{"id":23576,"date":"2020-05-05T22:00:00","date_gmt":"2020-05-05T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2020-05-05T22:00:00","modified_gmt":"2020-05-05T22:00:00","slug":"cuando-le-mostre-mis-pechos-desnudos-a-mi-hermano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/cuando-le-mostre-mis-pechos-desnudos-a-mi-hermano\/","title":{"rendered":"Cuando le mostr\u00e9 mis pechos desnudos a mi hermano"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"23576\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">17<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Creo que nunca podr&eacute; olvidar esa tarde en que le mostr&eacute; mis pechos desnudos a mi hermano Oscar.<\/p>\n<p>&Eacute;l me lo hab&iacute;a pedido la primera vez de una manera tan simple y natural que no pude reaccionar indignada, como correspond&iacute;a, sino permanec&iacute; muda y simplemente le dije que no.<\/p>\n<p>Un no que me sali&oacute; en forma espont&aacute;nea, sin buscarlo. Un no que seguramente ven&iacute;a desde un interior m&iacute;o poderosamente condicionado por la estricta educaci&oacute;n de mi familia.<\/p>\n<p>Oscar, que ten&iacute;a en ese tiempo dieciocho a&ntilde;os, o sea siete menos que yo, no pareci&oacute; sorprendido de mi negativa, m&aacute;s bien creo que la esperaba, de modo que no hizo mayor comentario y sigui&oacute; ayud&aacute;ndome en las tareas de ordenar algunas cosas en la bodega de nuestra casa de campo.<\/p>\n<p>Pero al d&iacute;a siguiente volvi&oacute; a pedirme que le mostrara mis pechos desnudos y sin esperar mi respuesta, como asumiendo que de nuevo seria negativa, sigui&oacute; moviendo cajas y sacos a los lugares que yo le indicaba mientras dec&iacute;a cosas en voz alta como hablando consigo mismo.<\/p>\n<p>Me dec&iacute;a que nunca hab&iacute;a visto los pechos desnudos de una mujer, que se los hab&iacute;a imaginado muchas veces, sobre todo se imaginaba los m&iacute;os, que eran los que &eacute;l ten&iacute;a y sent&iacute;a m&aacute;s cerca.<\/p>\n<p>Casi no hac&iacute;a pausas al hablar.<\/p>\n<p>Me dijo que se imaginaba mis pechos redondos, como globos, que los ve&iacute;a grandes, ligeramente alargados, con unos pezones oscuros, directos, dilatados como dedos, rodeados de una aureola morada que brillaba en la oscuridad.<\/p>\n<p>Me dijo que &eacute;l pensaba que a mi mis pechos seguramente me dol&iacute;an por retenerlos a la fuerza dentro de mi sost&eacute;n y que estaba seguro que mis pezones, en la noche, cuando yo me acostaba, deber&iacute;an estar delicados y que yo me los acariciaba para apacentarlos y para que pudieran descansar el uno junto al otro tibiamente.<\/p>\n<p>Yo me di cuenta demasiado tarde que no deber&iacute;a haberle permitido hablar de esa manera, pero era el caso que Oscar me dec&iacute;a esas cosas como si en realidad estuviera describiendo lo que ve&iacute;a, como si nada pecaminoso hubiese en eso, de tal modo que al fin lo dejaba hablar como si yo no lo escuchara.<\/p>\n<p>Pero lo escuchaba. Era imposible no escucharlo y era muy dif&iacute;cil no creer en la sinceridad de sus palabras que me llegaban sin ning&uacute;n dejo de malicia y &uacute;nicamente las ve&iacute;a como la manifestaci&oacute;n de una curiosidad sin l&iacute;mites.<\/p>\n<p>Era as&iacute; que yo escuchaba lo que &eacute;l me dec&iacute;a cada tarde, sin que por eso estuviese yo dispuesta a acceder a lo que me ped&iacute;a, simplemente quer&iacute;a o&iacute;rlo hablar, pensando tambi&eacute;n que de esa forma &eacute;l podr&iacute;a descargar la tensi&oacute;n que parec&iacute;a invadirlo debido a su deseo insatisfecho y alg&uacute;n d&iacute;a quiz&aacute;s ya no insistir&iacute;a y olvidar&iacute;a todo.