gusta saber cu&aacute;ndo lo har&aacute;n, prefieren ser sorprendidos&hellip;<\/p>\n<p>Mi marido entr&oacute; en un coma del que no creo que salga nunca m&aacute;s. Est&aacute; instalado en una habitaci&oacute;n desde la que puede ver la piscina y el jard&iacute;n. A veces cuando hago el amor con los chicos j&oacute;venes sobre el c&eacute;sped, parece que quisiera decir algo, pero deben ser imaginaciones m&iacute;as.<\/p>\n<p>Y como os dec&iacute;a, todo volvi&oacute; a la normalidad&hellip;<\/p>\n<p>erostres<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 18<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Carlos Palacios era un hombre hecho a s&iacute; mismo. A los doce a&ntilde;os ya sab&iacute;a que llegar&iacute;a lejos. Mientras los muchachos de su edad perd&iacute;an el tiempo en juegos infantiles, &eacute;l ya buscaba la manera de sacar provecho econ&oacute;mico de ellos. 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