<\/p>\n<p>Pero no sucedi&oacute; as&iacute;.<\/p>\n<p>Alentado por mi silencio se atrevi&oacute; a contarme otras cosas y a decirme que ya el deseo de ver mis pechos desnudos se le hab&iacute;a transformado en una especie de obsesi&oacute;n que no lo dejaba dormir tranquilo, que durante el d&iacute;a me miraba, sin que yo me diera cuenta y que estaba toda la ma&ntilde;ana esperando ansioso que llegara la tarde para encontrarse conmigo en la bodega y decirme lo que le pasaba, porque de esa manera se sent&iacute;a embriagado por un deseo creciente, que mi silencio hacia crecer m&aacute;s a&uacute;n.<\/p>\n<p>Me dijo que me miraba cuando yo me inclinaba y por el borde de mi blusa alcanzaba a percibir ese tajo profundo en el centro de mi pecho y que realmente sufr&iacute;a cuando mis pechos se levantaban y descend&iacute;an por mi respiraci&oacute;n agitada, all&iacute; en la bodega y que hab&iacute;a encontrado uno de mis sostenes en el ba&ntilde;o despu&eacute;s de mi ducha y lo hab&iacute;a besado y hab&iacute;a puesto sus labios all&iacute; donde hab&iacute;an estado mis pechos y que seguramente yo sab&iacute;a lo que a mi me pasaba en esos momentos, d&aacute;ndome a entender que se masturbaba habitualmente pensando en eso.<\/p>\n<p>Yo hab&iacute;a podido comprobar eso, cuando al ordenar diariamente las ropas de su cama hab&iacute;a observado las gigantescas manchas amarillentas que sus eyaculaciones ocasionaban y que me obligaban a cambiar en silencio sin contarle nada a mi madre.<\/p>\n<p>Fue as&iacute; como lleg&oacute; esa tarde de febrero, caliente y solitaria. Hab&iacute;a un olor especial en la bodega, un olor de encierro seco y era esa hora de media tarde en que todo parece dormirse en el campo, en que ning&uacute;n ruido llene el espacio y el tiempo parece detenido. Una hora de soledad.<\/p>\n<p>Cuando me busc&oacute;, no me encontr&oacute;, porque yo estaba escondida tras unos cajones grandes llenos de ma&iacute;z, pero &eacute;l sab&iacute;a que yo estaba en alguna parte. Hab&iacute;a comenzado a hablarme lo de siempre, cuando yo le puse mi mano en la boca y &eacute;l se qued&oacute; sorprendido.<\/p>\n<p>Fui abriendo con lentitud los broches de mi blusa mi sost&eacute;n blanco qued&oacute; expuesto y pudo comprobar que efectivamente, como me lo hab&iacute;a descrito, mis pechos parec&iacute;an querer estallar dentro de esa prisi&oacute;n sutil.<\/p>\n<p>Entonces, con la habilidad de las mujeres maduras, llev&eacute; mis manos a la espalda y con un solo movimiento apart&eacute; los broches y mis pechos surgieron insolentes hacia la libertad llenando el espacio frente a sus ojos.<\/p>\n<p>No puedo olvidar la expresi&oacute;n de su rostro, el brillo de sus ojos y el ligero palpitar de sus labios.<\/p>\n<p>Se recuper&oacute; r&aacute;pidamente de la sorpresa del regalo y sus manos extendidas acariciaron su anhelado tesoro, casi con temor de poder romper el hechizo, pero fue mi voz la que lo convenci&oacute; que estaba en la realidad.<\/p>\n<p>Le dije que eran suyos, que yo se los regalaba, que pod&iacute;a jugar con ellos cuanto quisiera, que a mi gustaba que &eacute;l los tuviese, que eso me hac&iacute;a feliz.<\/p>\n<p>Entonces entr&oacute; en la realidad y los acarici&oacute; con vehemencia, los aprisionaba en sus manos, los recorr&iacute;a saltando de uno a otro, sosteniendo su gravidez, levant&aacute;ndolos y junt&aacute;ndolos apretando los pezones entre sus dedos mientras yo lo abrazaba para que pudiese tenerlos m&aacute;s cerca y para sentir el aliento caliente de su boca sobre mi piel pecadora.<\/p>\n<p>Y entonces vinieron otras tardes. Todas las tardes que restaban de ese verano. Esas tardes en que yo se los entregaba en cada momento, en cada rinc&oacute;n, cuando aprendi&oacute; a mamarlos con delicadeza, a veces, y con furia otras, en que me sent&iacute; amamantando a un animal joven, hambriento y m&iacute;o y en que los dos nos dej&aacute;bamos llevar por este juego diab&oacute;lico que nos llenaba cada d&iacute;a de un deseo creciente.<\/p>\n<p>Y yo quedaba con los pechos dilatados y dolorosos, pero felices de saciar su boca cada d&iacute;a m&aacute;s anhelante de deseos prohibidos. Y en las noches, cuando frente al espejo recorr&iacute;a la mordida geograf&iacute;a de mis pechos, sent&iacute;a que nada ni nadie me hab&iacute;a dado nunca mayor felicidad intima que este secreto nuestro.<\/p>\n<p>Nunca me dir&iacute;a nada nuevo, ni me pedir&iacute;a otras caricias que no fueran las descritas. Mientras yo, ahora en una espiral de deseo de hembra excitada me dejara abrazar en mis noches por fantas&iacute;as audaces.<\/p>\n<p>&Eacute;l &uacute;nicamente estaba haciendo realidad su deseo de mis pechos, como si un destete prematuro hubiese implantado en su mente esa necesidad que ahora satisfac&iacute;a tan plenamente.<\/p>\n<p>Habr&iacute;a de ser yo entonces quien deber&iacute;a contenerse y estaba dispuesta a hacerlo para no romper el hechizo de nuestros encuentros.<\/p>\n<p>Hasta que lleg&oacute; &uacute;ltima tarde del verano y habr&iacute;amos de volver a la ciudad.<\/p>\n<p>Ninguno de los dos quer&iacute;a hacer diferencia esa tarde. No quer&iacute;amos admitir la separaci&oacute;n, de modo que le ofrec&iacute; mis pechos como siempre con ansias de prolongar el disfrute cuanto pudi&eacute;ramos.<\/p>\n<p>Lo sent&iacute; recorrerme como nunca, como si quisiera dejar improntada en mis pechos su m&aacute;xima caricia y me sent&iacute; hervir cuando mis pezones eran azotados por su lengua y me sent&iacute; crecer en su boca de una forma desmesurada y mi cuerpo comenz&oacute; a latir como no lo hab&iacute;a experimentado antes.<\/p>\n<p>Mis manos, que sosten&iacute;an su cabeza entre mis pechos, comenzaron a impulsarla hacia abajo, recorriendo mi vientre desnudo, siempre hacia abajo, hacia ese centro que me lat&iacute;a desesperado, anhelante y solitario, hacia ese centro entre mis piernas que se estaba derritiendo, que manaba deseo liquido sin interrupci&oacute;n que se abr&iacute;a como una flor madura mostrando descaradamente sus hojas abiertas y calientes como labios imp&uacute;dicos.<\/p>\n<p>&Eacute;l no pon&iacute;a resistencia alguna, con su boca pegada a mi piel entr&oacute; en la zona de mi bosque, duro y espeso, sin detenerse, hasta que encontr&oacute; el obst&aacute;culo en mi cl&iacute;toris dilatado inflamado de deseo palpitante y supo que hab&iacute;a encontrado su tercer pez&oacute;n, el m&aacute;s duro, el m&aacute;s caliente, el m&aacute;s escondido, que lo estaba esperando sin yo saberlo desde el comienzo de nuestras tardes secretas.<\/p>\n<p>Y su boca ya diestra lo hizo suyo, sin detenerse un solo momento, sin negarle ninguna caricia ning&uacute;n mordisco, ning&uacute;n beso. Su lengua entrando y saliendo de mi para volver a besarlo y llevando el aroma de esos besos hasta mis profundidades que ahora eran suyas, sin que me lo pidiera porque yo se las estaba brindando de una manera brutal y hermosa, m&aacute;s hermosa en el momento en que sent&iacute;a que me vaciaba sobre su boca hundiendo su cabeza en m&iacute;, para que nunca m&aacute;s pudiera hablarme de lo que deseaba porque yo se lo dar&iacute;a todo sin necesidad que &eacute;l me dijese una sola palabra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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